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Full text of "Historia de la campaña de Tarapacá desde la occupacion de Antofagasta hasta la proclamacion de la dictadura en el Perú"

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HISTORIA DE LA 

CAMPAÑA DE TARAPACÁ. 



TOMO I. 



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I 



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GUERRA DEL PACÍFICO. 

/ 

HISTORIA 



DE LA 



CAMPÁlA DE TARAPACÁ 



Desde la ocupación 

de Antofagasta hasta la proclamación 

de la dictadura en el Perú. 



POB 



b: Vicuña mackenna. 



ILUSTRADA CON PLANOS, RETRATOS, ETC., ETC. 

TOMO I. 

SANTIAGO DE CHILE 
RAFAEL JOVER, EDITOR 

CÁÍXE DEL PUENTE, NTÍM* 15 

1880. 



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Es propiedad del editor. 



IMP. CERVANTES, PUENTE, 1 5. 



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1 * I • "^ 

-^ - i V 4-4 
5" o o -J <^ 



A LOS "INVENCIBLES" 



Con admiración profunda dedica este libro 
que recuerda i consagra la gloria del ejército 
chilenOy de jeneral a tambor^ en reciente e in^ 
mortal campaña. 



^. Y^CUÑ/i ^kCKEJiJik. 



Santiago, febrero de 1880. 



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PRELIMINAR. 



I. 



Abraza el preseate libro la historia vasta i dramática de los 
sucesos militares i políticos que se han eacadenado durante 
un aüo completo en la guerra que Chile sostiene contra las re- 
públicas aliadas de Bolivia i del Perú. 

Es la relación, todavía viva i palpitante, de un terrible due- 
lo entre tres pueblos americanos, reto a muerte cuyo desen- 
lace, mas o monos próximo, mas o monos remoto, provéese por 
algunos, pero que no podría presaj Jarse por nadie sin pecado 
de vanidad o de jactancia. 

Con\ieuza su acción i su trama en la ocupación del territo- 
rio boliviano por la fuerza de las armas de Chile en febrero 
del año ha poco terminado, i eslabonándose los acontecimien- 
tos de tierra firme con los marítimos, abarca aquélla eo con- 
junto el período completo de 1879, de enero a enero. 

Es la historia de un año memorable. 



II. 



En un libro publicado aparte, hace tres meses, pero que 
probablemente correrá juUto con el presente en los armarios 
de los chilenos, hemos referido con tranquila pero somera fide- 



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— 8 — 

lidad i con la franqueza inmutable que da de antiguo pábulo 
a nuestra pluma, la primera parte de la campaña marítima que 
alcanzó en mayo glorioso apojeo en las aguas de Iquique; por 
manera que en las pajinas que hoi consagramos a la guerra, 
proseguiremos esa narración hasta el completo aniquilamiento 
de las fuerzas navales del enemigo i el bloqueo permamente 
de la mitad de sus puertos, apremio funesto para su causa i 
para sus armas. 

m. 

Los sucesos que forman propiamente la historia de nuestro 
valeroso ejército, su lenta organización i disciplina, su compo- 
sición como personal i como colectividad, su avance paulatino 
en territorio enemigo — operación de guerra que comienza pro- 
piamente en Calama, — su traslación al Perú en la escuadra 
mas poderosa que ha surcado el Pacífico, su gloriosa radica- 
ción en aquel rico suelo mediante los combates esforzados de 
Pisagua i Jermania, do la Kncañada i Tarapacá que dieron por 
resultado a nuestras armas, como éxito militar, el completo do- 
minio de lamas importante i la mas opulenta i codiciada pro- 
vincia del enemigo, i como éxito político, la destitución i fuga 
de los presidentes de las repúblicas que nos provocaron a la 
guerra, todo eso contituye el sencillo i a la vez maravilloso ar- 
gumento de este libro que entregamos con ya mal acostumbra- 
da confianza a la benevolencia de nuestros lectores en Chile i 
fuera de Chile. 



IV. 



Para componerlo hemos dispuesto de amplio i sólido mate- 
rial, acopiado con constante empeño. Ademas de los numerosos 
documentos públicos que ilustrarán esta porción de nuestra vi- 
da de pueblo pacífico i laborioso, a la par que guerrero i con- 
quistador, tenemos a la mano una considerable correspondencia 



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— 9 — 

inédita sostenida desdo la primera hora con el ejército, do jefe 
a soldado, correspondencia que nos ofrece continuamente la 
solución de acontecimientos i de misterios que ni la prensa dia- 
ria ni los dilijentes corresponsales que ésta mantiene en el 
teatro de las operaciones ha alcanzado en muchas ocasiones a 
comprender ni a descifrar. 

Fuera de esos elementos de trabajo i dd ilustración, hemos 
adquirido otros no menos importantes en el Pera mismo, me- 
diante bondadosos amigos neutrales; i lo que es mas importan- 
te i esencial que esto, hemos leído uno a uno con la parseve- 
rancia que ha sido nuestra costumbre poner en la investigación 
histórica (contra la opinión vulgar de muchos), los tres o cua- 
tro mil documentos que forman el archivo del Estado Mayor 
del ejército del Perú, preciosa colección de papóles de servi- 
cio que fué capturada por nuestras avanzadas en Pozo Almon- 
te en los últimos dias de noviembre próximo pasado. 

Asimismo tenemos a la vista interesantes documentos iné- 
ditos que nos han sido remitidos del que fué Litoral boliviano 
i en su lugar respectivo citaremos. 

Poniendo en contacto, mediante este sistema, nuestras infor- 
maciones domésticas con lae que nos ha sido dable procurar- 
nos con rara abundancia en los territorios enemigos, el choque 
ha debido naturalmente producirse, i como consecuencia del 
choque, la luz. La historia no será nunca verdadera i completa 
sino cuando quien la escribe ha tenido la fortuna de ponerse 
en comunicación mas o menos directa con todos los actores del 
drama, cualquiera que haya sido su procedencia, resultando 
así de este interrogatorio común del amigo i del adversario la 
verdad comprobada que, a la manera del diamante, pasa por el 
fuego i por las cenizas del crisol, sin alterarse. 

V. 

I a este propósito nos será permitido hacer presente que pri- 
vilcjio de tan subida lei como aquél es atributo casi esclusivo 

HIST. DE LA C. DS T. 2 



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— 10 — 

hoi dia de la historia contemporánea, gracias ala dilatación 
ilimitada de la publicidad i al encuentro cuotidiano, a ve- 
ces armónico i en ocasiones violento, de sus hechos i revelacio- 
nes. 

En los presentes tiempos en que todo es luz, nacida ésta de 
la presión del riel que anda, del alambro que vuela, del cilin- 
dro que imprime i multiplica, la historia no necesita pedir 
plazos para ser imparcial i verdadera Sn incubación en el co- 
razón del pueblo que interroga i lee, como en el cerebro del 
artífice que trabaja i difunde, se hace casi espontáneamente co- 
mo la de ciertas plantas acariciadas en los invernáculos que a 
su calor ostentan rica lozanía, mientras que cuando crecían al 
cierzo del tiempo i del páramo, alcanzaban solo vida desmedra- 
da, sin flores, sin follaje i sin perfume. 

Testigos dü este fenómeno completamente moderno son los 
tios últimos libros que nos ha tocado en suerte dar a la estam- 
pa i que, versando el uno sobre una apoca de enconadas pasio- 
nes i escrito hasta cierto punto encima del cráter mal apagado 
todavía á^ los acontecimientos, i calcado el otro sobre sucesos 
graves i en gran manera infortunados que se iban sucediendo, 
como sobre una tela, u nuestra vista, no han sido parte, sin 
embargo, el uno ni el otro, a provocar ningnna enojosa contra- 
dicción pública üi privada, ni siquiera una enmienda leve de 
quienes, vivos i animosos todavía, figuran en sus pajinas o como 
actores, o como héroes, o como culpables: siempre como hom- 
bres sujetos a flaquezas. 

Habrá comprendido el lector que hacemos referencia a nues- 
tros postreros trabajos históricos salidos de la imprenta el año 
último con el título de la jornada del veinte de abril de 
1851 i la HISTORIA DE LAS DOS ESMERALDAS, libros quo citamos 
en corroboración de nuestra teoría sobre la eficacia de la his- 
toria contemporánea, en contraposion a la añeja, tan solo por 
estar mas al alcance de nuestl'a mano i ser un testimonio pal- 
pitante todavía de lo que decimos. 



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— 11 — 



VI. 



Armados de esa suerte i ceñido el pecho con bruñida coraza 
de limpio metal a fin de en que sus mallas se refleje soloperem- 
ne i vivida verdad, descendemos a la liza contemporánea para 
decirla sin temor, pero al mismo tiempo, sin la ambición triste 
i desalada de irritar con su aguijón de fuego pasiones adorme- 
cidas. La historia para ser buena, eficaz i verdadera no nece- 
sita quemar como los espejos ustoríos de Arquímedes en Sira- 
cusa: basta que proyecte la claridad en el espacio i que per- 
mita, a los pueblos como, a los individuos, mirarse de talla 
natural delante de su luminoso disco. Antes que castigo, la 
historia debe ser ejemplo. 

Sometidos al influjo de esos principios que en nosotros son 
fuente i consejo de un cuarto de siglo ja largo, acometemos la 
empresa de narrar las culpas i las glorias de nuestros con- 
temporáneos, amigos o adversarios, acojiendo i juzgando a los 
unos i a los otros con inalterable llaneza, siu preguntar a los 
unos ni a los otros de dónde vienen ni a dónde van, cuál es 
su paradero i sin siquiera pedirles como confidencia el santo i 
seña de su campamento i de su guarda 

Es posible que esta igualdad en la justicia lastime alguna 
susceptibilidad meticulosa o encone la exaltación natural del 
ánimo sobresaltado por el dolor o por la ira, por la vanidad o 
los desengaños. Pero esa impresión violenta dará pronto ca- 
mino a la justicia, i al llegar a la conclusión del libro se lle- 
gará también (así al menos lo esperamos) sino a su alabanza, 
a su absolución. 

VII. 

I dicho todo esto que conceptuamos indispensable preliminar 
de un libro esencialmente contemporáneo, emprendemos núes, 
tra ruda tarea consagrando a ella aquellas horas que hoi 



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— 12 — 

son el merecido i buscado reposo de todos los que trabajan, 
pero que en nuestra vida do obrero forman solo el paréntesis 
fugaz del que, puesto eternamente al calor de la fragua, se 
enjuga de prisa el rostro... para dejar caer otra vez la fren- 
te i el brazo sobre el yunque de ingrata tarea que no acabará 
probablemente sino con la vida. 

B. VicüSTa Mackrnna. 

santiago, febrero de 1880. 



A fin de no abultar eu demasía esta obra, no publica- 
remos en el Apéndice sino aquellos documentos que sean en- 
teramente inéditos, o que, como los partes oñciales de las ba- 
tallas, constituyan el compendio militar de la guerra i la glo- 
rificación de sus hechos de armas. Por otra parte, la gran 
mayoría de los lectores de esta clase de obras ha apetecido 
siempre coleccionar en el cómodo formato del libro ese jénero 
de piezas históricas. 

Seremos, con todo, parcos en su elección, i siguiendo el bien 
dispuesto método del historiador Spencer, clasificaremos los 
documentos en tres categorías, esto es, en ñolas, al pié de la 
pinina, en anexos al final del capítulo respectivo i en piezas 
justificativas al final del libro. 



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CAPITULO I. 



LA OCUPACIÓN MILITAR. 

(del 14 AL 16 DE FEBRERO DE 1879). 

Llegaa Antofagasta la primera espedicion chilena do ocupación, al man- 
do del coronel Sotomayor.— Desembarco de las fuerzas.— Entusiasmo del 
pueblo i su comparativa moderación,— El prefecto boliviano, coronel 
Zapata, protesta i se refujia en el consulado peruano. — El coronel So- 
tomayor organiza los diversos servicios públicos de la localidad i del 
departamento.— El cónsul Zenteno es nombrado gobernador de Antofa- 
gasta, i el ciudadano don Enrique Villegas subdelegado de Caracoles.—* 
Proclama del gobernador Zenteno. — Espedicion a Caracoles al mando 
del capitán Carvallo. — Calorosa acojida que le hacen los vecinos, — Pro- 
clama del subdelegado Villegas.— Un representante de Pedro Valdi- 
via. — ^La guarnición de Caracoles se retira a Calama socorrida por los 
chilenos.-^Loca alegría a que se entrega el pueblo de Caracoles i espe- 
cialmente los mineros. — Situación desesperante i antigua en que se en- 
contraban los habitantes del Desierto i en espacial los chilenos.— Loa 
primeros partes oficiales de la ocupación del litoral boliviano. 

«Para fijar los límites del Desierto de Ata- 
cama tendremos que afilar nuestros instrumen- 
tos ,de mensura i probarlos con la lanza bolivia- 
na». 

(Carta del autor al señor don Rafael Larrain 
fechada en Cirencester (Inglaterra) el 10 de ju- 
' niode 1854, i publicada en Valparaiso ese mismo 
año en forma de folleto, páj. 108). 

«Chile, pues, de una vez por todas, debe g&] 
rantir los derechos de sus nacionales; i esta ga- 
rantía solo se obtendrá revindicando el derecho 
de señorío. Que no se autorice como en Iquique, 
con el silencio, el mezquino e insolente odio 
contra el chileno». 



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— 14 — 



(Editorial del Constituyente do Copiapó, enero 
de 1877). 

«Todo el territorio comprendido entre los 
paralelos 23 i 24, de mar a cordillera, ha sido 
ocupado en nombre de la República.» 

(Telegrama del primer gobernador chileno de 
Antofagasta, don Nicanor Zontono, febrero 19 
de 1879). 



El viernes 14 de febrero de 1879 (día memo- 
rable!) echaba sus anclas con la primera claridad 
del dia, afuera de la angosta rada del puerto boli- 
viano de Antofagasta, el acorazado chileno Almi^ 
rante Cochrane i la corbeta O'Higgins de la mis- 
ma nacionalidad. 

Llegaba esa flotilla del puerto de Caldera, cuya 
bahía habia dejado el dia de la antevíspera por 
la tarde, conduciendo una espedicion de desem- 
barco de 600 hombres, en virtud de un telegrama 
apremiante del gobierno de Chile que a la sazón 
veraneaba en Valparaiso. El blindado AlmirarUe 
Blanco hallábase estacionado en Antofagasta 
desde principios de enero, en previsión de sucesos 
tan alarmantes como inesperados. 

Mandaba en jefe la espedicion de mar i tierra 
el coronel de artillería don Emilio Sotomaj'-or, 
que habia sido llamado precipitadamente de San- 
tiago, donde ejercía con distinción el pacífico car- 
go de director de la Academia Militar, en ese mo- 
mento en receso. 



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— 15 



II. 



Apenas hubieron fondeado los buques que lle- 
vaban nuestra bandera, envió el coronel Soto- 
mayor a tierra, en calidad de parlamentario, a su 
ayudante de órdenes don José Manuel Borgoño, 
con un pliego dirijido al prefecto boliviano de 
aquel departamento el coronel don Severino Za- 
pata, pliego que por de pronto no fué contestado 
i que, a la verdad, no necesitaba especial res- 
puesta. 

Era una simple notificación de entrega de la 
plaza, porque el jefe de la división chilena traia 
órdenes terminantes de su gobierno para ocuparla 
inmediamente, por la fuerza de las armas si ello 
era preciso, a título de revindicacion territorial i 
política. 

En consecuencia, i mientras el parlamentario, 
asociado al cónsul chileno en el puerto de Anto- 
fagasta, don Nicanor Zenteno, se ocupaba en 
vanos recados i asustadizas conferencias con la 
atribulada autoridad militar de tierra, el coronel 
Sotomayor disponia el desembarco de una parte 
de sus tropas a fin de tomar posesión efectiva del 
pueblo. 

V Aquellas fuerzas consistían en 300 hombres 
del batallón de infantería denominado impropia- 
mente Artillería de Marina, porque suministra 



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16 



guarnición a los buques, i una compañía del Teji- 
miento de artillería al mando del acreditado ofi- 
cial don Exequiel Fuentes. 



m. 



A las ocho i media de la mañana, los buques de 
la escuadrilla chilena arriaban sus botes, i dispues- 
tos éstos en ala, para dominar en toda su esten- 
sion i con la precaución militar debida la playa, 
sobre, cuya pendiente se hallaba situada la prós- 
pera población de Antofagasta, avanzáronse vi- 
gorosamente hacia el muelle principal bajo la di- 
rección personal del jefe de la división. 

La fuerza de desembarco componíase de cien 
artilleros, a las órdenes del capitán Fuentes, i de 
cien soldados de artillería de marina, mandados 
por el segundo jefe del cuerpo, don José Ramón 
Vidaurre hijo de la Serena, i que desempeñaba 
en la división éspedicionaria el cai'go de jefe de 
estado mayor. 

Entretanto, la población entera, en su gran 
mayoría chilena, habia corrido a la playa o se ha- 
bla situado en las fizoteas de aquelhi ciudad de 
tabla i cañas que parecia de lejos un vistoso es- 
cenario. La bandera de Chile comenzaba a flotar 
como por encanto encima de los edificios, i en 
todas direcciones corrían animados grupos, que 
en son de fiesta i de triunfo vitoreaban a su 



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— 17 — 



I 

patria. Desde los botes de desembarco i a larga 
distancia, oian los soldados los gritos de / Viva 
Chile! con que eran acojidos por sus compatrio- 
tas, aun antes de pisar el suelo que iban a redimir. 



VI. 



La ocupación militar de Antofagasta, no fué 
por consiguiente, un hecho de armas; fué un sim- 
ple espectáculo cívico en que los soldados servían 
de escolta al pueblo; i si aquéllos eran saludados 
con las esclamaciones tradicionales del suelo le- 
jano i querido en que nacieran, era porque en 
realidad Chile no acababa e^ esa época ni en 
Caldera ni en Taltal, sino en Antofagasta i en 
Iquique. 

Recibidos en brazos de la mnchedumbre albo- 
rozada, los soldados del coronel Sotomayor toma- 
ron inmediatamente posesión del cuartel del pue- 
blo, en cuyo patio, unos sesenta rifleros del S."" de 
Solivia depusieron intimidados. las armas. Su jefe 
el coronel Zapata, refujióse en el vice-consulado 
del Perú, como si desde el primer momento hu- 
biéranse querido poner de manifiesto los engaños 
de una alianza desde largo tiempo coacertada. 

Por su parte, el pueblo de Antofagasta, hacien- 
do justicia internacional con m propia mano, bajó 
de la puerta de la prefectura el escudo boliviano i 
despedazólo con ira eU; la, chille pública, desga- 

HIST. DK LA C. DE T. 3 



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— 18 — 

rrando los ma« exaltados el pabellón bajo el cual 
habían vivido oprimidos cerca de diez años* En to- 
do lo demás no hubo violencias de hecho, especial- 
mente contra las personas. — «El comportamiento 
del pueblo i principalmente de la tropa, (escribía 
privadamente el cónsul Zenteno a un amigo, al 
día siguiente de la ocupación) ha sido ejemplar. 
No hii habido una sola víctima ni se ha derrama- 
do una sola gota de sangre. Parte del populacho, 
furioso contra aquellos que reconocía como sus 
verdugos, es decir, contra los que estaban sindica- 
dos de asesinatos contra chilenos, querían a toda 
costa atacarlos, pero se les hizo custodiar con bas- 
tante fuerza. Uno de ellos, que causó la muerte de 
un chileno azotándolo i era autor de otros desma- 
nes, no se hallaba seguro donde se le custodiaba i 
pidió ser trasladado a otra parte. A pesar de que 
se le sacó custodiado por tropa i oficiales, el po- 
ípulacho cargó, i los custodiantes, incluso el oficial, 
recibieron algunas piedras. No hubo mas remedio 
que volverlo precipitadamente al cuarteU. 



El jeje de la división chilena hizo aquella mis- 
ma maüana una tranquilizadora visita al ex-pre- 
fecto de Bolívia, i quedó allí convenido que las 
fuerzas que obedecían ' al último se trasladarían 
libremente a Moliendo en el primer vapor de la 



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— 19 ~ 

carrera del Pacífico que por el puerto pasase, 
acuerdo que tuvo ejecución dos dias mas tarde, 
esto es, el domingo 16 de febrero, embarcándose 
pacíficamente sesenta i dnco soldados, mandados, 
al decir de un periódico de la localidad, por seis 
coroneles. Iban con ellos todos los empleados ci- 
viles del Litoral. 

En cuanto a la acción administrativa, ejercida 
a nombre de Chile desde el primer momento^ el 
coronel Sotomoyor, en virtud de sus facultades e 
instrucciones, nombró gobernador del pueblo al 
antiguo i celoso cónsul de Chile en aquella loca- 
lidad don Nicanor Zenteno, hijo de un antiguo i 
probado liberal de San Felipe, don José de la 
Cruz Zenteno, que habia ejercido igual cargo en 
Mendoza años hacia. 

El gobernador chileno de Antofagasta dictó el 
mismo dia de su instalación las medidas de deta- 
lle que el cambio legal de nacionalidad exijia, i 
resumió la situación i sus deberes en la siguiente 
proclama que circuló en la tarde de aquel dia co- 
mo el título oficial de posesión del territorio re- 
vindicado: 

Gobernación del Litoral del Norte. 

Antofagasta^ febrero 14 de 1879. 

Nicanor Zenteno, gobernador departamental 
de este Litoral, a los chilenos: 



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— 20 — 

dConciüdadanos: 

i>La tenaz resistencia del gobierno boliviano a 
escachar los Consejos de la prudencia, de la justi- 
cia i del americanismo que han inspirado al go- 
bierno chileno al querer dirimir amigablemente, 
las cuestiones que han surjido entre ambas repú- 
blicas, han decidido a nuestro gobierno, en res- 
guardo de la dignidad nacional, a tomar posesión 
por la fuerza de este Litoral. 

:?E1 orden i compostura que habéis observado 
son un testimonio de vuestra conducta i de que 
sabréis continuar observando, en adelante, esa 
misma elevada actitud, con la cual probáis que 
si el gobierno viene en defensa de la honra na- 
cional, los chilenos aquí residentes saben ser no- 
bles i jenerosos. 

j) Ciudadanos, salud !d 

Niccmor Zenteno (1). 



(1) Los nombramientos de funcionarios subalternos, hechos 
a título do urjeucia i provisionalmente por ol gobernador Zente- 
no, fueron los siguientes: Para Antofagasta, secretario de la go- 
bernación, don Alejandro González; administrador de correos, 
don Clodomiro Vargas; ministro de aduana, don José Tomas 
Peña; comandante del gremio de jornaleros del puerto, don An- 
tonio Olea Moreno; comandante de policía, don B. Barrios; 
notario público i archivero^ doá M¿rco& Antonio Andrade; sub- 



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— 21 — 



VI. 



Al propio tiempo que esto sucedía en el Lito- 
ral, con laudable celeridad, esta primera condi- 
ción del éxito en todas las operaciones militares, 
una corta división de 70 hombres era despachada 
en un tren a tomar posesión del pueblo medite- 
rráneo de Caracoles, centro del territorio invadi- 
do i núcleo principal de la riqueza i el trabajo que 
llevaron a aquellas desiertas rejiones no menos de 
diez mil laboriosos chilenos. 

Mandaba aquella fuerza el capitán de la Arti- 
llería de Marina don Franci^o Carvallo, joven 
esforzado i de hercúlea musculatura, que habia 
comenzado su carrera en el cuerpo de Jendarmes 
que mandó durante largo tiempo su padre el co- 
ronel don Biviano Carvallo. I dando cumplimien- 
to a su misión con la enerjía que el caso requería, 
hallábase aquel oficial con su tropa en la vecindad 
del asiento mineral de Caracoles, distante cua- 
renta leguas de la costa, en la madrugada del do- 
mingo 16 de febrero. 

Fueron allí a recibirle en alegre cabalgata, pre- 
cedidos de improviisada banda de música i ha- 



delegado del Salar del Carmen, don Alejandro Grarin; de Cara- 
coles, don Enrique Villegas, propietario i don Ramón Espech, 
suplente. 



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— 22 — 

ciendo flotar al aire el pabellón de Chile, no me- 
nos de cincuenta vecinos del pueblo, todos chile- 
nos, entre los que se notaba el cónsul nacional en 
el asiento, don Enrique Villegas, uno de los mas 
entusiastas guardianes de los fueros de su patria 
en aquel ingrato suelo, i a los señores José M, 
Walker, José Tomas Cortés, Juan Francisco Cam- 
paña i Bamon Espech, todos mineros, i el último 
uno de los tipos mas enérjicamente tallados de 
aquellos antiguos gastadores del Desierto, cuya 
serie habia iniciado el célebre 'cateador don Die- 
go de Almeida i el «manco Moreno í, atacameño 
de noble memoria, que no teniendo sino un brazo 
conquistó para su patria dos provincias. 

VII. 

El primero i el último de aquellos jenerosos 
chilenos hablan sido designados en la antevíspera 
para ocupar los puestos políticos del mineral, ba- 
jo denominaciones chilenas, el uno como subdele- 
gado i como sustituto el otro. I en consecuencia, 
después de levantar una acta de toma de posesión 
del territorio a nombre del gobierno de Chile, es- 
pidieron ambos, asociándose al capitán Carvallo, 
jefe de las fuerzas espedicionarías, el siguiente do- 
cumento, haciendo patriótico llamamiento al or- 
den i a la concordia en aquella escitable población 
de inquietos i en ocasiones turbulentos mineros. 



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— 23 — 

cAcabais, señores, decian los nuevos funciona- 
rios de la República, de presenciar uno de esos 
actos solemnes que hacen época en la vida de los 
pueblos: la toma de posesión de este territorio a 
nombre del gobierno de Chile. 

DLa significación de este acto es que hoi pisáis 
un suelo chileno que hasta ayer habia dejado de 
serlo, i que el pabellón chileno cobija vuestras 
personas i vuestras propiedades. Los antecedentes 
de Chile !os garantizan esas seguridades, i noso- 
tros, ajentes de ese gobierno, consecuentes a esos 
principios, os prometemos que seremos los mas 
celosos guardianes de la lei i del derecho, i trata- 
remo» de inspiraros la confianza a que es acreedor 
el gobierno de que dependemos, 

>E1 gobierno de Chile, que comprende i sabe 
por esperiencia propia que el trabajo es la princi- 
pal fuente de riqueza de las naciones, ha sido 
i es su mas celoso protector, i por lo tanto desea 
que todo individuo que pise su territorio^ cual- 
quiera que^teea su nacionalidad, encuentre garan- 
tías de todo jénero, i miraria con mucho disgusto 
que algún ciudadano chileno mancillase su na- 
cionalidad, contraviniendo a su deseo, ya sea ejer- 
ciendo alguna venganza, ya sea cometiendo algún 
desmán en las personas e intereses de los no chi- 
lenos. Aun cuando entre los gobiernos surjan 
era^rjencias, los pueblos republicanos deben con- 
fraternizar i respetarse mutuamente; así, pues, 



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— 24 — 

señores, os rogamos que volváis tranquilos a vues- 
tras faenas i guardéis el mejor orden i mayor 
moderación, en lo cual trataremos de daros el 
ejemplo». 

F. Carvallo. E. Villegas. 

E. Espech. 

VIH. 

Tal fué el acta de fundación del pueblo chileno 
de Caracoles, que ya lo era tal de antemano por el 
hecho, i es digna de recordarse la circunstancia de 
que el jefe militar que presidió i autentificó aquel 
acto, habia representado, en razón de su arrogante 
físico, el papel de Pedro Valdivia, en la fiesta 
histórica que en honor de las' escuelas habia cele- 
brado hacia poco en Valparaiso el intendente don 
Francisco Echáurrcn. La toma de posesión del 
desierto de Atacama que Pedro de Valdivia diera 
en don i como cabeza a sus dominios para perpe- 
tuidad dé su nombre i de su conquista, habia te- 
nido así, trescientos cuarenta años mas tarde, un 
reflejo de su gloria i de su espada conquistadora. 



IX. 



En cuanto a la escasa guarnición boliviana del 
pueblo, que constaba apenas de veinticinco solda- 
dos, habíase concentrado desde la noche de la 



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— 25 — 

víspera, en que por un espreso súpose la aproxi- 
mación de los chilenos, en el sitio llamado la Pla- 
eilla, que es el pueblo, i de allí fué misericordiosa- 
mente despachada por los habitantes a sus lares. 
Con este fin hicieron los últimos una suscricion de 
800 pesos para costear vestuarios i zapatos a aque- 
llos infelices abandonados a su suerte por un go* 
bierno tan brutal i disoluto como imprevisor. El 
rumbo de los soldados bolivianos que se retiraban, 
era hacia Calama. 



Hecho esto, entregáronse los pobladores de 
Caracoles, casi en su totalidad mineros i chilenos, 
a los regocijos peculiares de su dura profesión, en 
que el placer es raro pero tenaz e intenso cuando 
estalla. 

Las fiestas chilenas de Caracoles duraron esta 
vez tres dias; pero en su curso, i obedeciendo a 
un sentimiento de progreso i de afición innata a 
la patria que en aquellos rudos pechos es lei uni- 
versal, organizóse en el festin una suscricion que 
produjo 1,530 pesos para ponerse inmediatamente 
al habla con Chile, prolongando los alambres del 
telégrafo hasta Caracoles. Llegaba el último en 
ese tiempo solo hasta Carmen Alto, oficina de las 
salitreras, i mitad del curso de los rieles hacia el 
asiento. 

HIST. DE LA C. DE T. 4 



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Pero hácese preciso reconocer aquí que ix^^b, 
hoíbia mas uaJbur?il ni mas justificado que aquella 
clamorosa alegría, aquel unísono entusiasmo aque- 
U^ febril unanimidad de los ánimos al aclamajr l;^ 
nuev^t patria, que no éi*^ sino una dilatacian de la 
antigua. 

psos hombres sufridos i animosos hg^sta en la 
resignación, no ^olo pasaban a vivir a la sombra 
de \ma bandera querida i respetada, sino que se 
sentian dignificados i redimidos bajo sus pliegues. 
De la condición de verdaderos ilotas, tratados so- 
lo por el rigor bárbaro del palo i del azote, pasa- 
ban a la condición de ciudadanos libres, de miem- 
bros de una comunidfid purificada en cuyp seno no 
habia amog ni tiríjtpuelos viles, sino hermanos en 
el derecho i .majistrados sometidos a la lei común 
bajo la cual hablan nacido. 



XI. 



Hallábase aquel territorio, en el momento de la 
ocupación por las armas de Ghile, en la condición 
política i social paas estíaña, violenta i anómala, 
i si bien ese estado de cosas era la justificación 
mas evidpnte i mas antigua de la posesión que a 
e^as horas se consumaba por el aguijón de intere- 
ses de mui distinto orden, no la hemos visto adu- 
cida ni revelada siquiera en el cúmulo de piezas 
diplomáticas i de comprobantes de derechos que 



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— 27 — 

se han coleccionado para esplícar al . país i a la 
América los oríjenes verdaderos de la presente 
gnerra nacional. 

XIL 

Por un motivo tan grave destinaremos nosotros 
los primeros capítulos de esttt historia al estudio 
de esa situación esp^cialísima de un pueblo cauti- 
vo i ultrajado, desentrañando así la vida de calla- 
dos sufrimientos, de acervos castigos i de dolores 
de todo jénero, nunca curados pot la espfefaúza, 
que aquel pueblo trabajador arrastró durante nue- 
ve años en medio de la insolencia creciente de 
sus amos estranjeros i del triste repudio de egoistas 
e imprevisores gobiernos nacionales. 



/ 



ANEXOS AL PRESENTE CAPITaiLO. 

PARt!B8 OFICIALES SOBRE LA OCUPACIÓN DE AirrOFÍGA8TA I DI£L 
LITORAL BOLniAKO. 

Señor gobernador de Caldera. 

Ánto/ag asta, febrero 14. 
Mai señor mió: 

í A las seis fondeamos hoi en ésta; a las ocho i media hice mí 
desembarco con 200 hombres de tropa. 

:&lll prefecto señor Zapata me entregó las armas. Yo le he da- 
do tocta clase de garantías. 



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J 



— 28 — 

i>Na(ia ha ocnrrido. El pueblo se ha mostrado jeneroso i no ha 
cometido acto alguno vituperable. 

^Sírvase indicarlo al gobierno, dicíéndole que imperan las 
autoridades chilenas^ siendo hoi proclamodo gobernador el señor 
Zenteno. 

i>Lo8 buques Blanco Encalada i O^Higgins marcharán el pri- 
mero a Tocopilla i Cobija en protección de los chilenos, i el se- 
gundo a Mejillones. 

2>De üd. seguro servidor». 

Emilio Sotomayor. 



COMANDANCIA BN JEFE DE LAS FUERZAS DE OPERACIONES SOBRE EL 
LITORAL BOLIVIANO. 

Ante/agasta,/ebrero 14 de 1879. 
«Señor ministro: 

»A las seis de la mañana de hoi fondeamos en esta bahía con 
el blindado Almirante Gochrane, Acto continuo pasé al señor 
prefecto de este litoral, don Severino Zapata, una nota, en la 
que le hacia presente que en virtud de considerar roto el trata- 
do de 6 de agosto de 1874 por parte de Bolivia, tenia orden de 
mi gobierno de tomar posesión de los territorios comprendidos 
en el grado 23, cuya operación estaba dispuesto a practicar en 
el acto. 

T>k las ocho i media de la mañana ordené el desembarco de 
100 hombres del batallón de marina, al mando del sárjente ma- 
yor don José Ramón Vidaurre, i 100 artilles a las órdenes del 
capitán don Exequiel Fuentes, mandado el todo por el que sus- 
cribe i sus ayudantes don Javier Molinas i capitán don José Ma- 
nuel Borgoño L. 

]> Posesionado de la ciudad, recibí contestación a mi nota di- 
rijida al señor Zapata, en la cual protestaba a nombre de su 



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. — 29 — 

gobierno, por la ocupación de este territorio. Después de varias 
comunicaciones con este señor, pedi entregara las armas en el 
cuartel del señor Yidaurre, pndiendo contar con todas las ga- 
rantías necesarias compatibles con las circunstancias. 

:^ Llenado mi objeto, procedí a promulgar un bando daado a 
reconocer como gobernador de este departamento de Caracoles 
al señor don Nicanor Zenteno. Instalado este señor en su pues- 
to, procedimos al nombramiento de las demás autoridades ad- 
ministrativas, a fin de dejar establecido el orden gubernativo 
conforme a nuestras instrucciones. 

]>Para dar unidad al mando del señor Zenteno, hice marchar 
a Caracoles i Salar del Carmen al capitán don Francisco Car- 
vallo con 70 individuos de tropa, por ser el lugar de mas peli- 
gro en caso de un ataque por parte de Bolivia. 

]>La corbeta 0^ Higgins zarpará mañana para Mejillones i el 
Blanco Encalada para Tocopillá i Cobija, a fin de dar protección 
a nuestros compatriotas i vijilar el litoral. 

»Tengo el gusto de comunicar a U. S. que todas estas opera- 
ciones se han verificado sin accidente alguno desgraciado, mos- 
trándose los chilenos aquí residentes con la mayor cordura i 
moderación para con los bolivianos. Mañana procederé a la or-^ 
ganizacion de la guardia nacional en esta ciudad i Caracoles, 
ocupando en ello parte del armamento que se embarcó a bordo 
de la O'Higgins, 

3>A1 capitán de corbeta don Javier Molinas, lo he nombrado 
gobernador marítimo, con jurisdicción a los grados 23 i 24, com- 
prendidos entre Mejillones i el puerto de Blanca Bacalada, i ca- 
pitán de puerto i jefe del resguardo de Antofagasta. 

i>Lo espuesto es lo que por ahora tengo el honor de comuni- 
car U. 8. para su conocimiento». 

Dios guarde a U. S. 

Emilio Sotomayor. 

Al sefior ministro de guerra i marina. 



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CAPITULO IL 



las causas de la querrá con solivia, 
(la lucha de razas). 

El desierto antes de la invasión de los chilenos. — Descubrimiento de las 
salitreras en 1865.— Caracoles en 1871. — Condición i mansedumbre de 
los aboríjenes del Litoi'al —Codicia que sus riquezas producen en la 
altiplanicie. — El prefecto Fernandez i su guardia pretoriana. —Iniciase 
la lucha entre el elemento chileno i el elemento boliviano representado 
por la soldadesca. — Primera colisión. — Asesinato del chileno Andrade, 
— Es nomb: ado cónsul de Chile en Caracoles el ciudadano don Enrique 
Villegas. — Sus enói'jicas reclamaciones. — Son inhumanamente flajela- 
dos los chilenos Araya i Berrías. — Temores del cónsul Villegas de una 
conflagración jeneral en 1872.— Calma comparativa durante los gobier- 
nos moderados de Ballivian i Frias.— -Cambio violento bajo la adminis- 
tración Daza. — El juez Rebollo! sus crímenes infames. — El súlvprefec- 
to Apodaca. — Asesinato del minero Arriagada por la policía de Caraco- 
les — Inminencia de un levantamiento jeneral. — Solemne entierro del 
cadáver de An*iagada — Los febles i el cuchillo corvo. — Alarmas de la au- 
toridad boliviana.— -El coronel Granier ocupa militatmente a Caracolea. 
— Prisión de los chilenos Pizarro i Calderón por una simple conversa- 
ción privada» —Auto curioso sobre la materia. — «La PencaD.— Escitacion 
de los ánimos. — Anexo. 

<iExÍBten tendencias de nuevos desórdenes 
con motivo de la escitacion eleccionnaria del mu- 
nicipio i algunos tenaces azuzadores de 14 ro- 
tería » 

(Comunicación del coronel Juan Granier, 
jefe de la guarnición de Caracoles, al jeneral 
don Claudio Acosta comandante de armas de 
Antofagasta, fecha noviembre 24 de 1876). 

«Aquí no hai tal apencaD isí mas bien cuchi- 



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— 31 — 

¡los corvos aue nos han traído alanos pi^no9 
del cónsul ¿entenoB. 

(Editorial del Caracolino^ octubre 17 de 
1877). 



I. 



Desde que en una clara mañana del otoño de 
1871 un grupo de animosos cateadores descubió 
en las lomas llamadas por los indíjenas del de- 
sierto Caracole^y por la abundancia de conchas 
petri^cadas que eu sus blandas faldas redondeadas 
por las olas depositara antiguo mar, comenzaron 
a poblarse rápidamente aquellas rej iones desola- 
das e inclementes, visitadas solo de tarde en tar- 
de por los borriqueros que de la caleta de la Chim- 
ba (hoi Antofagasta) dirijíanse al cantón mineral 
de la vieja Autpfagasta en el interior de los me- 
diinos. 

Eran, a la verdad, tan hórridos i desamparados 
aquellos parajes, que en el gran jüqiapa oficial de 
Bolivia, publicado en 1859 en Nueva York por 
tres injenieros nacionales, el sitio actual del puer- 
to de Antofagasta, ciudad de ocho mil almas en 
el momento de la ocupación chilena, carece de 
nombre. Solían denominarlo los changos o pesca- 
dores de la ribera ^da caleta de la Chimbáis, pero 
el dictador Melgarejo, por un capricho jeográfico 
o alcohólico, cambióle esa denominación por el 
de Antofagasta, sitio de minas que colinda en la 
extremidad oriental del despoblado de Atacama 



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— 32 



con las serranías de Jujui i Catamarca. Dista este 
paraje 94 leguas de San Pedro de Atacama, rum- 
bo de Copiapó, i dícese que en su ciénaga tenia un 
lote de tierra el dictador: de aquí la traslación 
doméstica del nombre. 



II. 



Un poco antes de esa época i en plena dicta- 
dura de aquel singular tirano, que el sueño hacia 
manso i la cerveza trocaba en asesina fiera, un 
esplorador que merece el título de ilustre, i que 
espiró en esforzada empresa de nuevos hallazgos 
en el mar, descubrió en aquellas soledades los 
vestijios de vastas riquezas fósiles, similares a la 
de Tarapacá, i echó allí con su industria, su fé ro- 
busta i su sudor de aguerrido minero las bases 
del injente negocio que hoi lucran otros mas fe- 
lices con el nombre de Sociedad salitrera i del fe- 
rrocarril de Antofagasta. La eterna estrella i la 
eterna desdicha de los descubridores ! 

Fué aquel distinguido chileno el ciudadano ata- 
cameño don José Santos Ossa, natural del valle 
del Huasco, residente a la sazón en Cobija donde 
vivia entregado al comercio i al laboreo de las 
minas en 1865. 

Llevado allí por las exijencias patrióticas de la 
guerra de España el joven don Francisco Puel- 
ma, antiguo e impetuoso obrero en la esplotacion 



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del salitre dé Tárapácá, ásbtíiárbnge arribos en 
una compañía dé déscúíirimiéntos en aqiiel ¿ño, 
i el resultado de sus esñierzos fué la poséfeiótí' d^' 
los Vastos cálidhales del Salar del Cáímeri. De eé'¿' 
descubrimiento de codicia, sobre cuyaá perégíiiiáS 
avénturias babrémoá dé vdlver mas ádélaúte, tó: 
maña arranque más tarde lá guerra coütinetitál' 
demás vastas proporciones conocida enti*é Ibfe* 
pueblos del Pacífico. 



III. 



Dé lato cóiá|yi{cáfeiotóéb e^ééittlés á qué éfíé tíe- 
gbéittdo dio líi^aV Hftbilá^de darse éUéhtatniniíéítí^ 
sá en éBt» * Ütóttff í«t dé com ¿rttbáeréttés; Peíb»* s^ 
bien cotnénfeábán a éétttbléeeWé sós'^fáertílé céínu^ 
riicabdo álguüá Vitátidad ttlá caleta de Id Ghím^ 
ba, solo cuando oiétírrió él detícübtiihiettto de Gá^* 
rabbles afluyó a aquéllos centi^ ía poblátíibtt cha-» 
letia ett el núrttérb i coü Ibá eléihéiítbs qué pb^^ 
dtían constituir uttá sociabilidad polítiéa^, un pue- 
blo, una civilización. 

í apenas hubo está eilclávadb sliiS réírtleé en la» 
ateñaé del Litoral i del debíertó raedítéitánbó^, 
estalló la inevitable rivalidad de cá*?tá¿í de intere- 
ses' i de afecciones (Jué débia ir ácumulándb soV^ 
damétite él cbtúbustihle sübtetrétiea que hoi es 
YOtaiz hoguera. 

La guerra con Bolivia fué^- -p^if es«0{ átt^lé- 

mST. DE LA C. DE T. 5 



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— 34 — 

cuestión de tiempo, desde que el cateador Canga- 
lia encontró el primer rodado arjentífero en las 
lopias de Caracoles, como habria de ser inevita- 
ble i Hnáloga la guerra con el Perú, desde que el 
trfibftjo de los rieles i la escavacion del salitre 
atrajo al territorio de aquella República, a manera 
de alud humano, una raza activa, vigorosa e in- 
telijente que iba a encontrarse frente a frente de 
otra perezosa, muelle i desmoralizada por el cli- 
ma i por el ocio. 

IV. 

.HariQse, sin embargo, jreo de ÍT\ju3tícia, mai^i- 
fíest^ e^ta, crónica de acontecimientos de ayer^ 
si eaella se aousaira a los Jiabitaates del. Litoral de 
Bolivia, de haber provocada a los invasores. Hu- 
mildes pescadores los ipas, ; no podían presentar 
en su aislamiento ni una débil yalla ^e resistencia 
a los nuevos pobludores, porque aun la casta mas 
fuerte físicamente i mas poderosa en recursos en- 
tre los aboríjenes (Je aquella zpna, consi&tia en 
unas cuantas agrupaciones de. arrieros que tenían 
sus asientos i 3US miscrocópicos alfalfales en las 
fríjidas vegaq de Calama o en ^l oasis de San Pe- 
dro de AtacAma, antigua capital 4el despoblado a 
que diera nombre, tendida, a manera de. cinta de 
esmeralda, en un valle angosto cuyas aguas desa^ 
parecían casi al nacer en las fauces de arena de 
laiamensa pampa/ 



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Bajo el punto ipiíraménte indíjefia i comarcano 
habría sido, ala verdad, cosa tan ímposítíe evitar 
que ellí toral boliviano fiiése con corta diferfencist 
de años, territorio cliiléno, como líábríaló sidÓ 
treinta años antes alóanzar que las Califórniais hu- 
biesen permanecido bajo ía bandera de Méjico, 
después del descubrimiento del oro i dé la ocupa- 
ción civil ejecutada por los amérií3anoá del Oeste/ 

Faltaba solo la oportunidad de las armas, í é's- 
ta fué la que llevó a, Antofagasta en febrero dé 
1879 el coronel Scrtómayór, este nuevo Freiiiont 
de las conquistas dé la civilización en tierra amé- 
ricaüa. . ' 

' r. ' ' ' '^ " ' ' '' ' 

Pero si las razas aboríj^nes eran absolutamente 
incapaces de resistir o de asimilarse, la provoca- 
ción a los invasores del trabajo no tardaría en 
descender jde la altiplanicie, bajo cuya jurisdicción 
política aquellos tristes lugares caían i vejetaban. 
Por un caso señalado de mala ventura, el asiento 
de Caracoles habia quedado unos pocos cent^jna- 
res de metros al norte dé la línea divisoria qué 
en lá víspera del descubrimiento los comisarios 
Pissis i Mugia trazaron en el paralelo del grado 
24, erijiendo en la orilla del mar una alta pirámi- 
de el 10 de febrero de 18Í0. 

Los habitantes, i especialmente el gobierno de 



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— 36 — 

Jcjp pueblos 4©! Wjteriqr, rio se preo9uparf)n^ pomo 
l^ps qhileiioSjj d^ enviar allí i>i brazos, ni industrias, 
ni c,apitstjes; pero persuadiéronse, (jvie eii sfi suelo 
l:^ftt>íase encontrado al fin El Dorado aptigup qu^ 
tí^r^jfcp busj^afoi;^ los castellanos en sus propias i 
r9CQn4vtas uipntí^ñas; i echándose a dormir sueño 
49 fftcil irmp{r9,villo?arppij,lericia, creyeron que, pa- 
rg, .5ei^ ppíjierp^ps^ .pp necesitaban sipo niandar fie- 
?9!^ proqpiipules i prpvaric^^dores insoljent9S'9.^^qjiie- 
Uj^s j]¡psesÍQn^8. . .'•;., ^ c , 

,j)ifírf>fl, eín cpris^cuenp^ft, los goti^rnps de 1^ re-, 
mptq. alt][£^lfLpícij3 a lpS;últimpp, i|nps pocos desgre- 
ñados destacamentos de tropas mal pagadas para 
su custodia, i con ese arbitrio i su desmedrado ta- 
lante, establecieron alta^j/era autoridad i espolia- 
dor despotismo sobre estranjero pueblo. 



VI- 



Gupp ^n suerte llegar al Litoral comí) represen-r 
tantf 4?: la autoridad sup¡^rior d? Ips bambp]e(aíi- 
te$ gobiernos de Bplivia^ a un personaje mui co? 



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— 37 — 

(1861), Allí taiwbl^n, i en caso padecido, en- 
cuéijtr^8.e desde hacQ dop años la tumbg, del per- 
sejgiai^pr . ^ 

VIL 

Ho babia trascurrido largo tienípo des(Je que 
el ex-triunyíro implantara en Antofjsigasta su 
autoridjad i m maft* como prefecto del depar- 
títmq^tp del Jt^itoraJ o de Gpbyft (de. cuyo dep^r- 
t^^m^nto ew s.ub-prefectura GargxjQles), cnafUcJo 
coraeíHíftrpp a sui¡jir en esta ciudad ipqiproyisad* 
lo? priípprps ^utopias de lai lucb,^, i^p ^ntr^ ama 
pe^^ 4? Jfl, poblítcipn i la pt|*i», qocno en 9l,Éfii;ti- 
guo Ppt^psí i ei;i el inpder^o San Francisco, np 
entre dos razas ni dos elementos reacios o civiliza^ 
dores, sino simplemente ewtre las masas cLlIenas 
i los soldados de Bolivia, raquítica guardia preto- 
rif^nq» del prefecto^ a Ja qijp ^Itej? nativí^^rpei^te da- 
b^ el no!mb;*e i. el oficio d^ rjíleros i de celíj,dores. 

Lp$ casos de colisión de aquellos dos principios 
opuestos i tan profunda^ujente desequilibrados, no 
t^irdaron en ocurrir. 

VIII. 

HíLllándose, en efecto, el prefecto F(?rnández 
en Cajracole© durante el otoño de 1872 i en el 
auje portentogp de sus minas, ocurrió qiie en un 



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dia festivo (el domingo 27 dé abril), acometié-' 
ronsé en la calle unos cuantos mineros cÜilenos ' 
escitados por el placer, el licor i la soltlirfi, riñen- 
do unos pocos i formando unos cuantos transeún- 
tes el circo obligado del pujilato a brazo i a cu- 
chillo. Pero en lugar de ocurrir a calmar el albo- 
roto con la templada enerjía de ía prudencia, que 
aplaca, el prefecto mandó un piquete de feu guar- 
dia, que allí tenía el nombre de policía, i sin noti- 
ficación precautoria hiéieron los soldados fciegó 
con sus rifles sobre los grupos. Resaltado 'de eáte' 
atentado innecesario i brutal, ñié la muerte ins- 
tantánea de un honrado trabajador chileno llama- 
do Clemente Andradé, natural dé Coquimbo, dón- 
de el infeliz tenia mujer i treá pequeños hijos: 



IX. 



Por fortuna, hacia pocos meses habiá Sido 
nombrado cónsul de Caracoles (2 de febrero de 
1872), un ciudadano de raza atacaméñá, és decir, 
de pecho levantado contra el peligro i contra él 
infortunio. Aludimos al caballero don Eorique^ 
Villegas, administrador en aquel tiempo principal 
de las mas ricas minas del asiento de Caracoles; i 
habiendo recibido éste el exequátur de sus creden- 
ciales solo pocas horas antes del suceso, revistióse 
de la autoridad suficiente para exijir del prefecto 
una esplicacion del crimen cometido. 



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- _ 39 — 

A esto, el ex-triunviro, contestó con un simple 
ardid de su amaño, asegurando que de cierta au- 
topsia mandada practicar por él mismo, resulta- 
ba quQ And^e^de habia sido muerto ppr uno de 
sus propios compatriotas con el cual, al huir de 
los dispeiros de 1^ tropa, habíase hecho encontra- 
dizo en medio de la call^ . • . . 

I no contento con este escaso subterfujio, pa- 
recido al inventado nías, tarde para suspender el 
impuesto sobre las salitreras tomándolas de hecho 
para sí, el prefecto boliviano o su delegado en 
el asiento (un tal Dieran), rnandó a los pocos dias 
azotar cruelmente a dos chilenos llamados Juan 
de Dios Arfiya i Amador Berrios, a título de que 
se habiai^ insolentado en alguna conversación 
contra su persona (1). 



(1) Tuvo lugar este atentado el 25 de mayo, nn mes después 
del asesinato de Andrade; i habiendo jestionado el cónsul Ville- 
gas con viva dilijenoia para obtener algun^i í*eparaciou^ el sub- 
prefecto Duran contestó que tanto al cónsul como a él mismo 
le era vedado tomar injerencia en cosas de justicia, i que el 
castigo de los dos chilenos no habia pasado de «una lijera co- 
rrección», por ^us denuestos i por haber sacado en su presencia 
revólver o puflal coryo.. 

El cónsul yyiegas examinó,, sin embargo, por sí mismo a^ loq 
flajelados, «viendo por sus propios ojos (así escribia él al minis-* 
tro de Relaciones Esteriores de Chile) que hábian sido inhuma" 
"¡partiente codstigados^ i que el sub-prefecto habia faltado a la ver- 
dad». 

La mejor prueba de la brutalidad rencorosa o arrebatada del 



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— 40 — 



X. 



iiceso, entfe tanto, había áido tan gíave i 
icalorado de tal manera los corazones esei- 
qoe el cónsul Villegas llegó a creerse inca- 
dominar un alzamiento de indignación i re- 
tó consumado sobre el cadáver del iñfoítu- 
iileno, muerto a bala pot los soldados del S."" 
ivia.— «Se tenia como un hecho evidente eá 
>s momentos, escribía el cónsul a su gobier^ 
L fecha 29 de mayo, que la autoridad esta- 
lelta a formar cuadro con sus tropas i fu- 
iblicamente en la plaza de ese tniheral a 

ciudadanos chilenos que había pteisos 

ignacion que ha causado el acontecí rüíeb- 
ue me ocupo, añadía el celoso funcionario^ 
> tan profunda, señor ministro, que no po- 
plicarme cómo hasta ahora no ha habido 
lision entre nuestros nacionales i la fiíerzát 

u (1). 

de la falta de culpa legal de los mineros, era, como Id 
a el mismo cónsul a su gobierno, que ellos habían sido 
u libertad, inmediatamente después de habetr sidí) aiso- 

yík inédita' del cónsul Villegas. Pertenece esté doctí- 
la interesante colección que este ápreciable caballero 
» la bondad de enviarnos por conducto de nuestro ami- 
Walker^ i de la cual' tenemos dada notida. 



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- 41 



XI. 



Tales fueron los estrenos del réjimen boliviano 
sobre la población chilena en el litoral de Anto.- 
fagasta: — seis a siete mil hombres esforzados i 
trabajadores dominados por la codicia i la cruel- 
dad de un mandón, i la estólida obediencia de un 
escaso destacamento de rifleros. Fué en esa épo- 
ca, i como consecuencia de tal sistema de go- 
bierno, cuando hizo su primera aparición el cu- 
chillo corvo tan temido por el soldado indíjena i 
tan popularizado por sus escritores i sus gober- 
nantes supremos. El «cuchillo corvoD fué el pri- 
mer reto i el primer denuesto del presidente Da- 
za en respuesta a la invasión reparadora de su 
suelo. (1) 



(1) El cuchillo corvo es solo conocido en las provincias del 
^norte i especialmente éntrelos mineros de Atacama. Consiste 
en una hoja pequeña lijeramente curva como los alfanjes moris- 
cos, i ofrece sobre el puñal recto la ventaja de la defensa, por- 
que en las riñas obra en cierta manera como broqnel para parar 
los golpes. Por su forma es de mucho mas difícil manejo que 
la daga recta, usada por nuestros campesinos del sur, pero los 
mineros aprenden su esgrima especial que requiere mucha mas 
flexibilidad en la muñeca que vigor en el brazo. Los bolivianos 
han tenido siempre un verdadero terror a este cuchillo; i de él 
hablan documentos oficiales tan antiguos como el descubri- 
miento de Caracoles. 

HIST. DE LA C. DE T. 6 



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— 42 — 



XII. 



Justo es reconocer aquí que bajo la compara- 
tivamente ilustrada dominación de Ballivian i de 
Frías hubo una tregua en los rencores de raza en 
el Litoral, i que confiada la prefectura a un hom* 
bre blando i prudente, el doctor Emilio Fernan- 
dez Costa, calmáronse durante dos o tres anos 
(de 1873 a 1876) las pasiones enardecidas. 

Pero encaramado en el poder el soldado adve- 
nedizo que provocó la guerra a cuyo primer em- 
bate ha caido, el sistema de las estorsiones i del 
flajelo, de la penca i del rifle comenzó a ejerci- 
tarse junto con el del mas vil cohecho en el ejer- 
cicio público de la justicia. Uno de los primeros 
actos de la administración Daza en 1876 fué 
nombrar juez de letras de Caracoles, asiento en 
que se ventilaban injentes valores, a un misera- 
ble que, según constaba de los libros del juzgado 
del crimen de Cobija, habia sido condenado dos 
veces por homicidio i por robo de dinero a per- 
sona determinada: tal fué el nunca olvidado juez 
' i doctor don Bartolomé Rebollo, de infame me- 
moria. (1) 

(1) Hé aqní la comprobación de lo que decimos, por mas que 
parezca inverosímil. Es üq certificado auténtico del juzgado del 
crimen de Cobija que se encuentra publicado en la Memoria de 



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— 43 — 



XIIL 



Bajo la adnainistracioa de este Pílato de menor 
cuantía ocurrió un grave suceso que, como sobre 
terreno calcinado por fuego subterráneo, debía 
recalentar las odiosidades un tanto fatigadas bajo 
el combo del trabajo, i preparar un conflicto ar- 
mado que habría anticipado de seguro la presente 



Relaciones Esteriores de Chile de 1872 (páj. 72) i dice asi: 

«El secretario que suscribe, certifica que a f. 24 i a f. 30 del 
libro de tomas de razón en lo criminal se rejistran dos decretos 
de acusación, espedidos por la sala del crimen de este tribunal 
superior, contra don Bartolomé Rebollo; el primero por tentati- 
va de asesinato i consiguiente herida injerida en la persona de 
Sebastian López, su fecha 17 de diciembre de 1874, i el segun- 
do por robo de dinero i especies de la j^r'opiedad del doctor Ma- 
nuel María Berasain^ en 20 de mayo de 1875; resultando de 
ambos haberse librado los respectivos mandamientos de prisión 
contra el reo i ordenándose la inscripción de su nombre en el re- 
jistro de la cárcel pública. Es cuanto puedo certificar en cum- 
plimiento del anterior decreto i en obsequio de la verdad i jus- 
ticia. 

C. Suarez. 

Lámar, noviembre 6 de 1875:^. 

Llegaba & tal estremo el desprecio de los chilenos por aquel 
villano, que alguna vez un litigante; pegando un billete de ban- 
co a la cabeza de un escrito, púsole a éste la siguiente suma: — 
eCon el billete que se acompaña pide tal pro videncia.^. > (Carta 
de J. M. Walker al liutor.— Caracoles, enero 8 de 1880.) 



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— 44 ~ 

guerra en término largo de dos años, dándole al 
mismo tiempo mas noble i mas simpático oríjen. 

Gobernaba la sub -prefectura de Caracoles a fi- 
nes de 1876 el coronel don Exequiel Apodaca, 
natural de Tarija, hombre tibio i codicioso, pero 
al parecer, no de mal porte respecto de la pobla- 
ción chilena, con escepcion del manejo de sus ne- 
gocios personales en que era juez i parte. (1) 

I sucedió que en un dia de ardiente pasatiempo, 
a usanza de mineros, suscitóse cierto desorden en 
una fonda o chingana del pueblo. Para apaciguar- 
la ocurrió como de costumbre la llamada policía, 
bala en boca, i con la brntalidad inconsciente del 
soldado boliviano que obedece a la voz del que le 
manda como el dedo puesto en el disparador obe- 
dece al brazo, dispararon sus rifles en el recinto, 
matando en el acto al chileno Eliseo Arriascada 
e hiriendo a dos de sus compañeros de placer. 

Aquel nuevo crimen, no inusitado, pero de tan 
odiosa provocación, fué recibido por los chilenos 



(1) Consta de la prensa del asiento (El Caracolino del 1.** do 
febrero de 1877), que siendo el sub-prefecto Apodaca propieta- 
rio do cuatro barras de la raína Áltamira, mandó embarirar los 
metales que en ella habia esplotado el ciudadano chileno don 
Juan Agustín Palazuelos, interponiendo para el caso su tercería 
de minero junto con su dominio de sub-prefecto. El coronel 
Apodaca desempeña actualmente el puesto de jefe de Estado 
mayor de la casi mitolójica e invisible división del jeneral Cam - 
])ero, 5.* del ejército boliviano. 



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— 45 — 

como un reto, i allí mismo estallara la eonjura- 
cion que los historiadores bolivianos habrian lla- 
mado con justicia — «de los cuchillos corvosD, si 
azorado el sub-prefecto no hubiese corrido a pe- 
dir auxilio a los mas prestijiosos entre los vecinos 
del pueblo. Ocumeron éstos de tropel, como era 
ya un hábito en tales casos, i con su influencia 
de amigos i de patrones lograron calmar la justa 
saña de los tumultuarios. «En lo mas serio del 
conflicto, escribia oficialmente el cónsul chileno, 
los señores B. Navarrete, J. M. Walker, Francis- 
co M. Oliveira, Marcos Lathan con el sub-pre- 
fecto, que los buscó espresamente, se fueron al 
teatro de los acontecimientos i lograron, después 
de mucho trabajo, i aun esponiendo sus vidas, 
apaciguar a la muchedumbre que en estos mo- 
mentos estaba exasperada a la vista del cadáver 
de su compañero, pidiendo a gritos lanzarse sobre 
el cuartel de policía donde se encontraba el autor 
del asesinato D. 

Agregaremos aquí que el primero de los ciuda- 
danos nombrados entre los pacificadores de día 
rebelión D, pues este nombre le dieron las autori- 
dades bolivianas, habia sido nombrado cónsul 
jeneral de Chile en el Litoral con fecha de no- 
viembre 3 de 1863. A él está dirijida la nota a 
<jue ese párrafo pertenece i que lleva la fecha de 
20 de noviembre de 1876. 



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— 46 — 



XIV. 



Los nobles mineros limitáronse a hacer afec- 
tuosas honras a su inmolado compañero, si bien 
algunos en vista del cadáver que conduelan a la 
sepultura, no pudieron menos de esclamar en el 
tránsito del enterratorio, al desfilar en número de 
mas de cuatrocientos acompañantes por el frente 
del cuartel de policía: — ¡ Vayan a comerse al que 
mataron! (1) 

Los gritos de ¡Mueran los febles! que eran la 
espreíion de la venganza i justamente del vili- 
pendio, alternábanse en la fúnebre procesión con 
los de ¡Viva Chile! que eran los gritos de la espe- 
ranza. 

El momento fué crítico, i la menor provocación 
de parte de la guarnición boliviana, habría desen- 
cadenado sobre la laboriosa población los estra- 
gos de un combate desigual, i como consecuencia 
la guerra entre dos pueblos. 

Temiéronlo tal las autoridades bolivianas, i el 
jeneral don Claudio Acosta, comandante de ar- 
mas de Antofagasta i hoi ministro de la guerra 



(l) Comunicación del coronel Granier, jefe de la guarnición 
de Caracoles, al jeneral Acosta, comandante do armas de Anto- 
fagasta, fecha Caracoles, noviembre 24 de 1876.— (Memoria d^ 
Relaciones Esteriores de Chile, 1877, páj. 54). 



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^7' 



-- 47 — 

en La Paz, al tener noticia del acontecimiento, 
despachó de prisa al mineral un destacamento de 
34 soldados a cargo del entonces reputado de va- 
liente coronel don Juan Granier. No llegó éste a 
Caracoles sino el 22 de noviembre (tpor el mal 
estado de los animales i la lentitud de las'carre- 
tasj>; pero a las dos de la tarde de ese dia tomó 
posesión del pueblo como si fuera plaza enemiga. 
En su nota de ocupación de fecba 24 de aquel 
mes, en que prodiga a la población chilena violen- 
tos insultos, tratando a sus nacianales solo con el 
epíteto alternado de rotería i roterio^ el jefe boli- 
viano, tan conocido mas tarde por su defensa de 
Pisagua, aseguraba que la situación era grave, por 
cuya causa resolvía quedarse con parte de la tro- 
pa (20 hombres), devolviendo el resto, que era 
solo de diez, a cargo del coronel don Luis Valdi- 
vieso. En Solivia para cada diez soldados ha de 
aparecer precisamente como jefe un coronel. 

A la verdad, la guardia pretoriana del dictador 
de hecho don Hilarión Daza, estaba dividida en 
dos secciones:— Los Colorados^ que custodiaban 
BU palacio en La Paz. Esos eran simplemente sus 
favoritos a sueldo. 

Los prefectos, sub-prefectos, jueces de letras, 
aduaneros, comandantes de cantón, dilijencieros i 
demás personal administrativo del rico Litoral. — 
Esos eran simplemente sus cómplices i usufruc- 
tuarios. 



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— 48 — 

I entre esas dos entidades que recordaban en 
miniatura los peores dias de la decadencia bizan- 
tina, ajitábase Solivia, i a sus pies la colonia chi- 
lena, laboriosa i desdichada, que fecundaba con 
su sudor i redimía con su sangre el Desierto, 

XV. 

El juez Rebollo tomó también venganza a su 
manera de los que sabian enterrar con lágrimas a 
sus compañeros inmolados, mandando encarcelar 
a dos individuos chilenos que se habian quejado, 
en conversación privada, de su justicia comprada 
e infame. Los chilenos estaban reducidos a la 
condición de esclavos de g£tlera i los jueces del 
Litoral mostraban para con ellos la arrogancia de 
los inquisidores. Llamábanse esas dos víctimas 
del delito de quejarse Cayetano Pizarro e Ignacio 
Calderón; i debióse a su enerjía para defenderse 
contra el malvado, el descubrimiento de los crí- 
menes del juez de Daza que hemos recordado i 
cuya constancia reciente existe en los archivos 
de Cobija. Gracias a este hallazgo, los dos chile- 
nos fueron absueltos por la sala del crimen de 
aquella capital de prefectura, pero sin que nadie 
les indemnizara del injusto castigo recibido. (1) 

(1) El auto judicial mediante el cual se consumó este aten- 
tado^ merece ser recordado si mas no sea en estracto. El pro- 
motor fiscal S. A. Schmith, dice a su con-juez con fecha 26 de 



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— 49 — 

Las torturas desusadas i malditas del Santo 
Oficio, habian sido entretanto resucitadas contra 
los infelices mineros, i esto a tal punto que ha- 
biendo visitado un joven diputado de Chile la ciu- 
dad de Antofagasta en setiembre de 1876, hízose 
portador a Copiapó i a Santiago de un instrumen- 
to especial de suplicio inventado por las autorida- 
des de aquel pueblo paraflajelar a sus compatrio- 
tas, instrumento de barbarie que era conocido con 
el nombre de la penca, recordado en el epígrafe 
del presente capítulo. (1) 

octubre de 1876: — «De las declaraciones recibidas, resulta haber 
Cayetano Pizarro denigrado a las autoridades judiciales de este 
distrito con espresiones injuriosas, i como Ignacio Calderón 
presenció este acto, contribuyendo a su perpetración, es de jus- 
ticia que Ud., señor con-juez, libre naandamiento de prisión 
contra el primero i de detención contra el segundo». 

En consecuencia, se libraron ese mismo dia los mandamien- 
tos, i el sumario fué remitido a la sala del Crimen de Cobija^ 
«por cuanto existian indicios de culpabilidadi>. 
" (Memoria de Relaciones Esteriores de Chile de 1877, páj. TI). 

En Tirtud de estos indicios los dos trabajadores chilenos estu- 
vieron dos o tres meses en la cárcel de Caracoles acusados de • 
haber conversado contra la justichv boliviana. 

{i) El Amigo del País, periódico de Copiapó, a cuyo redactor 
mostró el diputado A. C. Vicuña la penca que para presentar- 
la al gobierno le obsequiaron en Antofagasta, describe este ins- 
trumento de tortura en los términos siguientes, que no nos cree- 
mos autorizados a mitigar: 

«Tuvimos ocasión de ver una de las pencas con que azotan a 
los chilenos en Antofagasta. ¡Causa horror! 

i>El cónsul chileno en aquel puerto entregó al señor diputado 

HIR. DE LA C. DE T. 7 



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— 50 - 



XVI. 

La paciencia del sufrimiento terco pero resig- 
nado comenzaba a agotarse en el pecho de los 
chilenos, i habia llegado ya de sobra la hora de 
la defensa armada i resuelta contra la brutal i 
codiciosa opresión de los bolivianos, estos zánga- 
nos del desierto, introducidos por la violencia del 
rifle i del azote en la colmena del trabajo i la ri- 
queza. 

(Ion Anjel O. Vicuña, una que pudo obtener hace poco, i la remi- 
te al ministro de Relaciones Esteriores. La tal penca es de 
alambre trenzado i tiene una cabeza de plomo. Se nos dijo que 
muchos chilenos han sido muertos con los azotes que se les 
aplica. Al famoso Chichero lo tuvieron dos meses en el cepo i 
todos los dias le m.. la cabeza. 

»Lo que sucede en Bolivia con los chilenos es asombroso: no 
se podria creer si no nos lo hubiera contado una persona tan 
autorizada como el señor Vicuña. Esto da la medida de lo que 
es Bolivia: está todavía en estado de barbarie i necesita se la 
civiliceD. 

La lei de imparcialidad nos obliga a recordar que un diario 
exaltadamente boliviano del Litoral El Caracolino, contradijo 
estos asertos en un editorial titulado La Penca, que dio a luz 
el 17 de octubre de 1877 i en el cual incurriendo en el mismo 
pecado contra la pulcritud del periódico atacameño, se espresa 
de la manera siguiente: 

«Un periódico de Chile habla de ese instrumento contunden- 
te, sin duda interpretando las ideas que sobre este Litoral tiene 
el señor ministro Alfonso, i que las ha emitido en su Memoria. 

:^ Pero tanto el articulista como el célebre hombre picblico de 



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— 51 — 

la nación vecina, deliran a la manera de los niños. Aquí no hai 
tal cpenca» i bí mas bien cuchillos corvos que nos han traído 
algunos paisanos del <r Amigo del PaísiD i del cónsul que ha da- 
do a don Anjel G. Vicuña la tal penca. 

pignora este departamento^ i díganlo todos sus vecinos, que 
jamas se haya forjado tal alambre con cabeza de plomo para 
azotar a los chilenos; menos que al famoso Chichero se le haya 

tenido dos meses en el cepo, m todos los días la cabeza, 

porque ese padre Caco hijo de Tropman i patrocinado del 
articulista, dio vuelo a sus piernas a los pocos dias de haber sido 
capturado sin que en su reclusión preventiva sufriese el mas 
leve ultraje, a pesar de que bien merecía no solamente el plomo 
de la penca sino hasta el del ri/lej>. 



* ANEXOS AL CAPITULO II. 

Caracoles^ noviembre 20 de 1876. 
«Señor sub-prefecto: 

]»Con profundo sentimiento nos hemos impuesto de la nota 
que hemos tenido el ^honor de recibir en este instante en con- 
testación a la nuestra fecha de hoi en que damos cuenta de la 
comisión que nos dio esa snb-prefectura para sofocar el tumulto 
causado por el asesinato de un ciudadano chileno. 

» Las promesas de honor hechas al pueblo a nombre de la 
sub-prefectura i de que tendría conocimiento cada veinte i cua- 
tro horas la sociedad «Patria», para calmar la escitacion jeneral, 
desgraciadamente no se manifiesta en la nota del señor sub- 
prefecto que serán cumplidas, i por el contrario revelan una 
frialdad cruel después que ha pasado el peligro, después que la 
hemos conseguido (la quietud) con peligro de nuestras vidas i 
respondiendo con esta misma de ia comisión que nos dio para 



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— 52 — 

ante la autoridad a petición nuestra i sin cuya aceptación las 
consecuencias habrían sido de todo punto lamentables. 

]>Daremos cuenta de todas las notas a aquellos a quienes hici- 
mos la promesa para salvar nuestra responsabilidad. 

j>Quedamos del señor sub-prefecto atentos i SS. SS. 

i>J, M. de Oliveira. — Benjamín Navarrete, — J. M. Walker. — 
Marcos Latkam. — Washington Cavadaí^. 



La pieza anterior ha sido estraida del Caracolino del 1.® de 
febrero de 1877, i en ese diario se afirma que la muerte de 
Arriagada fué casual i motivada por un alzamiento de la rotería 
chilena fomentado espresaraente por la Sociedad «La Patriai». 

El Eco de Caracoles del 15 de diciembre de 1876 llama el 
suceso del 18 de noviembre «el alzamiento de los rotos:^ i prue- 
ba todo lo dicho (refutaado al Constituyente de Copiapó), «por 
eluSdio (jue inspira el latrocinio invocadoji?í?rí^.5 rotos para alte- 
rar el orden público». 

Ese era el lenguaje corriente de la prensa del Litoral antes de 
la ocupación de los rotos. 



> 



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CAPITULO III. 



"LA PATRIA." 

La Sociedad «La Patria», su oríjen, su pro|rrama, i sus verdaderos propó- 
sitos. — Adquisición de armas en Valparaíso. — Los afiliados se proponen 
emancipar el Litoral de Bolivia. — Interesantes detalles. — ^El doctor La- 
dislao Cabrera.— La noche del 31 de marzo de 1877 en Antofagasta. — 
Enérjica, pero digna nota del cónsul Villegas sobre el asesinato del 
chileno Arriagada. — El gobierno boliviano cancela por este motivo su 
exequátur, — Instrucciones del ministro Oblitas sobre la sociedad «La 
Patriaj). — Indignación que estos actos producen en Chile. — Palabras 

• prof éticas de «El Mercurio».— Opiniones de «El Deber». — Enerjía es- 
pecial de la prensa de Atacama. — «El Constituyente» pide la inmediata 
revindicacion del Litoral boliviano. — Característica i tradicional apatía 
del gobierno de Chile. — El ministro Alfonso acepta la cancelación del 
exequátur del cónsul Villegas i declara que este insulto no será parte a 
interrumpir las amistosas i cordiales relaciones de Chile con Bolivia. — 
Lenidad del ministro Lindsay en La Paz.— Elección municipal de Cara- 
coles en 1875. — Estado de los ánimos en el momento de la invacion ar- 
mada de los chilenos. — Rumores de nuevos crímenes. — El Pulguero de 
Tbcopt7/a.— Calorosa espresion de gracias del pueblo de Caracoles i res- 
puesta del presidente Pinto. — Meeting en Antofagasta. — Nota del cón« 
sul Villegas en que da cuenta de una serie de atentados.— Invasión del 
caudillo Quevedo i neutralidad absoluta del gobierno de Chile. — Nota 
a ese propósito del ministro Ibañez. 

«Hai en Caracoles una asociación denomina- 
da La Patria cuya desembozada tendencia es 
la de erijir un Estado, una Patria con su go- 
bierno i autoridades independientes, impuestas 
sobre el gobierno i autoridades de Bolivia». 

(Comunicación antes citada del coronel Gra* 
nier). 

«La Sociedad «La Patria», si tiene los nobles 
i santos propósitos de socorrer al pobre i des- 



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— 54 — 



valido, también tiene otro que es su fin primor- 
dial. Ella tiende a establecer entre sus asocia- 
dos^ que son todos los chilenos del Litoral, es 
decir, toda la masa pobladora de esa re j ion, la 
obligación de dirimir toda cuestión judicial por 
medio de arbitros, dejando a un lado la justi- 
cia del país. Creo que va aun mas lejos. Creo 
que los asociados se comprometen a someterse 
a un tribunal fijo, nombrado por la Socie- 
dad. 

»La constitución de esa Sociedad es positi- 
vamente la f oimacion de un Estado boliviano 
al cual le arrebata una prerrogativa que le es 
propia. 

»Ella usurpa al país en que se ha formado, 
donde sus miembros reciben hospitalidad i en 
el cual quizás van a hallar fortuna, la adminis- 
tración de justicia, facultad que se desprende 
de la soberanía». 

(Carta del ciudadano boliviano don Luis Sa- 
linas Gómez al redactor de El Ferrocarril don 
Justo Arteaga Alemparte, fecha 24 de enero 
de 1877, publicada en El Deber del 2 de febre- 
ro de ese año). 

ccNuestro gobierno se hacia sordo a nuestras 
justas quejas i nos dejaba abandonados a nues- 
tra propia suerte». 

(Carta inédita del ex-cónsul de Chile en Ca- 
racoles don Enrique Viilegaa.— Caracoles, enero 
6 de 1880). 



La serie de acontecimientos que dejamos bos- 
quejados en el capítulo precedente, i que como 
sobre sabana árida i desierta, abarcaba el largo 
espacio de cinco años, estaba destinada a colmar 
la medida del sufrimiento, según decíamos, en 
el ánimo exacervado de Jos diez mil chilenos re- 
sidentes en el Litoral boliviano. Resolvieron los 
últimos en consecuencia establecer desde media- 
dos de octubre de 1876 una sociedad de nacio- 



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— 55 — 

nalidad i de protección mutua que teñiría por 
nombre el santo i querido de La Patria. 

51ra esta una institución de doble carácter, 
porque en la superficie aparentaba estar dirijida 
al socorro de los asociados, mediante una corta 
suscricion mensual de los afiliados, a la unión de 
los chilenos bajo un solo cuerpo directivo, i espe- 
cialmente al pacto solemne de rehusar todo so- 
metimiento a la envilecida justicia boliviana, con- 
sagrando el compromiso de sujetar a arbitros toda 
cuestión litijiosa que sobreviniere entre ellos» 

Pero en el fondo i en lo mas escondido i ardien- 
te de sus propósitos. La Patria tenia por mira su- 
prema, nada menos que la emancipación política 
de Bolivia de todo el territorio ocupado por los 
chilenos al sur de la península de Mejillones, i sí 
era preciso, entre Potosí i el Loa. 

Hízose con ese fin, en profundo secreto i bajo 
juramento, una colecta de dinero; encargáronse 
sijiíosamente armas de precisión a Valparaíso, i 
solicitóse la cooperación de un personaje bolivia- 
no de prestijio para proclamar la federación del 
Litoral como un velo para sus resueltas i justifi- 
cadas ambiciones. Hai motivos para creer, en 
medio del misterio que encubre esas medidas, 
veladas todavía por un juramento colectivo, que 
el caudillo designado para encabezar con el nom- 
bre de Federación el levantamiento en masa de 
los chilenos, era el doctor don Ladislao Cabrera 



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— 56 ~ 

a la sazón grandemente adicto a la causa de los 
últimos. (1) 

La autoridad boliviana no tardó, sin embargo, 
en abrir los ojos delante de aquel peligro i -así 
déjalo de manifiesto con toda claridad el coronel 
Granier en la nota ya citada que envió a su go- 
bierno, i que éste trascribió al de Chile el 21 de 
diciembre de aquel año. (2) 



II. 



A la sombra de esa sospecha instalóse, sin em- 
bargo, la sociedad La Patria con asistencia de 
ochenta de sus socios el domingo 12 de noviem- 
bre en un vasto edificio que habia sido panade- 
ría de la casa de Neves i O.*, i habiendo invita- 
do aquélla por cautela al sub-prefecto Apodaca, 
encubrió éste su encono en una respuesta cortés 
i su negativa a asistir en su calidad de funcio- 
nario. 

«Entusiasta como el que mas por toda asocia- 
ción benéfica i moral que se establece, decia el 



(1) Si el jefe militar elejido por La Patria no fué el doctor 
Cabrera debe creerse que lo fué un personaje de gran importan- 
cia en Bolivia, cuyo secreto poseemos pero no nos es posible hoi 

día revelar. 

(2) (Memoria de Relaciones Esteriores de Chile de 1877, 

páj. 65). 



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— 58 — 



razón de sus propósitos, i aquéllos perentoriamen- 
te rebuscaron obedecer. (1) 



(l) He aquí esta singular notificación que recuerda las del 
Santo Oficio: 

PREFECTÜBA I SUPERINTENDENCIA DE HACIBMDA 1 MINAS DEL 
DEPARTAMENTO LITORAL. 

NUM. 28. 

Antofdgasta^ 1? de diciembre de 1876^ 
Sefíor: 

No habiendo dado con la estension i precisión que se le en- 
comendó, los datos sobre la formación de la Sociedad «La Pa- 
triaj>, tiene esta prefectura que sujetarse a los informes oficiales 
que ha recibido paro juzgar del oríjen i tendencia de dicha So^ 
ciedad, i dispone: que don Juan A. Palazuelos i don Luis Lich- 
tenstein, sindicados como los autores i promotores de esta idea, 
fiean notificados por Ud. para que se presenten ante esta prefee*- 
tura a dar e.^plicaciones sobre el programa que Ud. me ha re- 
mitido, publicado en esa Cí>n fecha 19 de octubre, i sobre otros 
pantos que se relacionan con dicha Sociedad. Esta orden será 
cumplida dentro de término de cinco dins desde que se haga la 
notificación i Ud. me devolverá esta nota con las dilijencius res- 
pecti vos. 

Dios guarde a Ud. 

R. Feunandkz, 
Al scHor sub-prefeclo de Caracoles. 



St«-Pi:KFF.CTÜRA DK CAKAOOLKS. 

Diciemhre 4 de 1876. 

Cúmplase i notitíqnese a l<»s sefioics Luis Lichtenstein i Juan 
A. Talazuelos por el fccretario de esta sub prefectura en la an- 
terior nota, 

Apodaca. 

í A.chivd (\c\ coii^íuliulo (le Caracoles, pieza coniuiiicada por el señor E. Vi- 



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~ 59 — 

El peligro (le una eonfliígracion loeaT era puea 
inminente. 

Las guerras civiles que coo el nombre de los 
Vizcaínos i los Vicuñas ensangrentaroíi a Pbtosrí 
en la medianía del siglo XVII, eí^taban a pimto 
de estallar en el asiento de Caracoles: tal era el 
ardimiento de los espíritus i los planes sijilosos pe- 
ro inquebrantables de resistencia que cada cual, i 
la asociación entera de La PatinUy en sus adentros 
albergaba. 

El movimiento revolucionario no tuvo, sin em- 
bargo, lugar, porque habiendo llegado las armas 
adquiridas en Valparaíso a Antofagasta en el va- 
por de la carrera que tocó en el último puerto el 
24 de marzo de 1877, uno de los iniciados boli- 
vianos denunció el hecho, i aquellas fueron estrai- 
das de la Aduana del fondo de los fardos de pasto 
seco i Sacos de cebada en que habian sido cuida- 
dosamente cauteladas. 

En consecuencia, esas mismas amias sirvieron 
a los opresores del Litoral para debelar la rebe- 
lión que en ese mismo mes encabezó el coronel i 
guerrillero Carrasco en pro del caudillo caido i 
hoi prisionero de Chile, don Casimiro Corral, mo- 
vimiento militar, o mas propiamente montone- 
ro, que fué ahogado en sangre en Caracoles i en 
seguida en alcohol en Antofagasta. Celebróse, en 
efecto, este desenlace en la última ciudad con una 
saturnal que duró toda la memorable noche del 



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^ 60 — 



31 de raarzo ele 18.77, en que fueron heridos seis 
chilenos i uu arjentiuo por las soldadescas ebrias 
i vencedoras en que estaban enrolados sus eternos 
e inaplacables enemigos. (1) 



(1 )..,«! aunque esta uoohe era viernes santo (dice el cónstd 
Villegas en oartft de recieate data— «enero 6 de 1830— que hemos 
citado) para celebrar lo, victoria de Graiuer sobre Carrasco se 
echaron las campanas al vuelo, la autoridad hizo dar licor sin 
tasa ni, medida q la muchedumbre que se reunia en la plaza, 1 
esto, come es natural, produjo, los raty^ores desórdenes. Con tal 
motiva i para sofocay esta nue^a revolución producida por la 
misma autoridad i talvez premeditadamente, se mandó fíierza 
armada a las calles i con orden de hacer fuego sobre la jente 
tumultuosa, ói'^en que fué cumplida al pié de la letra, resultan- 
do seis ciudadanos chilenoa heridos, de mas o menos gravedad, i 
un arjentino. 

^Aquella noche fué aciaga, tremenda para Antofiigasta, aña- 
de el ^x-cónsul Villegas; i lo que mas cólera nos daba, a los que 
presenciábamos aquellos suceso.^, era el saber que las armas que 
habían venido ])aru defendernos i defender a nuestros connacio- 
nales estaban sirviendo paR\ ul timar losb 

He aquí, por lo demás, log interesantes detalles que sobre la 
organizaciou i planes secreto de lív Socíeda<l «La Patria» ha te» 
uido a bien comunicarnos el señor Villegas: 

iil^a Sociedad a^l^ Patrian i sus principales miembros, no des- 
mayaban en la patriótica tarea que se babian impuesto, i sus 
trabajos i esfuerzos se coucretarou a la Indepe^íulencia del Lito- 
raly cuya pros|)ecidad i tfesarrollo se debia i se debe esclusiva- 
mente al trabaja de los chilenos; por consiguiente nos pertene- 
cia de Aecho i de (krecho^ 

3)Con este fin bu3có los elementos del caso para hacer nn mo- 
vimiento revolucionario en el Litoral, i para conseguirlo solicitó 
a un caudillo boliviano, el cual debia ponerse al frente de dicho 



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- 6t ~ 

IV, 

Agregábase a esto un hecho diplomático de no 
pequeña gravedad, i para ser cosa de política 
iaternacioual preocupo bastante los ánimos en 
Chile i dio caloroso pábulo a las plumas de sus 
escritores durante los primeros dias de enero 
en que llego la noticia de ello al corazón del 
país: tal fué la cancelación del excequatur que 

movimiento, euai4>olando la bandera federal, recurso bascado 
exprofeso^ para haoer meaos sospechoso el verdadero carácter de 
lá revolución. 

«Todo se consiguió i sq lleva a feliz término, hasta cierto 
punto. 

»Ef caudillo federa) boliviano se puso de acuerdo con ciertos 
individuos preatíjiosos en su país, individuos que hoi mismo son 
personalidades en las adtas rejiouea de la política i gobierno 
boliviano. 

]>Se trabajó con tesón para llevar a feli^ término esta mag- 
nífica idea. £q Valparaíso se recopilaron todos los elementos del 
caso; allí se formuló la constitución p^ira el mi^eto Estado^ el 
cual según dicho documento^ dehia ser rejido interinamente por 
un Triunvirato; — se compraron armas; magníficos rifles de pre- 
cisión, revólveres, sabJes, etc., etc. 

:pPara hacer^ frente a los gastos que orijinaUan todos estos 
aprestos, se buscaron los fondos necesarios i se firmaron bonos 
al portador por una suma no indiferente i por el caudillo cul-hoc. 

»Todos los documentos a que se hace referencia, constitución, 
bonos, etc., eto.^ no pueden ver la luz publica por el momei>to; 
pero en poco tiempo mas desaparecerá este inconveniente. 

j> El armamento comprado en Valparaíso i perfectamente 



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— 62 ~ 

acreditaba cónsul de Chile en Carneóles al ciu- 
dadano Villegas, con motivo de la nota en que, 
al dia siguiente del asesinato del chileno Elíseo 
Amagada, clamó aquel funcionario con^ su acos- 
tumbrado pero respetuoso vigor contra los culpa- 
bles. — (cLa conducta observada por dicho Ville- 
gas, decia el ministro Oblitas al gobierno de Chile 
en nota de La Paz, diciembre 21 de 1876, con las 
autoridades de Caracoles, que tiende de una ma- 
nera directa a fomentar la discordia existente 



arreglado en sacos de cebada i fardos de pasto^ fu¿ embarcado 
en el vapor qae partió de ese puerto el dia 22 de marzo de 1877 
i llegó al de Antofagasta— donde debia ser desembarcado — el 
26 del mismo mes. 

»La desgracia quiso que en el mismo dia 26 de marzo llegara 
la noticia de que en Caracoles habia estallado una revolución 
encabezada por el coronel Carrasco, que apoyaba al caudillo don 
Casimiro Corral. Con tal motivo uno de los bolivianos compro- 
metidos en el movimiento federal, mas por felonía que por amor 
a su patria, indudablemente, denunció a la primera autoridad 
de Antofagasta la existencia de las armas que tan bien ocultas 
en la cebada i el pasto existían en una lancha, en que habian 
sido desembarcadas del vapor que las trajera, en la bahía del 
citado puerto. En la mañana siguiente, es decir, el dia 27 d^ 
marzo, de orden de la autoridad, los sacos de cebada í fardos de 
pasto, en lugar de ser entregados a la persona a quien venian 
destinados, fueron depositados en los almacenes de aduana, en 
d<mde fueron escrupulosamente rejistrados, i por consiguiente, 
sacado el valioso contenido que encerraban. 

>Cou las armas se debeló tres dias mas tarde ta rebelión de 
Caracoles por Granier», 



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— 63 — 

entre ciudadanos chilenos i bolivianos, ha obliga- 
do al gobierno a tomar con sentimiento esa me- 
dida. (1) 

(1) He aquí algunas de las valientes pero dignas palabras del 
cónsul Villegas, toraadas del su nota del 20 de noviembreí en 
que exije al sub-prefecto Apodaca le dé cuenta del desarrollo 
del sumario formado contra los autores de la muerte de Arria- 
gada, reclamando la propia i espontánea promesa del sub-pre- 
fecto para cumplirlo así. 

i^Desde mucho tiempo atrás se ha venido haciendo sentir una 
manifíesta rivalidad entre los chilenos i los nacionales bolivia- 
nos, i debo hacer presente con entera franqueza i completa im- 
parcialidad al señor sub-prefecto, que no son por cierto mis con- 
patriotas los qm han dado márjen a tal estado de cosas. 

)>E1 suceso de anoche, no se escapará a la penetración de üd., 
vendrá a hacer revivir esas odiosidades í antipatías i a colocar 
a los nacionales de ambos pueblos en una situación del todo in- 
sostenible si la justicia no se encarga de calmar la escitacion de 
mis connacionales con un pronto i eficaz castigo^ tomando tam- 
bién las medidas precisas para prevenir la repetición de hechos 
como el que ho¡ nos ocupa. 

i^El seflor sub-prefecto sabe mui bien que la muerte alevosa 
del ciudadano chileno Arriagada, habría sido el primer acto de 
un drama sangriento sin la activa eoopenicion que le prestaron 
al spñor sub-prefecto algunos ciudadanos chilenos que, a riesgo 
de sus vidas, se mez-claron con la indignada muchedumbre tra- 
tando de calmar la efervescencia de los ánimos. 

>Sabe timbien el señor sub-prefecto que aun no se encuentra 
del todo disipada la tormentosa nube de la indignación popular, 
no obstante las medidas preventivas tomadas por esto consula- 
do, de acuerdo con el vecin<lar¡o, i que se ha conseguido apaci* 
guaría prometíc^ndole que el culpable será prontamente casti- 
gador». 

Tan lejos había estado de merecer el cóusuj Villegas el grave 



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— 64 — 

El ministro de Relaciones Esteriores del presi- 
dente Daza, el mismo que pocos meses mas tarde 
seria arrojado del palacio por la bota del insolen- 
tado mandón, guardaba ciertas fórmulas do res- 
peto i cortesía en su despacho al gobierno de 
Chile al anunciarle el hecho gravísinío de la des- 
titución i desaire de un funcionario internacional, 
i a título únicamente de una nota de levantado si 
bien medido i grave tono. Pero en la intimidad i 
desahogo de las relaciones de superior a subalter- 
no, el jefe del gabinete de La Paz, usando de par- 
ticular brusquedad, llegó hasta aconsejar el últi- 
mo castigo de los chilenos por vía de eficaz escar- 
miento. 

Deber de la historia es recojer i perpetuar los 
testimonios del odio vivo i profundo que esas ór- 
denes encubrían contra un país cuya tolerancia 
llegaba hasta los límites de la dignidad i cuya 
imprevisión carecia do tocio correctivo. Por fortu- 
na hanse aquellas conservado en un periódico os- 
curo i lugareño de cuyas columnas las estraemos, 
al tenor siguiente: 

insulto inferido a su persona i en ella a su paia, que la noche 
tlel tumulto precedente, «los miembros mas caracterizados de 
Ja iíociedud «La PatrinD, dice el ínismo, hnn tenido una entre- 
vista con el señor sub-prefecto a quien lian ofrecido su coope- 
ración moral imakrialy ú fuere iieceBarioj>» (Nota de Villegas al 
gobierno de Chile). 



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— 65 — 
MINISTERIO DE GOBIERNO. 

La PaZy diciembre 7 de 1876. 

Señor: 

«He dado lectura al señor presidente de la Re- 
pública de los oficios que elevó a esa prefectura 
del señor sub-prefecto del distrito mineral de 
Caracoles, con motivo de la nota inconveniente i 
descortés que había recibido del señor E. Villegas, 
cónsul de Chile, El jefe del Estado que estima en 
su verdadero valor los fueros de la dignidad na- 
cional, ha resuelto cancelar el exequátur a las le- 
tras patentes de aquel funcionario que ha preten- 
dido inusitadamente i sin razón alguna, injuriar a 
las autoridades constituidas. 

dEu el próximo correo tendré la satisfacción 
de incluir a Ud. el respectivo decreto de cancela- 
ción, por hallarse hoi el señor presidente en la. 
Villa de Inga vi i ser avanzada la hora del correo, d 

Dios guarde a Ud. 

J. Ohlitas. 

Al señor prefecto del departamento de Cobija. 



iUST. DE LA C. DE T. 



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— 66 — 
MINISTERIO DE GOBIERNO. 

La Paz, diciembre 7 de 1876. 
Señor: 

«En contestación a su oficio fecha 26 del pasa- 
do i de cuyo contenido he dado lectura al señor 
presidente de la República, tengo encargo de de-, 
cirle: que para evitar nuevos desórdenes como los 
que han tenido lugar últimamente en Caracoles, 
se sirva Ud. distribuir de toda la fuerza existente 
en ese departamento, las convenientes guarnicio- 
nes de seguridad en cada una de las poblaciones 
en que se requiera la existencia de la fuerza pú- 
blica, poniéndose para este efecto de acuerdo con 
el señor comandante jeneral de ese departamen- 
to, quien recibe igual orden por el ministerio de 
la guerra. 

3)En cuanto a los que componen la Sociedad 
denominada «La Patria», esa prefectura debe to- 
mar las mas eficaces providencias sienque que 
sus miembros, apartándose del objeto de su aso- 
ciación, sigan con las malas tendencias que han 
principiado a manifestar, sometiéndolos a un jui* 
do breve i severo, o bien, en caso urjente, espulsán- 
dolos fuera del territorio, ya que por su parte se 
atribuyen un poder que cede en desprestijio de la 



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~ 67 — 

Ici i de las autoridades encargadas de su cumpli- 
miento, 

3>Los tumultos i desórdenes que vuelvan a po- 
ner en conflicto a los laboriosos industriales, de- 
ben ser reprimidos con toda oportunidad i enerjía, 
i en este concepto, aguarda el gobierno que con 
la sagacidad i tino que caracterizan a üd., resta- 
blecerá por completo la moralidad relajada por 
instigaciones de los que, por su posición social i 
por su propio interés, debieran observar una con- 
ducta circunspecta. 

DÜn escarmiento oportuno que se haga princi- 
palmente con los cabecillas i promotores de esos 
hechos, será suficiente a contener a la peonada 
desbordada e inobediente, sobre cuya conducta la 
acción represiva i policial debe ser instantánea e 
infatigable. 

3)Quedando üd. autorizado plenamente para 
obrar contra los contraventores a las leyes del 
país, de la manera mas eficaz i oportuna, tengo 
el agrado de aprovechar esta ocasión para mani- 
festarle mis distinguidas consideraciones de esti- 
mación.!) 

Dios guarde a üd. 

J. Ohlitas (1). 

Al seoor prefecto del departamento de Cobija. 

(1) De El Caracolino del 10 de enero de 1877. 



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— 68 



Y. 



Delante de tan inusitada emerjencia, que era 
un insulto a la nación, la prensa de Chile se co- 
locó con jenerosa unanimidad a la altura del de- 
ber, i comenzó a empujar al gobierno a una acción 
enérjica. — «Con ese sistema de acaramelada di- 
plomacia vamos a envalentonar, decia El Mercu- 
nOy hasta a los mas débiles de nuestros vecinos.» 
I/ué entonces cuando un diario de Copiapó, cuyo 
testo hemos citado en otro capítulo, pidió valien- 
temente la revindicacion del Litoral como la única 
solución posible a tan antiguos e incorrejibles des- 
manes (1). 

(1) Son dignos de reproducirse los conceptos profetices en 
que El Mercurio de Valparaíso vertió su opinión a propósito del 
insulto hecho por el gobierno de Daza al gobierno de Chile. 

«No sabíamos, (esclama aquel antiguo diario, reflejo de la 
opinión seria de Chile, en su Revista política del 2 de enero de 
1877), que no fuese permitido a un cónsul reclamar de los aten- 
tados de que son víctimas sus compatriotas i menos que hubie- 
se un ministro que desconociendo la justicia del reclamo, toma- 
se como el único procedimiento adecuado el de insultar a la 
nación de la cual, sea como fuere, es representante. Un cónsul 
chileno en Caracoles es como un cónsul ingles en los paises ber- 
beriscos: la protección absoluta. De consiguiente, los agravios 
que a él se infieran por causa del ejercicio de esta prerrogativíi, 
son ofensas hachas al gobierno qua lo ha nombrado para ese 
cargo. 

i^La Francia tomó como un ultraje a su pabellón el abaaioazo 



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— 69 — 

Mas el gabinete de Chile, imbuido siempre en 
la falsa idea, persistente todavia, de que Boli- 
via, país profundamente pérfido de índole, viciado 
i contrahecho en su oríjen, maleado por las revo- 
luciones i empecinado hasta el último de sus po- 



qne en un momento de ebriedad diera el bei de Árjel al cónsul 
francés. 

j)¿I es por ventura mas que el bei de Arjel el ministro Obli- 
tas? 

]>E1 ejemplo es contajioso. Sin duda el gabinete de La Faz no 
olvida lo que hizo el gobernador de Mendoza, Civit, con nuestro 
cónsul Barriga; pero es preciso que comiencen los arjen tinos i 
bolivianos a comprender que nuestros gobiernos, a pesar de su 
mansedumbre evanjélica, no han perdido su dignidad ni la con- 
ciencia del papel que desempeñan. Si no se pone atajo a tantas 
insolencias, llegará dia en que nos veremos forzados a emplear 
los mismos recursos qm con tanto empeño hemos esquivado i es- 
quitamos siempre aun a trueque de dejar mal parado nuestro^ 
puntilloso amor propio. 

©Entiéndalo el señor ministro de Relaciones Esteriores i en- 
tiéndalo el señor Amunátegui: el agravio inferido por el gobier- 
no boliviano al cónsul chileno en Oaracoles es serio, asi por los 
motivos que lo han producido como por las consecuencias que 
entraña. 

:^¿Si creerá Oblitas que porque se ha desarmado la mitad de 
la escuadra hemos hecho el ánimo a dejarnos insultar en la per- 
sona de nuestros funcionarios estranjeros! 

» ¡Pobre de Chile si siempre hubiera de verse espuesto a las 
injurias de gobiernos irresponsables a fuerza de debilidad, i so- 
bre todo a impulsos de nuestro mal entendido americanismo. 

DCoucluyamos: el gobierno debe tomar un temperamento que 
guarde consonancia con el hecho que lo motiva i sea pam en 



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— 70 — 



bladores en la creencia desque nosotros éramos 
simples usurpadores de su suelo i de tentadores de 
su fortuna, habría de ser nuestra aliada fiel i per- 
petua, i su gobierno de mandones improvisados 
en la batalla i en la orjía, nuestros amigos i 



adelante nn rechazo formal a todo desacato contra nuestra ban- 
dera.]^ 

Otro diario de Valparaíso, El Deber ^ publicaba el 8 de febrero 
del mismo año, bajo la firma del íntelijente diputado don Abra- 
ham Eonig, un notable editorial en que se espresaba una opinión 
idéntica en los términos siguientes: 

2> Respecto de Bolivia, la cuestión cambia por completo. Bolí- 
via está a un tiro de piedra de nuestros puertos. Mejillones i 
Antofagasta son verdaderos centros chilenos por su población, 
orp su comercio i por el hecho de su existencia misma. Valpa- 
raíso vicDe a ser el proveedor de esas poblaciones. Los buques 
de nuestra escuadra, después de hacer estación en Magallanes 
van a fondear a Mejillones, casi como en su casa. ¿I el interior? 
Ahí todavía se estiende nuestro influjo i con mayor razón. El 
desierto ha entregado sus tesoros a mineros chilenos; son chile- 
nos los dueños del mineral de Caracoles, i chillos los capita- . 
les, los útiles, los víveres i hasta los trabajadores. Lo que suce- 
da en ese territorio debe interesarnos, en consecuencia, de la 
misma manera que lo que pasa en nuestro suelo. El honor de 
nuestro país exíje que los industriales i capitales chilenos no 
vivan a merced de los caprichos de un coronel o de las órdenes 
de un ministro advenedizo. 

DYa que hasta aquí una política demasiado conciliadora i 
amable, solo ha producido hacia nosotros desconfianza i mala 
voluntad, es necesario abandonar ese camino. Mientras nuestros 
vecinos no se coloquen á la altura de Chile, toda complacencia 
será mirada como debilidad, todo acto de patriotismo como co- 



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— 71 — 

nuestra valla de mayor resistencia contra el Perú 
i el arjentino; insistió en su política de contempo- 
rizaciones que debian conducirnos, paso por paso, 
a la guerra en que hoi nos hallamos empeñados, 
sosteniendo el peso de dos naciones, por haber 
aplazado el castigo i enmienda de una sola. 



bardia. Basta de contemplaciones!». 

Esto mismo faé mas o menos el tenor de toda la prensa seria 
de Chile, de El Ferrocarril^ La Patria, El Independiente y etc. 

La prensa de provincia i especialmente la de Atacama, vin- 
calada mas de cerca a los intereses i sentimientos de la colonia 
chilena del Litoral boliviano, se espresaba con mayor enerjia i 
ya hemos recordado en nn epígrafe la valiente actitud del Cons- 
tituyente de Copiapó. 

El Atacama^ otro diario de esa ciudad, se espresaba de la ma- 
nera siguiente en un artículo de colaboración editorial publicado 
el 26 de enero de 1877: 

«Comprenderíamos la calma del seQor Alfonso tratándose de 
un país constituido; pero no de Solivia, donde se cambia de 
constitución como quien se muda camisa, i donde por lo jeneral 
solo impera la lei del sable. 

]>¿Sabe el señor ministro cuál es la verdadera situación de 
los chilenos en Caracoles? 

^¿Ignora por ventura que el sub-prefecto de Caracoles, la 
primera autoridad de ese mineral, es propietario de minas? 

:» ¿Ignora el señor ministro que jueces instructores ha tenido 
el mineral que han llegado a ese puesto después de haber su- 
frido condenas ante el tribunal superior de Cobija por 7*obo i 
asesinato? 

]>I cuando tales cosas se ven en ese desgraciado país ¿es lójica 
la conducta del gabinete chileno? 

p¿Por qué el señor ministro ha guardado ante el país indig- 



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— 72 — 

El ministro de Relaciones Esteriores de la Re- 
pública, don José Alfonso, limitóse, en consecuen- 
cia, a dirijir al ministro Oblitas desde Valparaíso, 
en cuya fresca bahía su señoría se bañaba a la par 
con el gobierno en el verano de 1877, una aaca- 
ramelada3> i larga nota que lleva la fecha de 31 de 



nado un silencio culpable? 

>¿For qué no ba dado a luz siquiera las notas del cónsul de 
Obile, señor E. Villegas, dándole cuenta de los sucesos, como 
asimismo de las contestaciones del ministerio? 

:^E1 país tiene derecho a pedir al hombre colocado en el ele- 
vado puesto del señor Alfonso, euerjía i justicia. Tiene derecho 
a esperar que no sea vejada la dignidad nacional, i que minis- 
tros charívarescos de un gobierno de carnaval no hagan irrisión 
de un representante de Chile en él estranjero. 

j>La política de tolerarlo todo i de sufrirlo todo, do quien 
quiera que sea, no es política de un país como el nuestro que 
ocupa un alto puesto entre las naciones SQd*americanaB]>. 

Los diarios locales del litoral boliviano contestaron con ironía 
burlesca a la prensa chilena, especialmente en El Caracolino del 
10 i del 13 de enero de do 1877. — En el último número de ese día- 
rio se encuentra un comunicado titulado /Ca/wa, caballeroaf 
dirijido socarronamente a los diaristas de Chile por un señor G. 
G. que se decia educado en Chile. El articulista concluía con 
esta frase de bufón: — dSí queréis tener larga vida, caballeros, 
no os amostacéis, lo prescribe la hijiene, ¡Calma, caballeros!:» 

En diversa forma pero dirijida al mismo propósito, publicó 
en El Deber del 12 de febrero de 1877, una notable carta al re- 
dactor de El Ferrocarril, señor Arteaga Alemparte, el intelijen- 
te joven boliviano don Luis Salinas Vega, a la sazón residente 
en Santiago, i de ella citamos un moderado pascrje en el epígra- 
fe del presente capítulo. 



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~ 73 — 

enero de aquel año, en que no se reconviene sino 
que se discute, no se protesta sino que se tolera, i 
en la cual se concluye por reconocer el perfecto 
derecho del adversario para consumar el acto in- 
ternacional que hacia subir el rubor a la frente 
del pais, i por asegurar que la destitución bo- 
chornosa del cónsul de Chile en Caracoles, a cau- 
sa de haber reclamado enérjicametite del ase- 
sinato de un compatriota, <rno seria parte a alejar 
al gobierno de Chile de aquella línea de con- 
ducta....}) (1) 



(1) «Ante todo, decía el señor Alfonso en esa nota que ocupa 
trece pajinas de la Memoria de Relaciones Esteriores de 1877, 
ante todo, mi gobierno toma nota de la aseveración hecha por 
V. E. de no abrigar ningún propósito tendente a alterar las 
buenas relaciones existentes entre los dos paises. Mi gobierno 
aspira i hará cuanto esté de su parte a fin de que este estado de 
cosas no se modifique; i aunque el incidente relativo al cónsul 
chileno en Caracoles no sea de naturaleza propia para mantener 
la cordialidad que debe reinar entre dos Repúblicas unidas por 
tantos vínculos, él no será parte a alejar a mi gobierno de esa 
línea de conducta.i> 

Esta lenidad de resolución era tanto mas lamentable cuanto 
en la parte espositiva de la misma nota, el ministro de Chile 
gastaba alguna en^rjía al esponer algunas de las iniquidades de 
que en esta historia dejamos dada cuenta. Esa misma esposicion 
fué reproducida mas tarde por el ministro Fierro cuando estalló 
la guerra, i esa es toda la alusión que hemos encontrado en los 
documentos oficiales de la época (1877-79) a los sucesos que 
dejamos narrados. 

HIST. DB LA a DE T. 10 



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— 74 - 



VI. 



I ciertaroente que -en una de sus afirmaciones 
capitales estaba dentro de la verdad histórica 
aquella nota, porque esa habia sido la política 
tradicional de Chile respecto de Bolivia, desde que 
en mala hora entrara aquél en trato de alianza 
i de negocios con el salvaje alzado, que amparado 
de nuestra fraternal tolerancia puso a su pais a 
saco de oro, de mujeres i de cerveza. 

Era esa la misma política que habia prevaleci- 
do después del insulto del ministro Bustillos, cuan- 
do en son de amenaza solicitó i obtuvo sus pasa- 
portes en Santiago con motivo de la invasión del 
caudillo Quevedo a mediados de 1872; invasión, 
que si encontró indudablemente cómplices subal- 
ternos en el puerto de su embarque, no habia 
despertado ni simpatías ni participación de parte 
del gobierno chileno. Todo lo contrario, cupo al 
último dominarla en Tocopilla desarmando a los 
invasores a bordo de nuestros buques, despacha- 
dos para el oaso a aquellas aguas. 

Era esa también la política correlativa que re- 
flejaba en sus notas diplomáticas el bondadoso 
ministro de Chile en La Paz don Santiago Lindsay 
cuando, aludiendo a esos mismos sucesos, escribía 
desde aquella ciudad el 3 de octubre de 1872 estas 
palabras de octaviana confianza. — <r En esta no 



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— 75 — 

ocurre novedad particular. Nuestras relaciones 
con el supremo gobierno continúan en buena unión 
i perfecta armonía^ sin que los sucesos acaecidos 
en Santiago con el señor Bustillos hayan introdu- 
cido alteración en elIas.D (1) 

Era esa por fin la misma fatal política do con- 
temporizaciones para con el pais en que todo está 
basado en la violencia i en el rifle, i la cual simul- 
táneamente se manifestaba en La Paz i en San- 
tiago dentro del intervalo largo de los años. 

Guando en abril de 1872 fué asesinado, en efec- 
to, el ciudadano chileno Clements Arriagada i 
ocurrió la flaj elación subsiguiente de dos compa- 
triotas suyos, el induljente ministro Lindsay se 
limitaba a decir a nuestro cónsul en aquella po- 
blación, desde La Paz i con fecha 15 de junio de 
1872, estas palabras de absoluta benevolencia i 
resignación: — <rEl ministerio (el que presidia bajo 

( 1 ) Archivo del consalado de Caracoles. En esa misma nota 
el señor Lindsay daba al cónsal Villegas el siguiente consejo de 
mansedumbre: — «Que nuestros nacionales respeten debidamen- 
te las autoridades constituidas i reine entre ellos i los bolivianos 
la conformidad fraternal necesaria para conservcir el orden pú- 
blico. Procediendo Ud. de acuerdo con las autoridades locales, 
juzgo podrian evitarse muchos desagradables incidentes.!) 

Nuestro optimismo era incurable, según se ve. 

En el anexo de este capítulo damos también a luz una inte- 
resante nota del ministro de Relaciones Esteriores de Chile, se- 
ñor Ibáñez, a propósito de la esp edición de Que vedo i que co« 
piamos del mismo archivo del consulado de Caracoles. 



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— 76 -- 

el gobierno de Morales el doctor Corral) por este 
mismo correo ordena al señor sub-prefecto de esa 
localidad para que los castigos que se impongan a 
los chilenos sean siempre ajustados a la lei i dentro 
de la debida moderación.^) I cuando cuatro años 
mas tarde el cónsul chileno en Caracoles volvió a 
anunciar el asesinato de Arriagada, el ministro de 
Relaciones Esteriores de Chile, señor Alfonso, le 
decia por única contestación a esa queja i a su 
alarma: — <iNo dude Ud. que mi gobierno tomará 
debida nota de los hechos que Ud. asevera i de 
las observaciones que le süjieren.» 

I esto era todo. ¿I quién, a menos de hacerse 
voluntariamente cigo por indolencia o por siste- 
ma, no se daba cuenta de que aquella eterna, in- 
variable, nunca descontinuada tolerancia traerla 
aparejada como consecuencia inevitable, en un 
pais semi-bárbaro todavía en sus ideas i en sus 
prácticas, la detentación i el remate de los bienes 
nacionales perpetrados de consuno i con voraz 
complicidad por el gobierno, prefecto i dilíjencie- 
ros, a despecho de los mas claros tratados i de los 
mas solemnes compromisos i concesiones inter- 
nacionales? 

VII. 

Sobrevino i coincidió con estos ar liontes aeon- 
teciu)ientos una lucha de diversa índole pero 11a- 



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— 77 ^ 

mada a poner en plena luz la omipotencia del 
elemento chileno en el Litoral estranjero. Tratá- 
base a fines de 187G, año de revueltas intestinas 
en el Litoral i en la Altiplanicie, en el médano i 
en el páramo, de la renovación del municipio de 
Caracoles, i la asociación de <rLa Patria» presentó 
como sus candidatos a su tesorero el señor Lich- 
tenstein i a sus dos directores de mayor influencia 
Walker i Oliveira. 

Eran éstos los representantes mas jenuinos del 
sentimiento de abierta hostilidad al réjimen bo- 
liviano, i por consiguiente esas candidaturas es- 
taban llamadas a triunfar en la urna i en el ple- 
biscito. 

Pero ima disidencia local estalló, i el partido 
que tomó la denominación de Gluh Universal^ co- 
mo para encarnar i atraer a la población cosmo- 
política del lugar, presentó otra lista en la cual el 
elemento chileno también prevalecía. Represen- 
taban éste los ciudadanos don José F. Godoi i don 
José Jacinto Gaete, a los que agregóse, para con- 
quistar los votos indíjenas, al ya famoso doctor 
don Ladislao Cabrera, aliado a la sazón del ele- 
mento chileno, en razón de odio temporal o dura- 
dero al recien entronizado presidente Daza. 

Los partidarios de la segunda lista chilena se 
constituyeron en el Hotel Ossandon coa la pre- 
sidencia del doctor boliviano Marcó, i bajo la pre- 
sión inmediata del Club Universal tuvieron lugar 



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— 78 — 

las elecciones de la edílidad en los dias 3 i 4 de 
diciembre de 1876. 

Triunfó, como era de esperarse, en razón de la 
coalición, la segunda lista, resultando 354 votos 
por el doctor Cabrera i 264 por Walker, los dos 
rivales mas señalados. 

Entretanto, la contienda habia sido, como se 
habrá observado, esclusivaraente de la nación 
chilena dentro de sí misma, i dando cabida por 
simple estratejia al mas culminante i al mas al- 
borotador de los representantes del pais en que 
la elección tenia lugar. El doctor Cabrera, héroe 
mas tarde en Calama, era el aliado si no el cóm- 
plice de los chilenos, i así esplícase su triunfo i 
su espulsion inmediata de la presidencia del ca- 
bildo ordenada por un ukase de Daza (enero de 
1877). 

Fué aquel, a la verdad, una especie de plebisci- 
to anticipado de la sanción que tendria lugar dos 
años mas tarde,* i que en el dia de la ocupación 
militar de Antofagasta habia encontrado la mas 
completa i entusiasta unanimidad, según lo deja- 
mos recordado. 

VIII 

Esplícase también de esa suerte el intenso re- 
gocijo que aquellos pobladores esperimentarou a 
la presencia de los soldados de Chile aclamados en 



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— 79 -- 

el hogar i en la plaza publica de Caracoles como 
verdaderos redentores. 

La crueldad constante de la represión boliviana 
i de su encono contra los nacionales de Chile, ha- 
bíase estendido hasta la hora de la víspera, irri- 
tándose mas vivamente el recíproco desabrimien- 
to con los últimos sucesos relativos al impuesto 
del salitre, el embargo de las propiedades i la 
usurpación de los trabajos, que colocaban a los 
chilenos entre el hambre i la insurrección. 

Anadíase a esto que dos dias antes del desem- 
barco de las fuerzas chilenas en Antofagasta, se 
habia cometido un asesinato anónimo pero atri- 
buido a soldados bolivianos, agregándose que el 
dia de la espulsion de los últimos encontróle 
deí^ollado en su calabozo a un infeliz chileno re- 
tenido por alguna tenebrosa venganza en aquel 
sitio. (1) 

(1) A nuestro juicio deben acojerse con mucha reserva esta, 
clase de inculpaciones cuando no se precisan con todo el rigor 
de la verdad i de sus detalles. Fero hé aqui lo que decia El 
Constituyente del 18 de febrero de 1879, cuatro dias después de 
la toma de posesión de Antofagasta: 

<iEl 12 del presente mes, es decir, dos dias antes del desem- 
barco de las tropas chilenas en Antofagasta, fué encontrado en 
los suburbios de esa población el cadáver de un chileno apelli- 
dado Silva. Este habia sido degollado a sable por dos soldados 
bolivianos. 

^El 14 se encontró en la cárcel del puerto mencionado, el ca- 
dáver de un hombre que se cree debió haber sido fusilado i pa- 



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— so — 



IX. 



Tal era el estado de las cosas i de los corazones 
en el territorio que de hecho ocupaban los chile- 

sado a bayoneta la noche anterior o en la mañana de ese dia. 

j>Sus verdugos no se habian preocupado de sacarle los grillos 
que aun conservaba. 2> 

Hé aquí, a este mismo propósito, cómo se trascribía en una 
correspondencia publicada en El Ferrocarril del 28 de enero de 
1879, la cárcel ó mazmorra en que se encerraba en Tocopilla a 
los chilenos i que éstos conocían con el nombre de El Pulgvjero 
de Tocopilla: 

«Uno de puestros amigos del Blanco Encalada nbs ha rela- 
tado algo sobre El Pulguero boliviano de Tocopilla. Es éste una 
especie o verdaderamente una cueva en uno de los cerros, en que 
apenas cabe un hombre desahogadamente^ cerrada por una pmr* 
ta de hierro de media pulgada de espesor. Nuestros ti-abajadores 
en ese puerto lo conocen harto bien por desgracia, pues que se 
cuentan casos en que algunos de esos infelices han encontrado 
su tumba en esa asquerosa cueva. 

i>El dia que fondeó el Blanco Encalada en ese puerto, se 
abrieron las puertas de El Pulguero i por primera vez desde su 
existencia, se le vio recibir un rayo de sol pues que se mantuvo 
todo el dia en ventilación. Sin dada el temor de unív visita les 
obligó a tomar tal partidor. 

«Bueno fuera que usted hiciera un viajecito a ésta, nos escri- 
be nuestro amigo J. M. Walker Martínez al enviarnos el mayor 
número de los interesantes i casi desconocidos documentos con- 
tenidos en este capítulo, porque hai tanto abuso cometido de 
parte de los bolivianos, que solamente en conversación se puede 
decir, puesto que al escribir lo que pasaba se espondria uno a 
pasar por exajeradoi>. 



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r 



— Si- 
nos rescatándolo de la miseria i de la servidum- 
bre, cuando tomó arranque el conflicto puramente 
diplomático i financiero que dio color de fuego a 
la situación haciendo que un rimero de sacos de 
^splosivo salitre pesara mas en la conciencia i en 
la enerjía de un gobierno sordo, perezoso i eviden- 
temente omiso que el grito lastimero de sus com- 
patriotas. 

Pero de tan grave aserto será fuerza nos ocu- 
pemos en capítulo aparte por la importancia de 
su fondo, de sus contrastes i especialmente de sus 
consecuencias. 

X. 

Hemos bosquejado en el presente i en el ante- 
rior capítulo las causas íntimas i verdaderamente 
populares de la guerra. 

El venidero está consagrado a lo que llamare- 
mos únicamente sus causas diplomáticas i apa- 
rentes. 

ANEXOS AL CAPITULO IIL 
I. 

HAKIFESTACION DEL PUEBLO Dí CARACOLES. 

Los siguientes documentos corroboran la esposidon deles 
antecedentes sociales i políticos que dejamos hecha en el pre* 
senté capítulo. Consisten en una sentida manifestación que fué 

HIST. DE LA C. DE T. 11 



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— 82 — 

iresidepte de Ghile i ea la respuesta de éste. La pri- 
uscrita por un centenar o dos de firmas i dice como 

mo. Señor: 

lo chileno residente en el nuevo departamento del 
Norte, os saluda, Exmo. Señor, i en vuestra persona 
las i patrióticas intelijencias que han devuelto a Chi- 
3 preciosa de su territorio, que jamás debió haberse 
», como hija proscrita, de la madre común. 
! Exmo. Señor; si indecoroso i degradante fué des- 
eun rico jirón de la tierra que nos legaron nuestros 
laf^ié mas cruel i doloroso que entregarlo al despotis- 
ente i retrógrado de um nación sujeta todavía^ por 
a, alcauddlaje i a la consiguiente barbarie, 
sufrido todas las humillaciones ^ todas las injusticias^ 
tigazos con que martirizaban los antiguos bárbaros a 

emos a dejarnos amoldar el yugo del vencido? 

no. Señor; no lo esperamos de nuestros sabios man- 

o volverá a soportar la vergüenza, del desprecio que 
j glorias adquiridas con tanta sangre i tanta virtud- 
do durante'nueveaños, casi nueve siglos, del gobierno 
s falsos que rejistra la historia contemporánea. 
blo libre, pero que durante nueve años ha bebido 
toda la hiél de la esclavitud, os rinde, Exmo. Señor, 
9 de la mas eterna gratitud. 

)endice en sus hijos al que se hace digno de la grati- 
íueblo noble i honrado! 

o d,6parta,meato dará a lia nación riq^ueza, gloria i 
ío lo olvidéis, Exmo. Señor, no desprecies tanto be- 
la Providencia concede a Chile durante vuestro go* 
historia de la República os contará entre los Padres 
%. 



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— 83 — 

iftAdelante/Exmo. Señor ; recordad qué detenerse es retrobe- 
der; i el muüdo entero llegará a compararos con vuestro noble i 
augusto ])adre. , 

:d08 saludan i os bendicen, Exmo. Sefior, i en vos á vuestros 
Fabios consejeros, los esclavos de ayer i los libres de hoi, por 
vuestra elevada i patriótica virtud, 

:»Mui respetuosos ciudadanos, Exmo. Sefior.]> 

{Sigilen lasjirmas,) 
Caracoles, febrero 16 de 1879. 



(CONTESTACIÓN.) 
MINISTERIO DE BELACIOKES RSTERIORES. 

Santiago^ febrero 26 de 1879, 
Señores: 

La sentida i elocuente manifestación dirijida por Uds. desde 
Caracoles a S. E. el Presidente de la República ha conmovido i 
ajitado sus sentimientos de majistrado i de chileno. 

»Sabia mi gobierno los dolores i sehlimientoff de la colonia 
chilena que había llevado a esos territorios sus capitales, su es- 
peranza i un trabajo íntelijente i fecundo hasta conseguir tras- 
formar el desierto, llevar ahí la luz de la civilización i conver- 
tirlo en pueblos i en establecimientos industriales ¡ comercíaleíi. 

i>Conocia mi gobierno que el réjimen establecido por Bolivia 
no ofrecia garantías a las personas i a los intereses de los chile- 
nos allí residentes; pero estaba en el deber, en la imprescindible 
obligación de cumplir estrictamente con los preceptos del pacto 
qne tenia ajustado con esa república. 

]> Violada esa convención por el gabinete de la Pas, desoídas 
nuestras lejftimas reclamaciones, correspondia que la acción del 
% gabinete de Scintiago íriera pronta i enérjica i que re vindicára- 
mos los territorios que en 1866 cedimos condieionalmente, con 
notable jenerosidad e inducidos por altas ideas de americanismo 
i confraternidad que Bolivia no ha sabido apreciar. 



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— 84 — 

]>Las leyes chilenas que han empezado a rejir en esos lugares 
darán siempre garantías eficaces a las personas e intereses allí 
radicados. 

:» Tengo el hopor de ofrecer a Uds. los sentimientos de alta i 
distinguida consideración con que soi de üds. atento i seguro 
servidor.» 

Alejandro Fierro. 

A los miembros de la comisión municipal de Caracoles, señores Marcio 
Delgado, Juan Rosa Meza, J. M. Pefia, Luis O Carrallo i José Rojas 
Casanoya. 



En Antofagasta tuvo lugar una manifestación análoga según 
aparece de la siguiente invitación a un meeting popular: 

«Los abajos suscritos invitan al pueblo todo de Antofagasta 
a un gran meeting que tendrá Ingar en el teatro el jueves 20 
del presente, a las 3 P. M., con el fin de manifestar al gobierno 
de Chile las simpatías ardientes a que se ha hecho acreedor por 
el espíritu de elevado patriotismo que ha manifestado ocupando 
eate tierritorio, salvando de esta manera la honra nacional. 

3) Antofagasta, 18 de febrero de 1879. — Matías Rojas. — Tdéa- 
foro Mandiola.—José T. Peña, — MejinoMeza. — F, Arnao.—S. 
M. Serrano.^- Augusto Villanuetxt G* — Antonio Toro.— Marcos 
A. Andrade.h 



II. 



LAS RELACIONES DE LOS CHILENOS I BOLIVIANOS EN 1876. 

Los interesantes documentos que siguen a continuación se 
refieren también al contenido del presente capitulo i lo com- 
prueban, siendo de advertir que la noti que va en seguida es 
auténtica i copiada del archivo del consulado de Caracoles, 
mientras que loa dos anexos citados en ella han sido sacados de 
la Memoria da Relaciones Esteriores de 1877. 



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- 85 - 
Caracoles, noviembre 24 de 1876. 



Sefior Ministro: 



«Después de mí nota de esta misma fecha en qne doi cuenta 
a ü. S. de lo ocarrido en este mineral en la noche del 19 del 
actual; creo de mi deber dar conocimiento a U. S. en nota sepa- 
rada—como lo hago — de lo que viene sucediendo desde hace 
tiempo en este lugar^ todo por el odio profundo^ por no llamár- 
sele envidia, qne profesan los bolivianos a los chilenos. 

]>£1 infrascrito hace lo posible porque haya armonía, pero 
hasta hoí todas sus esperanzas han sido infructuosas porque, 
para decirlo todo de una vez, son los bolivianos únicamente los 
responsables de tal situación. 

>Por lo que sigue ya verá ü. S. cuánta verdad encierra esta 
mi última aserción. 

^Terminada la revolución que dio por resultado la presidencia 
del jeneral Daza, las autoridades judiciales etc , de este mineral 
con escepcion del señor sub-prefecto, son malos e indignos del 
puesto que ocupan. 

»La administración de justicia no da garantías de ninguna 
especie a los industriales honrados* 

>Como prueba de lo que dejo dicho referiré a U. S. lo ocurri- 
do hace poco entre el ciudadano chileno Cayetano Pizarro, en 
presencia de su compatriota Ignacio Calderón i de algunos bu- 
livianos. 

3>Pizarro hacia serios cargos al actual juez Instructor de este 
distrito, señor Bartolomé Rebollo i de una manera poco conve- 
niente en conversación con Calderón, por no sé qué arbitriari- 
dad que decia había cometido poco antes el nombrado juez. 

i> Los bolivianos acusan a los chilenos ante el mismo juez, i 
este los hizo tomar presos i conducir a la cárcel pública. Les si- 
guieron an proceso que ha durado un mes, por medio de otro 
juez, i de aquí proviene la curiosa 'Vista Fiscal que acsmpaño a 
U. S. en copia bajo el número 1. 

(Es la misma publicada en el capitulo III.) 

^Concluido el sumario, se elevó el espediente a la Sala de 



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- 86 — 

Acnsaeion del Tribunal Superior de Cobija, i con tal motivo los 
reos mandaron poder judicial al procurador señor Florian Flo- 
res, para que hiciera la defensa, a nombre de ellos, ante aquel 
tribunal, que los absolvió de la acusaóion criminat. 

dIjI apoderado de los reos fué mas allá i los mandó para su 
resguardo el documento de que bajo el número 2 acoín¿^ño a 
U. S. copia auténtica. 

(Es el infbi*me ya publicado sobre los crimines del juez Be- 
bollo.) 

i>Por este documento verá el señor Ministro en qué manos 
está la justicia, en un lugar como éste donde, por lo jeneral, se 
ventilan cuestianes de tanta importancia, 

]>En vista del mal estado de la Adáiinistraóion de Justicia, 
algunos individuos de los mas caracterizados del lugar, chilenos 
en su mayor parte, tuvieron la idea de formar la sociedad de 
socorros mutuos, llamada «La Patrian cuyo programa acompa- 
fío a U. S. bajo el número 3, sociedad que es mui mal mirada 
por los nacionales bolivianos. 

DLa Sociedad se instaló el 12 del corriente i dirijió una íióta 
al señor sub-prefecto a la que este contestó cortesmente. De 
ambas piezas encontrará U. S. la copia respectiva bajo el mñm. 4. 

í) También eñ los momentos del conflicto del 19 los primeros 
a quienes se dirijió el señor sub-prefecto fueron algunos miem- 
bros de la Sociedad «La Patria» i con este motivo se cambia- 
ron las notarS que para su conocimiento, incluyo a ü. S. bajo los 
núms. 3,5 i 6. 

dDoí todas estas esplicaciones al señor Ministró para el caso 
en que lleguen a su conocimiento con alguna afectación, i por 
haber sido yo honrado con la presidencia de dicha Sociedad, 
puesto que he aceptado gustoso, por mas de un motivo que no 
escapará a la penetración de U. 8. i creyendo que en manera al- 
guna se opone con el cargo de Cónsul de Chile que tengo. 

3)Largas conferencias he tenido con el señor sub-prefecto 
sobre todo lo que dejo espuesto a U. S. relativo a la Adminis- 
tración de Justicia. El comprende perfectamente la razón 
que hai para que todo el mundo esté descontento con semejante 



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— 87 — 

estado de cosas i cree qae todo puede cambiar favorablemente 
naa vez que el señor Jeaeral Presi lente de la Pepública, haga 
sa visita al litoral, como lo tiene anunciado; lo que ya parece 
UQ hecho. 

>Áqní habría terminado, señor Ministro, la presente oomn- 
DÍcacion pero acabo de recibir en una carta de algunos compa- 
triotas, noticias que debo dar a U. S. porque ellas son un nuevo 
comprobante de la idea primordial de la presente nota. 

> Varios individuos chilenos me dicen bajo su firma, que la 
autoridad, el dia 23 del corriente, ha hecho notificar a los veci- 
nos del lugar en que se desarrollaron los sucesos del 19, de una 
manera dura i teniendo cuidado de hacer esas modificaciones a 
los que habitan los suburbios de ese punto; que además las 
preguntas de los interrogatarios son combinadas de manern que 
no pueden arrojar sino datos inconducentes o favorables a los 
autores del asesinato de Arriagada. 

^Ignoro lo que haya sobre el particular, pero me inclino a 
creer en la veracidad, por la manera como me lo afirman. 

^No pudiendo averiguar directamente cuales son esos actos 
de la autoridad judicial, confío en que una vez conocido el su- 
mario que hayan levantado, del que pediré copia legalizada, po' 
dré protestar en caso que sea irregular. 

»De todos modos espero que el señor Ministro se servirá co- 
municarme las instrucciones que estime conveniente sobre el 
particular.» 

Dios guarde a U. S. 

E, Villegas. 

Al señor Ministro de Relacipnes Esteriores de Chile. 



III. 



PBOGRAMA DE LA SOCIEDAD <LLk PATBIA.D 

La sociedad o club <iLa Patria» tiene por objeto la protección 



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— 88 — 

mutua de todos los asociados, tanto en beneficio de sus intere- 
ses como de sus derechos i persoaas. Tendrá las sucursales que 
creyere conveniente. Ella prescinde de intervenir en la política 
del país i en las creencias relijiosas de cada uno de sus miem- 
bros. £n sus reuniones se prohibe tratar sobre estas materias. 

Todos los socios se someterán a las órdenes del Directorio, el 
que tendrá de parte de ellos las mas amplias facultades para 
llenar el objeto de la sociedad. 

Todo socio someterá forzosamente cualquiera cuestión comer- 
cial, de minas o personal quo tuviere con otro miembro, al fallo 
de un jurado de arbitros, nombrado del seno de la sociedad por 
los mismos interesados o por el directorio en subsidio. La sen- 
tencia que se pronuncie será de término. 

Jja protección entre los socios consistirá, ademas, en procurar 
alivio al socio enfermo, ocupación al socio que de ella careciere 
i la defensa de sus derechos en conformidad con las leyes. 

La cuota con que debe contribuir cada socio es de un peso 
mensual, sin perjuicio de la erogación voluntaria que a la in- 
corporación o después, el socio quisiere hacer. 

Se dictarán oportunamente reglamentos especiales o jenera- 
les que se someterán a la aprobación de los socios reunidos. — 
Caracoles,^octubre 19 de 1876. 



IV. 

INVITACIÓN AL SÜB-PREFECTO DE CARACOLES 
I Sü RESPUESTA. 

DIRECTORIO DE LA SOCIEDAD DE SOCORROS MlÍTÜOS 
«LA PATRIAD. 

Caracoles^ noviembre li de 1876, 
Señor Sub-prefecto: 

No encontrándose aun vijentes los Estatutos i constitución de 



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— so- 
la sociedad <iLa PatriaD^ cuyo benéfíc ) objeto moral i social será 
comprendido coa oportunidad, do ha sido posible todavía propo- 
ner los miembros honorarios a quienes se rogará le presenten su 
honrosa aceptación. 

Es por eso que nos concretamos a rogar a U. S. se digne favo- 
recernos con su asistencia a la primera reunión jeneral de socios 
suscritores que tendrá lugar mañana, doce de los corrientes, a 
las 2 P. M. en el salón de la sociedad. 

Nos es grato ofrecer nuestros respetos al señor sub-prefecto, 
como atentos i seguros servidores. —Enrique Villegas^ Presiden- 
te.— «/e^aw A. Palazuelos, Vice-presidente. — Benjamín Navarre- 
te. Secretario. — Luis Lic/iteinstein, Tesorero. —José María Wal- 
ker. — Franc.sco M. de Oliveira. 



(CONTESTACIÓN) 

A LOS SEÑORES DIRECTORES DE LA. SOCIEDAD DE SOCORROS 
MUTUOS «LA PATRIA.» 

Señores: 

Acuso recibo a ustedes do la atenta nota de fecha de ayer por 
la cual se dignan los señores que forman el directorio de la so- 
ciedad, invitarme a la primera reunión de socios suscritores que 
tendrá lugar el dia de hoi. 

Grato a tan marcada muestra de atención i deferencia que me 
dispensa el directorio, tengo el sentimiento de no poder concu- 
rrir a la reunión preparatoria que anuncia, por prohibírmelo el 
carácter oficial que invisto. 

Entusiasta como el que mus por toda asociación benéfica i 
moral que se establece, hago votos porque la que se proi>onen 
fundar beneficie a este mineral. 

Con alta estimación i aprecio por todos i cada uno de los se- 
ñores que furman el directorio de la sociedad tíLa Pati'iaD, me 
suscribo de ustedes atento i seguro servidor. 

* Exequ iel Apodaca. 

mST. DE LA C. DE T. 12 



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— GO- 



LA ACTITUD DE CHILE EN LA INVASIÓN DE QÜEVEDO EN 1872. 

Apropósito de la invasión del jeneral Quintín Quevedo, pre- 
parada en Valparaiso, de cuyo puerto zarpó en agosto de 1872 
con 180 hombres i algunas armas, por cuyo hecho la cancillería 
de BoHvia hizo entonces, i sus escritores i diplomáticos han re- 
petido ahora, cargos graves al gobierno chileno, es de interés la 
siguiente nota que ha sido también copiada del Archivo del con- 
sulado chileno en Caracoles. 



SantiagOy agosto 12 de 1872. 

«Mi gobierno ha sido dolorosamente sorprendido con la noticia 
que nos ha traido el áltimo correo de que un movimiento revo- 
lucionario, iniciado i llevado a cabo en el litoral boliviano por 
don Quintín Quevedo, ha ido a trastornar el orden establecido 
en aquella parte de la República, donde existen valiosos intere- 
ses chilenos i donde conveuia que la tranquilidad pública nunca 
fuese alterada, a fin de que a su sombra se desarrollase i pro- 
pendiese la riqueza que allí se ha descubierto mediante el esfuer- 
zo i trabajo perseverente de nuestros nacionales, 

>I lamento tanto mas este suceso cuanto que al parecer se ha 
organizado en nuestros puertos i por emigrados bolivianos la 
espedicion que ha ido a sorprender a las autoridades de ese li- 
toral, sin que haya sido posible evitarlo i estorbarlo, no obátan- 
tela severa vijilancia desplegada por rai gobierno para que los 
emigrados no abusaran de la hospitalidad que se les ha dispen- 
sado. 

Empero, realizado ya el movimiento, no es lícito a mí gobier- 
no inmiscuirse en los asuntos internos de una nación soberana, 
i por lo tanto su misión debe limitarse a permanecer neutral 
entre los partidos que se disputan el poder, procurando no obs- 



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— 91 — 

tante impedir los escesos a que las malas pasiones padieran en- 
tregarse con daño manifiesto de nuestros nacionales i de sus 
intereses. 

]>Oon este fin he dispuesto que dos buques de nuestra marina 
de guerra zarpen en el acto de Valparaíso i se dirijan a los 
puertos de ese litoral donde observarán la única conducta que 
nos es. dado seguir, según las instrucciones que se ha dado al 
jefe de la espedicion. 

3>A fin de que este cumpla su cometido del mejor modo posible, 
U. S; le suministrará los antecedentes i datos que le sean nece- 
sarios i que conduzcan al logro de su delicada misión. 

3>Aparte de este encargo hago a U. S. el mui especial e impor- 
tante de procurar por todos los medios que estén a su alcance 
el que nuestros nacionales no tomen parte alguna en el movi- 
miento revolucionario, amonestándoles primero con este objeto 
i apercibiéndolos en seguida de que si observan una conducta 
contraria, mi gobierno se veria en el doloroso pero imprescindi- 
ble deber de dejarlos abandonados a su propia suerte i espuestos 
por consiguiente a los fatales resultados. 

3>Imposible es prever las emerjoncias que pueden ocurrir para 
dar a ü. S. instrucciones detalladas i terminantes a las que ha- 
ya de ajustar su conducta, pero inspirándose en la conducta 
siempre leal de mi gobierno para con todos los países i en es- 
pecial para con esa república, a la que le ligan tantos vínculos 
e intereses comunes i recíprocos, no dudo que U, S. adoptará el 
camino que mejor consulte esas de las cuales nunca se sepa- 
rará.» 

Dios guarde a U. S. 

(Firmado). 

A, Ibañez. 



No está demás agregar, por via de mayor justificación, si aun 
se juzgase necesario, que la autoridad local del Litoral recono- 
ció la perfecta neutralidad del gobierno de Chile en la cruzada 
de Quevedo. «Ha sido plausible, escribia oficialmente el sub- 



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— 92 — 

prefecto de Caracoles señor Etelvioo Ecbaza al cónsal de Chile 
en esa ciadad el 22 de agosto de 1872, que el gobierno de Chile 
haya ostentado en esta ocasión su neutralidad absoluta, orde- 
nando a sQs subditos la roas absoluta separación de los asuntos 
de Boliví.a. En esta misma fecha A^ ordenada que se publique 
por bando tan solemne manifestación.^ 



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CAPITULO IV. 



las causas diplomáticas de la guerra, 
(los esploradores i el descubrimiento.) 

£1 despoblado de Atacama. — Sns riquezas fósiles i minerales. — Sus pri- 
meros esploradores. — Don Diego de Almeida. — El presajio de Caracoles 
en 1853. — El «Manco Morenoi». — Don José Santos Ossa. —Descubri- 
miento de Aguas Blancas en 1863.— Encuentro de Ossa i de Moreno en 
Taltal. — Stanley i Livingstone. — Don Francisco Puelma en Cobija. — 
El «Pacto de los locos» en 1^65. — Compañía esploradora fiel desierto, — 
Alfredo Ossa descubre el Salar del Carmen ^ i su primer pedimento. — 
Enormes concesiones q\ie hace el gobierno del dictador Melgarejo. — 
Dificultades. — Los señores Ossa i Prelma entran en negociaciones con 
las casas de Edwards i Gibbs d' Valparaíso. — Mr. Melbourne Clark 
visita el «Salar del Carmen»). — Se v^iganiza la Compañía de salitres i/e- 
rrocarril de Antofagasta — Importantes descubrimientos jeográScos en 
el desierto de Atacama — El valle lonjitudinal. — Folleto publicado por 
el seilor J. 8. Ossa en 1871. — Indiferencia del gobierno— Los esplora- 
dores Garin i Agurto en 1868. — El viaje del señor Philippi en 1853-54. 
— Ilustrados esfuerzos del gobierno de don Manuel Montt en el sentido 
de las esplorac iones jeográfícas. 

«La existencia del oro babia sido reconocida 
no solo en el mineral de Inca^ en el Cerro Co- 
lorado, en el valle de Taltal i en el morro Jor- 
jillo, sino también en varios otros puntos, 
principalmente a inmediaciones de San Pedro 
de Atacama i en las mismas formaciones meta- 
líferas en que se encuentra Caracoles. La plata 
habia sido encontrada en Cerro Negro, a inme- 
diaciones de Peine, en el Alto de Puquios, en 
la Encantada, en la serranía del Indio Muerto 
i en el Pueblo Hundido. Kespecto del cobre, 
podemos decir, en presencia de los datos mas 
fidedignos que hasta boi se han reoojido, que 
abunda en toda la costa desde Caldera hasta 
Cobija.9 

{El Desierto de Atacama ^ estudio dedicado al 
señor Ministro de Hacienda. — Santiago, 1874, 
páj. 6.) 



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Cuando en uno de los capítulos precedentes de 
este libro desentrañábamos del fondo de los ar- 
chivos i de los corazones las causas latentes, an- 
tiguas i populares de la guerra respecto del pue- 
blo de Chile insultado, desconocido i flajelado 
por sus vecinos, decíamos que el desierto de Ata- 
cama no era sino una iraájen del Sahara del Áfri- 
ca meridional en que cía naturaleza parece un 
cadáver i> (1). 

Pero faltónos agregar que aquel era aun mas 
hórrido que el último, porque no tenia ni sus 
oasis, ni sus palmeras, menos el errante aduar 
de los beduinos. 

El desierto en esa parte de la América en que 
antes de 1879 colindábamos con el Perú i con Bo- 
livia, es solo una vasta sábana de guijarros i are- 
nas muertas en que nada, ni la hierba ni el esca- 
rabajo, encuentra ni el mas leve soplo de vida para 
crecer i para latir. 

II. 

Riquezas sin nombre i especialmente sales fósi- 
les de crecido valor se esconden, sin embargo, bajo 
aquellas endurecidas estratas que el océano ocupó 
durante innumerables i remotísimos siglos, alzan- 

(1) Doctor Philippi. — Viaje al desierto de Atacama, páj. 20. 



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— 95 — 

do en el trascurso de éstos los terrenos la lenta 
pero perseverante acción volcánica que ha separa- 
do en todas partes la costra sólida del Orbe de su 
lecho primitivo de mares insondables. 

Metales de gran valía intrínseca yacen también 
esparcidos en ignotas colinas o en el fondo de ás- 
peras quebradas, por cuyas barrancas profundas 
han corrido antes torrentosos rios. El cobre, la 
plata i el oro, las tres sustancias cuya adquisición 
forma la ocupación constante i el deseo mas in- 
quieto de la vida del hombre, este alquimista in- 
curable i novelero que da a la materia inerte todos 
los prismas de la esperanza, abundan en aquellas 
comarcas, e indudablemente hállansc escondidos 
en cien parajes que hueUa el pié del viajero i el 
casco de la bestia, pero cuyo itinerario no ha mar- 
cado todavía en la superficie el rayo luminoso de 
la fortuna. 

III. 

Habitan, sin embargo, entre las sinuosidades de 
aquel piélago petrificado por el soplo de los siglos, 
hombres que desde remota edad, i aun desde an- 
tes de la conquista de la civilización, se hallan 
permanentemente consagrados a ese jénero de fa- 
tigosas esploraciones, i son conocidos en el país 
con el nombre indíjena de cateadores. Sin salir del 
siglo en que vivimos, hízose famoso en el Desier- 
to, en esa profesión, don Diego de Almeida, hom- 



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— 96 — 

bre de pequeño cuerpo i ánimo robusto, que cu- 
bierto de venerables canas conocimos en 1848, 
palpitando todavía su lengua i su corazón en le- 
vantados bríos. Seis años mas tarde acompañaba 
todavía lleno de vigor al esplorador Philippi cuan- 
do este distinguido naturalista esploró científica- 
mente el Despoblado en 1853-54. Don Diego de 
Almeida tenia en esa época ochenta años, i poco 
mas tarde falleció (1). 

Fué apodo casi perenne de aquel infatigable i 
entusiasta esplorador el de ael loco Almeida», 
porque a la postre de la jornada no tuvo éxito ni 
como Moreno, ni como Ossi, ni siquiera como 
Juan Godoi, el descíubridor de Chañarcillo, ni co- 
mo Mendez-Gangalla el divisador de Caracoles. 
I sin embargo, aquel «loco» tenia fé profunda en 
las riquezas del Desierto i las pregonaba al hom- 
bre i al espacio. —ccSus amigos, dice el doctor 



(1) Encontrándonos un dia de 1848 (siendo nosotros niños) 
en la imprenta de El Progreso, que ocupaba una casa en el cos- 
tado orieuttl de la jdazade armas de Santiago, entró a reclamar 
algo sobre la suscricion de aquel diario un viejecito, al parecer 
de 80 años, pero enhiesto i alegre que citaba con locuaz enerjía 
a Caupolican i a Lautaro curao ti[)os del chileno. Nos dijeron 
que ese anciano era don Diego de Almeida, i seis años después 
le vimos figurar como vaqueadlo del desierto en la espedicion 
científica del doctor Philippi. 

Don Diego de Almeida fué padre del impetuoso aventurero 
chileno don Antonio de Almeida, que fué asesinado en Lima en 
1859 i era conocido con el nombre de «El jeneral Almeida», por 
haber tenido esa posición en Méjico. Los intelijentes oficiales 
Dublé Almeida que militan en el ejército del Norte, son nietos 
de don Diego, e indudablemente tienen algo de su ardiente i va- 
lerosa índole. 



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— 97 — 

Philippi, cuando le llevaba consigo como guia al- 
quilado por un puñado de onzas, en 1853, le daban 
noventa años, pero era todavia mui ájil, hábil i su- 
mamente servicial i oficioso. Su fantasía era tan 
viva como la de un joven de veinte años: dia i no- 
che soñaba en los inmensos tesoros que encerraba 
en su concepto el desierto, i ya veta en sw centro 
una ciudad mas rica que Potoú^ (1). 

¿I no es ése el vivo miraje de Caracoles i su 
anuncio por la segunda vista de la fé que pintan 
ciega? 

IV. 

A don Diego de Almeida sucedió en fama i en 
obras, mas no en desdichas, el célebre atacameño 
don José Antonio Moreno, cuyo nombre debieran 
llevar los futuros centros de trabajo i civilización 
chilena en el Desierto da Atacama. Pero Moreno, 
a ejemplo del cateador de oro Naranjo, cuya lasti- 
mera historia i naufrajio es una de las leyendas fa- 
voritas del minero del Norte, no se desapegó déla 
costa, i allí encontró su fortuna i su renombre. 

V. 

Tras él embarcóse en espediciones análogas un 
mozo de veinte años, que ya antes hemos nombra- 



(1) Philippi. — Viaje al Desierto de Atacama^ páj. 11. 

HIST. DE LA G. DG T. 13 



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~ 98 — 

do. Hijo de Freirina, donde habia nacido en 1827, 
don José Santos Ossa i Mesa escapóse del mater- 
no techo como la mayor parte de los mozos de 
aquellos angostos valles, i se hizo cateador en el 
Despoblado formando su hogar en el triste luga- 
rejo de Cobija. En su niñez, el joven aventurero 
habia sido compañero de trabajo i de oficina con 
el que fué mas tarde el potentado mas opulento 
de la América del Sur, don Agustín Edwards. 

En una de las atrevidas escursiones a que des- 
de aquel paraje se lanzara, ya en el rumbo del Loa, 
ya en el de las serranías de Potosí, ya del Desierto 
propio que comienza en San Pedro de Atacama, 
el animoso cateador, acompañado unas veces de 
fíu hijo primojénito, niño de catorce años, sólo en 
otras ocasiones, llegó hasta el paraje do nominado 
^ffuas Blancas en las dereceras de Taltal; i allí 
por la primera vez creyc encontrar, en una grieta 
«aliña labrada a pico p^ra protejerse contra el sol 
del estío, los vestijios de la sustancia que enrique- 
cía en esos momentos a una provincia limítrofe 
del Perú, el valioso nitrato de soda. 

Acontecía esto en el verano de 1863, i el ex- 
plorador huasquino estuvo al perecer con su tier- 
no hijo i seis de sus compañeros acosados por la 
sed. Un peón acertó por fortuna a abrir un herido 
superficial en la última estremidad de angustiosa 
sed i cuando todos los amí nales de la caravana 
habían perecido; i como brotase bajo la barreta 



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— 99 — 

un hilo do agua cristalina, pusieron los arrieros 
al pozo o: Agua del milagros i al lugar, por lo diá- 
fano de las vertientes, Aguces Blancas. . 

Desde allí el infatigable esploradpr abrióse paso 
hasta Taltal, donde recibió calorosa acoj ida i je- 
neroso socorro de su antecesor en el Desierto. 
Taltal era entonces el cuartel jene ral del descu- 
bridor i ya rico industrial don José Antonio Mo- 
reno. 

I es así como los gastadores de la civilización 
humana van encontrándose los unos a los otros 
en las etapas de su fatigoso viaje, dotando a la 
humanidad, con el sudor de sus cuerpos i la perse- 
verancia de su alma, de nuevos c ampos de acción 
i de riqueza. Don José Santos Ossa, llegando a la 
faena de Taltal, desnudo, demacrado i hambrien- 
to, asemejábase a Stanley en pos de las huella& 
de Livingstone. 

VI. 

Era el objetivo especial de las escnrsiones del 
minero de Cobija, no el salitre, sino el cobre i es- 
pecialmente la plata, xjuyos blanquecinos panizos: 
comienzan en las gargantas de Arqueros sobre el 
rio de Coquimbo i van a culminar, como en un 
nudo común, en el cono de Potosí; i hallábase aquel 
en su asiento habitual. Cobija, disfrutando de un 
período de reposo i de comparativa penuria, cuan- 
do llegó a aquel puerto, como emisario de guerra 



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— 100 — 

en la contienda marítima con España, el joven don 
Francisco Puelma, conocedor antiguo del desierto 
en el Perú, familiarizado con sus peligros i pade- 
ciendo las fascinaciones de esas fortunas invisi- 
bles que son el verdadero miraje moral de los 
páramos. Emprendedor i resuelto, juntó sus eco- 
pomias con los escombros del caudal del esplora- 
rador atacameño, a cuya casa el destino le habia 
llevado a hospedarse. La habitación de don José 
Santos Ossa en Cobija era el hogar de todos los 
chilenos. 

YII. 

Celebraron, en * consecuencia, los dos paisanos 
un pacto que se llamó Gompama esploradóra del 
desierto^ i para que se hubiera parecido aquél en 
todo a la famosa alianza que se llamó en el siglo 
XVI la de los tres locos en Pan ama, faltóle solo la 
concurrencia del cura de Cobija i la comunión en 
el altar, en fé de unión fraternal en los descubri- 
mientos. 

En cambio, el socio activo, que en la empresa 
i en la desventura iba a hacer el papel de Alma- 
gro el viejo, asoció a su hijo ya nombrado, don 
Alfredo Ossa, que hoi, como Almagro el mozo, 
acumula en el Despoblado caudalosa fortuna de 
oro i de sudor. 

Partieron juntos el padre i el hijo a las esplo- 
raciones de plata en el estío de 1865, i costean- 



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— 101 — 

do el Litoral hacia el Sur, llegaron a la bravia 
caleta que hoi es el concurrido puerto de Antofa- 
gasta. Torciendo desde aquella playa solitaria el 
rumbo hacia una de las dos quebradas que con- 
ducen por un plano de blanda gradiente al inte- 
rior, se ocuparon durante algunas semanas en 
catear por las lomas adyacentes. 

La quebrada elejida para el itenerario era la 
llamada de San Mateo, por la devoción de los 
changos i los arrieros; i solian estos atravesarla 
de preferencia a otras por ciertos pozos de agua 
nauseabunda i negruzca que se encuentran no 
lejos de su embocadura en el mar. Llámanse to- 
davía esos puquios, por el color de su bebida. Agua 
de la Negra^ en oposición a las Aguas Blancas de 
la altiplanicie.. 

VIII. 

En una de las tardes de campamento, después 
de fatigosa correría, ocurriósele a uno de los va- 
quéanos de la comitiva decir que él habia transi- 
tado sin estorbos por un cajón inmediato, que 
terminaba en un vasto salar o laguna disecada i 
cubierta de ásperas cristalizaciones de sal común, 
en estado casi puro i primitivo: simples charcos 
que el mar al retirarse dejó en ciertas hondanadas 
del vasto desierto. 

Dirijiéronse allí los jefes de la caravana a la 



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— 102 — 

siguiente mañana, juzgando que la sal podría ser 
precursora del salitre. I en efecto, después de va- 
gar durante algunos diasen tan inclementes sitios, 
el joven Ossa desenterró la primera costra de le* 
jítimo i subido caliche, en un crestón hacia el na- 
ciente del Salar. 

Era al caer la tarde, i en la noche hízose la 
prueba del fósil a la luz de los tizones. El salitre 
ardió con su peculiar chisporroteo, alumbrando la 
solitaria sabana con amarillentos resplandores: — 
El Salar del Carmen estabfi descubierto, i aque^ 
líos lampos no eran sino los fuegos artificiales que 
anunciAhan a sus felices dueños la hora i el para- 
dero de la fortuna, buscada con tan empeñoso afán. 



IX. 



Aquella misma noche el jefe de la caravana 
dictó a su hijo el primer pedimento de las salitre- 
ras encontradas, e inmediatamente llevó un eapre- 
so a Cobija el pliego de urjencia a cargo de un doc- 
tor llamado Tobar, encargado de dilijenciarlo en 
la Paz o en Potosí, donde a la sazón residía elan- 
' dariego i errante gobierno de Bolivia. ¡Singular 
acaso! La mesa que sirvió en el desierto para la 
redacción del primer título de propiedad de las 
salitreras de Antofagasta, fué la tapa de un barril, 
de pólvora que por allí había. ... La guerra nacía 
c on el descubrimiento. 



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— 103 — 



X. 



Conforme a las leyes del país, o mas bien, 
conforme a la voluntad del dictador Melgarejo, 
única lei de Bolivia, especialmente en materias fó- 
siles que en aquel Estado eran desconocidas como 
derechoíá como csplotacion, los socios de la Com- 
pañía esploradora del desierto obtuvieron en 1866 
el privilejio esclusivo de elaborar i esportar todo 
el salitre que se encontrase en el Litoral bolivia- 
no. La concesión era enorme, pero no Labia pre- 
cepto legal ni antecedente que la regulara, i por 
otra parte, tomábanse en cuenta los injentes sa- 
crificios que la implantación de toda industria 
nueva exije, i con mas especialidad en el desierto 
que es la soledad i la inclemencia en sus mas du- 
ras destituciones. 



XI. 



Los señores Ossa i Puelma tardaron, sin em- 
bargo, largo tiempo en regularizar sus títulos, i 
aprovechando la residencia en Santiago del se- 
cretario o ministro jeneral del dictador Melgarejo, 
don Mariano Donato Muñoz, que habia venido a 
Chile en misión estraordinaria i con plenísimos 
poderes, firmóse en aquella ciudad el primer pri- 
vilejio i concesión a firme, el 18 de setiembre de 
1866. Elijióse así, i sin sospecharlo tal vez, una 



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— 104 — 

fiesta cívica i nacional para dar arranque a uu 
negociado que seria causa de empujar a la Repú- 
blica en la mas ardua de sus empresas después de 
la de su emancipación. El caso estaba, con todo, 
previsto, i no había faltado quien anunciara el 
cruento conflicto desde remota aldea de la Gran 
Bretaña, con un cuarto de siglo de anterioridad 
(1854). . ^ 

Mediante ese contrato que fué revalidado en se- 
guida por la asamblea de La Paz,, convocada para 
lejitimar todos los actos malos i peores (porque 
bueno no habia uno solo) de la dictadura que 
abrumó a Bolivia desde 1864 a 1871, se concedía 
a los descubridores cinco leguas cuadradas de te- 
rrenos salitreros en la vecindad del Salar del 
Carmen, si bien, a título aparentemente onoroso. 
La compañía debía habilitarla caleta de la Chim- 
ba, haciéndola puerto, para cuyo fin dotaríala a 
sus espensas con un muelle, labrando ademas 
una carretera de veinticinco o treinta leguas ha- 
cia el interior. Era eso precisamente lo que la 
compañía necesitaba para sus faenas, pero no fué 
difícil dar a esos trabajos lucrativos el nombre de 
retribución. De esa manera atendían los holgaza- 
nes gobiernos de Bolivia el trabajo ajeno. En 
efectivo los concesionarios entregaron ademas 
diez mil pesos para alfileres o para cerveza. . . .Era 
éste el plato de lentejas de Esaú al regresar fati- 
gado de la caza. 



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I.it 



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-- 105 -^ 



XII. 



Pero aun así, parecía tan arduo el acontecimien- 
to en un territorio donde era preciso crearlo todo 
sobre la arena, como sobre terreno de acarreo, i 
a brazo de hombre, que la Sociedad Esplotadora 
tardó cercq, dos aiios en tomar posesión efectiva 
de los terrenos adjudicados por su título i en po- 
ner la primera piedra de la nueva industria. 

Tuvo esto lugar en julio de 1868, i como los 
medios de los asociados no fuesen suficientes para 
realizar por sí solos la empresa, resolvieron enaje- 
nar un tercio o la mitad de sus derechos, a fin de 
procurarse recursos i garantías. Vino, en conse- 
cuencia, por ese mismo tiempo, el socio Ossa a 
Valparaíso, i habiéndose puesto al habla con el 
banquero Edwards, su antiguo camarada en los 
minerales de Freirina, ofrecióle éste tomar parte 
en el negocio si la respetable casa inglesa de Gibbs 
i C/ entraba por una parte considerable en él. 

Envió la última, con este motivo, a hacerse 
cargo de los lugares i de la perspectiva financiera 
de la empresa al jerente de su casa en Tacna, que 
era entendido en salitres, i la negociación trípara- 
tita quedó sin dificultades consumada. El «pacto 
de los locosj) de Panamá habia encontrado su 
«canónigo Luque» que algunos llamaron por su 
aventura «el canónigo loeop. 

HIST. DE LA C. DE T. 14 



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106 — 



XIU. 



Eran los socios, por una parte, los ciudadanos 
chilenos Ossa i Puelma, por otra, el capitalista 
don Agustin Edwards, i en tercer lugar la firma 
de Antonio Gibbs e hijo, que en aquel tiempo pa- 
saba por la mas fuerte factoría esplotadora del 
salitre de Tarapacá bajo el nombre especial de 
Gibbs i 0/ 

Quisieron los asociados, cumpliendo un acto de 
justicia, dar el nombre de su lejítimo descubridor 
a su compañía, pero éste hombre de trabajo cuya 
varonil modestia fué alabada de todos los que le 
conocieron, rehusó el favor de la galantería. Por 
esto i por el significado del amparo internacional 
que el idioma ingles tiene en todas las negocia- 
aciones del Pacífico, pusiéronle a la del Salar del 
^Carmen el título de Melbournc Clark i (7/ 

Era ese nombre el del j érente británico que 
había reconocido las salitreras antes del convenio, 
respetare caballero que reside hoi en su nativa 
tierra, manteniendo un hijo de su propio nombre 
en Antofagasta hasta el presente. 

Poco mas tarde, arrastrado por la fascinación 
de Caracoles, el socio Ossa vendió todos sus de- 
rechos a la casa de Gibbs, i entonces la sociedad 
«sploradora del desierto tomó su actual i definiti- 
To nombre de Compañía de snhtres i dd ferroca- 
rril de Antojagasta. 



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— 107 — 

XIV, 

Fué también en el curso de su esploracion de 
1866 cuando el indomable rebuscador de los te- 
soros escondidos del Desiei'to, digno del mármol 
patriótico en aquellos sitios no menos que del ar*- 
gumento del romance, hizo para su país el impor^ 
tan te descubrimiento jeográfico de un valle inte- 
rior i longitudinal que rebana por el pié de los An- 
des, como en la pampa del Tamarugal, el despo- 
blado de Atacaraa. 

Parece ser esa estraña configuración jeolójica 
el lecho de un antiguo i fértil valle, adaptado ad- 
mirablemente para la construcción de una vía 
férrea, que partiendo desde la hondonada de Co- 
piapó lleve al Despoblado el bullicio i la vida del 
trabajo, estrayendo al propio tiempo de su sena 
sus innumerables riquezas fósiles i minerales, di- 
visadas apenas, a manera de lejanos panizos i mi- 
rajes, por el iluso cateador o por el sediento via- 
jero. 

La existencia de aquella arteria de comunica- 
ción futura no habia sido siquiera sospechada por 
la ciencia, mas antes desconocida. — «Siguienda 
el camino de San Pedro de Atacama a Copiapó, 
habia dicho el doctor Philippí en su conocida es- 
ploracion del Despoblado de Atacama (1853-54), 
el viajero tiene a la vista continuamente un lla- 
nura inclinada suavemente hacia el Oeste, i no 



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— 108 — 

puede caber la me ñor eluda deque no existe en 
esa rejioa ninguna cadena de cerros, ningún valle 
lonjitiidinah. 

Pero no es esta la primera vez que un simple 
cazador de guanacos, un vaqüeano del monte, un 
intelijente cateador de derroteros alumbran la 
huella de la ciencia mejor que la ciencia misma i 
la encaminan a una solución exacta. 

Escuchemos el propio relato del descubridor. — 
«La opinión que dqjamoíí recordada del sabio se- 
ñor Philippi, dice aquél en un cuaderno anónimo 
i bastante raro que tenemos a la vista, es la que 
ha dominado hasta el presente i que nosotros nos 
vamos a permitir rectificar, aunque no sin cier- 
to embarazo tratándose de un* sabio tan emi- 
nete como el doctor Philippi. Pero téngase pre- 
eente que solo se trata de una cuestión práctica^ 
del reconocimiento de un territorio, i cuando el 
doctor dice que ño puede caber la menor duda 
de que entre los Andes i la costa no existe ningún 
valle lonjitudinal, no hace mas que emitir una opi- 
nión puramente hipotética puesto que discurre so- 
bre lo desconocido. 

>Nosotros, en posesión de datos mejores i mas 
recientes, vamos a aseverar todo lo contrario de 
lo que sostiene el seüor Pihilippi, esto es, que en- 
tre los Andes i la costa existe un valle lonjitudi- 
nal mui semejante en su configuración al que en 
Ohile se estiende desde el cordón de Chacabuco 



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— 109 — 

para el Sur. El clescubrimiento de este valle, cuya 
existencia se ha negado a priori, tuvo lugar en 
1866, i fué hecho por un respetable caballero de 
esta capital. En ese año el señor N. se internó en 
el desierto por Antofagasta,icomo a nueve millas 
de la costa descubrió unas grandes salitreras, cu- 
ya riqueza se sostiene hasta el dia (el Salar del 
Carmen). 

i> Después de haberse provisto de agua i forra- 
je, mediante un crecido gasto, se internó hacia 
el oriente, i a poco andar encontró el valle lonji^ 
tudinaly descendió por él hacia el Sur, i habiendo 
hallando que era un camino espedilo i cómodo^ con-- 
tkmó sti viaje hasta llegar por tierra a la ciudad 
de Copiapó. Durante la travesía se acercó a la cos- 
ta en unas ocasiones, i en otras a los Andes para 
proveerse de agua, porque el valle no la tenia. 
Ademas, como era la primera vez que se hacia un 
viaje semejante, tuvo que sufrir varias molestias 
i contratiempos, entre otros un estravío de sus 
arrieros que le ocasionó la pérdida de tros hom- 
bres i de cuarenta muías». (1). 



(1) (El señor N.i^ de qae se habla eu los párrafos qne hemos 
copiado es «I sefior José Santos Ossa, quien inspiró el folleto 
de que los estraeraos, ocultando por modestia su nombre. Este 
folleto fué publicado en octubre de 1874 por el apreciable escri- 
tor don José María Torres Arce con el título que hemos citado 
en el epígrafe de este capítulo: El desierto de Átacama, estudio 
dedicado al señor Ministro de Hacienda. 

Con motivo de la aparición de ese mismo folleto^ el señor Ossa 



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— lio — 



XV. 



En cuanto al viaje aludido con frecuencia en 
estas pajinas del ilustre jeólogo i botánico Phi- 
liphi, su interés es casi enteramente científico. Es 
la fatigosa esploracion del herborista en un país 

Bolicitó i obtuvo una entrevista con el presidente de la Repú- 
blica, señor Errázuriz, para hablarle de la importancia del De- 
sierto, del valle descubierto i de la posible i remunerativa ubi- 
cación en él de una linea férrea, que partiendo de Copiapó 
llegase hasta Caracoles. El señor Errázuriz, político-hacendado, 
es decir, hombre de estado sin vastos horizontes, . se encojió de 
hombros delante de aquella enormidad i no volvió a hablarse 
mas del asunto. Hoi dia, sin embargo, (enero de 1880^ acaba de 
decretarse la construcción de un ferrocarril desde Taltal al in- 
terior del Despoblado. ¿No seria ése el comienzo del sueño, que 
como el de la escalera de Jacob, tuvo el esplorador Ossa en el 
Desierto? 

Un acto de justicia nos induce a recordar en este punto los 
nombres de dos esploradores del desierto de Atacama que como 
sus mal pagadas fatigas han quedado en la oscuridad: Garin í 
Agurto. Fueron esos los precursores de Caracoles, antes de Diaz 
Grana i su fortuna, i hé aquí Qomo uno de nuestros m is distin- 
guidos jeógrafos, el capitán Vidal Gormaz, refiere sus aventuras. 

<cEn 1868, en los primeros días de mayo, zarpaba de Yalpa- 
raiso en dirección a los desiertos de Bolivia la primera espedi- 
ciou, compuesta de solo dos osados esploradores: don Emilio E. 
Garin i don Maximiano Agurto. Desembarcados en el puerto de 
Cobija, se vieron en la necesidad de disfrazar el objeto i rumbo 
de su viaje, a fin de evitar la burla de almas apocadas que con- 
sideraban ridículo imajinar solo el atrevimiento i audacia de 
tan colosal empresa. Con todos los elementos requeridos pene- 
traron en el desierto los dos primeros chilenos que iban a ser la 
vanguardia de los hijos de la civilización que mas tarde debian 
someter a la mano del hombre tan ingratas rejiones. 

^Después de recorrer durante muchos meses los desiertos i 
cordilleras de aquellos territorios en todos sentidos i en todas 
ílirecciones, desde el Pacífico hasta la frontera arjentina, i desde 
Mejillones hasta el interior de Bolivia, precisados por las fati- 
gas de tan penoso viaje, faltos ya de provisiones, volvieron a 
Chile, difundiendo en todos los puertos que tocaban la noticia 



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— 111 — 

sin vejetacion, del jeólogo en una tierra sin estra- 
tas, del eoneholojista en un mar sin puertos ni 
caletas! — Para el . lector común, el libro del sabio 
respira cierta injenuidad alemana que agrada al 
espíritu como la brisa marítima que acaricia el 
rostro en las cálidas altiplanicies del Desierto. — 
Pero el encanto no pasa de allí. 

En cuanto a su itinerario, helo aquí trazado a de 
aguada en agua'da», estas etapas obligadas del de- 
sierto: 

El doctor Philippí salió de Valparaíso en la 
goleta Janaqueo el 22 de noviembre de 1853, i 
después de haber llegado por la costa hasta Me- 
jillones, despidió el buque en Taltal, i el 11 de 
enero de 1854 se internó por esc valle profundo 
hasta San Pedro de Atacama, atravesando ^1 de- 
sierto en línea oblicua de Sur-Oeste a Norcí-Este. 
Esta travesía duró once dias que el viajero ale- 
mán recorrió a pié, acompañado del infatigable i 
anciano Almeida, cuyo honorario de piloto del 

de las grandes riquezas que guardaba ese océano de arenas i de 
rocas que se llama desierto de Atacama. 

(íEsto alentó i dio oríjen a las nuevas espedicíones que dieron 
por resultado el descubrimiento de tan portentoso mineral, i 
¡misterios del destino! no aprovechó en nada a sus primitivos 
iniciadores. Vicisitudes propias de tales espedicíones en esa cla- 
se de lugares, les impidieron alcanzar a los cerros fajados (hoi 
Caracoles), a pesar de tenerlos a la vista i haber hecho en di- 
rección a ellos una larga jornada, de tal modo dificultosa, que 
asaltados de imprevistos accidentes, se vieron, a pesar suyo, 
obligados a deshacer su camino». 

Vidal Gormaz. — (El Desierto i sus recursos, estudio publica- 
do en El Ferrocarril del 13 de marzo de 1879). 



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— 112 — 

5uma de veinte onzas, simple 
a fortuna, simple ironía de sus 
en la juventud i en la edad 

[escanso de ocho dias en San 
el primer esplorador científi- 
irijió a Copiapó contorneando 
)s de los Andes i por el sen- 
1 nombre del Gamino del Inca. 
egrinacion empleó el paciente 
neo dias, llegando a Copiapó 
1854. 

gobierno de Chile este primer 
ignota, que veinte años mas 
ina de la discordia de la Amé- 
3 1,397 pesos, esto es, un po- 
la rodado de montaña de sa- 
s felices esploradcres encon- 

1) 
XVI. 

es también agregar aquí que 
Ha época, ilustrado i laborioso 
lia significación de adelanto 

Philippi fué publicado seis aüos des- 
50) eu la ciudad de Halle. Contiene 
33, no pocos de lenguaje, 236 pajinas 
¡into, a ojo de buen varón, i una docena 
dad por el autor, representando paísa- 



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— 113 — 

intelectual i progreso material para el país, esti- 
mulaba aquellas empresas de descubrimiento con 
su consejo i sus recursos. — «El desierto de Ata- 
cama, decía el presidente Montt en su mensaje 
anual de apertura del Congreso el 1.° de junio de 
1854, i aludiendo a la esploracion ya ejecutada 
por el sabio profesor de historia natural de la 
Universidad de Chile, ofrece productos de que la 
industria i el comercio del país podrán sacar pro- 
vecho i>. 

La promesa está cumplida, i es éste casi siem- 
pre el merecido galardón de los que en el sótano 
del taller o en la cima de la omnipotencia traba- 
jan por el engradecimiento progresivo de la pa- 
tria. 



HIST. DB LA C. BE T. 15 



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CAPITULO V, 



LAS CAUSAS DIPLOMÁTICAS DE LA GUERRA. 

EL IMPUESTO. 

Trabajos colosales que emprende la compañía de Antofagasta.— El desier- 
to está domado.^ — La ancla faro de Antofagasta. — Los gobiernos de 
Bolivia levantan dificultades superiores a las de la naturaleza. —Caida 
del dictador Melgarejo i anulación de todos los actos de su gobierno.— 
Leyes del 9 i 14 de agosto de 1871 — La compaílía de Antofagasta, sin 
arredrarse, emprende nuevas negociaciones. — Envia un emisario a i*a 
Paz, i su fortuna. — ^Negociación definitiva aprobada por el gobierno de 
Balíivian el 27 de noviembre de 1873. — Concesión de quince mil cua- 
dras cuadradas de terrenos salitreros.— índole privada que inviste 
esta negociación. — Cómo su carácter se hizo público i el gobierno de 
Chile se constituyó en fiador insolidum de la compañía de Antofagasta 
ante el gobierno boliviano. — Tratado de Vergara Albano-Muñoz de 10 
de agosto de 1865. — Tratado Corral-Lindsay de 5 de diciembre de 1872. 

Tratado de Walker Martinez-Baptista del 6 de agosto de 1874.— El 

gobierno de Chile pacta por el artículo IV de ese tratado la exención de 
contribuciones de fas industrias chilenas del Litoral i se hace solidario 
de ellas ante el derecho internacional.— La Asamblea de Bolivia, vio- 
lando ese tratado, dicta un impuesto sobre la eaportaclon de salitres por 
lei de 14 de febrero de 1878. — Vacilaciones que parecen asaltar al go- 
bierno boliviano después de la promulgación de la lei. — Reclamaciones 
del ministro de Chile en julio i en noviembre. — El gobierno del jeneral 
Daza cambia repentinamente de táctica i manda poner en ejecución la 
lei del impuesto.— Causas que motivaron esta mudanza —Viaje a Chile 
del ministro de Hacienda Doria Medina i del capitalista Aix». — El mo- 
mento del conflicto se acerca. 

sDesde que se promulgó la lei de 14 de fe- 
brero de este año ^ue aprobó la transacción 
celebrada en el gobierno de Bolivia i la com- 
pañía de salitres i ferrocarriles de Antofagas- 
ta, con la calidad de que ésta pagara 10 cen- 
votas por quintal de salitre que importe, la 
opinión pública ha reclamado el cumplimiento 
de esa lei, estrañando la suspensión, porque 
no estaba al cabo de los incidentes que en- 
torpecieron su ejecución». 

(Editorial de La Democracia^ diario oficial 
de Bolivia, diciembre 21 de 1878). 



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— 115 — 
I. 

La compañía de salitres do Antofagasta, estimu- 
lada, si no garantida, para las liberales i eviden- 
temente exajeradas concesiones del gobierno de 
Melgarejo, púsose a la tarea de redimir el Desier- 
to con la pujanza i el éxito que siempre alcanzan, 
aun en el suelo desagradecido, las empresas que 
tienen arca ancha i abierta. En el espacio de dos 
años, la poderosa asociación de banqueros chile- 
nos i de esportadores ingleses habia construido 
en Antofagasta i en el Salar del Carmen, distante 
dos o tres leguas del embarcadero, vastos edificios 
i cómodos muelles; erijió máquinas a vapor cons- 
truidas espresamente en Inglaterra para su esplo- 
tacion; levantó enormes aparatos de resaca en la 
ciudad i en todos sus injenios; enganchó numero- 
sas cuadrillas de trabajadores chilenos, i echó, por 
último, la planta de los dos grandes adelantos de 
todo trabajo colectivo i pujante en la edad pre- 
sente, esto es, el ferrocarril i el telégrafo. 

I a todo esto, que era el yugo de la civilización 
uncido al duro páramo, habia éste encorvado dócil 
la cerviz sin que las arenas muertas, ni la caren- 
cia de agua, ni la lejanía, ni el clima vario i dis- 
parejo fueran obstáculo al progreso creador. 

Era Antofagasta en 1868, higar tan ignorado 
en la jeografía usual del mundo i de tan difícil 
.acceso al navegante, que en esa época de inicia- 



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— 116 — 

cion, habla recurrido su fimdador don José San- 
tos Ossa al arbibrio injenioso de hacer pintar en 
las pardas laderas de los cerros que le sirven do 
abrigo i de respaldo, una enorme ancla blanca 
que sirviera de punto de mira para ganar el fon- 
deadero a los pilotos. 

Para trazar ese enblema, faro apagado del De- 
sierto, que hoi descubre i sigue el marino desde 
una hora antes de entrar al puerto, subieron los 
trabajadores del esplorador al cerro una enorme 
tina, i llenándola de cal i de agua la vertieron en 
la falda dándole un tosco artífice la forma que, 
hasta hoi, en aquel clima sin lluvias, conserva in- 
tacta encima de la populosa i próspera ciudad i 
del (tpeor puerto de la América del Sur en el Pa- 
cífico d. 

IL 

Pero si todo en la terca i mal preparada natu- 
raleza, cedia al paso i a la voluntad de los gasta- 
dores del trabajo, quedaba vivo e indomable el 
elemento de la altiplanicie, mezcla de astuta abo- 
gacía mestiza i de taima de aboríjene que se tra- 
ducía en la codicia o la envidia de administracio- 
nes sucesivas. 

En Bolivia los gobiernos establecidos, o por 
estublecerse, son barreras de mucho mayor resis- 
tencia que las arenas del médano o los riscos de 
la puna para obtener el bien, implantar la justi- 



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— 117 — 

cia í hacer florecer en rápido ascenso las indus- 
trias. Mili lejos de eso. El hombre lo puede todo 
en aquel país, como en la Abisinia o en la Pata- 
gonia, contra el clima mortal, contra la hierba 
venenosa, contra el áspid i la fiera, contra el hom- 
bre mismo a quien logra domesticar por el comer- 
cio i su propio bienestar. Pero contra gobiernos 
permanentemente alzados, volubles, intercaden- 
tes, amenazados a todas horas por el motin o la 
perfidia, no es dable encontrar reparo, i las vo- 
luntades mas fuertes sucumben en la lucha, en la 
instabilidad que es leí, en la audacia i en la in- 
moralidad que son lazos usuales i permanentes de 
esa misma lei i sus celadas. 

IIL 

I eso aconteció de una manera ejemplarizadora 
con la compañía de Antofagasta. Caido el 15 de 
enero de 1871, a virtud de una batalla sangrienta 
librada en las calles de La Paz en ese dia, el dic- 
tador Melgarejo, fácil e inconsciente amparador 
de aquella industria en ciernes, cebáronse contra 
ella, como si hubiera sido solo su obra personal i 
aborrecida, todos sus sucesores, Morales, Ballivian, 
Frías i especialmente el zambo audaz que vestido 
con la careta del saltimbanqui, lanzó su país a la 
ruina i el ultimo prestíjio de la autoridad pública 
u la bacanal, en los patios del palacio o en la pla- 
za pública, atrio de tiranos en pueblos envilecidos. 



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— 118 — 

Reunida, en efecto, una Asamblea a la caida 
del «tirano 5>, para hacer la corte a otro tirano, re- 
solvió por dos leyes sucesivas (9 i 14 de agosto de 
1871) dar por nulos todos los actos del gobierno 
precedente, que habia durado seis años i que ha- 
bia encontrado como amparo público la sanción 
de otra asamblea. 

Dejaban, por consiguiente, esas leyes, e/iden- 
temente atentatorias, porque atacaban actos con- 
sumados i confirmados por poderes públicos cons- 
tituidos a la usanza del país, invalidadas todas las 
concesiones hechas a la compañía de Antofagasta, 
i reducida ésta a la condición precaria de una 
simple tolerancia, pero sin título legal ni protec- 
ción de la autoridad ni de la lejislacion. 

La compañía salitrera era declarada paria en 
el Litoral, i ésto tenia lugar cuando en obras de 
evidente provecho para aquel país ingrato e indi- 
jente, llevaba invertidos, según sus libros, ocho- 
cientos mil pesos en aprestos todavía improduc- 
tivos. 



IV. 



La compañía de Antofagasta, por su parte, tu- 
vo que encorvar el cuello a la omnipotencia do 
nuevos dictadores i negociar otra vez su existen- 
cia, como si todo lo estatuido como garantía ori- 
jinaria hubiese desaparecido en las grietas que la 



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— 119 — 

pólvora abre en las estratas al romper las duras 
calicheras. 

En las familias que dolencia hereditaria suele 
inhabilitar para el ejercicio de los derechos natu- 
rales en el hogar o la comunidad, no es difícil 
comprar sucesivamente de los primojénitos el de- 
recho de supervivencia. Pero en los gobiernos que 
se suceden en Bblivia solo en razón del asalto i 
de la fuerza, ni siquiera ese recurso legal ha que- 
dado reservado a los que negocian con sus minis- 
tros, i esto se ha patentizado en todas sus opera- 
ciones, desde el fi\moso mapa Colton hasta el em- 
préstito Church, i desde la negociación bancaria 
que lleva el nombre de La Chambre a la lei de 
impuesto salitrero que inventó el ministro Doria- 
Medina i sancionó don Hilarión Daza. 

Entró, en consecuencia, la compañía de Anto- 
fagasta, en una serie de acomodos mas o menos 
injeniosos, hasta que en el otoño de 1872 logró 
enviar a La Paz un emisario, simpático a los hom- 
bres de la administración dominante, conocedor 
de los resortes secretos del país i al cual no fué 
difícil abrir corazones i derribar voluntades. 

Díjose entonces que el apreciable caballero bo- 
liviano don Belisario Pero, delegado de la compa- 
ñía e interesado en ella, obtuvo por vía de tran- 
sacción un ajuste, según el cual, quedaba la em- 
presa dueña de todos los terrenos salitreros que 
habia descubierto, siéndole éstos adjudicados en 



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— 120 — 

cincuenta estacas, por cada una de las cuales 
pagaría un derecho de patente de 40 pesos al año, 
o sea una renta de 2,000 pesos, obligándose a 
otras concesiones públicas de menor entidad i 
talvez menos onerosas que las que fué preciso 
otorgar en secreto.... Es lo cierto que el nuevo pac- 
to se celebró en La Paz el 13 de abril de 1873, i 
que el 27 de noviembre de ese ano se perfeccionó 
el convenio por mutua aceptación de las partes, 
reduciéndose este último el 29 de ese mismo mes 
a escritura pública en Sucre, bajo los sellos del 
gobierno Ballivian. 

Pocos meses mas tarde, dando cuenta el minis- 
tro de Hacienda de Bolivia a la Asamblea de lo 
que se habia hecho i otorgado como definitivo, 
vertia en su memoria anual estos graves concep- 
tos que habrían comprometido de una manera 
irrevocable la palabra empeña ia de todo país i 
de toda tribu monos liviana i veleidosa que Boli- 
via. — «Las reclamaciones de esta casa (la que 
entonces llevaba el nombre de Melhoume Clark i 
O.*) de que se informó en 1872, han sido también 
transijidas bajo condiciones que se resumen en 
la convención de 27 de noviembre de 1873. Los 
representantes de la casa mencionada las han 
aceptado. Queda así definida una cuestión odiosa 
que por largo tiempo ha comprometido ante la opi- 
nión la probidad del gobierno^ teniendo pendiente 
de su decisión la suerte de los gruesos capitales 



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— 121 — 

que los empresarios desembolsaron para estable- 
cer en el desierto de Atacama la industria salitre- 
ra en grande escala. Derogando aquellas adjudica- 
"cíones impropias de zonas del territorio nacional, 
el gobierno ha ratificado la adjudicación de las 
salitreras del «Salar del Carmen», que la sociedad 
esplotaba desde la inauguración de l^s trabajos, i 
le ha concedido cincuenta estacas; en el depósito 
de las Salinas descubiertas por la misma se ha 
permitido ademas prolongar su ferrocorril hasta 
ese punto con la calidad precisa de no poder em- 
plearlo sino en el trasporte de su propio salitre». 

Por un cómputo aproximativo hecho reciente- 
mente, la estension de las concesiones otorgadas 
i ratificadas abrazaba un espacio de territorio de 
doce'quilómetros cuadrados, o sea quince mil cua- 
dras cuadradas: la estension superficial i regada 
de la famosa hacienda de la Compañía en Chile. 

Mediante uno de los artículos del convenio de 
noviembre de 1873, la compañía de Antofagasta 
quedaba también exonerada de todo impuesto 
fiscal o municipal de cualquier naturaleza o de- 
nominación que fuese, por el término de quince 
años. 



V. 



Necesario es observar en esta parte de la pre- 
sente i desapasionada narración de hechos, que 

HIST. DE hk C. DE T. 16 



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— Isa- 
ías reclamaciones de la compañía de Antofegasta 
ante el gobierno de Bolivia reposaban hasta esa 
época en un simple contrato privado, si bien so- 
lenne, sin ningún carácter internacional que lo 
amparara. 

Era un pacto entre partes, sujeto a caducidad 
i a las dudas i percances propios de todo nego- 
cio humano. Bolivia era dueña de su infidencia, 
como la compañía lo era de su resignación o de su 
soborno. 

Mas, a poco de aquel tiempo, las cosas cambia- 
ron radicalmente, i en virtud de ün tratado pu- 
blico, la República de Chile se sustituyó en cierta 
manera a los empresarios de Antofagasta, obte- 
niendo para su empresa i otras análogas que en 
el Litoral boliviano surjiesen, la exoneración de 
todo impuesto, en lo cual su fe de nación consti- 
tuíase garante. 



VI. 



No forma parte del cuadro limitado de este libro 
el empeño de historiar las relaciones diplomáticas 
de Chile i de Bolivia, desde que la administración 
del primer Ballivian acreditó en Chile la primera 
legación pública de aquel país, confiada por el 
doctor Méndez al conocido doctor don Casimiro 
Olañeta en 1843, hasta la que desempeñó con 
estrépito i rompió por su solo albedrío el doctor 



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— 1^3^ 



don Rafael Bustillos, hombre de la escuela de aquél 
i del otro, treinta años mas tarde- 

El odio innato de la jente montaraz i la des- 
confianza leguleya de los viejos claustros univer- 
sitarios de Uhuquisaca, habian presidido a todas 
aquellas negociaciones, i dado por fin paso a tres 
tratados definitivos que nada definieron. 

VIL 

Fué el primero ajustado en La Paz por los ple- 
nipotenciarios Vergara Albano (por parte de Chi- 
le) i don Mariano Donato Muñoz, en representa- 
ción de Bolivia, el 10 de agosto de 1865, tratado 
de simple transición que dejaba la situación col- 
gada de las nubes porque no estatuía sino una 
compañía instable, movediza, indefinida e endefi- 
nible de grados jeográficos. 

Siguió, en consecuencia del no cumplimiento 
por un solo dia de parte de Bolivia de aquel ajus- 
te, i a consecuencia de la caida de Melgarejo, 
otro tratado solemne que era en el fondo una con- 
donación de deudas atrasadas pero que no llegaba 
a estudiar nada terminante sobre la malhadada 
partija del Desierto, sus fósiles i sus aduanas en 
que Chile, sieudo el león, no sacaba ni la parte del 
conejo. Firmóse este segundo acomodo, que a la 
manera del molejón en la hoja del acero, iba ala 
par que puliéadola labrándole agudo filo, en la 
ciudad de La Paz el 5 de diciembre de 1872, en- 



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— 124 ~ 

tre loB plenipotenciarios Lindsay i Corral, aquél 
hoí en honrosa turtiba, el último en triste e injus- 
ta cautividad en nuestro suelo. 

El tratado Vergara-Muñoz, creando la pared 
medianera en el Desierto, habia sido para la paz 
de Chile, la espada de Damócles en el umbral de 
sus fronteras: el tratado Lindsay, -definiendo esa 
medianía por medio de concesiones recíprocas, era 
entre manos mal ejercitas en el jimnasio de la 
lealtad, una daga de dos filos, 

VIH. 

I como nada de práctico, ni definitivo, ni si- 
quiera como garantía de reposo, resultara entre 
las dos naciones, cada dia mas recelosas la una de 
la otra, ocurrióse a un tercer acuerdo que suprimía 
definitivamente las medidas inl^r nacionales que 
un absurdo capricho i el deseo inmoderado de la 
paz habia aconsejado de parte de Chile. Fué éste 
el último tratado ajustado el 6 de agosto de 1874 
entre el ministro de Relaciones Esteriores de la 
administración Frias, don Mariano Baptista, i el 
plenipotenciario de Chile don Carlos Walker Mar- 
tínez. 

El artículo IV de este tratado, que es el único 
pertinente a esta relación histórica i que corres- 
ponde al mismo número i artículo del pacto de 
la compaüía tic Antofagasta con el gobierno de 
Ballivian en 1873, establecía de la manera mas 



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— 125 — 

clara i absoluta que la compañía de Antofagasta 
o cualquiera otra industria chilena que se estable- 
ciese en el Litoral, quedarían en virtud de con- 
cesiones otorgadas en diversos puntos de impor- 
tancia por Chile, libres de todo derecho fiscal o 
municipal^ cualquiera que fuera la denominación 
de éstos, por el espacio de veinticinco años. 

El plazo antiguo, otorgado especialmente a la 
compañía por el gobierno de Ballivian, quedaba 
ahora ampliado en diez años mas, i el gobierno 
de Chile se constituía responsable de hacer res- 
petar tan obvia cláusula. 

IX. 

Respiró la compañía de Antofagasta con esta 
garantía i se creyó salvada. 

Dio mayor impulso a sus trabajos e invirtió en 
sus diversas faenas una suma que se valorizó en 
dos o tres millones de pesos, todo al abrigo del 
honor de Bolivia i de la enerjía i dignidad del 
pueblo chileno. 

Talvez no habia sido sensato ni verdadera- 
mente patriótico ligar la República a tan grave 
acuerdo i compromiso, desde que era evidente la 
falsía i la instabilidad de una de las partes con - 
tratantes, i mucho mas tratándose de negocios de 
interés particular, que no eran sino a lo lejos el 
ncrocio i la responsabilidad de la nación. Respec- 
te de las salitreras de Iquique, al menos, en que 



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— 126 - 

el vínculo i la pérdida directa del capital i del 
trabajo chilenos eran diez veces mayores, no se 
tomó nunca resolución de tan trascendental enti- 
dad, ni siquiera púsose como remedio la mas mí- 
nima presión diplomática, ni amenaza pública. 
No era ese negocio de trigos, en que el gorgojo 
ha solido hacerse rei para dictar guerras en pais 
de graneros i en gobierno de hacendados. 

Mas, fuese como fuese, en el caso presente, el 
hecho estaba consumado por la fe pública del go- 
bierno chileno i no era posible revestirlo o des- 
conocerlo. La compañía de Antofagasta habia 
encontrado un fiador insolidum^ i éste fué el pue- 
blo de Chile. Esa era evidentemente su fortuna. 
El tiempo únicamente podrá decir si esa fué «la 
fortuna de Chile d. 

X. 

Pasaron en este estado medianamente satisfac- 
torio pero incierto de las cosas, cerca de cuatro 
anos, que a su vez los bolivianos gastaron en pól- 
vora i en revueltas. 

Mas triunfante a la postre de las últimas el cau- 
dillo Daza en 1876, reunió en La Paz, a fines de 
1877, la obligada Asamblea para revalidar los ac- 
tos de su gobierno en su época embrionaria de 
irresponsable dictadura, i hecho esto con la man- 
sedumbre acostumbrada; pasó ese cuerpo lejislati- 
vo, al tratarse de la aprobación del último tratado 



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— 127 — 

coQ Ohile, a rever los acuerdos de la administra- 
ción Ballivian en 1873 respecto de la compañía de 
Antofagasta. I renovando en parte los últimos, 
dictó el 14 de febrero de 1878 la siguiente reso- 
lución, convertida en lei el 23 de ese mismo raes, 
a la par que en ello hacia reto altanero i sangriento 
al honor i probidad de Chile en la hora misma de 
su promulgación. 

«La Asamblea Nacional Constituyente decreta: 
» Artículo único. — Se aprueba la transacción 
celebrada por el Ejecutivo en 27 de noviembre 
de 1873 con el apoderado de la compañía anóni- 
ma de salitres i ferrocarriles de Antofagasta, a 
condición de hacer efectivo, como mtnimun, un 
impuesto de diez centavos en quintal de salitres es- 
portados. 

i>Comuíquese al Poder Ejecutivo para su ejecu- 
ción i cumplimiento* 

La Paz, febrero 14 de 1878. 
R. J. BusTAMANTE, Samuel Velasco Flor, 

Presidente. Diputado Secretario. 

Ahdon 8. Ondarza, 

Diputado Secretario. 

Casa del supremo gobierno. 

La Paz, a 23 de febrero de 1878. 

Ejecútese. 

H. Daza. 



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•- 128 — 

3) Gran sello del Estado. — El ministro de Ha- 
cienda e Industria, 

Manuel I. 8alvatierra.i> 

XI. 

No era el gobierno de Daza, si bien salido de 
la espuma sanguinosa de los motines, tan falto do 
juicio que no midiera el alcance de aquel acto 
lejislativo evidentemente nacido de su sujestion 
i que equivalía al mas evidente i osado rompi- 
miento de un tratado vijente i acatado. 

Por lo mismo, quiso en su ejecución proceder 
el astuto caudillejo con calma i darse tiempo pa- 
ra sondear la intensidad del calor en la nueva 
zona a que descendia su tenebrosa política. El 
gobierno de Daza resolvió aguardar, i esto con 
calma tan estoica, que habiendo reclamado el En- 
cargado de Negocios de Chile en La Paz, don 
Pedro Nolasco Videla, por instrucciones termi- 
nantes de su gobierno, contra la resolución de la 
Asamblea por nota de 14 de julio de 1878, el ga- 
binete boliviano echó el pliego eü sus cajones co- 
mo para no acordarse mas del asunto. 

Fué preciso que el representante de Chile ins- 
tase por segunda vez i con mayor apremio el 15 
de noviembre, esto es, cuatro meses i diez correos 
mas tarde, en virtud de nuevos aunque vagos 
anuncios de vijencia para aquella lei temeraria i 
desautorizada. 



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— 129 — 

El gobierno de La Paz continuaba empecinado 
en su silencio, o mas probablemente en su vaci- 
lación. Era evidente que el presidente Daza i sus 
consejeros íntimos fluctuaban, al comenzar el año, 
entre el temor i la arrogancia, entre la presa i la 
sombra que se mecia en el abismo. El impuesto, 
si bien pequeño, era tentador como dinero de fá- 
cil repartición, i por otra parte es justo confesar 
que ese j enero de gabelas está fundado en la le- 
jislacion común del pais; el indio paga en silencio 
su capitación anual, i ésta es la renta mas pingüe 
i mas segura del Estado boliviano. ¿Por qué en- 
tonces no pagaría su capitación el ingles, el es- 
tranjero, «el gringo»? 

XII. 

Otros móviles pudo también atribuirse a la re- 
solución que precipitó al gobierno de Bolivia a la 
guerra i a su perdición; pero de ellos no hemos 
encontrado hasta la hora presente la constancia 
que la historia imparcial exije a fin de dejarlos 
consignados como hechos dignos de memoria. 

¿Fué parte en su insistencia de llevi\r a cabo la 
lei de febrero el pérfido consejo del Pera? . Eso se 
ha dicho i se ha justificado con racionales induc- 
ciones, pero no con pruebas. 

¿Fué el falso concepto de debilidad que respec- 
to de Chile produjo entre alguno de sus vecinos 

HIST. DE LA C. DE T. 17 



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- 13Ó - 

la conducta prudente pero tildada de cobardía de 
su gobierno para con la República Arjentina? 
Bien pudiera que tal error fuera estímulo del 
atentado, pero el engaño no era por esto menos 
evidente. 

XIIL 

Atribuyóse también por algunos la flamante i 
poco esperada valentía del gabinete de La Paz a 
las falsas impresiones que recojiera en Cliile, res- 
pecto de la entereza de su gobierno i de su pres- 
tijio nacional, uno de sus ministros, el señor Me- 
dina Doria, secretario de Hacienda de Bolivia. 

Habia residido este funcionario una escasa se- 
mana en Santiago, acompañado del emprendedor 
i acaudalado industrial boliviano don Aniceto 
Arce; i acontecía esta visita precisamente en el 
tiempo en que mas creces i calor tomó en el Con- 
greso de Chile la cuestión arjentina, mina de 
pólvora mojada por los hielos, que no estallaría, 
por lo mismo, con la primera centella del lanza- 
fuego. Mas imbuido en falso concepto talvez por 
su propia malicia, o tomando en términos de apo- 
camiento las obsequiosas atenciones que el mi- 
nistro en funciones de Bolivia recibiera del go- 
bierno o de algunos particulares, supúsose que 
sil avieso consejo habia atizado el ánimo de sus 
colegas i lanzádolos en la calaverada de pasar la 
espada por la hoja de un tratado solemne i aven- 



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— 131 — 

tarla al aire, como si ella facera simple asunto de 
carnaval. 

No se traslució, sin embargo, ni remota vislum- 
bre de tal propósito en Chile, i respecto de su 
colega de buena compañía i de banquetes, el ca- 
pitalista Arce, súpose solamente que ocupó noble- 
mente su tiempo en visitar i reconocer nuestros 
progresos i en acopiar los medios de implantarlos 
eu su patria. 

El señor Arce contrató por una fuerte suma el 
envió del acreditado injeniero norte-americano 
Desmon, para trazar un ferrocarril de Mejillones 
a Potosí, en cuya operación sobre el terreno sor- 
prendióle al último la guerra. 

XIV. 

Sea, sin embargo, por la ilusión o el encono de 
cualquiera de estos móviles, se:i por otros de mas 
vivaz apremio interno de que mis adelante ha- 
blaremos, la consumación del golpe de mano pre- 
fKirado en el seno de la Asamblea en febrero de 
1874 fué tar.lía, pues solo con fecha tan avanzada 
como el 21 de diciembre de ese año se comunicó 
oficialmente al funcionario que Chile tenia acre- 
ditado en La Paz, el propósito inquebrantable 
que el gobierno boliviano abrigaba de llevar ade- 
lante la lei del impuesto, fuese éste del agrado o 
no de Chile, i sin tomar en la mas leve cuenta el 
tratado que abiertamente violaba. 



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— 132 - 

La larga i tormentosa negociación del salitre 
entraba en su período de crisis i desenlace: la 
guerra entro las dos Repúblicas estendia en el 
Desierto sus escuálidos brazos i el nitrato de soda 
se convertia por su propia virtud química en la 
pólvora de las batallas. 

Esto es lo que vamos a ver encaminarse por 
carril de fuego i a fatal destino en el próximo 
capítulo. 



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CAPITULO VI. 



EL EMBARGO I EL REMATE DE ANTOFAQASTA. 

Bigor estremo que el gabinete de La Paz pone en la ejecución de la leí do 
impuesto sobre el salitre de Antofagasta.^In8Ídias que se atribuyen al 
gobierno del Per(i.--Bl ministro Quiñones. — Hambre i orjía. — Espan- 
toso estado de Solivia al exijir el pago del impuesto. — Flajelo del ham- 
bre en las principales ciudades de Solivia — Centenares de muertos por 
el hambre recojidos en las calles de Oocbabamba. — ;Fué el hambre la 
verdadera causa del impuesto? — El presupuesto de Éolivia en 1879. — 
Su enorme déficit i sus uerrochos. — La riqueza del Litoral i su codicia. 
— Bsposicion que hace el gobierno de Bolivia para esplicar su actitud 
respecto de Chile. — Razones alegadas por La Democracia^ diario oficial 
de Bolivia para probar que el impuesto no violaba el tratado con Chi- 
le. — El ministro de Chile en i^a Paz es notificado de la inmediata ejecu- 
ción del impuesto el 17 de noviembre de 1879.— Su enérjica i digna 
respuesta.— Protesta del jerente de la compañía de Antofagasta. — Cu« 
rioso mandamiendo de embargo i prisión. — El jerente pide asilo a bordo 
del Blanco Encalada. — Tregua aparento. — Se permite a la barca Maida 
completar su cargamento en el puerto. — El gobierno de ChUe propone 
como última medida de avenimiento el arbitraje. — El gobierno de Boli- 
via responde con el escandaloso acuerdo de la revindicaciou de las sali- 
treras i acentúa su resolución de apropiárselas. — El prefecto de Anto- 
fagasta fija dia para el remate. — Envía Daza al coronel Canseco a An- 
tol^gasta como comandante de armas i se anuncia la solicitud del paso 
de tropas bolivianas por Moliendo. — La guerra se hace inevitable. — La 
seca de las quilas en los bosques de Arauco i temporal del 22 de enero 
en 1879 en el Desierto.^ Las autoridades de Antof abasta ejecutan irre- 
gularidades en el servicio de los vapores que constituyen actos de hosti- 
lidad para con Chile. — La guerra va a estallar. 

«Cedimos esa rejion a Bolivia en cambio do 
ciertas concesiones. jI cuál fuó nuestra recom- 
pensa? ¿Gratitud, adhesión, siquiera lealtad? Nó, 
por(}ue desde el dia siguiente comenzó Bolivia a 
aplicar tenazmente en sus relaciones con nosotros 
un sistema de política que consistia en mantener 
i respetar todas las disposiciones del tratado fa- 
vorables a ese país, i en considerar como nulo i no 
escrito todo lo que favorecía a Chile». 

{Discurso de don Isidoro Errázuris en eí meeting 
al aire liltre celebrado en Valparaíso el 12 de fe 
brero de 1879). 



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— 134 — 

ccCon posterioridad a los actos enumerados se 
celebró entre Bolivia i Chile el tratado do 1874 
que en su artículo 4.° estableció «que los dere- 
chos de esportacion que se impongan sobre los 
minerales esplotados en la zona de terreno de 
que hablan los artículos precedentes, no escedo < 
rán la cuota de lo que actualmente se cobra: i las 
personas, industrias i capitales chilenos no que- 
darán sujetos a mas contribuciones de cualquier 
clase que sean que a las que al presente existen». 

(Base tercera de la protesta del jerente de la 
compañía de Antofagasta, estendida el 28 de di- 
ciembre de 1878). 



I. 



Desde qne el gobierno de La Paz, es decir, des- 
de que el jeneral Daza, omnipotente como todos 
los presidentes caudillos de Bolivia, se resol vio ^i 
poner en ejecución la lei del impuesto sobre el 
salitre, dictada por la Asamblea de La Paz en fe- 
brero de 1878, empleó una precipitación vertiji- 
nosa en consumar el atentado. 

La lei del despojo tenia en su portada la fecha 
del 14 de aquel mes, i habia recibido el cúmplase 
del Ejecutivo una semana después, esto es, el 
23 de febrero. Mas, desde ese dia trascurrieron 
ocho largos meses sin que la voluntad soberana 
fuera cumplida. 

¿De dónde surjía ahora la prisa i el encono do 
la ejecución? ¿Era el punzante grito del hambre 
que se arrancaba de las estrañas escuálidas de la 
orjía? ¿Era la reclamación sorda del reparto en- 
tre los espoliadores? ¿O era el aguijón del odio 
que revivía, después de ^amortiguada tregua, coa 



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- 13o- 

mayores bríos? ¿O era talvez, i esta no es la mas 
desautorizada de las suposiciones para esplicar 
aquel fenómeno en gobierno de suyo tan omiso, 
que el ministro del Perú don Luis Quiñones, hom- 
bre irritable i violento, habíase puesto delibera- 
damente a empujar a los aliados secretos de su 
patria al complot que se ha llamado del salitre, 
como el de Hugo Fawkes se ha llamado, por la 
analojía de las sustancias, el complot de la pól- 
vora? 

El doctor Quiñones era hombre peligroso, i no 
hacia mucho habia sido separado de la prefectura 
de Puno por un acto de inusitada violencia ejer- 
cida sobre un diputado civilista a quien estrajo 
del tren de Arequipa a título de una deuda for- 
jada para el caso, a fin de evitar su presencia en 
la apertura del Congreso de Lima. 

El doctor Quiñones habia sido uno de los mas 
ardientes i activos manipuladores de la intriga 
tenebrosa fraguada en 1877 contra el partido 
político cuyo caudillo era don Manuel Pardo, 
conspiración subterránea pero vasta que fué co- 
nocida por el nombre singular de El Plebiscito^ \ 
según la cual el presidente Prado debia ser re- 
vestido en 1878 por el voto popular con los mas 
amplios poderes de la dictadura. Por esto al caer 
de su puesto, el prefecto Quiñones habia sido pre- 
miado con una legación vecina donde le era fácil 
representar el cómodo papel de Mefistófeles. 



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— 136 ~ 



IL 



En cuanto al hambre que hemos dado como 
motivo posible i entrañable de la loca temeridad 
del gobierno de La Paz, no hai necesidad de ocu- 
rrir a la metáfora para comprobarla. En Sucre, 
la ciudad de la amena campiña i de las quintas 
de recreo que empapa en su onda turbia el Pilco- 
mayo, murieron positivamente de hambre en el 
mes de diciembre de 1878, a consecuencia de la 
escasez de las lluvias, la merma de las cosechas i 
el ajio de los ricos, no menos de cincuenta i nue- 
ve seres humanos, i de éstos diez por haberse ali- 
mentado con sangre caliente que por caridad les 
dio a beber un carnicero, 

Pero hubo algo aun mas terrible que esto: en 
la fértil Cochabamba la penuria se habia conver- 
tido en flajelo como el cólera. Hé aquí, en efecto, 
como se espresaba en enero del año de la guerra 
la hoja mas respetable de aquella ciudad, El He- 
raldo. — «Cochabamba, deciaeste periódico, el gra- 
nero de la República, el país productor por csce- 
lencia, donde faltaban brazos para sus faenas 
agrícolas, hoi ve morir a un crecido número de 
sus hijos, bajo el fantasma abrumador del hambre. 
Imposible parece esto, i sin embargo es la mas 
triste de las verdades. El señor Mercado (del 
hospital de San Juan de Dios), nos ha suminis- 



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^ 137 — 

trado los datos que publicamos a continuación i 
de cuya exactitud no hai cómo dudar. 

i>Del I."" al 20 de enero, han sido recojidos en 
las calles i conducidos al hospital 81 cadáveres a 
causa del hambre. Del I."" al 20 del mismo mes, 
han muerto en el hospital de miseria i hambre 
125 personas. Total en veinte dias 206 víctimas 
de la penuria: es decir, diez por día. 

j)En Tarata sucumben diariamente ocho o diez; 
en Punatá, a lo menos otro tanto; en Araní i Cli- 
za no deja de haber bastantes víctimas i hasta en 
Torata la mortandad por causa de la miseria es 
espantosa:» « 

I esto acontecía en las rejiones de suyo feraces 
i cultivadas, en los Yungas, en los valles, en las 
ciudades. ¡Cual seria la desolación del páramo! — 
<rEn Lircay i en Caracato, decia La Democracia 
de La Paz por ese mismo tiempo, han muerto en 
un dia el señor cura Butrón, el escolástico Marín, 
un soldado caballerizo i una rabonaD. 

Sucumbían de esta suerte a la miseria hasta 
los sacerdotes, i por ese solo dato será dable apre- 
ciar la terrible intensidad de aquélla. — «Los pe- 
riódicos venidos de Bolivia, decia la prensa de 
Antofagasta en fecha 20 de enero de 1879, traen 
noticias mui dolorosas de la miseria que sufren 
las poblaciones de Cochabamba, Potosí i Sucre: 
en la primera de éstas se ve una multitud de 
mendigos, qué faltos de trabajo i de alimento va- 

mST. DE LA C. DE T. 18 



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— 138 — 

gan por las calles, ofreciendo un espectáculo dig- 
no de lástima. 



IIL 



Bajo el punto de vista de las finanzas jenerales 
del país, la situación no era menos angustiosa i 
ocasionada a los peligros de la tentación contra 
el bien ajeno. Para el año que comenzaba con las 
fiestas del natalicio del presidente Daza i su dis- 
fraz de carnaval, tenia, en efecto, la desventurada 
Bolivia, un presupuesto de gastos de 2.743,040 
pesos i de estos, ademas de las ovenciones para 
festines de palacio i para toros, cabian veinte mil 
pesos al jefe de estado, i cinco mil pesos a cada 
ministro i doscientos pesos mensuales a cada uno 
de los 82 diputados de la altiplanicie, a mas del 
dilatado leguario que se cobra en ese país de ba- 
ratas muías i de larguísimas distancias, a razón de 
un peso veinte centavos por legua i por diputado. 

El cálculo máximum de las entradas subía a 
1.870,386 pesos, de suerte que el déficit quedaba 
condensado en la suma de 872,657 pesos. Era esto 
otro jénero de hambre que apretaba en las alturas 
tanto cuanto la agonía de la penuria en las en- 
trañas de los miserables. I habia en todo esto de 
curioso que era la provincia del Litoral la que 
estaba llamada a hacer frente con sus riquezas, 
todas de oríjen i sustentación chilena, a aquel 



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— 139 — 

eterno derroche, porque sus entradas figuraban 
casi en la mitad justa del cálculo total del presu- 
puesto, o sea en 924,100 pesos. (1) 

Bajo tales auspicios i en mengua de los mas ele- 
mentales sentimientos del deber, del honor i de la 
humanidad, el gobierno de Bolivia, acosado por sus 
propios escesos i cobrando brios en ajena i dema- 
siado prolongada tolerancia, envió en consecuen- 
cia, su reto con voz de alzado estando moribundo. 

(1) £stas rentas estaban distribuidas en la forma siguiente: 

1 Aduanas del Litoral | 300,000 

4 Huanos del Litoral 300,000 

5 Derechos de metales de plata (Litoral) 200,000 

7 Arrendamiento de las salitreras de Toco 120,000 

15 Patentes sobre salitres de Toco k 4,100 

Total $ 924,100 

Con el impuesto de los diez centavos establecido para comen- 
zar, el rendimiento del Litoral iba a ser de mas de un millón 
de pesos, i esto es lo que Bolivia, como el perro de la fábala, 
perdió por la codicia de sus mandones. 

Según estudio publicado en La Patria de 29 de marzo de 
1872 sobre el presupuesto de Bolivia, la renta propia del Lito- 
ral ascendia a 251,126 pesos, la misma que en sus sueldos i 
prebendas consumía. Pero según el cónsul de Chile en Antofa* 
gasta en nota a su gobierno de 25 de febrero de 1879 (cuando 
aquel funcionario era ya gobernador), el escándalo i el derroche 
tenian mayores proporciones. 

«El presupuesto de la administración boliviana de este de- 
partamento de Cobija, decia el señor Zenteno, asciende como a 
380,000 pesos, siendo la producción de esta aduana de Antofa- 
gasta de trescientos cincuenta mil ($ 350,000), mas o menos. 
Bajo la administración de Chile, ya sea por la buena reglamen- 
tación i pureza en el manejo del tesoro, ya por el probable in- 
cremento comercial e industrial, esa producción se elevará a 
mucho mas de un tercio; i el presupuesto de administración, aun 
siendo provincia, seria cuando mas la mitad de aquélla. Esto, 
dejando los derechos de importación tales como están:». 



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1 



~ 140 — 

IV. 

Daba el ministro de Relaciones Esteriores de 
Bolivia, por razón del atentado internacional que 
iba a consumarse, la de que se trataba simplerneU'- 
te del cumplimiento de un acto de soberanía na- 
cional; que el negocio sobre que ésta recaia era 
de carácter privado i contencioso; que el impues- 
to era el resultado de una transacción entre par- 
tes; que la propiedad sobre que la gabela recaia no 
habia perdido su carácter de dominio publico del 
estado. Fundábase, por último, en que puesta la 
lei de la Asamblea en conocimiento del Jíírente 
de la compañía de Antofagasta, el caballero in- 
gles don Jorje Hicks, éste no habia protestado ni 
en su nombre ni el de sus mandantes. 

Opuso mas tarde aquel representante legal la 
cscepcion de que el último hecho alegado por la 
cancillería boliviana era completamente falso, 
pues, si no pretestó contra el gravamen, fué por- 
que nunca se puso en su noticia la lei que lo es- 
tablecia. 

Pero aun estando aparejados por la justicia to- 
dos los motivos que el gabinete boliviano apunta- 
ba en su razonamiento para llevar a cabo un acto 
soberano, no paraban mientes sus hombres públi- 
cos i de mayor edad en un hecho sencillo, posi- 
tivo i evidente como la luz, que echaba al suelo 
como un castillo de hojas de cartón todo su ar- 



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— 141 — 

gamento: i ese hecho era que la lei iaternacional 
en que buscaban amparo estaba radicalmente mo- 
dificada por el mismo tratado internacional de 
honor i de fe pública que eximia, bajo la garantía 
espresa Je Chile i su palabra empeñada, la indus- 
tria salitrera del Litoral, de todo impuesto duran- 
te el término de veinticinco años cuyo pacto ha- 
bla comenzado a rejir hacia solo cuatro. (1) 

Por eso, i con sobrada razón, el representante 
de Chile, al recibir el 17 de diciembre de 1878, 
la nota de esa misma fecha en que el ministro 
don Martin Lanza le anunciaba la resolución irre- 
vocable de cobrar el impuesto, daba por su parte, 
por roto el tratado de 1874, i arrojaba sobre los 
detentadores empecinados en atropellarlo, todas 
las responsabilidades de su insensata petulancia. 



(1) Hé aqaí la argamentacion que a propósito del tratado i 
para hacer creer aue el impuesto no vulneraba, hacia La De- 
mocracia, diario oficial de Solivia, al comentar las objeciones 
del ministro de Chile. — «Que! El tratado de 1874, obra de la 
fraternidad, importaría la tutela por veinticinco años de Chile so- 
bre Solivia? Eso nadie lo pretenderá, ni nadie lo consentirái». 

I en seguida la misma publicación oficial agregalia: 

«Una vez que el señor ministro de Relaciones Esteriores de 
Chile, por su oficio de 5 de noviembre último, exije perentoria- 
mente la suspensión definitiva de dicha lei, el gobierno de Soli- 
via ha debido pronunciarse decididamente i lo ha hecho orde- 
nando la ejecución de la lei. 

>El señor ministro de Hacienda ha caracterizado con severa 
lójica la naturaleza del asunto, que ciertamente nada tiene de 
subditos chilenos, para que se pudiera creer afectado el tratado 
de 1874, sino de concreto, especialmente individual i de un con- 
trato particular, basado en la recíproca conveniencia de las par- 
tes contratantes, i por consiguiente, librado a voluntad esclusí- 
va de ellas^. 



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— 142 — 

Qaedaba todavía como última ancla de salva- 
ción en el conflicto, la provisión del arbitraje, con- 
sultado junto con la exoneración de ga velas, en el 
tratado de 1874; pero el gabinete de La Paz habia 
cerrado los ojos a toda vislumbre de razón, tanto 
era su aprieto, el mal consejo ajeno o la ira com- 
primida que guardaba en su ánimo contra sü ve- 
cino i copartícipe en el Desierto. — «Agotados e«tos 
medios, decia en consecuencia el enviado de Chile 
al ministro de Relaciones Esteríores deBoliviaen 
el mismo dia ya citado (diciembre 17) en que re- 
cibia aquél la comunicación del cobro como un 
simple deudqr constituido en mora, agotados estos 
medios i en presencia del oficio de V. E., fecha 
de hoi, que tengo a la vista, cumplo con el so- 
lemne i doloroso deber de declarar a V. E., a nom- 
bre de mi gobierno, que la ejecución de la lei que 
grava con un impuesto a la compañía de salitres 
i ferrocarril de Antofagasta, importa la ruptura 
del tratado do límites de 6 de agosto de 1874, hoi 
vijente entre Chile i Bolivia, i que las consecuen- 
cias de esta declaración serán de la esclusiva res- 
ponsabilidad del gobierno de BoliviaD. 



V. 



Pero el dictador boliviano estaba resuelto a 
todo trance; i con esa sufrida pero inalterable es- 
tcicidad ai mará que es característica de la vida i 



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— 143 — 

de la rázon entumecida por la puna en la altipla- 
nicie, dispúsose a llevar a cabo su temeridad a la 
par con su cobranza ejecutiva, a manera i con 
apremio de alguacil. 

En el mismo dia en que se notificaba diplomá- 
ticamente al ministro de Chile en La Paz el acuer- 
do definitivo del gobierno, despachábanse, en efec- 
to, desde esa ciudad, loa pliegos judiciales que 
debian servir en el Litoral al prefecto de Antofa- 
gasta don Severino Zapata, para percibir la suma 
de 90,848 pesos bolivianos, que por el derecho de 
diez centavos por quintal español corréspondia a 
la compañía de Antofagasta pagar al erario boli- 
viano desde el dia en que se dictó la lei, reagra- 
vándola así con un efecto moral retroactivo a la 
vez que en la forma el mandato era brutal. 



VL 



Llegó esta resolución inapelable a Antofagasta 
el 28 de diciembre de 1878, i notificado el jeren- 
te de la compañía, protestó a las once de la noche 
de aquel propio dia, haciendo estender al notario 
público del desierto don José Gabriel Paz un es- 
tenso instrumento judicial en que aducía todas 
las razones de hecho i de derecho que le autori- 
zaban para negarse a ejecutar el pago con que 
ejecutivamente se le conminaba. — o: Por esto, 
decía ese perentorio i comprensivo documento al 



V. 



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— 144 — 

terminar, a nombre i en representación de la 
I compañía chilena de salitres i ferrocarril de An- 

tofagasta, de que soi administrador,"^ protesto una, 
dos, tres i cuantas veces el derecho lo permita, no 
solo contra la lei del 14 de febrero último dictada 
por la Asamblea Nacional Constituyente de Soli- 
via, sino contra todo embargo, retención, i en una 
palabra, contra todo acto encaminado a hacer 
efectivo el impuesto por dicha lei establecido, 
cualquiera que sea el poder, autoridad o persona 
de que procedan dicho embargo, retención o acto. 
Protestando asimismo cuantas veces el derecho 
le permita, reservar a la compañía que represento 
la integridad de todos i cada uno de los derechos 
que le asegura la transacción aprobada en 27 do 
noviembre de 1873, i el artículo 4.° del tratado 
con Chile; para que pueda hacerlo valer ante quien 
creyere correspondiente, i en la forma i vía que 
mas estimare conveniente», (1) 

( I ) En este mismo documento el jerente Hicks denegaba la 
efectividad de haber sido oportunamente notificado en los cla- 
ros términos siguientes. 

«Asimismo protesto contra la asevendad del señor ministro 
de Hacienda en su oficio dirijido al señor ministro encargado de 
negocios de Chile, fechado en La Paz el 11 de diciembre del 
presente año i en su oficio del 17 del mismo dirijido al señor 
prefecto, en los cuales se espresa (jue yo, como representante de 
la compañía de salitres i ferrocarril de Ántofagasta, he sido no- 
tificado de la modificación que la lei de 14 de febrero del presen- 
te año trató de establecer en contra de la transacción de noviem- 
bre 27 de 1873, puesto que hasta esta fecha no he recibido no- 
tificación alguna relativa a la espresada modificación i esto lo 
^ confirma la no existencia de documento oficial en el que mi fir- 
ma hiciera constar la referida notificación». 







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— 145 — 



VIL 



Insistió el prefecto por sn parte en el exacto 
cumplimiento de sus instrucciones, i él 6 de enero 
de 1879 dictó aquel funcionai'io, juez i parte, con- 
socio i alguacil, un auto de pago que como el 
acero de la espada i el mazo del martillo no tenia 
réplica ni dilación. I como aun contra aquél pro- 
testara el representante de la compañía, el fun- 
cionario boliviano, tan resuelto al atentado como 
sus mandantes de La Paz, formuló el 11 de enero 
el siguiente peregrino acuerdo de embargo, es 
decir, de apoderamiento por la fuerza, del total 
de la cosa disputada. 

«En nombre de la lei. — El ciudadano Se veri no 
Zapata, prefecto i superintendente de hacienda i 
minas del departamento, ordena i manda: que el 
dilijenciero de hacienda José Félix Váida, apre- 
mie i conduzca a la cárcel pública a Jorje Hicks, 
jerente i representante de la «compañía de sali- 
tres i ferrocarril de AntofagastaD, deudor al fisco 
de la cantidad de noventa mil ochocientos cuarenta 
i ocho pesos bolivianos trece centavos. 

D A^simismo, trabará embargo de los bienes de 
dicha compañía, suficientes a cubrir la cantidad 
adeudada, depositando en persona abonada i fia- 
ble por derecho, pues que así se tiene mandado 
por decreto feclia 6 de los corrientes. 

HIST. DE LA C. DE T. 19 



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— 146 — 

)) Requiero a todos los depositarios de la fuerza 
pública, presten los auxilios necesarios para la 
ejecución de este mandamiento. 

^Severmo Zapata. 
DÁntofagasta^ enero 11 de 1879.» 

VIII. 

Trabóse el embargo del insolente i desmanda- 
do despojo, en los edificios i maquinaria de Anto- 
fagasta, sobre los rieles i material rodante de la 
línea férrea i especialmente sobre el salitre ya 
elaborado i listo para despacharse al estranjero 
que existia en la playa i almacenes. 

I como si fuese un caso ordinario de ejecución 
sobre deudor irresponsable constituido en mora, 
llevóse aquello adelante por sus trámites i plazos, 
abreviándolos. En vano fué que el cónsul jeneral 
de Chile, don Salvador Reyes, entablase en el 
mismo dia del embargo una especie de tercería de 
dominio a nombre de Chile pidiendo copia de lo 
cobrado, porque la autoridad boliviana rechazó 
perentoriamente su personería, aun para obtener 
los traslados solicitados oficialmente a nombre del 
pais amigo en cuya representación i por cuyo de- 
recho se pedian. 

La insolencia del procedimÍ3nto guardaba per- 
fecta consonancia con la temeridad de la espolia- 
cion. 



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- 147 -' 



Fax el mismo (lia i hora ea que el embargo 
quedó trabado por el orijinar personaje que en 
Bolivia llámase el dílijenciero, como si fuera pos- 
tillón, i no habiendo sido liabida la persona del 
júrente Hieks, nombróse depositario conforme a 
la lei boliviana, al promo dilijenciero del lugar, 
don Eulojio Alcalde. El jerente de la compafíia 
requirió asilo a bordo del blindado chileno Blanco 
Encalada^ ya surto en la bahía, a prevención, i 
sin dificultad lo obtuvo. 

IX. 

Creyóse mitigado un tanto el ardor de la fulmi- 
nante persecución contra la compañía, a conse- 
cuencia de haberse permitido el dia 14 de enero 
el embarque de cinco mil quintales de salitre para 
completar el cargamento de la barca Mcdáa, re- 
tenida en el puerto; pero después de unej. corta 
pausa provocada por el curso de las negociaciones 
de arbitraje o aplazamientos emprendidas en La 
Paz (1), aparecieron en la superficie dos incidentes 



(l) La Democracia del 22 de enero de 1879 se espresaba en 
los términos signiontes sobre la negociación de arbitraje pro- 
puesta por el gobierno de Chile: 

«El señor Encargado de Negocios do Chile se ha dirijido a 
nuestro gobierno, anunciándole que el de Chile está dipuesto a 
que la cuestión sea decidida por arbitraje, siempre que el de Bo- 
livia retire la orden de ejecución de la lei de 13 de lebrero». 

I píKío mus tarJü el CaracoUno, periódico del Litoral, varias 
veces citado en este libro, agregaba sobre el mismo particular 
lo siguiente : 



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— 148 — 

coetáneos de tal gravedai que equivalían de he- 
cho a una declaración de guerra, porque, por una 
parte, el gabinete boliviano mandaba suspender 
la lei del impuesto (lo que ponia de manifiesto su 
ardid al aseverar que la guarda del honor nacio- 
nal no le per mi ti a otorgar esa suspensión), i al 
propio tiempo que en el Litoral se citaba de re- 
mate al ájente de la compañía i al dilíjenciero 
depositario, re vindicábase do hecho a nombre de 
la nación la propiedad de la cosa litijiosa, destru- 
yendo por su base el juicio contencioso iniciado 
por una de las partes, que era el gobierno de Bo- 
livia, dilijenciero i depositario, martiliero i defrau- 
dador, todo a la vez. 

X. 

En el. próximo capítulo de esta historia toma- 
remos en mas minuciosa cuenta estas negociacio- 
nes i estos acuerdos; pero lo que desde luego ^ 
habia de verdaderamente insólito i estra vagan te 
en la última solución, era que el gabinete de Bo- 
livia, a semejanza de los alquimistas, cuando 

<íEl Encargado de Negocios de Chile en La Paz ha reabierto 
sus relaciones con el supremo gobierno, pidiendo el arbitraje 
para resolver la cuestión con la compañía de salitres i ferroca- 
rril de Adtofagasta. 

dNo se habia contestado hasta la salida del correo la nota 
del señor Videla i se creiajeueral mente en La Paz, que se exi- 
jiria previamente que el gobierno de íSautiago retirase al Blanco 
Encalada de las aguas de Bolivia para entrar a discutir la cues- 
tión». 



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— 149 — 

creían haber descubierto la piedra filosofal para 
convertir el pedernal en oro, mostrábase sincera- 
mente ufano i satisfecho con la teoría de la re vin- 
dicación inventada en el consejo a última hora, i 
esto a tal punto que, cuando el secretario de la 
legación de Chile entró al despacho del ministro 
Reyes Ortiz, presidente del gabinete, para hacerle 
ver, a guisa de despedida diplomática, que aque- 
lla resolución era la guerra, contestóle aquél con 
pudibunda sorpresa que eso habia hecho precisa- 
mente «para complacer al gobierno de Chile», 
puesto que se suspendía la cobranza del impuesto, 
dejando así incólume el tratado de 1874, único 
motivo de la queja i jestion internacionaL 

En cuanto a la re vindicación de aquella parte 
del territorio boliviano, esa era simplemente, al 
sentir del ministro Reyes Ortiz, una cuestión pri- 
vada con los ingleses de Antofagasta que en nada 
afectaba al cumplido i celoso gobierno de Chile. 

¡A grado tal suele llegar en algunos pueblos el 
pervertimiento de la conciencia moral por la chi* 
cana i el fraude! I aunque el hecho parezca inve- 
rosímil, era por esos dias (a mediados de febrero) 
cosa corriente en La Paz que la cuestión interna- 
cional estaba terminada desde que se habia satis- 
fecho la pretensión de Chile sobre la suspensión 
del impuesto. 

En lo único en que no fijaban su atención los 
doctores de la altiplanicie, era que al derecho 



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— 150 — 

accesorio sobre la cosa reclamada habíanlo con- 
vertido en la cosa misma, centuplicando por este 
procedimiento desvergonzado el escándalo del 
despojo. En lugar de una fracción, finiquitaban el 
entero, i condonando los noventa mil pesos del 
derecho, se hacian dueños de seis millones, im- 
porte calculado a la sazón de la empresa de An- 
tofagasta, 

¡I esto, en aquel país insano, llamábase senci- 
llamente equidad! 



XI. 



Entretanto, el dia definitiva e irrevocablemen- 
te fijado para el remate de las propiedades sali- 
treras de Antofagasta, cabia el viernes 14 de febre- 
ro de 1879, el aniversario preciso de la fecha en 
que la Asamblea de LaPaz habia espedido la lei 
que desde aquel momento se convertirla por reta- 
liación en una ocupación militar i en una guerra. 

El inconsulto gobierno de Bolivia pasaba de la 
provocación diplomática a la presión de hecho, 
i en los primerob días de febrero llegaba a Anto- 
fagasta el coronel Ganseco encargado por el pre- 
sidente Daza de reforzar la autoridad del sub-pre- 
fecto Zapata, en calidad de comandante de armas 
del Litoral. 1 aun díjose entonces que el gcibinete 
boliviano habia solicitado del gobierno del Perú 
el paso de un cuerpo de tropas por Puno, Arequi- 



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— 152 — 

to Antofagasta i Caracoles quedaron completa- 
mente ilesos en las dos estreníidades de la zona 
recorrida por el huracán. 

Tuvo lugar este singular cataclismo el 12 de 
enero de 1872, en los momentos en que comenza- 
ba a arreciar con mayor fuerza la borrasca polí- 
tica que traia todos los ánimos preocupados i las 
frentes sombrías en la redondez del Desierto. 

XIII. 

La hora suprema del choque no podia ya tar- 
dar. — «Anoche, decia un telegrama oficial de An- 
tofagasta del 6 de febrero, anticipando un tanto 
las horas i los sucesos, en virtud de la irradiación 
del calor i de la alarma, anoche se ha sabido de 
una manera fidedigna que han llegado del interior 
trescientos soldados de línea; aun no se dice si a 
Caracoles o si ya están en el Salar del Carmen.» 

I en seguida comentando actos oficiales de ín- 
dole diversa, daba cuenta de cómo se ponian en 
obra actos de verdadera hostilidad i estratejia de 
guerra como los que en seguida copiamos de co- 
municaciones oficiales i telegráficas de aquella 
misma fecha (febrero 6) . 

<iEl vapor Limari que pasó ayer al Sur, fué 
despachado de Antofagasta sin los papeles en de- 
bida forma. El consulado ignoró la salida de ese 
vapor, pues no visó dichos papeles. 



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— 153 — 



«Al Matías Gousiño B3 trató de demorarlo con 
pretestos insignificantes, queriendo también obli- 
garlo a seguir viaje hasta AricaD, 



ANEXOS AL CAPITULO VL 



CARTA DEL PRESIDENTA DAZA. 

La carta siguen te circuló en Santiago i Valparaiso poco después de la 
ocupación de Antofagasta, i fué mal válido que era auténtica. Sin embar- 
go de contener una alusión mui precisa al tratado secreto de 1873 (que 
entonces era un misterio) no hai motivos suficientes para creerla verdade- 
ra, tanto mas cuanto que se dijo en Chile era de puño i leti-a del presiden- 
te Daza, esfuerzo a que rara vez i con poquísima fortuna se entregaba 
aquel mandatario. 

Hubo, es cierto, una carta de Daza a Zapata, fecha 5 de febrero, en que 
le estimulaba eo la enerjía i le hacia entrever la alianza del Perú. Pero 
en ella no hablaba de gringos. Esa carta fué enviada orijinal al presiden- 
te Pinto por el coronel Sotomayor con el señor Evaristo Soublette. 

Por mera curiosidad histórica reproducimos la que publicó EL Indepen- 
diente de Santiago que fué el primer diario que la dio a luz el 25 de febre- 
ro de 1879, i dice así; 

«Mi querido amigo: Tengo una buena noticia que darle. He 
fregado a los gringos decretando la revindicacion de las salitre- 
ras i no podrán quitárnoslas por mas que se esfuerce el mundo 
entero. Por lo demás Ud. verá si conviene mas arrendarlas o es- 
plotarlas por cuenta del Estado. 

]>Espero que Chile no intervendrá en este asunto empleando 
la fuerza; su conducta con la Arjentina revela de una manera 
inequívoca su debilidad e impotencia; pero si nos declaran la 
guerra, podemos contar con el apoyo del Perú, a quien exy iremos 
el cumplimiento del tratado secreto. Con este objeto voi a enviar 
a Lima a Reyes Ortiz. 

i^Ta ve usted como le doi buenas noticias que usted me ha de 
agradecer eternamente; i como le dejo dicho, los gringos están 

HIST. DE LA C. DE T. 20 



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*- • _ 164 -^ 

oompletameate fregados i los chilenos tienen que m*order i re- 
ckoGiar, ntlda mas. 

^Manténgase usted con enerjía i no tema, porque en mí ha- 
llará todo apoyo, desde que su conducta es en bien de Solivia i 
yo no tengo otro anhelo que el bien de mi patria. 

D Esperando que así lo haga usted i que se conserve bueno, lo 
saluda su amigo i compatriota 

H. Dazad. 



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CAPITULO VIL 



EL ARBITRAJE I LA REVINDICACION. 

Estado de los ánimos alpavecer la cuestión de Antofagasta con Boliyia. 
•^Causas qne minoraban la importaneia i la inminencia de esta cues- 
tión internacional. — La cuestión arj entina ; i saa debates» — rlnflue^c^i 
del feriado en la política intemacional.---La campaña electoral en ple- 
no yigor. — Composion i debilidad orgánica del gabinete. — Pon JB^qUm- 
rio Prats. — El seflor Fierro. — El mmistro de la gnerra don Cornelío 
Saavedra. — £1 gabinete chileno se inclina al arbitraje i lo p^^ppne, Qpin- 
cidiendo con nna insinuación análoga pero falsa' del gabinete de feoíivia. 
— El arbitraje era un ardid para los bolivianos i UQa ce)a4& par^^ e^ go- 
bierno de Chile. — Mientira negocian, aquéllos consuman el embargo i 
remate de las salitreras de Antofagasta. — Descomedida n^tiya.d(ai, p(re- 
fecto Zapata para suspender el apremio mientras se debatía el arbitraje. 
— ^Negociaciones en La Paz.-*-Carácter i antecedeni^Bs del Encarg^ido de 
Negocios de Chile don Pedro Nolasco Videla, i sü noble conducta* — Los 
diplpmáticos inválidos.— Última burlajde^ gohippio ^e ^oUvia ^ pre^tes- 
to de la presencia del Blanco Encalada en Antofagasta. — El gobierno 
de Chile abre al í)n los ojos. — ^Autoriza a su rep^reepntaAte .en La Pfiz 
para retirarse. — El gobierno de Bolivia arroja la máscara, revínaica las 
salitreras i nombra ministro, de Bejapiones esteriores a.^pn Julio3Ten- 
dez, él mas encarnizado enemigo de Chile en aquel país. — Llega el 11 de 
febA^o el telegrama del señor Videla en qne anuncia la revin4icacion. 
— Indignación pública i junta de gobierno en Valparaíso. — Infltiencia 
en sus consejos i resolnciones atribuida^adon Francisco P^elma. — ^íedi- 
das militares de la primera hora.— 8u resuelve el desembarco de fuerzas 
en Antofagasta sin notificación previa i si o el concurso- del Congresq pi 
del Consejo de Estado. — Juicio sobre este acto. — Apreciaciones del Dia- 
rio Oficial i movimiento en la opinión. — Se convoca al pueblo a meetiñgs 
patrióticos. — Gran reunión al aire libre en Valparaíso el 12 de febrero, i 
sus conclusiones.-^Fvanca circular telegráfica del ministro Prats. en el 
mismo día. — Comienza de hecho la guerra cou Bolivia. — Texto del de- 
creto de revindicacion del gobierno de Bolivia — l^otaen qu^ el gpbier^ 
no de Chile propone el arbitraje. — Comunicación del ministro boliviano 
inteiTumpiendo ias negociaoiojies con motivo de la p^^esencia-flel íUqneo 
EncaXctda en Antofagasta. — Última nota del gobierno boliviano. 

cEl nitrato quitó la sordera a nuestro gobier- 
no^ i pudo mas en el ánimo de él esa sustancia 



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— 156 — 

que la inmolación de Andrade, de Amagada i 
muchos otros ciudadanos chilenos injustamente 
asesinados en este mineral i un centenar de otros 
que han corrido la i misma suerte en lo que, 
en aquel tiempo, se llamaba el Litoral holivia' 
no, 

(Carta inédita del ex-cónsul de Chile en Cara- 
coles don Enrique Villegas. — Caracoles, enero 6 
de 1880). 



Las nuevas de los graves acontecimientos que 
hemos dejado en bosquejo en los capítulos prece- 
dentes, comenzaron a llegar a Chile juntamente 
desde el Ijitoral i desde la altiplanicie de Solivia, 
envueltas en el velo de la diplomacia, en la pri- 
mera quincena de enero de 1879, i es preciso re- 
conocer que preocuparon los espíritus mui super- 
ficialmente. \ 

No se temia a Bolivia. Contemplábasela ^or 
muchos como sometida a una especie de tutela 
moral i protectora por parte de Chile, cual la qüe 
la Inglaterra, por ejemplo, ha ejercido en nacioV 
nes que son tributarias de su comercio i de su po 
derío. I los que no albergaban ese jénero de acó 
modaticias ideas, sentían algo que participaba d 
la lástima i de la* resignación por aquel país des 
venturado i falaz, al cual estábamos acostumbra-, 
dos a mirar con la induljencia del fuerte i áel\ 
acreedor que no se halla dispuesto, en guarda de \ 
su dignidad, a convertirse en alguacil. 



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— 167 — 



II. 



Por otra parte, la preocupación dominante i 
absoluta de la época era la grave cuestion-arjen- 
tina que habia llevado a un tiempo i como de re- 
bato la mano de los dos paises andinos a la rabiza 
del cañón. Todas las miradas estaban fijas hacia 
la rejion austral cuando lució la luz i cambió su 
vieja túnica el año de zozobras que espiraba: de 
suerte que cuando apareció en nuestro diáfano 
cielo intertropical el primer vapor de las animo- 
sidades que se alzaba, recalentadas por la refrac- 
ción del sol de enero las arenas, creyóse solo que 
era vagarosa nubecilla, simple bostezo matinal 
del avanzado estío. 

Por esto, en el preciso dia en que fué aprobado 
el pacto de tregua con la República Aij entina, el 
martes 14 de enero, por una mayoría que equiva- 
lia a una gran victoria parlamentaria para el gabi- 
nete Prats-Saavedra-Fíerro (58 votos contra 8), 
un diarista acreditado de la capital, poniendo su 
lente al ojo i asomándose por la ventana que mi- 
raba al setentrion, limitábase a decir con cierta 
jentil ináifeTeucis,: —Vtielve la nube. . . . 

Mas, a la manera de lo que acontece en las bo- 
rrascas del mar que traen aparejados en su furia 
inevitables naufrajios, el huracán no habia hecho 
sino cambiar de foco. El aquilón se aplacaba por 



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— 158 — 



el medio dia para saltar al rumbo opuesto del 
compás. 



III. 



Existían en otro sentido diversas causas para 
mirar sin alarma los acontecimientos que surjian 
en este lado del Pacífico. En primer lugar, su pro-r 
pia entidad i su carácter intrínsico de negociación 
privada hacia presumir que se llegaría a un ave- 
nimiento entre las partes comprometidas, hacien- 
do los interesados en el salitre algún sacrificio de 
forma de dinero: i el gobierno mismo, fatigado de 
la ardiente lucha que habia sostenido en el Con- 
greso para silenciar los recelos ii las susceptibili- 
dades patrióticas o meramente políticas de los 
partidos o grupos de partido que en el desarme 
jeneral lo combatían, parecía dar alas a esa creen- 
cia con la suya i su conducta, 

Era, por otra parte, aquélla la época en que 
Chile se convierte en mies i la míes en troj de 
placer, de ocio i dispersión, descompajinándose el 
gobierno como si fuera libro mal cosido por mano 
de burdo aprendiz. Algunos de los ministos se ha- 
bían dirijido a formar corte a Valparaíso, otros 
buscaban el solaz de sus propiedades rurales o de 
sus quintas de recreo. En el feriado de Chile el 
gobierno se convierte en una especie de res mi- 
llius, al punto que la autoridad de mayor nota 



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— 159 — 



que queda de rezaojo en Santiago, es la del segun- 
do comandante del cuerpo de policía, i en ciertos 
dias, un simple capitán. 



IV. 



una razón diversa pero de n\ayor potencia se 
imponia también a aquel reposo en la vida inter- 
nacional del país: i era la de que los ministros, no 
obstante la feria veraniega, necesitaban consagrar 
todo lo que no exijia de ellos el descanso o el pla- 
cer, a la campaña electoral que se abría junto 
con las trillas. Por un camino u otro, era preciso 
echar al país elector en la era, i en pos de él los 
capataces adiestrados en la brutal tarea. La in- 
tervención no ha sido nunca en Chile sino una es- 
pecie de trilla en la cual los empleados públicos, en 
el orden jerárquico de intendente a celador, son los 
que corren i azotan, i así queda hecha la parva. . . 

Por lo demás, en este país de labor infinita, la 
única cosa que no tiene feriado es la política. 



V. 



La composición misma del ministerio no se 
prestaba a empresas de valentía i vasto alcance 
en el campo de las relaciones internacionales de 
la Eepública, en especial después de haber arros- 
trado con pechos debilitados la acometida de los 



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— 160 — 

pelotones políticos i de sus mas brillantes orado- 
res en la reciente batalla parlamentaria. 

Su jefe, el señor Prats, joven de indisputable 
talento i dotado de la suficiente resolución para 
sostener su política interna a cierta altura, no es- 
taba secundado ni por el país, ni por sus propios 
colegas, menos por el jefe del Estado, como los 
hechos no tardaron en demostrarlo. Era un mi- 
nisterio de coalición que, como todos los de su 
especie, llevaba la muerte en sus entrañas desde 
el momento de nacer. 

El señor Fien*o,que representaba en el gabine- 
te el matiz antiguo ya casi incoloro del radicalis- 
mo perdido en sus' continuas i recientes transac- 
ciones con el poder, albergaba junto con ánimo 
inesperto, juventud i patriótica intención: pero su 
aislamiento político i la poca preparación de su 
carrera no le abrian horizontes de éxito en una 
contienda en que el país necesitaba comprometer 
con uniformidad i vigor todas sus fuerzas. 

Atribuíase mas entereza i mayor influjo en el 
ánimo, de suyo apocado e indeciso, del presidente 
de la República, al ministro de la guerra, el coronel 
don Cornelio Saavedra^ que habia recibido encar- 
go del partido personal a que se habia afiliado, de 
representarlo ante aquel alto funcionario, tan en- 
cumbrado por el acaso como débil en su estructu- 
ra moral, especialmente en la hora de prueba que 
la urna iba a abrir para los hombres i los caudillos 



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— 161 — 

temidos mas que amados por el país. En el cam- 
po de la política interna, el ministro de la guerra 
mas que un jeneral en campaña era un centinela 
en la puerta de la tienda. 

En otro sentido, su propia posición de amigo 
íntimo de los principales i mas afortunados tene- 
dores de los bonos i de la empresa salitrera de 
Antofagasta, le colocaban, respecto de la actitud 
amenazante de Solivia, en una posición delicada 
que compremetia hasta cierto punto su acción i 
lo privaba del relieve i la fortuna con que ha- 
bia ocurrido hacia poco al apaciguamiento de la 
escandecente cuestión, llevada en esos dias hasta 
el calor del fuego rojo, quoicl país, impaciente por 
un desenlace, ventilaba desde hacia treinta años 
con la República Arj entina. 



VL 



No tuvo por esto nada de estraño que, ex\ las 
primeras horas del conflicto con Solivia, el go- 
bierno chileno se sintiera inclinado a encarrilarlo 
por el blando sendero de las negociaciones a me- 
dias i de los pactos a plazo. 

Cuando se consumaban en Antofagasta los 
atentados judiciales de que hemos hecho larga 
mención en el capitulo que procede, i cuando era 
notificado de embargo el j érente délas salitreras 
de aquel Litoral, ejecutándose aquél por los dilijen - 

HIST. DE LA C. DE T. 21 



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— 162 — 

cieros, sin la mas leve mitigación, como caso del 
fuero común, el 28 de diciembre, el ministro de 
Relaciones Estoriores de Chile amparábase, en 
consecuencia, en uno de los artículos adicionales 
del tratado de 1874, i se limitaba a proponer eél 
arbitraje^) allí establecido, una semana después de 
aquel golpe de mano. 

Tenia esto lugar el 3 de enero de 1879, en el 
comienzo de un año que será probablemente me- 
morable por la guerra mas no por la diplomacia. 

El gobierno de Chile aceptaba ademas el men- 
tiroso arbitraje propuesto por el gabinete de La 
Paz, o mas bien, por uno de sus miembros, me- 
diante un telegrama fechado en Santiago el 9 de 
enero que en breve conoceremos en su testo com- 
pleto de perfecta credulidad i mansedumbre. 

VII. 

Cúmplenos, sin embargo, la justicia de dejar 
establecido, que ademas de ser aquello una previ- 
sión del tratado (si bien cláusula nominal, atendido 
el carácter i los antecedentes consuetudinarios del 
gobierno vecino), la cancillería chilena fijaba como 
condición previa de tal acomodo la suspensión del 
cobro de Antofagasta. No habia, por tanto razón 
para improbar, bajo concepto de justicia intrín- 
í?eca, su conducta. Nuestra observación sobre la 
índole pacífica desús disposiciones, no va por tan- 



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— 163 — 

to mas allá de caracterizar la política internacio- 
nal del gabinete, que era exactamente la misma 
de todos los que le habian precedido, especi al- 
mente con relación a Bolivia. 

VIII. 

El gobierno de Bolivia aparentando a su turno 
paz i desprendimiento, en el primer momento, i 
aun antes de llegar a su carpeta la proposición 
chilena, Labia indicado que entrarla por aquel 
camino, i así significólo, según tenémoslo insinua- 
do, el ministro de Relaciones Esteriores don Mar- 
tin Lanza a nuestro Encargado de Negocios en 
La Paz el 26 de diciembre, al parecer sin anuen- 
cia de sus compañeros, mas belicosos o mas pér- 
fidos que él. 

Mas, aquella medida no estaba llamada a pro- 
ducir ningún resultado que no fuera el del enga- 
ño; porque mientras la paz se mecia en sus últi- 
mas ilusiones en la hondanada de La Paz, la 
autoridad de Antofagasta volvia espalda desde- 
ñosa a toda proposición que sujetara su brazo en 
la espoliacion de que habia sido encargada con 
secreta resolución por sus superiores. Notificado, 
en efecto, el prefecto Zapata, el 12 de enero de la 
proposición de arbitraje i de la condición de sus- 
pensión del embargo que en ella iba envuelta, 
contestó secanjente al cónsul de Chile, que se 



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— 164 — 

desentendía de todos esos arbitrios que no eran 
de su cargo ni de su responsabilidad; i continuó 
tercamente en la ejecución de su ministerio de 
impertinente aguacil, ejecutor de mandato aje- 
no (1). 

(1) Hé aquí los interesantes telegramas i oficios que a este 
vano propósito se cambiaron: 

CONSULADO JENEBAL DE CHILS EN ANTOFAOASTA. 

NÚM. 8. 

Enero 12 de 1879. 
Señor prefecto: 

Tengo el honor de trascribir a Ud. el siguiente oficio que he 
recibido ©n el vapor, del señor gobernador de Caldera: 

Caldera^ enero 10 de 187 )• 

El señor ministro de Relacicmes Esteriores me dice en tele- 
grama de ayer tarde: 

«Trasmita al señor c¿nsul de Anto&gasta el siguieikte tele- 
grama: Notas oficiales de La Paz participan gobierno boliviano 
propone arbitraje sobre impuesto de salitre. Esto supone suspen- 
sión cobro hasta sentencia. Participe esto prefecto para evitar 
que el cobro no sea obstáculo a esta negociación]^. 

(Firmado). 

Alejandro Fibrbo. 

Lo que trascribo a (Id. en cumplimiento de lo ordenado por 
el señor ministro. 

Dios guarde a Dd. 

(Firmado). 

Jerman de la Piedra. 



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— 165 — 



IX. 



No era pequeña la mancilla que a nuestra alti- 
vez de pueblo, imponia aquella desairada i casi 



Lo que pongo en coaocímiento de Ud. en cumplimiento de 
mi deber. 

De Ud., señor prefecto, S. A. S. 

S. Beyes. 
AlBefior prefecto del departamento. 



PREFECTUfiA I SUPERINTENDENCIA DE HACtENDA I MINAS 
DEL DEPARTAMENTO. 

Antof agosta a 12 de enero de 1879. 
Señor: 

«Acnso a tJd. recibo de su estimable oficio núm. 3 del dia de 
la fecha en el que se sirve Ud. trasmitirme una nota pasada al 
señor gobernador de Caldera por el señor ministro de Belacio- 
nes Esteriores de Chile, relativa a prevenir que, habiendo mi 
gobierno propuesto el arbitraje en la cuestión imposición sobre 
el salitre, se suspenda el cobro de los derechos con los que se le 
ha gravado. 

^En contestación, tengo a bien espresar a Ud. que mientras 
no tenga conocimiento oficial de lo que Ud. me trascribe, por 
comunicación dirijida por mi gobierno, vjo 'podré suspender los 
efectos de la orden que se me ha impartido. 

>Con sentimientos de especial . consideración, soi de Ud., 

atento servidor. 

Severino Zapata; 
Al seüor cónsul jeneral de Ohile. 

Son conformes. 

Rodolfo Galvarro. 



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— 166 — 

brutal respuesta de mandón subalterno a un 
ofrecimiento que era a la vez magnánimo i pusi- 
lánime, en vista de 1^ actitud que tomaban los 
hombres de aquel país i sus harto conocidos i 
duramente esperimentados precedentes en mate- 
ria de fé pública i de fe internacional. 

Pero mayores serian aun las que debiéramos 
soportar en el centro de las intrigas i de la codi- 
cia de aquella nación entregada al desmán de un 
vil aventurero i de los que por pavor o por lucro 
le segian. 

El Encargado de Negocios de Chile notificó, 
en efecto, al gabinete de Bolivia la proposición de 
arbitraje el 20 de enero, aniversario de un dia de 
castigo para la soberbia de aquella jente, de con- 
tinuo alzada contra el derecho de las naciones, i 
exijió con apremio de horas una respuesta tran- 
quilizadora. 

Pero el honorable representante de Chile no re- 
cibió esa contestación ni con corteses apremios ni 
aun otorgando plazos sucesivos de induljencia a la 
demora. — «Atribuyo esta tardanza, decia el últi- 
mo funcionario en notas en que daba pruebas de 
anj^lica paciencia, i con fecha 30 de enero, a las 
vacilaciones de los señores ministros que todavía 
no consiguen ponerse de acuerdo sobre la resolu- 
ción que las conveniencias del país les aconsejan 
adoptar en el presente caso». 

Error manifiesto era el que padecia el repre- 



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— 167 — 

sentante de Chile en aquel crítico momento, pues 
el gobierno del jeneral Daza, que miraba el em- 
bargo de Antofagasta no como una negociación 
diplomática sino simplemente como una presa, 
tenia a esa^ horas meditado i resuelto de sobra el 
plan audaz de la revindicacion a que sus minis- 
tros pusieron fecha pública el 1.*" de febrero de 
1879 i que se dignaron notificar a nuestro Encar- 
gado de Negocios el 6 de ese mes. 



X. 



No seria digno de la historia ni de su augus- 
ta imparcialidad formular ni leve acusación si- 
quiera contra la conducta del ministro de Chile, 
don Pedro Nolasco Videla, en aquella coyuntura. 
Lejos de eso. Puso el inesperto i a la verdad im- 
provisado ájente de la Repáblica, en horas de 
tanta responsabilidad, un espíritu alto i una vo- 
luntad jenerosa en el empeño de sacar su puesto i 
su representación con honra levantada del con- 
flicto, i esta justicia le será tributada aun por los 
que condenaron su elección para aquel puesto a 
que no le llamaban ni sus antecedentes políticos 
de reciente data ni su carrera. 

Hombre de espíritu moderado, de modales fi- 
nos i caballerosos, el señor Videla no había ad- 
quirido en Chile la representación suficiente para 
imponer la política de su patria en suelo resbala- 



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— 168 — 

dizo i agrio como el en que está asentada de an- 
tiguo la diplomacia boliana, i por esto seria 
pronto i fácilmente su inerme víctima. Industrial 
mas que abogado, abogado mas que político, 
no habia talvez abierto el señor Videla en el curso 
de su vida un tratado de derecho de jentes, me- 
nos un libro de historia americana, de mas útil 
enseñanza ésta última que todos los códigos in- 
ternacionales para guiar el espíritu en el caos de 
aquellas repúblicas en que la lei es careta i el de- 
recho una daga. 

Mas el honorable señor Videla habia tenido 
hacia poco la desdicha de perder la salud, i junto 
con ello sufrido el dolor, simpático a todos los 
corazones jenerosos, de ver comprometida la ju- 
ventud de una hija bella i amada a cuyo pecho el 
aire de las montañas intertropicales prometia de- 
volución de tierna i amorosa vida. 

I en consecuencia, el gobierno confióle el en- 
cargo de ir a representar en una tierra mañosa i 
de hombres solapados por sistema, a la Repúbli- 
ca i a los nacientes pero ya vastos intereses de sus 
nacionales. Era el mismo criterio que habia preva- 
lecido para enviar a Estados Unidos a un escritor 
ilustre cuando lastimosamente tenia perdida la 
razón, como si la administración que todavía rijo 
en Chile hubiera querido probar al mundo i a su 
suspicaz i a veces burlona diplomacia, que no te- 
nia mas hombres para su servicio que los inválidos. 



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- 169 — 



XI. 



El último encargado de Negocios . de Chile en 
Bolivia cumplió tan bien como ello era dable, en 
condiciones tan adversas i con su dulce hija 
muerta por inclementre atmósfera i caida sobre 
6U pecho en el desamparo de suelo forastero, la 
ardua i poco conjenial misión que recibiera. Pero 
parece evidente que a un hombre de mas fibra 
natural, i conocedor de los ardides de la raza con 
que tenia que habérselas, no le habrían envuelto 
durante un año cabal en los lazos de su malicia 
ni dejádole sin respuesta notas graves i de urjen- 
cia en el plazo cumplido de cinco meses (de julio 
a noviembre de 1878); agregándose a esto que 
hasta la postrera hora jugaron aquellos astutos 
montañeses con la benevolencia de nuestro repre- 
sentante, al punto de que cuando el último pidió 
el 12 de febrero sus pasaportes, contestáronle 
aquellos sin darse en lo menor por entendidos, que 
no podían seguir negociando ni con él ni con su 
gobierno si no se alejaba de Antofagasta el blin- 
dado Almirante Blanco, como si la cuestión del 
impuesto i su cobranza se hubiese trocado por 
obra de majia en buque i éste en amenaza maríti- 
ma para el país que no tenia ni en sus museos un 
solo casco de nave, por modelo. En Bolivia no se 
representa la comedia en los teatros porque no los 

HIST. DE LA C. DB T. 22 



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— 170 — 

tiene. Pero sus actores desocupados suelen congre- 
garse de vez en cuando a la voz de osado histrión 
bajo el techo de totora del palacio de La Paz. La 
estratajema del Blanco Encalada^ urdida, un lar- 
go mes después de hallarse aquel barco en aguaB 
bolivianas, era una de las jornadas de aquel en^ 
tremes. 

XIL 

Dados estos antecedentes cuya^ trasparencia 
era palpable aun a vista de miope, a la distancia 
á» quinientas leguas, el gobierno de Chile, que 
desde el terco i casi provocador rechazo del ar- 
bitraje por el prefecto de Antofagasta, habia 
comenzado a entreabrir los ojos a la realidad 
en la mediania de enero, acabó de persuadirse 
por completo de la resolución irrevocable de los 
bolivianos para provocar un conflicto antes que 
ceder ni en el monto, ni en el oríjen, ni en el 
plazo, ni en la percepción de su condiciado im- 
puesto, cuando el cónsul de Antofagasta dióle 
aviso de haberse fijado dia para el remate de las 
propiedades embargadas a la compañía de Anto- 
fagasta. 

Debe tenerse presente, sin embargo, que con 
anterioridad habia advertido aquél con laudable 
previsión al ministro Videla rompiese sus relacio- 
nes diplomáticas con el gobierno de La Paz, en 



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- 171 - 

el c:vso de no aceptación llana i leal del arbitraje; 
de suerte que al día siguiente de la notificaeion de 
remate del prefecto Zapata, pudo el ministro de 
Relaciones Esteriores de Chile enviar a La Paz, 
por telegrama i por un espreso despachado de 
Tacna a lomo de caballo, el siguiente lelegrama 
resuelto pero condicional todavía; 

Señor Encargado de Negocios de Chile. 

La Paz. 

«En Antofagasta persisten en el remate del es- 
tablecimiento i nuestro cónsul cree que es en vir- 
tud de instrucciones recibidas a última hora de 
ese gobierno. Exija contestación inmediata. En 
casó de negativa, proceda en conformidad a sus 
instrucciones». 

Alejandro Fierro. 

XIII. 

Al propio tiempo tomáronse dentro del país 
algunas medidas militares de precaución que fue- 
ron recibidas con aplauso por el pueblo apercibi- 
do ya del peligro i de su estension. Hízose venir 
de Angol (adonde llegara de paseo aquel propio 
dia) al jeneral don José Antonio Villagran, ins- 
pector jeneral del ejército, i de Santiago al coro- 



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— 172 — 

nel de artillería i director de la Academia militar 
don Emilio Sotomayor: ordenóse alistar la corbeta 
O'Higgins para que llevase un repuesto de tropas 
de desembarco a Caldera donde hallábase aposta- 
da la fragata acorazada Almirante Cochrane, i pú- 
sose el oido al telégrafo como si de un momento 
a otro la palabra <r¡ guerra! id fuese a saltar de sus 
alambres al tímpano de la nación. 

Esa voz esperada, pero no temida, por el país 
no tardó mucho en llegar a nuestra playa, i el 11 
de febrero (dia martes), a las dos i cinco minutos 
de la tarde, se recibia en el palacio de gobierno 
en Valparaiso el siguiente telegrama trasmitido 
desde Caldera por el gobernador de esa ciudad i 
por chasque desde Tacna i La Paz, de donde de- 
bió salir el dia 6, es decir, el día de la notificación 
de la re vindicación del salitre a nuestro represen- 
tante en esa ciudad: 

El gobierno de Bolivia rescinde contrato con cora- 
pañia salitrera^ suspende lei de febrero^ revindica 
salitreras. 

P. N. VlDELA. 

XIV. 

Este último acto de audacia i de chicana col- 
maba la medida de toda tolerancia i de toda dig- 
nidad. Convocáronse esa misma tarde los minis- 
tros presentes en Valparaiso, i si bien el ánimo 



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— 173 — 

del presidente Pinto parecía trabajado por su pro- 
pia habitual indolencia i por las sujestiones en- 
contradas de los que en el Litoral i en el interior 
de Bolivia tenian cuantiosos intereses, tomóse la 
resolución avanzada de ocupar inmediatamente a 
Antofagasta por la fuerza de las armas (1). 

En rigor de derecho era aquella una medida 
de hostilidad que no estaba desautorizada, vista la 
actitud provocadora de Bolivia constituida en re- 
beldía contra el derecho de jentes desde que vo- 
luntariamente rompía un tratado, acto casi equi- 
valente a declarar implícitamente la guerra, i fué 



(1) Dljose por la prensa en aquel tiempo, que en el seno del 
consejo de ministros había estallado cierta diverjencia sobre la 
naturaleza de las medidas que debian tomarse. Pero a este ru- 
mor el Diario oficial del 15 de febrero, dio oficialmente el si- 
guiente desmentido: 

«Como uno de los diarios de Valparaíso ha aseverado que en 
el consejo de ministros qne tuvo lugar el dia 11, con motivo de 
un telegrama enviado por el sefíor Videla, hubo dudas i vacila- 
ciones respecto a su naturaleza e importancia decisiva, el go- 
bierno cree necesario rectificar dicha aseveración i hacer presen- 
to que no hubo tales dudas ni vacilaciones.:^ 

El mismo Diario qfieial daba ca3nta el dia anterior de la 
situación en un corto editorial concebido en estos términos: 

«ün telegrama de fecha 11 de los corrientes, del Encargado 
de Negocios de la República en La Paz, ha puesto en conoci- 
miento del gobierno de Chile que el de Bolivia, por medio de un 
decreto, ha rescindido el contrato celebrado con las compañías 
de salitre i ferrocarril de Antofagasta i revindicado las sali- 
treras. 



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— 174 — 

en aquel tiempo voz pública, autorizada i jeneral 
que quien sujiriera el violento propósito i lo hi- 
ciera consumar fué el mas activo e influyente de 
los propietarios de Antofagasta, don Francisco 
Puelnja, íntimo amigo del ministro de la guerra. 
Pero el gabinete de Chile, responsable ante el 

«Ese decreto, que importa un nuevo agravio para la Repúbli- 
ca i una verdadera burla de la reclamación pendiente 'para ob- 
tener la suspensión de todos los impuestos que se cobran en aq^iel 
territorio a los chilenos, en contravención al tratado de 1874, ha 
colocado al gobierno en la necesidad de hacer efectiva la decla- 
ración que tenia hecha al gobierno de Bolivia de considerar roto 
el mencionado pacto i de retrotraer las cosas al estado en que so 
encontranban antes de 1866. 

]>£n consecuencia, se han dado las órdenes necesarias para 
tomar posesión de los territorios que pertenecían a la República 
antes de la fecha del tratado de 1866, i los buques de la armada 
nacional, Almirante Cochrane i O' Riggina, han salido de Caldera 
el 12 del corriente, llevando a su bordo la fuerza i los elementos 
necesarios para la ejecución de aquel acto. 

]>En breves días el gobierno dará al país i a las naciones ami- 
gas una esposicion detallada de los antecedentes i de las consi- 
deraciones que han decidido a adoptar la grave resolución que 
queda anunciada en las anteriores líneas.i» 

En cuanto al movimiento de los espíritus reflejado por la 
prensa cuotidiana, he aquí algunos de los telegramas trasmitidos . 
de Valparaíso al diario El Ferrocarril el día en que llegó la 
noticia de la revindicaciop. 

Valparaiso, l^Jebrero de 1878. 
A las 5 hs. P. M. 
El gobierno de Bolivia ha suspendido el impuesto sobre el 



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— 175 — 

pafe de sus acuerdos al tomar sobre sí la resolu- 
ción de un desembarco armado i sin previa e in- 
dispensabe notificación diplomática, ni la autori- 
zación debida de los altos poderes públicos de 
Chile, declaraba de hecho la guerra a un país que 
en el terreno del derecho no era todavía un beli- 
jerante, i hacíase evidentemente reo ante el Con- 
greso de la República de una palmaria violación 
de la Constitución que establece los trámites sal- 
vadores i otorga las facultades supremas anexas 
a esa resolución, la mas trascendental de la vida 

salitre; pero al hacerlo ha decretado a la vez la rescisión del con- 
trato con la compaüia de salitres i declara revindicadas para sí 
las salitreras. ¿Qué va hacer ahora el gobierno de Chile? ¿So- 
portará esta nueva burla de Bolivia? 

Valparaíso, febrero II de 1879. 

A las 5 hs. 10 ms. P. M. 

Nuestro ministro en La Paz comunica que el gobierno de So- 
livia suspende la lei sobre el salitre pero rescinde el contrato con 
la compañía i revindica los derechos de las salitreras. 

Se ha dado órdeu a nuestro ministro de retirarse. 

Y alparaiso, febrero \\ de 1879. 
A las 6 hs. 35 ms. P. M. 

La burla del gobierno boliviano ha despertado en ésta la in- 
dignación pública. 

Se prepara un gran meeting para pedir la ocupación del Li- 
toral i se dice que el gobierno ha dado orden de retiro a nuestro 



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— 176 — 

de los pueblos, porqae implica su propio ser, su 
honra i su nombre. No quiso el gabinete darse 
siquiera el trabajo de consultar a los consejeros 
ordinarios del gobierno, aquellos que está obliga- 
do a escuchar aun para minorar una sentencia de 
azotes, i la guerra, el mayor flajelo de la humani- 
dad, fué decretada por telégrafo, cuando habría 
sido mas eficaz, arreglada i bien vista medida, la 
de imponer primero el apremio del desembarco, i 
luego, vencido el corto plazo de la conminación 
diplomática, ejecutarlo sin la sorpresa que solo es 
propia de las celadas. 

VI. 

Para cohonestar aquel paso del cual no existia 
en la historia del país un solo precedente, aun en 

ministro en La Paz i ordenado qne la escuadra avance hasta 

Antofagasta. 

ValparaisOy febrero 11 ¿¿1879. 

A las 6 hs. 30 ms. P. M. 

Por telégrafo se ha dado orden de que continúe la escuadra a 
Antofagasta i ocupe el territorio. 

A Yídela se le ha ordenado retirarse inmediatamente. 

Esto viene de un parte recibido hoi de Arica firmado por Vi- 
dela en el que dice que Bolivia suspende el decreto de febrero 
pero revíndica las salitreras i declara rescindido el contrato coa 
la compañía. 

£1 gobierno cumple con su deber i mañana el pueblo de Yal- 
paraiso celebrará un meeting, dándole un voto de aplauso por 
BU digna conducta. 



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— 177 — 

épocas de omnipotentes dictaduras, ocurrióse a 
la sanción impersonal e irresponsable del pueblo, 
convocándolo a meetings, a manera de plebiscito. 
A las dos de la tarde del 12 de febrero, aniversa- 
rio de la batalla de Chacabuco i de la declaración 
de la independencia de Chile, celebróse en Val- 
paraiso una de esas grandes reuniones popula- 
res al aire libre, tan comunes en esa entusiasta 
ciudad, i bajo el calor que irradiaba la voz elo- 
cuente de sus mas aplaudidos tribunos, arribóse a 
las siguientes conclusiones que fueron leidas por 
el ciudadano don Isidoro Errázuriz, redactor de 
La Patria de Valparaíso, i aceptadas por cinco o 
seis mil ciudadanos: 

<tEl pueblo de Valparaíso, reunido en meeting 
para ocuparse de la cuestión suscitada con Boli- 
via, acuerda: 

y>l!' Escitar al gobierno a que proceda, con ac- 
tividad i enerjía, a prestar el amparo de las armas 
nacionales a los industriales chilenos que se ha- 
llan espuestos a gravámenes injustos i odiosa es- 
poliacion en el Litoral do Bolivia; 

]d2.'* Manifestar, al mismo tiempo, que ese pro- 
posito no se realizará por completo, en su concep- 
to, mientras Chile no haga valer los derechos que 
le confiere la ruptura de los tratados de 1866 i 
1874 scbre el territorio que cedió a Bolivia en 
virtud de ese pacto; 

3) 3."* Tributar un voto de aphiuso al gobierno 

HIST. DE LA C. DE T. ^ 23 



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— 178 — 

por su conducta patriótica al declarar roto el tra- 
tado con Bolivia a consecuencia de las infraccio- 
nes que de él ha cometido aquella nación.» 

XVI. 

El mismo dia en que se supo la estraña solu- 
ción que el gobierno de Bolivia diera a la materia 
del conflicto, adueñándose de ella, dióse orden 
telegráfica al ministro Videla para que se retirara 
de La Paz (1), i en la tarde del 12 de febrero cir- 

(1) Hé aquí los telegramas enviados por la vía de Tacna re- 
lativos o esta orden: 

2CINI8TEBIO DE RELACIONES ESTERIOEES. 

ValparaisOj febrero 1\ de 1879. 

Recibido su telegrama de hoi. Retírese inmediatamente. 

Alejandro Fierro. 
Al sefior Ministro de Chile en La Fas. 



Valparaíso, febrero 13 de 1879. 

Recibido segundo telegrama. El primero en que anunció la 
rescisión, que es nuevo agravio, decidió ocupación Antofagasta. 
Retírese inmediatamente. 

Alejandro Fierro. 
Al sefior Ministro de Chile en La Pas. 

En este segundo telegrama, que pecó por su laconismo como 
todos los que envió en tan graves circunstancias el señor Vide- 
la (a virtud sin duda del santo respeto a la rutina i a la conta- 
duría mayor, tan común en Chile), anunciaba que el ministro de 
Relaciones Esteriores don Martin Lanza, habia sido despedido 
del gabinete s causa de su moderación por haber aceptado du- 



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— 179 — 

culaba por toda la República el siguiente telegra- 
ma del ministro del Interior, que tenia al menos 
el mérito de varonil franqueza i fué durante cua- 
renta dias la única declaración de guerra que rijia 
entre los chilenos: 

ValparatsOj febre>*o 12 de 1879. 

(A las 6 hs. 25 ms. P. M.) 

(Circular). 

Señor intendente; 

<rEl gobierno de Bolivia, desentendiéndose de 
nuestras reclamaciones, ha decretado la espropia- 
cion de nuestros nacionales, apoderándose de las 
salitreras sin dar esplicacion alguna. 

7>1S¡[ gobierno de Chile ha retirado a nuestro 
ministro, i las tropas de la República están ya en 
marcha para ocupar a Antofagasta i demás pun- 
tos que convenga.!» 

Belisario Brats. 



rante un momento el arbitraje ea su nota del 26 de diciembre, 
es decir, ana semana antes que lo propusiera Chile. 

Ocupó su lugar el escritor don Julio Méndez, hijo del antiguo 
ministro federalista don Manuel de la Cruz Méndez, escritor de 
algún brillo pero fanático enemigo de Chile, cuyo odio era en él 
una herencia i juntamente la exaltación de una perturbación 
mental que revestía su encono de una vehemencia irresistible. 

Era evidente desde esa hora que Solivia se sacaba resuelta- 
mente la máscara i nos arrojaba el guante al medio de la arena. 



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— 180 



XVII. 



En hora temprana de la noche del 12 de fe- 
brero, dia de significativa guarda en la historia 
de la República, en que la palabra del gobierno 
llevaba hasta las mas remotas provincias del país 
los ecos de la guerra, surcaban, en consecuencia, 
desde Caldera, las naves que llevaban las tropas 
de desembarco, i ejecutaban esto en la forma que 
dejamos recordada en el primer capítulo de es- 
te libro. El coronel Sotomayor se habia embarca- 
do en la O'Higgins el mismo dia de su arribo a 
Valparaíso, llevando consigo algunos soldados de 
marina. 

La guerra con Bolívia salia, en consecuencia, 
del estado embrionario en que la habia manteni- 
do la rijidez de la diplomacia, i desplegadas las 
alas, lanzábase ahora al campo de la acción. 

Comienza, por consiguiente, propiamente en 
esta pajina la historia militar que forma el plan 
de este libro i en él vamos a entrar por ancho 
pórtico desde el próximo capítulo. 



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— 181 — 



ANEXOS AL CAPITULO VIL 



DECRETO DEL GOBIERNO DE SOLIVIA RBVINDICANDO LAS 
SALITRERAS DE ANT0FAGA8TA. 

Eq la solicitud del señor Jorja Hicks^ jerente de la compañía 
de salitres i ferrocarril de Antofagasta, en la que pide la sus- 
peasion de la orden i de la lei votada en 14 de febrero de 1878, 
referente al pago de la imposición de diez centavos en quintal 
de salitre que esporte la Compañía, a mérito de la protesta que 
tiene fecha en 28 de diciembre último contra la lei sancionada 
en 23 de febrero de 1878, se ha resuelto lo siguiente: 

MINISTERIO DE HACIENDA E INDUSTRIA. 

La Paz^ enero 1.** de 1879. 

Visto en consejo de gabinete, con lo espuesto por el señor fis- 
cal del distrito i considerando: que las leyes son obligatorias, 
en todo el territorio de la República, desde su promulgación, 
ya por bando, ya por su inserción en el periódico oficial; que la 
lei de 14 de febrero de 1878 fué promulgada por ambos medios; 
que por consiguiente, no pudo menos que ser obligatoria para 
la compañía de salitre i ferrocarril de Antofagasta, representada 
por don Jorje Hicks: que, en esta virtud, es ilegal e importuna 
la escepcion de la falta de notificación personal; 

Considerando: que dicho representante ha protestado ademas 
contra la citada lei de 14 de febrero ante el notario del puerto 
de Antofagasta, don José Calixto Paz; 

Considerando: que aunque tal protesta introduciría una prác* 
tica inusitada i desconocida por nuestras leyes, debe significar, 



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— 182 — 

no obstante, en el caso actaal, la no aquiescencia i oposición de 
la compañía a la preíndlcada lei de 14 de febrero de 1878; 

Considerando: que esta lei es el último i principal acto en los 
obrados seguidos por la Compañía para transijir con el gobier- 
no sobre las concesiones graciosas e ilegales que obtuvo de la 
administración Melgarejo, i que fueron anuladas por las leyes 
de 9 i 14 de agosto de 1871; 

Considerando: que en este sentido la protesta contra el acto 
aprobatorio de transacción de 27 de noviembre del 63, impor- 
ta la ruptura de esa transacción i retrotrae las cosas al estado 
en que quedaron por las citadas leyes de 9 i 14 de agosto del 71. 

Considerando: que siendo de la competencia privativa del 
Cuerpo Lejislativo, la enajenación de los bienes na cionales, era 
necesario para la validez de la conve ncion de 27 de noviembre, 
que mas que una transacción importa una enorme i gratuita 
adjudicación de estacas salitreras, que fuese aprobado por dicho 
cuerpo, como lo fué por la lei de 14 de febrero; 

Considerando: que la misma lei de autorización al conferir al 
Ejecutivo la facultad de transijir sobre indemnizaciones i otros 
reclamos pendientes contra el Estado, le impuso la obligación 
de dar cuenta a la lejislatnra, no con otro objeto que con el de 
aprobar o no las estipulaciones a que se hubiese arribado por 
via de transacción; 

Considerando: que sin esa aprobación la transacción de que ' 
so trata no ha podido reputarse como perfeccionada i con valor 
legal i definitivo; que asi lo ha declarado el Poder Lejislativo, a 
quien corresponde esclnsivamente la facultad de interpretar las 
leyes, en el mero hecho de haber dictado la del 14 de febrero; 

Considerando, finalmente: que es atribución del gobierno 
mandar ejecutar i cumplir las leyes i ejercer la alta superviji* 
lancia i tuición de los intereses nacionales, en cuya virtud pue- 
de, rescindir los contratos celebrados por la administración i que 
no han sido cumplidos de buena fé por los contratistas, se de- 
clara que queda rescindida i sin efecto la convención de 27 de 
noviembre de 1873, acordada entre el gobierno i la compañía 
de salitre i ferrocarril de Antofagasta; en su mérito Buspéndense 



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— 183 — 

los efectos de la lei de 14 de febrero de 1878. El ministro del 
ramo dictará las órdenes convenientes para la revindicacion de 
las salitreras detentadas por la compañía. 

Tómese razón, trascríbase a quien corresponde! devuélvase. 

H. Daza. 

Martin Lanza, — Serapio Reyes Ortiz. — Mamiel Othon Jofré 
— (Refrendado). — Eulojio D. Medina.^Son conforme. El oficial 
mayor, Manuel PeñaJieL 



II. 



NOTA DEL MINISTRO DB RELACIONES ESTBRIORES DE CHILE 

AL ENCARGADO DE NEGOCIOS EN LA PAZ, (FECHADA EN SANTIAGO 

EL 3 DE ENERO DE 1879), ORDENÁNDOLE 

NEGOCIE EL ARBITRAJE CON EL GOBIERNO DE BOLIVIA. 

(Fragmento). 

«...El gobierno do Solivia ha podido creer que la contribución 
oludida no es contraria al tratado de 1874; el de Chile mantie- 
ne una opinión contraria. De aquí fluyo natural i lójicamente 
la necesidad de una discusión tranquila i amigable para arribar 
a un acuerdo común; i si ello no fuera posible, habria llegado la 
oportunidad de entregar el punto controvertido al fallo de una 
potencia amiga, dando así cumplimiento a lo dispuesto en el 
artículo 2.'* del protocolo anexo al tratado referido. 

Mi gobierno acepta cualquiera de estos dos arbitrios; pero lo 
que no puede aceptar en manera alguna es que el gobierno de 
Solivia, haciéndose justicia por sí mismo, resuelva el punto dis- 
cutido por vías de hecho, poniendo desdo luego en ejecución 
una medida que Chile conceptúa abiertamente contraria al tra- 
tado vijente. 

En consecuencia, V. S. hará saber a ese gobierno que el de 
Chile se encuentra dispuesto a continuar la discusión i a conti- 
nuar el uAitraje, en la espresa inielijencia de que se imparti- 



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— 184 — 

rán mmediatamcnie las órdenes necesarias para suspender la 
ejecución de la lei de 14 do febrero de 1878. 

Pedirá Y. S. respuesta terminante i categórica acerca de este 
punto, dentro de un término breve i perentorio. Si la respuesta 
del gobierno boliviano fuese favorable, como es de esperarlo, 
V. S. continuará en su puesto para reabrir la discusión o iniciar 
las jestiones conducentes a la constitución del arbitraje, para lo 
cual se enviarán a V. S. las instrucciones del caso. 

Si por el contrario, el gobierno de Bolivia persistiere en lle- 
var a efecto la lei de 14 de febrero último, V. S. pedirá sus pa- 
saportes, declarando que la conducta de ese gobierno hace del 
todo inútil e infructuosa la presencia de nuestra legación en esa 
Bepública, i que mi gobierno hace pesar esclusivamen te sobre 
el gabinete de La Paz las consecuencias de esta medida, que he- 
mos procurado evitar por todos los medios posibles.» 



III. 



NOTA DEL ENCARGADO DE NEGOCIOS DE CHILE EN LA PAZ 

DEVOLVIENDO LA ÚLTIMA COMUNICACIÓN DEL GOBIERNO ]Í0LIVIAN0 

(FECHA 12 DE febrero) EN QUE DECLARA QUE 

NO PUEDE SEGUIR NEGOCIANDO SI NO SE RETIRA EL 

ACORAZADO «BLANCOD DE ANTOFAGASTA, I RETIRA LA PETICIÓN 

DE SUS PASAPORTES. 

La Paz^ febrero li de 1879. 
Señor: 

Ayer, a la una i diez minutos P. M., fué entregada en el mi- 
nisterio de V. S. la nota en que esta legación anuncia su retiro 
i- pide sus pasaportes. 

A las dos i cuarto P. M. recibí la adjunta comunicación de 
V. S. No pudiendo contestarla, porque a esa hora habia ya ter- 
minado la misión que desempeñaba cerca del excelentísimo go- 
bierno de Bolivia, me permito devolverla a V. S. sin observación 
alguna. 



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— 185 — 

Ruego a V. S. que se digne remitirme los pasaportes que uyer 
le he pedido i aceptar las consideracioDcs de respeto coa que 
teDgo la honra de suscribirme su atento i segare servidor. 

P. N. VlDELA. 

Al excelentísimo señor ministro de Relaciones Esteriores de Bolivia.-^ 
Presente. 



IV. 



CONTESTACIÓN DEL MINISTRO INTERINO DE RELACIONES 
ESTERIORES 1 ULTIMA COMUNICACIÓN OFICIAL DEL GOBIERNO 
DE DOUVIA. 

La Paz, febrero 15 de 1879. 
SeñOK 

Convencido mi gobierno, en vista del oficio de esa legación 
fecha 13 del corriente, que Y. S. está resuelto a cortar de hecho 
toda comunicación con este ministerio, pnes que al devolver la 
última nota que le fué dirijida, espresa V. S. que ha terminado 
ya la misión que desempeñaba cerca del gobierno de Bolivía, 
tengo a bien incluir a V. S. los pasaportes que en dicho oficio 
solicita reiteradamente, haciendo por mi parte a V. S. esclusi- 
vamente responsable de los resultados de una ruptura tan vio- 
lenta, reservándome ademas informar oportunamente al exce* 
lentísimo gobierno de Chile sobre el estraQo proceder de V. S, 
en la jestion diplomática que queda aun pendiente. 

Con tal motivo, me repito de V. S. atento i seguro servidor 

Ealofio D. Medina. 
JL S. S. el Encargado de Negocios de Chile en Solivia.— Presente. 
Después de esta nota recibió el gobierno otra larga i acusa- 

UIST. DE LA C. DE T. 24 



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— 186 — 

dom del ministro Medina Doria, feohadá el 20 de febrero, col- 
pando al Encargado de Negocios de Chile de lo que aconteció... 
Pero esa nota que se rejistra en la Memoria de Relaciones Eiste- 
rióres de Ohile de 1879, no fué contestada. 



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CAPITULO VIII. 



LA LUNA DE MIEL DE LA GUERRA. 

Landable actividad de los primeros momeutos. — Rápido trasporte de los 
eaerpos del ejército de Kaea desde la frontera a Valparaíso.-^ Entusias- 
mo de los pueblos del tránsito. — ^Partida de Santiago de los Cazadores 
a caballo en la noobe del 21 de febrero. — Escenas patrióticas a qne da 
lugar el embarque de los continjentes en Valparaíso.— Partida del 2.^ 
de línea en el i^mac. —Entusiastas adioses del comandante Ramírez. — 
£1 cabo Labra. —Embarque del 3.*^ de línea en el Liraari. — Discurso de 
adiós de don Isidoro Errázuriz. — Reorganización de la Guardia Nació- 
naL — Las cuatro brigadas de Santiago. —Estado de completa indefen- 
sión del país.— «Asombrosas economías sobre el ejército, su verdadera 
fuerza i su presupuesto en enero de 1879. — El verdadero estado de la 
Guardia Nacional después del licénciamiento jeneral. — Notoria false- 
dad de la acusación hecha al país de haberse preparado sijilosamente 
para la guerra. — ^Entusiasmo de las provincias.— -Actitud de la provin- 
cia de Atacama i sus primeros reclutas. — La juventud i la niñez en las 

. poblaciones,— Mee ting del liceo de Valparaíso i sus conclusiones. — Con- 
trato con la compañía del cable sub-marlno i suscricion populat para 
llevarlo a cabo. — El gobierno no tiene una claro concepción del estado 
de guerra.— Parte para Antofagasta el ministro Saavedra. 

I. 

Una vez lanzadas las quillas al mar, el gobier- 
no desplegó en los aprestos de la guerra una inte- 
ligente actividad que le hizo acreedor a los aplau- 
sos del país. 

No quemó sus naves como Cortés, pero limpió 
sus fondos i remendó con parches sus flancos. 



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— 188 — 



II. 



La primera operación de giien-a consistió natu- 
ralmente en la traslación rápida de los cuerpos de 
nuestro escaso ejército de línea, de los campa- 
mentas de las Fronteras a Valparaíso, punto je- 
neral de embarque, como en las grandes espedi- 
ciones de 1820 i de 1838. 

Fué ese un movimiento de va i viene de solda- 
dos tan activo como pintoresco, porque, gracias a 
la prolongación de nuestros ferrocarriles hasta 
las cabeceras de la Arauqanía, los cuerpos insta- 
lados apresuradamente en trenes directos de An- 
gol a Valparaíso^ eran conducidos en pocas horas, 
alegrando el aire con sus dianas, hasta Santiago, 
donde no se detenían, i de allí al muelle de em- 
barque. Daba esto ocasión a exhibir el patriótico 
entusiasmo del país, ocurriendo en masa las po- 
blaciones del tránsito a presenciar el desfile de 
los convoyes, saludando a los soldados con alen- 
tadoras aclamaciones i con los acordes de músi- 
cas militares. Ciudades hubo, como Talca, en que 
una gran muchedumbre paso la noche en vela 
aguardando la llegada de un batallón, i en otras 
los voluntarios no esperaban el enrolamiento del 
cuartel sino que de salto subían a los carros pa- 
ra seguir las banderas. Contóse de uno de éstos, 
im pobre muchacho que vendía empanadas en la 



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— 189 — 

estación de Ciiricó, quien, después de haber re- 
partido graciosamente el contenido de su bando- 
la a los soldados del 3.*" de línea, tiró aquella por 
una ventanilla i se alistó como voluntario, chan- 
celando así su doble cuenta con su patrona i con 
la patria. 



III. 



No era menor en la capital el ardimiento de 
las clases populares, porque mientras las familias 
opulentas veraneaban en sus haciendas, la parte 
menos acomodada pero evidentemente mas pa- 
triota de la población ocurria en tropeles a pre- 
senciar la salida de las tropas, cualquiera que 
fuere la hora avanzada de la noche. — «Costó mu- 
cho trabajo, decia un diario de la capital, refi- 
riendo la partida de un escuadrón de Cazadores 
a caballo i de la compañía lijera del 4.*" de línea 
que mandaba el capitán San Martin, costó mucho 
trabajo poder embarcar la tropa, pues hasta los 
carros que debian conducirla a Valparaiso, esta- 
ban atestados de jente. 

>Las voces de mando de los jefes apenas se 
dejaban oir, pues los aplausos atronaban el espa- 
cio- Era una esplosion de vivas, i de la mas espan- 
siva alegría. Muchas banderas se ajitaban acla- 
mando a Chile, a su ejército i a sus héroes lejen- 
darios. 



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— 190 — 

DVarios individuos hicieron uso de la palabra; 
pero no se les podia oir a cuatro metros de dis- 
tancia. 

3)1 luego cuando el nombre de la patria era 
pronunciado, las tempestades de aplausos apaga- 
ban la voz del orador». 

Tenian estas escenas lugar en la estación de 
los ferrocarriles de Santiago en la noche del 21 
de febrero de 1879, esto es, una semana después 
de la ocupación de Antofagasta. 

Hallábase la impresionable población de Val- 
paraíso, por esos mismos dias, entregada a una 
perpetua fiesta patriótica con motivo de la llega- 
da i embarque de las tropas. Presidia ésta ordina- 
riamente con noble solicitud el ministro de la 
guerra don Cornelio Saavedi'a, i los vapores i el 
mar i los malecones de la bahía i la techumbre de 
los edificios cuajábanse de millares de espectado- 
res que ajitaban sus pañuelos i atronaban el es- 
pacio con entusiastas aclamaciones en señal de 
adiós a los soldados. I éstos no quedaban atrás 
en sus espansiones de patriotismo, fi:aternizando 
con el pueblo. 

Ocurrió el lance que uno de aquellos cayó, en 
la apretura, del bote al agua; pero aunque no sa- 
bia nadar i era recluta, no soltó su fusil, i así fué 



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— 191 — 

rescatado en medio de los aplausos de los que 
creian que era aquél buen augurio de victoria 
porque era testimonio de valor. 

La guerra habíase hecho nacional desde el pri- 
mer momento. 



El primer batallón que hizo rumbo al Norte 
fué el predestinado 2."" de línea. Embarcóse ese 
cuerpo en la tarde del 19 de febrero a bordo del 
poco afortunado trasporte BimaCy pero al mando 
de su valiente i querido jefe el teniente coronel 
don Eleuterio Ramírez, natural de Osorno i des- 
cendiente de una familia de soldados, cuya exis- 
tencia i hazañas podria trazarse durante varios 
siglos desde el Reino de Granada. 

Hubo a bordo en aquella ocasión escenas con- 
movedoras. Felicitado el jefe de la tropa por su 
marcial talante, el comandante Ramírez alzó la 
copa, i recordando las glorias comunes de los vie- 
jos batallones de Chile, esclamó con la emoción 
qtie era peculiar a su naturaleza de soldado. — 
ícEsa huella luminosa de victorias seguirá siempre 
éste batallón, continuando de esta manera la tra- 
dición de acontecimientos que han enaltecido el 
ejército chileno i mantenídolo en la esfera respe- 
tuosa de que ha gozado dentro i fuera de la Re- 
pública!). (1) 

(\) La Patria de Valparaíso, febrero 20 de 1879. 



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— 192 — 

Quedó también memoria, en aquellos adioses 
tributados al primer cuerpo chileno que sucumbi- 
ría casi por completo llenando a su patria de glo- 
ria a la par que de profundo luto, de la arrogan- 
cia de un mozo de veinte años, natural de San- 
tiago, pero residente en Valparaíso como comi- 
sionista, quien, hallándose en condiciones desaho- 
gadas, sentó plaza de soldado raso en el 2,**, en 
la víspera de hacerse a la mar. Llamábase ese 
adolescente Eujenio 2.** Labra, i acercándose con 
desenvoltura a su jefe en la cubierta de la nave 
que jemia ya bajo la tensión del' vapor, juróle que 
no volvería vivo sino trayendo un jirón de la ban- 
dera enemiga en el primer combate que su tropa 
librara. El heroico mancebo cumplió su palabra. 
El 2.*' de línea perdió en Tarapacá su estandarte, 
i el cabo Labra no volvió.... 



VL 



Cuatro dias después cupo su turno al 3.* de lí- 
nea, que partió en el Limara con rumbo a Anto- 
fagasta, como el Rimae. Acompañaron hasta la 
borda del trasporte a aquellos veteranos que en 
alas de fuego liabian llegado en pocas horas de 
la frontera, el ministro de la guerra, el intenden- 
te do Valparaíso i unos pocos periodistas. Algu- 
nos de éstos i el intendente don Eulojio Alta- 
mirano dirijieron a los soldados discursos que 



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~ 193 — 

participaban de la tierna solemnidad del momen- 
to i del entusiasmo que bullía en los corazones. — 
«Soldados del S."" de línea, esclamó el mas entu- 
siasta i el mas elocuente de aquéllos, don Isidoro 
Errázuriz: hai en la vida algunas despedidas tris- 
tes en que el llanto amargo rueda de las pupilas 
i el dolor se exhala en suspiros del alma; pero 
hai otras despedidas en que todo es regocijo i en- 
tusiasmo i en que, si se ve alguna lágrima, solo 
es producida por el patriotismo. 

X) A la segunda clase pertenece el adiós que ve- 
nimos a daros, repitiendo el que os han dado mi- 
llares de voces eu la ribera. 

j>Vais a combatir por la patria, vais a sostener 
en los últimos confines de la República el honor i 
los derechos de Chile. 

»Por eso no veis ni una lágrima en nuestros 
ojos, ni un dolor en nuestra frente; pero sí una 
aclamación en nuestro labios. 

»Soldados de Chile, la patria tiene sus ojos fijos 
en vosotros; las hazañas ejecutadas por el último 
tambor del S."* de línea serán trasmitidas por los 
partes militares i encontrarán aplauso desde Ata- 
cama hasta ese Arauco que acabáis de abandonar. 
Vuestras familias se regocijarán al tener noticias 
de vuestro valor, la patria tendrá coronas, triun- 
fos i* premios para el buen soldado. 

íPero, así como hai premios para los buenos, 
no olvidéis que no habrá bastante infamia i des- 

HIST. DE LA C. BE T. 25 



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precio para los cobardes. Vuestra suelte está ea 
vuestras manos. 

í) Vais a combatir enemigos dignos de vosatix>s; 
el soldado boliviano es uno de los mejoiras i mas 
disciplinados soldados; la infantería boliviana es 
una de las primeras infanterías del mundo. Harto 
costó a vuestros abuelos romperles la crisma en 
Yungai. 

DNeaesitais, pues, de todo vuestro empaje i de 
todo vuestro valor. Inspiraos en los grandes he- 
chos de la epopeya chilena, i no dejéis empañarse 
el brillo de las armas que la patria os confia. 

i> Soldados del S."* de línea, yo os saludo. i> (1) 

VII. 

Al propio tiempo que en la orilla del mar, que 
era nuestro antiguo i lejítimo campo de acción, 
desplegábase tan meritoria actividad, llamábase 
en los valles mediterráneos a las armas una parte 
de la población por bandera de engimche o como 
a simples voluntarios. 

En Santiago se reorganiaaba la Guardia Na- 
cional recientemente disuelta, poniéndose en pió 
de guerra el batallón núm, 1, confiándose su 
mando al coronel de milicias don Zósimo Erra* 
zuriz (marzo 1."*), i juntamente, dividiéndose la 

(1) La Patria de Valparaíso, febrero 24 de 1S79. 



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- 165 — 

ciudad acertadamente eú' cuatro grandes cuarte- 
les, por gubdelegaciones, creábanse cuatro briga- 
das cívicas compuestas de tres compañías cada 
una. Esos cuerpos, susceptibles de espedita movi- 
lización, se denominarían de la Chimba, de Santa 
Lucía j de Yungai i del Campo de Marte, 

Estas dos últimas formaron mas tarde la base del 
batallón Caupolican, que marchó al teatro de las 
operaciones seis meses después, como cuerpo mo- 
vilizado, ai mando del comandante don Félix 
VaWéB Barra. La brigada de la Chimba convir- 
tióse, antes oue aauéllas i mediante el entusiasmo 
de 80 jefe el teniente coronel don Domingo Toro 
Herrera, secundado por la flor de la juventud de 
Santiago, en el batallón Chacabuco, que en Tara- 
paca supo mantener incólume la bandera que su 
pr«Í6oesor, el famoso batallón Santiago, tremola- 
ra cuarenta años hacia en Matucana. 

VIII. 

Juntamente con estas medidas, ordenóse com- 
pletar los cuerpos de línea que se hallaban dis- 
persos por compañías o reducidos a su última 
minoración de plazas. Era esto debido a la incon- 
cebible e incurable economía de nuestros gobier- 
nos, que dejando siempre incólumes los grandes 
sueldos i en pié todas las cómodas e inútiles sine- 
curas del país, se ceba en cada crisis en las filas de 



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— lóe- 
los defensores del país i en las calderas de sus na* 
ves. 

I a este propósito será tan bueno como hace- 
dero demostrar que no ha habido acusación de 
mayor absurdo hecha a Chile que la de haberse 
preparado sijilosa i anticipadamente para la gue- 
rra. Hallábase el país, por el contrario, totalmente 
desarmado i casi reducido a completa indefensión, 
porque todas sus fuerzas activas habian sido re- 
ducidas a 2,619 soldados, al paso que con la es- 
cepcion de las dos fragatas acorazadas de nuestra 
marina, todos nuestros buques de guerra se en- 
contraban en condición de venderse o de guar- 
darse en astilleros, en razón de su lamentable es- 
tado de deterioro i abandono en sus partes mas 
vitales. 

De lo que decimos, i que es notorio hasta a los 
mas oscuros habitantes de la República, hai abun- 
dantes pruebas que oñ-ecer a nuestros recelosos 
vecinos i aun a los belijerantes que han comba- 
tido a Chile con la calumnia mas que con los ri- 
fles. (1) 

(1) Bien comprendió esto un diario de Buenos Aires {La 
Tribuna) que en an editorial titulado cLos enfermos de apren- 
sión]», puso de manifiesto que, mientras la Bepdblica Arjentína 
mantenía en pié de paz sobre las armas un ejército aguerrido de 
doce mil soldados, Chile tenia apenas en su rol militar una 
cuarta paiie de ese número. He aquí la demostración que hacia 
La Tribuna. 



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— 197 — 

IX. 

I I todavía, emprendida la guerra de hecho, bajo 
ál disfraz inepto de re vindicación, se obedecia a 
la misma timidez i parsimonia antigua que habría 

El ejército de línea de Chile, la base de su ejército actual, 
asciende apenas a 3,516 hombres. 
He aquí los nombres de los cuerpos que lo forman: 

Rejimiento de Artillería • 804 

Batallón Bnin 1. Me línea 400 

Id. 2.* de línea 400 

Id. 3.Me línea 400 

Id. 4." de línea 400 

Id. 7.Me línea 400 

ilejimiento de Cazadores a caballo 426 

Bejimiento de Granaderos a caballo - 286 

Total 3516 

Pero aun esta cií^ total era exajerada, porque el gobierno 
había logr&do disminuir en un buen tercio el número efectivo 
de plazas, licenciando una o dos compañías en cada batallón 
En comprobación de esto, citaremos el siguiente pasaje de la 
comisión de presupuestos de 1879, la cual no satisfecha todavía 
con el licénciamiento de soldados, atacaba la acumulación de ofi- 
ciales i pedia nuevas disminuciones. — «En el presupuesto de 
1879, decia aquella comisión parlamentaria, se consulta sueldo 
para trescientos cuarenta i un soldados de artillería, mil seis- 
cientos de infantería i quinientos setenta i ocho de caballería, 
en todo: dos mil quinientos diez i nueve soldados, i al mismo 
tiempo hai en servicio i en retiro temporal cuatro cientos noven- 
ta i cuatro je/es i qficisles', de modo que corresponde un oficial 



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~ 198 



dejado espuesto al país a los azares de un con- 
flicto sordamente preparado, si el último no hu- 



por Gdda <;inco soldados; i si dé tomaran en cueata los militares 
de la independencia í retirados absolutamente, resultaría que 
habla un oficial p^ : cada cuatro un quinto soldado. D^á^ /?tf»- 
sarse en disminuir este número escesivo de q/icialesv. 

A mayor abundamiento, he aquí el presupuesto militar que 
aprobó el Congreso de 10 de enero de 1879, esto es, un mes an- 
tes de la ocupación de Antofagasta i cuando aun no estaba del 
todo terminado el conflicto con la 'ilepú^ioa Arjentína: 

Partida 7.* Estado mayor de plaza | 70^785 

}> 6.^ Rejimieuto de Artillería > 91720 

T> S.^ Empleados de maestranza ^ 7,481 

i> 10.» Infantería ^... ^ 365,960 

D II.» Caballería 3) 167,933 

En la partida 12.*, Escuela militar 3> 16,584 

Total ^ 722,463 

En el presupuesto jeneral de la nación el ministerio de fai 
guerra aparecia como el mas flaco de la administración, con ea- 
cepcion del de la marina que era inferior todavía. He aquí la 'de- 
mostración: 

Ministerio del Interior $ 4,285,028 78 

Id. de Eelaciones Estsriores.. 113,841 
Id. de Justicia, Culto e Ins- 
trucción pública 1.920,790 58 

Id. de Hacienda 8.041,321 54 

Id. de Guerra 1.549,070 34 

Id. de Marina 1.136,185 04 

Total | 17.046,236 98 



\ 

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— 199 — 

bí^ra cacado siempre sus verdadaras ftier^as djQ l^fi 
fibras i del foudo de su patriotismo. 

De esta suerte, el único decreto de aumefito del 
ejército de línea que se libró en el primer roes de 
la guerra, consistió en la creación de un batalktti 
de cuatro compañías que se denominarla Santia^ 
gOj pero aun éste quedaba destinado a la reserva i 
se destinaría solo para llenar las bajas que ocurie- 
rau en los cuerpos del ejército en servicio activo. 

Las provincias, sin embargo, ofreciaja sin va- 
cilación sus cóntinjentes al gobierno, sea pidien- 
do ser llamados al servicio de campaña los anti- 
guos batallones de la Guardia Nacional, sea soli- 
citando la forn?iicion de cuerpos movilizado? de 
voluntarios. 

Dio entre todos los pueblos de Chile levantado 
ejemplo de civismo a este respec.to, la laboriosa 



Fuera de todo esto, por decreto de 9 de noviembre de 1877, 
habíanse licenciado no raénos de veintitrés batallones, seis bri- 
gadas i dos compañías cívicas de infantería. En cnanto a la caí- 
ballería de la guardia nacional, fué disuelta por completo (es- 
cepto en las fronteras) en los primeros dias de la administración 
Pinto. La guardia nacional habia quedado reducida, en conse- 
cuencia, de 24,287 plazas a 6,687 en esta forma: 

Artillería cívica 1,709 hombres. 

Infantería id 3,671 ¡d. 

Caballería id 1,307 id. 

ToTAl 6,687 



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— 200 — 

provincia de Atacama, cuyos hijos, admirable- 
meute adecuados por su constitución i hábitos 
para la guerra de páramo i fatigas que iba a em- 
prenderse, caml'iarou alegremente sus utensilios 
por el rifle, constituyéndose en un brillante bata- 
llen de infantería lijera, vanguardia natural del 
Desierto. (1) 

(I) Ea el Copiapino del I.** de marzo de 1879 se leía el si- 
guiente pasaje: 

cEl alistamiento que tiene lugar en el cuartel de policía para 
completar el número de 200 hombres que pide el jefe de las 
fuerzas del Litoral del norte, fué aumentado ayer con 27 indi- 
viduos que llegaron en el tren de la tarde de Chaüarcillo i Pun- 
ta del cobre. En el coche de 2.* clase en que venian estos pa- 
triotas flameaba el tricolor nacional. 

3>E1 número de voluntarios asciende hasta hoi, poco mas o 
menos, a 60 individuosD. 

I pocos dias mas tarde el ministro de la guerra felicitaba al 
intendente de aquella provincia por la prontitud con que el pue- 
blo limítrofe del Litoral boliviano corría a las armas, por medio 
del siguiente telegrama: 

«Señor comándate jeneral de armas. 

Copiapó. 

Por el órgano de V. S. felicito a los ciudadanos de Copiapó 
por su entusiasmo para enrolarse en el ejército i guardia nacio- 
nal, dando con ello un ejemplo de civismo que no tardará en ser 
seguido por todo el país. 

Dios guarde a V. S, 

Cornelia Saavedrai>. 



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■.r.iy 



JUAN JOSÉ SAN MARTIN 

Ut. P Cwlot, HoMuat M IIaml Jovn. oditor 



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-. 201 — 



X. 



La juventud se apresuraba a su turno, en las 
grandes ciudades como en las mas humildes al- 
deas, a enrolarse en las filas, i no habia paraje de 
la República en que, como en los tiempos de San 
Martin, no recorriesen las calles pequeños bata- 
llones de voluntarios haciendo el ejercicio de las 
armas con grotescos trajes, pero fieras resolucio- 
nes infantiles. 

Distinguióse en este orden la niñez de Valpa- 
raíso, capitaneada por los mas adelantados alum- 
nos de su Liceo. En un meeting patriótico cele- 
brado al aire libre, i al que se dijo hablan asistido 
no menos de cinco mil personas, acordaron los 
estudiantes el 28 de febrero, las siguientes varo- 
niles determinaciones: 

<rl.' Ofrecer a la patria i al gobierno sus servi- 
cios; 

3)2.' Pedir a las autoridades la reorganización 
de la Guardia Nacional bajo un réjimen eminen- 
temente democrático i republicano; 

3)3.' Solicitar del comandante jeneral de armas 
se sirva establecer academias publicas de táctica 
militar; i 

»4:.' Enviar un aplauso al gobierno í pedir que 
continúe defendiendo enérjicamente el honor na- 
cional.» 

KIST. ÜE LA C DE T. 26 



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— 202 — 



XI. 



El gobierno, por su parte, habia tomado una 
medida que asustó a no pocos, tanto era el empe- 
queñecimiento de los espíritus, en materia de gue- 
rra i de sus gastos, medida que no obstante era 
de la mas obvia economia i de la mas notoria ur- 
jencia. Tal fué el contrato para prolongar el ser- 
vicio telegmfico de Valparaiso a Antofagasta, por 
medio de una subvención estraordinaria de 20,000 
pesos otorgada a la empresa inglesa del cable 
sub-marino. 

Sin embargo, esta misma módica suma pidióse 
por suscriciones al pueblo i al vecindario, tan 
» apocada era la mente deí gobierno i tan estrecha 
la concepción verdadera de los sacrificios que to- 
da guerra trae aparejados para el erario público 
desde la primera hora de su iniciación. 

Conocíase de lejos, que en medio del fervor na- 
ciente de un acendrado patriotismo difundido en 
las masas, fluctuaba todavía en las rejiones direc- 
tivas la vacilación, el encojimiento i la timidez 
virjinal de los primeros azares de la lucha. 

Era evidente que el gobierno se hallaba, res- 
pecto de la guerra, en el período dulce i meticu- 
loso de la luna de miel; i esto de tal manera, que 
en aquellos dias se cambiaron pomppsas epístolas 
oficiales entre uuíis señoritas de Santiago que en- 



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— 203 — 

viaron a la Inspección Jencral del ejército una 
bandea de hilas, i el jefe de esa oficina que daba 
por el obsequio el agradecimiento de la patria. 

En Valparaiso mismo, en medio del vigor de 
los actos populares, la iente de* palacio parecía no 
haber olvidado del todo los plácemes de la re- 
cepción semi-rejia i semi-muda hechas a un mu- 
chacho de la familia imperial de Alemania, el 
príncipe Enrique Adalberto que por aquellos dias 
llegó en una fragata de su nación i de su nombre 
con el propósito de aprender a leer i de rodar tie- 
rras.... 

El país, Imjo aquella apática tutela, tardaría 
largos meses en despertar a la realidad de su em- 
presa i en carearse con la guerra con rostra va- 
ronil, contemplándola tal cual la guerra ea en sí 
misma. 

XIL 

En estas circunstancias, anuncióse la partida del 
ministro Saavedra para el campo de las operacio- 
nes (marzo 7), i allí vamos a seguirle después de 
recojer en el próximo capítulo las impresiones i 
los curiosos documentos que la revindicacion chi- 
lena del Litoral arrancó al gobierno encastillado 
en la Altiplanicie de Bolivia. 



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CAPITULO IX. 



DAZA 

LA DECLARACIÓN DE GUERRA DE BOLIVIA A CHILE. 

Lhgt a La Paz la noticia de la ocnpadon de Antof agasta por la yía de 
Tacna, i el presidente Daza la oculta dorante una semana. — «El jaéves 
de los compadresi>.— Daza i sns compadres Colorados. — Antecedentes 
del último mandón de Bolivia. — Quienes fueron sus padres. — Cómo 
sentó plaza de soldado i cómo llegó a capitán. — Aitesina en el campo de 
batalla de la Cantería al poeti Galindo i es ascendido a sarjento ma- 
yor por Melgarejo. — Sa escnrsion al Piloomayo i sos depredaciones. — 
Cae en disfavor i lo recobra ejecutando un viaje de pi*odijiosa cele- 
ridad de Sucre a la Paz. — Un ^ado por nn galope. — El sentimiento do- 
minante de Daza es la codicia. — Sus relaciones con los aventureros 
Speedy i Otto Richter. — Traición a Melgarejo por un cohecho de dies 
mil pesos. — Se hace el sicofanta de Morales quien apadrina su casa- 
miento i lo hace coronel.-^ insolentes ultrajes de Daza a la Asamblea 
do la Paz. — Se plega a ella inmediatamente que Morales sucumbe. — 
Daza aparenta sumisión al gobierno de Frías i lo despide con sus Coh- 
rodos, proclamándose presidente. — Daza i Melgarejo. — «El rei se divier- 
te». — Fiestas de San Hilarión en La Paz, en Sorata i en Tiahuanaco i 
sus horribles bacanales.— Daza torero.— -Fiestas de la recepción del 
ministro Quiñones i discursos especiales de su recepción. — Conspi- 
raciones, coetáneas con la guerra, de Salinas en La Paz i de Cornil en 
Puno. — El carnaval en La Paz. — Daza «polichinela». — Transpira la 
noticia de Antofagasta al pueblo, i sangrientos anónimos que recibe 
Daza.— Se resuelve a la acción el dia 26 de febrero, miércoles de oeniza, 
— Curiosa proclama a la nación que redacta el ministro Julio Méndez. 
— Aprestos militares. — Confiscación de los bienes de los chilenos. — 
Atentados e insultos a la bandera de Chile en Corocoro. — ^Violencia 
inaudita de la prensa. — Carta de Daza al cónsul García Mesa. — £1 ejer- 
cito boliviano i su singular composición. — Es inferíor al de Chile sola 
en 177 plazas. — Nueva planta del ejército i de la Guardia Nacional. — 
Partida del ministro Reyes Ortiz para Lima. 

«¿Los filibusteros de Sud- América tendrán 
largo tiempo en sus manos esa i*ejion? Nó! 
¡^mil veces nó!I Unidos mostraremos que so- 
mos los hombres del 35 i 36. La unión, el con- 
curso simultáneo de todos los departamentos 
bolivianos, es el que nos proporcionará los me- 
dios para atravesar el Desierto e ir a su en- 



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205 — 



cuentro. De valor hemos dado pruebas repeti- 
das; que éste no decaiga en la santa empresa 
de reintegrar la República. 

>Somo3 bolivianos: i en torno del gobierno 
que pabrá dirijír nuestro esfuerzo, levantare- 
mos nuestro pabellón, repitiendo: 

»¡iViva Boliviaü 

1»;; Mueran los Chilenos! !i> 

(De El Progreso de La Paz;, febrero 28 de 
1879). 



L 



La noticia de la ocupación por las armas de 
Chile de la plaza de Antofagasta, que tuvo lugar 
el 14 de febrero de 1879, no llegó a La Paz con 
la tardanza de la larga travesía del Desierto i al 
lento paso de la acémila, sino en alas del vapor i 
del alambre eléctrico. 

Llevada en efecto, la nueva a Iquique por el 
paquete que tocó en Antofagasta el domingo 16 
de febrero, era comunicada a Tacna el 17 al cón- 
sul boliviano en esa ciudad, don Manuel Granier, i 
de allí, por chasques i a revienta cinchas, a La Paz. 

Tuvo conocimiento, en consecuencia, el presi- 
dente Daza de lo que pasaba, el jueves 20 de fe- 
brero, dia que en aquella ciudad i en todo Bolivia 
llámase el «jueves de los compadres», porque es 
el comienzo de retozón i en ocaciones desaforado 
camavaL (1) 

(1) El jtiéves de los compadres es una institacion peculiar de 
BolÍTÍa i el Perú, i de aquí probablemente viene que siempre 
un país i otro se entienden como compadres. 

El jueves de los compadres es el que precede al miércoles de 



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— 200 — 

Sábese que aquel parentesco tiene no pequeña 
significación mística en todos los paises de oríjen 
español, holganza i jaranero, pero el compadrazgo 
en Bolivia es una especie de institución política, 
casi una orden militar como la de Alcántara i 
Montesa. La mayor parte de los cabos i sarjentos 
del batallón de Colorados^ eran acompadresi) de 
Daza, i teníales éste consagrado aquel alegre día 
que un simple despacho telegráfico no podia tro- 
car en ominoso. Por otra parte habia el dictador- 
histrión encargado a Chile, para tales dias de so- 
laz i orjia, buenos vinos, i a Lima (no a Europa 
como entonces se dijo), trajes de saltimbanqui i 
polichinela destinados a dar sorpresa a las belda- 

ceuiza i es la costnmbre que en ese dia se regalen los que tíenea 
ese víncalo. En mejores tiempos acostumbraba mandarse el 
obsequio con un negrillo de serncio, una bandeja i una décima. 

Esta costumbre prevalece todavía en Lima en toda su fuerza 
i al efecto se trabajan décimas para todos los gustos (estilo Ga- 
jardo), que se venden impresas en las calles desde la víspera^ i 
como si fueran suplementos en dia de gran noticia. En los pre- 
sentes tiempos de decadencia i de eclipse, la suntuosidad de los 
antigaos compadrazgos ha decaído hasta un enorme pan de dul- 
ce que vale un sol i se envía con la décima. 

Hai también jueves de comadres que es el que sigue al miér- 
coles de ceniza, i en éste se hace la trocatinta de los regalos i 
de los pecados. Como todas los rancias costumbres coloniales, 
hállase ésta todavía tan arraigada en aquella tierra de los <icom- 
padresD i de la mistura de jazmines revueltos con rosas» que 
basta hacerse un regalo en ese dia para llamarse compadres los 
unos a los otros. 



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— 207 — 

des de su círculo i a las comadres de su iutiiiiidad 
en las horas fugaces del loco devaneo. Guardó, en 
consecuencia, el presidente de Bolivia, la lúgubre 
misiva en un cajón de su despacho, ciñóse los ata- 
víos de la bacanal i cubierto el rostro del antifaz 
requerido, buscó en la calle i en el placer el atur- 
dimiento de estúpida indolencia. 



11. 



Aquella conducta estraña era, sin embargo, tan 
natural en aquel hombre vulgarísimo que no for- 
maba sino una derivación de toda su vida de sol- 
dado i de caudillo. 

Venido al mundo en Sucre d^l seno de una 
simple operaria de obstetricia, a la cual en su 
mocedad canalla i aturdida maltrataba, pero cuyo 
apellido lleva, i de un hombro de mediana cuenta 
i tartamudo llamado Grossolí, cuyo nombre por 
algún motivo repudió, el presidente Daza tuvo 
por verdadera alcurnia el adulo de palacio i el azar 
de los motines. (1) De niño fué aficionado a las 
pendencias i a los ejercicios acrobáticos a que su 
complexión ájil i vigorosa se prestaba, i en tan 
temprano tiempo como el de la escuela munici- 

(1) En nna noticia biográfica de Daza pablicada en el iV^i^?^- 
York Herald del 7 de enero de 1880, se afirma que aquel aban- 
donó su apellido paterno, por disgustos i pleitos con la-fimilia 
de BU padre. 



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— 203 — 

pal, que colindaba con el aristocrático Colejio de 
Junin, este Instituto Nacional de Sucre, el mo- 
zalbete descubria las cualidades de pujiUsta a que 
ha debido, junto con la degradación del pueblo, 
su insólita elevación. 



III. 



Vejetaba en Sucre en su calidad de mozo dia- 
blo i oscuro, abrevando el pobre hogar de su ma- 
dre en amargura, cuando ocurrió la revolución 
(crejeneradoraD (así llamada) del doctor Linares 
contra Córdoba, i con tal coyuntura, hastiado de 
la vida del ocio i la taberna, Daza tomó servicio 
en el SJ* de Bolivia, que mandaba entonces el va- 
liente coronel don Narciso Balza, muerto mas 
tarde. Daza sentó plaza de soldado raso en la 
compañía del hoi coronel Lafaye, su mortal i mas 
desembozado enemigo. 

Cuando cayó Linares derribado por sus propios 
ministros, en el vuelco jeneral de las instituciones 
que en Bolivia se traduce en prodigalidad de 
grados militares i en derroches del erario publico, 
Daza fué ascendido, sin mas mérito que el de la re- 
vuelta, de sarjento 2.° a subteniente en el 3.^ Pe- 
ro el capricho de la fortuna le traicionó en segui- 
da, i en la riña sangrienta que en las calles de La 
Paz sostuvieron en 1863 el 2.'' de Bolivia, que 
mandaba el pundonoroso coronel Cortes, i el 3.^ 



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— 2QQ — 

v^pcidp éste i desarmado, Daza que era jft.! uno; 
de 8U8 papitaneft, retiróse oomo indefinido á Sucre, 
doude IJevó vida dé conspirador i de tahúr: juego 
de naipes i juego d$ cuarteles- . ; 

Fua.Qp es.^ época cuando, al dec^r de aíx» pú- 
blica acreditada en Solivia, manchóse el capütan' 
Daza con fj^p delito, que el rubor obliga , a callar 
en pormpni^res. . . 

IV. \ 

Hallábase ^l capita^ iadeQnidp eq m icindad 
natal puando ostíiHq, ep CopUabaniba,, ea diciem- 
bre 4?. 1861;, el raotir> de cuartel que llqyó aLpi?- 
náciílo de la Republioa al ex-sarje«to de, Y trngai 
don Mariano Melgarejo, i como hombre deaocii-: 
pa^P e ioquie.tQ,.plegóse.aq^ieil a :?u fortuna.. . i 

Recibióle el triur^fador en su ini;inaidad, pero 
no en su favor, pprquje aquel ÍDdi$n>ito brutp de 
las selvas tenia'a lp.s vejces pasiones jeíiefosO'fl'qító. 
le hacian cqncebir t^d^o por lo vil; t)a2a, sipeank 
bargp, s^fridp i siraxiljado (dos coi>dicipneí3 de ibr? 
dio), dábfiBe traías, i, ^stenieudo en losalpj^ 
mientos la brida i el estribo de la hermosa man- 
ceba del jeneralísimo, recibió de sus manos los 
despachos de sarjento mayor. El arlequín subía de 
prisa los peldafips del hji^tripn. , i 

V. ' ' ' 

. Colócase aquí otra acusación de ifiegra memoria 

HIBT. Di LA C. PB T, 27 



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— 210 — 

para Daza: el asesiaato del poeta Néstor Q-aliado, 
sublevado con el jeneral Nicanor Flores contra el 
tiraGQ en el Sur de la República, i vencido en la 
Cantería el 5 de setiembre de 1866. 

Asegurase que, rendido aquel noble mancebo 
en la pelea, descargóle Daza en el Cuello un^ tiro 
de rifle que le postró ^ sus piéd sin vida; salpican- 
do el mártir las botas del asesino con su sangre: 
Galindo era autor de un libro de tiernos cantares 
apellidado Lágrimas. 

Da^a nunca tuvo sino reputacioh sentada de 
cobarde, i aquel hecho ^confirmólo. Pero et ascen- 
so jeneral de la victoria puso sobre sus hombros, 
manchados por la alevosía, las charreteras de te- 
niente coronel. 

En esta- capital, i cómo Melgarejo en el fondo 
de su pecho de fiera, no le amaba, alejóle del pa- 
lacio, confiándole una misión de ésploracion en el 
Pilcomayo. Tüvó está escursion lugar en 1867, i 
al decir vulgar de las ciudades de la Altiplanicie, 
fué señalada, mas que por fijaciones jeográficas, 
por odiosas alevosias contra la hospitalidad. 



VL 



Después de tales corregías por los lindes del 
Chaco, i tal vez como consecuencia de ellas i de las 
quejas a que dieron lugar, el comandante Daza que- 
dó relegado por el disfavor en Sucre, su ciudad fa- 



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- 2U — 

Yoríta. Mas, habiendo levantado allí bandera de 
rebelión contra Melgarejo el genador¡ Reyes Car-^ 
dona, hÍ740 aqnél su renombrada hazaña acrobátir 
ca de llevar el denuncio del trastorno a Melgarejo, 
galopando a razón de cincuenta leguas por dia i 
sin parar en el trayecto de mil quilómetros quel 
separan a Sucre de La Paz, camino de dos sema- 
nas pai^a el viajero que corre las postas i de ti*es 
dias para las locomotoras si alguna vez atravesá-. 
ran por la altura. 

Tal djilijencia granjeóle, sin embargo el aplau-, 
so dpi dictador i el manilo en segundo-de un 
cuerpo que mas tarde^ por su traje de grana i de 
jenízaros, mereció el renombre de Los Colorados. 
Llamábase antes 1/ de Bolivia. 

El caudillo Reyes Cardona aseguró, sin embar-^ 
go, a un chileno residente por aquel tiempo, en 
Sucre, que antes de partir de oculto Daza a La 
Paz, habíale ofrecido entregarle la cabeza dt^ Mel- 
garejo si le daba, para el caso diez mal pesos (i^). 

VIL 

El precio no fué pagado en esa ocasión; pero 
cuando el jeneral Rpndon dio en Potosí ea \^10 
el grito contra q\ sexenio (los seis años de Melga- 
rejo) i Morales se acercó desde el Titicaca, su cuna 

(1 ) Datos oomunicAdos por don Rafael Gana Cruz. . 



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— 2l2 — 

misteriosa, a La Pa2, Daza recibió esa snína exacta 
del comandante don Juan Granier destinada a su- 
blevar él cuerpo que mandaba en jefe, poí encansa- 
mieúto accidental de su coronel. I filé en virtud de 
tkn vil aíliciéhtfe que el híistrion convertido en Jü- 
ddfe aytidó a libertar á su patria, no por compasión 
8 sü desdicha ni por amor a su pisoteada dignidad. 
Sé ha dicho que ía pasión dominante del jene- 
ral Daza ha sido la codicia del dinero, i que en 
los años de su período ha tenido dos ájenteá ac- 
tivos de su saciedad; üá alemán llamado Otto 
Rifchtér, tíorictfftadó suyo, i que en tiempo oportu- 
no tfoftlóén Tacna, donde tesidia, án portante pa- 
ra Europa) i uü astuto i sórdido escoces, de nom- 
bre Speedy, empresario áe la navegado tí a vapor 
del Titicaca i acarreador entre L^ Paz, Tacna i 
Lima del mal habido caudal de su consocio. A 
otíjeü setriejdnte atribuyese el viaje a Europa de 
la eépósa del presidente dé Solivia, siendo su do- 
lorida femé áífiapre testo tóasqne razón de sd bre- 
ve ausencia. 

vm. 

•Piíoitiovidó el Comandante Dázá, por sü défec- 
dón, á cbronel, fué el mas turbulento e insolente 
soátenédoí del dictador Morales, que gobernó á 
Bolivia con el delirium tremen» del alcohol, como 
Melgarejo lo había goberníado con la espuma san- 



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— 213 — 

güínosa de las barricas de cerveza: —diferente jé- 
nero de ebriedad pero una sola clase de gobierno. 

Vi ose por esto al coronel Daza entrar al recin- 
to de la Asamblea de La Paz chivateando a los 
representantes i echándolos a empellones de sus 
puestos, cuando en la víspera de su muerte, en no- 
viembre de 1872, hizo Morales un jesto de repudio 
á aquel honrado cuerpo. Mas, caido el mandón a 
influjo de siete tiros de revólver descargados en 
su propia sala de recibo por un deudo ofendido, 
í)azahizo causa común con los que recójiéron su 
herencia, i dando pruebas de escelen té equilibris- 
ta, quedóse en ía puerta del poder, en cilyós um- 
brales habíalo en la víspera pisoteado. Acompa- 
ñóle en esa empresa el titulado coronel Eguino, 
prisionero de Calama, i mas tardé emisario seére- 
to del gobierno de Chiíe cerca de su persona. 

Ño debe echarse tampoco en olvido para medir 
la talla moral del dominador de Bolivia, que en 
la víspera de su niuertej Morales íiabía sido pa- 
diríno dé su matrimonio celebrado en La Paz con 
la señora Benita Gutiérrez, hermosa «puebleña» 
de Soraia, en la noche del 24 de noviembre. 
¡Siempre la cuestión de los compadres! 



IX. 



Desde aquel mor^^^to en que la ingratitud 
campeaba con la fortuna, diseñóse con mas vivos 



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— 214 — 

colores la carrera del soldado raso del S."" de Bo- 
livia. Finjiendo acatamiento a la coastitucioa^. 
hízose el hombre necesario. Manejaba el único 
cuerpo de infantería que la bancarrota del erario 
permitía pagar con regularidad (el 1.** de Boli- 
via), i aparentando resguardar el orden, vino con 
parte de sus rifleros al Litoral (1875), volviendo 
a subir a la Altiplanicie sin desamparar su escol- 
ta pretoriana. (1) 

Era ademas por su propia virtud, ministro de 
ía guerra, jeneral de brigada i arbitro supremo. 
Su ascención al poder efectivo seria para él en ta- 
les condiciones solo cuestión de horas; i con cierta 
astucia supo elejir la suya, haciéndose proclamar 
candidato por alguno de sus camaradas i presiden- 
te de hecho por sus soldados. Para esto no nece- 
sitó mas dilijencia que comunicar cortesmente al 
anciano presidente Frias la orden de trasladarse 
a Arequipa. 

Era lo mismo que el ministro Fernandez habia 
hecho quince años hacia con el dictador Linares. 



(1) Daza visitó el Litoral en febrero de 1875 i pasó la mayor 
parte del tiempo en crapulosas orjías» bebiendo cel buen vino 
de Chile.:^ Un dia se volcó en su victoria que manejaba torpe- 
mente estando ebrio. En otra ocasión atropello una guardia a 
caballazos^ i por último^ en un banquete que le dio el médico 
del hospital de Actofagasta^ insultó a todos los doctores boli- 
vianos que asistieron (i pagaban de veinte) diciendo que habia 
de nombrarles de prefecto a un alemán. 



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— 215 — 

En Bolivia la alevosía es simplemente negocio 
de copistas. Los modelos abundan. 

La historia política de Bolivia puede concre- 
tarse, en otro sentido, a los viajes a muía de los 
presidentes que bajan de la cumbre i de los cau- 
dillos que la trepan, partiendo especialmente de 
Puno, de Tacna i de Salta, tierras de muías i 
arreadores.... 

X. 

Hemos nombrado con frecuencia en este som- 
brío bosquejo de un ser en cuya alma el lodo era 
la mejor parte del sanguinoso bulbo, al jeneral don 
Mariano Melgarejo, de atroz i perdurable memo- 
ria. Pero entre esas figuras históricas de la Alti- 
planicie andina no cabe comparación de paridad 
ni de justicia. 

Melgarejo, ebrio, era una fiera; pero en la vís- 
pera de la batalla, i en medio de ella, el león rujia 
en sus músculos i sacudía su melena i sus barbas 
montañosas. Tenia como soldado las grandes pa- 
siones de la guerra, inclusa la de la matanza, i 
como hombre solia su alma, amasada como la del 
tigre con la espuma de sus propias babas, ilumi- 
narse con los resplandores de insólita clemencia. 

Pero en Daza, vulgar, cobarde, receloso de su 
propia Sombra, la naturaleza felina dejeneraba a 
sus tipos inferiores, i desde la primera mirada arro- 
jada a su perfil estúpido, aparecía el villano aso- 



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mo de su vjda íntimq,. En Daza el }eop^q.rdo que- 
daba reducido, desde el primer lampo de la pupi- 
la, a las proporciones del gato montes. 

Lo que en todas ocasiones ha prevalecido en 
el último caudillo de Bolivia, es el gandul, ps de- 
cir, el cholo sucrense, alegre, liviano, ft^lso i tu- 
multoso que va a la campaña con el rifle de ful- 
minante en una mano i la vihuela colgada en 
bandola a las espaldas. No hai en esa naturaleza 
estrecha i vulgarísima ninguna de las grandes pa- 
siones de una raza ni siquiera las que enjendran 
grandes crímenes. Daza es un gi^ucho afortqnado, 
p^yo no es nada mas. Su gran deleite es ^u pluqia 
en el morrión (convertida hoi en cometa), su pa- 
sión favorita es el desguste del vino, i su octjpacion 
de mayor intensidad la acun^ujacion sórdida 4? 
escudos, no para el derroche sino para la guarda; 

Melgarejo vivia de sus prodigalidades de caci- 
que oriental. Daza ha vivido apilando los talegos 
de sus sueldos i de sus prevaricatos por el niero, 
estéril i estrecho placer de la avaricia, cuyos hori- 
zontes son las cuatro paredes de una arca de metal. 

Melgarejo sabia g^mar como el hombre primiti- 
vo. Viejo, horrible, implacable, caiíi, deshecho en 
lágrimas a los pies de su querida i la besaba con 
la baba ardiente del orangután en sus encantos. 

Daza no pagaba sino el venal tributo de los 
placeres mediocres, incluso el disfraz pueril del 
carnaval. En cuanto a sus sentimientos mas ínti- 



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— 217 — 

mos, es válido ea Bolivia que el primer castigo de 
cuartel que le impusiera su jefe el coronel Balza, 
fué con motivo de haber insultado a su anciana 
madre que puso querella contra tamaña villania. 
I tenga en cuenta el lector, para la rectitud de 
su juicio i el propio nuestro, que hoi contamos i 
escribimos del hombre i del potentado, cuando 
caido, lo mismo que de él dijimos con igual ento- 
nación a la faz de su usurpado poderío. La histo- 
ria no tiene sino una vara de medir las tallas, sea 
en el solio, sea en el ataúd, i todo otro cartabón 
se quebraría en nuestras manos, fuese al aplicar- 
lo a bárbaro enemigo, fuese para ensalzar la vir- 
tud preclara de varón altísimo, (1) 

XI. 

Pero acerquémonos al fin de esta singular ca- 
rrera, comprensible solo en paises que han per- 
dido por completo el concepto del deber i el sen- 
timiento de su honra ante sí propios i ante los 
estraños. 

(1) Ni es tampoco esto juicio sobre el último mandón de Bo- 
livia de fecha reciente, incubado al calor sofocante de las emo- 
cienes de la guerra. Lejos de ello. Hace alguuos años, i cuando 
veíamos encaramarse a la altura del poder aquel soldado tan 
oscuro, que no ñgura siquiera en los libros biagr¿fico8 de Bo-* 
11 via de última hora (1876), preguntábamos a un compatriota 
de larga residencia en aquel pafs por aquel mito; i nnestro inter- 
locutor, hombre frió i profundo observador de caracteres, dió- 
nos por única pero completa definición del jeneral Daza, a la 

BIST. D£ LJl C. DIS T. 28 



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— 218Í — 

Prociaimado el jienerál Dá¿¿t ^éáidéfite dé lá* 
Repiublié» el 4 de mayo de 1876, éti virtud de úü 
motín sancionado, como todos los i!notitíetí anterio- 
res, por nna AsaTlablea, i ascendiendo a capitán je- 
neraQ pof sns propios dss^aChois, sxi única diviisa 
de gobierno pareció cifrarse en estos tres^ gíandelá 
afanes de su programa pólítíéo i dle sú vid^i j!)ér- 
segoiir a sus enemigos, estrújuí las últimaé' gotas 
del festm arjentífero del Litoral, i divertirse. 

En ésta triple empresa sbrpVén'dióle fá aferiúdií'- 
te misiva del cónsul Grátaier, i por esto, fíeT á su 
programa continuó su ardiente pasatiempo en las 
calles i plazas de La Paz. — <cEl rei se divierte. d 

IlaS'fiest<is del carnaval, que en Bolivia cóh- 
sisten en asaltarse en las aceras con melindres de 
agua rica i olorosos polvos, no habikn venido so- 
las. Hacia- solo pocos dias hablan encontrada tér- 
mino las fiestas semi-reáles del natalicio del pre&i^ 
dente, ocurrido el 14 de enero, dia de San Hila- 
rión, elocuente obispo de Poitiers, amigo íntimo de 
San Saturnino, que fué obispo, tuno i casado. 

Bazou ministi'o de la guerra de la administráoion Friáis, lá si- 
guiente: — cTiene todo» los vicios de Melg:arejo i ninguna de 3ti& 
buenas cualidades.]» 

Véanse todos nuestros artículos sobre lá guerra publicados en 
El Mercurio, El Fen^oearril i en El Nuevo Ferrocarril^ eíi 19^9. 



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^ 210 — 

Con tal motivo, arn^^(Jo de lanza, vestido con 
su plumaje ya histórico i cubierto de relucientes 
z^rftftdaja?, el presidente de Bolivia habia pene- 
Ijr^fio, seguido de su estado mayor de veintitrés 
eíJ^CíMiep, B poner auerte en los toros recamados 
fie ^jandileeí i collares de pesos bolivianos, que 
ibíaa el galardón pfrecido en la plaaa de La Paz a 
^s ^hú^^ indiadas de los contornos. 

Al propio tiempo tenian lugar en la mayor par- 
te de los pueblos de la República, fiestas análogas, 
cuya sencilla relación hace detenerse la sai^gre 
entre la lástim^v i el desprecio que insp^r^ el en- 
yilecipaiento voluntario de una nación libre i a la 
cual incumbia el deber de respetarse para ser res- 
petada de otros pneblos.— <rEn particul9.r deseo, 
espribia oficialmente el gobernador d^ T.^h.u.^'fl^.co 
»\ ministro 4^ gc^bi^rno, dándole Quent* de la.$ 
bestias del natalicio del histrión, que Dios i su 
Santísima Madre la Vírjen de Copacabana le pro- 
diguen con sus bendiciones; así misu^o ^i Ud. señor 
ministro, yo i el pueblo saUídamois mui cprdial- 
mente, ^^licitándole también como a uno de los 
dignos colaboradores en la rejeneracion de nuestro 
porvenir dichoso. !> (1) 

(1) El ^precí^ble íl^otiflita ijiorte aroe^ioí^np ^eñpr Dpis qijie 
hüi reside en Sai?tiao;o i ae hal?la)ba <^e pa^so. ^a Ln Paz, para 
cuya ciudad el autor de ^ate libro le hftijia dado cartas, de reco- 
mendación, presepqió e) tpr^o personal de Da^a pl dia de San 
nila;;ion i la n^u^vte 4e Ujai» poI;)i:í¡ ipdia, SJol(r^ la,qi;^al?e preci- 



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_ 220 — 

xm. 

I cosa curiosa pero ya trivial en la historia de 
estos desventurados paises de la América espa- 
ñola, condenados al eterno vaivén de sus propias 
desasosegadas olas. Mientras el presidente Daza 
divertíase como los eunucos del Bajo Imperio en 
Bizancio, los volcanes ardian a sus piós, porque el 

pitó una bestia al querer [arrebatarle aquélla, estando ebria, él 
mandil con su codiciado ftderézo de monedas. 

Bespecto de la infame adulación de las fiesta de natalicio, hé 
aquí algunos pasajes de las noticias oficiales que se publicaron 
en LcL Demoeraeia, diario oficial del gobierno boliviano i que 
faeroi^ contestadas por su triste gabinete. Tomamos los sigoien- 
tes párrafos del prograipa de las fiestas 4e Sorata, referidas por 
su 6ub- prefecto don Eleuterio Mariaca al gobierno mismo: 

^ror un bando se anunció al público la aproximación. del 14 
dn éste, día qué viera nacer al esclarecido jefe de la nación, i 
desde ese momento se sintió un movimiento casi jeneral con ma- 
nifestaciones las mas decisiv'as pCHr el sefior jeneral Dazi|. Me 
permitiré pues hacer la mas lijera relación de todo lo ocurrido, 
ajin de que el gobierno supremo conozca a sus buenos amigos. 

dEI día 13, alas doce, un repique de campanas fué la señal 
del regocijo del pueblo, al que se siguió el empabesado de tien- 
das i ventanas con la bandera nacional: a poco hicieron su en- 
trada las diferentes danzas de los indfjenas, metiendo el bulli- 
cio i algazara consiguientes a semejantes actos. 

2>La noche fué solemnizada con iluminación jeneral de la po- 
blación, seguida del canto nacional entonado por los niños de 
la escuela de esta villa, dirijida por su hábil i entusiasta pre- 
ceptor dan Bleodoro Puertas: terminó la noche con camareta- 
zos i danzas de los indfjenas, echándose al vuelo las campanas. 

»Rayó el 14, un repique de campanas faé la señal de que ha- 



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— 221 — 

caudillo Corral conspiraba con fortuna contra él 
desde Puno, donde se hallaba refujiado, i en La 
Paz misma urdíase en los cuarteles vasta conjura- 
ción militar de que eran promotores, en el campo 
civil el doctor Belisario Salinas, sobrino del jene- 
ral Belzu i secretario hoi del jeneral Camacho, i 
entre los militares el atrevido coronel don Fede- 
rico Lafaye. Hallábanse apalabrados algunos capi- 

bia amanecido el deseado dja, se le signieron el atronar de ca- 
maretas i el himno nacional entonado por mas de cien niños que 
entasiaf ttis recorrían los cuatros ángulos de la plaza, dando ví- 
tores al jefe de la nación, a su natalicio i al pueblo soratefio. — 
A las once, poco mas o menos, el virtuoso párraco de esta 
doctrina, doctor Bernabé Ibafiez, votó una misa solenme al 
Todo Poderoso en acción de gracias por el natalicio del señor 
presidente de la República^ i terminó con un Tedeum de estilo.^ 

Una sola voz de protesta habíase escuchado en aquella estú- 
pida saturnal en que se colocaba a un simple beodo en los al- 
tares. Pero el honrado ciudadano que habia huido del apoteosis, 
era denunciado en estos términos: 

aTales han sido las fiestas del 14 en homenaje del natalicio 
del ilustre gobierno nacional (sic). Todos los empleados se han 
portado bien, menos uno, que lo fué el correjidor de ésta don 
Ezequiel Agramante, que estudiosamnnte hizo oposición a todo, 
perdiéndose (sic) desde el dia 11. :d 

En cuanto a las borracheras de Tiahuanaco, parecía haber 
habido en aquellas partes mas palabrería que repiques^ porque 
el sub-prefecto o ájente cantonal de aquella aldea, que era el 
mismo que encomendó a Daza a nuestra señora de Copacabana, 
se espresaba en su nota en estos términos testuales: 

«Que la ¡¡¡Divina Providencia por su sabiduría incomprensi- 
ble!!! para esferminar la situación lamentable en que nos hallar 
bamos en todo el tiempo dal tirano sexenio desde noviembre del 



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— ?22 — 

ta^ifts 4^1 lifitsi'Uon (Je Colorados^ siete gai^^eptos i 
B\í tercpr jefe, el cpraand^nte Guzman. Perq de^s- 
eubiertp el complot por el jefe del rejimiento 4^ 
Húsareí^ don Julián López, fué pr^so i confinado 

afip 1^70, se dignó y^y con ^ntipij^acipQ^ d^sign^r cop e| dedpde 
BU pn^nipptente mano por puestrq gobernante, como lo es ahora, 
el llamado por todos los pueHos de la República i por elección 
leal. 

:^E1 pacificador de Bolivia^ jeneral don Hilarión Daza, ha- 
biendo coronado a este señor jeneral, ppr los esfuerzos i sacrifi- 
cios que se hizo en bien de su patria; la victoria del memorable 
dia 15 de enero de inmortal recuerdo cuyo aniversario tambíea 
en el dia de hoi %e solemniza con igual entusiasmo.]^ 

Hé aguí ahora la consagración oficial de todas a(^uellas indig • 
ñas bacanales de chicha i servilismo. 



HINI^TSBIO P.B G0B.^;9K0. 

La Paz, enero 20 de 1 879. 



Pefipr: 



«En contestación, tengo el agrado dé manifestar a Ud. i la 
vecindad, « nombre del señor presidente de la liepúblicaj sus 
sentimientos de gratitud por las ovaciones que ha merecido en 
el dia de su cumple-años. 

Reiterando a Ud. mis consideraciones de particular estima- 
ción, me es grato suscribirme su mui atento, seguro servidor 

Martin Lanza.^ 
Al señor intendente de policía de la capital, Sorat^ 

¿Puede prestarse tal orjía llamada induljentemente gobierno 
a mayores comeQtarios? 

Solo añadiremos que el señor Lanza ^s un doctor de Coch.a- 
l^amba i no el peor enemigo que Chile tiene ep aquellas alturas. 



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1 

i 



— 223 — 

el dociór Sálitias, después dé soportad sañuda beía 
del riútócíatá; envióse a Guzínán co¿ disimulo á 
una Subprefectura del Sur i ecliárotise sobre La- 
faye todos lóá Sabuesos de la dictadura pata ha- 
certe págár éü el Beni sü tenaz odio al antiguó 
recluta de str coTnpañía. 

Sé recordará todavía por los que esto leatl eli' 
Chile qué la corís^íracion de Salinas fué descu- 
bierta ó castigada cáói coetáneamente con lá^ ocuí-' 
pación dB Aiitofágas^a, de suerte qdé á eBa cíí- 
cuta^stancia í a la¡ ániniistia otorgada eá la¿ pW me- 
ras horas d'ebióáe el qiie I03 conspiífadótes^ fáíéséü 
tratádos^^ óoh verdiadéra i poco' acostúbibrad'a mag^- 
naniuiidad. 

Pudo, en consecuencia, el presidente de Solivia 
proseguir su alegre carrei*a' do saraos, reservando 
el despertar, como los hombres que se embriagan 
con el Vino; pái^a ese ccmáñ'a'na'p iiÜportüho é in- 
definido qué a su dé'séo' jamas habrá de llegar, 

XIV. 

A las fiestas del natalicib sucediétónse a poco 
laé dé la recepción del ministro del Perú' doctor 
don Luis (guiñones, acto que tuvo lü'gar en el pa- 
lacio dié gobierno dé Lá Paz el 2 de febrero dé' 

Ésa ceremonia de síáiple etiqueta, qué es tanto 
massehbilla en la práctiéa db los países civili¿a- 



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— 224 — 

dos cuanto mayor es el poderío de la nación que 
recibe o solicita la hospitalidad internacional, 
reúne en Bolivia los atractivos de un espectáculo 
populoso, de una parada de tropas i de una pro- 
cesión diplomática que termina de ordinario en 
un festin. Pero en aquella ocasión i por motivos 
que mas adelante se pondrán por sí solos en lumi- 
nosa trasparencia, gastóse mucho mas aparato, 
mas galones, mas plumas, i mas cerveza que en 
épocas ordinarias.— «La recepción ha sido mas 
solemne quo cualquiera de costumbres, decia la 
versión oficial de la ceremonia que con los discur- 
sos cambiados dase a luz en los anexos del pre- 
sente capítulo. 

XV. 

Acontecía, por la manera fiel como quedan re- 
feridas las cosas i reflejados los caracteres, que 
mientras en el Litoral el dilijenciero de Autofa- 
gasta i su terco prefecto sacaban a remate las in- 
dustrias libres que debían pagar el saldo de las 
fiestas del carnaval, el presidente de Bolivia i sus 
acólitos recorrían las calles de la capital mojando 
a las damas con agua de Colonia i levantando la 
careta de seda de las mas bellas, a trueque de 
mostrar la suya, lívida i trasnochada. Pero cuan- 
do la campana de ceniza anunció al amanecer la 
hora del sosiego, el presidente de aquella infeliz 



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— 225 — 

República, despertando cómo los demás de entré 
las sombras, leyó la carta de Antofagasta, como 
Baltasar el Mane Tesel Fares del banquete babi- 
lónico (1). 

XVI. 

Convocó entonces el histrión, hastiado ya de 
pleceres, a consejo a sus ministros, i fué solo en 
tal momento, cuando con fecha 26 de febrero, ee 
decir, el dia de cenizas, término obligado del car- 
naval cristino, lanzó a su pueblo aquella famosa 
proclama, inspiración suya, pero obra de su mi- 
nistro Julio Méndez, hidrófobo enemigo de Chile 
por herencia i por demencia. 

Ese documento, que es el manifiesto mas com- 
pleto de una situación, merece ser conservado ín- 



(1) Hemos dicho qne la noticia de la ocupación deAntofa* 
g98ta llegó á La Paz el 20 de febrero. Aunque Dasa logró te^ 
nerla oficialmente oculta una semana, era público el suceso en 
aquella ciudad desde aquel dia por la indiscreción de alguien 
de palacio i por las cartas particulares que la casa de comei'cio 
de Farfan i C.^ envió desde Tacna, al dia siguiente del es- 
presado despacho por el cónsul Granier. Sucedió de esta saer* 
te (aunque el caso parezca inverosímiO qae mientras Daza 
andaba de careta por las callas, muchos vecinos de La Paz le 
enviaron anónimos sangrientos acusándolo de traidor i de ven- 
dido a Chile, puesto que ocultaba la noticia del asalto de aquél 
país. 

HIST. DE LA O. DB T. 29 



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*- 226 — 

tegramente en las pajinas de la historia, i pot 
tanto, lo reproducimos en seguida. Dice -así, tar- 
jando sus pasajes mas estrafalarios, vestijios evi- 
dentes de delirante carnaval: 

«Bolivianos! La Reí)ública de Chile nacida a la independen- 
cia por los esfuerzos arjentinos, i defendida de la reacción espa- 
ñola de 1866 por las otras tres Repúblicas del Pacífico meri- 
dional, persiste en desplegar las fuerzas con que la ha dotado 
esta mitad de la América^ para perturbar i agredir su equilibrio 
internacional representado por el principio constitucional de su 
derecho de jentes reciproco: — el uti possidetis de 1810. 

]>La ocupación progresiva de los dos desiertos de Atacama i 
Patagonía, demarcadores de la capitanía jeneral de Chile, man- 
tienen a éste en permamente ataque contra la integridad de Bo- 
livia i la Confederación Arjentina, llevando sobre los estremos 
de los océanos Pacífico i Atlántico una pretensión de predomi- 
nio inconciliable con el desarrollo marítimo de las naciones que 
avecindan, i la concurrencia de todas las demás marinas del glo- 
bo, al encuentro de dos océanos i la comunicación de dos mundos. 

DYa veis que las imprudentes concesiones territoriales de la 
dictadura Melgarejo, otorgando a Chile tres grados jeográ- 
ficos en pleno dominio, i apartando uno solo en media so- 
beranía desde ol 23 al 24®, no han bastado a colmar la am- 
bición de un estado que, a las absorciones territoriales i a^la 
hejemonia hispano-americanay no ostenta mas títulos que los de 
una diplomacia llena de falsía i duplicidad, i la influencia 
arrancada a intervenciones mas o menos manifiestas en la gue- 
rra civil que naturalmente aqueja la infancia de nuestras .Re- 
públicas. A las dictaduras de Rosas en el Plata i de Melgarejo 
en los Andes, debe los avanzados puntos de Punta Arenas en el 
Estrecho de Magallanes i el puerto Blanco Encalada en Ataca- 
ma, i no bastando estos avances a su ambición, ha roto el dia 14 
del presente los mismos pactos concesionarios de Bolivia, esten- 
dieudo su ocupación basta el grado 23^ conforme a la intimación 



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- 227 — 

del jefe de las fuerzas que han izado en Antofagasfca el pabellón 
de la conquista. 

:»Compatríota8! Es la primera vez que la guerra de conquis ta 
se ostenta entre pueblos hispano-americanos, pocos dias des- 
pués de que un laudo arbitral zanja las cuestiones territoriales 
de la guerra del Plata^ entre la Confederación Arjentína i la 
República del Paraguai. Recordáis que, realizada allí la victo- 
ria mas absoluta i la conquista estipulada en los pactos solem- 
nes déla triple alianza/ la Confederación retrocedió delante de 
estos derechos de otro continente i de otra civilización^ declaran- 
do espléndida i americanamente que la victoria no le daba títu- 
los territoriales, i pactando en consecuencia, bajo 1 os principios 
de la paz mas completa, el tratado de 3 de febrero de 1875, que 
ese laudo arbitral ha venido a complementar. Hoi Chile vieue 
a romper el hermoso concierto del derecho de jentes americano, 
con un escándalo contra el cual han de protestar, por su sola 
significación, todos los estados setentrionales i meridionales de 
este continente. 

»E1 derecho de conquista emerje del fondo de una cuestión 
administrativa i que recien empezaba a discutirse, antes de ha- 
berse definido la jurisdicción interna o esterna que le era refe- 
rente, i por consiguiente de la esclusion o el estricto caso del 
arbitraje. La guerra nos ha sido impuesta sin que haya sobre- 
venido el rigor de un casns belli, i al contrario anticipando la 
amenaza al reclamo i la ruptura de tratados mistos de límites i 
derechos secundarios, a la jestion del cumplimiento de éstos. 
Nos ha sido impuesta alegando que somos nosotros los que 
rompemos el pacto de límites que hemos guardado con dolorosa 
fdelidad. Nos ha sido impuesta sin suficiente declaración, como 
a la confederación Perú- Boliviana en 28 de febrero de 1836, 
arrebatándole antes su escuadra el 21 de agosto del mismo año; 
como en 1837, usufructuando la paz de Paucarpata i devolvien- 
do la guerra; como en 1866 a España, abordando ta Covadonga 
conbandera neutral; como siempre, sorprendiendo la paz i la 
confianza pública. 

»C hile que ha hallado tolerancia a este sistema de subversión 



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— 228 — 

contra el derecho internacioBal hiepano-amerícaao, acndiendo 
al espediente sofístico de hacer litijioso el uti possidetia, princi- 
pio acatado no solo por so eminente justicia, sino también i mni 
principalmente por su doble evidencia históriea i ieográfica; no 
lo dudéis, hallará por ñu término con su imprudencia a sus am- 
biciones perturbadoras del bienestar de medio continente. 

:DPara lograr tan seguro bien, no necesitáis mas qne rodear 
la enseña de nuestro glorioso estandarte^ burlando el inicuo 
plan de contender por medio de la guerra intestina, qne son 
capaces los atentadores del dia 14 en las indefensas costas de 
Antofagasta^ donde no reside el poder soberano a quien se dirije 
esa guerra cobardemente reducida a una, ocupación sin yictoría, 
sin honor i sin derecho. 

^Limitándose Chile a ocupar el Litoral^ busca íbrzarnos a la 
ofensiva. Bolivia acepta la guerra sin provocarla. La ofensiva 
pertenece al desgarrador de tratados i al detentador del terri- 
torio. Nuestra fuerza es eminentemente defensiva e inespugnable; 
no renunciaremos a ella. Tócales salvar el desierto, vencer el 
espacio } retarnos en el asiento de nuestro poderío. La mera 
ocupación de una provincia alejada por el mar i el estranjero 
por un rumbo, i perdida en el desierto por otro, no es guerra, 
porque no concluye en la victoria, ni puede resolverse por tra- 
tados de paz consiguientes. Es una detentación vandálica, la 
guerra permanente, una violación contra el derecho mismo de 
la guerra, que his naciones no pueden consentir, porque ai bien 
es lícito apelar a las armas i al derecho de la fuerza, es también 
consiguiente limitar la duración de la guerra al hecho Jinal del 
triunfo dirimidor. 

» Conciudadanos!— Ved ahí trazada nuestra tarea con el agre- 
sor. Falta ahora que vuestro acendrado patriotismo le oponga 
esa maravillosa unificación de sentimiento nacional con que 
nuestros padres supieron superar i aun vencer guerras de inter- 
vención radicadas en el servicio de partidos políticos internos. 
¿Con cuánta roas razón vuestro civismo no resaltará delante de 
la guerra de conquista a que os provoca una nación ingrata al 
favor de fiuestros fcsovos en minas i ricas eustafwias inorgánicas^ 



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— 229 — 

al socarro gratuito de nuestra alianza i a la cesión de nuestro 
territorio! Chile vale lo que Bolivia le ha dado. Antes no 
fxxé roas que país de cereales, í lo que allí llaman hoi capitales 
e indnstria chilena, no son mas que las riquezas esplotadas a 
Bolivia ingrata i pérfidame;ite. Vais a combatir contra las vea- 
tajas creadas por vuestros propios favores. 

La Paz^ febrero 26 de 1879, 

Hilarión Daza. 

XVII, 

Al migmo tiempo el presidente Daza dirijió una 
característica proclama al ejército; decretó la mi- 
litarización i movilización de las fiíerzas provin- 
ciales de toda la República, agrupándolas en ba- 
tallones de escasos cuadros i pomposos nombres, 
acordó una sensata i gradual rebaja de los sueldos 
públicos de 10, 15 i 25 por ciento, cabiendo la 
última a su propio salario, i por último, declaró la 
guerra a la República de Chile, sin andarse con 
ambajes de abogado ni invenciones de palabras 
de lejista, todo lo cual habrá de verse con interés 
en los anexos. 

Dióse el mismo dia de la proclamación una 
amplia amnistía política (febrero 26), i conforme 
a la constitución de la República, declaróse a la 
patria en peligro, ordenando para confirmarlo 
que se confiscaran todas las propiedas de los chi- 
lenos, especialmente en Corocoro, i su espulsion 
inmediata del país. 



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— 230 — 

Como consecuencia de esta última medida fue- 
ron villanamente ultrajados los chilenos residen- 
tes en el mineral de Corocoro, levantado de secu- 
lar postración por el trabajo de aquéllos. Una 
turba de beodos acaudillada por el fiscal Collao i 
un doctor Silva, despedazó en las calles el escudo 
i la bandera del vice-consulado chileno que por 
fortuna servia en aquel asiento un pacífico ale- 
mán. 

La violencia de la prensa no reconoció valla 
humana ni en el lenguaje ni en la provocación; i 
para no citar sino un ejemplo, copiamos de la 
protesta que levantaron los bolivianos residentes 
en Tacna los siguientes conceptos dirijidos al 
presidente de la República de Chile: ~<t La histo- 
ría ha de colocaros en el puesto que habéis bus- 
cado con vuestra miseria i ambiciones. Capitán 
de rotos i bandidos, robad! !!i> 

XVIIL 

Ocurrió también de curioso, en aquel tiempo de 
preliminares, que todo el estado militar de Bolivia 
firmó en La Paz una protesta colectiva contra el 
atentado de Chile, i de la nómina de los firman- 
tes, algunos de los cuales como Zapata se halla- 
ban en Cobija i otros en Chile o en viaje, como 
el coronel Granier, resulta que había en Bolivia 
en esa hora no menos de 14 jenerales, 135 coro- 



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neles, 84 tenientes coroneles, ^7 comandantes, 
120 sarjentos mayores, 100 capitanes, 184 tenien- 
tes i 72 subtenientes: un ejército de 806 oficiales 
para un ejército de 2,232 soldados sobre las ar- 
mas; esto es, un oficial para cada dos soldados (1), 

(1) Según datos tomados del presupuesto de Bolivía para el 
bienio de 1879-80 las fuerzas efectivas del ejército ascendian a 
ese número i estaban distribuidas de la manera siguiente: 

Jenerales de división 2 

Id. de brigada 3 

Coroneles 20 

Tenientes coroneles 40 

Comandantes 37 

Comandantes cirujanos 3 

Sarjentos mayores 32 

Cirujanos mayores 1 

Id. primeros 1 

Id. segundos 1 

Capitanes 45 

Tenientes primeros 37 

Id. segundos 43 

Subtenientes 61 

Auditor 1 

Vicario 1 

Capellán 1 

Director de banda 1 

Sarjentos primeros 241 

Id segundos 219 

Cabos primperos 188 

Id. segundos 178 

Músicos 31 

Cometáis * 14 



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- 232 



XIX. 



El ejército con que el presidente de Solivia 
pvetendia descender de la Altiplanicie a los mé- 
danos de la costa para castigar la insolente ocu- 



Cadetes 53 

Soldados 976 

Comisarios ., ,« 1 

luspector 1 

ToTAT 2232 

Su distribuciou según sus axmas i destino era la que ponemos 
a continuación ; 

De guarnición en los 16 principales pueblos de la Repú- 
blica... f*.. 445 

Empleados en la comandancia de armas 30 

Ministerio de la guerra^ estado mayor jeneral, parque i 

agregados ,...., 28 

Edecanes del presidente 20 

Corte suprema marcial 1 

Corte, marcial 5 

Batallón Daza^ granaderos 1.^ de la guardia 513 

Id. Sucre, granaderos de la guardia 341 

Id. Il,limani, cazadores de la guardia 339 

Bejimiento Bolívar, 1.*^ de húsares (rifleros) 268 

Escuadren volante de ametralladoras (artilleros) 154 

Escuadrón escolta (coraceros) 59 

Total, ,. 2232 



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— 233 — 

pación de los chilenos a quienes comparaba en 
. todos sus documentos públicos a los filibusteros 
de Walker en Nicaragua, era por tanto análogo 
al de Chile, de presupuesto a presupuesto, siendo 
inferior solamente en 177 soldados, pero mas fuer- 
te en oficiales, de alférez a jeneral, eil la propor- 
ción de uñó contra die¿. 

En cuanto a los cuerpos movilizados, he aquí 
la fortúa i disfribucion que de ellos se hizo pbt 
depai-tametitos i por armas, conforme á. ün decre- 
to de 28 de febrero: 

1." La guardia nacional se dividirá eñ activa i 
pasiva. 

El Mercurio deValparaÍBo, comentando estos documentos, ha- 
cia en el mes de marzo de 1879 las siguientes cariosas reflexi- 
nes: 

«Llama la atención en los estados anteriores, el inmenso nA- 
mero de cabos i sarjen tos de la tropa boliviana; puei^ mientras 
los soldados alcan2;an «oléunente a 976, hai 826 de aquéllos..: 
Esto se esplica sabiendo que el batallón Daza está compuesto 
en su inmensa mayoría de oficiales i clases, habiendo, de 510 
hombres que lo forman, soló 173 soldados. Mas o menos lo mis- 
mo sucede con los demás batallones. 

:» Igual desproporción se nota en los coroneles, tenientes cord^ 
neles i comandantes, cuyo número sube a 97. Pero no es estri- 
ño que asi suceda, desde que 16 de ellos sirven como edecanes 
a S. E. ¡I qué menos tampoco para los andariegos i ostentosos 
presidentes de Bolivia! 

»En cambio, en aquella Kepública hai poca o ninguna afición 
a la música: las cinco bandas juntas apenas tienen 34 músicos, 
que es bien poca cosa, aun cuando mus no sea que para apagar 
el silvido de las balas i morir contento». 

HIST. DE LA C DE T. 30 



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— 234 — 

2/ La primera será formada por todos los boli- 
vianos solteros i viudos que tengan la edad de 16 
a 40 años. 

3.' La segunda, de los casados i de los que cuen- 
ten mas de 40 años de edad. 

4.'' Ademas de los jefes, oficiales i clases que 
fueren nombrados conforme al reglamento, cuyos 
despachos i nombramientos serán espedidos por el 
presidente de la República, queda éste como capi- 
tán jeneral del ejército, con la facultad de nombrar 
jefes, oficiales i clases en calidad de instructores. 

5.' Tan luego como el ejército sea declarado en 
campaña, la guardia nacional activa estará dis- 
puesta a tomar l^s armas i trasladarse a los cam- 
pamentos que le sean designados. 

6.' la guardia nacional activa se compondrá de 
los siguientes cuerpos, llevando cada imo el nom- 
bre de la localidad a que pertenezcan i ademas el 
número que se les designará en las divisiones o 
cuerpos del ejército. 

INFANTERÍA 

Despartamento de La Paz.=Batallones La P¿iz, 
Omasuyos, Pacajes e Ingavi, Yungas, Sicasica, 
Inquisivi, Larecaja i Muñecas. 

Departamento de Oruro. - - Batallón Patria i Ca- 
rangas. 

Departamento de Cochabamba. — Batallones 
Cocbabamba, Tapacarí, Oliza, Tarata, Totora, Ar- 
que i Chaparé. 



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~ 235 — 

Departamento de Potosí. — Batallones Potosí, 
Parco, Chayan ta (en sur Chayanta), Colquecha- 
ca (en norte de Chayanta), Chorolque (en sur 
Chichas), Chichas (en norte Chichas). 

Departamento de Chuquisaca.— Batallones Su- 
cre (Cazadores), Cinti i Yamparáes. 

Departamento de Tarija. — Batallones Tarija i 
Tomayapo. 

CABALLEBÍA 

Departamento de Cochabamba. — Escuadrones 
Punata i Mizque. 

Departamento de Chuquisaca. — Escuadrones 
Padilla i Acero. 

Departamento de Tarija. — Rejimientos San Lo- 
renzo, Concepción, Salinas i San Luis. 

Departamento de Santa Cruz. — Rejimientos 
Santa Cruz, Vallegrande i Cordillera. 

ABTILLEBÍA 

Departamento de Oruro. — Batallón Oruro. 

7.* El departamento de Beni i las provincias de 
Caupolican, Chiquitos i las demás ya anotadas en 
este cuadro, remitirán continjentes personales pa- 
ra engrosar el ejército permanente. 

8.* Ademas de estos cuerpos, se formará uno 
de preferencia, de rifleros a caballo, titulado «Le- 
jion bolivianas. Este se compondrá de los jóvenes 
voluntariosífde todos los departamentos que se 
presentarán armados i montados en su cuartel 



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— 236 — 

jeneraL Su primer jefe será el capitán jen^ral del 
ejército, cuyas órdenes le serán directamente co- 
municadas. Sus demás jefes, oficiales i clases se- 
rán nombrados a elección de entre ellos o de en- 
tre los jefes del estado mayor jeneral i edecanes 
del supremo gobierno. Los jefes i oficiales sueltos 
se incorporarán en la «Lejion bolivianai^. (1) 

XX. 

Con relación a su acción diplomática, el presi- 
dente Daza habíase limitado a despachar a Lima 
a su ministro Reyes Ortiz, para propósitos que 
luego caerán bajo el dominio de esta historia, ha- 
biendo dejado ese emisario la ciudad de La Paz 
el 8 o 10 de febrero, mucho antes de la noticia de 
la ocupación del Litoral. 

(1) Anunciábase al principio de la guerra, que Daza contaba 
con hacer prodijíos con estos coutinjentes vaciados en el papel. 
Al menos en un diario de la Serena del 17 de marzo se publicó 
como auténtica la siguiente carta diríjida por el presidente a 
un señor Mesa, cónsul de Solivia en esa ciudad i que enseguida 
lo fué de Moliendo: 

((Amigo Qarcía Mesa: 

Salga de ese suelo infame i venga a reunirse con nosotros. 
Yo marcho al Potosí a la cabeza de diez mil hombres^ juro que 
antes de sese7ita dias habré recuperado el Litoral i nuestra ban- 
dera flameará do solo en esa capital sino mucho mas allá. 

1» Siempre suyo 

H. Daza». 



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— 287 ~ 

Consta en efecto, de un aviso del cónsul de 
Chile en Arequipa don Baltasar Castiljo, que el 
emisario del tratado secreto pasó por aquella ciu- 
dad en la media poche del 13 de febrero; de suer- 
te que el ministro boliviano llegaba a Moliendo 
el mismo dia que el coronel Sotomayor ponia en 
Antofagasta pié de guerra. 

Los estremos del alambre iban á tocarse, i la 
chispa eléctrica que convertiría en hoguera la mi- 
tad del continente austral de la América españo-^ 
la, brillaba ya en los horizontes! 



ANEXOS AL CAPITULO IX. 
I. 

DBCLARAOtON DE GUERRA DE BOLI^IA A CHILE 

HILARIÓN DAZA, 

PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE SOLIVIA, ETC. 

CoQsiderando: que el gobierno de Chile ha invadido de hecho 
el territorio nacional, sin observar las reglas del. derecho de 
jentes ni las prácticas de los pueblos civilizados^ espulsando vio- 
lentamente a las autoridades i nacionales residentes en el depar- 
tamento de Cobija 

^ Qne el gobierno de Bolivia se encuentra en el deber de dic- 
tar las medidas enérjicas que la situación exíje, sin apartarse no 
obstante de los principios que consagra el derecho público de 
las naciones. 



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— 238 — 

Decreto: 

Art. I.** Queda cortado todo comercio i comunicaciones coa 
la República de Chile, mientras dure la guerra que ha promo* 
vido a Solivia. 

Art 2.*^ Los chilenos residentes en el territorio boliviano se- 
rán obligados a desocuparlo, ea el término de diez días conta- 
dos desde la notificación que se les hiciese por la autoridad 
política i local, pudiendo llevar consigo su papeles privados, sa 
equipaje i artículos de menaje particular. 

Art. 3.^ La?espulsion ordenada en el artículo anterior solo 
podrá ser suspendida por el téimiuo que fuere estrictamente 
indispensable por causa de enfermedad u otro impedimento gra- 
ve ajuicio de la autoridad. 

Art. 4.^ Se procederá por las autoridades respectivas al em- 
bargo bélico de las propiedades, muebles e inmueble^ pertene- 
cientes a subditos chilenos, en el territorio de la República con 
escepcion de los objetos designados en el artículo 2.** 

Las empresas mineras pertenecientes a chilenos o en las qne 
hubiere acciones de esa nacionalidad, podrán continuar su jiro 
a cargo de un administrador nombrado por la autoridad o inter- 
vención de un representante del fisco, según creyere aquella mas 
conveniente. 

Art 5.® Los productos netos de empresas mineras pertene- 
cientes a chilenos, o de las acciones correspondientes a los mis- 
mos, serán empozados en el Tesoro NacionaL 

Art. 6.® El embargo mandado por este decreto se convertirá 
en confiscación definitiva siempre que el jénero de hostilidades 
que ejerzan las fuerzas chilenas, requiera una resolución enérji- 
ca por parte de Bolivia. 

Art 7.* Se desconoce toda transferencia de intereses chilenos 
hecha con posterioridad al 8 de noviembre último, en cuya fe- 
cha el gobierno chileno declaró nulo el tratado de 1874, debien- 
do considerarse como simulado todo contrato que se hubiere 
pactado a este respecto. 

El ministerio de Gobierno i Relaciones Exteriores cuidará de 
la publicación i ejecución de este decreto. 



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— 239 — 

Es dado en la ciudad de La Paz de Ay acacho el día 1.° de 
marzo de 1879.— (Firmado). — H. DkZK.—Othon M. Jofré, — 
Julio Méndez, — Refrendado, — Eulojio D. Medina, — Es confor- 
me. — El oficial mayor. — Luciano Valle. 



IT. 



PROCLAMA «DKL CUCHILLO CORVO» ESPEDIDA POR BL PRESIDENTE 
DAZA AL EJÉRCITO BOLIVIANO. 

«Soldados: A la sombra de la paz que debería ser inalterable 
i cordialmente sosteuida entre las Repúblicas de Bolivia i Chile, 
porque asi lo exijen los intereses de ambos países, i porque mi 
gobierno ha cuidado de cultivar con esmeros sus fraternales re- 
1 \ciones, el de aquella- nación acaba de consumar un incalifica- 
ble atentado contra la civilización. El dia 14 de los corrientes, 
dos víipores de guerra chilenos con ochocientos hombres de de- 
sembarque i apoyados por un considerable número dejentes de- 
pravadas por la miseria i el vicio, asesinos de cuchillo coroo, se 
han apoderado de nuestros indefensos puertos de Antofagasta i 
Mejillones, por sorpresa, sin previa declaratoria de guerra, sin 
tener en cuenta que la civilización condena los actos de vanda- 
laje, mas que los de las hordas de salvajes, si ellos se cometen 
por naciones i gobiernos que pratenden ser cultos. El resulta- 
do de una iniquidad internacional, natural es que haya sido el 
ejercicio del crimen como acción loable. Uu policial boliviano, 
su esposa e hijo en Antofagasta, cuatro jornaleros en Carmen 
Alto, han sido asesinados con el arma especial del bandido chi- 
leno: el puñal corvo, 

i>CompaQeros: Tan cínica conculcación de los fueros de la 
humanidad impone a todos los estados del continente americano 
un sagrado deber de alta justificación i de previsión, que pronto 
o mas tarde tendrán que cumplir. Entre tirnto, el ejército boli- 
viano hará conocer al mundo, que la honra de Bolivia i la inte- 
gridad de su territorio están bijgo la salvaguardia de sus bayo- 



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— 240 — 

netiis, i que ea esta ocasiou como en otras sabrá castiguar a sus 
cobardtis agresores. 

líCamaradas: Todo lo espero de vuestro patriotismo, de vues- 
tra serenidad i discipliaa. Si el gobierno que ha creido humi- 
Uaruos ocupando nuestras desiertas playas, no retracta honora- 
blemente BUS actos vandálicos^ quedará inaugurada para nosotros 
una gloriosa epopeya, porque todos cumpliremos a competencia 
el santo deber de combatir sin tregua ni desaliento a los ene- 
migos de la autonomía nacional, a los usurpadores de nuestro 
territorio, a ios conquistadores de pueblos civilizados: que nues- 
tra consigna sea vencer o morir por Bolivia, 

^Soldados: Estad listos para el momento preciso en que se 

abra la campaña i marchemos a recobrar el hermoso suelo de 

Atacama que nos legaron los fundadores de la República». 

La Paz, febrero 27 de 1879. 

H. Daza. 



III. 



t*ROTESTA DS LOS JfiNERALKS, J£F£S I OFICIALES DEL EJÉRCITO 
DB BOLIVIA CONTRA LA OCUPACIÓN DB CHILE. 

En los solemnes momentos en que se halla la patria, ocasio- 
nados por el inaudito atentado que el gobierno de Chile ha con- 
sumado, ocupando por la fuerza el Litoral boliviano, i provo- 
cándonos a una guerra para la que no teníamos voluntad, com- 
prendemos los jefes i oficiales del ejército permanente toda la 
magnitud de los deberes que tal situación nos impone. 

Esto no es bastante ni satisface la justa indignación que arde 
en nuestros corazones. Antes de sellar con sangre el juramento 
prestado a nuestras banderas, antes de cubrir con gloriosas ins- 
cripciones i laureles estas sagradas insignias, protestamos con- 
tra el incalificable acto de deslealtad i de barbarie ejecutado por 
el gobierno chileno en Antofagasta, Mejillones i Caracoles. 

Poseídos de noble orgullo, los que tenemos al cinto una espa- 



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— 241 — 

da que la patria nos ha confiado para defenderla i conservar 
incólume su honra, juramos mil veces mas, qne no envainare- 
mos estas espadas antes de vengar el ultraje que Chile ha infe- 
rido a Bolivia. 

I para cumplir estos juramentos estamod dispuestos a todo 
sacrificio, principiando por la renuncia de nuestres sueldos i su- 
jetándonos a la ración de campana como clase de tropa. 
¡Conste así, i que la posteridad nos juzgue! 
jViva Bolivial ¡Abajo el salvaje gobierno de Chilel 
Jeneral de brigada, ministro de guerra, Manuel Othon Jofré. 
Jeneral de división, inspector jeneral del ejército, Carlos de 
Villegas. 
Mayor jeneral, Gonzalo Lanza. 
Jeneral de división, Gregorio Gómez Goitia. 
Id. de id. Ildefonso Sanjinés. 
Id. de id. Gregorio Pérez. 
Id. de id. José Dulou. 
Id. de id. Vicente Prada. 
Jeneral de brigada, Casto Arguedas. 
Id. de id. Mariano Torrelio. 

Juan Mariano Mujfa. 
Manuel de la C. Pomier. 
Bernabé Mendízábal. 
Claudio Acosta. 
Juan José Pérez. 
Pedro Villamil. 
Siguen las firmas de 806 coroneles, capitanes, etc. 



Id. 


de 


id. 


Id. 


de 


id. 


Id. 


de 


id. 


Id. 


de 


id. 


Id. 


de 


id. 


Id. 


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id. 



IV. 

ACTITUD DE LA PRENSA DE L.V PAZ. 
(Fragmentos del Comercio^ diario de eda ciudad del 28 de febrero). 

¡¡VIVA BOLIVJA, VIVA EL PERÚ, MUERA CHILEÜ 
Mueran los cobardes araucanos, porque su puüal ha rasgado 

HIST. DB LA C. DBT. 31 



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-242- 

tjüestra hermosa tricolor, porque salvajes, han consumado el 
crimen mas infame en el suelo bendito de la patria. 

Antofagasta, Mejillones, Caracoles, pueblos inermes e inde- 
fensos, han caido a los pies de nuestros verdugos, b%jo el poder 
estúpido de la conquista^ de una conquista en el siglo XIX!... 

¡A las armas, a las armas, ciudadanos! 

Vamos a defender los sagrados derechos de esta patria ama- 
da; corramos a reconquistar nuestra autonomía nacional. 

Nada impprta la fuerza de nuestros enemigos. Nuestro pa- 
triotismo nps basta para vencer. Somos bolivianos i corre en 
nuestras venas la sangre de Murillo. 

Pues bien; vamos a vencer o morir. 

La América entera estará con nosotros para sepultar a ese 
pueblo de Cain, porque la causa de la América ha sido vilmen- 
te traicionada con ese escándalo inaudito. I no hai momento 
que perder. Seamos fuertes por la unión, que el estandarte dje 
dos pueblos hermanos ha de ostentar, una vez mas las glorias 
de su pasado. 

Ante la imájen de la patria ensangrentada por la aleve cuchi- 
lla de sus menguados asesinos, juremos vencer o morir. A las 
armas, bolivianos, i atrás las disensiones de nuestra política in- 
terior. Dios bendice nuestra causa; no haya, pues, mas bandera 
que la bandera de la patria. 

Levantémosla i a su sombra marchemos todos a cumplir el 
mas sagrado de nuestros deberes. 

¡Marir antes que esclavos vivir! 
¡Somos libres; seámoslo siempre! 

GRAN MEETING. 

£l pueblo en masa acaba de protestar solemnemente contra 
el nefando crimen de los rotos del Mapocho. Esa sublime mani- 
festación del patriotismo tiene que mostrarse mas grande con 
el brazo armado de todos los bolivianos. 

Se ha decretado una amubtía amplia i absoluta. Está uniñ« 



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— 243 — 

cado el sentimiento nacional. La hora solenme del deber ha so- 
nado ya para la rejeneracion de Bolivia. 

Todos, absolutamente todos, nos agruparemos en torno de la 
bandera tricolor. , 

La muerte, pero esa muerte gloriosa del patriotispio, o la re- 
vindicacion de nuestros derechos canculcados: no hai mas camino. 

¡¡A la guerra, a la guerrall 

!Viva Bolivia! 

¡Muera Chile una i mil veces, mueran esos miserables piratas 
del Pacífico, esos cobardes prófugos del Atlántico. I vivan los 
bravos arjentinos, viva el Perú! 

¡|Viva Bolivia!! 



V. 



SUCESOS DE COROCORO. CONFISCACIÓN DE LAS PROPIEDADES DB 

LOS CHILENOS. 

8UB-PREFECTURA DB PACAJES £ INGaVÍ. 

Corocoroyfebrero 28 de 1879. 
Señores: 

Trascribo a ustedes el siguiente oficio, cuyo tenor dice así: 

PREFECTURA I SUPERINTENDENCIA DE HACIENDA I MINAS DEL 
DEPARTAMEVTO. 

La Paz^ febrero 28 de 1879. 

(Circular núm. 3.) 

Señor: 

(fCon esta fecha el gobierno nacional ha espedido dos supre- 
mos decretos, el uno relativo a la declaración de) estado de 
sitio en que constituye a la República por haber roto las rela- 
ciones internacionales con ChílC; i el otro concediendo aranis- 



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— 244 — 

tía amplía a los ciudadanos bolivianos cualesquiera que sean las 
causas que los hayan alejado del suelo patrio. Los documentos 
relativos se los mandaré a la mayor brevedad por escala. 

Prevengo a Ud. que por orden superior i ejecutando el justo 
derecho de represalias, desplegará Ud. la mayor vijilancia 
para evitar la e$traccion de metales i cualesquiera otros enseres 
pertenecientes a las minas que espióte la compañía chilena Co- 
rocoro de Bolivia, cuyo dominio corresponde desde luego esclu- 
sivamente ala nación, según habrá usted recibido ya las respec- 
tivas órdenes superiores.» 

Dios guarde a üd. 

Casto Argueda, 

Al sefior snb-prefecto de Pacajes e Ingaví. 

Lo que pongo en conocimiento de Uds. para cuyo cumpli- 
miento se servirán detener obligaciones, tratos i contratos con 
la mencionada casa chilena, so pena de decomisarpe el artículo 
i pagar Uds. el triple del valor de la especie decomisada. 

Dios guarde a Uds. 

Pedro P. Vargas. 
A los señores Noel Borihin i Eduardo de la Carrera. 



Corocor O, febrero 28 de 1879. 
Señor: 

^ Toda la barrilla esplotada de los intereses mineralójicos de 
la Compañía Corocero de Bolivia, hará Ud. que se conserve en 
sus depósitos respectivos mientras se dé el curso que convenga. 
Ademas l'\ que se traiga en adelante será depositada en las mis- 
mas localidades, sin que bajo pretesto alguno puedan estraerse 
al esterior. Los libros i demás documentos de contabilidad los 
tendrá arreglados para que está sub-prefectura los inspeccione 
tan luego que convenga. 
Todas las armas^ sean escopetas, rifles o revólvers que exie- 



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— 246 — 

tan en su poder o en el de sns dependientes las prestarán en el 
acto a esta snb-prefectura; caso necesario, se tomarán medidas 
serias contra su individuo, que es el único responsable de los 
enunciados intereses. 
Dios guarde a Ud. 

Pedro P. Vargas. 

La carta en que se enviaba a Chile este último documento 
que se publicó en La Patria de Valparaiso, agrega esta frase: 

c Debemos advertir que la mayor parte de los empleados de 
la dirección del riquísimo mineral de que se ha apoderado el 
gobierno boliviano, son alemanes. Si hubieran sido chilenos los 
habrían asesinado. i^ 



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CAPITULO X. 



LA QUERRÁ ANTE EL CONGRESO DE CHILE. 

Viaje del ministro de la guerra a Antof agasta i sn comitiva. — Marcha del 
2.** de línea. — El convoi del Santa Lucía. — Resámen de las tropas que 
existian en el Litoral a la llegada del señor Saavedra.— El batallón de 
Caracoles. — Las primeras cantineras. — Trabajos durante los primeros 
dias de la ocupación de Antof agasta. — Actividad del puerto Antof agas- 
ta i riqueza de su comercio de esportacion.— El salitre i la plata. — viaje 
del coronal Sotomayor a Caracoles. — Sus instrucciones reservadas. — So- 
breviene la calma. —Paralización completa de las operaciones militares. 
— Envío del subdelegado Espech a Calama. — Comienza el país a inquie- 
tarse. — Situación del gabinete respecto del Congreso i de la Constitu- 
ción. — Se reúne el Consejo de Estado i el gobierno acuerda citar al Con- 
greso a sesiones estraordinarias. — Interviene la Comisión Conservadora 
para llamar al gobierno al cumplimiento del deber. — Reúnese la Cámara 
de Diputados el 20 de marzo, pero no celebra sesión,— Protesta de al- 
gunos diputados. — Mensaje de guerra del Gobierno al Senado. — Sesión 
que celebra este cuerpo el 21 de marzo. — Discurso del autor de este li- 
bro sobre la situación constitucional i política del gabinete — Esposicion 
de la situación militar i el descontento del país. — Incidentes. — Discurso 
del senador Blest Gana, ministro de Justicia.— El senador por Aconca- 
gua don Eujenio Yergara condena la política internacional del gobier- 
no i la teoría de la revindicacion. — Discurso del senador don Lorenzo 
Claro. — Los proyectos de lei del Gobierno son aprobados por unanimi- 
dad.— El Congreso se constituye en secreto. 

«Ya que el curso de los acontecimientos dos 
precipita en la guerra, ¿estamos o nó preveni- 
dos para aceptarla sin zozobras? ¿Estaremos 
solos en la contienda o podremos contar con 
el apoyo de algún aliado? ¿Cuál es el estado de 
nuestros recursos bélicos? Cuál es el de nues- 
tras finanzas? ¿Se ha hecho algo o se piensa 
hacer para circunscribir a la esfera mas redu- 
cida posible loe azares de la guerra, apartando 
de ella a los que por infundadas antipatías qui- 
sieran aliarse a nuestro enemigo?]!» 

(Discurso del senador don J. E. Yergara en la 
sesión del Senado el 21 de marzo de 1879.) 



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247 — 



I. 



Al der remate al capítulo VII de este libro, 
dejábamos al ministro de la guerra de Chile en 
viaje a Antofagasta. El coronel Saavedra no obs- 
tante su salud habitualraente quebrantada i re- 
sentida ahora por grave suma de trabajo, embar- 
cóse, en efecto, en la noche del 7 de marzo en el 
vapor trasporte Copiapóy habiendo venido ese 
mismo dia de la capital al puerto. 

Acompañábale el contra-almirante Williams, 
que con su estado mayor diríjíase a tomar pose- 
sión de la escuadra constituida ya i al ancla en 
Antofagasta, i algunos de sus ayudantes como el 
intelijente comandante de injenieros don Arísti- 
des Martínez. El joven diputado don Ignacio Pal- 
ma Rivera, primer cucalón (1) de la campaña i 
sobrino político del ministro, formaba también 
parte del cortejo. 



II. 



Llegó la comitiva de guerra a Antofagasta, em- 
pleando el usual itinerario de tres dias, el 11 de 
marzo, esto es, cuando iba a cumplirse xm mes 

(1) Sobre la Bignificacion i oríjen de la palabra popular de 
cucalón pueden verse algunos artículos pubíicados por nosotros 
con ese título en El Nuevo Ferrocarril en febrero de 1880. 



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— 2i8 — 

después de verificada la ocupación. Habían co- 
menzado a aparecer en el país i especialmente en 
Litoral dominado por nuestras armas, ciertos sín- 
tomas de descontento por la tardanza. Pero la 
llegada del ministro i del contra-almirante reani- 
mó con sólidas esperanzas la inquietud de los im- 
pacientes i la zozobra de los patriotas. Las gue- 
rras que no andan de prisa son guerras que andan 
para atrás. 

III. 

Encontró el ministro Saavedra en el Litoral no 
menos de cuatro mil hombres sobre las armas, 
distribuidos entre Antofagasta, Mejillones i Cara- 
coles, para cuya última ciudad habia partido el 2.' 
de línea en medio de entusiastas ovaciones popu- 
lares, el dia 5 de aquel mes. (1) 

(1) El viaje de este cuerpo, vanguardia del ejército chileno ea 
el Desierto, habia sido una marcha triunfal desde que salió de 
Yalparaiso hasta que fué recibido en Antofagasta, de noche i eu 
medio de una procesión de antorchas, el 26 de febrero. — Hé aquí 
cómo un diario de|Sant¡ago contaba ese viaje militar i patriótico: 

<E1 viaje del 2.^ fué mui bonito i hubo mucho entusiasmo en 
los puertos que tocamos, con especialidad en Carrizal i Oha- 
üaral. 

]>En el primero esperaban a la oficialidad con una comida de 
40 cubiertos; pero como no fuimos a tierra, se vino la jen te al 
vapor i hubo grandes brindis i vivas. 

]>£1 que habló espléndidamente fué un señor Ducoiug. El co- 
mandante Bamirez no le fué en zaga. 



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— 240 — 

Descomponíanse las fueraas, que en globo dqja^ 
mos señaladas, de la siguiente manera: 1,500 soU 
dados de línea del 2.'' i del 3.^ del batallón de artí-* 
llería de marina, en su mayor parte embarcado^ 
una compañía del 4.^ los cazadores a caballo, 100 
artilleros con dos piezas i dos jendarmes que fue* 

I ■! — i I < ■ I II ■!■■ I . ■ _ , , ^ | l l 

»En Chafiaral nos espepaban en el muelle, i a los pocos que 
fuimos a tierra nos recíbierou con salvas de aplausos, al ejército 
chileno i a la naoion* L& multitud nos siguió en nuestro paseo 
por las calles que recorrimos, i solo se dispersó cuando nos vimos 
obligados a aceptar lá amable invitación de un seftor Cifuentes 
para que tomáramos unos dulces magníficos i una cerveza, con 
que nos obsequió. 

»A nuestra llegada a Antofagasta fuimos recibidos con mu* 
choe vivas i grandes burras por una inmensa multitud de jente.» 

El convd que llevó al 3.^ de línea, a la compañía tijera del 4.'' 
mi escuadrón de cazadores i cien policiales da Santiago, qu^ 
partió de Yalparaiso el 23 de febrero, llegó a Antofagasta el 
dia 28, desmintiendo siniestros rumores circulados respecto del 
trasporte Santa Ltceia. — El telegrama oficial en que se anun- 
ciaba el fausto arribo del convoi decia asi: 

COMANDANCIA EN JEFB 13B LA8 TVKKZKS 
DE OPKKACIONES EN EL NORTE PK LA KKPUBUCA. 

ArUofagastay febrero 28 de 1879. 
Señor ministro: 

cEl batallón 3.^ de linea^ una compañía del 4.®, ciento veinte 
cazi^dores a caballo i cien jendarmes^ han llegado sin novedad 
a ésta en los vapores Santa Lítela i TAmari. 

>Lo que tengo el honor de comunicar a Ü. B. para sú cono^ 
cimiento* 

»Dio8 guarde a U. S. 

>£*• Sotomaf/or. 

HIST. DE LA C. DE T. 32 



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— 250 — 

ron instalados en Mejillones, i en 2,500 cívicos 
entusiastas pero todavía mal armados i faltos de 
disciplina. De los últimos, dos batallones pertene- 
cían a Antofagasta, uno al Carmen Alto, de 500 
plazcas cada uno, i otro de 900 a Caracoles, todos 
trabajadores en las salitreras o en las minas. Este 
último cuerpo fué distribuido en compañíaiB se- 
gún los grupos mineros del asiento, pertenecien- 
do la 1.* compañía al núcleo de la Deseada, la 2.* 
al de la Calameñaj la 3.* a la Flacüla, o Caraco- 
les propio, i la 4:/" a la Isla, un poco mas al Sur. 
Tuvo ese cuerpo su primera reunión doctrinal 
sobre las armas, el domingo 2 de marzo, i sobró 
en esceso la jente para las armas disponibles. 
Ofreció ademas aquelLi -tropa de esforzados mine- 
ros el espectáculo de las primeras cantineras, que, 
a la par con el soldado, se aprestaban para arros- 
trar las fatigas i los peligros de la guerra (1). 

(1) Una correspondencia de Caracoles del 16 de marzo, decía 
-a este propósito lo siguiente: 

ílY^ saben nuestros lectores qne en el rejistro cíyico se ins- 
•cribieron dos ciudadanas para la guardia nacL^ílal; pues bien, 
sabemos que el ayudante del cuerpo ha niandado hacer dos tra- 
jes completos de cautineras para que estas dos bellas hijas del 
batallón cívicoo de Caracoles, formen en la próxima llamada.» 

A propósito de «sta institución de las <;antinera8, mas pinto- 
resca (jue útil i mas peligrosa que pintoresca, parécenos digna 
de ser conservada la solicitud que una de ellas presentó para ser 
admitida en el batallón de Caracoles. Publicóáe en La Patria 
<le esa ciudad el 13 de marzo i dice así: 



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— 251 — 



IV. 

Ejecutábanse al propio tiempo algunos útile» 
trabajos militares. Reconocíase la posición de Sa- 
linas o Carmen Alto, término del ferrocarril hacia 
el oriente, para fortificar ese puesto avanzado, ver- 

SeQor comandante de armas. 

Seílon 

<A1 ver a mis compatriotas animados de nn verdaders entiK 
siasmo marcial, hoi, qae nuestra querida patria los llama hacia 
sus filas para combatir contra un enemigo estranjero, yo, ¿orno 
ciudadana chilena, no puedo menos que ofrecer también mis dé* 
biles esfuerzos en favor de nuestra causa, impulsada por ese 
mismo patriotismo: i así deseo ingresar en las filas de la guardia 
nacional en clase de cantinera. 

ifLa, pólvora ni las balas no me asustan, i bien podró cuidar 
a los heridos en medio del estruendo del combate. 

>No creo quedar desairada en mí justa petición, porque lo 
mismo puede servir a la patria una mujer que un hombre, cuan- 
do no faltA corazón i se tiene un sacrosanto amor a la patria. 

>Soi de Ud. atenta i segura servidora. 

T^Josefina Carvallo.T> 

Caracoles, por lo demás, era en esa época una ciudad alegre i 
masculina, cual lo fueron antes Potosí i San Francisco; \ como 
Anto&gasta,' tenia teatro i una compañía dramática que re- 
presentaba por esos dias con regular éxito Flores V Perlas, La 
mujer de UUses^ Shakapeare Enamorado i hasta La Africana,... 
—El 16 de marzo deHa estrenarse un «telón de boca completo,i> 
lo que bien valia la pena desde que se habia cambiado por com- 
pleto el escenario... 



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— 232 — 

dadera cabeza de la línea de futuras operaciones 
militares; terminábase a toda prisa por cuenta de 
la compañía de Antofagasta la prolongación del 
telégrafo hasta Caracoles, llegando ya por esos 
dias a Punta Negra, siete leguas distante del mi- 
neral, i al propio tiempo qne el activo Capitán del 
batallón de artillería de marina don Miguel Hos- 
coso, plantaba el 3 de marzo en el ángulo de las 
calles de Bolívar i de Santa Cruz el primer poste 
del telégrafo que debía unir aquella ciudad con el 
importante di visadero de Mejillones, se anuncia- 
ba que la comunicación por el cable con Valpa- 
rtdsó estaría lista, como se cutnplió con exactitud 
ingleba, el 21 de aquel mes (!)• 

(1) Hé aquí las palabras coa que el coronel Saavedra anun- 
ciaba al coronel Sotomayor aquel acontecimiento, desde Ántx>- 
fagat^ta el dia 22 de marzo en carta inédítái que tenemos a la 
Tistab — <Hoi tare contestación al primer telegrama que dirijí 
ajrer al presidente, es decir, que hasta hoi 22 no hai novedad 
en Santiago 

A propósito de la inauguración de los diversos telégrafos del 
Litoral, un diario de Caracoles (La Patria del 13 de marzo) 
publicaba el siguiente curioso parangón. 

<iHasta la fecha hemos recibido los siguientes regalos: 

T>DeÍ ilustre Daza. — ¡Pueblo de Caracores, te mando mi mal- 
dicionl... 

Del presidente Pinto. — Pueblo de Caracoles, te mando d fe- 
rroííarril. 

i>Del ilustre Daza, — Pueblo de Caracoles, te mando el título 
de baudído. 

:^Dél presidente Pinto. — Pueblo de Caracoles, te mando el te- 
légrafo terrestre* 



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I 



~ 253 — 

Al mismo tiempo construíanse espaciosos gal- 
pones en Carmen Alto i en Antofagasta para la 
cómoda instalación de la tropa; transformábase 
en cuartel el teatro de madera de la última ciu- 
dad i se arranchaba la tropa con alimentación 
suficiente, pero en virtud de contratos que enton- 
ces i mas tarde se juzgaron escesivamente onero- 
sos* El término medio de estos contratos era 30 
centavos por plaza, cuando la alimentación indivi- 
dual del jornalero i del peón en Chile no alcanza- 
ba a valer sino el tercio de esa suma. Durante el 
primer mes tuví) a su cargo ese servicio la Com- 
pañía salitrera, i díjose que, no siendo llevada de 
aquel nimio lucro, habia perdido dinero en el su- 
ministro del soldado. 



A virtud de estos favores, i de las garantías le- 
jítimas del trabajo, hijo de la confianza, que a su 
vez es alma i escudo de la industria, el puerto de 

-hDel ilustre Baza. — Pueblo de Caracoles, iré, te arrasaré 
hadta los cimientos. 

"bDd presideTtte Pinto. — Pueblo de Caracoles, te mando el 
telégrafo sab-marino para que te pongas en directa comunica- 
ción con todo el mundo civilizado. Todo lo mereces porque has 
sabido perdonar a tus verdugos. 

'^Del ilustre Daza. — Guerra al estranjero, guerra a la la in- 
dustria i a la civilización. 

3Del presidente Pinto. — Guerra a la barbarie, compasión a 
los barbaros. 

lEstá visto que no son jemeIos,i> 



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~ 254 — 

Antofiigasta recobraba rápidamente la actividad 
que alcanzara en los dias de la opulencia de Cara- 
coles, si bien perdia en parte, en virtud de eiTÓ- 
neos conceptos de guerra, el privilejio de esportar 
valores de gran cantidad del interior de Bolivia 
o llevarlos a sus centros. El año precedente los 
muelles de aquel puerto hablan visto pasar sobre 
sus maderos no menos de medio millón de marcos 
de plata que valían cinco millones de pesos, sien- 
do una buena parte de esta suma procedente de 
los inagotables veneros de Huanchaca, en la ve- 
cindad de Potosí. — El salitre esportado en ese 
mismo año alcanzaba a 1.148j04:8 quintales que 
valian al menos tres millones de pesos (1). 

(l)Héaquíla distribución de estos injentes valores, cujo 
bulto esplica el de la codicia i el desmán del gobierno de Boli- 
via, no menos que el afán del nuestro: 

Plata en barra de 

Caracoles 354,958 03 marcos $ 3.300,425 14 

Id. id. Huanchaca 

e intermedios... 165,257 38 » i> 1.663.767 58 

520,215 41 marcos $ 4.953,191 72 



Plata en combina- 
ción de Caraco- 
les 5,744 71 marcos $ 57,437 10 

Id. id. id. Huan- 
chaca e inter- 
medios 1,525 52 3» D 15,265 21 



Total 7,270 23 marcos $ 72,702 31 



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— 255 — 

El coronel Sotomayor hizo también por estos 
diás un viaje precipitado a Caracoles donde estu- 
vo cuarenta horas en visita de inspección i sin 
tomar medidas de gran aliento, porque a la ver- 
dad, la índole i hasta el tenor de sus instruccio- 
nes reservadas limitaban su acción auna simple 
éspectativa, desde que el gobierno, o mas propia- 
mente el presidente de la República, alimentaba 
en Santiago la singular idea de que la invasión 
armada de Bolivia no era guerra sino revindica- 
cioriy es decir, algo como un alegato de bien pro- 

En barras 520,115 41 marcos $ 4.953,19172 

Ba combinación... 7,270 21 » » 72,701 31 

Total esportaciou.. 527,435 64 marcos $ 5.025,894 03 

En cuanto a la salida del salitre estaba repartida en la forma 
sigaiente: 

A órdenes 1.024,265 84 libraa nto. 

Inglaterra 21,834 72 » » 

Alemania 31,208 42 » j> 

España.... 67,101 73 » > 

. Chile 637 9^ t> y> 

Total 1.148,048 68 libras nto. 

Habia sido, a la verdad, tan activo ol movimiento mercantil 
de Antofagasta como puerto de salida, que el cuerpo de jornale- 
ros allí organizado para el servicio de embarque i desembarque 
de mercaderías obtuvo una ganancia de 49,505 pesos 29 centa- 
vos. (Memoria del comandante del gremio, don R. de la Peña 
enero de 1879.) 



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— 256 — 

bado o ua escrito de apremio coa conminación de 
multa. I a fin de que se juzgue que en esta apre- 
ciación no hai fantasía, damos lugar entre los ane- 
xos a ese notable documento inédito, en el cual se 
demuestra con perfecta evidencia que el gobiétno 
del señor Pinto no alcanzó nunca a medir la gra- 
vedad i el alcance de la empresa que de improviso 
i sin preparación ecometia. 



VI. 



No fué por esto estraño que en medido de aquel 
movimiento i bullicio, fruto del sudor de la in- 
dustria i del amaño del comercio, emancipados de 
brutal tutela i del galope, mas de paseo que de 
servicio, de uno o dos jefes a Caracoles i de uno o 
dos emisarios a Calama, comenzase a echarse por 
todos de menos los aprestos i las medidas esclusi- 
vamente militares que era lo que el país mas an- 
helaba. 

A la llegada del ministro Saavedra a Antofa- 
gasta, el 11 de marzo, conocíase de sobra en nues- 
tro campo la declaración lanzada en La Paz el 
1.** de ese mes por el gobierno de Solivia, i desta- 
cábase ya la sombra del Perú, armado e instiga- 
dor, con tan evidente claridad de detalles en los 
horizontes de la campaña, que era preciso cerrar 
voluntariamente los ojos a la luz para no co- 
lumbrarla de cerca i para no aprestarse a recibirla. 



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- 257 - 

1 6Íu embarfro, desde. €ii 16 de febrero en que 
habia sido ociipadq Caracoles no se habiq, o)ovi.. 
dp lili solo destaqíiinepto hápia el. iaterior, ni si.- 
qiiiera una simple, descubierta. Np se jiabia in- 
tentado la ocupa,ciou es tratéjica 4© ; las .pastosas 
regas de Calama,, centro del camino de Cobija ^ 
Potosí, que quedaba espedito en manps de tos bQ»- 
livianos, i lo qi^e era todavía mas grave como 
omisión i como desgreño, no se habia ni siquiera 
pensado en enviar un destacamento mpntado, dis- 
poniendo de excelente caballería^ a ocupa^r el jfiqo 
i delicioso oasis de . §an í^edrp de Aifcapama, capi- 
tal política i cabecera natural; del Desierto, ciu- 
dad de dos a tre^ mil pobladores, la m^iyor parte 
ai'rieros. : . : , > 

ÍIra esa posición la llave ipapstra d^ los sunfti- 
nistros del Litoral ^'ecutados, en al^undaqci* pptí 
las provincias setentrionales de la Repul^lica Ap- 
jentina, cuyos diversos caminos i senderos pn 
aquel ameno valle andino se reunían. En, un sen- 
tido estrictamente militar, San Pedro de Atacama 
formaba con Calama i Caracoles, un perfecto 
triangulo de veinte leguas pov cps.tado, cuyo vér- 
tice, era la ultima ciudad, espuesta así a u?! doble 
golpe de mano por, dos líneas paralelas.i ni¡ siquie- 
ra esploradas hasta esa hora; 

Lejos de preocuparse do medidas activas que 
huljier^n mostrado la pujanza de nuestro poder, 
militar al enemigo desde la iniciativa, el ministro 

HIST. DE LA C. DR T. 33 



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— 258 - 

de ia Guerra, eiifevmo en Antofagasta, i el jeíe 
de la división, coronel Sotómayor, envuelto en 
lo^s *earifl0808 halagoá de la hospitalidad de la 
eo^iipaflía salitrera, dejaban tortiár aliento i aco- 
piar armas i hombres a un grupo de bolivianos 
irtftu}^ntes qtíe' se habia refujiado en Cálama, i 
Bun el úítimo p&deeió la singular áiacitiacion de 
a/nmiciar oficialthérite por telégrafo al gobierno 
de iSantiago el hecho fantástico i a todas luces 
inverosímil 'de* habfer llegado a ésa pla¿a un bata-^ 
Uoh boliviano de trescientos soldados, de lós cua- 
les, debientes haibián qiiédátdó muertos en la ru- 
M. — QiRéina' aquí, décia una carta de Antófáguáta 
de '3 í de inárzoj uVia tt-auíJUilidád de las más jier- 
fectas, a tal punto, que el que no estuviese al ca- 
bo de la'sifluációu que átra^ésatnos, jamas podria 
imajínarbé que se hallaba en linít ciudad ocupada 
militíarmente, i qué' 9Íh düd¿i • alguna téudVákjue 
ser en breve te¿ttro de hechos de armas de uítia 
itnpoHáneia capital. 2) 

Ala Verdad, todo lo que se habia hecho éñ'éí 
sentido de adelantar las opéracioneá hacia él in- 
terior, era él envío del animoso Subdelegado stió^ 
tittíto de Oaracoles, dcVn Ramón Espech, ^con ntí 
cartel de suiiilsioñ para|el doctor Cabrera' que se 
habia retirado a Calama, donde este pei-sonaje 
desplegaba notable enerjía i ardimiento patrio. 
Tuvo lugar esta conferencia el dorhingo 16 dé 
mar/ío a las siete dé la mañana sin fruto alguno 



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- 8» ~ 

positivo para la oampaBa, como en el próximo 
capítulo habremos de referirlo con mayor dilata^» 
cion. 

vn. 

i^lrnpeaaba a reflejarse situacioa tan absurda l. 
tan anómala en el corazón del país con las sonnri 
bras acentuadas de creciente desengaño, i coa- > 
veiiáase en voz común la opinión de que aquella 
no era gtkeria : de soldados sino re vindicación dé 
simples iiidustrijales,^^(icguerra de salitre.» 

P^r otra parte oomenzabah a preocuparse vi- 
yamenie de la situación los pocos hombres qiíe 
amaban áa tes que todo l^s libeütades públicas i 
que íio hftbia enmudecido todavía él sistema poli-' 
tico, viciado i enervante de los últünos añx>s, el' 
sistema áe la «gloria barata». No era dable, a la 
veardad,, consentir con apocado i culpable silencio 
en iD[ue s© consumasen actos tan gtsuves i responsa- 
ble» como los qxíe iínplíca una guerra estranjera, 
sin mas razón i sin mas autoridad que un factum 
dictatorial del jefe de la nación, de sus ministros 
i de sus consejeros íntimos i desautorizados; al 
paso que no pocos ánimos se irritaban con la de- 
mora estudiada i casi desdeñosa con quie: se apla- 
zaba la. 00 avocación del Congreso, a título deü/e- 
riádo^ como si la peressa i ol placer hubiesen sido 
jamas escusa n¡ lei en paises que, como Chilei 



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- 2«(í — 

débeolo í}odo al trabajo i al sumiao respe^ tribtt- 
tadid á BUS instituciones;: Verdad fué (Jfté una se- 
mana después de concluida la feria anual del des- 
parpajo, vino el presidente Pinto a la capital i 
celebró el 6 de marzo uíia breve sesión del Con- 
sejo de Estado en que se acordó convocar al Con- 
greso a sesioúes estraordinarias, pero mn; fijar 
día i cowlo. una sit^ipld teoría i velo de la situa- 
ción. !.■••',' • ' ' 

: Fueren consecuencia, necesario que la Comisión 
Conservadora se creyese obligada a' usar de >su 
prerrogativa constitucional para llamar al gobier- 
no al euiuplimienfco de aquel obvio deber, i <éon 
este objeto especial i-urjeote celebró una iSesion 
el láneís'17 deimftrzo bajoda dirección del señor 
AU'iaqo'Govah'úbiaB, presiden tie de este cuerpo i 
dM Setiodov-Nri: faltaron, san embargo, voces en 
ese recihbo que escusaron la apatía del gobierno, 
anuncüandó la inmediata convoctvcion del Con- 
gre^o^ por lo cual la Comisión Conservadora apla^ 
zó indefinidamente el asuntó de la convocatoria 
por s?. cucaata.. 

— VIII. 

Siüt embargo, i como consecuencia de aquel 
taitlío movimiento de la opinión, los diputados i 
sehiadores i^sidentes en Santia-go recibieron el 19 
de, raaVzo esquela de citación. Mas, al intentar la 



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— 261 — 

Cámara de Diputados el reunirse al siguiente dia 
por su propio derecho constitucional, sürjió un in- 
cidente de detalle que agrió no poco los espíritus 
i dio lugar a uña rtianifestaéion publica en que uri 
grtipo de diputados protestó contra el presidente 
de la Cámara, por haber 1;omado de propia auto- 
ridad el acuerdo de no celebrar sesión, hallándose 
la sala con el quorum competente, en razón de 
no haber recibido ningún mensaje éspeciíil de 
que ocuparse. Los diputados autoreá de la' pro- 
testa de clarábati que esa medida de servicio in- 
terno de la Cámara era (f inconstitucional, depre- 
siva de feu dignidad i de siispreí Rogativas, porque 
la CJártiafa podia deliberar desde que el Congreso 
entjru én funciones desde el dia déla eonvocáttí- 
riá, i pttédé defíiberar ya sobre los proyectos que 
lea someta el presidente de la República, J^a sóbi'fe' 
las medidas de rijilancia, dé fiscalización u otras 
que le corresponda por lá Constitución i exijan 
el mejor servicio del derecho i de las libertades 
públicas.!) 

I firman. — A. Montt. — Isidoro Errázuriz. — Bi- 
cardo 'Lételier. — Luis Urzúa. — R, Allende P. — 
Frdhcisco Oaúdartllas. — M. Carrern P. • : 



IX. 



El ejecutivo habia dirijido, en efecto, de pl'e- 
ferencia sus proyectos de guerra al Senado, i allí 



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~ 262 — 

l^yérousQ aquelUos. ^n sesión que ^qiiel. alto cuej>. 
po celel)ró.el 21 ele míirzo. . . , : , 

El grave mensaje en que el. gabiueite co jopen - 
diaba si| apcion i sus responsabilidades,, pidiendo 
por, ellas (sin. decirlo) un vasto voto dq indQmni- 
d^d al Con^greso Nacional, couteaia los ma-s impor* 
tantie^ »iQUer(jQs de la situación:— la aprobación de 
los actos evidentemente inconstitucjpnale? ejecu- 
tado^! hasta, la feqh^v cíe la convocatoria; la autori- 
zación para declarar líi guerpa a ^livia, declara- 
ción que éstq, tenia . puesta por obra hacia tres 
semanas;; la faciiH^vd, , ilimitada d^ . . aumentar la 
fuerza del ejéircitio, de gastar los pa^ucJaleSf públicos, 
sin «ujetair^e ^ presupuesto, la de. cQíiti^atar ni>ie^ 
vos ei^ipréfiititos hasta , por cinco millpn^^ de. pp- 
sqs* i^. entr^ ptras ;medi,da9 de mep.qi^ gigni^cado,. 
la aiutorizacÍQi;i necps^iriaparfir^^íiable^i^i; |a ,adn>i- 
nistracion gubernati^va i nacional de los territprios' 
ocupados a título de TevipdiQacion-, . . ,., 



X. 



Afíistia aquella, tarde njumerosa i ajitada^íjoa- 
currencia a las galerías del Senado; p^ro cuando 
dióse remate a la lectura de los mensajes del go- 
bierno, un silencio profupdo reinó en la sala. Iba 
talvez a aprobarse todo lo propuesto sobre tabla, 
i como simple tramitación, parlameíit^í^ia, cuando 
uao de l.Qs senadores por Santiago, i talvez el de 



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j 



'1 



— 263 - 

más cortOíí añoá, solicitó el uso de lá palabra para 
llamar lá atención de aquel dignó cuerpo i del pais 
a la-soíéniílidád de la hora en qué sus re¿)résen- 
tantea 'eraik' éonVoéadbs. — ¿Sin hacer alarde de 
fallía modestia, dijo aqilél&.l courenzar su diácuí-so, 
debo confesar en esta hora gravé i Isoletnné p&rá 
el paíé, qué esperaba se hubieran heóhó 6ir ééós 
mas prestijiósds qué el de ini rdz én éáté i-bdiñto. 
Pero se ha puesto en votación jeneral elpróyectó 
que presentó el Ejecutivo en medio déí pírbfüridó^ 
silencio del Senado^, i nii deber' es roftiper ese si- 
lencio. Haré lo qué en los éónfeéjos dé guerra 
cutüj^lé íilmáS jóvétl dé los jueces, sometiéndome 
en todo a la pauta del deber.» 



m: 



Presciildítíhdo de las éscitaciones políticas del 
motBféírto, producidas por la lucha eleétoral i las 
acusaciones que los partidos hacian al gabinete, 
ptfrque en realidad no les dejaba usufructuar a 
cada uno la intervención que el' gobietho mono- 
polizaba para sí sbld, manifestó el' senador citado; 
sin reserva alguna, Su opinidn de que el Congreso 
debía otorgar ampliamente cuanto se le pedia pa- 
ra emprender con' vigor la guerra, absolviéndolo 
antes de todos sus gnives e innecesarios deslices 
inconstitucionales en la iniciativa dé aquélla. 

«Examinando én sí misma la giiorraen'qiie íios' 



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— 264 — 

hallamos envueltos, me interrogo a raí mismo, 
continuó diciendo el orador, sobre si esa guerra 
es justa, es necesaria, es nacional; i coa la mano 
en la conciencia, declaro al Senado, que no solo 
la creo revestida de todos esos atributos, sino que 
es una guerra necesaria^ tradicional, inevitable, 
con. un país en el cual la fó pública nunca ha sido 
sino un mito o un ardid. Por consiguiente, esa 
guerra cuenta con mi mas esplícita aprobación 
como representante del país. 

]& Ahora,, si me pregunto a laí n[iismo:-r-¿Ha «i- 
do esa guerra en su iniciativa conforme a las .sa- 
na? . i estrictas nociones del derecho internacio- 
nal? 

DAfirmo que no. Porque bien pudimos hacer 
todo lo que ejecutamos en la costa del Litoral con 
un poco de mas calma i preparando en favor de 
la justicia indisputable de nuestra causa el jtnimo 
i la opinión, siempre susceptibles, de nuestros ve- 
cinos. 

j)Bajo el punto de vista constitucioijial ¿ha sido 
arregjado nuestro procedimiento a la carta fun- 
damental que n^idie mis que nosotros tiene el 
deber de atacar? Mui lejos de eso, señor presi- 
dente, i la prueba es que acaba de leerse una 
s,érie de peticiones del Ejecutivo que no significan 
sino U corrección e indemnidad de sus lamenta- 
bles avances inconstitucionales. ¡Ah! Bastante 
triste cosa es que no solo el gobierno sin derecho 



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i 



— 265 — 

empeñe al país ea una guerra, siao que- se co- 
mience esa guerra vulnerando el pacto de núes* 
tros derechos i libertades. Bien pudo el gobierno 
convocar al Congreso, cuya benevolencia i benig- 
nidad para ese llamado son harto notorias. I por 
lo menos debió convocar indefectiblemente el 
Consejo de Estado que estaba al alcance de la 
campanilla presidencial. 

:»Nada de eso se hizo, i ello es altamente la* 
mentable* 

>Pero es preciso confesar también con el acen- 
to de la honradez, que el país ha absuelto ya an- 
tes que nosotros al gobierno por esos avances^ 
Digo mas. El país lo ha aplaudido. Por eso noso- 
tros debemos inspiramos en esa absolución i ad-^ 
mitír todas las correcciones constitucionales que 
se han tráido a la mesa. El austero deber parla- 
mentario aconseja la censura* El patriotismo or- 
dena la absolución. 

» Estamos, señores, por la última:». 

xn. 

Volviendo en seguida la vista al teatro mismo 
de la ocupación cuyas lentitudes i falsos mirajes 
ya hemos bosquejado en el presente capítulo, el 
senador por Santiago anadia estas palabras que 
evidentemente correspondian en ese momento al 
mas vivo sentimiento público de la nación. 

HIST. DK LA C. DE T. 34 



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— 266 — 

<!cRespecto de la manera como han sido condu- 
cidas las operaciones militares de la guerra hasta 
este momento, ¿tenemos derecho para usar de la 
misma lenidad? No, señor presidente. Seria un 
críínen verdadero ocultar aquí al gobierno i al 
Señando el profundo descontento que mina i en- 
tristece a la República en la hora que hablo, hora 
de amargo i luctuoso desengaño, después de las 
testas de las esperanzas i de los ensueños jenero- 
«os de un burlado patriotismo. I permitidme, se- 
ñores, manifestar que, para espresarme así, tengo 
tan buen derecho como cualquiera otro ciudadano 
al alzar la voz de la censura, por cuanto e-stoi 
i he estado dispuesto a cumplir aun con los mas 
humildes mandatos del deber para con la nación. 
El que habla ha ido a despedir a los soldados en 
la borda de los buques, ha recorrido polvorasas 
calles en demanda de dinero, i tiene su hogar 
•convertido en taller para socorro de los que van 
4i caer sobre la arena. Le es lícito por consiguien- 
te levantar la voz de calorosa .protesta contra lo 
que está pasando, después do las hermosas horas 
de la iniciativa i de la pujanza admirable del 
país. 

(íA nadie puede ocultarse que en esa primera 
hora de confianza, el país se agrupó como un solo 
hombre al rededor del gobierno i le ofreció cuan- 
to el gobierno necesitaba. No hubo sino una ban- 
dera, un partido, un soldado; pero desde entonces 



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— 267 — 

acá ¡cuántas decepciones^ cuántos i cuan profun- 
dos dcsengañosl 

j> Nadie habrá olvidado la maravillosa rapidez 
con que se llevaron a cabo las primeras medidas 
militares de la ocupación del Litoral Apoderarse 
de Antofagasta i de Caracoles, fué obra de cuatro 
dias, del 12 al 16 de febrero- El comzon del pnís 
latió con entusiasmo al ver como nuestras colum- 
nas se precipitaban sobre el Desierto que habia 
sido nuestro desde los tiempos de Almagro i de 
Valdivia, i plantaban nuestran bandera al pié de 
los Andes tropicales. I ese ¡regocijo no tenia una 
sola sombra porque no sospechaba todavía el 
país ni el ejército la invasión de la teoría teoló- 
jica que se ha llamado tevindioacion i con la cual 
se nos ha atado los brazos a la espalda en medio 
de las arenas abrasadas del Desierto. Estraüa 
teoría, según la cual estábamos en guerra i no era 
guerra, invadíamos i ns podíamos marchar, ocu- 
pábamos i no teníamos derecho de alojamiento, 
permitiéndonos instalar apenas nuestras tropas de 
batalla en las cuatro paredes de dos poblaciones 
inconexas. 

5)Señor presidente: no son éstas cuestiones de 
estratéjia ni de ciencia militar, son cuestiones de 
simple buen sentido. Antofagasta i Caracoles no 
debieron sor sino simples apeaderos, cómodas 
etapas jeográficas del Desierto para nuestros sol- 
dados, porque lo que íbamos a ocupar, o sí se 



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~ 268 ~ 

qoiere, a revindieary es la comarca jeográfíca i 
perfectamente definida entre los Andes i el Pacífi- 
co, que se llama el Litoral. I militarmente hablan- 
do, así como ocupábamos por la fuerza de las ar- 
mas aquellos dos puntos estratéjícos, teníamos el 
derecho mas evidente, ¡qué digo! el deber mas im- 
perioso de apoderarnos de todas las líneas i pun- 
tos estrat^icoaque debían asegurarnos su posesión 
i completar nuestra obra>. 

XIII. 

Bagaba en siguida el orador en rápida rcTista 
la ^'celeridad con que hablan sido llevadas por 
nuestros viejos jene rales las operaciones de inva- 
sión del Perú en 1820 i en 1838, i afrontando por 
la primera vez la palpitante cuestión de la actitud 
del último país, dentro de la circunspección debida 
a su puesto, el senador por Santiago, se permitió 
agregar estos conceptos: 

«Si vamos atener guerra o nó con el Perú, es 
por ahwa cuestión de cancillería que no podemos 
traer al debate. Pero sobre lo que no hai ninguna 
duda, es que estando en plena paz con aquella 
nación, antes amiga, acaba de instalarse un cam- 
pamento militar mas fuerte que el nuestro en 
el puerto de Iquique. I ahora es preciso que el 
Senado sepa que los batallones peruanos allí acan- 
tonados, están a una jornada mas cerca del Loa 



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-. 269 — 

que noBotroB i disponiendo de un territorio i de 
una ruta militar propia por Taracapá, el rico dis- 
trito de Pica, tan célebre por sus viñas, i la aldea 
de Quillagua, aldea rural como Calama, situada 
al norte del Loa i en tierra peruana. I entiendo 
que los jefes que mandan esas fuerzas, mas listos 
que nosotros, no se habrán contentado ciertamen- 
te con ocupar el páramo de Iquique, sino todos lo3 
distritos que lo alimentan i defienden, cincuenta 
leguas a la redonda. I por esto no seria hipérbole 
decir que en estos momentos las descubiertas pe- 
ruanas dan de beber a sus caballos en el rio que 
debió ser nuestra frontera militar del norte una 
semana después de la ocupación de Caracoles (1). 
3)1 aquí, señor presidente, debo hacer una reve- 
lación de completa sinceridad. Lamento profun- 
damente el recargo i debilidad del gabinete que 
se encuentra, puede decirse, en acefalia por la 
enfermedad de mi distinguido amigo el ministro 
del Interior i la ausencia del señor ministro de 
la Guerra, a quien me ligan los sentimientos del 
mas sincero aprecio i consideración. I esta ausen- 
cia, ya demasiada prolongada, la lamento tanto 

(1) Mas adelante los sucesos jastiñcarán por completo estas 
preTÍsíonea. Nos referimos a los capítulos XX i siguientes de 
este libro. 

En el capítulo XVI publicamos también una rectificación que 
sobre este pasaje debimos hacer en mayo de 1879 al presiden- 
te de Chile i ai enviado del Perú señor Lavalle. 



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— 270 — 

más cuanto que el puesto del coronel Saavedra 
era el de la organización, para el cual ha revelado 
tan preclaras dotes, sustituido ahora por un pere- 
grinaje que será tan caballeresco como se quiera, 
pero que ha dado por resultado la parálisis que 
aflijo al país i lo consumcD. 

XIV. 

I resumiendo la situación militar del país i las 
ansiedades patrióticas de aquella hora de univer- 
sal zozobra, vertia el representante por Santiago, 
al concluir, su opinión en estas frases que copia- 
mos, como las anteriores, de los boletines de la 
prensa del siguiente dia: 

«Entre tanto, ¿por qué está detenido><n Val- 
paraíso en ociosa guarnición nuestro mas ague- 
rrido batallón de línea? (el Buin), ¿Por qué no 
ha dejado su cuartel do la Chimba el 4."^ de línea 
ni los Cazadores la plazuela de la Moneda? ¿Acaso 
el país no ha corrido en masa a las banderas de 
la Guardia Nacional, no están todos los ciuda- 
danos prontos para hacer los servicios de la ciu- 
dad i la defensa de la persona inmune del presi- 
dente de la República?— f-4pZau505 estrepitosos en 
las galerías. El señor presidente ajita la campa^ 
nilla). 

>;Señor: la situación militar del país debe ser 
sencillamente ésta. En la frontera del Norte re- 



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— 271 — 

cientemente recuperada, todo el ejército de línea 
hasta el último recluta. Ea la vieja frontera del 
sur, todas las milicias de ultra-Maule como la 
landwer alemana. 

T>Asi sabrá el país pelear i así se aprenderá el ca- 
mino de la victoria que ha recorrido siempre. I 
aquí declaramos que no somos nosotros del núme- 
ro de los que creen que los tropjis de línea que 
antes hemos mencionado se reserven en sus cuar- 
teles para la campaña que se librará entre los 
ciudadanos inermes, en ocho dias mas. Oh! no! 
porque si nuestros manda.tarios fuesen capaces de 
semejante crimen, yo seria el primero en venir 
aquí a pedir contra ellos un voto fulmin antde de 
censura, i aun ese voto lo pediría desde luego». — 
{Grandes aplausos. Tumultos en las galerías. El 
presidente toca la campanilla). 



XV. 



Calmado el prolongado tumulto de la galeria 
por la voz, siempre prestijiosa i adecuada a cada 
caso, del presidente de la Cámara, el senador don 
Joaquín Blest Gana, ministro de Justicia, en au- 
sencia de su colega del Interior, a la sazón gra- 
vemente enfermo, aceptó la justicia de algunas 
de las observaciones del senador preopinante, pe- 
ro solicitó la confianza i la reserva patriótica del 
alto cuerpo a quien hablaba, en la embargadora 



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— 272 — 

empresa en que se hallaba comprometido el peía. 
— dSe apresura su señoría a confesar, decía el bo* 
letin de que estractamos las peripecias de aquella 
notable sesión, que los actos del gobierno en esta 
cuestión no pudieron tener la aprobación del Con- 
greso i por eso ahora la solicita. Mediaban circuns- 
tancias tan imprevista i graves que no era poisi- 
ble cumplir con lo que ha servido de tema para 
hacer cargos al gobierno por parte del señor se- 
nador por Santiago, 

2)Esta misma cuestión se suscitó en el gabinete, 
i el presidente de la República se traslado a San- 
tiago para poder convocar al Consejo de Estado. 

3)En la situación actual, no le parece discreto 
ni de ninguna manera conveniente tratar sobre 
estos gravísimos asuntos, puesto que seria preciso 
revelar hechos que conviene mantener en re- 
serva. 

3) Puede asegurar que se han tomado las medi- 
das necesarias para que no haya ningún obstáculo 
en las operaciones de la guerra», 

XVI. 

Suscitóse con motivo de esta respuesta no po- 
co evasiva una discusión de detalle que causó cieiv 
to calor en los ánimos i que se tradujo en los tér- 
minos siguiente en los boletines de la prensa: 

<iEl señor Vicuña Mackena. — Señor ministro: 



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— 275 — 

I^a pcosado la hora de las contemporizacipíies, de 
los .términos medios. Lo que hoi peqesito saber 
lisa i llanameat(?, i esta preguuta va dirijida al 
honorable ministro de la Guerra ad interm^ es si 
el gobierno está dispuesto o no a mandar inme- 
diatamente todo el ejército de línea qu? existe en 
la capital i en Valparaiso al teatro de las opera- 
ciones. 

vEl señor Fierro. — Se va a mandar toda la fuer- 
za que ha pedido el señor Saaved^a. 

i>El señor Vicuña illfacA;e/^?ia. —Haciendo justi- 
cia a la lealtad del señor ministrp, entiení^o que 
las fuerzas a que su señoría se refiere, spn las mis- 
mas que yo he designajdo, i por consigui^ute^ ^^^^r 
to como una promesa formal que el senado debe 
tomar en cuenta, la respuesta de j?u señoría* 

i>El señor Blest Gana. — Desearía ,que el ^eñor 
senador por Santiago precisara sus preguntas; 
¿qué es lo que quiere saber su señoría? 

i^El señor Vicuña Mackenna,.~lA.Q parece señor 
que he sido bastante esplícito en el alcance de mis 
preguntas previas al gabinete, que ahora se con-' 
vierten en verdadera interpelación. 

» Respecto de los hechos consumados he esta- 
blecido una franca i positiva censura; pero censu- 
ra de un carácter puramente moral i patriótico, 
porque yo no soi politiquero ni vengo a este pues- 
to a hacer politiquería para quitar o poner gabi- 
netes, Ahora, en cuanto a la marcha futura de las 

HIST. DE LA C. DB T. 35 



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— 274- — 

Operaciones, he dicho i repdtido que pasada la 
primera semana dé empuje i de iniciativa qxle 
concluyó coh el embarque del batallón 3."* de lí- 
nea en los últirtios días del mes de febrero, nó sis 
ha enviado al norte un solo soldado de línea, al 
paso que el comandante en jefe dé laS fuerzas del 
Litoral anuncia que llegan fuerzas bolivianas del 
interior, i por otra parte, se afirma que el ejército 
péíüatio se estaciona en Tqúique, estando en paz, 
en mayor número que hbsotros que estamos en 
gué'rra. ' ^ 

' íEíi otro sentido, íiéiííios visto' infinidad de de- 
cretos' organizando tíuBr^os d'e la guardia nacio-^ 
nal: í sí én'toda's' partes acontece lo qiie en la en-^ 
tüsi'ástk i Varonil ciudad de Talparaiso d^ cuyo 
seno vfengo, no debfemós' espetar que esas fuerzas 
éstéü eú jpíé'de iSérvicio duratite rancho tiempo. 
5) Hace mas de veinte días que'se nombraron los 
comandantes de esos cuerpos, i todavía el señor 
intendente de Yalparáiso está en dimes i diretes, 
cotí la dii^ectora de un colejio de niñas, para esta- 
blecer en sus claustros el buáítél dé uno dé ésos 
cuerpos. 

DSeñof, no quiero hacer 'comentarios sobre 
é'átós hééhos Verdaderamente invercsímiles;' pero, 
los grandes hombres que nos dieron patria, desa- 
lojaron a Dios i a sus ministros dé sus -altares pa* 
ra convertir los templos en salas de armas o eü 
hospitales de sangre i los claustros én cuarteles- 



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i>M señor Bl^ G^tm^—M gobierno, no per4o- 
nará medio algujQO para que ea el actiul qoaflicW 
el pabellón de la patria salga conao siempre Ueao 
de gloria. El gobierno sabe i comprende perfecta- 
mente su deber; no se trata de baper una , guerra, 
de papel; es una guerra que se efectuará con to- 
dos los recursos de que, se pueda disponer. No 
existe ni existirá vacilación alguna en los miem- 
bros del ga,biuete. Puede estar segui-o ^L señor 
senador de qtie.el gobierno no 4ará qu solo paso 
atrás, después, de lo que ba hecho. E^p^r^ 4© po* 
co? momentos estaremos en con^unicacipU; directa 
con Antofagasta por medio del telégrafo, ien^tón- 
ees se hará todo \q que^diga q1 director de la cíimr 
paña* Si no h^an salido las tropeas, pu¡ed^ suQ^dep 
que sea po^ algunos inconvenientes insupeíableei 
i para asegurar el mejor éxito; pero §lla6 sajdrán 
i pronto* 

xEl ^eñor Vicuña Mc^ck&n^a. — Después de las. 
esplicaciones verdaderamente francas - que. el Se- 
nado acaba dC; oir, la situación i la lealtad ;del 
debate se colocan en un terreno mucho nat^Q :fa,yq-^ 
rabie, i como oigo, por la projimidad eft que ; me 
siento, al honorable señor ministro de la Guierr^r, 
que su. señoría dice a sus colegas haiber d^do A^ 
órdenes necesarias para la partida de lo« .ov§r-^ 
pos del -ejército que existen en nuestras guiwrni-^ 
ciones, entiendo que el Senado, cpmo el que. habla, 
se sentirán ' dispuestos, una vez. que los ¡hachos 



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— 276 - 

vengan a continuación de las promesas, a prestar 
su concurso a la serie de los actos que discutimos 
i para lo cual me habría visto en el caso, si se hu- 
biera procedido de otra manera, de pedir segunda 
diiscusíon o que pasen a comisiona. 

^ XVIL 

Usó en seguida de la palabra en la sesión, el 
señor senador* ¿)or Aconcagua don* José Eujénio 
Vergara, i analizando la sifcucion' especialmente 
bajo el punto de vista legal i constitucional, con- 
denó la conducta del gobierno por el acto de la 
guerra de hexíht) emprendida sin anuencia délos 
dfemas poderes públicos i por la abrogación del 
tratado de 1874, que etivolvia, a Isu jiicio, la vio- 
lación de tina lei interna.-^<i Ahora bien, esclamó 
el ilustrado representante, nuestra carta constitu- 
cional ño reconoce en él gobierno la facultad de 
abrogar por sisólo una lei: para eWo es indispen- 
sable que coticurra el asentimiento espreso del 
Congreso. ¿Por qué no se consultó a éste por el 
gobierna ánteá de proceder a declarar por sí i ante 
sí rotó el tratado de 1874? Cuál sea la responsa- 
bilidad <3[üe de aquí resulté para el gobierno bajo el 
puntó de vista esclusivó de nuestro derecho cons- 
titiiéional, no es mi ánimo examinarlo por ahora. 
Avanzo una duda, sospechó una incorrección en 
nuestras prácticas constitucionales: mas tarde pu- 



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•— 277 — 

diera presentarse el caso en que fuera necesario 
o conveniente hacer un detenido análisis de esta 
cuestión í). 

Censuró en seguida el docto senador por Acon- 
cagua, con la misma elevada moderación, la poco 
afortunada acojida que el gabinete habia presta- 
do en sus tratos a la palabra revindicacion, de 
poco grata significación en el lenguaje diplomá- 
tico de la América española, i por cuanto no co- 
rrespondia propiamente a su objeto. — '«¿Cómo 
ha calificado, digo, nuestra cancillería esa ocupa- 
ción preventiva? En mala hora i con toda impro- 
piedad se le ocurrió apellidarla con el nombre de 
revindicadon. Esta malhadada palabra estalló 
como una bomba en el Perú. Ella evocó recuerdos 
dolorosos entre los peruanos. Las reminiácencias 
de la famosa declaración del almirante Pinzón 
respecto de las Chinchas, se despertaron; i el pa- 
triotismo impresionable de nuestros vecinos se 
avivó i exaltó desmesuradamentv. hasta el estre- 
mo de suponer que la mui pacífica i laboriosa 
República de Chile soñaba en conquistas de te- 
rritorios, perturbando la paz de los estados ve- 
cinos en este continente. Sensible es que una 
palabra incorrecta de nuestra cancillería haya 
suministrado pretestos para desfigurar el alcance 
de nuestros actoe i para atribuir al país propósi- 
tos ambiciosos que no abriga. Si la malquerencia 
del Perú hacia nosotros, revelada por su prensa i 



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— ■278 — 

en sus meetings^ ha de venir a parar en una gue- 
rra contra Chile, que la declare desde luego si le 
place. Ella será una dolorosa desgracia para am- 
bos países i un escándalo mas para la América. 
Pero que el Perú, a quien ayer dimos la mano 
como hermano i er .no aliado, sacrificando en su 
obsequio nuestra sangre i nuestro dinero, si quieb- 
re hacérnosla guerra, que la haga porque quiere: 
pero no porque . Chile le dé siquiera apariendítp 
de pretesto. 

íDe todos modos, esclamó el señor senador 
Yergara, al terminar su bien meditada arenga i 
dando fiel interpretación al sentimiento unánime 
que dominaba en la alta Cámard, de todos modos, 
i sea cual fuere la resolución que se adopte, i . de- 
plorando como el que mas que las calamidades de 
la guerra se ciernan sobre mi país, si la guerta ha 
de venir, ya con Bolivia sola o con el Perú, deseo 
que ella sea enérjica, pronta i decisiva, 4 no de 
papel i en mengua del país; que coloque a la al- 
tura conveniente la honra de Chile, i que sea una 
salvaguardia eficaz de nuestra dignidad i de los 
derechos de nuestros conciudadanos en el esterior 
para lo futuro j). 

XVIIL 

Hizo en seguida algunas observaciones el señor 
senador por Santiago, don Loreniso Claro, ten- 



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— 279^ — 

dentes a fiscalizar los actos del gobierno bajo el 
concepto de la poca cordura de los empréstitos; i 
en el sentido jeneral de la guerra espresó mas o 
menos los siguientes conceptos tan serios como 
verdaderos. 

dEra lójico suponer que el gobierno antes de 
romper, hubiera contado con alianzas, hubiese 
precisado la neutralidad de las naciones vecinas; 
hubiese, en fin, tratado de saber quiénes serian los 
amigos i quiénes los enemigos. 

5) En el norte no existe un verdadero cuerpo de 
ejército: allí se dejan sentir necesidades tales co- 
mo la falta de ambulancias i hospitales. El jene- 
ral en jefe aun no se sabe quién será. 

:dE1 Perú se arma, lo que hace presumir que no 
permanecerá neutral. 

5) No se ha establecido ün plan de hacienda que 
impida con su previsión el que mañana no ten- 
gamos que lamentar desastres por falta de recur- 
sos. 

3)Sepide un empréstito i no se sabe en qué se 
emplearái). 

XIX. 

Acordó en seguida el Senado constituirse, por 
una grfin mayoría de f^ufrajíos (17 votos contra 2), 
en sesión secreta, i terminó allí el alcance de las 
revelaciones que podia legar a la historia con* 



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~ 230 — 

temporánea el deber i la actitud del parlamento. 
Cansa ha sido 4sta i justificación suficiente de la 
amplia cita que hemos hecho de aquel debate, 
porque hasta la hora en que esta historia sale a 
luz, el secreto no ha sido levantado. 

Únicamente será lícito agregar que en la pró- 
xima sesión del Senado fueron aprobados por una- 
nimidad todos los proyectos del Ejecutivo, i que 
uno de los senadores presentes, al votar la decla- 
ración de guerm '^ Bolivia hizo presente que era 
llegada la hora de aacer estensiva esa declaración 
a su instigadora i cómplice manifiesta: la Kepú- 
blica del Peini. 



ANEXOS AL CAPITULO X. 
I. 

INSTRUCCIONES RESERVADAS COMUNICADAS EN VALPARAÍSO 
AL CORONEL SOTOMAYOR AL SALIR A CAMPAÑA. 

(Inédita.) 
Valparaíso, febrero 9 de 1879. 

Nombrado U. S. comandante en jefe de las fuerzas destaca- 
das en el norte de la República i en el Litoral boliviano, creo 
necesario indicar a U. S. las instrucciones principales a que de- 
berá ceñirse en el desempeño de dicho cargo. 

El envío de nuestras fuerzas al Litoral de Bolivia, tiene por 
objeto hacer respetar el tratado celebrado con esa República en 
1874, i cuyas estipulaciones se niega a cumplir el gobierno de 



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— 281 — 

estaúlüma, inñríendo serios perjuicios a los iaiet^es chilenos 
coa la imposición de derechos fiscales i municipales^ en abierta 
oposición con lo establecido en dicho pacto. 

Si nnestro representante en La Paz no obtiene el resaltado 
favorable que era de aguardar de las jestiones que al efecto ha 
seguido aote el gobierno de Bolivia, i se viese en la necesidad de 
dar por terminadas sus relaciones diplomáticas, en tal caso de- 
berá considerarse como írrito el tratado de 1874, i U. S. procede- 
rá a establecer la jurisdicción que Chile tenia hasta el paralelo 
veintitrés antes de la celebración de aquel pacto^ designando al 
efecto con carácter provisional las autoridades administrativas 
para la marcha regular i ordinaria del servicio público en aquel 
territorio, adoptando al mismo tiempo las medidas indispensa- 
bles a su defensa i seguridad. 

En la designación de empleos administrativos, D. S. pro- 
curará marchar de acuerdo con el cónsul jeneral de la Bepública 
en Antofagasta, quien recibirá instrucciones sobre el particular 
por el ministerio de Relaciones Esteriores* 

En el caso posible que las autoridades bolivianas, constitui- 
das en el Litoral, tratasen de desconocer las que ü. S. designa- 
re, i procuraran la resistencia con fuerza armada o tumultos po- 
pulares, U. S. impedirá todo acto de esta clase hasta afianzar el 
orden i restablecer la tranquilidad en la población, amparan- 
do todos los intereses allí radicados, ya sean de nuestros na- 
cionales, ja de los ciudadanos estranjeros establecidos en esa 
costa. 

Asimismo deberá U. S. ejercer vijilancia en los puntos de 
la costa o del interior en que pudieran establecerse fuerzas ho^ 
tiles al estado de cosas creado por la ruptura del tratado, e im- 
pedir i rechazar las agresiones que se llevasen contra las fuerzas 
al mando de U. S. hasta tanto que, en vista del desai:rollo de 
los acontecimientos, pueda el gobierno i el Congreso adaptar las 
medidas que se desprendan de la gravedad misma de los suce- 
sos i lo anormal de nuestra situación respecto de la Bepública 
boliviana. 

Por lo demás, U. S. necesitará obrar con latitud de acción en 

HIST. DE LA C. DB T. 36 



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losincideDtes, imposibles de prever, que se orijinawin oon moti- 
vo de las compunciones posteriores a la anulación del tratado 
de 6 de agosto de 1874. 

El tino i prudencia de U. 8. son una garantía para que en la 
situación difícil que crea a la República la actitud del gobierno 
boliviano, no sufran los pobladores ni los intereses industriales 
allí establecidos, los perjuicios que la exaltación consiguiente de 
los ánimos podrá ocasionar. 

Encargo mni especialmente a ü. S. que ponga con frecuencia 
«n conocimiento del gobierno los sucesos que se verifiquen, ya 
sea por medio de los vapores de la carrera o del cable sub-ma- 
rino, Bi ajuicio de U. S. irevistiesen grave importancia i no se 
presentaren inconvenientes para ello. 

Dios guarde a U. S. 

Cornelia Saavedra. 

Al comandante en jefe de la fuerza espedicionaria al norte do la Bepú- 
«blica. 



II. 



MENSAJES DEL EJECUTIVO PRESENTADOS AL SENADO EN LA SESIÓN 

DEL 21 DE ENERO DE 1879 PARA HACER LA GUERRA A 

BOLIVIA. 

I. 

•CONCIUDADANOS DEL SENADO I DE LA CÁMARA DE DIPUTADOS. 

Las Últimas e injustificables medidas adoptadas por el go- 
"bierno de Solivia con el mas completo olvido de las garantías 
de que en todo país civilizado gozan los estranjeros, reagravan 
la situación que conocéis i que impone a Chile la necesidad de 
amparar las personas e intereses de sus nacionikles por todos los 
medios que reconoce el derecho de jentes. 

'«El Congreso comprenderá, por el estraüo jiro que la canci- 



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— 283 — 

Hería boliviana dio a las negociaciones i por los actos ejecuta- 
dos con posterioridad, que el estado de guerra es inevitable, si a 
Chile no se acuerdan reparaciones correspondientes a su digni- 
dad. 

«Por lo espuesto, i de acuerdo con el Consejo de Estado, os 
propongo el siguiente proyecto de lei: 

« Art 1.* Se aprueba la resolución del tratado de 6 de agosto 
dé 1874 que existia con la República de Bolivia i la consiguien- 
te ocupación de territorio que media entre los paraletos 23 i 24 
de latitud sur. 

«Art. 2.*^ El Congreso presta su aprobación para que el Pre- 
sidente de la República declare la guerra al gobierno de Bo- 
livia. 

Art. 3.** fie autoriza al Presidente de la República: 

oil.'' Para que aumente las fuerzas de mar i tierra hasta lo 
que creyere necesario; 

«2.** Para que invierta los caudales públicos en los objetos a 
que esta lei se refiere, sin sujetarse a presupuesto, i dando opor- 
tunamente al Congreso Nacional cuenta de su inversión; 

«3."* Para contratar empréstitos hasta la suma de cinco millo- 
nes de pesos, pudiendo hipotecar a su pago las propiedades del 
Estado, o estipular otras garantías. 

«4.*^ Para que declare puertos mayores los que juzgue oportu- 
no i cree los empleos necesarios para su servicio. 

«Art. 4.'' Se aprueba la creación de las aduanas de Antofa- 
gasta decretada en 19 de febrero próximo pasado, los sueldos 
asignados a los empleados de dichas aduanas, los decretos espe- 
didos por el ministerio de la guerra con fecha 19, 21 i 26 de fe- 
brero i 5 i 6 del presente, i los gastos que ha ocasionado la movi- 
lización i provisión de la escuadra nacional. 

«Art. 5.^ Las autorizaciones contenidas en el art. 3.^ durarán 
por el término de un año. 

«Santiago, marzo 20 de 1879. — A. Pinto.— J. Blest Gana. 
— Alejandro Fierro, —Julio Zeyer8.J> 



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— 284 — 



II. 



CONCIUDADANOS DEL SENADO I DE LA CAJf ARA DE DIPUTADOS. 

La ocnpacion del litoral del Dorte de la Bepúblíca, a conse- 
cuencia de los sucesos a que se refiere el mensaje que ha dado 
lugar a la Convocatoria del Congreso a sesiones estraordinarías, 
hace necesario el establecimiento de autoridades que atiendan 
al servicio administrativo en aquella locahdad; por lo que de 
acuerdo con el Consejo de Estado, tengo la honra de proponeros 
el siguiente proyecto de lei: 

cArt. 1.^ Autorízase al Presidente de la Bepública para que 
proceda a. nombrar a los empleados que ejercerán las funciones 
administrativas en el territorio comprendido entre los paralelos 
23 i 24 de latitud sur. 

eArt. 2«^ Las autoridades indicadas dependerán directamente 
del Presidente de la Bepública.:» 

A. Pinto. 

J, Blest Gana. 



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CAPITULO XI. 



CALAMA. 



£1 minisiFo Saavedra ordena un doble movimiento de ocupación por mar 
i tierra.— £1 doctor Cabrera se hace el alma de la ressstencia i se con- 
centra en Galama. — Su carta al doctor Ortiz i el cuadrilátero de los 
austríacos, — Antecedentes biográficos del doctor Cabrera i su notable 
eneijia.— Es el aliado de los chilenos en el Litoral i éstos le llevan a 
la presidencia del municipio en Caracoles. — Lo espalsa Daza en 1877 
como a Oblitas. — Funestas consecuencias del retardo de la ocupación 
militar de Galama. — Medidas militares de Daza sobre el Litoral. — ^Nom- 
bramiento de Granier para prefecto.-^La«orofi«¿acía'del'Litoral.--«Tana 
intimación del 6 {da marzo.— £1 21 de marzo sale una división de 600 
hombres de Caracoles' — Su composición, sus aprestos i su marcha. — 
Jomada al Limón Verde. — Imprevisión, frío i sed. — El padre Correa i 
su bendición matinal. — La división llega a la vista de Calama — T<^)o^ 
grafia, .caminos i vados del lioa. — Los Cazadores saleí^ a la descubierta i 
cómo su tnovimiento de esploracion se convirtió imprudentemente en 
ataque. — Prudente conducta del alférez Quesada i arrojo temerario del 
capitán Vargas.— Posiciones del doctor Cabrera.— Loe jefes boliviano^ 
Lara i Delgadillo. — Heroismo de Avaroa. — Cómo i por qué son muer- 
tos los cazadores de Vargas. — El estreno de este valiente soldado en 
1865.— £1 coronel Sotomayor i el comandante Ramirez eu el combate — 
La infantería chilena despeja los vados i se apodera del pueblo. — P urn 
del doctor Cabrera con sus tres doctores adláteros — (^nrio^i 1 - 1« , i 
estravagancias de sus partes oficiales de Canchas Blanoi"^ \ m'> 1' "^ : 
I^x héroes anónimos, — El sarjento Rojas <le Loncoin T i ' í • 
Ramirez de Renca.-^Temores del ministro de la guena sobre oi a' . ^ o 
de Calama. — El capitán Vargas persigue a los fujifcivos hastvi (.'hi icüu 
i curiosa entrega de la plaza que le hace sn alcalde. — El teniente Ro- 
dríguez hace prisionero en Misoanti al coronel Canseco i por qué se dio 
soltura a este jefe. — Impresión que la toma de Calama produce en 
Chile i cauaas del poco entunasmo que despierta. —Fines electorales que 
8e atribuyen a ese movimiento. — Carta del coronel Sotomayor al miuia- 
^ de la guerra desde Calama.— Las proclamas del Loa.— Carta de don 
J. M. Waiker al antor sobre la jomada de Calama. — Parte oficial del 
contra-almirante Williams dando cuenta de la ocupación de Calama, de 
Cobija i de Tocopilla. 



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— 28a~ 

< Ya lo sabia que la cobardía dol prefecto i 
de Canseco ha ocasionado la toma del Litoral; 
pero por ellos ha de comenzar el castigo de loa 
chilenos. Adelante! Dentro de p>ooo nos vere- 
mos, pues ya está casi organizado el ejército de 
la campaña.]) 

(Carta inédita ¿U Daza al comandante B. 
EyuinOj fechada en La Paz ell^ de marzo i sor- 
prendida por el coronel Saavedra en Antofagtuta, 

<cAyer a las diez A. M. se tomó Calama, des- 
pués de un sostenido combate. 

i>E\ capitán San Martin, herido levemente. 
De cazadores, un soldado muerto i tres heridos. 

)|E1 comandante Itamttez nombrado gober- 
nador de la plaza de Calama. 

dLos bolivianos mas caracterizados se man- 
daron mudar del lugar. Hai prisioneros. Los 
f ujitivos toman dirección de Cobija. Todo que- 
da tranquilo. 

Cornelio Saavedra. 

(Primer boletín telegráfico de la toma de 
Calama, marzo ^4 de 1879.) 



I. 



En los. momentos en que los debates parlamen- 
tarios, silenciados demasiado rápidamente por el 
secreto, comenzaban a revelar al gobierno los ver- 
daderos sentimientos e inquietudes del país, en- 
caminados todos a una acción rápida i vigorosa, 
el ministro de la guerra, que iba- ya a ponerse al 
habla instantánea con la Moneda por el cable 
sub-marino, ordenaba el 20 de marzo un doble 
movimiento por mar i por tierra para ocupar to- 
do el territorio Litoral del país que hacia tres se- 
manas nos había declarado la guerra. Tenia lugar 
esta laudable resolución el mismo dia én que el 
Congreso era convocado a sesiones estraordina- 
rias en Santiago. 



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k«..UV<v^ - 



— 287 
II. 



Tiempo eta ya mas que sobrado al patriotismo 
i a la paciencia misma, larga eti el chileno pero 
poco sufrida en el soldado, de desenvainar la es- 
pada i acometer al enemigo. 

Mediante nuestra prolongada inacción, que ha- 
bla durado mas de un mes, los mismos destaca- 
mentos que, con zapatos comprados en las tien- 
das de Caracoles en moneda chilena, se habian 
retirado hacia el norte, comenzaron a concentrar- 
se en Calama, importantísimo punto militar del 
Desierto i poco menos que inespugnable cuando 
medianamente defendido. 

Habíase hecho el centro natural de aquella au-, 
da23 agrupación de tropas, mientras el tibio e in- 
deciso prefecto Zapata (enérjico solo para los em- 
bargos), se mautenia alelado en Cobija, un per- 
sonaje no poco célebre en el Litoral de Bolivia i 
ya conocido del lector de este libro: el doctor don 
Ladialao Cabrera, gran amigo de los chilenos i su 
aliado político contra Daza durante la adminis- 
tración de este usurpador. 



III. 



Era el doctor Zapata evidentemente un hom- 
bre enérjico i activo pero de la escuela de aquel 



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— 288 — 

doctor Cepeda, tipo de los hombres de leyes del 
Alto Perú, de quien cuenta Garcilaso que desam- 
paró el campo de Gonzalo Pizarro, su amigo i su 
caudillo, en la hora del desenlace i del pantano, 
después de haberle metido en él hasta el pepacho. 
Pero avieso, astuto i disimulado, habíase labrado 
cierta notoria carrera política desde la época del 
presidente Achá que le empleó como fiscal públi- 
co en La Paz. Decia de él un diario del Litoral, 
en época de controversias, que pro venia de* un 
oscuro paraje de Cochabamba donde era conocido 
con el curioso nombre de yanagualacho delapam^ 
pa de calderas. (1) 

Nombrado mas tarde prefecto de Cobija por 
Melgarejo, fué a la par que don Quintín Quevedo 
el representante mas caracterizado de la alianza 
de su país 6on Chile i el Perú durante la guerra 
con España; i todavía los comerciantes de ^sa na- 
cionalidad, especialmente el millonario vizcaíno 
Artola, dánse a recordar sus embargos i sus lati^ 
gazos, sus polémicas i sus ukases de tirano en 
miniatura, el «tirano de la aldea». Como prenda 
de conquista tenemos sobre nuestra mesa el bas- 

- - - ■ - . . 

(I) Gualacho o mas propiamente y 2^¿a¿^^¿7 llaman en las ciu- 
dades de Solivia a los pUluelos Sueltos de la calle, i el vocablo 
yana (en quichua <rnegro»), era antepuesto a aquel sobrenombre 
tal vez por el color cobrizo del doctor. Iol pampa de carreras 
es un barrio mal reputado de la ciudad de Cochabamba, situado 
al pié del cerro de San Sebastian. 



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— 289 — 

toa de mando del prefecto Cabrera, recojído en 
su morada de Calama por su sucesor en el mando 
de la plaza, don Eleuterio Ramírez: es un trozo 
de cartílago coronado por solida porra de plomo; 
i no parece ciertamente este utensilio de paseo i 
de gobierno, inapropiado símbolo de su carácter i 
de su aspecto, — í marcado, dice el Caracolino del 
1.*" de febrero de 1877, al contar su espulsion de 
aquel pueblo por órdenes de D.iza, marcado por 
su voz mujeril apesar de su alta i rechoncha talla.» 



IV. 



En su lugar referimos como el doctor Cabrera, 
aliado con los chilenos contra Daza i sus seides 
en las elecciones municipales de Caracoles, habia 
sido llevado por aquellos a la presidencia del 
ayuntamiento, de donde el déspota ministro Obli- 
tas ordenó echarle a puntapiés, acusándole de mal- 
versador en el manejo de los caudales de la edili- 
dad. El ministro Oblitas acostumbraba devolver 
a sus subalternos las mismas demostraciones de 
desafecto que de continuo recibía él del dictador 
i de su bota. (1) 

(1) No es materialmente exacto que Daza arrojara a su pri- 
mer ministro do un puntapié, como se dijo en Chile, pero, su- 
primido el zapato, las cosas pasaron de esta manera: Daba 
un convite Daza en houor del jeneral Villegas que regresaba de 
Santa Cruz, después de haber hecho fusilar bárbaramente al 

HIST. DB LA C. DE T. 37 



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— 290 ^ 

l5n enero de 1877 el doctor Cabrera habia sali- 
do espulsado para Chile dando ingrato adiós a 
(Jaracoles donde dicronle lo.^ cliilenos recaní i, ca- 
sa i camisa». 

Residía el doctor al presente en Caracoles en 
buena amistad con los chilenos, i al saber la ocu- 
pación de Antofagasta, retiróse tranquilamente a 
Calama con el destacamento de rifleros sin zapa- 
tos que ea aquel mineral comandaban el coronel 
don Fidel Lara, los comandantes Eguino ¡ Dalga- 
dillo i otros jefes. (1) 

caudillo Ibañez i diez de sus compañeros. Oblitas, que ea Co- 
chabamba habia hecho otro tanto en caso análogo, brindó por 
Daza, pero forjando mal aventurada figura de retórica, dijo que 
la banda tricolor, roja, verde i amarilla, no era sino «un trapo 
de tres colores,» que no valia por sí, sino por el pecho que lo 
llevara. Al oir la palabra trapo, el jeneral Villegas, que es cor- 
tesano, enfadóse i protestó, trabándose en disputa con Oblitas, 
como si fueran faltes o traperos uno i otro. Pero al oir Daza que 
su banda era apellidada do aquella suerte, terció en el debate i 
con enojo mandó a Oblitas que se callase. Replicó éste, Daza 
mostró los dientes i alzóse de la silla. I fuá entonces cuando el 
l)rimer ministro de Bolivia se escurrió del fatídico salón de Mel- 
garejo i de Morales, i no paró hasta Cochabamba donde estaba 
su casa i reposo. 

(1) Una de las primeras medidas de Daza fué destituir al 
prefecto Zapata i nombrar en su lugar al coronel don Juan Qra- 
nier. El coronel Lara fué nombrado sub-prefecto de Calama i 
Atacama con encargo de obrar en todo de acuerdo con el doctor 
Cabrera. La nota en que se anunciaba al coronel Lara estas 
disposiciones con fecha 13 de marzo, cayó en nuestro poder, i 
como a pieza notable de buen sentido i estrajejia militar, le da- 



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— 291 — 

Pero enardecido ahora su ánimo por un noble 
sentimiento de patriotismo que nuestra pluma se 
rehusaría siempre a deprimir, aun entre nuestros 
mas encarnizados enemigos, púsose con tesón a 
acopiar elementos bélicos, frente a frente do núes- 
tras posiciones, logrando reunir hasta 135 hom- 
bres mal armados en Calama. Desde la medianía 
de marzo era ya tanta su arrogancia de caudillo 
militar, que rehusó perentoriamente aceptar la 
intimación de una capitulación honrosa que le 
fué ofrecida, según antes contamos, el dia 16 de 
aquel mes, por el capitán Espech, subdelegado 
sustituto de Caracoles, i a quien él denomina con 

mo8 cabida entre los anexos de este capítulo, siendo deudor de 
sn adqnision al coronel E. Sotomayor. 

A propósito de los [innumerables coroneles i tenientes coro- 
neles que BoHvia tenia en sn Litoral, i con motivo de una visi- • 
ta de cuarenta horas qne a Caracoles hiV.o de lijera el coronel 
Sotomayor el 9 de marzo, La Patria^ periódica de aquel Ingnr, 
del 13 de marzo, publicaba los siguientes cariosos datos: 

dEn fin, ya hemos visto un par de presillas negras del ejí^r- 
cito chileno en Caracoles. El coronel Sotomayor nos ha honra- 
do con una visita que agradecemos altamente, tanto porque os 
el comandante en jefe del ojcrcito del norte, como porque 
es el jefe de mayor graduación que ha venido al Litoral, mien- 
tras que en tiempo de Bolivia ¡Santos Dios! teníamos la coro- 
nelada siguiente: Antofagneta; Zapata, Cnnseco, Valdivieso, 
Franco, Apotinca, Echazíi i otros dos que no recordamos. En 
Caracoles, Lara, Aviles, Delgndillo, Otérmin, etc., i en íifojillo- 
nes, Bascones, total trece coro7icles. De buena lia oí^capud) el 
señor Sotomayor al venir a turnar posesión del Litoral teniendo 
trece coronales en contrali) 



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— 292 - 

el lenguaje altisonante de la Altiplanicie ^arZa- 
merUario ad hoCy en el protocolo que del caso le- 
vantó. (1) 

V. 

Palpitaban, a la verdad, tales bríos en el pecho 
del doctor cochabambino que desde una semana 

(1) «Eu el vice-canton de Oalama, a horas 9 de la mañana 
del dia 16 de marzo de 1878.— Reunidos en la jefatura de ar- 
mas los señores Ladislao Cabrera, jefe de las fuerzas de Caraco- 
les i Atacnma del ejército de la República de Bolivía, i Ramón 
Espech del batallón cívico, ayudante mayor parlamentario ad 
koc, enviado por el comandante en jefe del ejército del norte de 
la República de Chile, han celebrado la conferencia que consta 
del siguiente protocolo: 

<cEl señor iüspech. espuso que tenia instrucciones de su jefe 
para proponer al jefe de la plaza la rendición de ella i deposi- 
• cion de las armas, fundándose en que teniendo fuerzas superio- 
res, deseaba evitar efusión de sangre i ahorrar al vecindario los 
horrores de la guerra; en cambio ofrecía dar las garantías que 
le fueran pedidas, así como también la libre entrada de los ví- 
veres que el señor jefe de la plaza le pidiera para distribuir en- 
tre los pobladores que los necesitasen. 

»E1 doctor Ladislao Cabrera, contestó: que no estaba dispues- 
to a aceptar ni someterse a la intimación que se jle hacia, i que 
cualquiera que sea la superioridad numérica de las fuerzas en 
cuyo nombre se le intimaba la rendición, defenderia hasta el 
último trance la integridad del territorio de Solivia. 

i>Con esto dio por terminada la conferencia, firmando dos 
ejemplares del mismo tenor que tomó cada uno de los firmantes. 

Ladislao Cabrera. 

Ramón Espech.í> 

Desde el 21 de febrero anunciaba el capitán López desde To- 



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— 293 — 

después de la ocupación de Antofagasta comen- 
zaba a creerse a cubierto de todo ataque entre los 
chircales del Loa, i esto i a tal punto que no es- 
taba lejos de atravesar por su ánimo belicoso la 
idea de tomar la ofensiva contra los chilenos. Así 
al menos decíalo él mismo en una carta confiden- 
cial que escribió el 22 de febrero a su hermano el 
doctor don Félix Reyes Ortiz, escritor notable de 
Bolivia, cuyo documento fué dado a luz en Lima 
el 16 de marzo i es digno por su lenguaje i sus 
soliloquios de heroismo de ser conservado junto 
con la insignia de gobierno ya recordada de su 
autor, — «Mi cabeza i mi corazón son un volcan, 
decia el doctor cochabambiiio en esa carta, que 
harán alguna erupción^ cuyas cenizas rae sepulten 
a nú antes que a otroi>, lo que hasta hoi no ha su- 
cedido sin embargo- (1) 



copula i a bordo del Blanco^ la concentración de tropas en Ga- 
lanía en carta al coronel Sotoraayor que tenemos a la vista. 
En esa carta decía aquel jefe que el prefecto Zapata i el coman- 
dante jeneral de armas del Litoral, Canseco, habian desem- 
barcado con cien soldados en Cobija. Cincuenta de éstos fueron 
dejados en Tocopilla i licenciados por no tener como alimentar- 
los. - «El resto de la jente, añadía la carta citada, que salió 
de Caracoles i varios otros se encuentran en Calama. No creo 
que ha^an nada, pues no tienen plata ni con qué dar diarios a 
la tropa.}) 

(1) La carta aludida del doctor Cabrera fué publicada por el 
Nacional de Lima i dice testualmente así: 



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294 — 



VI. 



De todas suertes habia sido vituperable impru- 
dencia no limpiar, desde la primera jornada de la 
ocupación, la línea del Loa i del Atacara i, desde 
San Pedro a Tocopilla, ocupando todos aquellos 
puntos abundantes en forrajes que eran el res- 
guardo de nuestras improvisadas posiciones del 
Despoblado. I a la verdad que si Daza no hubie- 

Calamaj febrero 22 de 1879. 
Muí querido hermano: 

<rMe tiene Ud. aquí desde el dia 18; he podido organizar una 
pequeña fuerza que será la primera eu cambiar balas coa loa 
chilen(»8. 

i> No tenia idea de la impor tanda de este pueblo como centro 
de recursos de boca i de resistencia, Ho pedido a Tocopilla ar- 
mas i municiones. Eáner3 hoi lo que se me diga. Si rae mandan 
lo que pido, tomare con mi pequeña fuerza la ofensiva de Caraco- 
les. Si no hai elementos para eso, conservaré al menos este 
punto, que es superior al cuadrilátero del Austria. 

3) La situación no es para comentarios; es para recobrar por 
la fuerza lo que por la fuerza se nos ha arrebatado de la mane- 
ra mas desleal i cobarde. 

•js)Lo que me ha sorprendido en todo esto es que no hayamos 
en este departamento opuesto ninguna resistencia. Habría sido 
envidiable la suerte de nuestros orapatriotis que liubieran es 
puesto sus cadáveres, para que sobre ellos so ocupara la parte 
del territorio de que se han apoderado. 

Conoce Ud. cómo juzgo esto, i prü|)árece Ud. a contar loí^ 
hechos que se realii^en, si recibo los recursos que he pedido a 



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. ^ 295 -^ 

ra sido un poltrón tan desidioso como fantástico, 
habría tenido el tiempo suficiente para despren- 
der sobre aquellos parajes columnas o simples 
grupos armados que hubieran hecho todavía mu- 
cho mas sería i dolorosa \a jornada tardía de Ga- 
lanía. 

Vil. 

Para llevar ésta a término conforme al plan ya 
recordado, trasladóse el coronel S'otomayor de An- 
tofagasta a Caracolea, el 19 de marzo, i en la tar- 
de del 21 estaba lista una división de 540 hom- 
bres para ir a ocupar de lijero aquella posición 
importante, que su defensor llamaba el cuadrílá' 
tero de los austríacos tal vez como eco del canto 
popular de la Paloma.... 

VIII. 

Mandaba inmediatamente la columna de ope- 
raciones el bizarro comandante del 2.'' de linea, 

Tocopilla. Mi cabeza i mi corazón son un volcan que harán al- 
guna erupción, cuyas cenizas es probable me sepulten a mí antes 
que a otro. 

j>Abrace Ud. a las hermanas i Federico.^) 

Su Iieniiano 

Ladislao. 
Al sefioi* doctor don P. Reyes Ortiz. 

El doctor Cabrera llamaba hermano al doctor Reyes Ortiz 
porque habíase casado éste con una hermana del primero, la 
señora Adelia Cabrera. 



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~ 296 - 

don Eleuterio Rarnirez, i la fuerza de ataque ha- 
llábase distribuida eu estas proporciones. Tres 
compañías del 2.*" de línea de a cien hombres ca- 
da una, la compañía de cazadores del 4.*" que 
mandaba el capitán don Juan José San Martin; 
dos piezas de montaña a las órdenes del teniente 
don Eulojio Villarreal i el alférez don Pablo Urí- 
zar, i 120 Cazadores a caballo que mandaba el 
valiente capitán, graduado de mayor, don Rafael 
Vargas, natural de Melipilla. — Contando con unos 
treinta mineros voluntarios que llevaba el coman- 
dante de injenieros don Arístides Martínez en ca- 
lidad de improvisados pontoneros, i con los vo- 
luntarios-i antiguos cantores, hoi cucalones de la 
guerra, la espedicion alcanzaba a enumerar 600 
hombres escasos. (1) 



(1) Hé aquí las instrucciones que el coronel Sotomayor co- 
municó al jefe de las operaciones i que copiamos de su propio 
borrador, por la primem vez : 

Caracoles^ marzo 21 de 1879. 

(cDebiendo tomar posesión de Calama el dia 23 del presente 
con las tropas de esta guarnición, operación que a üd. se le 
confia por esta comandancia en jefe, dispóngase Ud. para mar- 
char hoi con 300 hombres de su batallón, la compañía del 4.® 
de línea, dos piezas de artillería i la compañía de Cazadores 
a caballo. La marcha puede Ud. emprenderla a las tres de la 
tarde, disponiendo que la caballería tome la vanguardia, haga 
los reconocimientos e impida toda comunicación con el ene- 



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— 297 — 

Veintiún vehíeiilos de los que en el Desierto se 
conocea ean el xwrabre de cayadas metaleras^ se- 
guían la retaguardia de la columna, cargadas con 
víveres, con forrajes i con madera, destinada esta 
última a echar puentes sobre el Loa. El coman - 
dante jeneral don Emilio Sotomayor, en actitud 
mas pintoresca que militar, seguia a la división en 
una cómoda carretela de viaje tirada por cuatro 
robustas muías habituadas a los médanos. Los sol- 
dados fatigados se alternaban por grupos en las ca- 
rretas, socorriéndose de esa suerte en la marcha. 

IX. 

Llenadas las cantimploras en el pozo del hospi- 
tal de Caracoles i sin mas atavío de marcha que 
sus capotes, pusiéronse en camino los 600 chile- 
nos con su natural i chistosa alegría en tales ca- 

]>La primera jornada se hará hasta la agaada Bandera, la se- 
gunda a la cumbre de Limón Verde. 

}>Para el reconocimiento de las aguadas, se tomará como prác- 
tico bajo las órdenes del comandante de la caballería^ a don Pe- 
dro Hernández. 

>La tropa debe llevar víveres para dos días en su morral, cíen 
tiros por hombre i las carpas que tuviere el batallón. 

^En conclusión, tomará Ud. todas las medidas conducentes a 
fin de que la operación que se le confia haga honor a las tropas 
chilenas, mui particulamente a las de su mando, prohibiendo 
todo acto vejatorio e innecesario con los enemigos.» 

Emilio Sotomayor. 

HIST. t)K LA C. Dfi T. 38 



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— 298 — 

SOS. El camino que teai¿iTi que recorrer era áspero 
i desierto, pero lafi-esca memoria del nativo suelo 
tenia de verdura los horizontes del páratno, al pa- 
so que el amor a los combates, injénito eti el chi- 
leno, acortaría la íatiga de la jornada. El sendero 
mas directo que conduce de Caracoles a Calama 
atraviesa por el centro de la cerrillada llaníada 
del Limón Verde i se estiende por un espacio de 
cuarenta leguas hasta salir por la garganta dé ce- 
rril quebrada al valle del Loa, frente al poblacho 
de Calama. (1) 



Entrada la noche del dia de la partida, la divi- 
sión acampóse en la Aguada de la Providencia^ 
al pié de la sierra del Limón Verde i allí, por lo 
avanzado de la estación i el hielo natural en pa- 

( 1 ) L» didt^acia de Calama a Caracoles, por el ceutro de la 
áspera meseta de Limón Verde, ea de 27 leguas bolivianas o 
cerca de 40 de las de Chile, en esta forma. De Calama a Limón 
Verde, 8 leguas. De Limón Verdea la Aguada de la Providen- 
cia, 14 leguas. Da la Aguada a C.iracoles, 5 leguas: total 27. 

Por Miscantij que es el camino usual, la distancia es la mis- 
ma, de esta manera: de Calarnu a Miscanti, 10 leguas. De Mis- 
canti a la Aguada de la Provideacia, 12 leguas. De la Providen- 
cia a Caracoles, 6; total 37. 

JSstos datos constan de los papeles del Estado mayor peruano 
custodiados en Chile. Pero hasta hoi en el Estado mayor chile- 
no prevalece la idea que esa distancia es de 20 o 25 leguas chile- 
nas... ¡Jamas b^}i sido piedidas, ni talvez calculadas! 



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- 299 — 

rajes que se alzan a un millar de metros sobre el 
mar, no obstante su proximidad a la playa, los 
soldados sin fuego i escasa agua, escepto la salo- 
bre de los pozos, pasaron inclemente velada. 

Prosiguieron su marpha los chilenas al siguien- 
te dia 22 de marzo, i empleáronlo entero en atra- 
vesar, biyo un sol de fuego, las agrias gargantas 
del Limón Verde, padeciendo intensamente de la 
sed. El soldado chileno es ante t9do imprevisor, 
i en esta ocasión como en muchas otras, háceso 
preciso confesar que esa cualidad preciosa del 
hombre de guerra no brilló en sus jefes. Era la 
obligación natural de éstos haber suplido por el 
cálculo al engaño o a la gula de aquél. 



XL 



A las diez de la noche del 22 de marzo la fati- 
gada columna durmió en la cabecera de la que- 
brada que, descendiendo hacia el valle de sur a 
norte en linea casi recta, conduce a Calama. Aque- 
lla noche, como la anterior, fué cruel para el sol- 
dado i aun para la bestia: la sed, cuyas ansias la 
imajinacion abnlta en medio de vasta i silenciosa 
soledad, atormentaba a los soldados, i hubo algu- 
nos de los últimos que ofrecían en aquel paraje 
hasta Jos pesos por un trago de agua. (1) 

A las dos i media de la mañana emprendieron 

(1) Bato comunicado. pr*T el iDftyor Vargus. 



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-^ 300 — 

de nuevo la marcha los espedicionarios chilenos 
para lograr la fresca, siendo conducidos hacia el 
valle por dos prisioneaos que en esa noche hicie- 
ron, i que imprudentemente aceptaron como guias. 
Cuando pardeaba la aurora, la división compacta 
ya, i marchando por hileras en razón de la aproxi- 
mación del enemigo, recibió la bendición de su 
capellán militar, un padre de la Merced, llamado 
Correa, como el monje de la misma orden i del 
mismo apelativo que acompañó a Pedro de Val- 
divia en la conquista, i que fué enviado de Con- 
cepción por el patriota i venerable obispo de aque- 
lla diócesis a sus espensas. El fervoroso fraile, co- 
mo si fuese mensajero de próxima batalla, habíase 
puesto a caballo sobre una abrupta loma; i al des- 
filar la jente en la penumbra de la mañana, mur- 
muraba aquél sus preces estirando el brazo para 
implorar la misericordia divina sobre los que iban 
a pelead i a morir por su patria. 

A, las cinco i media de la mañana, cuando la 
luz bañaba en toda su plenitud el panorama del 
mont^ al valle, comenzó a destacarse entre los 
empinados chircales del rio la parda sombra del 
caserio de Calama, i la división dispúsose para el 
ataque. 

XII. 

Al descender el rio Loa de las gargantas de 
Chiuchiu, unidas sus aguas cristalinas pero enga- 



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— 301 — 

ñosas, como el corazón de sus pobladores, a las 
de aquel afluente, derrámase en una suave hon- 
donada, cual en ancha taza de salobres bordes, 
formando dilatada i verde vega. Es aquélla una 
planicie de parduzca esmeralda engastada entre 
amarillentas colinas. El rio propio, que rara vez 
mide mas de dos o tres pies de hondura, serpen- 
tea encajonado entre altas barrancas por el centro 
de aquel fríjido oasis, i es su curso tan estrecho 
que unas cuantas tablas puestas en banda bastan 
en ciertos parajes para echar un puente provisio- 
nal sobre sus dos márjenes. Calama, aldea funda- 
da por ameros, acarreadores seculares de Potosí, 
yace en la márjen setentrional del rio; i como to- 
das las poblaciones de su oríjen, está esparcida a 
lo largo del camina real de Cobija a Potosí, via 
Chiuchiu, Santa Bárbara i Canchas Blancas, pre- 
sentando como núcleo una pobre plaza irregular 
rodeada de callejuelas, i con un edificio en ruinas 
en su centro. 

XIII. 

Para abordar el pueblo viniendo desde Caraco- 
les, existían solo dos vados próximos i frecuenta- 
dos, distantes una legua uno de otro: el de Topa- 
ter, por el lado de oriente, donde existia un injenio 
de amalgamación de la casa de Artola de Cobija, 
i el de Carvajal, o la Huaita, hacia el poniente, 



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— 302 — 

mas cerca de la población que por allí queda casi 
fronteriza. En ambo& parajes existian puentes de 
madera, pero el dilijente doctor Cabrera los habia 
hecho destruir con la debida anterioridad. 

XIV. 

Inducido por los conocedores del terreno i por 
los prácticos cojidos en la quebrada hacia pocas 
horas, el coronel Sotomayor, que a esas horas ha- 
bia montado &u caballo de batalla con el porte 
de tan bravo soldado como en todas ocafiiones ha 
sabido serlo, dispuso el ataque en la forma que 
vamos a decir, siguiendo el rumbo de sus partes 
oficiales i los datos de ouestra propia investigü- 
cion. 

Adelantóse la caballería en dos grupos hacia 
los dos vados, marchando la^ columna de 30 Ca- 
zadores que mandaba el alférez don Juan de Dios 
Quesada mas avanzada hacia el vado de Topater, 
i la otra en doble número hacia el paso de Huaita 
al mando de su arrojado capitán don Rafael Var- 
gas, llamado <íel huaso» por sus hazañas de jine- 
te. Iban en esta columna el teniente don Sofanor 
Parra natural de San Carlos, héi'oe mas t^irde de 
Jermania, i Carlos Felipe Souper, hijo de un héroe 
ya viejo, que ha ido al Perú a enseñar a peleai- a 
su manera. Roberto Souper, en el campamento de 
Santa Catalina, no es ya un soldado, pero es la 



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Gooéle 



— 3oa — 

Doble sombra de todos los soldados que pelearon 
eu Chile por la causa de la libertad desde Lonco- 
milla a Cerro Grande. 

La compañía guerrillera del 2.^ de línea, al 
mand'^ del capitán ^Lrrate Larrain, hijo político 
del comandante Ramirez, marchaba a sostener el 
pelotón del capitán Vargas, i la del 4.** de línea 
iba destinada a prestar su mano al alférez Quesa- 
sada en el de Topater, quedando el mayor don 
Bartolomé Vivar con las compañías 1.* i 2.* del 
2.*" de línea, que mandaban respectivamente los 
capitanes don Liborio Echanez i don Pablo Ne- 
moroso Ramirez, hermano mayor el último del 
jefe del cuerpo i de acreditada fama de valiente. 
La artillería era dejada como de reserva en el 
faldeo del cerro de Topater, frente al vado, i 
sostenida por un destacamento de veinte Caza- 
dores. 

XV. 

Era evidentemente el plan del coronel Sotoma- 
yor, desenmascarar las posiciones enemigas ocultas 
tras las chircas, las tapias, las zanjas de regadío, 
los pilones de pasto (que así llaman en el lugar 
la troj del forraje destinado a las muías) i el rio 
mismo con sus altas i enmarañadas barrancas. 
Pero al enviar la caballería en descubierta en esa 
dirección, padeció el jefe chileno un lamentable 



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— 304 — 

error de hecho o por his posiciones que ocupaba 
el enemigo o por la falta de comprensión de sus 
instrucciones del momento. 

Ajuicio de los tácticos a posteriori i de alguno 
de los que sujirieron nociones sobre el terreno al 
coronel Sotomayor aquella noche, el desarrollo de 
la caballería debió tomar mucho mayor vuelo, pa- 
sando el rio mas al oriente i mas al ocaso para 
cortar el camino de Chiuchiu i de Cobija, i dejar 
el campo espedito a la infantería i a los cañones 
en primera línea para el ataque. 

Mas, el coronel Sotomayor no tiene de ordina- 
rio el don del consejo, i obró por su propia inspi- 
ración animosa pero poco cauta, de lo que resultó 
que hubo de empeñars3 la acción con la caballe- 
ría contra posiciones fortificadas, que en seguida 
la infantería llegó retardada i con cierto desgre- 
ño a sostenerla, i por último, que la artillería, des- 
tinada en la táctica moderna a esplorar desde 
grandes distancias, con preferencia a los jinetes, 
el campo enemigo, quedó inactiva e ingloriosa, 
invirtiéndose por completo el orden estratéjico de 
las tres armas. 

XVI. 

El doctor Cabrera que mandaba en jefe, acom- 
pañado de otros tres doctores i de media docena 
de coroneles, entre los que figuraba el desairado 
prefecto Zapata, no habia apostado, entretanto, 



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EL JENEBAL 
DON ERASMO ESCALA 

Lit. P. Cadot, Huérfano* 26 Rafael Jovep, editor 



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- «05 — 

SU asendereada pero valerosa tropa, en los vados 
del rio, como nuestros jefes, supusieron i lo asenta- 
ron en sus partes oficiales, sino que con tacto supe- 
rior al de un letrado, agrupó toda su columna en 
el camino que conduce a Chiuchiu, i a cierta al- 
tura que le permitia dominar los puntos vulnera- 
bles del ataque enemigo. De suerte que cuando 
vio aproximarse al vado de Topater la avanzada 
del alférez Quesada, hacia las seis de la maña- 
na, ordenó a un salerosísimo mozo, natural de Ca- 
lama, casado en ella en venturoso hogar, llamado 
Eduardo Avarda, descender al paso encubierto por 
la enramada, i allí recibió el último a fusilazos 
a los chilenos desapercibidos. 

En obedecimiento a sus instrucciones, Qüesada 
volvió bridas con presteza, cual cumplía a su de- 
ber militar, sin perder un solo hombre, eif causa de 
las punterías de reclutas de los rifleros bolivianos. 
1 fué entonces, o poco mas tarde, cuando el intré- 
pido Ávaroa p§tsó el angosto rio por una viga i corí 
doce hombres hízose fuerte. No quiso el taimado 
calamefio desamparar aquel puesto confiado a su 
honor, i allí cayó peleando como león acuadrillado, 
hasta que el hijo de Carlos Roberto Souper le 
atravesó con su espada. Sobre su heroico cadáver: 
i su memoria digna de ser guardaba por los suyos, 
levantóse mas tarde el cuerpo de bolivianos del 
Litoral que se llamó los vengadores de Avaroa (1). 

(1) Don Eduardo Avaroa era hombre de 45 años, alto, rubio, 

HIST. DE LA o. DE T. 39 



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— 306 — 



XVII. 



Por su parte, el impetuoso Vargas, había pa- 
sado el rio sin oposición frente al pueblo, i no fué 
el infortunado campesino que le servia de guia 
quien lo llevó a la encrucijada sino su propio ar- 
dimiento de soldado. Habíase vanagloriado aquel 
arrogante mozo de que con sus invencibles Caza- 
dores tomaría antes que nadie la plaza, i atrope- 
Uando por planes de prudencia, sin esperar que el 
capitán Arrate pasase con su compañía lijera por 
un puente de tablones que el comandante Martí- 
nez improvisó con admirable celeridad, ayudado 
de sus mineros, lanzóse aquél por entre zanjas i 
cercados en demanda de la población allí vecina, 
sable i brida en mano. 

Pero el listo doctor Cabrera que desde su apos- 
tadero divisara aquella arrojada i poco cautelosa 
acometida, destacó 24 rifleros al mando del te- 
niente coronel don Emilio Delgadillo; i en su 

bien plantado i tenía reputación de hombre honrado i formal. 
Según el ayudante de campo del coronel Sotomayor, en la jor- 
nada, don Bamon Espech, Avaroa estaba apuntando al capitán 
Ramírez con un rifle enchapado en plata í a pecho descubierto, 
cuando los soldados del 2.* de una descarga lo mataron. Tenía 
el rifle en la mano caliente i crispada todavía ouaado el capitán 
Bamirez tomó posesión de esa arma* Los rifles de los bolivianos 
en Calama eran de todas descripciones i, entre otras curiosida- 
des, el capitán San Martin tuvo la bondad de enviarnos una 
tercerola con cuatro gatillos 



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— 307 — 

pomposo parte de aquel combate sin igual en la 
historia moderna^ como lo llamó él mismo oficial- 
mente, afirma que Tino en persona a colocar 
aquella emboscada en una puerta del potrero, por 
entre cuyas trancas debia pasar forzosamente a 
distancia de diez metros el impetuoso Vargas i 
sus jinetes. 

Era Delgadillo un oficial antiguo del ejército 
boliviano, que habia sido capitán de la compañía 
en que Daza fué soldado, pero que a la sazón co- 
rria escasa suerte, inferior a su valor. 

Entre tanto, fué natural contraste de la embes- 
tida de los Cazadores de Vargas, en terreno des- 
conocido i lleno de atajos i malezas, que cayeran 
al lado de su capitán tres valientes Cazadores i 
sucesivamente cuatro mas, quedando heridos de 
gravedad otros tantos, todo en un minuto i sin 
poderse valer en el intrincado laberindo del te- 
rreno (1). 

(1) El primer soldado mnerto en aqnel encuentro i en la 
campana llamábase Rafael 2.^ Ramírez, i se hizo con su pérdi* 
da gran bulla, levantándose en Antofagasta snscriciones para 
honrar su nombre i socorrer a su familia, porque al principio se 
creyó, medíante una equivocación de números (un 7 por un 1) 
que solo él había sucumbido en la refriega. 

Ramírez era un bizarro soldado de 25 años, pues habia nací- 
do en Renca el 14 de noviembre de 1854. Sentó plaza a los 19 
años, i al cumplir su primer término hizo nuevo ajuste por cin- 
co años, seis meses antes de la guerra. Su madre, llamada Jua- 
na Zúfliga, vive todavía. 



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-808-^ 

Pero sintiendo la empuñadura de su sable es- 
tremecerse en la crispada mano, por la impo- 
tencia i- la sorpresa, el capitán Vargas mandó 
echar pié, a tierra, i secundado por su éegundo el 
bravo teniente ; Parra, sostuvo durante largo tíe- 
cho desigual combate con el enemigo oculto. Por 
fortuna incendióse un pilón de pasto allí vecino, 
i. sofocados por el humo i por las llamas los rifle- 
ros de.1 comandante Delgadillo, se retiraron por 
las encrucijadas hacia el pueblo. — El incendio 
del campo calcinó, sin embargo, los cadáveres de 
los valerosos chilenos que allí habian caido ofre- 
ciendo íel temprano tributo de su sangre en con- 
tienda que seria larga i obstinada (!)• 
_ .^^ — . _-. — .-^i. , 

ÜQQ de lo8, CazadíQrés de, CaUma fué herido de una manera 
bastante aingulap porque el proyectil le llevó una parte de la 
visera del kepi i se la embutió en la mejilla junto con el plomo. 
Dos meses mas tarde le vimos en Santiago con su herida per- 
fectamente cerrada, pero con los costrones del charol visibles 
todavía en la cicatriz. 

(1) Rafael Vargas parecía estar lisiado de emboscadas, como 
el capitán San Martin lo estaba de heridas. Habiendo sido, en 
efecto, enviado aquél por el comandante Lagos a un reconoci- 
miento el 19 de noviembre de 1865, cuando acababa de incorpo- 
rarse en el ejército, al mando da 21 Granaderos a caballo i 50 
yeulles, una emboscada de indios lo rodeó por completo al salir 
de un bosque, i estuvo al perecer con toda su tropa.— «En el 
acto les hice una descarga^ decia el mismo Vargas, contando a 
gu padre (tan valiente i diestro en el caballo como él) bu estre- 
no en el sable, les hice una descarga que los hizo emprender la 
fuga, i nosotros aprovechando su miedo, nos fuimos encima 



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— 809 — 



xvm. 



En los momentos en que el capitán Vargas re- 
chazaba a los rifleros bolivianos i reunia m caba- 
llada ¡bisoña i dispersa por los tiros, llegaba la 
compañía lijera del 2.® de línea, desplegada en 
guerrilla, i en seguida el comandante Bamirez en 
persona, después de arrollar a Avaroa en el vado 
de Topater. Habia perdido allí aquel valiente 
adalid su caballo i el capitán San Martin saco una 
curiosa herida en la oreja, testimonio inevitable 
de todos los encuentros que antes habia sostenido. 
Mas afortunado esta vez, aquella herida, que era 
una airosa perforación en lá aleta de la oreja, va- 
lió al capitán San Martin un grado conferido en 
el campo del honor. 

Después de Avaroa habia defendido la impor- 
tante posición del vado de Topater un valiente 
gaucho de Cochabamba, llamado el coronel Lara, 
mas conocido por él apodo de guerra de JEl mata- 
sietej a consecuencia de haberse defendido en 
cierta ocasión en las pampas de Bandida, por 



con sable en mano dando hachazos a diestro i siniestro;... £n 
medio de la oonfusion de la reinega me vi rodeado de indios 
por todas partes teniendo que limitarme a barajar las lanzadas 
que me dirijian sin poder tirar por mi porte mas que uno que 
otro hachaeoD.-— (Carta de Rafael Vargas a su padre don Juan 



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los Yungas, contra siete bandoleros a quienes 
puso fuera de combate. 

XIX. 

La artillería, entre tanto, al decir del doctor 
Zapata, que ocnpaba en ese momento la posición: 
de Talquincha, frente al vado de Topater i que él 



Vargas^ fechada en los Anjeles el 22 de noviembre de 1865 í 
publicada en El Ferrocarril AA 28 de ese mismo mes). 

El capitán Vargas fué honrado *coa nn ascenso i el regalo de 
un caballo de batalla que le fué presentado por la jutrentud de 
Santiago i a cuya galantería el valiente oficial correspondió con 
la siguiente carta: 

Sefior don José Tocornal, 
Santiago. 

CaraeoleSj mayo 27 de 1879. 
Muí sefior mió: 

<He tenido el placer de recibir su mui estimada carta de fe- 
cha 11 del corriente en la cual me participa que varios s^sfiores 
han acordado hacerme el valioso obsequio de un caballo de ba- 
talla como una manifestación de aprecio i simpatía por mi com- 
portamiento en la toma de la plaza de Calama el 23 de marzo 
último. 

«(Profundamente agradecido a Ud. i a todas las demás perso- 
nas que suscriben la lista adjunta a la suya, debo manifestarles 
que tan honrosa i benévola distinción dá nuevo aliento a mí 
coraa&on de soldado pura hacer el sacrificio de mi vida en de£siv» 
sa de la patria. 

«Sírvase Ud., señor, ser el intérprete de mis sentimientos de 
gratitud hacía los honorables caballeros que con tanta jenerosi- 



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— 811 — 

en su pomposo miedo eleva a <tonce cañones i 
dos ametralladoras^, hizo algunos disparos; i des- 
de ese momento refiere el mismo doctor,— «Los 
tres puntos defendidos, Talquincha, Topater i el 
vado de la Huaita, no solo eran imponentes sino 
espantosos para quienes han podido oir el retum- 
bar del cañón, el estallido de las bombas de in- 
cendio i el ruido de las balas de rifles. 

XX, 

Arrimó en tal coyuntura espuelas a su caballo 
el intrépido pero poco afortunado doctor cocha- 
dad se han dignado premiar mis pequeños servicios. 

cMe suscribo de Ud. mui particularmente su mui A. S. S. 

Rafael Yíroás.» 

En cuanto al infortunado Avaroa, hé aquí un testimonio no 
menos noble de la admiración que su heroismo i su muerte ins- 
piró a sus compatriotas. 

Conversando algunos de los prisioneros de Calama a bordo 
del Blanco con el corresponsal de £1 Mercurio de Valparaíso le 
pidieron no olvidara de hacer el elojio de un héroe. 

— c¿I cuál era el elojio de que querían hablar ustedes? 

— «Un elojio a Eduardo Avaroa, paisano, segundo jefe de ri- 
fleros, que murió como un hdroe. Herido en siete partes, no qui- 
so rendirse i siguió haciendo fuego con su carabina. Era un jo- 
ven intelijente i valeroso, i sn nombre debe ser saludado con 
respeto por todo hombre de honor. Murió aferrado a su arma i 
apuntando al enemigo. Habia di^rado roas de cien tiros, i no 
quiso retirarse de su puesto ni aun cuando los chilenos habian 
ya salvado los trincheras. Era todo un hombre». 



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— 312 — 

bambino, i acompauado de los tres togadps de su 
estirpe, los doctores doü Ricardo ügarte, don 
Lisardo Taborga i don Manuel Cueto, que le 
hacian corte, no paró hasta dar con su cuerpo 
i su jeneralató en Potosí. Cuidó, sin embargo de 
redactar el boletín de su hazaña en la posta de 
Canchas Blancas el dia 27 de marzo, i aquel 
curioso documento, después de hablar de «las in- 
terminables columnas del enemigo», (testual) de 
sus «densas masas» (testual también), enviadas 
en columna, las unas en pos de las otras contra 
Ips vados, declaró que los chilenos .tuvieron ^nas 
de cien muertos en ese combate «sin igual en la 
historia modernaD. Corrijiendo i precisando este 
número poco mas tarde en virtud de datos sumi- 
nistrados por el comandante Delgadillo que se 
reunió en Potosí con 16 dispersos, agrega el doc- 
tor Cabrera que las pérdidas exactas de los chi- 
lenos en Calama llegaron a ciento veintiocho, de 
los cuales ciento dieciocho quedaron muertos i so- 
lo diez heridos. 

Según el doctor-jeneral, las balas de los boli- 
vianos que pelearon á sus órdenes con trabucos i 
escopetas viejas, no servían sino para matar, no 
para herir (1). 

(1) Son sumamente eBtretenidoB los partes oficiales del doo- 
tor Cabrera datados en Cimohas Blancas el 27 de marzo i en 
Potosí el 13 de abril, pero por su demasiada estensíon i altiso- 
nante literatura no nos atrevemos a reproducirlos integramente» 



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— 318 — 

. XXL- ,,,. ;. .,, 

! ]^1 xQsuUitclo , da; aquella e&trana ao(sÍ9];L .^a que. 
tmo9 icuantOB campesinos i reclutas mal ar^iaí^ 
se fiogtuvieron contra una lucida división chilena 
cijiatro veocB mas numerosa durante tres horas, 
filé la pérdida de siete valientes Cazadores a ca- 
ballo i otros tantos heridos, quedando en ijuestro 
pp<íer diez i nueve cadáveres d veinte prisioneros; 

— Es fila embargo el doctor tan minucioso que refiere en los sí- 
gnieütes términos sn propia fuga: 

cEl comandante Narciso Aviles, tercer jeje de la columiíia de 
Caracoles, me da la triste noticia de qua parte del ejércjto eae«* 
migo habia ocupado ya el pueblo que defendia, habiendo pene- 
trado por el vado de la fluaita. Despacho al oficial Aitámirai\o 
a informarse de si esto era cierto. No vuelve ésW. Me dirijo yo 
mismo al pueblo i cerca de éü encuentro a uno de los* cornetas 
de la columna de Caracoles (Aparicio) que venía ié fugcii me 
confirma la noticia de la ocupación del pueblo. 

^ContramarcAé sobre el campamento en cuya dirección se re^ 

tiraban algunos soldados i riñeres; les indico como punto de 

retirada el pueblo de Chiuchiu, i yo mismo tomo esa dirección, 

Sn el caminó me ihcoi^oro con los compaOéroá cnyft lista acom- 

paflo^. 
Es eorioBO observar ^ne desdé el primer encuentro de esta 

goenu apareció la leyenda délas balfis esplosiVas €i%99iastfi«« 

tOy decía mía oorrespoudencía de Caracoles* del 80 de.marzo, mt^ 

ehm Mas esplosivas, de las lanzadas por los defensores de la 

plaza de Oatama^ a la división chiletm* Pantanos, zanjas, pTed* 

pidos, chircales^ boequés impenetrables, murallas itodns las con-^ 

dieUmeé de las Termopilas uo fueron bastante. Era necesario 

agregar las balas esplosivasfp , 

mST. DE LA C. DE T. 40 



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— 314 — 

entre oficiales i soldados, siendo estos últimos tan 
infelices, que el jefe de sii país no los juzgó dig- 
nos de ser considerados en un canje. De suerte 
que si Se hubiera procedido con mas calmía i éon la 
sujeción debida a las reglas mas obvias del arte 
de la guerra, aquella tropa debió rendirse a dis- 
creción; i lá toma de Calama habriasi(|o úü sitó* 
pie paseó militar sin la ceremonia fúnebre de etí-^' 
terrar los cadáveres carbonizados de nn' puñado 
de valientes, que sin objeto ftleron saeriícados. 
Es un hecho que está fuera de. toda duda, bajo el 
punto de vista del criterio militar, que ni el capi- 
tán Vargas debió avanzarse por sü propio albe- 
drio en los matorrales inesplorados que se ésteii- 
dian a su frente, ni su jefe superior debió en- 
viarlo por aquel rumbo sin emplear antes los ca- 
ñones i la infantería para sondear i romper la 
resistencia del enemigo. En Calama comenzamos 
la guerra al revés, i en muchos casos se ha segui- 
do exactamente como su comienzo (1). 

(1) £1 ataque de O^Upoa fué tanto maa tezpeir^riQ e inútil en 
la forma en que se hizo cuanto que los chilenos sabian con com* 
pleta certidumbre el número i lá calidad de la guámioioo mp/to- 
visada que la defendía^ i que de seguro, empleando la e^trjrtejia: 
mas que la pólvora i la arrogandá^ so habría lendidoisin dispa-' 
xar un tíro.— ^Anteb de mi partida de Caracolea^ (deoib el üo^ 
mandante de injenieros Walton en una 6arta que oon f^ha^^ 
de marzo eseribiú desde Santiago al ministro de la guerra dán^ 
dolé cuenta del estado del ejército), antes de mi partida tuvimos 
noticias fidedignas por diversos conductos i por personas man- 



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•;.!••■ ■ ■ ■ 

xxn. 

. JEl coTOjael Sotomayor dio como en todas oca- 
siones durante su ya larga vida militar mpestras 
de la alegre serenidad de ánimo que le caracteriza 
en el fuego, i no escapeo íu presencia en ninguno 
de los puntos de mayor peligro, como lo hace no- 
^ el cpr^and^^nte Ramírez en. un parte oficial de 
la jpríxada^ El capitán Vargas recomienda, a su 
turfto, a les, oficiales Parra i Souper, i entre otros 
subalternos av un bravo sarjento loncomillauo, na- 

dedos espresarmaU a Calama con ^1 objeto de coaooer de ana ma* 
ñera cierta sí hahia o nó faerzae venidas del interior, como se ha- 
bía aaegnrado dius ¿ntes. £¡1 resultado de las inTestígaoiones nos 
biao saber poBitívamente que no kabia Helgado nn aolo hombre 
del interior i que solo existían en . Calama como cien hombres 
amuidos, con ri/íes, escopetas^ revolverá i lanzas qne el earanel 
Cabrera^ ex-subprefecto de Oaracoles, había oonsegoido reunir 
entre los emigrados de su ex^prefectura i otros». 

Pero estaba escrito. Calama había de ser el precursor, mas no 
el profeta de TarapacA... 

El ministro de la Gnerr^ sefior Saavedra, llegó a traier un 
momento por el éxito de la espedicion a Calama, i el 23 daba 
de»^^ Antofsga^ta al coronel Sotomajor los siguientes acerta* 
doii .consejos; , 

cNo (j^ío jde tener mis temores que a tu Uetgada a Calama te 
escaenti;es con loerz^ super,jo9es a las q^e llevas, i si así fuese, 
no debes empellar combata hasta qne seas reforzado eonvenjien* 
temente. £s preciso que la primera lecoioo que se le^ dé a los 
gritones sea en regla. Esto nos ahorrará sacrificios para des* 
pues)». 



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— 316 — 

tural de San Javier llamado Facundo Rojas, que 
falleció pocos dias mas tarde, a consecuencia de 
la alegría que le causó recibir sus despachos de 
ófiülál después de veinte ó treinta años dé sefvi- 

cio(i). V^^' ; ■•• ; ■ ■; ■ . ■; 

' ' xxm. 

- 1 'y ' ' ' ' ■ . ■ . ' , . ' ' • • 

Eri el mismo dia de agüella costosa victoria 
fué nombrado gbbettiador militar de lá pla¿á -de 
Caláma el comandante don Eleuterio Rainírez, i 
despachóse en persecución de los fbjitivos al capi- 

"' (IV Heünos tenido 'ocasión de ver «na carta de este valiente 
a su últíina úarriarada Juanita N... I decimos úitima, porqne 
fle-^egriro; i estando al estilo de sus requiebros i al estado intíere^ 
sante' de la nlüa, ho hábia sido ésta la pritaera. Lí carta es de 
tntíi bneúa letra i ortografía, pero ofrece la singularidad de decir 
si(*mpre quizás' por quien sabe^ i así se leen eu ella loe pasajes 
qñe vamos a copiar. La carta es de Antofagasta marzo 7, i des- 
pués de referir su buen pasar en el trasporte Santa iacZa,dice 
Hbjáis. . .<r Asi es, Juanita, que, hasta ahora, estol pasando bien ; qui 
zas en adelante!...3>I en otro párrafo anadia: — «Tal vez nos va* 
tnos al norte a nn lugar boliviano gñe se llama Oakma: ym**^^ 
cómo me vaya por esos lagares!» ^ * • i- .....:, • 

' Mafle fué quizás al bravo sárjente, porqne alK dejó sns hue- 
sos, pero el alegre soldado tenia todavía humor para ^ecSr^a la 
íiiffeUz qtiehabiaburlaiió^iqaehoi con sin postumo chtcttéíóes 
pcDsíonístti déla Protectora: — «Pues anoche sofiéi querida Jua- 
nita, qne la veia i que le daba nn abrazo, pero cttandó desperté! 
nof era cierto tuve mucha penaD. I este sneño fué él último jw-í 
;:ríí^ del bravo sárjente Facundo Rojas, natural de San Javier 
de Loncomilla. 



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— 317 — 

tan Vargas, Regresó éste de Chiuchiu el 23 de 
marzo, isíin haberles dado alcance, i sin 'traer ma» 
flótícíafe que las de sas depredaciones i la histioria 
dé dJerto alcalde boliviano de aquel pueblo Indí- 
jena, que para entregarlo én debida forma, pidióle 
antes permiso para azotar a un ratero que le ha- 
bía robado una puerta, o cosa parecida, gracia que 
le fué otorgada, recibiendo el bravo capitán junta- 
mente las llaves i el látigo de Chiuchiu, i el rate- 
ro los azotes del alcalde. 

El coronel Sptomayor, por su parte, emprendió 
viaje, acómpaiiado de una lijéra escolta por la lí- 
nea del Loa hasta Tpcopilla, haciendo prisionero 
en su. tránsito al coronel Cüanseco, qua venia a reu- 
nirse con la guarnicipn de Calatna i a quien dio 
en seguida soltura por motivos diplomáticos qué 
entonce^ i ipas ' tardé han quedado hasta cierto 
punto én el misterio (!)• 

!E1 coronel Sotomayor encontró en los puertos 

(I) El coirbüffel Canseco, amigo peráonal de Daza, fué a^resadoí 
en MlttAtíti'pctf el elitea(¿do ofld'al ide la guardia nacional de> 
Caracoles don Mannuel Rodríguez Ojeda, destacado aiprévenr 
cion en aquel ponto. Canseco i sus ordenanzas finjieron voz de 
arjentinos i quisieron pasarla por vendedores de ganado que iban 
de regreso a Salta. 'üTo ieftytó ¿n él ardid él ' oficial fileno, 1 en 
Chatókáie entregó «tí píriáíoiáero'aííeofdne! Soíofnáyor. Poóo toas 
tarde, í*^or -el consejo de lo& que cfreian en la Moneda qué Boli- 
tia seria nuestra aliada a la Vndta de la 'esquina, dióle aquél 
ddinra, i en consecuencia, ftié un enemiga mas que mandamos 
al frente de batalla. 



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de TpcDpULi. í;;!Qlobijia nwsfra fiS(?ua4ra,. qyae al 
m^ndo djQl coutralmiraníe . VilUanw habia 4^a- 
do .giiJcDicpmodo fond^aíjerp de Aíitofeg^pí^ en 4» 
tatd0 del 20. ,d?. marzo a ítpiíftíijí^ jpjpsesion ^^.tpdo 
aqüql LitjOfal sin encontrar lí^ luaft le^ ^efiis-; 

El ^9 de . marao el pomapdan,t;e eíjijflfe d^t lí^ 
tíopas* de ocup^ioi^ reg^esjab?. ^ Autp&ga^to^ j 

* XXIV. \.' ■' '/' V! '^'i 

JLíOS .SUCESOS que dej¡araos refe^dos no alegrar 
ron, sin embargo, el corazón del país parque fue-^ 
ron evidentemente morosos, i es pena natural de 
toda tardanza en la guerra la indiferencia de los 
que la juzgan sin pasión. Por otra par(¿e, com- 
prendióse en breve que por la adquisición de Ca- 
lama habíase pagado un precio subido, i se hizo 
reciierdo con preferencia de qne pudo tomarse ea 
el momento debido sin queniar un grano de pól- 
vora, con virtiép.dq59, deJBsa.Buerte.eUi Yxtwpfií'í^, lo 
qud< on otra ocasioiihftbtfia 8ÍdíQ:salabaiiK|BJ mereció 
da'(l). ■'•■'•* - ./- h í. ' r.;, . . ■:.} 

(1) £a algunos pueblos de Cl^l^ i ospec^lipep^te euS^u Fe^ 
lípe hubo repiquea i vasos pQr ,li^ top9A de Calapia, peral^ noti-- . 
cía, ^pesar de ser el primer éxito de Ja campafia,, fuéjrecibi^ 
con indiferencia, sentimiento ^ue se ahondó ^un mas cuando 
gradualmente fueron conociéndose los detalles militares del en* 
cuentro. 



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— 310 — 

• '.' XXV. 

Dtíber do rigorosa cuánto inquebrantable im- 
paorctalidad, nm obliga también en etsta parte a 
recordar que los partidos políticos, entregados a 
aceírva luóba contra la intervención oficial p6^r 
aquellos mismos dias, atribuyeron al tardío ,mot 
Timiéato sobre Ckllama un fin político i ma¿ (|ifle 
esto ün aixiUd eleclíomL 

Lá nueiva del combate circidó, en efecto^ : dfe ua 
e«tremo á otro del país el 25 de marzo, i el 30 dé 
ese mes tuvieron lugar las elecciones jenerá^és de 

*' * ■ ." i> m * . ■ II i ■ ■ , . j . . , 

Sn d Litoral reinó mayor eotasiasmo, eepecialmeate ea Cara- 
coles i ea Antofagasta. — En este último puerto empavesó la 
G*Ñiggin$i se celebró un meetiug el dia 24, cuyas conclusiones 
fueron las siguientes: ' !» ■ 

€l.* Enviar un voto de aplauso al supremo gobierno por ha- 
ber ocudado los puertos de Tocopilla, Cobija i la población de 
Calama, punto esiratéjióó; que acabalde set^üomtido después de 
un reñido combate de tres horas. 

>2.^ El pueblo de Antofagastai vería con grato placer que se 
concentraran en la línea del Loa todas nuestras fuerzas, para 
defencler nuestras fronteras de agresiones probables i estrafiás. 

2>3*'* Enviar al seüor coronel ^otomayor, i a las fuerzas que se 
han batido en Calama, un voto de aplauso ^ nombre del vecin- 
dario de Antofagasta. 

i4.* Womover eü el vecindario una snscriciori a favor ¿e la 
familia del soldado Rafael Ramírez, muerto bn él prítner com« 
bate sostenido en Calama. 

-^^^ Autorizar a la mesa directiva para que hiigu uf¿,ctivos 
los acuerdos del meetiüg». 



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— 320 — 

diputados i senadores; de suerte que en esta coin- 
cidencia de fechas creyóse Ver un plan oculto en 
que el gabinete se proponia ganar prestijio con 
el esplendor de l(i victoria; Eor nuestra parte mo 
aceptamos' tan graré acuaaeibti» «no .' cóéio' iraa 
simple correlación de fechas i el reflejo; de iospe- 
chor ajena» Carecemos por completo de pruebas 
para afirmar hecho de tanta culpa^ i siempre ha* 
bri> de pareceírios dolorosamenfcé inverosímil que 
aun los gobiernos de Chile,' hijos. Biem|>re de es-* 
caudalosa intervención electoral ií ápadñnadotes 
lójicosd© sus escesos en el interior del país¿ se 
precipiten, arrastitidós de vértigo incurable, a 
comprometer la gloria del país en el estranjero i a 
derramar la noble sangre de nuestros soldados 
para proditorios fines. Básteles para ellos la mu- 
gre de las urnas . . • 



ANEXOS AL CAPITULO XL(1) 

CARTA DEL CORONEL 60TOMAYOH AL MINISTRO DE LA GUERRA 
ANÜNCiÍnDOLB LA TOMA CALAMA. 

«Querido amigo: 

«Después de tres dias de marcha forzada, llegamos a Calama 
el 23 ^ las C A. M. 

(I) Lo8 partes militares del coronel Sotomavor, del comaHdante Eami* 
rez i del caftitan "Vargas figuarán en el núm. 1 del ApéndítJe de este volu- 
men, i les corresponde ese lugar por su ínteres i es tensión. 



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^ 321 — 

«La primera división, compuesta de 25 hombres del rejí mien- 
to de Cazadores a caballo, recibió los primeros tiros del eaertiigo 
que estaba cubierto tra« de paredones, chireas i matorrales de- 
fendiendo el paso. Topater. 

«La compañía de cazadores del 4.° atacó ese punto con vigor 
i decisión basta consumir cien tiros cada soldado, al mandé de 
su bizarro capít&n San Martin. 

«La misma compañía del 2.^ pasó por un puente provisional 
que se tendió en el rio por el teniente coronel don Arístides 
Martínez, batiendo palmo a palmo al enemigo basta derrotarlo 
coinpletamente* En el ataque fué muerto por sorpresa el solda- 
do Ila&el Ramírez i heridos tres de su cuerpo, escapando mila^ 
grosamente el capitán don Rafael Vargas. La tropa merece una 
recomendación especial: lo mismo los oñciales, 

«El comandante Bamire2^ tomó el mando de su compañía de 
Cazadores i atacó al enemigo* 

«De las autoridades, unas han huido a Cobija, otras a Chiu- 
chiu. 

«A las 6 A. M. principió el fuego. 
'• «San Martin merece toda clase de consideraciones: es nn va- 
liente* 

Emilia Sotomayor,^ 



IL 

PROCLAMAS DEL CORONEL SOTOMAYOU, .TEPE DE OOUPACIOí^ DE 
LA LÍNEA DKii LOA, 'AL TOMAR POSESIÓN DB CÁLAMA. 

(A orillas del Loa). 

Marzo 23 de 1879. 

¡Habitantes de Calama! 

«El gabinete de Bolivia, lu spuLsado de su territorio a los 
laboriosos cbilenosi ha confiscado sus bienes..;.,. 

HIST. DE LA C. DE T. 41 



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— 322 — 

«A ese acb) de barbarie vengo a corresponder con actod de 
civilización. 

«Vengo al frente de soldados qne saben morir^ venciendo; 
pero que jamas han hecho la guerra a las propiedades e intere^ 
ses ajenos. 

«Vengo a colocar bajo el amparo nle nuestra gloriosa ban« 
dera, vuestras personas, vuestros intereses i la honra de vuestras 
familias. 

Nuestras armas vienen preparadas para el enemigo en cam- 
paña. 

«cPara los habitantes pacíficos, chilenos, bolivianos, estranje- 
ros de todas las naciones, os traemos protección i amparo. 

«ChilenosI la bandera de la patria os proteje! 

«Estraujeros. — ¡Ya lo sabéis! En Chile todos los hombres sin 

distinción de nacionalidad gozan de todos los beneficios, sin 

sopartar los cargos que pesan sobre los nacionales. No necesito 

deciros que nuestra bandera proteje vuestras personas e intere- 

. ses tanto como los nuestros. 

«Bolivianos pacíficos! 

«Vuestras personas i vuestras propiedades son sagradas e 
inviolables. Quedáis colocados bajo nuestra especial protección. 

«Bolivianos indíjenas. — Desde este momento dejais de ser 
tributarios. Ya no pagareis contribución por cabeza como las 
bestias. — Os traemos la civilización i la libertad de industria. 

«Ni contribuciones, ni impuesto de guerra, ni empréstitos, ni 
gabela de ninguna clase tendveis que sufrir, ni los hijos de la 
desgraciada Bolivia, ni nadie. 

«La paK para vosotros, la guerra para los tiranos 

Emilio Sotomayor."» 



(A orillas del Loa). 

Marzo 24 de 1879. 
«Soldados: 
«Habéis principiado a soportar las fatigas del desierto, i veo 



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— 323 — 

con satisfaccioQ que lo hacéis con la estoica resignación que ca* 
racieriza al soldado chileno. 

«Vamos a invadir un pueblo estranjero. Sois la salvaguardia 
del honof de nuestra patria. 'No necesito recomendaros la mo- 
deración, porque bien sé que tal virtud es peculiar a los valien- 
tes. Sed magnánimos con el enemigo vencido; pero rechazad con 
toda enerjía cualquiera agresión que se os haga. 

«Cumpliendo con vuestros deberes mereceréis bien de la 
patria, os haréis acreedores a loa bendiciones de vuestras fami- 
lias^ de vuestros conciudadanos, i el mundo civilizado os hará 
justicia. 

«Estos son los votos i los deseos de vuestro jefe ] 

Emilio Sotomayor.^ 



III. 

CARTA DBL SBÑOR í. M. WALKEB, AYUDANTE DE CAMPO DEL 

OOBONSL BOTOMATOR BK CALAMA, SOBRE LOS ERRORES I FALTAS 

KTLITABSS ATRIBUIDAS A ESTE ÚLTIUO EN LA OOUPAOION 

DE AQUELLA PLAZA. 

Señor don B. Yicufia Mackenna. 

Valparaíso^ abril 11 de 1879. 
Mi mni apreciado señor i amigo: 

Sé que usted es amigo del coronel Sotomayor, i sé particu- 
larmente que usted pospone todo a la verdad, sobre todo cuando 
se trata de hechos que han de pasar a la historia. 

En este doble sentido me permito dirijir a usted una breve i 
compendiosa, pero estrictamente sincera, relación de lo que yo 
he visto con mis ojos como ayudante de campo voluntario del 
coronel Sotomayor en la corta espedicion a Calaroa. 

Me lisonjeo con la esperanza de que la sencilla relación de 



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— 324 — 

los hechos esclarecerá puntos mal comprendidos i restablecerá 
algunas apreciaciones inexacta aun injuriosas para naeatxo 
noble ejército 

La espedicion sobre Calama fué preparada tranquilamente 
en Caracoles. Por consiguiente, se tomaron todas las medidas 
que la prudencia militar i el conocimiento especial del desierto 
requerian. 

La tropa salió contenta i satisfecha a las cinco de la tarde 
del viernes 21 de marzo, hora que les permitía lograr \a/resea 
de la tarde i de la noche. Antes de partir los soldados recibie- 
ron con recojimiento las bendiciones del capellán del ejército, 
padre Correa, que les amonestó a fin de que cumpliesen su de- 
ber como cristianos i como chilenos. Esta tierna e imponente 
ceremonia tuvo lugar en la plaza de Armas de Caracoles. 

La división iba seguida de .veintiuna carretas metaleras, de 
las que se usan en el desierto, que son bastante espaciosas i ti- 
radas por cuatro muías. 

De ese convoi, bastante numeroso, dos carretas conducían la 
madera destinada a los puentes del Loa; dos o tres llevaron los 
equipajes de los oficiales; tres o cuatro iban repletas de víveres, 
es decir, pan, galleta, charqui i hasta una cantidad coxisiderable 
de conservas. No iba una sola botella de vino, escepto dos cajo- 
nes do Burdeos que llevaba yo en mi carretela, i alguno que 
otro frasco de coñac del servicio particular de los oficiales. Por 
consiguiente, es completamente falso lo que se ha dicho del uso 
de licores para la tropa. 

En cuanto al agua, eso era mui diferente: cada soldado llenó 
su cantimplora en los depósitos del hospital, de modo que cada 
uno llevaba cerca de cuatro botellas para una marcha de noche 
i de solo siete leguas. A mayor abundamiento i precaución se 
mandaron de las pozas del Apua dulce, dos grandes toneles al 
alojamiento del At/ua de la Providencia, cuya agua es algo sa- 
lolncj pero potable. Estos toneles median setecientos i tantos 
galones de agua; es decir, maa de un galón por soldado: por con* 
siguiente la tropa no ha padecido sed en su primara marcha. 

En la marcha del segundo día acompañaron a la división los 



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~ 325 — 

mismos toneles, i en la noche sobraba todavía agna^ qne 70 mis- 
mo distribui entre los qne la pedian, sin malgastarla^ bebiendo 
cada cnal hasta satisfacerse. Alguien ha dicho qne en el desier- 
to la sed es nn miraje, i si esta es la clase de sed que han pade- 
cido loé soldados, nada tengo qne decir. 

Respecto a los víveres, la división ha sido perfectamente do- 
tada. Después de una buena comida de carne, los soldados car- 
gñ/ron en sus mochilas víveres secos para dos diae de marcha^ 
i si no se llevó lefia fué sencillamente por la razón de que no se 
nevaba carne ni ningún apresto para comida'cocinada. Lo que 
a mi juicio ha dado lugar a la queja de la falta de leña, es la 
circunstancia de haber mandado el subdelegado de Caracoles 
dos novillos de regalo, cuando la división iba ya en marcha, i 
no era culpa de los jefes que los bueyes no llegasen con su pa- 
rrilla en los lomos. Ahora en cuanlo a que faltó hasta la sal en 
los manteles de algún sefior oficial quejumbroso, es un cargo 
que se hace verdaderamente ridículo a orillas del salobre Loa.... 

Esto por lo que respecta a los aprestos i precauciones de la 
marcha i las municiones de boca. No hai, por lo tanto, un solo 
cargo leal que hacer al director de la campaña en este sentido. 

Kespecto del ataque de Calama, no soi militar ni pretendo 
dar opiniones técnicas sobre el manejo de una división que ata- 
ca un Itígar fortificado; pero contaré sencillamente lo que he 
visto, i usted i el público juzgarán. 

Al desembocar de la quebrada que conduce al valle de Cala- 
ma, enclavado hasta cierto punto entre barrancas, como nues- 
tros valles i ríos del norte, la caballería se dividió en dos trozos 
para cortar la guarnición de Calama en su sospechada fuga, d¡- 
rijiéndose el alférez Quesada con un pelotón hacia los vados 
de arriba, i el bravo mayor Vargas con el resto hacia los vados 
de abajo; Me parece que esto es lo que se hace jeneral mente en 
estejéncro de ataques, es decir, lo que se llama vulgarmente 
cortar la retirada al enemigo. Verdad es que algunos conocedo- 
res prácticos del terreno aconsejaron al jefe de la división hacer 
un rodeo mas largo por el lado de abajo, pasando los Cazadores 
por el vado de Chunchuri, dos leguas al poniente de Calama, pa- 



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— 326 — 

ra penetrar por el camÍDO mas abierto i despejado de Cob^'a; 
pero el señor Sotomayor temió probahlemeute aislar demasiado 
'la tropa de caballería del centra de la división. 

La división marchó en pos dé la caballería, los cañones ade- 
lantC; los infantes en el centro i los muchos agregados q^^e ve- 
nian en el convoi de víveres, a retaguardia; i aquí debo aiver- 
tir que es inexacto lo que se ha asegurado de haber quedado 
muchos soldados rezagados en la marcha; al méuos yo no he 
encontrado sino un tambor de la brillante compañía del 4.^ de 
línea que se habia quedado en una quebradita fatigado i a quien 
hice subir a mi caballo de tiro. Lo que sin duda ha dado lugar 
a esta versión de rezagados son los mineros que en diferentes 
direcciones salian de las minas i formaban la cola de la marcha. 

Ahora respecto de la manera de empeñar el combate, á fuá 
la caballería la que primero se chocó contra los chircales i pir- 
cas de caliche del valle de Calama, ^debióse únicamente a la si- 
guiente circunstancia inesperada: 

Cnando el alférez Quesada iba a pasar por el vado de Topa- 
ter lo recibió un vivo fuego i pudo replegarse sobre la infian te- 
ría sin comprometer su jente. Pero no sucedió lo mismo al ca- 
pitán Vargas, porque habiendo pasado éste por el puente que 
en siete minutos echó sobre el rio el comandante Martinez, ayu- 
dado por los mineros, se encontró aquél de repente en un pe- 
queño potrero rodeado de fuegos que lo mataron casi en el pri- 
mer momento siete soldados. En tal coyuntura el heroísmo 
juntamente con la prudencia militar aconsejaron al mayor Var- 
gas hacer lo que hizo, es decir, convertir a sus jentes en infan- 
tes, echando pié a tierra i sosteniendo el combate hasta que lle- 
gase la infantería, como en efecto sucedió. 

Indudablemente que habria sido una atrocidad mandar la ca- 
ballería a batirse con tropas atrincheradas, teniendo cañones e 
infantes; pero lo cierto fué que la artillería no pudo prestar les 
servicios a que estaba destinada por circunstancias de meros 
detalles que no es mi ánimo apreciar. Sin embargo los artille- 
ros se batieron bien con sus fusiles. 

En cuanto a la infantería, ésta entró rápidamente en sosten 



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— 327 — 

de la caballería, prematura e inesperadameate comprometida. 
£1 ataque de la infantería fué vigoroso i sostenido, mandado en 
persona por el comandante Ramírez, mientras el capitán San 
Martin se batía no menos heroicamente para abrirse paso por 
el vado de Topater% 

Prometí a usted no entrar en apreciaciones militAres; pero no 
podrd menos de hacerle notar que en el ataque de Calama se 
trataba juntamente de forzar una posición naturalmente fortifi- 
cada i de pasar un rio estrecho pero invadeable, bajo los fuegos 
del enemigo, i esto que parece tan sencillo a lajeneralidad de 
los críticos, es un verdadero problema militar, resuelto feliz- 
mente en el paso i ataque del Loa frente a Calama. 

Ahora, en cuanto a la ocultación de los muertos en el primer 
parte, no puedo atribuirlo sino a la equivocación de un número, 
porque en el momento de comenzar a dictar el señor Sotoma- 
yor el lijero boletin de la toma de la plaza, se sabia ya que ha- 
bian perecido siete Cazadores, de suerte que probablemdnte se 
escribió o se leyó 1 donde decia 7. 

Me parece, señor, que con esta lijera i leal relación de lo que 
he visto i refiero a usted^ la opinión pública, taWez un tanto 
preocupada por impresiones ajenas, o porque no siempre es po- 
sible darse clara cuenta de un combate por los partes militares 
que lo refieren, se formará un concepto claro i desapasionado 
de un acontecimiento que ha costado algunas preciosas vidas, 
pero que está llamado a figurar con honor en los anales milita- 
res de nuestro país. 

Esta al menos es la opinión de su afectísimo servidor i amigo 

Jo8é M. Walker. 



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— 328 — 
IV. 

PARTE OFICIAL DEL CONTRALMIRANTE WILLIAMS, SOBRE LA 
OCUPACIÓN DEL LITORAL BOLIVIANO. 

BEPÜBLICA DE CHILE.— COMANDANCIA JENEKAL DE LA ESCUADRA. 

Puerto La Mar y marzo 21 de 1879* 

En virtud de las instrucciones d« U.S., ayer a las 6 hs. P. M., 
zarpé de Antofagasta con los buques Blanco Encalada, Almi- 
rante Cochrane, Esmeralda, Ckacabuco i Tolten con rombo a 
este puerto, conduciendo la tropa de Artillería de Marina, al 
mando del teniente coronel don llamón Vidaurre. 

Hoi a las 8 hs. A. M. fondeé sin novedad en esta bahía, des- 
pachando al Almirante Cochrane a Tocopilla con las instrac^ 
"n cienes que en copia acompaüo a U.S. 

Preparado convenientemente el desembarco, a las 9 hs. A. M., 
) ocupé este puerto sin ninguna resistencia. 

Por los documentos que enjcopia acompaño, se impondrá TJ.S. 
de lo obrado hasta este momento, sin que me sea posible esten- 
derme mas )por ahora, a fin de aprovechar el vapor de la carre- 
ra que sale ya. 

Dios guarde a U.S. 

J. Wzllta)ñs Rebolledo* 

Al señor ministro do Guerra i Marina. 



V. 

(Inédita). 

MINlSr^KIO D£ LA aUERRA. 

La Faz, marzo 6 de 1879. 

Al señor Coronel Fidel Lara, jefe de las 
fuerzas de Caracoles situadas en Calama. 

Señor: 

Con esta fecha i bajo el número 18 se dice al comandante je- 
neral de ese departamento lo siguiente: 



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— 329 — 

tSeñor: cl señor Jeneral Presidente de la República me orde«« 
na esprese a Ud. su estrañeza por qué después de haber abau^ 
donado el puerto de Antofagasta, prefiriendo el trasporte hu«* 
millante marítimo a la inmediata retirada por tierra a todo 
trance sobre Caracoles^ como lo aconsejaban la prudenciarla 
pri visión i los mas comunes principios de la estratejia militaTi 
no ponga Ud. en conocimiento de este . ministerio la situacioi^ 
militar del departamento en todo el territorio no ocupado pQr 
el enemigo. Con tal motivo me ordena prevenirle lo siguiente: 
1,® que remita Ud. un estado del armamento i municiones per- 
tenecientes a la nación que existan en Cobija^ Tocopilla^ Cala- 
ma, Atacama e Inca; 2.^ que mande también un cuadro de los 
jefes, oficiales i tropa existentes en esos lugares; 3.** que estraiga, 
i recoja cuanta arma i munición exista en las aduanas i en los 
establecimientos i casas particulares para formar U defensa íu- 
mediata de ese litoral; 4.** que organice Ud. la defensa ipdicada, 
aprovechando de todos los recursos bélicos de que pueda dispo^ 
ner i del sentimiento nacional i entusiasmo de cuantos patrio* 
tas nacionales i americanos quieran tomar parte. eu ella, ponién- 
dose de acuerdo con el Prefecto del departamento, Sub-prefecto 
de Atacama Coronel Lara, jefe de la guarnición de Caracoles i 
el ciudadano don Ladislao Cabrera; 5.** que todas las fuerzas i 
los elementos de guerra se reconcentren inmediatamente a Ca- 
lama, dejando establecidas en los puertos de Cobija i Tocopilla 
policías de guardias cívicas, formadas de comerciantes i mineros 
para el resguardo de sus propios intereses; 6.* que de Calama, 
si allá fuesen acosados por fuerzas superiores del enemigo, pue- 
dan retirarse a Atacama; 7.^ que se establezca una completa 
incomunicación terrestre con los enemigos, sin perjm'cio de or- 
ganizar sobre ellos un espionaje bien sistemado i lo mas avan- 
zado posible sobre sus campamentos ; 8.*^ que no se permita la 
introducción de ganados de ninguna especie del interior i de la 
República Arjentina, a los pueblos o posesiones ocupadas por 
los enemigos; 9." que para sostener la fuerza armada que llega- 
se a organizarse en Calama o Atacama para hostilizar sin des- 
canso al enemigo, puedan las autoridades tomar en calidad de 

HIST. DB LA C. DK T. 42 



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— 330 — 

empréstito de gnerra, las mnnicioiies deboca que cxistan'en las 
aduanas de Cobija i Tocopílla i en las casas de consignaciones 
de Cálama. Ignalmente podran secuestrar lo absolutamente in- 
<iÍ8pensable de los ganados que llevan del interior para los mi- 
nerales de Caracoles i de Inca; 10.'*' la retirada, siendo impres- 
cindible podrá estenderse hasta Canchas Blancas^ dejando pal- 
mo a palmo el desierto a los enemigos. En el oficio colectivo 
queí Üd. i el señor Prefecto pasan a este ministerio, con fecha 
23 de febrero próximo pasado, en su último periodo dice: «El 
*^obiemo supremo en quien reside la facultad de defbiíder la in- 
tegridad i autonomia nacional, etc.]> I el sefior Presidente me 
encarga hacerle notar a este respecto que toda autoridad, todo 
ciudadano boliviano tiene, no \^ facultad^ sino la obligación de 
d^ender la autonomía, la independencia i la integridad del te- 
rritorio nacional i que esta obligación impone otras que aunque 
emerjentes son no menos imperiosas e iraportartes, tales como 
la de preveer todas las continjencias de una situación anormal, i 
suplir con la previsión, el patriotismo i la conciencia del deber 
la acción del gobierno «upremo, allá donde ella no puede alcan- 
zar momento a momento, como lo acaban de verificar el coronel 
Fidel Larai el ciudadano Ladislao Cabrera en Caracoles. Con- 
fiando en que, penetradas las autoridades del Litoral de la si- 
tuación solemne en que se encuentra BoHvia, al frente de una 
invasión filibustera, i de que en tales momentos no debe pensar- 
se sino en aunar todo esfuerzo para repeler la invasión, centu- 
plicarán sus esfuerzos para llenar las prevenciones contenidas 
en este oficio, me suscribo de üd. atento servidor — Daza. — 
Monuel Othon Jofréi>. 

Lo que trascribo a Ud. para su conocimiento i a fin de que 
obre conforme a las anteriores instrucciones, de acuerdo en todo 
con el señor Ladislao Cabrera, dando los avisos oportunos a es- 
te Ministerio para trasmitirlos al jefe supremo del Estado. — 
Dios guarde a Ud, — Manuel Othon Jo/re, 



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CAPITULO XII. 



EL PERÚ EN BANCARROTA. 

La situación financiera del Perú al decidirse por la guerra. — cLas minaer 
de ja dictaduraD. — Los siete empréstitos desde 1865 a 1869 i sus que- 
brantos. — El presidente Bal ta se resuelre en 1869 a romper conloa 
consi^natorios nacionales del hnano, factores i ajentes de aquellos em- 
préstitos. — Llama al abogado Piérola el Ministerio de Hacienda.— £1 
pasivo del Perú asciende a sesenta millones de soles. — Piérola propone 
levantar grandeü empréstitos en el estranjero con hipoteca del huano, 
independizándose de los consignatoríos nacionales, i el Congreso aprue- 
ba su plan por una gran mayoría. — Los contratos de Piérola con ürey- 
ff US. — Vende a estos israelitas dos millones de toneladas de huano eu 
setenta i seis millones de peaos. — ^Enormes ofrecimientos de dinero 
de los mercados europeos bajo estas bases — El Perú se ve inundado 
de oro. — Nueve millones en águilas americanas. —Llega a Lima Mr. 
Meiggs en enero de 1868 e inicia sus contratos de ferrocarriles. — Mo- 
do como se hacían los convenios i c^mo el contratista compraba los pri- 
vilejios.— -Mr. Meiggs gana tres millones de pesos en el contrato del 
ferrocarril de Moliendo a Arequipa i contrata en cincuenta millones de 
soles los de la última ciudad a Puno i al Cuzco. — El Perú emplea cien- 
to veintiocho millones de soles en obras públicas improductivas i logra 
pagar los intereses de los últimos empréstitos con los residuos de estos 
mismos, durante los primeros tres años. — El presidente Pardo declara 
al Perú en bancarrota ante el Congreso, al recibirse del mando en agos- 
to 4^ 1872.—^ crean dos órdenes de intereses: los de jkw tenedores de 
bonos que no reciben nno solo maravedí de réditos i los ■ de los contra- 
twtas del huano mancomunados con el gobierno.— Irl aobi^TBodel Pertl 
vuelve la espalda a sus acreedores lejítímos i se confabula con diversos 
pcestamistas a trueque de que le den una rmaioda para vivir.-^-Contrato 
a este respecto del ájente Riva- Agüero con la Socmté GénércUe bajo la 
. base ele una mesada de setecientoB mil solea. — ^Los DreríXna: i k» ja* 
dios de Londres se alarman por esta preferencia i manaan a Lima al 
israelita Laski pato desbaratarla*— Laski se apodera dsl jeneral Prado^ 
electo ya presidente de la República, i lo lleva a Londres. — Firma éste 
el ooQtnuto Raphael bajo la base de una mesada, i el últiinQ, como pcUú 
blanco, lo transfiere a la Feruvian Owmo Company^ que no es sino la 
antigua Compañía consignataria del huano de la Gran Bretafia, — Loa 
tenedores de bonos prestan su aprobación a este contrato bajo la pro- 
mesa solemne hecha por el presidente Prado de que k>s intereses de lo0 
bonos comenzarían a pagarse desde el l.^' de enero de 1879. — Falacia de 
esta promesa.— Terribles cartas de los señores Goillaome i BouiUet^ de- 
legados del comité internacional de tenedores de bonos en Béljica, Ho- 
landa i Francia, recordando aquella promesa. — ElPerú convertido eo 



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y 



— 332 — 

torre de Babel finanoiera en el mes que precede a la guerra. — ^El minis- 
tro de Hacienda declara que no puede seguir haciendo los gastos públi- 
cos en el interior. — Decadencia del comercio del Perú, doble resultado 
do su pereza i de su prodigalidad. — Comparación del comercio de Chile 
i del Perú, i cómo el último alcanza apenas a la mitad de la cifra del 
anterior. — Motivos de honra i de decoro que aconsejaban al Perú no 
hacer la guerra.— Causas verdaderas que lo impulsaron a ella. 

«Según el censo del año pasado, el Perú con- 
tiene 18 departamentos, 3 provincias fronteri- 
zas, 93 provincias, 765 distritos, 66 grandes 
ciudades, 88 pequeñas, 1,285 villas. 487 aldeas, 
6.200 colonias i 4,473 haciendas i fincas. La po- 
blación total se componia de 2.699,000 alnu», 
1.365.945 eran varones i 1.334,000 hembras. £1 
total de la población del Perú se distribuia en 
una superficie de 1.604,742 kilómetros cuadra- 
dos, es decir, en la proporción de dos personas 
o mas para cada uno, pues que aquella equiva- 
lía a 250». 

(Eduardo Toung, estadístioo de Estados üni • 
dos, en J^¿ E9p^'o del 1.** de setiembre de 1878). 

cNo obstante, la situación del Perú es tan 
dilicada, como el enfermo <fue se levanta des- 
pués de una larga i gravísima dolencia; i así 
como para el enfermo sería funesta una recaída, 
si el país recayese, señores, ¡no sé quién lo po- 
dría salvar!» 

(Mensaje solemne del presidente Prado al 
inagurar las sesiones del Congreso del Perú el 
28 de juUo de 1878). 



I. 



En lo que va corrido de esta historia han soli- 
do aparecer de tiempo en tiempo, como las man- 
chas de sangre que torpe i misterioso delito deja 
en ocasiones sobre el suelo, las encubiertas i tena- 
ces insinuaciones del gobierno del Perú para 
arrastrar a la provocación i a la perfidia al caudi- 
llo irresponsable que se habia enseñoreado en 
1876 sobre Bolivia. I aunque los acontecimientos 
se encargaron en breve de poner en evidencia que 
esa complicidad, nacida de motivos en que cam- 



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— 333 — 

peaba sórdida codicia de intereses, antes que acer- 
tados i precautorios planes políticos o miras con- 
tinentales, no deja de ser menos cierto que nunca 
hallóse el Perú en condiciones mas deplorables 
para provocar una guerra de vecinos. 

Todo vedábaselo a gritos. 

Su honra de deudor en mora, la debilidad de su 
marina descuidada, el estado vidrioso de su ejér- 
cito, enfermo de anarquia i que acababa de man- 
char su túnica con un crimen político de abomina- 
ble espíritu, la situación tirante de sus partidos 
enconados entre sí con mayor vehemencia desde 
la consumación de la cobarde i reciente celada de 
cuartel que les arrebatara al mas prestijioso de 
sus hombres de estado, i mas que todo esto, el abis- 
mo insondable en que yacia su hacienda pública 
postrada mas allá de la bancarrota, porque su pos- 
tración antigua tocaba en los límetes de incurable 
indijencia. El Perú habia sido el hijo pródigo de 
la América. 



n. 



I era de notarse a ese propósito i con motivo 
de esa ímájen de la ruina de nuestros mas anti- 
guos i encarnizados rivales, que si bien hallábase 
aquélla vinculada por los desaciertos i la inmora- 
lidad a la existencia misma de la República, habia 
coincidido con la elevación al puesto de director 



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— 334 — 

de BUS finanzas del desatinado i . audaz empírico 
que hoi llámase a sí mismo su salvador. 

Verdad es que con el cebo de los fáciles emprés- 
titos i con las hipotecas de sus valiosos e inago- 
tables tesoros naturales, habíase seguido d^sde 
antiguo ese réjimen invariable, con mayor parti- 
cularidad desde que por los años de 1840 conjuen- 
zaron a tomar valor comerciable el huano de las 
Chinchas i el salitre de Tarapacá. T!an solo desda 
1865 a 1869, esto es, en el espacio de cuatro ano$, 
levantáronse siete empréstitos que, como Ifvs sie-» 
te vacas flacas de Faraón, produjeran unn pérdi- 
da de diez millones de soles sobre tyeinta i seis 
millones a que montaban los valores nominalea 
contratadps (1). 

(I) Hé aquí la curiosa demostración que sobre la fecha, el 
monto i pérdida de estos empréstitos publicaba im diario de Li« 
mB, (La Patria) en febrero de 1879; 



EMPRÉSTITOS 
DKL PER1Í 


PRÉSTAMO 
NOMINAL 


TANTO POR 
CIKNTO 


P^DIPA 


En junio 1865. 

" nov. — 

« " 1866. 

" « 1868. 
« « 

" « 1869. 
(< tí __ 

Total en 4 años. 


S. 6.000,000 

4.000,000 

2.200,000 

12.000,000 

2.000,000 

6.662,000 j 

4.000,000 


S. 34,89 

34.89 

10,60 

31,62 

15,09 

29,84 ■) 

30,87 ] 

20,50 


S. 2.093,400 

1.396,000 

281,000 

a.782,40d 

301.800 

1.966,464 

820,000 


S. 36.762,000 


Pérdida... 


B. 10.5W,064 



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— 335 — 

Eq estas circunstancias i cuando los ajiotistas 
desenfrenados que en el Perú eran conocidos con 
el nombre de consignatarios del huanOy tenían 
puesta la soga al cuello al iracundo presidente 
Balta, negándole los adelantos que su impetuosa 
prodigalidad necesitaba, sacó aquel mandatario 
del fondo de leguleya oscuridad, i por el consejo, 
según díjose en aquel tiempo, de un chileno con- 
fidente suyo, a don Nicolás Piérola, mozo osado 
pero inesperto, encargándole el 6 de enero dé 
1870, ditt en que el último cumplía treinta años, 
el Ministerio de Hacienda, único despacho que en 
el Perú tenia influencias, labor i proventos enor- 
mes, iguales a su responsabilidad. 



m. 



Comenzó el joven ministro por retornar su hos- 
tilidad a los consignatarios nacionales, residentes 
en su mayor número en Lima, pero confabula- 
dos con usureros europeos, que surtían su caja 
común de capitales, sin tasa ni medida, en vista 
de los conocimientos de embarque de los abonos 
que se recojian con la pala, a guisa de cosecha 
de oro, en sus mas desoladas costas. I en conse- 
cuencia, diez días después de su exaltación al po- 
der, el oscuro pero resuelto abogado arequipeño 
hizo aprobar por 46 votos contra 21 una leí que 
le autorizaba para levantar empréstitos indepen- 



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-- 336 — 

dientemente de los suministros de los consigna- 
tarios, cuyo yugo el presidente Balta a toda costa 
quería quebrar. 

El pasivo del Perú en aquel momento, i sin to- 
mar en cuenta los. nuevos compromisos contraidos 
por la ejecución desatentada de interminablefe fe- 
rrocarriles destinados a hacer correr solitarias lo- 
comotoras en todas las gargantas de sus despobla- 
das montañas,, ascendia en aquel momento a 
60.826,301 soles i 38 centavos. íGra eso lo^ue en 
el lenguaje oficial de la revolución vencedora de 
Balta contra el dictador Prado (1868), llamábase 
«las ruinas de la dictadura». 

En aquel desgraciado país es costumbre anti:- 
gua legarse los gobiernos que se suceden entre 
sí, siempre fuera del palio de la lei, batallas que 
son odios i escombros que son lápidas rotas de 
ruinas pasadas o de ruinas que habrán de suqir 
en el curso de los desaciertos, de las prevarica- 
ciones i de las batallas. I por esto aquel desven- 
turado suelo va convirtiéndose otra vez en ce- 
menterio. 



IV. 



Para saldar aquel pasivo enorme i para aten- 
der a los trabajos locos ijigantescos de la aper- 
tura de las montanas i del edificio de h\ Esposi- 
cion, empresas que en las oficinas del Perú corriau 



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— 387 — 

* 

bajo .la deaominacioíi de Obras pubUcfis, levantó 
el ministro Piér<]¿a dos eiopyéstitos ^olps^ileg, talea 
cuales no cabían ni en la im^inaciou de los p^er 
blos del Pacífico, nacidos empero en cunas' de oro. 
Uno de esos prést>imo& ftié cqatj'ata^Ojen Parjs 
por el doctor Latorre Bueno en wayp d(9 ;1870 (a, 
título de la autori?Mujion de. enero d^ ,e.8e año).'Qqq. 
la casa de Dreyffus bern>q,nos, simples pacotilleros 
de la costa, encumbrados a la categoría de prestat 
mistas en grande por la egc^la de los préstamos en 
pequeño i a upura conoqida, o po qonqcidai. del 
gobierno del Perí^ i de susajpnfces, sien^pre p^i;«; 
soóalmeate neee^íiiqdos. £¡¡1 total nominal, de;9stt^, 
empréstito} suscrito al^g^^^^iepte por injoa^top ei»^ 
peculttdoreg en París, qri Béljicai e^. ^teai.4a. Vfi 

bajo la invitación de ; Dreyjffiís, ^cendió. a.298, \ 

miRones de francos, d^i I09 cubiles no debip ^^S^^r 
saír en las arcas del Pe|?u ni con muc)io una siuqia. 
superior a 40 o 50 millones ide pesos. Su tipo eríi 
del 6 por 100, 

.' . ' ./ .. . , ' ■ ..'•,— 
El segundo empnéaítito fué coo^tr^^t^df^gp^^o- 
Balmente por é\ njiniftro. 4? Hádenla W»».e^ 
ájente de los judíop .Preyifua.en.Limft.i^wl'íid^-í, 
rico, Ford, el misuv) qiie Uace( , {koqos meses hfi en- 
treabierto otía vez las puert^w dpi paraíso» por 
m^io de empréstitos Tnis^e.riosos, de* caudal iiUr: * 

H18T. DE LA. O. DE T. 43 



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_ 338 — 

jente pero no espresadó, al fisco del Perú i a los 
que de él viVeti en tan rioo cómo desvetitatado- te- 
rritorio. Hízosé este elnpr^stito, como el anterior, 
bkjo la hipotetía de los inagotables criaderos del 
guano i del salitre; i &á colocación en los merca- 
dos de Éúi^ópa, produjo bajo la diestra ]ím>págan- 
dá dé los israelitas de la cité tan febril escitaciou, 
que necesitándose solo Unos dosciejitos millonas 
dé sólés, los cblocádorfes de renta, en Francia úni- 
camente, ofrecieron a los banqueros encarga- 
dos de la colecta' 1,077 :624;500 francosi o Bea 
77.000,000 ttias de ló (Jue se ks* pedia. La Ale- 
mania, la Italia, la Suiza i la Holanda susoribíe- 
ron'50.929;500^dé fmnebs^ i la BÓbria i todavía no 
escaldada del todo Inglaterra, éon 125.000,000, 
d ^ea uiV total áe 1.293,144:-^- el tercio casi de lo / 

que éí cbni3e dfe Biértiftrk tiatia exijido por el res- 
caté de la Fi^ncíia entera, él país mas acaudalado 
del iftíivtís^o. En el Péi-&, tttíótidando así su sepul- 
tura, creian los hombres públicos i kis ávidas ma* - 
sas, gorriones del presupuesto, haber remontado 
su vuelo a la altura de la/s naciones poderosas que 
son jeneralmente las mas endeudadas. 

áíl'fifr," cerróse esté ségifndtti trato ip(W la suína 
ifedóhda ^ áe' á6;¿50,Ó00'' £; >qiAvaie«t^^ a dós^ 
rferitcís tóillófl^s' dé soles o tm itiiliar de millones 
dé fráfacos. El típoi del interés era el 5 pbr ciéa- 
to, éstoés, él hiáximün de la usura banüaria i'j[)aiv. 
tlfeitlar eh Ibsí mercado* buií^átiles de Europa 



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— Íft9 -T- 



giepipre repletos de oix> i de iniquidades. lia h^fie 
dada a ios.ajeDl;es maquin^do;*e6 i colocadQi:^^ dejl 
eiipp(»48ti*o er^ la venta a firme de (Jos ^nfUQnefi 
,de ^ftnefla^fisdeiguano al precio de 38 p^sos i If 
];tipote<^a de t^odpK laa cqvaderas de e^^ sv^ftaagi^ 
en 1^ coletas e isl^s del P^rúí 



VI 



S^^n las iQlásf4^ . d^ la estipulación de níquel 
contrato eipi^pie qi^ .|levft Jas fiíniasi del miijistfrp 
Piérolad del ajent^ Woxá i la fecha de Lw^jpr 
lio 7 dfi 1871, debia invertirse el produQto pfttío 
del empréstito, qw podría ser de unos p^e^to ^i 
jcincue&ta Tnillones de sol^s pn oro, casi por la mi* 
tad en la amortización de otros erapréstitoe, o s^a 
21^00,000 destinados a este objeto i 15.000,000 
de libras esterlinas a las obras públicas. 

Pero como era inevitable, las obras públicas 
tragáronse casi por entero los empréstitos, i aquel 
cúmulo de oro desapareció bajo las rocas de los 
Andes o de los arrecifes de la cosita derribados 
por la pólvora de los injenieros del famoso con- 
tratista de ferrocarriles don Enrique Meiggs. 

VIL 

Habia llegado a Lima este hombre, estraor- 
dinario por su actividad sin límites i su , jenio 



1 



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— 840 — 

etú^r'eiidedor sin: vallas, en los diás en que eaia 
desplomada en las calles dé aquella ciudad la 
dictadlita del jenerál Prado, en eñéto dé 1868, i 
*todó sü caudal consistía en la elasticidad 'dé su 
espíritu, en unas pocas cartas dé' fecottiéndacion 
que el autor de este libróle diera én" Vtflparaiso 
para los hombres mas salientes de los bandos en 
lucha, i diez mil pesos ' que para el ca&o prestá- 
rale jenerosaraente i sin interés el caballero ñor- 
te-taíméíicáii6 don Juan Wheelttgíit, sobrind del 
gran éhlpreftarió de éáé nottlbré, i jéfé' en aquel 
tietó^o áe ia casa dé Álsop i C* én Valpáraise. 
^odo lo denias habíalo sepultado el ftibuloso con* 
tíatista, este' Aladino de las Mil i ima nochts de la 
AméHca española, en .palacios, en optílebtas jene- 
ix)sidades con los necesitados i en pactos mas opu- 
lentdiá todavía i mas fáciles de consumar con el 
placer i sus molicies fetneninas. 

VIIL 

Llegaba el empobrecido contratista Meiggs^n 
hora dé ventura para su« empresas, porque el co- 
ronel Balta que habia visitado hacia poco a Chi- 
le fl866), sentíase poderosamente dominado por 
la pasión vehemente de imitar sus progresos, si ' 
mas no fuera como paisajes; i en ello dábale «alas 
i bríos su juvenil ministro encargado de \d ha-* 
cienda pública. Una vez ajustados los contratos» 



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— 341 — 

de ejeciicft)t, sbbi^rian los inillones. Esa érala 
divisa de la adtninisttacioh. . » 



IX. 



Hacíase aquello por 16 jétierál no directamente 
de párté á parte, sino por tiü sisterüa- de cirétín- 
valacion qué podia trazarse, medíante sú inrüora^ 
lidad i su cauda de prevaricatos, hasta las revela- 
ciones de los viajeros Juan i Ulloa, en lamediáüia 
del siglo pasado, cuando consi^ároülob en sils fa-^ 
mosas i poco conocidas MemoHas secretas publi- 
cadas en 1825 por el ingles Barry. 

Para esto, los que tenían padrinos en el gobier- 
no, o (Tsanto en la corteD, como era usual decir 
en el lenguaje convencional de las intrigas, ajus- 
taban el trato para sí i sus auxialíares de todas 
las categorías, desde el señor al portero; i una ve* 
reducido aquél a escritura publica, con derecho de 
traspaso, los favorecidos vendían el privilejío a los 
contratistas, con ganancia pingüe que solia llegar 
a millones. 

Hízose así, por ese i otros caminos, el contratis- 
ta Meiggs, dueño i empresario efectivo i casi ab- 
soluto de : , ferrocarriles de mi.yor importancia 
en el Perú, habiendo encontrado a su llegada to- 
dos los proyectos en estudio o en simple incu- 
bación secreta de escritorio. 

En consecuencia, tomó a su cargo la ejecución 



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— 3tó — 

¿el ferrocarril de Moljendo a A^rcjquip^.í^i;! 1869 
con un presupuesto de dope mjl]lí)n06 de; 9pl^^¿ de 
los cuales díjose habia obtenido tres millones co- 
mo ganancia, i en seguidft firmó contrato para 
ejecutar los de Arequipa a Puno i los de Puno 
(J\i|ifica) al CttzQ^. jpor íreinticijicQ mij^laues de 
Bftle^rC^dfli uuQ, siendo 6sa sp verdiad^ra Í4Qo1os(^1 
utUidad 9a 1^. obraje Aícqu^pa a Moliendo; . 
. Casi al íuismo tiempo compró Mr. J^eiggs a 
la.cfiwa.írancjesa de Déves Frére^ de iVadjparaá^o 
el, contrato para la ejecución d^l ferroQí^rril de 
IXx) 9^ Moqu^gya.con un presup.w^tQ de 5.025,000 
soles. . 

^ una palabrs^, i para resumir; los aofkjtratos 
pa,ra lají^p^rtura de once vias.de ^úeleS;: guya ^s- 
Jiension era de 1,927 kilómetros i cuyas obras se 
ejecutarían por cuenta del Estado, importaban 
en co^yunto 128.414,000 sgle^* S^ costo efectivo 
Ij» sido calculado: en 98.p46,000 soles, dqjando 
así a los contratistas , una utilidad míi;iima de 
m368,000 soles (1). 



(I) Tomamos todos los datos anteriores de aa oaáosísi- 
mo trabajo que sobre los ferrocarriles del Perú nos remitió oa 
laborioso caballero de Lima, en enero de 1879, esto es, pocos 
días antes de estallar la guerra, i por este motivo silenciatncs 
Su nombre. Este estudio inédito que parece mui bien meditado, 
comprende los ferrocarriles del Estado i los de empresa ^parti- 
qular. 



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I 



— 343 — 



X. 



f ♦' 



4 



Mas^ comd sucedía, en fin de cuentas, que todos 
aquellos caudales invertíanse a pura pérdida en 
breñaá^ improductivas, i solo para combinar nego- 
éibs dé ajio, la bancarrota comenzó a eátirar sti 
escuálido brazo en rdedio de la mentida opulencia 
del trabajo i de las obras publicas. Los ferroca- 
rriles, una vez terminados, eran dejados en ruino- 
sa administración para el Estado, no costeando 
losibíasdte ellos el sueldo de sui9 empleadóá ili'él 
gasto dé su combu^íble, mientras algunos, cotAó 
el de l^ollendo a Puno i el d^ Lima á la Oí-oya 
eran árreiidádóá ^or* sumas éóuiparativamenté íií- 
fltíiás tomando éii cuenta el ifnporte dé su Valioso ^ 

tttáterial. 

JBl ferrocarril de Moílendo a Arequipa cón'sua 
rámales^'á Péiüo iüí Ciisroo; cuyo co.^to pasaba dé 
60.000,000 de sdlé^, ftié dejado en íoéacion ai 
hábil ínjeniero que lo habia ejecutado, Mr. Thorn- 
díki, por lasriima dé 480,000 soles anuales, i ésto 
pkrrf |)^garse dé cuentas tío cubiéítas; al paso que 
éü fei¥déártil inacabado ' de Jauja, que partía tlel 
Oállaó í déáde Liína para él corazón de la^ieíra, 
etá arféñdado^eh 60,000 selles, 'hábienílo costado^ 
Hasta lá garganta déla Oroya 21. 80^4,000 soles; 

Eíá'íél'ferroóafiíldé Aréq;uipa a Puho éónííktii 
tfenes éolo dos ó tres veces |)or sctíiatia, con alo- 



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— 344 — 

j amiento de una noche en el páramo mortífero de 
Vincocaya, el paraje mas- alto v isitado por las lo- 
comotoras en el globo. En el ferrocarril que sirve 
al feraz valle de Moqiícgua se caldeaban las má- 
quinas solo una vez cada ocho dias. •. ^.u el Perú 
el peor enemigo de los ferrocarriles, después del 
irudio estólido i pedestre, es el sufrido llama, tipo 
iTehículo de todos sus acarreos. 



XL 



Consecuencia inevitable de tail sistema de in- 
comprensible derroche, i en virtud del cual hase 
endiosado por algunos al mozo atolondr?Ldo que 
fué parte principal en consumarlo, Imcíase cada 
dia mas aventurado el servicio de la deuda con- 
traida para las obras públicas, el cual, tan solo 
para los empréstitos levantinos por el ministro 
Hérola en dos años (1870-71), ascendía a mas 
de dos millones de libras esterlinas. 

Cubriéronse, sin embargo, con alguna dificul- 
tad los cupones de 1872, 73 i 74, gracias a los 
esfuerzos del gobierno organizador i poderoso de 
dpn Manuel Pardo. ' Se recordará, en- efecto, que 
al primer acto de ese fiuícionario al recibirpe del 
maaido supremo el 14 de agosto de 1872j sobre las 
cenizas de loe tres GutieiTez que el viento i la 
plebe; esparcía calientes todavía en la plau de 
Lima, fué presentarse en persona al Congreso 



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~ 345 — 

para leer en bu seno una memoria en la cual de- 
claraba que la hacienda pública del Perú hallába- 
se en estado de completa bancarrota. 

Después de fatigosos esfuerzos, de contempori- 
zaciones i rebajas que hablan comenzado desde que 
el total de los > <iividpndos del caudal ing)és í «de 
todo el continente euporeo, se «empozÓD '- eü las 
arcas de Lima, hízose al fin indispensable suspen- 
der el pago de los intereses de la deuda estisrna, 
dejando insoluto e-l cupón semestral que vencía^ el 
1."^ de julio de 1875. Las viandas del festín habian 
durado ésta vez solo cuatro afios. En ese período- 
de cincuenta meses, como el soldado de Przarro 
que jugó i perdió el sol del templo del Cu«oo en 
una noche, *el Perú se había tragado trescientos 
millones- de dolefl! 

De aquí su eterao eclipse. 

XIL 

Comienza en este acto de falencia pública i 
deshonrosa, una serie de negociaos' de ¡triste 
oarácier, quej está ■ Ipjos de haber hallado térmi- 
no, atrepellándose loe prevaricatos unos sobre 
otros con los pactos. Sucedía en aquel tiempo 
éxaotain^nte k>, queha sucedido en las últimas 
negociaciones coetáneas realizadas en Lima por 
el ministro Barinaga con el antiguo, i por lo 
mismo adiestrado, ájente de los Dreyffus, Mr. 

HIST. DB LA C. DE T. 44 



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— 3d6 — 

Ford, i la que con. QlOrédt^ Industrial celebra- 
rou en Pcwns lofc ¿jen tefe RcKsas i Groijreneohje, ter- 
minando la primera en un taonstruoao escándalo 
i Jft ultima en una confiscación más escandalosa 
todavíí^* 

Desde que sé suspendió el jkagtí d© los interesas, 
de la deuda estranjera> oreáronse^ eú efecto, dos 
jéneros de intereseá rivales en los, mercados die 
Europa, acreedores del Perú. 

El interés de los prestamistíis directos o teñe* 
dores de bonos, i eldo los ajentes nsilrarios o cq-? 
locadores de empréstitos que, <íomo los Dróyífufe 
en Paris í Thontóon Bonar en Londíes,: habiaü. 
embaujeado a aquéllos. 

C!omo los últimos teñían en su mano la prenda, 
es decir, la consignación i ventSi. del g<xano i del 
salitre, hallábanse a cubiei^to de toda eTiButu^li- 
dad por sus anticipos i acomodos públicos (o se- 
cretos) con el gobierno, sin importarles un ardite 
que los verdaderos dueños de la hipoteca, es de- 
cir, los t^nedoneB de los bonos, no fueran pagados 
de ^n maravedí. Para: esto bastabaque loSídiréCTT 
torea de la Iconsignaciori eurojíea, (que no habi» 
hecho sino cambiar el traje respectó, de la antiguai 
del Perú, Ib^mada Consignación naciarf^l)y^(^h»r 
ran. lá Vergüenza a la espalda, lo quie entre ju4ÍQS 
es cosa de dar i recibir^ > 



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— u%^ 



^ XIIIJ 



Réfetíltiftbar de esta aftéfltosá títuatíon i fi^auáe 
miserable, que el interés del gobierno del Perú se 
máttodmíina'bá üon el de los iftfiótífjtké, :|)íorqüe és- 
tos se pretítábAn a atteglois |)a*rciale6, más o nüéñóS 
iMrarfos, lÉfiéntra» los désgratíiado'S' prestadores^ 
del dinero, n(J soló ñó eiítéban' dítípnéstos a etottie- 
gAT ítiii isblo pétiiyjfaé^de áu éá4üílmadtt- capital, si-* 
no qtie piofiián él ¿rit6'en el deló afifa dé ijlté se 
les detóltfefa lo qtie en tati ínak hora i éóti tati 
escaso consejo habíah erogado^ 

En e«te doblé juego, es tfebír^ en ía cbilftíbula- 
cion dé lob ajéntetííéobsigüatarios' en Enríípá con 
el gobierno del Perú i sus ajeates, contra los te- 
nedores de bonos, eistá la esplieacion del ttiiáteHó 
que hoi abruniaia honra del Pera; hasta el printó 
de haber ocurrido los últimos a Ohiie, amparan- . 
do»^en el honor í en la píóbidad de este país co- 
mo tenedor de guerra de las sustancias que han 
sido hipotecadas * sus créditos. 

xiy. 

El primero de los negociados celebrados a firme 
(los meros proyectos cuentanse por miles), piara 
atender a las emeTJencias de la bancarrota que 
suspendia la mayor parte de los servicios del Perú, 



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Ik 



incluso el servicio del hambre de sus empleados 
públicos i hasta de sus jueces, fué iniciado por don 
José de la Eiva-Agüero, ájente del gobierno de 
Pardo pn Pftjrjs, (Jurante el primer cataclismo de la 
bítncanrotai. . 

Inapto aquel delegado coft 'la-SQcieté Généí^ale 
de esa ciudad; que en mal momento para su cré^ 
dito i su fortuna habia eqipreiidido el negocio del 
mueller dársena, del Gallito^ la venta de cuatro raiT* 
llones ^t topelaíjas dO:guftno^,.SQl]irepujaado a^e» 
ej doble, la parada iieoha^ por : Picola » I)reyffu8 
en 1870, Pero al propio tieínpo que el Ájente pe- 
ruano estipulaba mía subyencion anual para el 
gobierno d^^l Perú, a ^ cual se daba el triste .ncítii- 
bífe de m$$aday con>o pi pe tratara dé un pueblo 
sujeto a cautela de prqdigalidqid, no 80 cuidaba en 
lo. mas inínimo.de la restitíioion de lo que se debia 
i se .^cumulaba por intereses a l<ys prestamistas, 
poseedores únicos i lejítimos de la sustancia que 
ahora :ei;i su daño i sin Bu consentimiento de hipo- 
tecarios se vendía en globo. : 

La mesada era de 60,000 £i que pi^oduoian con 
el cambio 720,000 soles mensuales al exhausto 
erario del Perú. Era lo qUé sus abonados consue- 
tudinarios necesitaban absolutamente para vivir. 
Lo demás, que: ei'a el honor, en nada era tomado 
en cuenta. Con 25,000 poles. diarios era posible 
calentíirse todavía al abrigo del sol en la tierra 
que éste hizo en lo antiguo su coronada dama. 



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— 349 — 



XV. 



Pero mientras Riva-Agüero ejecutaba ésto por 
cuenta de los civilistas que habían sido los anti-* 
guos consignatarios nacionales; desposeidos de su 
monopolio porPiérola en 1870, i en contra dé 
Dreyffus i su cohorte de judies, mandaban éstos 
a Li;ma un emisario seci-etp que negociai^a arreglo 
aparte boa el jeneral Pmdo, electo ya píesidente 
déla Bepéblica i dueño, en consecuencia, del por- 
venir i de sus dones. 

Desempeñó aquella comilón ardua i delicada 
un.judio polaco llamado Laski, cojo dé una pier- 
na pero no de entendimiento, que visitó iá Chile 
en 1860 buscando negocios a estilo de Israel. Lo 
menos que hiíso el feliz aventurero, ájente de los 
Dreyffus i otras tribus subalternas de Londres, 
fué levantarse en peso al presidente electo i lle- 
várselo a Londres, donde tuviéronle mas o menos 
im mes encerrado con buena custodia de judies, 
como a Cristo en el huerto de los olivos, hasta que 
firmase un arreglo diverso del que habia firmado 
ya el ájente Riva-Agüero. Era el mismo caso de 
la actual duplicación de negociados que ocurre en 
París i en Lima entre Rosas i Goyeneche i Pié- 
rola i Barinagt 

Pero el jeneral Prado sudó sangre, Laski reci- 
bió los dineros de su pacto, i los israelitas de Lón- 



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— S50~ 

dres i de París cantaron salmos contra las venta- 
jas ya obtenidas por la Soi^üte Genérale i su mesa- 
da. Firmó, en consecuencia, el presidente Prado el 
finapsQ tíontifato Raphftelí Judio de Lóádores, res- 
ti4p i t^^Uado de :p^lQ blanco por los Di^yffiísx los 
Tbocpison Bouar^ lia mesada Ba^ael^Bf hijms*- 
mft que ortorgaba k ííocieté Genérale; pero loe ju- 
díos dfi l^ (tté barbián eax)ado doi&i iDo^edáe por oien^ . 
to de> ^n^i^ioa pos Isa ^ent»^ del g»áito, cinco pdr . 
ci^ntq por M anticipos, ün ti^a uniíoiine de 3 # 
10 cb^U^ae^ pioi; lel J9iete.de cadai tonelaldft ^ Loa 
puertos del Perú a los de Europa, i 10 ekéltiaefl 
pftp el pQstp de embargue, sumas que ea mo^i otro 
cai^p .^r^Q reSpectQ (hl costü efectivo tres a cuatro 
^^ , v^Rep «wpeíipres al importa Verdadero; 

JJn: chanto a loa tenedores de bonos;, fté fácil 
embaujQarlos esta vez como otras, con la promesa 
de que se les pagjaria corrientemente sus dividen- 
dos d?sde el I."" de enero de 1879. El jeueral Pra- 
do, como presidente futuro del Perú, firmó este so- 
lemne compromiso, como cláusula previa del con- 
trato llamado Raphacl, en los primeros días de su 
nacimiento i acomodo. 

XVL, 

Mas, para lograr de todos los beneficios Je 
aquel contmto, inventaron los judios de Paris, de 
LÓAdres i d^ Lima una sociedad llamada Peruvian 



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-• 351 — 

Guano Oompany^ que no era sino una copia o una 
refáurreQcioa de la antigua compañía del üarguib 
del guanOy que había enriquecido a tantos favori- 
tos i especialmente al personaje peruano llamado 
el fusihdo Alvare.\ don Aiídrés Alvarez Calde^ 
l-on, relcieüteménte falLeeido,. pero que en días de 
devaneofe ftióee a Europa a compíar un título de 
cotide iá casar a sus hijas, con marqueses. Esa Pe* 
mviari Gucmo Company^ es la que ha tenido jtin- 
to con DreyfiFus, mancomunada en unas ocasiones, 
en abiettíi hostilidad en otras, la venta esclusiva 
de aquella sustancia durante los últimos cuatro 
años (1). 



(1) Lia áfatígaa Compañía hónsignatcitia del guano de la Oran 
Bpeíañá de la jcual la aolaal {Limited) era hefeilera; l>ab{aaé eeha^ 
4p iaol)];e unaaldo ^e JO.|SQ3,O4O.0o1qs, según coastl del/sigaiea- 
te pasaje de una reciente acusación fiscal: 

«lío es un misterio pai^ nadie que el con trato, de consigna- 
don dergttaiio, celebrado por el jeneral Pt'adó, con los señores 
Baphaá), Ca&d&mo i Heeron^ fti)S dfe taló^ entetididó, para ha- 
cer trasferencia a los pocos meses de celebracjlo^ conqesioa de 
derechos i privilejios a una nueva compañía que no era otra 
que la antigiua (JompaQíu consignataria del ^;uano en la Gran 
Biietan^i encubierta con el nombre de «Feruvian gu^no Oom- 
piaaj JUmitfedJD en que domina'n el famoso. Laaki, ^ mismo que 
ha deshonrado a la nación i abatido $u crédito, Sbarpl (Hervoy 
ParkiiKpn), aolicitpr que fué ^e Thomson i C* en el juicio ra- 
dicado en ]9i corta de I^óadres^i la m^yor parte de loa antigaos 
caasigna/tj^r.iosy a quienes enju^íé juti^o cod «liohKw. seíkorefl 
Thomson Bonar por abusos' i fraudes de la juegoclaoioii.del guar 
no^ i quienes aun deben a la nación la mencionada suma de 



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— 3¿. — 

Breyffus vendía sus rezagos del contrato Piéro- 
la en 1870 i Raphael i sus colegas, las nuevas re- 
mesas que e ^ virtud del contra^ f^*ado recibía, 
Cada cual, por su parte, cohechaba al gobierno del 
Perú con anticipos de mayor o menor inportancia 
a fin de asegurarse mejor de su clientela. Pero el 
gobierno del Perú, a su vez, retornábales como 
castigo de su codicia, con ciertas irregularidades 
que provocaban la ira pasajera de los confabula- 
dos europeos. 

Entre otras maniobras, el gobierno deljeneral 
Prado vendió a diversos especuladores el guano 
destinado a las Antillas i el de la isla de Mauricio 
(isla de Francia) sustrayéndolo así a la guerra de 
b la Peruman Guano Company. Jío fué por esto de 

estrañar que ésta protestara sus letras, al paso 
que Dreyffus, acusado de deber al Perú no menos 
de veinte millones de soles por cuenta de la ven- 
sa de los dos millones de toneladas del. contrato 
Piérol^, cobrara en represalias veintiún millones 
a los peruanos. 

10.603,640 solee por cargos bien definidos í reconocidos. 

»Ya sabe todeel país el modo cómo está cumpliendo dicha 
compañía con el contrato trasferido, faltando una a ana a 'todas 
las cláusulas estipuladas. También sabe que el gobierno, tenien^ 
do razones poderosas i fundadas para rescindir el referido con- 
trato^ sigue impertérrito en favorecer a la compafiía con su de- 
ferente condesoendencia, haciendo cosa omiso de loe incalctdablea 
perjuicios i mates que se irrogan al país con semqante con« 
ductai. 



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— 353 — 

Es regla de judíos salir con alguna ventaja en 
todos sus tratos aleatorios; i es preciso reconocer 
que en esta vez los hermanos Dreyffus procedie- 
ron con cierta rara moderaciont Cobrabaíá sold 
un millón de mas, en la discordancia dé los doa 
saldos. Su amigo i alternativamente ppoteotor í 
protejido el dictador Piérola ha. sidOy en. (ion*- 
secuencia, mucho mas jeneroso, reconociéndole» 
sus cuentas de acreedores i borírando el' de bu 
débito: en todo unos cuarenta millones de pe- 
sos, condonados i reconocidos con una siínple rú- 
brica. 

No debe echarse en olvido para los propósitos 
de la historia, que mientras todas estas ñegc«5Íá* 
ciones judaicas tenían lugar, don Nicolás de Pié- ^^ 

rola encontraba vapores i cargamentos de pertre*- ^ "* 

chos de guerra para intervenir en los negóciofc \ 

internos del Perú i hacia sublevaciones en tierra 
o en mar con sus caudales (1). : . r 



(1) LoB Dreyffas habían recibido, ademas de los dos millones 
de toneladas de su contrato de 1870, (que al precio de 38 soles 
importaban 76;000,000 soles) 380,000 toneladas mas qxie im-^* 
portaban por la misma tarifa 14.440,000 soles; de sftiette'que; 
el total de los valores recibidos por aquellos judíos a rirt^ de 
sus propios precios, ascendian a mas de 00.900,000 de soles. 

Ahora será fácil formarse concepto si serían ellos o el Perú 
los que figuraban como deudores en sus cuentas.— *E1 total de 
lo condonado a los Dreyffus por el contrato rubricado por el dio* 
tador Piérola el 10 de enero de 1880, asciende, Sin embargo^ a 

HIST. DE LA C. DE T. 45 



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— 354 



xvn. 



Mientras todo esto acontecía, los tenedores de 
bonos, únicos acreedores verdaderos del Perú i a 
los cuales estaba empeñada la fé i el honor de la 
nación, veían pasar los meses i los años sin que 
se les cubriese, siquiera parcialmente, el semestre 
atrasado de 1876, ni los dos del 76, ni los demás; 
i como notasen al fin, apesar de su natural candor, 
estraviado por las habilidades e infamias de la^ 
Bolsa, que estaban haciendo en el opíparo festin 
de los judíos el papel desairado de los perros que 
miran i ladran cuando otros comen, escitáronse, 
constituyéronse en comités en Londres, en Pa- 
f^ ris, en Bruselas, en la Haya, en todas partes 

donde había engañados, i con desembozada ener- 
jía solicitaron el cumplimiento, siquiera de la úl- 
tima palabra empeñada por el jefe de la nación 
en Europa. — dEl Perú (esclamaban los jefes del 
Comité internacional de Paris, señores Bíjuillet i 

- — ^ — ^ — V 

4.008,000 £ siete chelines i siete peniques^ o sea en soles al caií* 
hio de 45.5 la suma de 21.083,095 soles 85 de plata! \ 

Para mayor edificación debe agregarse aquí qne las 380,000 i, 
toneladas entregadas a Dreyffus, fuera de contrato, por el go- ^ 
bievtioidel jenerai Prado conatituian una flagmnte violación del 
pacto Raphael, que ni en esto siquiera era respetado. De aquí 
las protestas de letras, las riñas, las vergüenzas, i como último 
desenlace, el abismo. 



^ 



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— 355 — 

Guillaume, en carta dirijida al presidente del Pe* 
rú en noviembre de 1878 i haciendo memoria de 
que el guano de la isla Mauricio habia sido desti- 
nado a satisfacer intereses de la deuda interna 
del gobierno) el Perú sería el único país del wmh^ 
do que pagaría una sola deuda sin cubrir otras de 
igual o preferible procedencias. 

Deshauciando en seguida el honor del Perú i 
hasta sn competencia para rejirse por sí propio 
como nación, recordaban los delegados del comi- 
té al presidente Prado, junto con sufelaz promesa 
de pagar el 1.*" de enero de 1879, lo ^ue habi^ 
ocurrido recientemente con el Ejipto, cay^o Ka- 
di ve, hoirefujiado en Ñapóles, habia sido desti- 
tuido bajo la presión de sus acreedores ingleses, 
por tramposo. ..I luego aquellos personajes aña- v 

dian en su carta personal al presidente, que les 
habia empeñado solemnemente su honor de pa^ 
gar en enero de 1879, estas palabras que dejan 
en los labios el dejo amargo del acíbar: — «No 
vamos hasta pediros que os sometáis a una fis- 
calización tan rigorosa; pero creemos de nues- 
tro derecho recordaros que el Perú, apesar de las 
dos riquezas casi inagotables que posee, no puede 
dejar de caer mas i mas en el descrétído i la mi- 
seria, si continúa haciendo servir sus recursos solo 
al enriquecimiento de algunos particulares que la 
opinión pública castiga i de los que vuestros pro- 
pios representantes no ocultan su destinación en 



f\ 



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— 356 — 

lafe' reías cottTOraadoiies quo se puede tener con 
ellom (l)v 

Concluían ' los <lelegados dé los acreedores ¿»- 
tesmadoTMbles del Perú, pues este desdichado país 
tenia obligaciones abiertas í cuentas pendientes 
en todo el mundo, como el hijo pródigo de la pa- 
rábola bíblica, aseverando que las ganancias ilíci- 
ta» de los consignatarios, cualesquiera que estos 
fiioften, i sus cómplices, alcanzaban anualmente a 
veinte millones de pesos (cien millones de fran- 
cos), cop lo ctial habría sobrado, a su jucio, para 
pa^ honradamente a loe tenedores i enriquecer 
a lá nación. 

xvm. 

OBra tal el embrollo de acreedores de tan di- 
ve^said castas' i procedencias en que habia ido 
metiéndose poco a poco el desgraciado país veci- 
no, que en el último mensaje de apertura del Con- 
greso leído por el presidente Prado (agosto 4 de 
18*78) léese el siguiente pasaje, parecido en todo 

' (1) Esta carta bochornosa i humiUante faé publicada en los 
ptincipaleÁ diarios de Bnropa en noviembre de 1878, en Lima 
^l'^O de en^ro.i «n Santiago el 2 de febrero de 1879, esto es, en 
vísperas de le guerra. Laalusipn última es claramente dirijida a 
los Dreyffus, ala Peruvian Guano Campany i a todos los judíos 
cotti'plotados con el gobierno del Perú para defraudar a los 
acreedores lejftimos. 



\^ 



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— 357 — 

a la torre de Babel: — «Hoi queda definida nuestra 
süiuieion respecto a los Consignatarios, a los Bcm- 
CM, a la antigua Compañía cargadora de guano ^ 
a la casa Dreyffus Hermanos^ a los c&ntratos 
Meiggs, a la Deuda interna, a la Consignación de 
Mauricioi^. 

¿A quién mas, santo cielo? El Perú habia en- 
contrado, como Cagliostro, él secreto de tener deu- 
das entre todas las naciones cristianas de la tie- 
rra. 

I no eran aquellas plagas, nacidas del esceso de 
la riqueza mal empleada, las únicas dolencias que 
aflijian al Perú, cuando sintióse tentado de entrar 
en guerra como para saldar cuentas con la muer- 
te. Esceptuando el creciente desarrollo de su in- 
dustria azucarera que tomaba bríos en los valles 
del norte con la paz i con los chinos, todo lo de- 
mas decaia en derredor suyo, como en cuerpo 
enfermo de incurable anemia. Su comercio de- 
crecía: las islas de Chincha que en un solo año i 
en un solo mercado hablan alcanzado la colocación 
de 362,207 toneladas de guano (Inglaterra en 
1858), estaban ahora como barridas con escoba. 
El oro huia de sus plazas, por las que entraba a 
torrentes el papel moneda sin base ni rescate, ha- 
llándose al comenzar la guerra con Chile en tal 
descontrapeso su mercado de valores, que habien- 
do entrado por el Callao 1.455,612 soles en espe- 
cies, (1878) salió por el mismo puerto el doble de 



r;^ 



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— 358 — 



esa suma, o sea 3.043,689 soles. Eran ésos los úl- 
timos restos de la vajilla de la opulenta lima, las 
últimas plumas de las águilas de oro del contra- 



tista Meiggs! 



XIX. 

En cuanto a la cifra del desnivel de su comer- 
cio, que acusaba respecto del país tanta pobreza 
como los escándalos del guano i del salitre res- 
pecto del erario público, hé aquí una demostra- 
ción que abarca dieziocho años de su comercio de 
internación i de salida (1860-1877) i en la cual, 
contando períodos de favor i de ventaja, aparece 
en conjunto que sale la nación deudora al estran- 
jero por lo que recibía, en mas del doble de lo que 
alcanzaba a retomar. Esta demostración, ejecuta- 
da en la Oficina de Estadística de Washington en 
1878, es la siguiente como término medio en 18 
años del comercio del Perú con tres naciones: 

Importación Esportacion Total del com. 

Inglaterra $ 19.577.919 $ 8.095,990 $ 27.673,90» 

Francia 7.270,600 5.477,777 12.742,377 

Estados Unidos..., 1.266,978 1.636,432 2.903.410 

De notar es que los totales que acusan las ci- 
fras anteriores del comercio anual del Perú, son 
casi en el doble mas bajos que los de Chile, no 
tomando naturalmente en cuenta el valor del 



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— 359 — 

guano, ni el del nitrato, ni las trampas de am- 
bos (1). 

Tal era el conjunto de la situación económica 
del Perú al rayar la opaca penumbra de la banca- 
rota en el primer dia del ano en que comenzó la 
guerra. 

El agua del diluvio llegaba, a la verdad, a las 
mas altas montañas; i cuando el Congreso iba a 
cerrar sus funciones ordinarias en enero de 1879, 
el ministro de Hacienda enviábale, a manera de 
funeral responso, la notificación de que suspendi- 
da desde hacia años la vida de las estremidades, 
llegaba su turno a las entrañas en las cuales co- 
menzaba a su turno la agonía. — <iEn cualesquiera 
circunstancias, decia a propósito de este terrible . ^ 

mensaje un diario de Lima, habría producido T^ 

siempre la mas triste impresión la nota pasada \ 



(1) El comercio esterior de Chile faé representado en 1877, 
poT la suma do 53.994,405 pesos. 

En 1878 decayó un poco (56.960,000 pesos), pero es digna 
de llamar la atención la proporción en que está su salida, que 
es el símbolo de su riqueza, con la entrada, enteramente al re* 
verso del Perii, en esta forma: 

Importación en 1878 25.250,000 $ 

Esportacion 3> 31.710,000 i> 

Diferencia en favor de Chile 5.360,000 $ 

Estas cifras esüln tomadas del mensaje de apertura del Con- 
greso de Chile el 1.^ de junio de 1879. 



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1 



— 360 — 

anteayer por el ministro de Hacienda a la Cáma- 
ra de Diputados, sobre la imposibilidad de hacer 
frente a las exijencias del servicio público con las 
actuales rentas del Estado; pero la época en que 
se hace tal declaración contribuye no poco a 
aumentar el mal efecto que ella causa, pues a na- 
die puede ocultarse que el tiempo de que aun dis- 
pondrá el Congreso, antes de clausurarse, no bas- 
ta para resolver el delicado i Complicadísimo 
problema que se plantea en la comunicación a 
que nos referimosD. 

XX. 

. I Wen. Hallábase el gobierno del Perú bajo la 

^ presión i la ignominia pública de las cobranzas i 

de los carteles clavados en su túnica por encole- 
rizados alguaciles, cuando en una cuestión pura- 
mente doméstica entre Chile i la república de 
Bolivia, vínosele en mientes meter la mano i la 
espada, sin cuidarse de sus mas obvios deberes de 
país devorado i empobrecido por la gangrena del 
ajio, dolores que una guerra no haría sino exacer- 
var i poner mas de manifiesto. 

Ni motivos de honor, ni de seguridad, ni de 
cautela, ni de tradición, ni siquiera el remoto pe- 
ligro de una complicación directa con el país de 
cuyos graneros vivia, amasando su diario sustento, 
impelíanle a tal actitud, tanto mas cuanto que el 



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~ 361 — 

Perú había sido siempre dueño absoluto de dictar 
sus alianzas, sus guerras i sus agresiones con sus 
vecinos, no ocurriendo Chile en su socorrro sino 
por su llamado espreso i para salvarlo, cual habia 
ocurrido en 1820, en 1838 i en 1865. 

Pero causas secretas i sórdidas le traían fatal- 
mente atado de manos a la arena del palenque, 
más como a gladiador cautivo que va a ofrecer su 
sangre en rescate de una culpa, que como comba- 
tiente libre i jeneroso que ocurre en defensa del 
débil o del hermano injustamente agredido* 

Pertenecen esas causas a un orden diverso, i por 
consiguiente habremos de tratarlas, en razón de 
su interés i de su importancia, en capítulo por se- 
parado. 



HIST. DE LA O. DE T. 4C 



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CAPITULO XIII. 



ELTRATACX> SECRETO. 

Situación Cnaociera del Pora al recibirse del mando el presidente Pardo 
—Se reeaelve éste inmediatamente a estancar el salitre, pero antes sa 
prepara contra toda agresión de Chile negociando un tratado secreta 
con Bolivia i la República Árjentina. — Influencias históricas qne espli- 
caban esta actitud del préndente del Perú. — Cariícter i situación moral 
del presidente de Bolivia don Adolfo Ballivian al aceptar el tratado. 
— Ideas i planes anteriores de este caudillo. — Por qué fué rechazado 
por el Omgreso arjentinó. — Texto oficial del tratado. — Manera cómo 
fué aprobado en el Perú i en Bolivia. — El presidente Prado decreta el 
estanco del salitre al dia siguiente de haber ai^o aprobado el tratado. 
— La complicidad de las fechas. — Maquinaciones del ministro Riva 
Agüero en 1872 con motivo del encargo de nuestros blindados- — La ex- 
pedición de Quevedo, sus falta.s i sus consecuencias. — Nota de Bivu 
Agüero sobre este incidente i viaje del Hváscar al litoral boliviano. — 
SSingular teoría del ministro Irigóven, según la cual la espropiacion re-; 
munerada no es espropiacion. — villanas acusaciones de este diplomá- 
tico a Chile. — Enorme responsabilidad que cabe al gobierno de Chile 
por su ignorancia del tratado secreto de 1873. — Don Carlos Walker 
Martínez, ministro de Chile en La Paz, anuncia su existencia en 1774 i 
publica este hecho en 1876. — Curiosos incidentes sobre la manera como 
el ministro de Chile en La Paz, obtuvo conocimiento de la existencia 
del tratado. — Don Manuel Bilbao la denuncia en 1877 al señor Amuná- 
tegni, ministro de iielaciones Esteríores de Chile. — Otras revelaciones. 
— El gobierno por desidia o por indiferencia no toma ningún jénero 
de medidas. — a El FeíTOcarríl» de Santiago revela la existencia del tra- 
tado el 4 de febrero. — Carta inédita del comaddante Lopes del Blanco 
Encalada al coronel Sotomayor, sobre el particular, desde TocopiUa. — 
«La Patria» de Yalpaiiaiso reitera el mismo anuncio en diversas ocasio- 
nes durante el mes de febrero i anuncia que el viaje del ministro Revea 
Ortiz tiene por objeto solicitar su cumplimiento. — Carta oríjinal de Da- 
za, de 6 de febrero, que confirma este hecho. 

c....Pero, el gobierno de Bolivia, en el año pa- 
sado, creyó conveniente vulnerar esos derechos, 
i manifestó el menosprecio, imponiendo a laa 
compañías esplotadoras de Chile nuevos i esce- 
sivos impuestos, con infracción manifiesta de 
laF disposiciones formalmente e&tipuladas en 
los tratador 



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— S63 — 

»La iufiaenoia i los malofi oonaejoa jdel go- 
bierno pernano, fueron la fuerza motríE de eea 
política injusta, esplotadora e imprudente». 
(Editorial del Times de Londres, enero de 
1880). . 

«Pero, ¿^ué cansas hablan venido perturban- 
do el espíritu de Bolivia hasta el estremo de 
saciifícar i burlar la fé pábhoa, empeñada- en 
solemnes tratados, presentándose como infiel a 
todas las obligaciones contraidas para con Chi- 
le i dando el vergonzoso ojemplo de una nación 
insensible al sentimiento del honor nacional 
comprometido? El desarrollo de los aconteci- 
mientos no tardó en demostrar que Bolivia 
obedecía en su política, enti'e otras causas que 
seria largo enumerar, a estrañas sojestiones 
que venían supeditándola dé tiempo atrás i que 
tenían como principal mira realizar, un plan de 
hostilidades contra Chile, preparado pot el go- 
bierno del Perú». 

(D. Santa María. — Memoria de Relaciona 
Esterioree, 1879, páj. XI). 



Dijimos en el capítulo precedente que la pri- 
mera dilijencia gubernativa del presidente Pardo \ 
al inaugurar su administración a la luz rojiza de 
la pira de los infortunados Gutiérrez, en agosto 
de 1872, había sido manifestar al Cíongreso con 
levantada franqueza el estado de completa fa- 
lencia del país que iba a gobernar. Algunos atri- 
buyeron aquel acto de peligroso patriotismo a 
encubierta i ruin especulación de bolsa, encami- 
nada a hacer caer en Europa el poco crédito que 
aun quedaba al Perú, i especular a la baja de sus. 
fondos públicos; pero la verdad de las cosas i el 
desarrollo de los acontecimientos comprueban so^ 
bradamente que el joven presidente estaba, al 



\ 



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r 



~ 864 — 

proceder de esa manera, i cualesquiera que faeran 
sus móviles, dentro de la mas estricta verdad. El 
presidente Balta, al decir de sos parciales, habia 
heredado solo «las ruinas da la dietadarai. El pre- 
sidente Pardo, a su vez, recojia únicamente las- 
cenizas de los Gutiérrez i el celebre escamoteo de 
ciento cincuenta mil soles, que dentro de un saco 
de harina i sobre la cureña de una ametralladora, 
hizo el secretario jeneral de aquellos desventura- 
dos (1). 

n. 

En tal situación i en medio del universal ñau- 
frajio apareciósele al joven i animoso mandatario, 

(1) Una carítatara publicada el 26 de octubre de 1872 en el 
periódico satírico El Caseabdy califica oou propiedad la situa* 
cien del Perú, trea meses después de la elecciou del presideuto 
Fardo. £1 ramo de Egresos está representado por un cholo 
obeso i de enorme abdomen que lleva un libro de cuentas bajo 
su brazo con este rubro en el lomo — Gastos, Un esqueleto hu- 
mano representa el ramo de Ingresos-, i éste ^'iene seguido de 
una serie de persomyes escailidos que simbolizan empleados ce- 
santes, clérigos, frailes i hasta yiejjos, llevando cada cual inscrip- 
ciones que esplican su desaliño i sus andrajos. Al pié de uno de 
los personajes se lee, sin empleo; en el del otro, dado de baja; 
en el del clérigo, sin misas; en el del fraile, sin convento; en el 
de la mujer^ sin montepío. I así los demas« 

Por esos mismos dias, i como un justo desahogo de indigna- 
ción, los estudiantes de San Oárlos habian quemado en efijie 
(el 21 de octubre de 1872) al coronel Santa María, uno de los 
ministros mas ávidos de la administración Balta. De este per- 



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— 365 — 

COMO una última tabla de salvación, el salitre de^ 
Tarapaéá; i con mucha, mas voluntad que discre* 
cion, resolvió estancar esa sustancia que en aquel 
tiempo vivia, como industria, casi esclusivamente 
del capital chileno. 

Necesíirro es confesar que pata adoptar aq'áe- 
Ua u ót!*a: medida de igual índole, hallábaW el 
presidente Pardo bajo el amparo del derecho es- 
tricto de la» naciones, porque era dueño de lejislar 
sobre '^osa propia i doméstica como mejor viena 
coBVetiir a los intereses, tan desmedrados a la sa- 
zón, de su infeliz patria. Era lo mismo que para 
protejer el desarrollo del comercio de la Confe- 
deración, habia puesto en práctica cuarenta años 
hacia el Protector Santa Cruz, gravando los tri- 
gos de Chile a su ingreso én el Callao, i aun es- 
tableciendo derechos diferenciales sobre las mer- 
caderías estranjeras que antes de ser internadas 
en los puertos del Perú hablan tocado en los de 
Chile. La piimera lei humana es la de la propia 
conservación. 

Había, es cierto, evidente hostilidad de hecho 
en uno i otro caso para nna nación amiga i veci- 
na; pero la lei suprema del propio ser ampara 
esas medidas, en particular cuando con lealtad i 

i V ., , i (U — I 1 --^. ^ r- 

0O]iaje e& ^qI que se cuéntala cqríosa anécdota del chequQ de, 200 
mil soles de don Enrique Meiojgs, i de los 50 mil soles de su 
oficial mayor Saco, cuyas dos sumas cabían en el cheque i en .el 
saco... 



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- 366 



r 



elevación de miras se esplica el propósito pura- 
mente doméstico que tales propósitos encarnan. 



in. 



No procedió de esa manera el desventurado 
don Manuel Pardo; i anteé bien, recordando que 
los chilenos de antaño por cuestión de costales 
habian declarado la guerra a la Confederación, 
presumió que no estarían lejos de emprenderla 
de nuevo por negocio que abultaba muchos millo- 
nes de valores. 

Su propio padre, que habia sido confidente i 
hasta secretario del ilustre Portales, debió alum- 
brarle, cuando en vida, esas sospechas que nacian 
en el anciano de sus. recuerdos i en el hijo del so- 
bresalto de alma desasosegada i profunda. 

Desdeñando, por tanto, el camino breve i mu- 
cho mas llano de sondear a fondo la mente del 
gobierno de Chile, gobierno de hacendados, sumi- 
do en profunda paz entre vacas i trigales, descui- 
dado i hasta ignorante.de cosas de industria que 
no eran suyas, torció la brida hacia la maquina- 
ción pérfida i subterránea, invitando desde los pri- 
meros meses de su exaltación al gobierno de Soli- 
via i al del Plata para una liga secreta contra Chi- 
le, disfrazada con la acomodaticia fraseolojía del 
<í americanismo J) i del derecho territorial de las 
naciones convidadas a la alianza. 



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367 — 



IV. 



No filé empresa de romanos para el presidente 
Pardo ni su solapado ministro de Relaciones Es- 
teriores don José de la Riva- Agüero, en cuyo es- 
píritu la cabilosidad era herencia, traer al débil e 
incauto gobierno de Solivia a una celada. 

Gobernaba este país el presidente don Adolfo 
Ballivian, joven como Pardo, pero tímido, tmba- 
jado por los partidos internos que lo habian ele- 
vado, enfermo ya de la dolencia, más del alma que 
del organismo, que temprano le mató. Poniéndole 
los ajentes del Perú por delante de los ojos el 
fantasma de las usurpaciones de Chile i la memo- 
ria de nuestm malhadada alianza con Melgarejo i 
sus seides, no fué difícil arrancarle pronta aquies- 
cencia al plan de liga continental que se fragua- 
ba contra una República que era solo delincuen- 
te de sus condescendencias para ante los gobier- 
nos sin fé que le habiixn precedido. Ballivian i 
sus ministros i sus diputados obedecian, por otra 
parte, a las antiguas afinidades de raza que iden- 
tificaban los países del Alto i Bajo Perú en 
todas las crisis de su historia. Delante de Yun- 
gai, la planicie vengadora de Ingavi era para el 
agonizante presidente de La Paz apenas una som- 
bra del sepulcro. En consecuencia, firmó (1). 

(1) Se ha dicho i Cóto es corriente en Boliviaquc Purdo ha- 



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— 368 — 

Conducidas las negociaciones de la liga cou 
tanto sijilo como apresuramiento, suscribióse defi- 
nitíyamente en Lima . el tratada que lo consagra- 
ba el 6 de febrero de 1873, por los plenipotencia- 
rios del Perú i Bolivia, Benavente i Riva- Agüero, 
siendo canjeadas las aprobaciones supremas de 
los gobiernos el 10 del mes de junio inmediato. 

bló con Ballivian a su paso por el Callao, regresando el último 
de Eupora a Bolivia, donde se consideraba asegurada su elección 
a la presidencia. El tratado fué firmado en Lima el 6 de febrero 
de 1873, i no sabemos si Ballivian estuvo antes deesa época ea 
el Callao o en Lima. Parécenos, sin embargo, que no estuvo, po^ 
que nos consta que llegó a La Paz el 21 de abril, via de Tacna, 
viaje de quince dias desde el Callao. 

Las ideas de alianza secreta contra Chile estaban maduras 
en Bolivia i eran anteriores a la administración Pardo. Morales 
las albergaba, i en Ballivian, a qnien envió a Europa en abril de 
1871, eran un convencimiento. — «Me ha convencido, escribía 
Ballivian al aceptar aquella misión que era de guerra contra 
Chile, me ha convencido de la imperiosa necesidad de garantir 
los intereses del Litoral, la reflexión de que hasta el fin del man- 
do, entre naciones, el derecho no será nunca nada sin el apoyo de 
la fuerza. En todas las disputas internacionales se reproduce 
el caso del que teniendo una mina, necesita ampararla i traba- 
jarla. La nación a la que de improviso se le abre a la orilla del 
mar la ancha puerta dn una riqueza i un porvenir incalculable, 
o debe cerrarla o custodiarla convenientemente contra la codi- 
cia, la rapacidad i la impunidad de la violenciaD. 

I luego, esforzándose por justificar, desde Londres, la acepta- 
ción de aquella embajada, se espresaba con estas harto signifi- 
cativas palabras, que ponen de manifiesto la primacia contra 
Chile en la agresión por parte de Bolivia: 

«En primer lugar se me facilitan los medios de traer al fin 



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— 369 — 

El tenor de aquel memorable documento, ve- 
lado por aparatosas frases de fraternidad i pro^ 
teccion mutua, pero dirijido todo entero en su 
fondo contra Chile, era el siguiente, conforpae al 
testo publicado en el Diario Oficial del Perú al 
declararse el casiLs fa^deris de la alianza con Bo¿ 
livia el 6 de abril de 1879: 

«Las Bepúblicte de Bolivia i del Perú, ideo- 
sas de estrechar de una manera solemne Ips. vín- 
culos: que las unen, aumentando así sus fuerzai? i 
garantizándose recíprocamente ciertos 4ere(^By 
estipula» el presente tratado . de alianza (jlefeinBi- 
va; con cuyo objeto, el presidente de BoUvií^ hja 
conferido faéultades bastantes par^ tal negocia- 
ción a Juan de la Cruz BQúaven};e, enviado, es- 
traórdina^io i ministro plcínipotenciíiifia en el 
Perú,? i el presidente del Perú a Jqsé de Jfl Biva-. 
Agüero, miniatrp de* Belaoiooea E^terioyes; quie- 
nes han convenido eü las estipul9X3Íones siguien- 
tes: 

» Art. I. Las altas partes contratantes se unen, 

de un aSo la bandera de Solivia a MejilloQes en dos.buques blin* 
dados de primera clase, no para buscar oAmorra a nuestros ve- 
cinos, sino para dar fuerza i respetabilidad a nuésttos iírteredesi 
i derechos, al mismo tiempo que. para dar posibilidad i apoyo 
efeotívo a la eapectativa de alianzas e inñuewfias en el desarro- 
llo de nuestras Juturas complicaciones internacionnles de Sud- 
Américaí^. — (Carta de don Adolfo 3anivian, de .Londres, abril 
ST de 1871, publicada en ¿a Biografía por el doctor Siftñtibaíle^ 

HI8T. DE LA C. DS T. 47 



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— 370 — 

i* allegan para garantizar mutuamente sn indepen- 
dencia, BU soberanía i la integí^idad de siis tepüo^ 
tíos respedivos, obligándose, en los téitninos deli 
presente tratado, a defenderse contra toda agre?^ 
sion esterior, bien sea de otro u otros Estadps in- 
dependientes o de foerzas sin bandera q«e onobe^ 
dezcan a ningún poder reoonocido. 

>Att- IL Líi alianza se hará efectiva para con- 
servar los derechos espresados en el artículo ani- 
terior, i especialmente en los casos de ofensa que^ 
consistan: 

>1/ ten actos dírijidos a privar a^ alguna dejas* 
altas partes contratantes de unajporctbn d^sut^ 
rrkerríú, coa ánimo de apropiarse su dominio o de^ 
cederlo a otra poteticift. 

D 2.'' En actos dirijidps a someter a cualquiera 
de lás altas partes cor^rafentes a proteictorado^ 
renta o cesión de territorio, o establecer sobre 
ella cualquier supérioridadi derecho o preeminen^ 
cia que menoscabe u ofenda el ejerció amplio i 
completo de su Soberanía e independencia. 

dS."* En actos dirijidos a anular o variar la for- 
Qi^ de gobierno, la constitución política o las 1er 
y^ que la? alt?is partcss contratantes se han djswlo, 
o. se dieren en ej^^rcio de su soberanía. . 

DArt. III. Reconociendo ambas partes eontta** 
taptes que todo acto lejítimo de alianza se bas^i 
ea.la justjciítji se establece para ca,dia, una 4e,ellaat 
respectivamente, el derecho de decidir ai la ofensa 



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f^edUtiía por la otra asta cómprekdida entré JúBti^ 
^nadú3 m el arúculo anterior. 

>Art IV. Dbclarado el c<MU»/(»^m, Vw'felt^ 
parteé contratantes se compromb ten a cortar in- 
mediatamente sus relaciones con el [Bstado oftó-» 
«vo; a dar pasaporte» a sus ministrps di^lóiiiáti- 
o0b; a citndelar las patentes de lo>s ajéntéi ccfnau^ 
lares; aptobibirla importación de w» .proditóios 
üatnraleae industriales, i a cerrar los ^pueii^ota 
flrá naves. 

»Art. y. Nombrarán también las mismhs par^ 
tes, plenipotenciarios qne agusten, /por ptotdcolo, 
4o9'arf eglos precisos para detertniítar ios subsid^, 
los <continjentes de foerxas terrestres imariitimas 
<i loe aomlios de cualquiera clftse que debeii pró^ 
enrarae a la República ofendida o agredida; 14 
manera cóimó las fiiersas deben cbéari reaHaári» 
iÓ6 auxilios/ i todo lo demás :qQÍe canrengii ^ára el 
mejor éxito de la defensa; 

>La reunión de los plenipotenciario^ sé ykxi&i^ 
cara en el logar ^iie desigiie la^ partd ol^ñdidA. 

lAxt. VI. Las altas partes contratantes so obli**- 
gan a suministrar a la que fuese ofendida o agré^ 
dida^ los medios de defensa de que cada uña dé 
ellas juzgue poder disponer, aunque no ibáyan 
precedido los arreglos que «e proscriben en el ar- 
tículo anterior, con tal que él caso fuera, a sit jui- 
cio, úrj«ite. 

:>Att. VIL Declarado el casus fcederis, lá parte 



i 



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ofea<fida no podrá celebrar convenios de paz, de 
tregua o de armiatício, sin la concurrencia del 
alifildo que haya tomado parte en la guerra. 

^Art. Yin. Ijas altas partes contratantes se 
obligan también: 

il."* A emplear con preferencia, siempre que 
sea posible, todos los medios conciliatorios para 
eyitar un rompimiento o para terminar la guerra, 
Aunque el rompimiento haya tenido lugar; repu- 
tando entre ellos, como el mas efectivo» el arbi^ 
traje^de unatietcera potencia. 
. >2.*' A no conocer ni aceptar de ninguna nación 
o ^bierno protectorado o superioridad que me- 
noscabe su independencia o soberanía, i a no ce- 
der^ ni enajenar en £fivor de ninguna nación o go*- 
¿iemo, parte alguna de sus territorios, escepto 
$n los casoar de mejor demarcación de limites. 

^3."" A no concluir tratados de límites o de 
otros arreglos territorriales, sin conocimiento pre- 
^o de la otra parte contratante. 

i>Art. IX. Las estipulaciones del pre^nte tra- 
tado no sé estienden a actos practicados poft' par- 
tidos políticos o provinientes de conmociones 
interiores independientes de la intervención de 
gotóernos estraños; pues teniendo el presente 
tratado de alianza por objeto principal la garan- 
tía recíproca de los derechos soberanos de ambas 
naciones, no deben interpretarse ninguna de sus 
oláupulas en oposición con su fin primordial. 



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] 



— 373 — 

]>Art. X. Las altas partes contratantes solici- 
tarán separada o colectivamente, cuando así lo 
declaren oportuno por un acuerdo posterior, la 
adhesión d&otro ti otros Estados americanos al pre- 
sente tratado de alianza defensiva. 

^Art. XI. El presente tratado se canjeará en 
Lima o en La Paz tan pronto como se obtenga 
su perfección constitucional, i quedará en plena 
vijencia a los veinte dias después d^l canje. Su 
duración será por tiempo indefinido, reservándose 
cadai una de las partes el derecho de darlo pot 
terminado cuando lo estime conveniente. En tal 
caso, notificará su resolución a la otra parte i el 
tratado quedará sin e&cto a los cuatro meses des- 
pués de la fecha de la notifií5acion¿ 

i>En fé de lo cual, los plenipótericiadós respec- 
tivos lo firmaron por duplicado i lo sellaron con 
49US sellos particulares. 

>Hecho en Lima a los seis dias del mes de fe^- 
brero de mil ochocientos setenta i tres. — Juan de 
la Oruz Benavente.-^J. de la Riva-Agüero. 

5)Artículo adicional.-~El presente tratado de 
alianza defensiva entre Solivia i el Pera, se con- 
servará secreto mientras laff dos altas palotes con- 
tratantes, de común acuerdo, no estimen necesaria 
su publicación. -^Bustamante. — Riva-Agüero d (1 ) . 



(1) En el testo impreso que tenemos a la vista, tomado de 
El Peruano, se habla de cuarenta meses ptvra deshatichiT el tra- 



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— ST4~ 



T. 



l^istófem^ á punto fijo lá matiera profiíndantón^ 
te callada como^ ilevófte a cabo BÍihaTtáñüa1xié»te 
en Linia i en La Paz aquella gravísirioiii negocia- 

' ■ * 1 ■ J I ■ 'i ■ ■ ■ i ' ■ ' I ' i. ' .. I ■ É , * ■ * i 

"tado, pero parécenos que efito debe ser error dé ímpWiítá pét 
decir tuatrb iñeRes. 

JÜl (tofto. qne 66<ibpriipí(S «« el <]^iie eatirtfa en la canoilkría Be 
Xicfii^, 4»egpn consta del teaior del siguiente dociimeoto en (|ue 
los plenipotenciarios del Perú i Bolivja resolvieroa levantar el 
secretó del pactó, al día siguiente de tenerse éh Lima conocí- 
túiento óficicA de la ^eclahióion de guerra de dhile: 

yiUnmdós ea-el Ministerio da Beladiótieé Esterlctres ¿d Veifi 
los infrascritos, Manuel' Íi;ig(^yei¡i|;midistto dd^sé t^ta^ iJ3env- 
pip^B^yes OrtjjS) enviado estraordinawo i ministro ;|)lempoten« 
ciarfo de Bq^viaen misión conhdeueiál, convinieron, de confor- 
"^idad con lo éspaestbeh el articuló kdlcioñial al ti*ata^o Se 
alianza defensiva celebrada entre el Péri i BóKtlaÉ ^1 O dé- A- 
brerolde 1878, í prévic^la ^xhibieloit de sos* r^peetivoe plenos 
podeí^eSi^n dar publicidad a dicho tratado. 

]^£n fé de I9 cual^.^os infrascritos han firmado ^or duplicado 
la presente declaración i han puesto en ella sus respectivos se- 
Uós/éü Liíñra, a b de abril de ISTtí.-^^L. S.) Mdmél Iriff6yen. 
-H.(L. S-^ Serapio Beyes Orífe'if. 

. Lip^iibril 5 de 1879.— »yiBto el protocolo anterior, apruéba- 
se en todas sjis partes; i en consecuencia^ dense las órdenes ne- 
cesarias para su cumplimiento. 

Oomuníqúesé, rejístrese i publíquese. — Rúbrica de S. E.-- 
Irigóyen. 

a La naturaleza secreta del tratado* eaplica que eltesto que 
publicamos fteael orijinal* que existe en- nuestra cancillería; 



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_ 378; — 

cioD, üiinca del todo divulgada, Haáo dicho que^ 
ni el CoQígreso peruano ni el de BoUvisií se reunie- 
ron espresamente para el caso; contentándose 
los diputados con firmar sucesivamente los plie- 
gos delajíUBtQ en un libro en blanco que fué lle- 
vado del archivo del Congreso al palacio de Lima, 
para aquel fin: tanto era el recelo o eí odio' que 
el desapercibido pueblo de Chile inspiraba a sus 
mas inmediatos vecinos diá&azádos de amigos. 

Sin embargo, en la forma en que el convenio 
aparece sancionado por lá representación nacio- 
nal del Perú, habría de creerse que en el acuerdo 
prpeediósey sii bien en secreto, con. las solemnida- 
des^tcostbmbradáapara tales casos. El d6eamento 
de> esa aprobación dibe^ en efecto^ como sigue: 

Lima, ahrü 28 de 1878^ 

Bxmo. señor: } 

¿EéVGongresQ ha aprobado^ en 22 ¡del presenta, ; 
ej trdta4o;de í^Uftoza deif^q^ira celebrado en egtí^; 
ctipital §l6^e£í?l)r0rQ áltixno po^- Ipft plenipoten- 
ciarios del Perú i Bolivia. , • ; 

3>Lo comunicamos a V. E. para su conocimiento 
i demafi fineg»^ : r. 

Dios guarde a V* K 

Mranoismde Jí. Mufi4)z^ pjk*e«d«nte del .Googra- 



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— 376 — 

SO. — Félix Manzanares y secretario del Congreso. 
— José M. González^ secretario del Congreso. 

Al Exmo. señor presidente de la República. 

Lima, abril ^Ó de I^IZ. 
Cúmplase. 

M. Pardo. 
J. de la mva-Agüero.y 

VI. 

En cuanto a los trámites que sirvieron de en- 
cubrimiento de su mal inspirada docilidad al go^ 
bierno de Solivia^ no ha quedado coastanpia: i al 
contrario, perdióse el tratado entre los escombros 
de las covachuelas de La Paz, como habia acon- 
tecido en años ya remotos con el tratado Santa 
Cruz-Lahitte, hasta que, según anunciábalo nues- 
tro ministro en Bolivia, señor Videla, halláronle 
a lá ventura dentro de un armario. Parece que 
fué er ministro de Bolivia en Lima, don Zoilo 
Flores, quien alumbró aquel estraño derrotero del 
papel perdido (1). 
¡ • í . , ■ — ^ — , — — . — I — '< — >-• — I . '. ■ ■ ■■ 

(1) Del tenor de la aprobación prestada por el miniatoó Bii- 
llivian al tratado pablicado en Lima en abril de 1879, aparece 
que la Asamblea boliviana lo discutió i sancionó elíiée abril 
de 1873. 

La ra^túácacion i caníje definif^ivos tavieroü kgar en La^Baz, 



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— 377 



VII. 



Respecto de la aceptación o rechazo por ^1 gor 
bierno del Rio de la Plata, hasta cuyo Congreso 
llevo el presidente Pardo su osado intento» invo- 
cando falsa mancomunidad territorial i amena- 
zadas soberanías continentales, todo lo que se sabe 
es que fué detenido en- el Senado por la noble 
cordura de los representantes de aquel pueblo. 

Atribuyóse en tan laudable prudencia i acto 
<Je digno respeto hacia el derecho i hacia Chile > 
parte no pequeña al senador RawBon, verdadero 
jhombre de Estado en aquel país; i tal vez contri- 
buyó no poco a la cordura de la resolución, la f^c- 
titud del presidente Sarmiento que .siempre fué 
leal amigo de Chile, 



*o"^ 



. VIH. 

Sea como fuere, solo cuando tuvo en sus manos 
aquel documento de efímera prepotencia i que 



el 10 de junio de 1873, interviniendo en él acto don Atiíbttl Vtó- 
-torde Ift Torre, enviado éstraordiniTlo i ministro téjente djsl 
JPenSí, i don Mariano Baptísta ministro de Relaciones Esteriofes 
do, la administraeion Ballivian. El mismo Baptista firmaría un 
afio mas tarde, junto con el señor Walker Martínez, el tratado 
de paz, amistad i comercio con Chile de 6 de agosto de 1874 
[Qué ^á/feeé i qué hombres! 

HIST. DE LA G. DE T. 48 



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-^ 378 — 

acusaba en bu fondo pusilánime inquietud i des- 
confianza de su fuerza i su justicia, atrevióse don 
Manuel Pardo a lejislar francamente sobre el es- 
tdüco de los salitres de Tarapacá que constituian 
el despojo, disfrazado con la espropiacion forzotía, 
de diez o quince millones de capital chileno ra- 
dicado en Valparaíso. 

Iquique era para nuestro mercado un pequeño 
Londres, donde, en vista de los cargamentos des- 
pachados del precioso abono, arreglábanse sema- 
nalmente los cambios metálicos sobre las plazas 
de Europa. I tan ajustado anduvo el decreto de 
espropiacion al pacto, que habiendo sido aproba- 
do éste por el Congreso del Perú el 22 de abril, 
al dia siguiente, esto es, el 23 de ese mes, dictóse 
el decreto de despojo violento, dejando así esta- 
blecidas hasta en las fechas, la delación de la 
culpa i su intención vedada en la vida de pueblos 
que viven en fraternal coyunda i vecindario. 



IX. 



No cabe racional discusión sobre el verdadero 
objeto de aquella alianza suscitada entre todos 
los pueblos que rodeaban a Chile i que se secues- 
tró, como RÍ hubiera sido un crimen, a su conoci- 
miento. I si hubiera sobre ello posible duda, él se- 
creto^ las alusiones territoriales i la liga misma con 
un país mediterráneo, que en caso de agresiop de 



1 



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— 37» — 

pueblo estranjero no tenia medio alguno de con- 
tribuir al cumplimiento de su compromiso^ com- 
probarían, mas allá de toda documentación escrita, 
el carácter alevoso de aquel paoto, si no fuera que 
la coincidencia ya señalada de sus propias datas, 
constituye la mas clara revelación d^ todo cuanto, 
bajo la capa de estudioso lenguaje, se ^ncubria (1). 

N 

- - ■ ' - 1 ■,.■■■■ 

(1) La prensa misma del Perú se enoargó dé exhibir los ver- 
daderos móviles del tratado secreto pnes tomando pié de la 
espedicíon pirática del caudillo Qnevedo en 1872, espedicion 
que fué desarmada por la escuadra de Chile en los puertos agre- 
didos i por órdenes espresas de nuestro gobierno, daba el gabí- 
níte de don Manuel Pardo, al inagurarse, como fbmeíitacla por 
Chile aquella agre^sion. — El Comercio de Lima publicó, en efec- 
to, en abril de 1879 una nota del ministro Hi va- Agüero al mi- 
nistro del Perú en Chile que tiene la fecha del 28 de agosto do 
1872, i cuyo grave tenor testual es el siguiente: 

Seüor Ministro del Perú ea Chile. 

Lima, affOBto 28 de 1872 
Señor Ministro: 

«De poco tiempo a esta parte ha candido cierta alarma ea 
este país, con motivo de los armamentos que, según »e sabe,, 
está haciendo el gobierno de Chile, i especialmente por la com- 
pra de dos buques blindados de gran poder, que los ajentes chi- 
lenos han mandado construir con cierta reserva en Inglaterra. 
Esa alarma ha crecido últimamente con la noticia de la llegada 
deljeneral don Quintín Quevedo i su cruzada al Litoral boli- 
viano, i en cuya espedicion se atribuye cierta injerencia al go* 
hiemo de Chile,. 

DÜespues de estos hechos se ha sabido con estraordinaria sor* 
presa qijie la escuadra chilena se habia presentado en. Mejillones 



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— 380 — 



Tuto, sin embargo, en este particular, ^ mi- 
nistro Irigóyen, la temeridad de sostener ^n im 
manifiesto dirijido a todas las naciones un mes 
despaes de declarada la guerra por Cliile, i con 



i Tocopilla casi al miáíno tiempo qne don Quititin Qaevfedo de- 
secdl^árcaba ea ks costas de Bolivia* Las sospechas <icerec¿'d¿ 
la inferencia ele Chile han venido a robustecerse mas todavía^! 
no es ppes,Qatraño que tales hechos^ que pqeden tener una sig^ 
nifica^ioH gravísimas, hayan llamado la atención pública, de tas 
cámaras i del ¿odierjio* 

jV, S.Babie que. la cuestión de límites en Bolivia i Chile nu 
ha llegado i^un a arreglarse i presenta serias diñcnltades . para 
BU, solnciop. ,Eh tanto qne aquella. República, apenas salida de 
una crisis revolucionariai ha estado ocupada de su organización 
interna, ChUe se ha (¡ontraido a preparar sus elementos de gue- 
rra i fuerza naml, cuando no tenia motivo ninguno especial que 
la aconsejara precaverse de enemigos esteriores. No es^ pues, 
arriesgado suponer que tales preparativos hayan tenido una 
mira hostil i agresiva^ cuando nó se esplican por la hecendad 
de la defensia» . 

3>E1 gobierno del Perú en vista de estos antecedentes, i ante 
la gravedad de los sucesos apuntados, no puede permanecer es- 
pectador e indefereute. La situación que se viene creando en el 
Litoral boliviano, es harto grave i es por consiguiente necesario 
que la b»indera del Perú este allí representada. Con éste motivo 
se lia dispuesto que el fluáscar i el Chalaco zarpen para el Sur# 

3>V. S. al tecibir lá presente nota solicitará una conferencia 
al Éscelentísinao SeíSor Ibañez para espresarle los vivos deseos 
que animan al gobierno del Perú, de que Chile i BoliVia, ligados 
por santos vínculos de común interés, arreglen sus cuestiones 
pendientes de una manera honrosa i satisfactoria para ambas 
partes. 

D Asimismo manifestará V. S. a ese Gobierno que el del Perú 



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— 3éi — 

él testo del tratia.do secreto en la mano, qné éste 
hábia sido dictado en virtud de las agresiones de 
Chile a Bolivia i al Plata.— «En el año de 1873, 
decia el ministro de Relaciones Esteriores del 

que en todo cado verá eon snmo sentimiento la interrapc^on dd 
las amistosaa relaoioües entre- esos doe países, no paedQ ser indi-? 
ferente a. la ocupación del territorio boliviano por fuerzas estrañas. 
>S« E. el presidente confia en que V. S. ínterpreta^ndo fiel- 
mente las miras i el espíritu de confraternidad americana que 
lo anima, tratará este asunto con la sagacidad i prudencia que 
él requiere i de que Y* &• Hadado tantas pruebas; opmucieaudo 
a esté despiKjlio el, resultado de sus jestiones. 

Dios guanle a V. S. 

J,* ItivarAgüéro,i> 

Para ser como siempre sinceros, no tenemos embarazo alguno 
en declarar que aparentemente existía cierta razón para las alüt- 
mas que manifestaba el ministro Bivar Agüero; pues aunque' 
h&a^i abriglulo lacohvicKdc^ de qué el gobierno ; jeneral de la 
Bepúbliofi no tuvo ninguna participación en la descabellada es- 
pedicion de -Quevedo ea 1872, no por esto deja de ser cierto que 
esa espedix;ion fué costeada con capitales chilenos, prestados a la 
gruesa ventura, i que se contó para realizarla, como era indis^ 
peasablé, cdn la complicidad o indebida toterandur da algunas 
antofídades aubaltornas. En Valparaíso eran señalados con el 
dedo loe especuladores que andaban metidos en la empresa an- 
tes de la partida de la espedicion. I esto servirá de saludable 
advertencia a los gobiernos que no creen delinquir cerrando los 
ojos sobreí &ltas ajenas i fuciles do reprímer.— La eápedicioa áq 
Qoeved«^ contribuyó no poco a la. sanción del. pacto secreto, de 
1873^ i da, aquí la ktocion.que sefialanpios^ para el porvenir; La 
historia no puede a su turno vendarse los ojos sobre el libro de 
las enseñanzas, como los aduaneros, la policía i otras jerarquías 
suelen cerrar los suyos por esta o por aquella consideración. 



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— 382 — 

presidente Prado en su exposición del I.*" d/3 ma-. 
yo de 1879, Bolivia estuvo amenazada de de^mem- 
¡xracion territorial^ i lo estuvo igualmente la Ri^ú- ^ 
lilioa Arjenlina. Estas amenazas dieron oríjena la 
alianza, cuyos propósitos i teudencias son i serán 
siempre eminentemente americanas^ desde que se 
encaminan a evitar la guerra entre pueblos que- 
necesitan de la paz para consultar las crecientes 
exijencias de su desarrollo i prosperidad. Chile 
habia terminado de una manera irrevocable bu 
cuestión de límites con Bolivia desde 1866; i.^ 
tratado posterior, ajustado en 1874, manifiesta 
que él no fué el motivo que inspiró la alianza, ni 
su objeto, a no ser que se lanzara, como lo ha he- 
cho, al terreno vedado de las usurpaciones escan- 
dalosas. 

DLa idea de que la alianza fué inspirada por 
la necesidad de prevenirse contra el clamor de los 
salitreros deTarapacá^ despojados de su industria^ 
carece de fundamento i es a todas luces imperti- 
nente. La espropiacion de las salitreras . cuesta al 
Perú mas de veinte millones de soles; i en el pre- 
cio abonado a los qué voluntariamente se resol- 
vieron a la venta, encontrará, el qué ño cierre los 
ojos a la evidencia, una indemnización harto su- 
perior en algunos casos a la que la justicia mismij^ 
indicaba. Pagado el precio e indemnizado' el daño, 
no. haz espoliacioni> . 



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— 383 — 



Oilúmbrase por las últimas frases del párrafo 
que acabamos de copiar, hasta dónde alcanza la 
ciencia lejislativa del estadista peruano que de- 
dará no haber espoliacion donde haí pago de la 
cosa espoliada contra el beneplácito de quien de 
derecho la posee. Pero si el diplomático limeño 
confunde tristemente el despojo legal con el sal- 
teo a mano armada juzgándolos sinónimos, in- 
curre en la falta de aleve i escandalosa calumnia 
contra Chile, cuando, oMdaildo hasta las conve- 
niencias de la gratitud, la acusa de traición en los 
momentos en que, por salvar a su país de cobarde 
postración delante de dos naves de madera de la 
España, lanzóse aquel país incauto a cubrir su 
honra con su pólvora i con su sangi^e. — «No hai 
infidencia, decia por esto el desconocido insulta- 
dor de nuestra jenerosa alianza i de nuestro es- 
téril sacrificio de 1865, no hai infidencna que 
Chile no haya cometido contra el Perú a la som- 
bra de las buenas relaciones que entre ambos exis- 
tían. Ni los sagrados intereses de la América^ ni 
la dignidad que corresponde a las naciones, ni los 
respetos que se deben a los demás Estados, nada 
ha bastado para aplacar sus ambiciones desorde- 
nadas. Inmediatamente después que las fuerzas 
españolas ocuparon las Islas de Ciiincha, a las ór- 



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— 384 — 

denes del almirante Pinzón, lejos de ponerse al 
lado de los intereses sud-ameincanos y procuró estre-^ 
chnrsas relaciones con España i celebrar con el 
Ecuador un tratado de altanm qfemml oontrdL el 
Perúy a fin de que abruínado por las calaíaida^efi 
de la guerra, i en medio de las dificultades que 
entonces embarazaban su defbnsa, sucumbiese i fe 
Sirviera de pedestal a la realización de cálculos 
impuros. 

»No se habia ajustado la tregua con España, i 
subsistiendo aun el estado de guerra, su repre- 
sentante en Londres se puso de acuerdo, sin 
anuencia del Perú^ con el de aquella nación, para 
sacar de los astilleros de Inglaterra los buques 
que ambas habian mandado construir, permitien- 
do de esa suerte que el enemigo comwn aumerUara 
considerablemente sus fuerzas navalesí> (1). 



(T) Comentando El Peruano el tratado secreto de 1873, ea 
nn artícutó de fondo correspondiente al 6 d« abril de 1879, se 
espresaba de eata manera que fraueameate hace reír por su pn^ 
rilidad: 

^Examinando los archivos diplbnáticos de Europa i aun de 
América, se encontrarán muchas contenciones análogas a aquel 
pacto, que todas las naciones celebran con ^I perfecto derecho 
de sn soberanía i en guarda de sus intereses, cuando ae halla 
atnenazada aquélla o pueden sufrir los últiuios serios perjuicios. 

»No se puede comprender cómo si Chile conocia el tratado, 
vio en él peli«p'o inminente de una guerra con el Perú, por la 
sencxlüsima razón de que uno de los principales Jines del pacto 
es, caialmente, evitar la contienda jycr medio de la interposición 



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— 385 — 



XI. 



En los dos párrafos que preceden hállase con- 
densada toda la hiél i toda la deslealtad del Perú 
i de sus hombres públicos contra Chile, i es así, 
por los impulsos de odio roedor, como se esplica 
la insensata guerra a que aquel país aturdido lan- 
zóse en hora de vértigo que seria para él hora de 
castigo. 

XII. 

Cumple ahora a nuestro deber de narradores 
fieles de una época verdaderamente aciaga para 
la diplomacia de Chile i para la alta dirección de 
sus negocios, preguntar ¿cómo el gobierno de 
aquel país circunspecto, que tenia acreditados 
ajentes diplomáticos en las tres capitales en que 
se fraguaba su ruina por medio de una liga tene- 
brosa, no supo ni sospechó siquiera acontecimien- 
to de tan gi'ave carácter i que forzosamente debió 
andar, antes de consumarse, en centenares de ma- 
nos? 

amistosa i tranquila. De suerte que la cancillería chilena, al re- 
ferirse al tratado de 6 de febrero de 1873 como un motivo justi- 
ficable de declaratoria de guerra contra el Perú, procede de un 
modo contraproducente i solo animada por el deseó de emplear 
la violeocia a todo t^rance:». 

HI8T. DE LA C. DS T. 49 



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— 3Se — 

De buen grado querríamos pasar por alto tan 
ingrato tema, pero la obligación de la verdad nos 
encadena, apesar nuestro, i debemos declarar 
en ei^ta piarte, que el gobierno de Chile i sus. hom- 
ares puBlicos, responsables de aquel acto, mostrá- 
i-oíise en aqüeíla ocasión tan ineptos como fueron 
astuéós i audaces sus encubridores. I este caríjo 
cae mas de lleno sobre la administración jeneral 
cíef paYs que sobre sus delegados este riores, porque 
durante cerca de cinco años estuvieron dando al- 
gunos de éstos, signos positivos, si bien intermi- 
tentes, del peligro que se escondia bajo las tibias 
cenizas de nuestra confianza i nuestra pa? en el 



XVIIL 



r • • r 



' H^nioño^^ vedado de propósito el rejistro de 
nuestros aíTcbiVos^ públicos o secretos en la com- 
posÍQÍ6p de éste lloro, por cuanto no escribiamos 
cppjó jpalacíegos síijó como patriotas, i no quere- 
mos ar^'^icíparíios a las alabanzas que se tributa- 
ran a si propios los nabiles i los previsores de la 
víspera, ni menos ahondar con el fuego del cau- 
terio las heridas que 1^ mano tranquila de la his- 
to^a¡ v^.déjap^P e^ en el cuerpo del 

Pero hai eVidendia' púbdica i antigua de que el 
ministro de Chile en La Paz, don Carlos Walker 



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I 



— «»7 — 

Martínez, tuvo conocimiento mas o menos cierto 
en 1874 de la existeneiaj ^el pacto de febrero de 
1873, i así dejólo estampado en una obra que a 
su rejego p^bíJ^ó.^R ^^r^ti^9,pn ,;^7^,,p9ft7 es, 

raos lo (j^w.^l.mits^njo ^iq^^rjEil. jp^.Y;^Uf Jfip flp.q1^íws 
que le xn^ijjlexo^ ^ ^^pz;9Sil^-^>,s^uc^i) d^Jf j)apto 

^osj^ .rpe^njpríg.. de Ip^/^Q^^ .pajs|e? ^n.uj^ gf^ 
j^p^i^á^pp jíjel ^esjerto;,— «Af í lapiC^íjas,- (^9.9^1^ 
e^^j^^ ^^P viendo.. d^G|iiíe,'J]eg |íf^^-ip,^ft.(^9^,pfly 

r¿« rfí'ia América delSur.—ySantiaao 1876ypá¿. 217. r r m^ 

EspTicando en esa misma parte ae su interesante libro las di- 
ficnltades con qoe tr opezaba su misión pacificadora, el~5BliDr 
:^#lÍie?í9Q,e?tjWp|Jí)%fen-, \(^i'^i0íími^i térmii»a;f oqp«btejderl|i 
actitud del Perú: ,j;ii'jr;BiI> 

' jj'í«^^ l0ffWk\ 4^l^>IÍ^\\xümi^hA $1 meí¥ii^\^<mh áaqflutttmímes 

p^4fiil^<pp.l9fi^ai<í^míímT>i 8fl((Hal B^pdfclpifti Hadoi^dO íln jQfttoáitca* 
-b» priv#*ísj,i.i»pi9.¡<il^,üinanvfi?íí oft,wanioúfe3;J)tíbHGdatf/-+(cí&irfw 

Don Carlos Walker tuvo conocimiento del triíahtópwla.iai- 
.4ii^í^jd^:!W^ipoUti(2iQ ígf^gwajistfl, qoe.sto.lQicbméoioó ed/l su 
.fn^% ^^apjt^.f^dJfli eí9f>aD¡^ÍQti 'd«l>&fltiovPJK^iel<»baliéjK)n}ioI¡>- 
;3iti^y¡^ t^i|i bÁmil4$í aeiuas: ^;0^«q, 'K|Uiei tJ'J6>*Bn>ÍD»nifl|t]íoIjchilcílijb 

se apresuró a firmar el tratado de 1 874, cediendo enl áI]^uiio 



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- 388 — 



XIV. 



Ahora bien, ¿cómo pudo ocurrir que uo llega- 
sen hasta los oidos del gobierno de piedra de la 
Moneda los rumores siniestros de aquella alianza 
que obligaba a un representante del país a preci- 
pitar Í3u acción diplomática en asunto tan espinoso 
como él que el señor Walker tenia entonces en- 
tre manos? ¿O no se leen ni se estudian las notas 
de nuestros diplomáticos? I si éstas se desdeñan 
¿no ocurren siquiera, por via de entretenimiento, 
los hombres graves que guian a la nación en sus 
destinos, a los libros impresos i distribuidos gra- 
tis en que sus emisarios cuentan al país i al go- 
bierno misino el fruto de sus esfuerzos? 

Tftl ha debido suceder al menos durante la ad- 

puntos de poca monta i especialmente en la supresión de la me- 
diaueria. 

Guando al dia siguiente de la revelación el señor Walker fué 
a la covachuela del ministro Baptísta a provocar la solución del 
tratado de 1874, encontróse allí, con el ministro del Perú don 
Aníbal Víctor de la Torre (actualmente ministro en Buenos Ai- 
res) quien, por su parte, iba a urjir por el envió del pacto secre- 
to a ésa ciudad. 

Mas tarde el ministro Baptista mostró a nuestro plenipoten- 
ciario algunas cartas sumamente belicosas i malquerientes para 
Chile del presidente Pardo al presidente Ballivian. — La guerra 
estaba por tanto colgada de un cabello, como la Quintrala^ des- 
de 1874. 



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— 389 — 

ministracion actual en cuyos días de luna de miel 
i de agua de rosa, dio a luz el ex-ministro de Chile 
en Solivia sus importantes revelaciones. 

XV. 

Mas, si no era cuestión de hacer caso de lo que 
el señor Walker Martínez habia escrito, porque 
era en su patria miembro militante del partido 
conservador, o por causas de otra índole, ¿por qué 
no se despertaba ni siquiera la misma vulgar 
preocupación cuando el anuncio confirmatorio i 
reagravado venia dos años mas tarde de horizon- 
te mui diverso?— «¿Ignora acaso Chile, escribía 
en efecto desde Buenos Aires el diarista don Ma- 
nuel Bilbao al ministro don Miguel Luis Amuná- 
tegui, el cinco de octubre de 1877, ignoran acaso 
en Chile él tratado que quedh 'pendiente en tiempo 
de Pardof (1) 

Pero todo eso habia sido dar voces de alarma 
en medio del océano, sin que se hubiera encon- 

(1) M. B1LBA.0. — Ctiestion chileno-arjentino, — Buenos Aires 
1878, piy. 27. 

Se ha dicho también que el señor Guillermo Blest, enviado de 
Chile en Buenos Aires, tuvo noticia positiva del tratado i aun 
presenció parte de la discusión en el Senado. Según otros, fué 
un ájente brasilero el que logró imponerse de lo ocurrido, me- 
diante este ardida Ignoramos el grado de veracidad que esto ten- 
ga, así como las revelaciones que se dice hizo oportunamente el 
señor Oodoy desde Lima. Nosotros nos atenemos únicamente a 
los hechos públicos i publicados. 



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- 390 — 

trado entre los. felices de pq,l^cio una sola pr^ví- 
visioB, una gola.yyilia, una desconfianza l^ye> una 
interrogación siquiera por qnxi nota o por el telé- 
grafo que habria bastado para destruir toda hu- 
mana sordera entre los países coaligados contra 
nuestra seguridad i nuestra honra, pared de por 
medio con nuestra propia casa. 

Á la verdad, que el gobierno de Chile, a la ma- 
nera de lo que suele suceder en ciertos casamien- 
tos, fué el último en conocer la triste realidad de 
su apatía i cortedad de vista, porque vino a con- 
vencerse de que el cuerpo del delito existia solo 
cuando plugo al enviado Lavalle sacarlo de su 
maleta i llevarlo a la ]\^oneda como ^n recado 
fiambre de las monjas. 

La, nueva llegaba, en efecto^ desde lo^s primQros 
movimientos de la lucha diplomática con .Bolivia, 
por todos los rumbos del compás. — ^ Toma con- 
sistencia, decia w¿ >i^ei*úíó«i% >de ñoticittB' ípíutílíaádo 
en El Ferrocarril del cuatro de febrero' tiélS^dj 
toma, cohsistencia el rumor de que el í;pDiern,o 

flpestw lía'ci^n^- ll^gksé a tbínft^-péséstófl^'ctelíiítíji^ 
tal' 'bóliVíarib' a b'oiifíéeuériciá'ae raá' /•é^átíi'acidttés 

'. '.'i.í-Y*' "'!"■'' ■'■".1 :í' •': '"'I >^']'' ^ •/" '■rnívl m'-'mp -'.JcÍí •\n[\w 

pendientes». i . , ; . ;i ,;., .1 , ; ^n\ 



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— 391 — 

I cíiatro días mas tarde, el mismo diario, réjis- 
trando un telegraína traido a Caldera por el va- 
por dLimeña)), se espresaba en estos términos res- 
pecto de la prensa boliviana de Antofagasta: «La 
presa local no publica mas que lo que es favora- 
ble a Bolivia, nada de Chile, i llega hasta mostrar 
su contento por las relaciones en que está con el 
Perm. \ • 

La notoriedad del hecho gravitaba de tal iliodo 
en la atmósfera respirable i en su peso, que sti 
densidad sentíase a la vez en todas partes, como 
los olores pútridos, menos en los atrofiados pul- 
mones del gobierno. —<í Aquí se me asegura, escri- 
bia, en efecto, el comandante López del Blanco > 
Encalada- al coronel Sotomayor desde Tocopilla, 
a donde llegara seis dias después de la ocupación 
militar de Antofagasta, aquí se me asegura que la 
enerjia desplegada por.el gobierno de Bolivia es a 
consecuencia de que cuentan con el apoyo del Ferü^. 

Esto decia confidencialmente el comandante 
de uno de nuestros acorazados el 21 de febrero 
i al dia siguiente, La Patria da Valparaíso, sin la 
menor atinjencia a aquella comunicación, publi- 
caba el siguienter suelto quó era la confirmación 
mas palmaria ño solo de cnanto' se -sospechaba 
sino de cuaijto liabia sucedido: «La misióu del 
ministro .Ij^oliviano don Seragip Eeyes Ortiz, lle- 
gado últimamente a Líma^ tenia por objeto, se- 
gún telegramas recibido;-; por el gobieimo, kxijir 



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— 392 — 

el cumplimiento de un tratado secreto de alianza 
entre el Perú i Solivia contra Chile, firmado en 
tiempo de la administración de don Manuel Par- 
dos (1). 

XVII. 

Pero ni siquiera el viaje precipitado i violento 
del primer ministro de Daza i la personalidad 
mas mañosa de su gabinete, don Serapio Beyes 

(1) No es poco singular la mauera cómo el ministro Irigóyen 
afirma en su manifiesto del 1.^ de mayo, su proposición de haber 
comunicado en Lima a última hora al ministro de Chile, señor 
Godoy, el tratado secreto: 

cDe otro lado, dice aquel diplomático, el gobierno de Chile 
tuvo conocimiento oficial de su existencia desde que principió 
la cuestión con Bolivia, porque el presidente de la República i 
el infrascrito^ comunicaron al señor Godoy sus principales esti- 
pulaciones, que lejos de embarazar, apoyaban i justificaban la 
acción mediadora i amistosa que el Perú habia desarrollado pa- 
ra evitar la guerra entre dos Repúblicas amigas i la realización 
de las emerjencias que dariau márjen a la efectividad de la aliaazn 
convenida]^. 

Ademas, desde principios de marzo era un hecho público i 
corriente en Valparaíso, que el jeneral Prado había escrito una 
carta al joven banquero don Agustín Edwards, asegurándole que 
si Chile desocupaba a Antofagasta no kabria tratado capaz de 
hacerlo entrar en guerra con Chile. 

La Patria de Valparaíso, que era en aquel tiempq el diario 
mejor informado del país, volvia a decir el 1.* de marzo. — aEs 
efectivo que existe una alianza entre Prado i Bolivia para obrar 
contra Chile». 



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Ortiz, fué parte á despertar la soñolienta malicia 
del gobierno de Chile, porque cuando el senador 
Montt, ya a fines de marzo (el 24) preguntó por 
la existencia o no existencia de aquel pacto, las 
poltronas ministeriales del Senado manifestaron 
su profunda ignorancia en el particular, inclinán- 
dose evidentemente a la incredulidad. 

Sin embargo, tan cierto, claro i evidente era lo 
último, que el 6 de febrero el presidente Daza es- 
cribia a su prefecto Zapata en Antofagasta que 
el viaje de su primer ministro i consejero tenia 
esclusivamente aquel objeto, debiendo dirijirse 
desde Lima al Litoral, con el tratado en el bol- 
sillo, para hacer mofa de nuestro poder i hasta de 
nuestros blindados.— «El ministro Reyes Ortiz, 
decia el dictador a su procónsul en esa carta, mar- 
cha a Lima dentro de dos dias a ponerse de aaaer* 
do con el gobierno del Perú, a fin de que Chile 
en caso de agresión tenga un enemigo a quien 
respetar, i arrie bandera como lo ha hecho con la 
Arjentina. Debe pasar igualmente a ese Litoral, i 
él te espresará las órdenes e instrucciones que por 
escrito se le han dadoi> (1). 

(1) Pertenece este párrafo al testo de la carta orijinal del 
presidente Daza, de que habíamos liablado en un capítulo an- 
terior al publicar, a título de simple curiosidad, la aprócrifa que 
se le atribuía. 

£1 señor coronel E. Sotomayor nos ha facilitado copia autén- 
tica de la verdadera, i ésta es la que aparece como anexo al pre- 
sente capitulo. 

HIST. DE LA o. DE T. 50 



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— 394 — 
XVII. 

Tales habían sido los medios directos o de in- 
ducción positiva que el gobierno del presidente 
Pinto habia tenido al alcance de su mano i de su 
oido para cerciorarse de una conjuración antigua 
que amenazaba en su fondo mismo la existencia 
dé la República. 

Mas, no serian esos únicamente los caminos se- 
ñalados a la mas mediana perspicacia, porque al 
propio tiempo que pactábamos por la décima o 
vijésima vez con Bolivia, proponiéndole el arbi- 
traje de enero, tenian lugar sucesos públicos que 
exhibían en su verdadera luz la actitud de ínti- 
mos i resueltos aliados que entre sí guardaban 
desde aquel mismo mes los enemigos descubier- 
tos de la República. 

De eso habremos de ocuparnos en seguida. 



ANEXOS AL CAPITULO XIIL 

CARTA QUE EL PRESIOENTE DAZ.V ESCRIBIÓ AL PUEFEUTO ZAPATA 

ANUNCIÁNDOLE EL ENVIÓ DEL MINISTRO REYES OUTIZ A LIMA PARA 

SOLICITAR EL CUMPLIMIENTO DEL TRATADO SECRETO DE 1873. 

Señor coronel don Severino Zapata. 

La Paz, febrero 6 de 1879. 
Querido amigo: 

<TeDgo tas dos cartas del 26 del pasado que me es grato con- 
testar. 



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— «06 — 

>Tu eaerjía i recfcihud en cumplimiento de las órdenes supre- 
mas me satisface, pues veo corresponderás con dignidad al ho- 
nor nacional. No me cansaré de repetirte que tú tienes que ser 
el representante de la actitud del gobierno, i que como tal no 
cederás un solo paso. 

^Para probar a Chile que nosotros ob^amoa con la justicia 
que nos acompaña i que no nos atemorizamos de sus amenazas 
con el Blanco Encalada, en consejo de gabinete se ha anulado 
el contrato sobre las salitreras con la casa inglesa para tener 
libertad de esplotar por cuenta del gobierno, ó^riTtendarlas con- 
forme mejor convenga a los intereses del país. 

^Espero que cumplas a este respecto las órdenes que se te 
comunican por el ministro de Hacienda. 

i^lieservado. — El ministio Hejes Ortiz marcha a Lima den- 
tro de dos dias a ponerse de acuerdo con el gobierno del Perú, 
a fin de que Chile, en caso de agresión, tenga un enemigo a 
quien respetar, i arríe banderas como lo ha hecho con la 4-rjen- 
tina. Debe igualmente pasar a ese Litoral i él te espresará las 
órdenes e instrucciones que por esmto se le han dado. 

3>Me alegro que haya llegado Canseco para que te ayude en 
la conservación del orden público i sostenimiento de la digni- 
dad nacional, i te autorizo i prevengo para que no admitas en 
ese departmento a cualquiera que lo creas sospechoso, bien sea 
contra el gobierno o en esta cuestión con Chile. 

lEl país i las naciones limítrofes tienen fija I3 vista en tu 
actitud, i es preciso qne sepas corresponder, como lo estás ha- 
ciendo, al honor boliviano jamas mancillado. 

Consérvate bueno i re'pútame siempre tu amigo. 

H. Dazai>, 



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CAPITULO XIV. 



los partidos políticos en el perú, 
(prado dictador i montero pretendiente). 

Relaciones del Alto i Bajo Perú desde la independencia. — Las siete agre- 
siones recíprocas de los dos paises. — Situación hostil en 1878 con motiyo 
del desahucio del tratado de comercio vijente por parte de Bolivia. — El 
ministrólas Soldán aconseja, en un folleto publicaao en junio de ese afio, 
las hostilidades, i trasa el plan de campaña contra Boiiria. — Encargo de 
armas por el presidente Daza. — Celébrase el nueyo tratado, i éste es re- 
tirado del Congreso peruano. — El presidente Daza se resiste a recibir 
como ministro plenipotenciario al doctor Quiñones, ez-pref ecto de Puno, 
acusándolo de complicidad con el doctor Corral. — Súbito cambio que 
ocurre en esta situación desde que aparece Chile resistiendo el impues- 
to de Antofa^sta. — Se aprueba el tratado de comercio en sesión secre- 
ta. — El ex-prefecto Quiñones es recibido con pomposa fraternidad en 
La Pai^ — Cómicos incidentes que con ese motivo tuvieron lugar. — In- 
sinuaciones anteriores del jeneral Prado al ministro de Estados Unidos 
para cambiar el rumbo del comercio con Chile hacia a()uel país. — Nota 
del ministro Gibbs. — Nulidad de las razones internacionales alegadas 
por el Perú para resistir la acción de Chile en Antof agasta. — Reseña de 
las invasiones del Perú en Bolivia i el Ecuador, consumadas sin que el 
gobierno de Chile hubiera protestado. — Diñcultades de otro j enero que, 
ademas de su situación financiera, aconsejaban al Perú la neutralidad. — 
£1 oontra-almirante Montero lanza su candidatura a la presidencia como 
caudillo del partido civilista. — Su manifiesto i sus rivales. — «El Estado 
Mayor de Alejandro». — Los civilistas se organizan como partido mili- 
tante. — Gran reunión el 14 de febrero en el claustro de Santo Domingo. 
— El caudillo Piérola se embarca enLiveipool para Chile a consecuencia 
de los atropellos de que fuera víctima su esposa en Lima. — El gobier- 
no del Perú solicita la conservación de las facultades estraordmarias 
antes de la disolución del Congreso. — La vida del presidente Prado 
amenazada. —Curiosas revelaoiones de uno de sus edecanes. — La alevosía 
del Perú puesta de manifiesto por el ministro Quiñones en La Paz. — 
Nota a este respecto del señor Yidela al gobierno de Chile. 

¡VIVA BOU VIA ¡VIVA EL PERÚ! 

((Precisamente en los momentos en que se 
hacia con toda solemnidad por el gobierno la 



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— 897 — 

reoepcion del Excmo, sefior Ministro Plenipo- 
tenciario i Enviado Estraordinario del Perú, 
doctor don Jesé Luis Quiñones, se han recibi- 
do los telegramas que anuncian haberse apro- 
bado por las Cámaras del Perú el tratado de 
comercio. 

:d£s el triunfo del buen sentido de dos pue- 
blos hermanos; un vínculo ma$ de Uu relacio- 
nes intimas que la naturaleza ha creado i que la 
política fortalece, 

^La unión del Perú i de Solivia tiene fecunda 
significación en la política americana^ respecto a 
la armonía i al equilibrio de las naciones que 
produjo la independencia, 
2>E1 gobierno nacional se felicita i da el para- 
bien a toda la República por la pacífica solu- 
ción de tan especiado problema». 

(Suplemento oficial repartido en La Paz el 2 
de febrero de 1879). 



I. 



Si fdera dable acumular al presente un libro 
histórico que hemos compuesto i dado reciente- 
mente a la estampa, si bien de una manera frag- 
mentaria, con el título de «BoliviaD, veríamos 
desfilar en esas pajinas no menos de siete inva- 
siones i guerras recíprocas emprendidas por pe- 
ruanos i bolivianos, los unos contra los otros, 
quichas i aimarás, en el espacio de los cincuenta 
años que corrieron desde la independencia de 
ambos paises, debida la última a estranjeras ar- 
mas. 

Gamarra, solo por su cuenta, invadió dos veces 
aBolivia (Piquiza e Ingavi), i fué agredido otras 
tantas en el Perú; Santa Cruz sentóse, a su vez, 
en el solio de los vireyes, empapándolo antes con 
sangre peruana (Yanacocha i Socabaya), mientras 



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— Bos- 
que Castilla i Linares (1867-60) vivieron en per- 
petuo reto, apoderándose el último violentamente 
de Cobija en 1859. La postrera de estas invíiisio- 
nes, intermitentes como las tercianas, había des- 
cendido de Bolivia en marzo de 1870, ocupando 
el jeneral Antezana la provincia peruana de Huan- 
cané con espantosos crímenes. 



11. 



Cesaban esas guerras periódicas, que en el fon- 
do eran mas de tribus que de nacienes, cada vez 
que aparecia un tercero en la demanda, como 
ocurrió en Yungai. Pero el ardimiento de sus na- 
turales enconos no se habia amortiguado del todo 
en la época a que este libro se refiere, no obstan- 
te tratados de alianza que se mantenían secretos 
i aun olvidados. 

Todo lo contrario de eso sucedía, i con motivo 
del desahucio del tratado de comercio celebrado 
en tiempo de Melgai^jo, con plazo de diez años, 
surjieron entre los dos países las mas acervas re- 
criminaciones en 1878. Un estadista peruano (el 
señor Paz Soldán) llegó hasta a amenazar con 
inmediata guerra a los bolivianos si no se ren- 
dían en sus pactos a la voluntad i a la omni- 
potencia del Perú. Con este fin aquel escritor 
influyente publicó un folleto en el mes de junio 
de 1878, en el cual trazaba con mano poderosa 



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— 399 — 

el plan de campaña que con tal enerjencia debie- 
ra desarrollar el Perú, ocupando a Cobija, a Tac- 
na i a Puno, sin internarse por esto en las tierras 
bolivianas, movimiento peligroso. 

Háse asegurado que por parte de Solivia coin- 
cidió con estas amenazas el encargo de mil qui- 
nientos rifles Rémington hecho por el gobierno 
del jeneral Daza <tcoptra el PeruD. Personas au- 
torizadas del alto comercio de Cobija han dado fé 
de esa declaración oida al presidente de Bolivia, 
ufano siempre i baladron. Pero es lo cierto que 
los fusiles llegaron dentro del término pedido, 
cuando reinaba paz con Chile, i fueron desembar- 
cados en Moliendo en enero de 1879 (1). 



IIL 



Hubo corta tregua a las desavenencias, porque 
los plenipotenciarios nombrados por ambos paí- 
ses, en virtud del desahucio comercial, lograron 
ponerse de acuerdo sobre un nuevo tratado que fué 
firmado en Lima el 15 de octubre de 1878. 

Para llevarlo a cabo en su ejecución, i antes de 

(1) Se dijo que estos fusiles estaban deteaidos en Valparaíso 
en la casa de Rose Iones por falta de pago. Pero que habiendo 
arreglado este negocio con su garantía, cuando estuvo en Chile 
por noviembre de 1878, el caballero capitalista boliviano don 
Aniceto Airee, las armas fueron despachada^ por vapor a Mo^ 
Ilendo. 



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— 400 — 

obtener la sanción del Congreso, el gobierno del 
jeneral Prado despachó a La Paz como Enviado 
Estraordinario i Ministro Plenipotenciario al doc- 
tor don Luis Quiñones, prefecto de Puno a la sa- 
zón, hombre violento, enemigo de los civilistas i 
cuya deposición habian solicitado éstos como pren- 
da de avenimiento con la administración. Las 
credenciales del ministro Quiñones tienen fecha 
de 23 de octubre de 1879, esto es, una semana 
después de haber sido firmado el nuevo tratado 
de comercio. 



IV. 



Mas, reunido para su aprobación i otros impor- 
tantes negocios de estado el Congreso peruano, 
comenzaron a soplar vientos adversos a la paz i 
al tratado. Era el principal escollo de éste una 
provisión por la cual, se creaba un derecho de 
cincuenta centavos por arroba a los aguardientes 
peruanos de Moquegua, que, junto con la cerveza 
de Valdivia, i la nativa chicha, mascada a diente 
como en la Araucania, ayudan a mantener en 
perpetuo estado de ebriedad a las indiadas de la 
Altiplanicie. Los diputados peruanos que repre- 
sentaban los departamentos del sur, combatieron 
con tanta eficacia el tratado por gse capítulo, que 
en los primeros dias de enero de 1879 anunciá- 
base en Chile como un hecho positivo que el go- 



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— 401 — 

bierno habia coaaeatido en retíi^ar el testo del 
convenio de la discusión (1). 

Añadíase a esto que el presidente Daza r negá- 
base, por su parte, a recibir al enviado Quiñones, 
a quien acusaba de complicidad con el caudillo 
Corral, aislado por aquel tiempo en Puno, don- 
de maquinaba b» luz descubierta contra el usurpa- 
dor. Esplica esta circunstancia el l^echo de que 
habiendo recibido sus instrucciones el enviado 
Quiñones a fines de octubre en Puno^ no fie abría 
camino hasta la ciudad vecina, asiento del gobier- 
no boliviano, lago de por medio, ^no en las posf-^ 
trimerias de enero (2). 

La situación de los dos gobiernos, cuando sur-t 

(1) Telegrama de Caldera puiblícado en El Ferroeurril del 1.^ 
de enero de 1879. - í 

'(2) Hé aquí como El Ciudadanoy periódico de, Paño, explicaba 
e»te conflicto:-^ «En la capital, donde se dan por mejor epterados 
de los secretos de Cancillería, revelan que él gabinete boliviano 
opone dificultades a la recepción del doctor Quiñones, como re- 
presentante del Perú, cuyo nombramiento no se le ha consulta- 
do, según está en los buenos usos dó la diplomacia; i parece, 
ademas, qne el jeneral Daza se atraviesa directamento en el 
asunto, fundándose en antecedentes públicos sobre intelijencias 
políticas de Quiñones con Corral, encaminadas a favorecer las 
pvetdasípaes presidenciales de éste. Añádese, que, persiatie^do el 
íeqeiíal Prado en sostener, como cuestión de bppra nacional, el 
nombramiento recaído en nuestro anterior prefecto, se ha veni- 
do a término de conciliación, sacrificándose al doctpr Qorral en 
aras del doctor Quiñones, pai-a no añadir un nuevo conflicto a 
los no pocos que en el horizonte se dibujan^. 

HLST. DJB LA C. DK T. 51 



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— 402 — 



jia entre Chile i Bolivia el incidente del salitre, 
no podia, por tanto, ser mas delicada, reagraván- 
dola el arribo de un cargamento de armas que 
coincidió con aquellos desabrimientos. 



Pero hé aquí quede improviso i a fines dé eoe-^ 
ro, el Congreso toma en consideración el nego- 
ciado de comercio, ya virtualmente repudiado, i 
en dos o tres sesiones lo aprueba, no sin alguQ de-r 
bat^ probablemente, pero con notable mayoría. 

El tratado fué sometido, a la deliberación del 
Congreso en sesiones secretas el 26 de enero, fe- 
cha que coincidia con los apremios mas violentos 
del embargo de Autofagasta, i días después apa- 
recía aprobado en todas sus partes, así como uix 
protocolo anexo, i sin modificar uno solo de sus 
artículos ni quitar una tilde a su redacción (1). 

(1) Hé aquí el telegrama en que se anuació este suceso i que 
eucpntramos publicadqeu El Caracolino del 1.® de enero de 1879: 

VICB-CONSULADO DS BOLIVIA, 

Aricay enero 29 de 1879. 
Seftor prefecto: 

«Acabo de recibir un telegrama para el señor cóneul jeneral 
de Tacna que hace el doctor Flores en Lima i dice lo siguiente: 
>Tratado aprobado anoche. — Flores.'» 
Suyo A. S. B. 

Pedro Abmrez. 

La tcnscripcion oficial del acuerdo del Congreso peruano es* 



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— 403 — 

I al propio tiempo que sucedia esto en Lima, 
el presidente de Bolivia abria de par en par las 
puertas de su palacio techado de totora, (desde el 
incendio político de 1874 que dejó en pié solo los 
muros de la casa de gobierno de La Paz) recibien- 
do al doctor Quiñones como <rla persona mas 
dignan) i en medio de trasportes inusitados i entré 
pompas nunca vistas de plumas i cerveza, a que, 
en pasajes anteriores de este libro hemos aludicío. 

taba couoebida en los términoB mguieutes: 

Linüiy enero 26 de 1879. 
Exmo. señor: 

«El Congreso, en ejercicio de la atribncion 16 del artículo 59, 
títulos.^ de la Constitución, h^ aprobado el tratado de aduanas 
ajustado entre la República del Perú i la de Bolivia i firmado 
^ esta ciudad por las plBnip.oteaciaTÍo3 respectivp^ ^l^^ de 
octubre de 1878, i el protocolo anexo que en parte lo rnodifica, 
firmado igualmente en esta ciudad por los mismos plenipoléíi- 
ciarios el 1 1 de enero de 1879. 

»Lo comunicamos a Y. E. para su conocimiento i demás fiues. 
Dios guarde a V, E. 

Camilo If. Carrillo^ pt-esídente del Congreso.— ^awí^^Z Md^Ui 
del Valle, secretario del Gongteso.^^Pederico Luna, secretnrio 
del Congreso.» 

Al Exmo. señor presidente de la República. 

Lima, enero 29 de 1879. 

Cúmplase, comuniqúese, rejístrese i publíquese. — Búbrica de 

S. E. 

TiuaóTEN. 



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— 404 — 

Hízose en aquella ocasión lujo de afratemi- 
dadD, de ¿comunidad de oríjeni> i de afinidades mil, 
en los discursos cambiados bajo la totora, llegando 
el ministro peruano hasta esclaniar en su efusión: 
— ((¡Hai vínculos que Dios bendice i que ningún 
poder humano puede romper!» 

El presidente Daza aludió, por su parte, de una 
manera manifiesta i casi insolente a la política 
internacional de Chile, espresando que tanto su 
administraeion como la del Perú estaban dispues- 
tas a separarse de la política seguida por otros go- 
biernos que se proponían sembrar desconfianzas i 
recelos. .. (1) 



VI 



Ocurrió también bajo el dosel de carmesí i de 
esparto del presidente de Bolivia, cuyo morrión 
de penacho tricolor lucia aquella mañana con 



(1) En los anexos del presente capítulo se encontrarán \o% 
diqoarsos íntegros c^m]^iados en la recepción de La Paz. 

Regístrase también en esa sección de este libro una cariosa 
comunicación del ministro de Estados Unidos en Lima, fecha 
25 de junio de 1878, en que se descubre un plan bien calculado 
de hostilidad comercial a Chile (como el que Santa Cruz había 
puesto en ejecución en 183.5) i que parecía ser aceptado con en- 
tusiasmo por el gobierno del Perú. Esa comunicación fué publi- 
cada en Lima el 1.*^ de febrero de 1879, coincidiendo con la 
aprobación del tratado boliviano. El Diario Oficial de Chile la 
reprodujo de El Peruano el 2 1 de aquel mes. 



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— 405 — 

particular donaire, una verdadera escena de co- 
media, preparada tal vez entre bastidores por el 
antiguo chulo chuquisaqueño, aficionado a entre- 
meses i que tenia muchas mas dotes físicas i mo- 
rales para torero i para histrión que para manda- 
tario superior de un pueblo. 

Hé aquí, en efecto, cómo un diario de Lima 
del 18 de febrero cuenta el lance que interrumpió 
entre festivos abrazos, precursores de la copa, la' 
solemnidad del acto diplomático. — (rEn los mo- 
mentos en que pronunciaba su discurso el señor 
Quiñones, presentóse en el salón de recepciones 
un edecán del presidente Daza, i entregó a éste 
un despacho. 

5) El jcneral Daza lo leyó, e interrumpiendo al 
señor Quiñones se dirijió hacia él con los brazos 
abiertos diciéndole: 

— dSíy el Perú i Solivia son i serán siempre dos 
pueblos hermanos! 

dEI ministro peruano, como todas las personas 
que asistían a la recepción, se miraban asombra- 
das, sin poder esplicarse la causa del efusivo 
arranque del presidente Da^. 

DEste lo esplicó bien pronto. 

— T>Acaho de recibir^ dijo^ un despacho en el 
que se me comunica que el Congreso del Perú ha 
aprobado el tratado aduanero con Boliviai>. 



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— 406 — 



VII. 



No habrá de necesitarse escesivo gasto de inje- 
nio para darse cuenta de los móviles secretos que 
hablan servido para cambiar en el curso de unos 
pocos dias la actitud reservada i casi agresiva de 
los dos gobiernos del Alto i Bajo Pero, porque 
era evidente que el súbito acomodo habia nacido 
del salitre i sus influencias, omnipotentes en Li- 
ma como monopolio i en La Paz como gavela. 

Era la tercera o cuarta vez que en la ajitada 
historia de aquellos dos países, la presencia i la 
acción de Chile servíales a ambos de verdadero 
contra-veneno, reaccionándose con señalado vigor 
i arrojando » un lado sus querellas casi domésti- 
cas para salir ambos de consuno i de atajo al 
país que, sin nías motivo que haberles tendido en 
tres ocasiones mano de amigo i de libertador, 
aborrecían. 

VIH. 

No se descubría, entretanto, en medio de la 
miel de los requiebros diplomáticos i de las con- 
cesiones comerciales otorgadas a última hora por 
los peruanos a Bolivia, país acostumbrado a pa- 
garles tributo de feudo permanente, ningún im- 
pulso serio de alta política o de mediocre conve- 



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— 407 — 

nrencia capaz de arrastrar a los primeros a poner- 
se del lado de su mas artero vecino en una cues- 
tión puramente doméstica como la que Bolivia 
sustentaba con Chile. 



IX. 



Carecía también el Perú de todo antecedente 
histórico en aquel particular negocio internacio- 
nal, i aun para su justificación como tercero i co- 
mo intruso en una cuestión de fronteras, i aun 
considerada la querella de Chile como asunto te- 
rritorial, dado el caso que el rechazo del impuesto 
boliviano sobre Antofagasta hubiese tenido al 
principio tal carácter. Porque en todas ocasiones 
el Perú habia sido completamente dueño de su 
acción diplomática i aun de su poder militar con- 
tra sus inmediatos vecinos, sin que jamas Chile 
hubiérase creido autorizado a tomar parte en sus 
planes de ambición, escepto cuando éstos se desa- 
rrollaron brutalmente en contra suya, como suce- 
dió después de Yanacocha (1835). 

Pero cada vez que el Pera habia asaltado a sus 
colindantes, fuera por miras de su política in- 
terna, como eñ Piquiza en que humilló a Bolivia, 
(1827), fuera por propósito de anexión, como en 
Tarqui, donde fueron sus armas humilladas por 
los colombianes (1829), fuera en fin, por el mero 
capricho de invadir i de usurpar como el que tu- 



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— 408 — 

vo Castilla en Mapasingue, encerrando al presi- 
dente Franco en Guayaquil (1860), es lo cierto 
que en ninguna de esas graves coyunturas ni 
protestó Chile, ni siquiera murmuró, sino que de- 
jó hacer, sin cuidarse de doctrinas de equilibrios 
que en la América del Sur, hija del desierto, no 
tienen razón de ser, i constituyen, por lo tanto, 
no copias sino plajios, de lo que en el viejo con- 
tinente pasa. 



X. 



De suerte que cuando el Perú instigaba secre- 
tamente a Bolivia para alzar la mano del despojo 
contra Chile, hacia no solo el papel de cobarde i 
encubierto envidioso enemigo, cegado por odio 
insensato e irreflexivo, sino que hacia en realidad 
acto de suicida. 

A las innumerables razones de delicadeza in- 
ternacional, de deber i de respeto para consigo 
misma, considerada como nación constituida en 
mora ante sus acreedores, situación dolorosa que 
prolijamente hemos recorrido en el capítulo ante- 
rior a fin de poner en trasparencia la locura ma- 
nifiesta (a mas de la sin razón de derecho i de 
historia que acabamos de recordar) con que el 
gobierno del Perú lanzábase desatentado a la 
guerra, militaban juntamente motivos tan vitales 
de conservación política i de orden interno, que 



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— 409 



Bolo pudieron ser desconocidos por la ceguedad 
que el resentimiento derrama, como la bilis en el 
hígado, en los corazones i en los ojos de los hom- 
bres. 



XL 



Postrada, en efecto, por aleve disparo de rifle 
el 16 de noviembre de 1878 la cabeza mas alta 
del Perú como pensamiento i como acción, i pri- 
vado el poderoso partido que a su sombra ha- 
bla nacido del caudillo que acostumbraba seguir, 
surjian desde su propio féretro, llevado con gran 
pompa popular a su último descanso, las inquietas 
ambiciones de sus lugar-tenientes. Como de ordi- 
nario, era el mas impaciente i el mas audaz entre 
éstos don Lizardo Montero, elevado por el difun- 
to caudillo al jeneralato de marina en las alturas 
en que fué debelado el pretendiente Piérola en 
1874. 

En los primeros dias de enero de 1879, el con- 
tra-almirante Montero presentaba, en efecto, su 
candidatura en una circular dirijida a sus amigos 
políticos, espresando que no podia mantenerse ni 
desarmado ni indiferente «al contemplar después 
de tan negro dia (el dia del asesinato de don Ma- 
nuel Pardo) el terrible naufrajio que nos amena- 
zaban). . . — «No se debe, agregaba el pretendiente, 
que no era ciertamente el único aspirante a rem- 

HIST. DE LA C. DK T. 52 



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— 410 — 

plazar al jefe caido, pues albergabaa análoga am- 
bición el presidente del Senado Riva-Agüero, el 
doctor Rosas i otros muchos, no se debe a seme- 
janza del estado mayor de Alejandro, pretender 
repartirse el imperio de la opinión a una clase 
social esclusiva i determinadas (1). 

El peligro de una conflagración inmediata por 
ese lado era evidente desde que comenzaba a so- 
plar el fuego de la hoguera un hombre tan inquie- 
to i tan animoso como Montero, candidato a la 
presidencia de la República en la última lucha 
electoral (1876). 

XII. 

Los civilistas, en efecto, aunque reconciliados 
superficialmente con el presidente Prado, en vir- 
tud de ciertas negociaciones íntimas a que no fué 
estraño desde Chile el autor de este libro i que 
constan de publicaciones de esa época, armábanse 
en son A¡d guerra, i el 14 de febrero de 1879, esto 
es, en el mismo dia en que era ocupado militar- 
mente Antofagasta, reuníanse sus hombres mas 
señalados hasta el número de doscientos en el 
claustro de Santo Domingo de Lima, para darse 
una organización militante en la campaña. Fue- 

(1) Circular del coutra-almirante Montero publicada enJS/ 
FeíTocarril de Santiago el 5 de febrero de 1879. 



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— 411 — 

ron ese dia, en consecuencia, elejidos decenviros 
del partido, entre muchos otros ciudadanos que 
en Chile son desconocidos, los señores Riva- 
Agüero, Rosas, Montero, los jenerales Freiré i 
Diez Canseco (don Francisco) i los tres capitanes 
de navio de mas nota en el Perú, Grau; García i 
Garcia i Carrillo. Como en aquel país la mar sue- 
le entrarse en dias de teiTcmoto hasta muí aden- 
tro de sus valles i de sus ciudades, los marinos, 
por derecho de accesión, tienen siempre parte prin- 
cipal en las deliberaciones i trastornos de la vida 
política del pueblo. 



XI. 



Pero no serian únicamente los partidarios de 
César asesinado en el pórtico del Senado los que 
en aquella grave ocasión se alistaban para ajitar 
las enti^añas de suyo recalentadas por la fiebre 
del desgraciado país vecino i ribereño. El caudillo 
Piérola, cuya animosa esposa, nieta del emperador 
de Méjico, Agustín I, habia sido arrastrada a la 
cárcel entré sayones i cubierta de ultrajes viles 
como presunta amparadora de asesinos, con mo- 
tivo de la muerte del ex-presidente Pardo, al te- 
ner en Europa, donde a la sazón conspiraba para 
emprender una tercera cruzada, después de la del 
Talismán i la del ffttáscar, noticia de lo ocurrido, 
hízose a la mar desde Liverpool con rumbo a Val- 



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~ 412 — 

paraíso el 11 de enero de 1879, resuelto a castigar 
con una nueva intentona las ofensas que su ho- 
gar habia recibido (1). 

XIV. 

Lucia, por consiguiente, una tea mas en el ho- 
rizonte, i su resplandor siniestro inundaba los 
aposentos del palacio histórico en que don Fran- 
cisco Pizarro rindió la vida sobre una cruz traza- 
da con su propia daga, cuando aquel país de in- 
sensatos comenzó a clamorear guerra contra Chile, 
entrometiéndose en contienda esclusivamente do- 
méstica. 

A la verdad, el gobierno mismo del Perú, cuya 

(1) El Pera se hallaba en efecto a fines de 1879 sobre un 
volcan del cual el asesinato de Pardo había sido solo la primera 
llamarada, divisada a la distancia. Hé aquí lo que escribía en 
efecto uno de los edecanes del presidente Prado (el comandan- 
te don Timoteo Smith, que le acompañó mas tarde a Arica) a 
un amigo suyo del interior del Perú, cuya carta orijinal fechada 
en Lima el 25 de noviembre de 1878 tenemos a la vista i dice 
así: 

«La muerte de este hombre (Pardo) es la mayor desgra- 
cia que podia haber acontecido a nuestro pais. Dios quiera que 
no nos venga la anarquía a devorarnos. Diaríainente recibe el 
presidente anónimos emenazdndole la vida; pero felizmente el 
jeneral Prado es m\ii valiente i no se alarma fácilmente. Sin 
embargo j ha tomado toda clase de precauciones. 

itPiérola está aun en Pains. No sé que hará cu indo sepa que 
su mujer está en la cárcel i no lejos de ser sentenciada a la pe- 
nitenciar iaí>. 



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— 413 — 

política dirijia, al parecer, sin contrapeso, un mo- 
zo infatuado i presuntuoso pero sin resquicios de 
sagacidad i tacto político, habia juzgado su pro- 
pia situación interna solicitando del Congreso, 
próximo a clausurarse después de la aprobación 
del tratado de comercio perú-boliviano de enero, 
la prolongación de las facultades estraordinarias 
que el Ejecutivo recibiera al dia siguiente de la 
celada que en nombre del ejército se tendió con- 
tra él Congreso i que culminó en la muerte 4ol 
hombre que dominaba por completo en el espí- 
ritu de ambas Cámaras. — «En vista de los raui 
serios peligros para la paz pública que ofrecía la 
situación 3>, decia el ministro Irigóyen (a quien 
acabamos de aludir), en un documento que lleva 
fecha tan adelantada como la del 27 de enero de 
1879, solicitaba a nombre del presidente Prado i 
sus colegas, la dilatación de los poderes de la dic- 
tadura hasta el 28 de julio del año en curso, en 
cuyo dia deberla reunirse, por su propia virtud, el 
Congreso Nacional (1). 



(l)Véase este documeato ea los anexos del presente capí- 
tulo. 

Ea Arequiqa, ciudad que, como el viento del sententrion ea 
Chile, presajia siempre los huracanes políticos, habían tenido 
lugar varias prisiones de importancia el 18 de diciembre: entre 
otros detenidos por conspiración se citaba al presbítero Talavera, 
a un Chirinos i a un Portugal. 



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— 414 — 



XV. 



No se mostró por esto menos resuelto el desa- 
tentado gabinete de Lima a lanzarse en la teme- 
raria aventura de una guerra que de todas suer- 
tes seria su irremediable ruina. I tan era así, que 
con anterioridad de tres o cuatro dias a la ocupa- 
ción de Antofagasta por las armas de Chile, di- 
rijíase, mas como chasque de guerra que como 
ministro diplomático, de La Paz a Lima el jefe 
del gabinete de Bolivia don Serapio Reyes Ortiz, 
con el objeto de solicitar el cumplimiento del tra- 
tado secreto de 1873, cuyo casus fcederis estaba 
en lo absoluto reservado al Perú. El enviado bo- 
liviano llegaba a Arequipa a las dos de la mañana 
del 13 de febrero, i sin tomar alientos seguia ese 
mismo dia a Moliendo donde se embarcó el dia 14 
en el vapor lio que seguia de Valparaíso al Ca- 
llao (i;. 

(1) CONSULADO DE CHILE EN AREQUIPA. 

Arequipa^ febrero \Zde 1879. 
Señor ministro: 

<A las dos de la mañana de hoi, ha llegado a ésta el ministro 
estraordinario don Serapio Reyes Ortiz, mandado por el go- 
bierno boliviano i hoi a las ocho ha seguido su marcha para Mo- 
liendo con dirección a Lima. Según se me ha asegurado, va con 
el objeto de conseguir del gobierno del Perú permiso para el 
pase de las tropas bolivianas por territorio peruano, en ferroca- 



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— 415 — 

Era ése el dia i hora en que el coronel Soto- 
mayor tomaba posesión de Antofagasta por las 
armas, i a fin de que se forme juicio por la pos- 
teridad, de la manera cómo el gobierno del Perú 
i sus ajentes entendian la lealtad que entre sí se 
deben las naciones, el enviado del Perú en La 
Paz en esa misma hora, i cuando le constaba que 
el ministro Reyes Ortiz se dirijia a Lima a soli- 
citar la efectividad de la alianza de guerra contra 
Chile, presentábase solapadamente en el aloja- 
miento del señor Videla, nuestro Encargado de 
Negocios, i le aseguraba que no existia en el áni- 
mo del gobierno del Perú el propósito de «terciar 
en favor de Bolivia en su actual contienda con 
Chile.... d(1) 

rriles, hasta Moliendo i de allí dirijirse al Litoral. 

:»TambÍ6n teogo noticias recibidas el 1 1 del presente que 
ha marchado un batallón por despoblado al Litoitil a reforzar 
las fuerzas que habia antes en aquel punto. 

3) Me apresuro a comunicarlo a U. S. para lo que convenga en 
las actuales circunstancias!). 
Dios guarde a U. S. 

Baltasar Castilla. 

Al señor ministro Relaciones Esteriores de Chile. 

(1) Hé aquí esta revelación que el señor Videla puso conxo 
postcriptum a su última nota del 14 de febrero i después de 
haber pedido sus pasaportes. Merece ser leída con particular 
detención por los que deseen juzgar con imparcialidad las 
causas i móviles de la guerra que historiamos. — aPost-seriptum. 
A tiempo de cerrar este oñcio he recibido una visita del doctor 



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— 416 — 

El Perú, si de ello fuere digno, merecería ?er 
llamada la Cartago de la América del Sur, pero 
Cartago sin Aníbal. 

Quiñones, Enviado Estraordinario i Ministro Plenipotenciario 
del Perú. 

]>£l señor Quiñones no solo me ha dicho que piensa ofrecer 
oficialmente la mediación de su gobierno^ sino qae también me 
ha asegurado que no existe en el ánimo de éste el propósito de 
terciar en favor de Solivia en su actual contienda con Chile. 

^Me apresuro a comunicar a U. S. tan importante declara- 
ción, estando para ello autorizado por el doctor Quiñones. 

P. N. Videlaj^. 

No obstante lajplena certidumbre que tenian tanto el doctor 
Qniñoues como el gobierno de Bolivia, de que ambos paises iban 
a la guerra en virtud del tratado secreto, i no obstante que con 
este objeto habia salido Reyes Ortiz el dia 8 o 9 de febrero de 
La Paz para Lima, hacian los dos gobiernos aliados el dia 15 
de ese mismo mes la siguiente ridicula pantomima de ofrecer i 
aceptar una mediación que solo era una infamia porque era una 
falsedad i un lazo grosero tendido a la buena fé de Chile. 
«Cumplí, dice el doctor Quiñones al ^octor Irigóyen, en nota 
del 15 de ifebrero relativa a la mediación ofrecida a los dos pai- 
ses, cumplí igual deber respecto de la legación de Chile. El se- 
ñor Videla, a quien ofrecí los buenos oficios del Perú en los 
mismos términos que al Excmo. señor ministro de Relaciones 
Esteriores de esta República, hablando franca i cordialmente, 
me dijo: que estaba dispuesto a todo medio conciliatorio, i qae 
estimaba i agradecia mas la mediación que le acababa de ofre- 
cer, porque circulaba el rumor, aceptable solo por el vulgo, de 
que el Perú terciaba en la cuestión a favor de Bolivia, i de que 
aun habia mandado dos buques de guerra a Antofagasta, para 
oponerse a los procedimientos hostiles de las fuerzas navales de 



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— 417 — 

ra gobierno; hostilidades que no podian tener lugar, porque es- 
tando a sus órdenes el Blanco Enealadoy había dado orden a su 
comandante para que se mantuviese en la actitud mas pacíficaí 
apesar de saber que las autoridades de Antofagasta cometian 
todo jénero de depredaciones contra la compañía de salitres i la 
colonia chilena. Finalmente me dijo: que desearía que la media- 
ción fuese de un resultado inmediato^ porque no podia respon- 
der de alguna medida violenta que hubiese adoptado su gobier- 
no en vista de cualquier conflicto que pudiera haber suijído en 
Antofagasta». 

I en nota de igual fecha el doctor Doria Medina^ abultando el 
papel i la doblez^ contestaba al mediador peruano como sigue: 

cAgradeciendo el infrascrito muí cordialmente los nobles ofi- 
cios de mediación, que el Exmo. señor Eaviado Extraordinario 
i Ministro Plenipotenciario del Perú le ofrece a nombre de su 
gobierno, amigo del de Bolivia, en el conflicto creado por ei go- 
bierno de Chile, tiene el honor de manifestarle que el de Boli- 
via, cómelo reconoce S. E. en el oficio a que el infrascrito tiene 
la satisfacción de contestar, nunca ha rehusado^ ni rehusa aípre* 
senté los medios pacíficos i conciliatorios que le han sido ofre-' 
cidospor S. E.f i que al contrario los acepta^ como un deber que 
las relaciones de amistad con el Perú le imponen, siempre que 
ellas puedan realizar el fin que anhela 8. E., salvando al propio 
tiempo la dignidad nacional de Solivia, hollada por el gobierno 
de Chile». 



HI8T. DS LA a DX T. 53 



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— 418- 

ANBXOS AL CAPITULO XIV. 
I. 



LI8CqitS03 DB KECfiPClON PBL MINISTBO DBL PKRÚ EN LA PAZ 
EL 2 DA i*EBREKÓ DE 1879. 



IHseQnodel Doctor 4¡aifkniM. 

Señor: 

El supremo gobierno del f erú, presidido hoi por el benemé- 
rito señor jeneral Mariano Ignacio Prado^ el leal amigo de B<h 
livia i el soldado que, en la alianza con esta noble i valiente na- 
cioui consolidó la independencia de la América antea espsiñol^^ 
en el glorioso combate del 2 de mayo de 1866, como fiel intér- 
prete de la voluntad i de los sentimientos del pueblo peruano, 
me ^a enyiado cerca de vos, digno jefe del patriota pi^ehlo boli- 
viano^ para que cultive i estreche más i Tnás, si cat)e, las buenas 
relaciones que por fortuna existen entre ambos países. 

De las repúblicas sud americanas, sin lastimar en lo menor 
la comunidad de oríjen^ intereses i porvenir que uñe a todas j 
ninguna puede disputar a los pueblos del jPerú i Bolivia su fra^ 
ternidadia/inidades;'pot(í\xe np Kan' sido más que una sola /a- 
miliay un solo pueblo; i porque constituidos en naciones sobera- 
nas, libres e independientes, seguirán siendo la misma familia i 
el mismo pueblo. ¡Hai vínculos que Dios bendice i que ningún 
poder humano puede romper!! 

g Ciudadano Presidente: al tener el honor de poner en vuestras 
manos la carta autógrafa que me acredita Enviado Estraordi- 
nario i Ministro Plenipotenciario del Perú cerca de vuestro iluS' 
trado gobierno, permitidme hacer votos por vuestra felicidad i 
por el bienestar i progreso del pueblo que gobernáis, i permi- 
tidme también ofreceros mi eficaz cooperación para que siempre 
sean sinceras i cordiales las relajones de paz i amistad entre el 
Perú i Solivia. 



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— 41» — 

Cont^tacion del pretidente Daza. 

Sefior Ministro: 

Al recibir la carfca credencial del escelentfsimo sefior jeneral 
presidente Je la República deí Perú, que os acredita Enviado 
Estraordinario í Hinigtro Henipotenciario cerca de mi gobier- 
no, me eá grato espresar la alta estimación que por parte de és- 
te merece el escelentfsímo seflor Prado. 

En el combate del 2 de mayo de 1 866, consolidó ku indep&rt- 
deneia de la América antes Española] i ningún pueblo amerl* 
cano puede olvidar tan remarcable servicio. 

La nación boliviana, cajos intereses están ligados íntimamen- 
te con el Perú, es más agradecida que otras naciones Sud-Ame- 
rieanas a las pruebas de amistad que recibe cada dia del Pera; 
i mi gobierno qne no es mas que el órgano de los sentimientos 
nacionales, se apresura a declararos, que os recibe como al Mi- 
nistro que estrechará con vineuloeifia^ cordiales de fraternidad 
al Perú iBolivia. 

S Separándonos de la política seguida por otros gobiernos, que 
se proponían sembrar descorifianzas i recelos, me propongo da- 
rp3 prueba? en, el c^irso de vuestra misipn de que el-de99p piaa. 
ardiente ^e n^i golb^rno^ es oultiyar 9iWstos$s rals^iü^ con el 
vuestro; éApreiBÍtíAoo$ ademas que hago rotos por la prosperi- 
dad del pueblo peruano í de su noble e ilustrado presidente. 

Por lo que a ^os toca, creo que la3 funpiones de Ministro 
Plenipotenciario i Enviado Estraordinario del Perú no han po- 
dido encargarse a persona mas digna, i por tanto me es grato 
poderos ofrecer la mas eñcaz cooperación con que debéis contar 
de mi parte, paca hacer mas sólidas i cordiales las relaciones de 
paz i amistad que felizmente existen entre el Perú i Bolivia. 



Befiriéndose a la ceremonia de recepción, que en Bolivia es 
particularmente pompoea i relnmbrona, poniéndose sobre las 
armas todas las tropas i concurriendo todas las corporaciones 



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— 420 — 

al besa-mano de palacio, La Democráeia^ diario oficial de Soli- 
via, se espresaba el día 3 en los siguientes términos: 

«Ayer horas 2 P. M. fué recibido en el palacio de gobierno el 
escelentlsimo señor Ministro Plenipotenciario i Enviado Es- 
traordinario doctor don José Luis Quillones, con asistencia de 
las corporaciones i empleados públicos de las listas civil i edc' 
siistica i de los sefiores jefes i oficiales del ejército nacional* 

>E1 rejimíento Bolívar 1^ de Húsares acompañó al señor Mi- 
nistro del Perú desde su casa habitación hasta el palacio. Cía* 
dúdanos peruanos juntamente con los secretarios formaban lá 
comitiva. . 
:bHabia notable concurencia de vecindario. 
^Terminada la ceremonia, lo» jefes i oficiales acompañaron al 
señor Ministro de la Querrá i felicitaron al señor Qmñones, i 
sucesivamente todos los individuos notables. 

"^La recepción ha sido mas solemne que cualquiera de eos-- 
timbren. 



n. 



OOIÍUKIOAOION OFICIAL DEL MINISTRO DK BSTADOS UNIDOS 

EN LIMA, MR. QIBBS AL GOBIERNO DEL PERÚ PROPONIIÍNDOLS 

TRAN8FBRIB A AQUEL PAÍS LA MAYOR PARTE DEL 

OOMEB<}IO DE FRUTOS QUE EL ÚLTIMO MANTENÍA 

TRADIGIONALMENTE CON CHILE. *. 

LEGACIÓN DE LOS ESTADOS VNIDOS. 

Lima^ junio 25 de 1878 
Señor: 

«Eí 14 del corriente me mandó decir elpresidente^ por medio 
de un edecán suyo, que deseaba tener una entrevista conmigo. Fui 
a la casa de gobierno, dondo €. E., refiriéndose a varias conver- 
saciones que habíamos tenido sobre la manera de estendec i 
mqjorar las relaciones comerciales entre los doapaises, se ma- 
nifestó deseoso de saber si habia modo de obtener un tratada 



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— 421 ~ 

de reciproeidad para uno o dos importantes productos de ambas 
Bepúblicas — el trigo i la cebada de los Estados Unidos: el azú-^ 
car del Verú — por medio de la libre introducción de dichos ar- 
tículos i una reduedon hecha por los Estados unidos al azúcar 
peruano. Díjonle el Presidente que tanto él como el país esta- 
ban deseosos de hacer cuanto fuese posible para aumentar el 
volumen del tráfico entre el Perú i los Estados Unidos. 

>Yo le contesté que ¿por ahora, i según el aspecto de los ne- 
goeiosy dudaba de que se pudiera hacer algo, pues según mis 
tUtimos avisos^ hasta el 20 del pasado, el Congreso discutía una 
tarifa que aumentaría en algo los derechos a los tipos mas al- 
tos del azúcar, si bien dudaba que pasase en esta sesión; i que 
entretanto me complacería en participar a mi gobierno aquel 
deseo. 

^Muchas veces he hablado de este asunto con el presidente, 
i también he tenido el honor de conferenciar con el predecesor 
de y. E. Mr. Fish, en abril de 1876, cuando visité el departa- 
mento de Estado, i como sé el gran interés que tiene V. E. en 
auibentar el comercio con estas Bepúblicas, según lo espresa el 
despacho circular de juuio de 1877, dii^ en pocas palabras mi 
opinión a &vor de dicha reciprocidad. 

>E1 azúcar es un artículo de primera necesidad en los Esta* 
dos Unidos, donde se consume per eaptte tanto, si no mas, que 
en cualquiera otro país, siendo tan importante para el almuer- 
zo del pobre, como el té i el cafa, lo *cual fué un argumenta pa- 
ra colocar estos artículos entre los libres de derechos. Si nues- 
tra población continúa aumentando al paso que lo ha hecho en 
los últimos veinte afios, nuestros Estados del sur, de los cuales 
Luisiana es el gfan productor, solo abastecerán a la mitad de la 
siempte creciente demanda, resultando protejidos los pocos con 
detrimento de los muchos. Cuba i Puerto-Rico (colonias monár- 
quicas) dan dos terceras partes del azúcar consumida en los 
Estados Unidos i eso por mano esclava; todos los demás países 
productores son colonias de gobiernos monárquicos i alguno va 
del imperio del Brasil. 



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~ 428 — 

:^AclemiMi de loa Estados XJmdo8, el Perú es el úiiico país re»- 
pablicano que produce para la eaporíaciqu un artículo tan útil 
i de te^ito consumo: la joven Bepública s^ afana por dar i reci- 
bir artículos de c^nje con su hermana mayor^ . eff^plearudo el tra- 
bajo libre, en competencia con Ipa países ipf nciopados^ 

dNo se necesita mucha previsión par;a decir que dentro de 
pocos afios se creará una gran producción fabril en nuestros 
Estados i territoriosi que ca^n ^1 Pacífico,; i al mismo tiep>po 
babr¿ una población casi creciente. Mucho a^úcax , lana de alr 
paca i otros artículos de comercio pudiera damos el P^rú en 
cambio 4e trigo, cebada i los productos de nuest^aa |i^ric^s|. 

]»B}6to,p)idiera conseguirse por medio de un tratadp, pues el 
Perú admitiria libres nuestros cereales^ cuando la <^ba4a paga, 
hoi tres i medio centavos por kilogramo i el trigo un sol por 62 
kilogramos. 

pLos peruanos dicen que hai un buenprepedeiit^.en piertp^ 
artículos del tratado con las islas de S^x^dwich* ^^1 ,cpmefcÍ9 sif 
cqno las, aguas de un lago, ^jie un^ ve;s que pncuea^van saUd»» 
ellc^ n^sxxias ae^ abren un caMal mas ai^<;bp. i hoi^; ^ fi^!^4<^ 
es uii artfquío cuya esporiaciop^ yf apmepfjsn4o, w fjl. P^p!^ , .,, 

:bEl presidente manifestó ep, nuestra entrerisila gi:^^ desisp djS 
que «crezca el oopoiercio de ao^bos. países. . 

' ■ Sói, eto 

Richard GibbST>. 

Bste señor GKUbs, personaje oscnro ^ue ddbia su puesto <le 
ministro a las influencias de nn tiorieoí mercader de Nueva 
Yor, se menifestd tan hostil a Chile, que aj^udó mas taide a 
Irigóyen aponer en ingtós los despachos telegrafieos en que 
solicitaba la mediación de Estados Unidos para ganar tiempo 
sobre Chile.~(Véase el despacho del señor Godoí del 18 de 
majrzo de 1879). 



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— 423 — 



III. 



OFICIO DEL MINISTRO IRIOÓTBK, SOLICITANDO DEL CONGRESO .DEL 

PERÚ LA PROBOGACIOK DC LAS FACULTADES E8TRA0RDINABUS 

EL 27 DE ENERO DE 1879. 

MINISTERIO l>E RELACIONES ESTERI0RE8. 

Lma^ enero 23 de 1879. 
Señores secretarios del Congreso: 

La sitaacion de la política de la República, aanqae ha mejo- 
rado en los dos últimos meses, ofrece todavía mui serios peli- 
gros para la paz pública, i hace temer al gobierno, que no le 
basten las facnltades ordinarias que la Constitución le concede, 
para precaver con oportunidad el desarrollo de las malas pasio- 
nes o sofocarlas en el desgraciado caso que llegaran a estallar. 

£1 periodo, por otra parte, en que va a entrar el país es mui 
delicado, pues van a desarrollarse las aspiraciones de los partí- 
dos, lo que siempre escita i conmueve a la sociedad; a lo que se 
agrega que con la próxima clausura del Congreso, se le va a 
cerrar al gobierno la única fuente lejítima donde podría buscar, 
en caso necesario, la robustez i «1 enganche 4e su autoridad. 

En vista de todas estas consideraciones, cuya verdad e im- 
portancia no pueden ocultarse a la sabiduría de los honorables 
representantes, S. E. el Presidente de la República, de acuerdo 
con el voto unánime del Consejo de Ministros, me ha encargado 
que solicite del Congreso, como tengo la honra de hacerlo por el 
digno órgano de U.U. S.S. la prórroga de las facultades estra- 
ordinarias que con tanta espontanidad como patriotismo, tuvo a 
bien concederle el 17 de noviembre último, por el tiempo que 
debe trascurrir hasta el 28 de julio del corriente año, en que se 
instalará nuevamente la representación nacional. 



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1 



- 424 — 

La dirección i prudencia observadas por S. E. el Presidente, 
'^ en las diversas ocasiones en que se ha encontrado revestido de 
facultades estraordinariaS| son la mejor garantía que puede dar 
al ^Congreso] i a toda la nación, del uso que hará de la próroga 
que hoi solicita i cuyo único objeto es asegurar la paz i salvar 
con ellas las instituciones, el crédito i el porvenir de la Bepú* 
blica. 

Dios guarde a Ü.U. S.S« 

Una rúbrica de S. E. 

Manuel Irigáyen. 



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CAPITULO XV. 



LA PREM8A.I LA OPINIÓN POBUCA EN EL PERÜ. 

(PEBÉERODE 1879). 

Actitud de la prensa en Lima. — El Nacional: su orí jen, sus fundadores i 
sos tendencias.-^Prinoipios e influencias a que obedecía La Opinión Na- 
cionaly subvencionada por la legación de Bolivia. — La Patria i la señora 
i el señor Jaimes.--^ Antecedentes del diario El Comefóio.—^La Tribuna 
i La Sociedad. — Manifestaciones hostiles a Chile de El Nacional i de 
La Paéria en 1872, oonmotivo d» nuestras relaciones con Bolivia.-^lia 
prensa en Lima se opone unánimemente de parte de Bolivia con motivo 
del coñfíicto de 1877. — Notables artículos de La Opinión Nacional i de 
La Patria sobre esa dificultad i su previsión de la presente guerra. — 
Actitud de El Nacional al recibirse la noticia de la ocupaoi^m de ¿Vnto-» 
fagasta, i su primer artículo. — Cautela de La Opinión Nacional e im- 
parcialidad de El Comercio. — Declara este diario que Chile está en la 
razón pero que su causa es antipática. — Notable comunicación de Lima 
reflejando la opinión de esa ciudad a fines de febrero, atribuida al cón- 
sul de Chile en el Callao, don'R. Rivera Jofré. — Tregua que produce en 
estos dias la artificiosa misión i viaje a Chile del señor Lavalle. — La 
juventud de Lima invita a unmeeting de protesta i la apoya la prensa. 
— Contribuye ésta poderosamente a hacer la guerra inevitable. 

cEl desmembramiento de nuestros vecinos i 
precigamente de la faja dé terreno9 cuyas produc' 
dones son similares a las nuestras; el manteni- 
miento de la integridad territorial bolhiana 
que se interpone e impide las absorventes preten- 
siones de Chüe^ no es cuestión de segundo orden 
para nosotros i es tiempo de mirar algo mas 
háciá fuera de los límites territorriale^i atender 
algo mas a nuestros intereses ligados con la po- 
lítica internacional. 

(Editorial de La Patria de Lima, enero 16 
de 1877). 

cEn Santiago la guerra era (inevitable: en 
Lima» los verdaderos patriotas, los hombres 

HIST, DE LA C. DE T. 54 



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— 426 — 

Bensatos, miraban con doloroaa angustia la in- 
minencia del conflicto, la ineptitud del gobier- 
no i la imposibilidad actual del país para soste- 
ner una guerra interior sin escuadra^ sin ^ército, 
sin crédiio: esa guerra era un desastre». 

(Editorial de La Sociedad titulado El primer 
aniversario^ Lima, febrero 14 de 1880). 



I. 



Donde primero revelóse, con motivo de la ocu- 
pación de Antofagasta, la antógua^ tenaz i nunca 
curada enemistad del pueblo peruano hacia el de 
Chile, fué en su prensa. 

Contaba Lima, el órgano pensador i el cerebro 
da absorción i difusión del Perú en 1879, hasta 
seis grandes diarios, en los cuales, los partidos po- 
líticos en lucha radicaban su influencia i su pro- 
paganda^ I por el orden de su importancia vanaos 
a enumerai'los. 



11. 



El Nacional^ diario de grandes proporciones en 
cuanto al formato, era redactado con alguna ha- 
bilidad por el abogado don Cesáreo Chacal tana, 
hermano del ministro de este apellido indíjena 
que falleció en 1876 en Chile, i con mas bambolla 
que lucimiento, por un diarista-dandy, secretario 
de la Cámara de Diputados i segundo alcalde de 
Lima, de reciente designación, llamado don Ma- 
nuel María del Valle, Órgano esclusivo del parti- 



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do ftiyüist^^ so&te;iíftse este papel de poquísima 
lectura útil i con tres pajinas (Je avisos, de la ad- 
hesión «de su partido^ coiistituido para el fomento 
industrial del diario en sociedad enómina. El Na- 
cíoncbl habia sido por escelencia el diario de don 
Manuel P»rdo; pero fundáronle en 186j5 con -el fin 
de apoyar la política de la Dictadura, el escritor 
cJtáleno don Bafael Vi^l i el joven doctor JPazos, 
hijo de un anticuario de Lima, teniendo ambos 
como socio capitalista a don Francisco (Janevaro, 
hoi segundo vice-presidente del Perú. 



IIL 



Seguíale en esa corriente de ideas, aunque en 
cauce mas secundario, La Opirdon Nacional^ ais,' 
rio nn tanto filibustero, . del que ^e decia recibía 
cierta subvención de la Legación boliviana en Li- 
ma- Era.suredaíctor principal el joven doctor don 
Andrés Ávelino Aramburú, de perfumado talante 
pero avilantada pluma i no cobarde estilo. 



IV. 



En oposición aJ Nacional, que habia defendido 
en todas las contiendas de opinión que se habian 
suscitado desde el tiempo del presidente Balta i 
su desastre, a los consignatarios nmiorualeSy {i de 
aquí el verdadero nombre de pila -de aquel diario), 



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— 428 — 

sostuvo desde su fundación al ministro Piéróla i 
especialmente a la casa baücaria de Dreyffus, La 
Patria, el diario mas inculto de Lima/ redactado 
por una pareja de escritores bolivianos, mujer i 
hombre. Fué iniciador de este diario don Federico 
Torrico, joven peruano, largos años domiciliado 
en Chile, i tuvo por ][)rimer redactor a don Casi- 
miro Ulloa, médico i escritor aventajado pero in- 
dolente, que hoi redacta Bl Peruano. 

Era hecho conocido i verificado en Lima como 
cualquier libranza [o papel de comercio, que La 
PatmavWiB» esclusivamente de una subvención 
permanente de los judíos Dreyffus de París, i de 
esa suerte esplícase el escaso decoro de sus opi- 
niones i el desplante de su redactor en jefe. 

Era éste el señor Julio (antes Lúeas) Jaimes, 
indíjena de Potosí; hombre laborioso, al cual no 
falta ni inventiva, ni estilo, ni menos audacia para 
escribir, contanto como broquel lo que en los 
diaristas es apenas pilar de sostenimiento: la pro- 
tección pecuniaria de una empresa. 

El señor Jaimes fué en su mocedad aficionado 
a representar comedias, puso humilde colejio en 
Tacna, donde redactó la Revista del Sur i pasó a 
Lima en calidad de simple cronista del Nacional. 
Su esposa, la señora Carolina Freiré de Jaimes, 
tacneña de nacimiento, boliviana por su enla- 
ce^ ha adquirido como escritora, cierta notorie- 
dad en Lima i es una verdadera amazona de 



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— 4a» — 

la pluma, empleándola con poca ventura contra 
su sexo. 



V. 



El Comercio de Lima, decano de la prensa del ' 
Perú i fundado, como El Mercurio de Yalparaiso 
i mas o menos en la misma época, por un chileno, 
(el señor Manuel Amunátegüi, asociado al caba- 
llero arjentino don Alejandro Yillota), ha afec- 
tado siempre cierta imparcialidad cosmopolita 
que en dias i años largos de monopolio permitióle 
cosechar pingüe renta, sacada de todos los parti- 
dos i de todos los enconos, los grandes como los 
lugareños, Desmedrado ahora, junto con la fortu- 
na i la vida de su anciano propietario, habia per- 
dido, en consecuencia, la mayor parte de su anti- 
guo prestijio, si bien es preciso confesar que en el 
Perú, país en, su gran mayoría de indios, la pren- 
sa no alcanza la irradiación que tiene en otros 
pueblos de Sud- América i particularmente en el 
Kio de la Plata, 

Eran en 1879, al comenzar la guerra, sus re- 
dactores principales el doctor Carranza, hombre 
de algún seso i diputado que fué de Huarochiri, 
su patria, i don Joaquín Miro Quesada, natural de , 
Panamá i por largos años acreditado corresponsal 
de El Nacional en el Callao, 



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— 430 



VI. 



Existia ademas un periódico de ocasión, diriji- 
do en la presente por el escritor chileno don Ra- 
fael Vial, el antiguo fundador de El Nacional^ es- 
píritu ardoroso que defendió con entusiasmo la 
causa de Chile hasta el momento de su espulsion, 
en virtud de la declaración de guerra. El título de 
aquella hoja det^tinada a corta i pasaj:era vida era 
La Tribuna. 

VII. 

No podia contarse entre los órganos militantes 
de la prensa i de la política del Perli, el diario ti- 
tidado La Sociedad^ el cual oomo la antigua Be- 
vista Católica de Chile, era una hoja relijiosa, si 
bien no del todo divorciada con la política i siis 
ardores. Redactábala en jefe, o mas propiamente 
dirijíala, un sacerdote que aleaaza en el Peru 
cierto respeto; el presbítero, hoi ascendido al co- 
ro, don Manuel Tobar, natural de Liim,a i doctor 
en teolojía, siendo uno de sus lugar-tenientes de 
mas brío monseñor Roca, sacerdote relamido pero 
apasionado o insolente, i el otro un joven eclesiás- 
tico Uado Obin, estos últimos huéspedes de Chile 
hacia poco. 



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Googl^ 



— 431 — 



vm. 



Tales fueron, pasados en revista apenas por 
sus títulos i por su bandera, los elementos cons- 
titutivos de lo que en nuestros países %\nforum 
suele llamarse «la opinión públicaí), I aceptán- 
dolos como t^les, preciso es reconocer que su hos- 
tilidad fué siempre viva i casi agresiva contra 
Chile- 
Desde 1872, tanto El Nacional como La Patnay 
representantes de bandos estíemos i de intereses 
encontrados, se aunaban para escribir contra lo 
que entonces comenzó a llamarse, con motivo* del 
descubrimiento de Caracoles, (ríos ambiciosos pla- 
nes de Chile :6, sosteniendo atnbos de común acuer- 
do <rla neutralización de Bolivia como base del 
equilibrio americanos, sin parar mientes en que lo 
qué eii realidad solicitaban al reclamar el arsla- 
mieüto internacional de ese país, era su supresión 
i reparto, como un elemento nocivo de demasía i 
descontrapeso. 

En un bien pensado articulo de El Deber de Val- 
paraíso, publicado el 30 de enero de 1877, hicié- 
ronse alusiones a esta antigua diatriva, i antes, en 
1874, habia recordado el señor Walket Martínez, 
la actitud provocativa i belicosa de la prensa de 
Lima con motiv^o de su misión a Bolivia i del 
tratado que en aquel año firmó, según en otro 



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— 432 — 



lugar vimos. La querella era antigua i venia del 
fondo de las entrañas junto con el odio. 



IX. 



Poco mas tarde i cuando sobrevino el grave in- 
cidente diplomático en virtud del cual el gobierno 
del jeneral Daza canceló, a fines de 1876, el exe- 
quátur de nuestro cónsul en Caracoles, la prensa 
del Perú tomó inmediatamente cartas contra Chi- 
le.— «.La razon^ decia con dosis no pequeña de 
petulancia La Opinión Nacional del 16 de enero 
de 1877, aludiendo a aquel conflicto que antes 
benjios recordado en estenso, la razan está de parte 
de Bolivia^ i seria sensible que la cancillería de 
Santiago no I.9 reconociera. Ese funcionario era 
un huésped peligroso, un elemento de rivalidad i 
de combustión. Era, como algún cónsul de Chile 
en Iquiquey fomentador de disturbios i de animad- 
versiones entre sus nacionales i los nuestros. 

DBolivia recuperará sus fueros legales, después 
de la Constituyente convocada; pero el problema 
esterno, que hoi es una chispa i que mañana pue- 
de sen^ un incendio^ nos deja entrever el epilogo de 
esas tendencias ahsorventes de Chile, que ya pudie- 
ron haberse calm^zdo con las ventajosas concesiones 
del último pacto. 

íChile a su vez, (anadia el diario subvenciona- 
do por la Legación de Bolivia en Lima), se ha 



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— 433 — 

colocado nuevamente en situación difícil i com- 
plicada, en momentos en que su progreso material 
ha sufrido hondas sacudidas, Bolivia i la Repúbli- 
ca Arjentina están de pié, i en la última, las cues- 
tiones se enardecen con estraordinaria vehemen- 
cia, se discute el desierto, i es posible que allí 
donde se han mandado hombres para el trabajo se 
manden ejércitos para el ester minio. Chile gusta de 
esas espansiones ilusorias^ que solo podrán servir- 
le da patrimonio dentro de algunos siglos. De allí 
su empeño en disputas prematuras. Quiere ya rom- 
per toda relación diplomática con el Plata i alzar 
probablemente el predominio de la fuerza. Admira- 
dores de Chile, de sus virtudes políticas^ de sus 
hombres, de sus gobiernos, i mas que todo, de su 
sensatez práctica, deploramos que incurra en estra^ 
vios de intemperancia, pretendiendo hacerse el con* 
quistador americano. Podria sufrir mortificantes 
desengañosi>. 



X. 



No era menos levantado i provocador el tono 
con que alzaba su voz de parcial La Patria, diario 
tripartito de DrejHBfus, de Piérola i del potosino 
Jaimes, ya nombrado. — «La prensa de Chile, es- 
clamaba el último en un editorial que lleva la 
misma fecha del anterior i con igual propósito, la 
prensa de Chile llama a este acto de simple i per- 

HIST. DE LA C. DB T. 55 



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— 434 — 

feclá administración— ofensa gmve; los chilenos re- 
sidentes eú la costa holiviaúa i que duplican i auii 
trípliéan en número a los nacionales, ée aprove- 
chan de la otasion para esparcir la voz i empren- 
der serios trabajos sobre anexión a Ghile, i nada 
tendria de estraño que en breve apareciera un acta 
con abundantes Jirmas solicitando la protección chi- 
lena^ para lo cual siempre están listos los bufpjLCS de 
aquella escuadra^ que no tiene el trabajo de tropezar 
con acorazados ni monitores. 

y>¡Es inútil hablar con rebozo, antes bien es tiem- 
po dé hablar con toda franqueza. No es de ahora 
siho de mucho tiempo atrás el asiduo trabajo que se 
ha emprendido para separar el Litoral boliviano i 
constituirlo en territorio independiente bajo el pro- 
tectorado chileno. Por desgracia hoi qiie pesa sobre 
Solivia el mas impopular i desprestijiado de lóá 
gobiertíós, se cree inrtiejorable la coyuntura para 
dar a ese desmembramiento un carácter puramente 
interno, de política local, de hastío del país en 
presencia de los escándalos de la autocracia mi- 
litar; pero en el fondo, la conspiración es fomentada 
por elementos estráños i apoyada por la j ente ¡que 
tiene valimiento eh las altas esferas administrátívÚÁ 
de Chile. 

t) Tenemos hoi varios com^probanteB de la Ver- 
dad antedicha, agregaba por su cuenta el diario 
asalariado por la Consignación del huano, nece- 
sitada de una voz permatíente en el centró de sus 



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T- 435 — 

mias vastos Djegocios, Chile vuelve a m cqmino pr- 
flinano: ¡a tregua había durado mucho mas tiempo 
del que era de esperar. La cuestión de preponde- 
rancia es su gran cuestión^ su preocupación perma- 
nenie; la meta final de su per^rtnacion de tantos 
años. Su política ^e adaptaba a diversos tonos 
confprme a la siti^í^cipn, se laxa, se vuelve Jenaro- 
sa, esp^nsivaí parece hasta que se plyida de su? 
jestiones de otros dias i hace creep qije jia desis- 
tido i muerto sus pretensiones; pero en el fondo 
viven latentes, hierven sin ruido i siempre pron* 
tas a obrar siguiendo la misma senda temporal- 
líente ^b^do^ada;». 

I el digista descendido ai Eínaac desde las he- 
lada cim.^ de Potjos^, coacluia su ajcometida 4? 
pluma con estas fi-í^s que no cariecen del mérito 
de la profecía; —ji (7ovz;6m6«íe es apercibirse parQ 
los re^uU^oSy n^editar lo^ alcances de tal polUica^ 
pencar algo i mucho en que^ entregados a los asun- 
tos del dia, no repararnos en que podrá ^orprenr 
jdemo^ el golpe cuando ya seatq,rdepfirqL repararlo 
o para evitar siis consecuencias j>. 



XI- 



No hai para qué decir en este pasaje do polé- 
mica internacional, cuya anticipación a la guerra 
era solo de dos años, que el gobierno de Chile 
no hizo ni remotamente atención en aquellas pro- 



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— 436 — 

vocaciones, cuyo significado i unanimidad bien 
pudo turbar el sueño hasta de las marmotas. Pero 
lo que sí es digno de notarse es la repetición sin 
solución de continuidad de las opiniones vertidas 
contra Chile en 1872, en 1874, en 1877 i en 1879, 
apenas apareció en época remota el conflicto de 
Antofagasta, La prensa de Lima irguióse unáni- 
memente en favor de los espoliadores como sierpe 
pisada en el sendero, 

XIL 

Pero esta actitud perdurablemente hostil acen- 
tuóse mas vivamente i tomó el carácter de la ame- 
naza, desde el primer dia en que el cable trasmi- 
tió desde Iquique a Lima la noticia del desembar- 
co de los soldados de Chile en Antofagasta. 

El Nacional y como iniciado en los secretos de 
la alta política, filé el primero en dar a medio dia 
del 27 de febrero la primera nueva i acompa- 
ñóla con un corto comentario en un artículo, bajo 
el rubro de Chaves Noticias^ que es digno de ser 
transcrito íntegramente como síntoma revelador 
de la opinión peruana, al sentirse el primer sacu- 
dimiento eléctrico de la guerra. Su tenor era el si- 
guiente: 

€ Chraves noticias. — A última hora hemos sabido 
que se han recibido varios telegramas anuncian- 
do que el viernes 14 de este mes, las tropas chile- 



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— 437 — 

ñas desembarcaron i ocuparon el puerto de Anto- 
fagasta. 

3) Este hecho realizado sin previa declaratoria 
de guerra, habiendo de por medio un pacto en 
virtud del cual las cuestiones pendientes entre 
Chile i Bolivia deben decidirse por arbitros, i que 
consiste en la ocupación de un puerto indefenso, 
reviste todos los caracteres de un atentado odioso^ 
del cual hubiéramos deseado que no se hiciese reo 
una Bepúhlica americana. 

i> Chile, haciendo ostentación i lujo de fuerzas 
en el Litoral de ¡una nación sin poder marítimo, 
sienta un mal precedente que no puede ni debe ser 
aceptado en silencio por las demás Bepúblicas de 
este continente. 

>E1 hecho de que damos cuenta se presta a 
muchos i mui serios comentarios, de los cuales 
queremos prescindir hoi para dar paso a la re- 
flexión i a la calman. 

xm. 

Formó al dia siguiente eco La Opinión Nacio- 
nal al diario en cuya política por lo común se 
inspiraba aquella hoja al tratar asuntos de conve- 
niencia interna, i sus palabras, un tanto emboza- 
das todavía en las dudas del espíritu i la vague- 
dad de las noticias telegráficas, fueron éstas: 

«Los telegramas recibidos hoi confirman el de- 



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— 438 — 

sembarque de fuerzas chilena? en el puerto boli- 
viano de Antofagasta. 

3)Este hecho, que el laconismo del cable no nos 
permite conocer en todos sus pormenores, es ob- 
jeto de mas o menos irritadas versiones^ sin que 
falte la de que las autoridades del Litoral hayan' 
solicitando el auxilio de epag trop?is, p^rp, contener 
los desbordes de Ja colonia chilepa. 

3)Siesta conjetiira, improbable, no fuera cier- 
ta, i la ocupación tuviera carácter hpstil, no no,s 
la explicaríamos sino comp y^n prirner a^cfo de 
violencia i tal vez hasta de cor^quista^ pnes ese 
territorrio está desgu?trnecido i ^u,9.prehension no 
tiene propiamente un alcgince de desagravio bé- 
lico, 

DjLa cuestión internc^cional ha desapar eaidfi^ por 
otra parte j desde que Solivia no cp^ra ycjí pl impues- 
to i se ha limitado a una controversia jurídica con 
la compañía salitrera, llamándola al terreno del 
derecho privado^ que debe ventilarse ante los tri- 
bunales de justicia. 

j)No conociendo aun detalles nos limitamos a 
adelantar esos juicios, como la esptesion de n^es- 
tro modo de pensar al frente de los últimos suce- 
sos, i deploraríamos que nuestras previsiones fue- 
ran exactas, 

;[)Bolivia invadida, no tendría mas que rechazar 
la fuerza con la fuerza, i tal necesidad escluye to- 
do medio pacífico de avenimiento. 



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— 439 — 

:¡> I quién sabe SI pudiera traer mayores compli- 
caciones .h 

XIV. 

No se dejó arrastrar por el primer ímpetu 
de la corriente el diario fundador de la prensa 
política en el Perú, porque desde las primeros 
desazones de Chile con su inquieta vecina, El Co- 
mercio aconsejaba al gobierno del Perú, con tanto 
patriotismo como cordura, la neutralidad. — «Si 
por desgracia, decia aquel diario, aludiendo a los 
buenos oficios ofrecidos por el jeneral Prado a los 
gobiernos encontrados, desde el 2 de enero en que 
tuvo conocimiento oficial de la dificultad, si por 
desgracia sus pacíficos esfuerzos son estériles, da- 
ria la mejor prueba de que fueron sinceros i des- 
interesados, encerrándose en la mas absoluta neu- 
iralidadj>. 

XV; 

Era esté él lenguaje de El Comercio el 13 de 
febrero, es decir, en la víspera de la ocupación 
militar de Antofagasta. Mas, atacado en breve 
por sus colegas, mucho mas ardorosos i menos sa- 
gaces, de la capital enardecida, comenzó el tran- 
quilo diario a ceder en sus manifestaciones pací- 
ficas desde el siguiente dia del anuncio de aquel 



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— 440 — 

golpe de mano.— «Nosotros hemos recomendado 
al gobierno, esclamaba golpeándose el pecho el 
decano de la publicidad en el Perú, la mas estric- 
ta neutralidad en el desgraciado caso de una con- 
tienda inevitable entre Bolivia i Chile, no solo 
como el mas sano consejo de una política leal i 
justa de nuestra parte, sino como la espresion sin- 
cera de la opinión delpais; pero nuestro vehemente 
deseo de paz no puede menos que estar limitado 
por los mismos sentimientos que lo han enjendrado 
en nuestro ánimo: la justicia i las conveniencias 
nacionalesi) . 

Entraba en seguida el redactor de turno de MI 
Comercios, discutir estas conveniencias naciona- 
les, i arrastrado por el contajio de fuego que in- 
cendiaba rápidamente la atmósfera política, sin 
alcanzar a iluminarla, admitía de pronto la posi- 
bilidad de la guerra i aun su necesidad. 

Pugnaba, sin embargo, evidentemente el viejo 
Comercio con su conciencia i su afición, porque 
una semana mas tarde (febrero 26) declara que 
la causa de Chile era perfectamente justa, pero 
por antipática absteníase voluntariamente de se- 
guirla (1). 



(1) Hé aquí las notables palabras del editorial a que aludi- 
mos: 

«Las noticias que nos ha traido el vapor del domingo, espli^ 
can con bastante claridad los acontecimientos realizados en el 



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— 441 — 



XVI. 



Fueron ésas, fielmente recordadas, acopiadas i 
recojidas con laboriosa escrupulosidad, las más 
antiguas i las mas recientes manifestaciones de 
la prensa i de la opinión publica en el Perú, es 
deóir, en Lima, con motivo del conflicto boliviano; 
i a fin de completarlas con mayores desenvolvi- 
mientos i detalles, parécenos oportuno consignar 
en esta parte algunos párrafos de una larga e in- 
teresante correspondencia, que por persona sagaz 
i entendida en cosas de aquel país fué enviada en 



Litoral boliviano^ i descpbrea los planes de los chilenos sobre 
esa zona mineral 

^Forzoso seria cerrar los ojos a la luz de la}mticia,para no 
ver que la razón está de parte de Chile; i sin embargo, a la pri- 
mera mirada investigadora que echa el espectador desapasionado 
sobre el vasto campo en que se ventilan los derechos e intereses 
de BolÍ9Ía i Chile, descubre qm la cama de este último paU es 
antipática, 

-^Que Boltvia ha violado los pactos i que los «doctores pace- 
ños]>, como llama un diario de Santiago a los políticos de La 
Paz, han creido que las cuestiones internacionales pueden resol- 
verse oon abogaderas de leguleyos, son hechos que los n^ismos 
periódicos bolivianos se encargan de comprobar cuando preten- 
den hacer creer que las reclamaciones de Chile en favor de la 
compañía salitrera de Antofagasta, debían cesar en cuanto se 
dicto por el gobierno del jeneral Daza la resolución de 1 .** de 
febrero, etc., etc.» 

HIST. DB LA C. DE T. 56 



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— 442 — 

esos mismos dias desde Lima a uno de los diarios 
mas importantes de Santiago. 

(íLos esplotadores de mala fe, decia aquella no- 
table. Cfí-rtfV, eutre quienes descuellan como eam- 
pepaes.los Deda<íí;QrQS de El Nacional, clam^m como 
energunieaos ^ los cuatrp viento^ pidiendo guerra 
i guerra contra Cljile- Paraellop no es cuestión de 
sfil?,er i tomar en cuenta las iateaciojies i derechos 
de aquella República, porque esto no en^ra en su 
conciencia ni en los plañe? de sus operaciones. 
Quieren la guerra^ i así lo confiesan^ sin emhor^^ 
porque ^p le conviene af Perú que Chile espióte 
salieres con me^or cuenta par^a los coxn¿pradoves . 

(lEs nada mas que cuestión de conveniencias por 
el salitre. 

D Aceptando esta doctrina, que naturalmente es 
para los partidarios de la ruina de Iquique de gran 
pesO;. ¡cuánta mayor razoE no habría tenido Chile 
pj§i,ra h^ber hecho la guerra al Perú cuando la im- 
plantación del monopolio i la escandalosa espoKA- 
cion que, so pre testo de espropiacion, se hizo de 
las salitreras de Tarapacá, trayendo sobre los ca- 
pit9,les cliilenos; una enorme ruina! 

ifLa Sociedad, desde los ocultos pliegues de sus 
mantos, se ha declarado relijiosamente también 
enemiga de Chile. 

>Solo hai dos diarios que tomají el asjiinto con 
sensatez: El Comercio i La Tribuna. 



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— 448 ~ 

»El primero opina por una neutralidad eé^icta 
de píbite del Pferú, salvó el caso de que eri Ici emfer^ 
jencia puedan afectarse altos intereses dfeí Pearú^ 

yNadie duda de que Bolivia ha confi9ido> basán- 
dose en circunstancias i hoMa ek pros^esa» efeú^ 
tivaSj en. que en el acto, de su rx)rapimienta .coa 
ChilCyla adhiesion material del Perú le serta idme- 
dujUa. Nadie duda de que escojíéndoBe pard el 
gran golpe los momentos en que las escuadras i 
los ejército» chileno i arjentino estuvieran» desha^ 
eiéndose en sangrientos combates, la acción chi- 
lena podia setf aniquiládaj interponiéndose en su 
contra los elementos bélicos coraba midoff ein el 
norte. ' ' 

]D Entonces las presimcioíiee de una. victot>iía te* 
nian que fomentar la halagadora idea xib qué los' 
salitres de Antofagasta, -aiTebatádos del protector 
amparo de Obile, pásarian a correr la suerte de 
los salitres peruanos i de los que Solivia tiene eni 
el Toco, i que pertenecen hoi a. negociantes pe- 
ruanos de alto coturno i en las rejiones del poder. 

^Iia» grandes concesioaes hechas a Bolivia en 
el último tratado aduanero no han úáo^ según las 
revelación os de algunos doctores en la perspicacia, 
ajenas de todas aquellas lisonjeras combinaciones, 
entorpecidas hoi por la completa i enérjrca atfen- 
cion de Chile llevada a la decisiva reciiJ>era€Íon 
de sus antiguos temtorios. 



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— 444 — 

^»¿Qit¿otra cosa szgmjica la precipitada comisión 
ante el gobierno de Lima del ministro mas prepo^ 
nente del gabinete boliviano? 

y>¿Piiede venir a otra cosa que no sean las ins- 
tanciag^ del gobierno aqml para que el Perú cum- 
pla con anticipados planes de común acuerdo? 

i> Aquel ministro creyó seguramente que, una 
vez Chile abstraído por la contienda con la Ar- 
jéutina, la acción amenazante del Peni i Solivia 
bastaría por sí sola para hacerle aceptarlas nue- 
vas exijénciás del gobierno de La Paz, sin eos- 
tarlee a ambas el gasto ni de un solo tiro. Creyó 
también que su oculta intriga, d^cubierta en el 
momento dado, tendría las adhesiones del pais, 
tratándose sobre todo de un contendor cuyos ele- 
meütos bélicos no estuvieran mui cercanos, sino 
distraídos i ocupados a miles de millas en las aguas 
del Atlántico, una alianza de tal naturaleza tenia 
que ser mui cómoda i mas que todo mui barata. 

j) Mientras tanto, es notable la jeneralidad de 
las animadversiones que se ven en esta capital 
contra Chile. Hasta se ha hablado de un meeting 
para prptestai^ de la conquista^ de la usurpación^ co- 
mo llaman con dañado itítento a la revindicacion 
de los territorios de Atacama. 

y^En el Callao, los buques de la escuadra están 
aprontándose para entibar al dique. 



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— 445 — 

3) Aquí el campeón de la cruzada contra Chile 
parece ser en el gobierno el ministro de Beladones 
Estertores Irigóyen, a quien se conquistó desde un 
principio el representante boliviano hasta arran- 
carle el tratado aduanero que, en sentir unánime, 
favorece en todo a Bolivia. De allí nacieron tam- 
bién los sordos complots de hostilidad a la com- 
pañía salitera de Antofagasta, que es un obstá- 
culo para el buen éxito de los grandes negociados 
que se persiguen con los salitres de Tarapacá i del 
interior de Bolivia. 

3>Los enemigos de Chile, por negocio i por sis- 
tema, no solo temen eso, sino que llegan hasta el 
caso de la posibilidad de una alianza boliviano- 
chilena para invadir al Perú i desmembrarle su 
territorio hasta Iquique, o mas allá. Estos temo- 
res son no poco jeneralizados i ha sido 'El Nacio^ 
?^aZ quien los ha lanzado para esplotar el senti- 
miento del patriotismo en favor de la causa de 
Bolivia i de su necesaria alianzaD (1). 

XVII. 

No debe echarse tampo en olvido para valo- 
rizar en su conjunto las diversas corrientes del 

(1) Atribuyóse esta carta, qae causó honda sensación en Chi- 
le i que tenia fecha 26 de febrero, al hábil i dilijente cónsul de 
Chile en el Callao don Ramón Rivera Jofré, mui versado i rela- 



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— 44« - 

juicio público en la capital del Perú, qué todo lo 
que allí aoontecia como forma estraña i de apela- 
cipn al pueblo, estábil modificado i hasta cierto 
pputo sometido a la mifíion encomendada al diplo- 
mático lia valle, al dia siguiemte del aviso tra^toi- 
tido por el cable desde Iqniquie, d^l rompÍBiieato 
de hecho de Chile con Bolivia. 

El señor Lavalle hiao apresuradanieate sus ma- 
letas i partió del Callao en el vapor Loa el sábado 
2S{ de febrero. 

XVIII. 

No será, sin embargo, un elemento» estraño a 
nuestra relación que mientras seguimos^ al enviado 
peruano en su penoso itenerario hasta el Oran Ho- 
tel de Santiago, consignemos las manifestaciones 
que se encarnaban en la juventud de Lima, de su- 
yo espotitánea i ardorosa, como su cielo tropical, 
mientras el. fino, amable i meticuloso diplomátioo 
venia en viaje por el bonancible Pacífico. 

La Opinión Nacianal, que habia empuñado de 
firme la trompa bélica, publicaba, en efecto, en 
sus columnas de preferencia la siguiente invita- 
ción i la alentaba con su aceptación i con su 
aplauso: 



cionado eu la prensa ele Lima como corresponsid de El Oomer- 
cío en aquella ciudad. 



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— 447 — 

Lima, febrero 27 de 1879. 

íLa j ti vdutitd peruana, que no puede ver con 
indifet^noia» la ctínsumaeioa de escándalos de la 
gyavedad del ofrecido a la América por el gobier- 
no de Chile, Uevaüdo la bandera de la revindica' 
cion^ ^ un temtorio soberano, amigo, vecino i alia- 
do nuestro, quiere hac^r una manifestación públi* 
ca de su repulsa al hecho, i una protesta en nom- 
bre de lajusticiaapropellada i deldereoho herido 
por la fiíerza. 

dCou este propósito, piden a Uds. se dignen 
convoíí»rla para el domingo próximo, a la» dos 
de la tardC) a un meeting, de carádter completa* 
n^eate ajeno de los partidos políticos, i cuya no^ 
ble idea se encierre en estas frases: 

jhjÁhc^o hb remndicádcm! 

i>¡Viva la fuerza del derecho i de la razón! 

DLa juventud, destinada a marchar a la van- 
guardia de toda idea jenerosa, noble i práctica, 
debe ser la primera en tomar la iniciativa. 

DSean, pues, Uds., encargados de señalar como 
punto de cita la plaza de Bolívar. 

3>Nada mas justo que agruparse en torno de la 
estatua del libertador de un mundo i projenitor 
de la independencia i soberanía de las Repúblicas 
del continente 3>. 



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- 448 



XIX. 



En los mismos días en que el enviado Lavalle, 
despachado a título de pacificador, aportaba, en 
razón de su derrotero, a las playas del litoral 
chileno, allegábanse así, en la plaza de la Inqui- 
sición de Lima, los primeros maderos que debe- 
rían servir de combustible a la pira de seculares 
rencores, i su reflejo no tardaria en oscurecer lo 
poco que quedaba dé luz sana en aquel suelo vol- 
cánico i desacordado. 

Pero antes de asistir al estallido de la lava, en 
el sitio que embellece la grandiosa estatua del 
caudillo colombiano, habremos de seguir al emi- 
sario de la falsa paz a nuestro suelo, donde estaba 
escrito deberíamos apurar por su mano i por su 
causa tan hondas i mortificantes humillaciones. 



j 

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CAPITULO XVI. 



LA MISIÓN LAVALLE. 

Comentes que se pronuncian en la opinión de Chile con moÜFO de la mi- 
sión del enviado Lavalle. — El pueble pide su rechaza i quiere la gue- 
rra con el Perú, porque la ve venir. — Meeting en Valparaíso i sus no- 
tables conclusiones. — Ataque al consulado peruano en Yalparaiso i 
proporciones de este incidente. — Cartas del cónsul Márquez i del señor 
Altamirano, intendente de Valparaiso. — El gobierno acoje con particu- 
lar favor i evidente pusilanimidad al señor Lavalle. — Visitas a éste i 
coloquios de los señores Reyes i Santa María en la noche de su llegada 
— El señor Lavalle es recibido oficialmente, e incoloros discursos que se 
pronuncian en esta ocasión. — Antecedentes personales del señor Lava- 
lle. — Cual habría sido el fruto de la franqueza por parte del Perú i do 
la enerjia por la del gobierno de Chile. — Los peruanos confiesan hoi 
que debió exhibirse el tratado secreto como base de la negociación. — 
La debilidad para con el Perú contribuye a enjendrar la guerra dando 
alientos al gobierno de aquel país. — Deplorable intervención personal 
del presidente de Chile en las negociaciones. — Su declaración al señor 
Paz Soldán de que el gobierno del Perú tenia derecho para mezclarae 
en nuestros asuntos con Bolivia.-^El señor Lavalle, conocedor de los 
usos diplomáticos, solicita una conferencia del señor Fierro, i es solici 
tado por el presidente Pinto para celebrarla antes con él. — Deplorables 
consecuencias de este sistema. — El señor Fierro conviene eu no formar 
protocolos de las conferencias diplomáticas que se celebraren con el en- 
viado peruano. — El incidente del tratado secreto. — Procedimiento dife- 
rente del Perú con el enviado Beyes Ortiz. — Notas de Irigóyen al mi- 
nistro Godoy. — ^El tono de la prensa oficial i semi-fícial en Chile i en 
el Perú durante la época de la misión Lavalle. 

«Tenemos motivos para creer, aunque nues^ 
tros informes no son de fuente oficial, que la 
misión del señor Lavalle es pedir a Chile que 
desocupe el Litoral boliviano o que, en caso 
contrarío, el Perú se vería obligado a intervenir 
en la contienda». 

(Opinión Nacional de Lima del 26 de febrero 
de 1879). 

HI8T. DE LA O. DE T. 57 



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~ 450 — 

cEl representante de aquella República con- 
BÍderó conyeniente responder en cuta forma: 
cQue no tenia conocimiento del tratado, que 
creia que no existiría i que él no habia po- 
dido ser aprobado por el Congreso de 1^3, 
porque siendo las lejislaturas bienales hasta la 
reforma de la constitucional de 1878, esa asam- 
blea no se reunió en dicho afio, i que estaba se- 
guro de no haber sido aprobado en los años 
sucesivos en que a él le cupo la honra de presi- 
dir la comisión diplomática del Congreso, ante 
la cual tenia necesariamente que discutirse 
aquel n^ffooiado; que, sin embargo, como desde 
su llegada a Chile habia oido hablar sobre la 
existencia de ese pacto, tenia pedidos informes 
a su gobierno, los que se haría un deber en co- 
municar en el momento en que los recibiera». 

(D. Sarta María.— -Memoria de Reladones 
Esteríores de 1869). 



Desde que el enviado peruano pisó tierra chi- 
lena en Valparaiso el 4 de marzo, pronunciáronse 
con honda separación dos corrientes en el país 
que lo recibia: la del pueblo que, adivinando con 
admirable i seguro instinto (cual acontece de or- 
dinario) las verdaderas i escondidas intenciones 
del Perú, pedia a grito herido el rechazo del emi- 
sario de la falacia, i la de los espíritus medrosos, 
apocados i flojos que prevalecían como consejo o 
dirección suprema en el gobierno. 



IL 

El pueblo quería la guerra con el Perú porque 
veía, porque la palpaba, porque estaba consii- 



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— 461 — 

mada, porque la ocupación de Antofagasta era un 
acto positivo de agresión armada, porque leia en 
los boletines diarios la aspiración evidente del 
Perú a envolverse en la contienda, tomando por 
suya la causa de su aliado, porque llegaba a tras- 
lucir i a afirmar la existencia del pacto secreto, 
como lo hemos comprabado en todos los anuncios 
de la prensa que precedieron al último enviado de 
la insigne i tradicional duplicidad peruana que 
traia ese documento, corneo los embajadores de 
Roma en los pliegues de su túnica, puesta ésta al 
revés .... 

Mas el gobierno que habia emprendido la gue- 
rra de hecho; que la estaba ejecutando; que cono- 
cía sus oríjenes; que alistaba tropas; qne despa- 
chaba trasportes, i sobre todo, que veia con sus 
dos ojos los aprestos no disimulados del Perú, el 
gobierno, enfermo de optimismo i de languidez 
física i moral, no creia en la guerra porque él 
mismo habia inventado un nombre convencional 
para denominarla: el gobierno no creia en la gue- 
rra porque la temia i porque habíala disfrazado, 
como el enviado Lavalle al pacto, con la denomi- 
nación jurídica de revindicadon. 



III. 



Bajo las impresiones de aquel singular contras- 
te llegaba el señor Lavalle a Valparaíso, i en el 



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— 452 — 

mismo dia, por el tren de la tarde, a Santiago. I 
mientras en aquella levantada i despierta pobla- 
ción tenia lugar un meeting espontáneo de pro- 
testa i casi de motin, aprontábanse las mejores 
sonrisas de palacio para recibir al ájente i con- 
sentidor de una perfidia tan evidente como califi- 
cada. 

Las resoluciones de aquel meeting, irresistible 
manifestación del pueblo, estuvieron revestidas 
de tal espíritu de penetración, de recta intelijen- 
cia de las cosas i de cordura en la conducta, que 
por sí solo habría debido ser el mejor i mas acer- 
tado programa internacional del vacilente gobier- 
no en aquella difícil coyuntura: su tenor era sen- 
cillamente el siguiente: 

«Considerando: 

2)1.° Que la mediación del Perú ofrecida des- 
pués del insulto de Bolivia i la ocupación del de- 
sierto de Atacama por nuestras tropas, es tardía^ 
ineficaz e inoportuna; 

j)2.*' Que esta misma mediación ofrecida des- 
pués de la celebración de un tratado secreto con 
Bolivia i en medio de preparativos belicosos, di- 
rijidos evidentemente en contra nuestra, es ade- 
mas eminentemente sospechosa) 

dS."* Que la mediación ofrecida por el Perú, ba- 
jo el imperio de todas estas circunstancias, solo 
traerá por resultado detener el vuelo de nuestras 
armas en Bolivia, annmeutav los rigores de la cam- 



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Goo 



:gle| 



— 458 — 

paña i mantener por un dilatado tiempo el males^ 
tar industrial^ económico i social que es la conse-^ 
cuencia inevitable del estado de guerra^ acuerda: 

dI.*" Espresar al gobierno su vehemente deseo 
de que no de oido a proposición alguna que tienda 
directa o indirectamente a demorar el rápido curso 
de nuestras operaciones bélicas en el Litoral. 

3)2.'' No aceptar sobre todo la mediación del Perú 
mientras su gobierno no haya roto el pacto ofensi- 
vo que en contra nuestra firmó con el de Bolivia, i 
dejando de mano sus belicosos aprestos nos ma- 
nifieste por actos su sincero deseo de permanecer 
neutral en la actual contienda con Boliviai>. 



IV. 



Aprobáronse estas resoluciones con evidente 
desazón de las autoridades, i sin culpables arreba- 
tos. Verdad es que en un pequeñísimo grupo de 
los asistentes hubo al retirarse un desmán de 
insolencia, que acusaba el calor de los espíritus, 
que de todas suerte era deplorable porque com- 
prometía nuestra virilidad i nuestra cultura. Pero 
la cosa pasó sin consecuencias, i aun dio ocasión 
al gobierno para prodigar sus cortesías al perua- 
no(l). 

Entre tanto, i mientras el rumor del enojo po- 

(1) Véase los documentos del anexo. 



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— 464 — 

pular calmábase aquella noche lentamente en las 
plazas de Valparaíso, en Santiago, a la llegada del 
emisario del Perú, iba a recibirlo en sus brazos, al 
descender del coche en el anden de la estación, 
su deudo de afinidad i antiguo amigo don Alejan- 
dro Reyes, miembro de la Corte Suprema i vice- 
presidente del Senado; i en seguida pasó en su alo- 
jamiento, en íntimo i prolongado coloquio hasta 
entrada con mucho la hora de la media noche, 
don Domingo Santa María, rejente de la Corte de 
Apelaciones, i hombre, como se sabe, de vastas 
influencias i de notoria sagacidad i patriotismo. 



V. 



Había en aquellas peligrosas visitas oficiales 
de los mas altos dignatorias del país al plenipo- 
tenciario recien llegado, mucho mas cortesía que 
tacto: porque surjen ocasiones en la vida de los 
pueblos, como en la del hombre, en las que el alo- 
jamiento es reparo de muchos errores, siendo mas 
decidora en su silencio una tarjeta o un billete de 
cumplidos sociales que todos los injeníosos jiros de 
la charla i la sonsaca. Procedieron otros por di- 
verso camino, i al llegar todos juntos al término de 
la jomada del engaño, no tuvieron los últimos que 
estraer de su sandalia ninguna espina ni siquiera 
la huella de diminuto pero áspero guijarro. 

Con todo, no pasaban esas circunstancias de ser 



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— 456 — 

meros accidentes i esterioridades, como lo fué la 
recepción del magnate peruano que tuvo lugar 
tres dias mas tarde, el viernes 7 de marzo, siendo 
solo digno de recordarse, como lo notaron todos 
los presentes en la banal ceremonia de la sala de 
gobierno, el tono intencionalmente acentuado del 
ájente del Perú i la voz apagada i casi sumisa con 
que, en razón de su órgano i de su situación mo- 
ral, respondióle el señor Pinto (1). 



VI. 



Era el representante del Perú un hombre de 
indisputable mérito personal, amable, circunspec- 
to, versado en los tratos diplomáticos que había 
ejercido hacia poco hasta en Rusia, donde perdiera 
a su bella cuanto joven esposa. Don José Antonio 
de Lavalle, hijo i heredero de una familia aristo- 
crática i opulenta del Perú, habia sido perfecta- 
mente elejido por el ministro Irigóyen para aque- 
lla misión delicada, que participaba de miedosa 
cordura i de encubierta perfidia, caretas ambas de 
osada avilantez. Como hermano político del di- 

(1) Entre los anexos del presente capitulo reproducimos esos 
discursos completamente incoloros en su forma. Al menos de 
parte del enviado peruano, era el suyo una pieza completa de 
disimulo. Aseguran los circunstantes que la arrogancia se ha- 
bia manifestado solo en el tono con que fué el último pronun- 
ciado. 



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—466 — 

funto don Manuel Pardo, cuya inmolación habia 
despertado en Chile universal condolencia, el se- 
ñor Lavalle correspondía también a un doble i 
simpático sentimiento nacional, porque respecto 
de su país traia la significación de la influencia 
del partido civilista, i en Chile debia esperar la 
buena acojida de los numerosos, si bien engaña- 
dos amigos, que recientemente dejara su artero 
pero atrayente i sacrificado hermano. 

El señor Lavalle no pasaba, ademas, en su país 
por un hombre político acentuado. Sus tendencias 
eran marcadamente conservadoras, en el sentido 
i alcance que esta palabra tiene en Chile, i como 
escritor social i relijioso rodeábale una atmósfera 
benigna en medio de la sociedad, un tanto mís- 
tica, que venia a cultivar con beata i risueña sa- 
gacidad. 

Le misión del señor Lavalle asemejábase a la 
aventura atribuida a San Francisco, que en su con- 
vento de Asís, negando la presencia del reo de 
muerte que se habia entrado por la portería, decia 
a los decuriones, señalando la ancha manga de su 
hábito, en el dintel. — ¡Por aquí no pasó ^ El reo 
del enviado del Pem i antiguo presidente de la 
comisión diplomática de su Congreso, era el trata- 
do secreto de 1873 que ya tenemos oficialmente 
conocido. El tratado no habia pasado por su man- 
ga: luego no existia. 



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— 457 — 



vn. 



I a la verdad que en todo aquello, én la corte- 
sana pusilanimidad del gobierno de Chile i en la 
esquivez notable del representante del Pera, ha- 
bía una doble falta de procedimiento, porque 
pretendiendo atajar o aplazar la guerra no hacían 
uno i otro sino comprometerla, amontonando los 
elementos de la combustión con el mismo brazo 
con que pretendían desbaratarlos. 

Si el gabinete de Chile, cuya debilidad fué 
asombrosa, i especialmente sí el jefe del Estado, 
cuya falta de tino i cuyo desconocimiento de los 
deberes mas obvios i de las prácticas mejor acen- 
tuadas de su puesto, rayó en lo inverosímil, con 
culpa grave i detrimento de la honra dé sus minis- 
tros; si desde el primer día, concenti'ados todos, 
presidente i ministros, en un solo pensamiento, se 
hubiese elejido por guia, guia fácil i seguro, la 
levantada tradición diplomática de Chile, i hu- 
biesen resuelto abordar con pecho varonil la cues- 
tión de paz o guerra con él Perú, sin enttar en 
ambajes, en esperas, en ocultaciones i sobre todo 
en funestos i desautorizados recados de interme- 
diarios, como sí se tratara de cosas de monjas, no 
se habría necesitado mas de una semana, — ¿qué 
decimos?— mas de un día para poner en claró la 
situación. I entonces, usando de un lenguaje ileto^ 

mST. DE LA C. DE T. 58 



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— 458 — 

secundado por el laeonÍ3iíio vibrante del cable 
sumerjido en las arenas, habríase puesto el Perú 
en el caso de detenerse o desenvainar la espada 
en el momento en que nosotros la teníamos le- 
vantada sobre su cabeza, todavía inerme i fajada 
apenas con lienzos de árnica después de sus de- 
sastres. 

VIII. 

I por su parte, si el emisario del pérfido í petu- 
lante ministro Irigóyen, hubiese estraido del fon- 
do de su baúl la copia auténtica que del tratado 
secreto traia, i la hubiese estendido sobre la mesa 
del presidente de la República desde su primera 
entrevista, haciendo ver que aquella era la camisa 
de fuerza en que, sin su culpa, encontrábase me- 
tida la administración que habia sucedido a lá de 
su hermano político, autor de aquella celada, qui- 
zá no habría sido del todo imposible llegar a un 
avenimiento, mas o menos adecuado a la gravedad 
de las circunstancias, porque era evidente que los 
jefes supremos de los dos estados que iban a cons- 
tituirse en belijerantes, no querian la. guerra por 
motivos análagos de inercia, de egoismo i buen 
pasar. Será de justicia agregar que en medio de 
esoj? sentimientos profundamente vulgares, preva- 
lecían en el pechó del supremo mandatario del 
Perú leves destellos de simpatía i gratitud hacia 



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— 469 — 

el país en que había sido largos años huésped 
estimado i negociante feliz. 

Pero el inconsiderado anhelo que por la paz a 
todo trance, manifestó el presidente de Chile so- 
breponiéndose a su gabinete, el menosprecio de 
que rodeó a éste ante el enviado peruano, pres- 
cindiendo de su consejo i de su acción respon- 
sable, atribuyendo a amigos de su intimidad lo 
que correspondía a aquéllos de derecho, i la cpn- 
secuentie desautorización política que se operaba 
en el seno mismo del gabinete que en una hora 
de enerjía habia lie vado. la guerra al territorio de 
Bolivia, debilitaron tan profundamente la acción 
pacificadora de la diplomacia respecto de Chile, 
como la ocultación torpe i villana del pacto de 
1873 fué parte violenta al estallido del conflicto, 
por la falta esclusiva del enviado del Perú i de 
#U8 cpmitentes (1). 



(1) Los escritores peraanos haa comenzado ti compreader ]a 
verdad de estas observaciones i a lamentor que el señor LavaUe 
no hubiese procedido de esa manera. Hé aquí lo que el diarista 
Obin dice a este respecto en un articulo titulado El primer ani- 
versario i publicado en La Sociedad de Lima él 14 de febrero 
de 1880. 

<iLa historia no ha grabado touavía en sus pajinas inmortales 
los nombres de los grandes culpables, porque el proceso no ha 
llegado aun al esUido de sentencia. Pero el día llegará, no mui 
tarde, i entonces la justicia pronunciari su fallo inapelable. 

DÜn pacto secreto de alianza defensiva entre Bolivia i el Pe- 
rú, ajustado en Lima el 6 de febrero de 1873, aseguraba la in- 



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— 460 — 



IX. 



I ocurría todavía en el manejo internacional de 
aquellos graves negocios, que resumian en una 
chispa o en un vocablo telegráfico la existencia de 
tres naciones, algo todavía de mas inusitado i de- 
plorable, porque con un largo mes.de anterioridad 
a la venida a Chile del enviado Lavalle, i desde 
que el Perú, notificado lealmente por nuestra can- 
cillería del rumbo alarmante que tomaban nues- 
tras relaciones con Bolivia, a principios de enero, 



dependencia, soberanía e integridad de ambas naciones, cootca 
toda Qgfesion éstefior, bien faese de otro a otros Estados iocl6< 
pendientes, a de fuerza sin batidera que ns obedezca a ningún 
poder reconocido. 

:»6ien pudieron los negociadores notificar a Chile el conteni- 
do del pacto secreto, de alianza defensiva^ cuidando, por sopues- 
to^de revelarle, sin mucho esfuerzo de sinceridad, que ese tra- 
tado no tenía,, en la intención de las altas partes contratantes, 
otro alcance ni mas objetivo que el de la seguridad interior coa- 
tra Juerzas sin bandera que no obedezcan a ningún poder reeo' 
nocido, i Chile, probablemente, se habría limitado a tomar nota 
de ese acuerdo de policía interiorj^. 

En cuanto a si el señor Lavalle trtyo consigo, la copia que asó 
del tratado secreto o si la recibió mas tarde, a. petición snja, 
nos consta que tres o cuatro dias después de su instalación en 
el Gran Hotel^ manifestó al señor Paz Soldán que la tenia. El 
último era de opinión de revelarla en el acto, i en esto mani- 
festaba mucha mas sagacidad i cordura qne el inepto ministro 
a quien ambos obedecian. 



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— 461 — 

el presidente de Chile habíase abocado indebida i 
personalmente lajestion de la dificultad, entrando 
en tratos directos, en su residencia de verano en 
Yalparaiso, con el Encargado de Negocios de Chi- 
le don Pedro Paz Soldán i Unánue, que a la sa- 
zón i para el caso residia en el hotel de Viña del 
Mar. — <cEl 24 de enero, dice el ministro Irigóyen 
en su esposicion al Congreso del Perú del 24 de 
abril, i refiriendo los primeros pasos i tropezones 
de las negociaciones entabladas con el gobierno de 
Chile, el 24 de enero, el señor Paz Soldán tuvo 
en Valparaíso una larga conversación con el Exmo. 
señor Pinto, por hallarse ausente el señor minis- 
tro de Relaciones Esteriores; i en ella, i después 
de recibir de S. E. la declaración de que si el go- 
bierno boliviano aceptaba el arbitraje, suspendien- 
do la ejecución de la lei sobre el salitre, se cortarla 
el conflicto i de que la presencia en Antofagasta 
de un blindado i la reserva de otro en Caldera, 
no eran sino medidas precautorias para conservar 
el orden público en dicho puerto, de acuerdo con 
las autoridades de tierra, le dirijió S. E. las si- 
guientes significativas palabras: — ¡Ojalá que el 
Perú tomara parte! Seria lo mas justo! 

3)Nuestro representante aprovechó esta ocasión 
tan favorable que se le presentaba, para cumplir 
sus instrucciones i se apresuró a decir a S, E. Que 
el Perú ofrecería sus buenos oficios^ si llegaba el 
caso, { que estaba para ello autorizado. — Con mu^ 



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— 462 - 

cho ^sto le pontestó por dos veces el prefiidente 
de Chile. 

dEI señor Paz Soldán, recordando entonces la 
segunda parte de las instrucciones que tenia,, di- 
rijió a S..E. la siguiente pregunta: ¿I si surja 
alguna em^rjencia que obligue al gobierno a tomar 
una medida estrema?— No tenga Ud. omdadOy le 
dijo el señor Pinto, que yo le haré dar un aviso de 
cualquir novedad que ocurráis (1). 

(1) £1 ministro Irigóyea preteadia jugar a dos cartas con 
el desapercibido gobierno de Chile, porque al propio tiempo que 
despacbaba al señor Lavalle con su embajada, interrogaba al 
señor Godóy en Lima i aun le hacia comparecer mas tarde al 
Consejo de ministros para pedirle esplicaciones. Los notas rela- 
tivas a esta maniobra del activo pero poco esoi^uptiloso ministro, 
se encuenjbran en los anesios del presente capítulo, así comp v^- 
rios artículos de la prensa oficial i oficiosa 4^1 Ferú i de Cbile^ 
en que resaltan en contraste la arrogancia de aquélla con la ti- 
midez i subterfujios de la última. 

En cuanto al tenor de las, singulares declaracioaes diplomá- 
ticas del señor Pinto al señor Paz Soldán en su conferencia di- 
recta i personal del 24 de febrero en Valparaiso, helo aquí co- 
piado de las comuniciones del joven diplomático peruano a su 
gobierno: 

d:Toda la convetsacion de S. E. rodó sobre estos dos puntos: 
a:El gobierno de Solivia aceptará el arbitraje; pero si persiste 
en su decreto, será inevitable un conflicto. 

- -dYo también creo que aceptará el arbitraje, le dije; i así lo 
he insinuado a mi gobierno. 

— 1>¡ Ojalá que el Perú tomara parte! seria lo mas justo! escla- 
mó 8. E. 

dA este deeeo tan francamente manifestado, no pude menos 



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— 463 — 



X. 



Por recargada que sea esta relación parcial de 
los actos de una suprema ineptitud, queda siem- 
pre en pié una circunstancia tan dolorosa como 
agravante que afecta las prácticas mas antiguas 
i respetadas de nuestro sistema de gobierno i sus 

d^ contestar: 

— »E1 Perú ofrecerá sus buenos oficios si llega el caso, i yo 
estoi autorizado para ello. 

— ]»Con mucho gusto, con mucho gusto, me dijo por varias 
yeees el presidente. 

— »¿I si surje alguna enerjencia grave, que obligue a V. E. a 
tomar una medida estrema? pregunté yo, pensando en el último 
párrafo de la nota de Y. S. 

— iNo tenga Ud. cuidado, contestó el presidente; que yo le 
haré dar aviso de cualquier novedad que ocurra. 

iCon lo cual concluyó nuestra conversación^ que me es grato 
trasmitir a U. 8. 

iSolo me resta comunicar a U. S. que el señor Pinto espera 
la contestación del gobierno boliviano a la oferta de arbitraje^ 
para los últimos dias de este mes:». 

(Nota del señor Paz Soldán al señor Irigóyen datada en Vi^ 
ña del Mar, febrero 25 de 1880). 

En cuanto a las miras que el receloso diplomático atribuia 
desde esa hora al gobierno de Chile, sus revelaciones no podian 
ser mas alarmantes. — <í Tarapacd, Iquiqíce el Perú mismo, de- 
cía al señor Idgóyen en eas misma nota, hé aquí la meta que 
aun los mas formales parecen haberse señalado. 

iComó peruano i como representante, cumplo con el doble 
deber de dar la voz de alarma a mi patria. 

^Cualquiera sorpresa, como la sustracción de nuestros buques 



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— 464 — 

responsabilidades constitucionales, porque se pres- 
cindía desde la primera hora de la participación 
directa de nuestro ministro de Relaciones Este- 
riores, único órgano lejítirao de aquellos altos i 
difíciles negociados, reagravándose la situación 
con la pueril i vergonzosa escusa que daba en 
aquellos difíciles momentos para justificar el aleja- 



de la bahía del Callao, ahora caareata años, por esta misma 
República, o como la ocupación de las islas de Chincha, que sia 
embargo tuvo sus agoreros, nos tomaria desprevenidos e iner- 
mes. 

3>Sé que el cónsul chile no en Iquique ha remitido a su go- 
bierno una lista de los chilenos avecindados en ese Litoral; i 
que ella ha producido un agradable efecto, haciendo creer que a 
la larga esos territorios podrán prestarse a la misma fácil ocu- 
pación que Antofagasta. 

]>Todo Chile piensa hoi en el Litoral norte í maS alláy como 
los antiguos españoles pensaban en las Indias después de la 
conquista. 

»Por lo bajo, se fomentan emigraciones de proletarios a Tara' 
pa-cá¡ como criados u otros oficios^ a fin de irse preparando allí 
una base nacional como en Antofagasta. Ya, desde hoi, dicen 
los diarios i todo el mundo, con equívoca amenaza, que Iquique 
i Tarapacá están llenos de chilenos..., 

]>La prefectura de esa provincia Litoral, es hoi de la mas alta 
importancia política para la República. 

dSí nada de lo que dejo espuesto es cierto en las rejiones ofi- 
ciales, es la idea de todo el mundo; i será por lo tanto, tarde o 
temprano, la idea del gobierno. 

3>Yo no me atrevo a usar del cable mientras no reciba de 
XJ. S. la cifra que he solicitado. Aun la cifra está ya sindicada 
por la recelosa suspicacia de los chilenos, como lo verá ü. S. 



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— 4»& — 

miento de su puesto de aquel alto funcionario. El 
honorable señor Fierro, veraneaba en esos dias o 
hacia una escursion de candidatura personal en el 
departamento de Quirihue. 

Entretanto, los políticos de Lima ño se* daban* 
ni por una hora el regalo del feriado ni se talian 
de terceros acomodaticios para sus manejos i lí-* 
tíitós trabos. La prime i-a visita qu3 el lüinisti-o^ 
Reyes Ortíz, enviado sijiloso de guerra,i ttrvo éY 
dia de su llegada a Lima el 16 de febrero, i des-* 
pues de haber almorzado en el' pueblo vecino i- 
veraniego del Barranco con el ministro residente^ 
de su país, don 2Ioilb Flore», fué la del flrinis'tro 
Irigóyen. I no tuvo ofibialmfente otra. 

por el adjunto recorte del Mercurio. 

lÁntes de separarme de S. E., me pregante: c¡<jae había de 
un pacto secreto entre Bolivtai el Perú!» 

>Le contesté que nada sabia. 

> — Pardo lo negaba mucho, repuso el señor Pinto. 

2» Al salir de palacio, un soldado a caballo, a galope, repartía 
hojas impresas al populacho que lo seguia. Era una ardiente 
proclama a los porteños, llamándolos a enrolarse en el^j^pcito, 
i designando los cuarteles a que podían dirijirse. 

»Los exaj erados aprestos militares de todos los dias, según 
el deeir jeoieral, son psra el Per& i no para Boliria^.. 

iDioB guarde a U. S. 

P. Paz Soldán i Ünánue». 

HIST. DE LA O. DE T. 59 



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— 466 — 



XI. 



Knteetanto, recibido ea sesioa solemne el en- 
Yij^bdb Lavalle el 7 de marzo, se daba tiempo i hol- 
gura el dia 9 para pintar a su gobierno íntima- 
mente la situación interior de los partidos en 
Chile, su actitud respecto de la guerra i los mó- 
viles a que el gobierno obedecía, espresando en 
ese despacho «que la perspectiva de una compli- 
cación con el Perú aterraba a unos por las terri- 
bles consecuencias que, vencedores o vencidos, 
podia atraer a Chile, al paso que esa misma es- 
pectativa alentaba a otrosD (!)• 

(1) El mismo señor Lavalle tenía a bien dejar x)onstancia de 
la tardanza de las negociaciones, dirijíendo a un diario de la ca- 
pital por medio de uno de sus adictos la siguiente remilgada 
carta» seis dios después de su instalación en Santiago: 

LEGACIÓN DBL PERÚ EN CUILS. 

Santiago, 19 de marzo de 1879. 
Señor editor de El Ferrocarril. 
Muí señor mío: 

«Aunque esta legación se habia propuesto no hacer rectifica- 
ción ninguna a nada de cuanto por la prensa se dijese respecto 
a sus procedimientos, oblígala a desistir por una sola vez de su 
proposito la noticia de sensación que publica El Independiente 
en el suplemento que en este momento reparte, relativo a las 
proposiciones hechas por el señor Lavalle al gobierno de Chile. 

Desde el dia que ese señor tuvo el honor de presentar sus 



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— 467 — 

Pasaban así los dias en plácida quietud i solo 
el 11 de mar^o, una semana, contada dia a día 
desde el de su arribo, el enviado de urjencia del 
Perú celebrabív su primera conferencia oficial con 
el ministro de Relaciones Esteriores de Chile en 
su despacho. 

Pero antes de cumplir ese deber, i como sí a 
ello se le amoldara mejor el ánimo i el cuerpo, el 
enviado peruano deslizóse en el palacio por la an^ 
cha puerta de la sala del presidente, que le habia 
dado cita previa; i allí departió estensamente so- 
bre la situación i sus peligros, concluyendo por 
quedar en los términos de la mayor cordialidad i 
afecto personal con el jefe del Estado. 

Entre tanto, el ministro responsable, a quien 
la Constitución señalaba el deber de empuñar i 
dirijir con la anuencia suprema asuntos de tan 
delicada naturaleza, espeluznaba el tapiz de Bru- 
selas de su sa^on de recibo paseándolo en todas di- 
recciones, aguardando con sumisa mansedumbre 

credenciales a S. E. el presidente, no ha teñido comunicación 
ninguna, ni con S. E. ni con el seQor ministro de Relaciones 
Esteriores; tanto por la ausencia del primero^ cuanto por.el mal 
estado de salud del señor Lavalle i hdhQx áAo feriado uno de los 
poquísimos dias que han mediado entre su recepción i el de hoi. 

iRogando a Ud. se sirva prestar a esta lijera rectificación las 
columnas de su respetable diario, me es grato ofrecerme de üd- 
muí atento servidor. 

J. Melecio Casos, 
Secretario». 



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-^ 468 — 

que él pnesidente i el ministro se hubiesen ^eso- 
eiíipado de su íntimo coloquio. 

XIL , 

Al fin alcanzó este término, i come(Qzóse perla 
primem tícz Ja negociación con los rasgos incolo- 
ros corrientes en tales casos. Pero como si se iiu- 
biera quíerido Uevar lafi faltas hasta las nimiedades, 
aceptó jel rq)r^entante de Chile desde aquella 
priniera conferencia luoia proposición verdadei^ 
mente lEksoinfbrosa del enviado peruano, según la 
cual deíbian redneirse todas las conferencias a síhh 
pies conversaciones, dejadas eniel aire, sin reducir 
ttitígvm jpyflto a protocolo. ..^« Antes de separar- 
mos, dice, en efecto, él señor Lavalle, Barrando 
aquel icurioso episodio, único tal Tez en la histo- 
ria de la diplomacia, convinimos en que nuestras 
GOtvoeteammes tenian un carácter puramente con- 
fidendal (después de haber sido redbido en su 
carácter público); que no le daríamos el ofidal 
hasta qtie llegásemos a convenir en algo^ i que si 
ese Qaso no llegaba, trataríamos de dar un térmi- 
no a. la negociación de común acuerdo^ para que 
tuviese el earácter menos hiriente posible» . . ^¿A 
dónde ¡santo cielo! habia ido a refujiarse en aque- 
llas rej iones el espíritu alto de Pottales i de To- 
cornal, de Varas i de Covarrubias, intermediarios 
en nuestras gratides negociaciones diplomáticas, i 



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— 469 — 

en qué rincón habíase tirado en el ministerio de 
Belaciones Esteriores, recientemente trasformado 
con lujoso menaje, el libro i la memoria del ilus- 
tre Bello? 

XIII. 

Hubo todavía en aquella primera conferencia 
'celebrada en los momee tos en que desembarcaba 
en Iquique una fuerte división despachada en son 
de guerra desde Lima, otro incidente diplomático 
de grave trascendencia; i queremos contarlo con 
las propias palabras del acusado i del culpable. 

«Al levantarme, refiere el señor Lavalle en su 
despacho del dia 11 de marzo, en que da cuenta 
de sus afanes en aquel dia, me dijo el señor Fierro 
que le permitiese preguntarme qué habia del tra- 
tado secreto de filianza entre el Perú i Bolivia, 
^ue Oodoy le escribía que ese tratado existía desde 
1873; pero que estrañaba que Godoy en seis a/ños 
no hubiera dicho una palabra sobre él, i cómo un 
tratado que se suponia aprobado por los Congre- 
sos del Perú i Bolivia, habia podido permanecer 
secreto tanto tiempo; que Videla le habia asegu- 
rado que nunca habia oido hablar allí de seme- 
jante tratado hasta los últimos tiempos, en que se 
dijo que se habia encontrado en un armario un 
tratado secreto entre el Perú i Bolivia; que a él se 
le habia dicho que a ese tratado se le habia procu- 



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— 470 — 

rado la accesión de la República Arjentina; pero 
que la Cámara de Diputados lo habia rechazada 
a solicitud del señor Rawson. 

i>Le contesté que yo habia sido presidente de 
la comisión diplomática del Congreso durante las 
lejislaturas de 1874, 76 i 78, i que en ellas no se 
habia visto tal trabado; pero que oyendo hablar 
tanto en Chile acerca de él, habia pedido informes 
a Lima sobre el particular. 

XIV. 

Mas, antes de llegar a la cima del Calvario en 
esta via crucis de la dignidad de Chile, sacrificada 
en aras de la torpeza i del miedo supremos, será 
fuerza volvatnos los ojos entristecidos hacia las 
playas del Perú, para darnos razón de lo que en 
aquel país ocurría, mientras el señor de Lavalle 
se entretenia agradablemente en cadenciosas plá- 
ticas, ora en el mullido sofá del presidente Pinto, 
ora de sillón a sillón en el despacho del ministro 
Fierro, todo a su elección i a su albedrio, tarde i 
mañana, sin esceptuar, cuando ello le placía, la 
hora de la madrugada u otra de mayor intimidad 
i ventura para él. 



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— 471 — 

ANEXOS AL CAPITULO XVI. 
I. 

DOCUMBKTOS RELATIVOS AL AHALTO DEL CONSULADO PERUANO EN 
VALPARAÍSO EN LA NOCHE DEL 4 DE ENERO DE- 1879. 

(Comunicaciones entre el intendente de Valparaíso i el cónsul Márquez). 

Valparaíso, marzo 5 ds 1879. 

Sefior Intendente de esta provincia. 
Presente. 

Selior Inteadente: 

cVivamente reconocido a U. S. por la epérjica i eficaz inter- 
vención para impedir que los numerosos i mal inspirados indi- 
TÍdnos que asaltaron anoche el consulado de mi cargo realizaran 
actos de mayor violencia que los que por desgracia ejercieron, 
jazgo de mi deber manifestar a U. S. mi gratitud por sus esfuer- 
zos i medidas en favor de la seguridad de mi familia. 

]»Pl¿ceme reconocer que las autoridades no pudieron prever 
el ultraje inferido al consulado i aun me consta que la fuerza 
pública recibió pedradas que le lauzai^on los individuos del tu- 
multo. 

»£stimaré a U. S. se sirva trasmitir la espresion de mi pro- 
fando agradecimiento a los señores coronel don Jacinto Niño, 
capitán de navio don Osear Viel, alcalde municipal don José 
María Necochea i los demos caballeros que acompañaron a U. S. 
al consulado. 

]>Me es grato r^^petirme de U. S. muí atento i obsecuente ser- 
Tidor. 

Luis E. Márquez^. 



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— 472 — 
ValparaisOj marzo 5 de 1879. 



Sofior cónsul: 



«He recibido i contento ea el acto la ateata comuaicacion de 
U. S. fecha de hoi. 

dLc agradezco sobre todo su espíritu de justicia al reconocer 
que las autoridades no pudieron prever lo que iba a suceder en 
el consulado. Estaba seguro, por los informes que habia recibi- 
do, de que no liabia el propóáito ni debía temerse ningún des- 
mán; i cuando vi retirarse después del meeting, que tuvo lugar 
en la plaza de la Independencia, tranquilamente i por diversas 
avenidas las personas que habian concurrido allí, quedé ootnple- 
tamente tranquilo. 

:»Fué, pues, para mí una verdadera sorpresa la noticia de que 
nn grupo se habla dirijido al consulado i cometido ah( escesos 
deplorables. Lo que hice desde que tuve la noticia, fué cumplir 
estrictamente mi deber. Nada tiene, pues, que agradecerme 
U.S. 

j> Valparaíso entero deplora en este momento lo sucedido, i en 
cuando a la autoridad de la provincia, tiene el convencimiento 
de que, velando por la seguridad de U. S. i de su familia^ ha cui- 
dado del buen nombre i del honor del país. 
Dio0 guarde a U. S. 

K AUamirano. 
Al señor Cónsul del Perú. 



EDITORIAL DEL DIABIO OFICIAL DKL 7 DE MARZO DB 1679. 

«Una parte insignificante i anónima de la población de la ve^- 
ciña ciudad de Valparaíso, cuya jeneralidad se ha distiüguiud6 
siempre por su cultura i bien encaminado espirita público, eje- 
cutó en la noche del pasado martes escesos altamente deplora* 
bles contra la casa de habitación del señor cónsul jeneral del 
Perú en aquel puerto. 



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— 473 — 

* >La opinión en masa ha reprobado enérjicamente la conducta 
de los autores de tales escándalos, i las autoridades de Valpa- 
raíso que acudieron a contenerlos i los contuvieron en efecto 
hasta donde fué posible, están fírmemente resueltas a aplicar 
todo el rigor de la lei a quienes quiera que en lo sucesivo estra- 
limiten de tal modo el derecho que tienen de reunirse pacífica- 
mente para emitir sus opiniones i dirijir al gobierno sus soli- 
citudes o reclamos. 

iDe esa decisión a mantener el orden de la lei, fuera del cual 
es imposible el tranquilo i saludable ejercicio de los derechos 
individuales, participan todas las autoridades de la República, 
quienes así como sabrán respetar cualquier manifestación pa- 
cífica i areglada a la lei, reprimirán enérjicamente las qu¿ se 
aparten de esa norma, sea cual fuere, por otra parte, el senti- 
miento que sus autores invoquen para llevarlas a cabo» 



II. 

DISCURSOS PRONUNCIADOS ÉN LA RECEPCIÓN DIPLOMÁTICA DBL 
MINISTRO LAVALLE EL 11 D7< MARZO. 

Discurso del señor Lavalle. 
Excmo. SQñor: 

«Es ya antigua política en el gobierno del Perú, i de ello dan 
testimonio los anales de la diplomacia continental, propender a 
la conservación do la paz i al desarrollo de las relaciones entre 
los pueblos hispano-americanos, por tantos vínculos ligados i 
en los que por felicidad no existen iDconciliables intereses. 

^Abundando el de S. E. el jeneral Prado en estas elevadas mi- 
ras, se ha dignado acreditarme, por la carta credencial que ten- 
go el honor de poner en manos de V. E., como enviado estraor- 
dinario i ministro plenipotenciario del Perú cerca del gobierno 
de Chile, con el objeto de procurar remover todo obstáculo que 
pueda oponerse al restablecimiento de la buena armonía entre 

HIST. DE LA C. DK T. 60 



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— 474 — 

Chile i Bolivia^ naciones ambas amigas del Ferú^ i ala reanu« 
dación de sns relaciones hoi desgraciadamente interrumpidas* 
3) Misión ninguna puediera serme mas grata, i mui feliz me es- 
timaré si en su desempeño logro satisfacer las jenerosas aspi- 
raciones de mi gobierno, i merecer la alta benevolencia del de 
V. E.j> 

Contestación del presidente de la República. 
Señor ministro: 

«Vuestra presencia en nuestro país i las palabras que acabo 
de escucharos son un testimonio bien significativo del interés i 
solicitud con que vuestro gobierno contempla el estado actual 
de las relaciones entre Chile i Bolivia, naciones ambas amigas 
del Perú. 

2>Me halaga la confianza fie que en el curso de vuestra misión 
llegareis a persuadiros de que Chile, amante de la paz i de la 
armonía internacional, hizo oportunamente en obsequio de ellas 
cuanto podia exijirse de su dignidad i de sus sentimientos ame- 
ricanos. 

DSensible mi gobierno a los elevados móviles que han acon- 
sejado vuestra misión, podéis, señor ministro, estar seguro de 
hallar en él la franca i cordial acojida que se os debe por la re- 
presentación que traéis de un pueblo hermano i por vuestros 
propios merecimientos!». 



III. 

PHIMEIIAS NOTAS CAMÜFADAS EXTUE EL MINISTRO IRIGÓTBN 

I EL MINISTRO DE CHILE, DON JOAQUÍN OODOI, CON MOTIVO DB LA 

OCUPACIÓN DE ANTOFAGASTA. 

Lima^ febrero 20 de 1879. 

Por noticias que son ya del dominio público, se ha impuesto 
mi gobierno del desembarco de tropas chilenas en el puerto bo- 



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— 475 — 

liviano de Antofagasta i de la ocupación de Mejillones i Cara- 
coles; i esto ha Tenido a sorprender penosamente su ánimo í a 
producir en esta capital una gran inquietud, que debe haberla 
notado V. E. 

V. E. reconocerá que el Pera no puede mirar con indiferencia 
hechos de esa gravedad i trascendencia, tanto por la importan- 
cia que en sí mismtis tienen, cuanto porque pueden afectar sus- 
intereses, que se hallan intimamente ligados con los de Chile i 
Solivia. 

No debe, por tanto, estrafiar V. E, que me dirija a esa lega- 
ción, como tengo la honra de hacerlo^ por encargo especial de 
S. E. el Presidente de la República, a fin de que se digne comu- 
nicarme, si estuviera en aptitud de hacerlo, los informes nece- 
sarios para que mi gobierno pueda apreciar con exactitud los 
referidos hechos, así como su significación i alcance. 

Tengo el honor de renovar a V. E. las seguridades de la alta 
consideración i aprecio con que me suscribo de Y. £. atento se- 
guro servidor. 

M. Irigúj/en. 

Exorno. seQor Joaquín Godoy, Enviado Estraordinario i Ministro Pleni- 
potenciario de Chile. 



LEGACIÓN DE CUILU EN EL PERÚ. 

Lima, febrero 23 de 1879. 

El 21 del actual tuve el honor de recibir el despacho del día 
precedente en que V. E., por encargo especial de S. E. el Presi- 
dente de la República, se ha servido solicitar de mí aquellos in- 
formes que este en aptitud de suministrarlo i que permitan a su 
gobierno apreciar con exactitud la significación i alcance de la 
ocupación de Antofagasta, Mejillones i Caracoles, recientemen- 
te efectuada por fuerzas chilenas. 

En respuesta; es mi deber manifestar a V. E. que mi gobierno 
no tardará en dirijirse a los de las naciones amigas dándoles 



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— 476 — 

cuenta^ por medio de una esposicion detallada, del rompimiento 
de sus relaciones amistosas con BolÍ7Ía. En esa esposicion^ que 
llegará a manos de Y. E. no despnes que a otra alguna cancille- 
ria^ como es nataral, tratándose de la de un Estado con el que ha 
mantenido siempre Chile inalterable amistad i del que ha sido 
constante aliado desde su independencia, en todos los conflictos 
internacionales, verá Y. E. amplia e incontrovertiblemente de- 
mostrados los motivos i fundamentos de los sucesos cuyo conoci- 
miento oficial es deseable para su gobierno. 

Ko daré término a esta breve respuesta sin hacer presente a 
Y. E. que el contenido del despacho a que ella se refiere, ha sido 
publicado en estracto por la prensa. Si como lo pienso^ no ha si- 
do permitida por Y. E. esa publicación, es de ver en ello una 
falta que, si fuera imputable a algún funcionario públicO| debe- 
ría sujetarse a una eficaz investigación. 

Permítome invitar hacia este incidente la atención de Y. E. 

I aprovecho esta ocasión para renovar a Y. E. las seguridades 
de la consideración mui distinguida con que tengo la honra de 
suscribirme 

Su atento i seguro servidor. 

J. Godoy. 

Excmo. seQor Manuel Irigóyen, Ministro de Helaciones Esteriores del 
Perú. 



Lima^ febrero 27 dQ 1879. 
Seüon 

Me es grato acusar recibo a Y. E. de su oficio de 23 del mes 
corriente en que, respondiendo al mió de 21 del mismo, se digna 
informarme que su gobierno no tardará en dirijirse a los de lu 
naciones amigas dándoles cuenta, por medio de una esposicioQ 
detallada, del rompimiento de sus relaciones amistosas con So- 
livia, i que dicha esposicion se remitirá a la cancillería del Perú, 
Estado con el que ha mantenido siempre Chile inalterable amis- 



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— 477 — 

tad i del que ha sido constante aliado desde sn independencia, 
en todos los grandes conflictos internacionales. Agradezco a 
V. E. debidamente tan oportunos informes. 

A la vez debo decirle^ ocapáadome del incidente con que V. E. 
termina su citado oficio, que el gobierno se impuso con sentí- 
miento de la publicación hecha por un diario de esta capital, 
anunciando que por este despacho se habia dirijido a esa legación 
tina comunicación, en solicitud de informes oficiales sobre la 
ocupación del litoral boliviano por fuerzas chilenas, i que con tal 
motivo el infrascrito dictó las medidas conducentes a una eficaz 
investigación. Suplico a Y. E. que, por su parte, se sirva hacer 
lo propio en esa legación, a fin de asegurar, en cuanto sea posi- 
ble, la reserva necesaria en nuestra correspondencia. 

Tengo la honra de renovar a Y. E. las espresiones de mi alta 
i distinguida consideración, con que me suscribo de Y. E« aten- 
to i M^uro servidor. 

M. Iriffáyen. 

Exorno, flefíor Joaquín Godoy, Enviado Eetraordinario i Ministro Pleni- 
polenciarío de Chile. 



IV. 

XAKIFBSTACIONES DE LA PRENSA OFICIAL EN EL PERÚ I EN CHILE; 

CON MOTIVO DE LA ACTITUD DE LOS DOS PAÍSES DESPUÉS 

DB LA OCUPACIÓN DB ANTOFAOASTA. 

(editorial DB €EL PERUANO» DKL 25 DE FEBRERO DE 1879). 

cLas noticias trasmitidas por el cable^ sobre la ocupación del 
litoral boliviano por tropas chilenas^ a consecuencia de la resci- 
sión del contrato celebrado entre el gobierno de Solivia i la com- 
paGia de salitre i ferrocarril de Antofagasta, se han confirmado^ 
desgraciadamente, i colocan la cuestión en un terreno donde será 
$nas difícil llegar a una solución tranquila i satisfactoria, 

^El gobierno del Perú, desde los primeros dias de enero, dio 



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— 478 — 

instraccionea a sas ajentes diplomáticos en la Faz i Santiago » 
fia de qne empleasen los medios convenientes, de acuerdo con la 
dignidad de la república^ en favor de un arreglo amistoso. Si el 
gobierno no obtuvo entonces el resultado que esperaba, no por 
eso ha dejado de seguir asumiendo una actitud esencialmente 
conciliadora i americana^ i emplea ahora los últimos esfuerzos 
en el sentido de evitar un conflicto que hiera los intereses de 
dos repúblicas hermanas i vecinas i los suyos propios. 

dEI sábado lUtímo, como ya está el público informado, partió 
para Chile el seQor don José 'A. de Lavalle, enviado estraordi- 
nario i ministro plenipotenciario en misión especial ante ese 
gobierno. Sin dejar de conocer la gravedad de la situación^ nues- 
tra cancillería, por lo tanto^ va a repetir su mediación en forma, 
siguiendo la práctica establecida en estos casos i consecuente 
a su política; i abriga la esperanza de que aquella misión^ qne 
va a espresar el sentimiento i las ideas del Perú, producirá sa- 
ludables efectos i será un paso eficaz para reconciliar a Bolivia 
i Ghile. 

]>Por mucho que se haya complicado con los últimos sucesos 
un asunto internacional, sencillo de resolver al principio, hai 
muchos medios honrosos de llegar a un avenimiento; i no debe- 
mas afirmarnos en la idea de que las dos repúblicas contendien- 
tes se envolverán en una lucha desastrosa, cuando existen faci- 
lidades para arribar a la paz. 

»Los seúores Lavalle i Quiñones tienen instrucciones termi- 
nantes para influir en tal sentido; i no dudamos que los informes 
que dichos funcionarios comunicarán próximamente al ministe- 
rio de relaciones esteriores, nos servirán para calmar la inquie- 
tud del público i ahorrar a la América el espetáculo de una gue- 
rra entre naciones hermanas i estrechamente unidas por nume- 
rosos vínculosp. 



EDITOKIAR DE EL CCDIAKIO OFICIAL DE CniLE DEL 28 DE FSDRKKO. 

El gobierno ha consentido en que se dé a la prensa el telegra- 
ma que en seguida se reproduce, ya para mostrarse fiel al sis- 



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— 479 — 

tema de publicidad por que ha optado^ ya para evitar, con una 
innecesaria reserva, conjeturas i alarmas que no tendrían nin- 
gún fundamento sólido en que apoyarse. 

Ese telegrama no tiene, por otra parte, ningún carácter serio 
especial, i es simplemente una información oficiosa, de tiempo 
atrás ordenada a nuestro cónsul en el Callao, más para el ser* 
vicio del público que por interés oficial directo. 

Tampoco trasmite, como se habrá visto, ningún hecho con- 
creto de importancia. Su autor se limita a reflejar, con un crite- 
rio enteramente privado, algunas manifestaciones de opinión 
hechas en la ciudad de Lima. 

En cuanto a stis referencias a la política oficial del Perú, 
preciso es advertir que ellas no concuerdan completamente con 
los datos que nuestro gobierno ha recibido de su representante 
en Limay i que éste a su tumo ha tomado de lasjuentes mas res» 
petabtes. 

Hoi, como ayer, el gobierno de Chile tiene por qué mostrarse 
satisfecho de la actitud circunspectay franca a la vez i coneilia' 
dora^ en cuanto es posible^ del gobinete peruano. 

En atención a la gravedad de las circunstancias i a la influen- 
cia decisiva que cualquier comunicación oficial ejerce en estos 
momentos sobre el espíritu público, el gobierno ha tomado ya 
sus medidas para que en lo sucesivo los informes que se le tras- 
mitan revistan todo el carácter de precisión i seriedad que se 
requiere en estos casos; de modo que quedan conciliados el ín- 
teres de una lata publicidad con el de la circunspección i exac- 
tud de todo cuanto se ponga en conocimiento del país (1). 



(1) El anterior artículo del Diario Oficial servia de encabezamiento a 
nn telegrama enviado por el cónsnl de Chile en el Callao en el que pinta- 
ba las cosas bajo un aspecto alarmante, i en el cual se leían párrafos como 
los siguientes: 

fSe encuentra en Lima el Ministro de Relaciones Estertores do Boli- 
via. Se dice que su misión tiene por objeto solicitar el tránsito de f oer- 
zas bolivianas i de que el Perú cumpla con el pacto secreto de 1873 de 
alianza ofensiva i defensiva para asegurarse la integridad territorial de 
ambos países. 

]»Hoi iba a ser recibido en audiencia pública. 

^Una comisión de jefes de marina hi examinado los monitores i ha dis- 



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— 480 — 



INSOLENTE EDITOBUL DE «EL NACIONAL» (ÓRÚANO OFICIOSO DEL 
MINISTRO IRIGÓYEN) DEL 20 DE FEBRERO, A PROPÓSITO 
DE LA MISIÓN LAVALLE. 

(Fragmentos). 

El gobierno ha hecho por fin lo que debió haber realizado 
desde que se anunciaron los primeros síntomas de desavenencia 
entre Solivia i Chile, o por lo menos, desde que los aprestos bé- 
licos de este últimos país i la aptitud de su escuadra, hicieron 
indudable su intención de entrar en el terreno de las hostili- 
dades. 

Mas que probable, es casi seguro, que si con la debida opor- 
tunidad el Perú hubiese dejado traslucir en el gabinete de San- 
tiago sus propósitos invariables i la línea de conducta qne se 
proponia seguir, en conformidad con sus altas conveniencias i 
con su política eminentemente americana, no se hahria dado el 
escándalo consumado en el litoral boliviano. 

Chile ha tenido, sea por algún antecedente desconocido para 
nosotros, o por mera presunción, el íntimo convencimiento de 
que nuestro gobierno, si no se encerraba en una neutralidad ab- 
soluta i desgraciadad, seria, por lo menos remiso para mediar en 
la contienda, dándole el tiempo necesario para conquistar glo- 
rias baratas, en territorios indefensos. 

Sin este convencimiento, o cuanto menos, sin mui serias pro- 
babilidades de que tal seria la actitud de nuestro gobierno, es 
imposible que Chile se hubiese lanzado a una espedicion de aza- 
res, de aventuras i en la que rifaba, a la vez, su enemistad con 
Bolivia i su enemistad con el Perú. 

Tal espedicion, a la buena ventura, solo podia hacerla un país 
en el delirio de sus ambiciones o completamente loco. Pero Chi- 



puesfo sean inmediatamente repelados, 

y>El Nacional pide sin vacilación la alianza con Bolivia, íom<tndo en cmm- 
ta loe conveniencias de los negocios de salitre del Perú», 

Pero el optiaUmo del gobierno era iacurable! 



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— 481 — 

le acaba de probar, en la caestfon arjentína, qae no padece de 
ningntio de esfcos males; i que si tiene presancion i soberbia, 
ellas no van hasta el punto de obligarle a lanzar retos impru* 
den tes a países que tienen tanto poder como el suyo. 

El Perú no puede ni debe exijer que el arbitraje, la reatiuda- 
cion de las negociaciones diplomáticas entre Bolnria i Chile, o 
cualqnier otro medio de entrar en las vías pacífícas, se inicie i 
se lleve a cabo, mientras dure la ocupación del territorio boli- 
viano, á métios que Bolivia lo consienta espontáneamentei lo 
que juzgamos imposible. 

Esa ocupación, quizas sin precedente en la historia amerioa^ 
na, ha sido, a la vez, una ofensa i un atentado que no hemos ca- 
lificado hasta hoi debidamente. 

Esa ofensa i ese atentado han bastado para borrar las huellas 
de cualquiera falta que Bolivia hubiese cometido, en orden al 
cumplimiento del tratado de 1874; i con tanta mayor razón, des- 
de que Chile, separándose de ese mismo tratado, propuso mt 
arbitraje bajo condiciones inaceptables que cualquier pala del 
mundo habría rechazado. 

£1 Pen\, cuyos intereses se encuentran íntimamente yinonla- 
dos con los de Bolivia, cuyas tradiciones i sentimientos lo lie* 
van siempre al lado del débil e injustamente mal tiaatado, cuya 
voz ha resonado siempre en favor de la justicia i del derecho 
vulnerados; el Perfi, decimos, no puede exijir que Bolivia trate, 
mientras su tei^ritórío esté ocupado, mientras el pabellón chileno 
ondee en Antofagasta, en Mejillones, en Oaraeoles o en Cobija* 

LiL jenerosidad, la altivez sin rasgos de quijoteria, la franque- 
za i la lealtad para defender los intereses de justicia i las al- 
tas conveniencias propias, pueden, al contrario, levantarnos moi 
alto en la estimación i en la gratitud de las naciones que nos 
observan. 

Dos caminos tiene, pues, nuestro gobiernp delante de sL 

El país sabe ya cual le conviene s^uir. 

El país desea saber, cuál piensa seguir el gobierno. 

HIST. DE LA C. DE T. 61 



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— 482 — 

EDITORIAL MS €BL FERROCARRIL» DB 8ARTIA00 DEL 27 DE FIDREBÓ. 

(Fragmento). , 

La actítnd del gobierno del Perú en el actual conflicto entre 
Solivia i Chile, justa preocupación de la opiníou i objeto de las 
mas contrarias apreciaciones, comienza a diseñarse con cierta 
claridad» 

Porunafelis coincidencia se han recibido a nn mismo tiem- 
po las declaraciones oficíales formuladas sobre este asunto por 
los gobiernos de Chile i del Perú. 

El Peruano^ órgano ofícícJ del gobierno del Perú i el Diario 
Oficial del gobierno de Chile^ han hecho declaraciones esplícitas 
respecto de la actitud del gobierno del Perú en la actual con- 
tienda. 

Según Ul PeruanPf el gobierno del Perú, lejos de haber asu- 
mido una actitud dudosa ea la cuestión chileno-boliviano, des- 
de el 2 de enero último, en que comprendió las dificultades que 
podían sobrevenir, interpuso sus buenos oficios para nn aveni- 
miento pacifico, por conducto de las legaciones peruanas en La 
Paii i Buntiago. £1 gobierno peruano no ha omitido ni omite es- 
fuerzo alguno en este sentido i ha continuado trabajando para, 
•evitar un «ottflictOT 

El Diario Oficial de Santiago confirma esas declaraciones. 
Respecto del Perú, dice, es grato espresar que su digno priopier. 
majistrado se muestra decidido a observar una estricta neutra- 
lidad, sin perjuicio de ofrecer la mediación de su gobierno con 
^I «levado cuanto jeneroso propósito de conciliar los intetes 
en *ctmque i evitar a las dos naciones, entre quienes la suya re* 
parte *sas simpatías i equilibra sus oonveníencías, el doloroso 
«stremo de una guerra. 

Este propósito oportunamente espresado cuando el curso de 
nuestras negociaciones en La Pas destruía toda esperanza de 
avenimiento, i dejaba por tanto entrever que Chile volvería ip^o 
/acto a la posesión de los derechos do que se desprendió condi- 



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— 483 — 

cioDalmente por el tratado de 1866^ ha sido ratificado ana vez 
mas, agrega el Diario Oficial^ por la misión estraordinaria en- 
comeadada al señor Lavalle. 

La neutralidad sin perjaicio de ana amigable intervención 
tal es la actitad del gobierno del Perú a la luz de las declara- 
ciones oficiales. Esa actitad corresponde a los deseos manifes- 
tados por alganoB órganos de la prensa independíente de Li- 
ma (1). 



(1) El Ferrocarrü ha representado durante la guerra el carácter de ór- 
gano oficioso del gobierno i ha participado invariablemente de todbs aus 
optimismos» sin cerrar por esto sus columnas a todas las opiniones. 



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CAPITULO XVIL 



EL PERÚ EN ARMAS. 

Estado de desanne i de imprevisión militar del Perú al eiiTÍar al señót 
Lavalle a Chile. — Su marina, i condición de cada uno de sus buques. — 
Penuria de sus arsenales, i sus cureñas comida* por ¡as ratas, — Estado 
i dispersión de su ejército. — Pontos que ocupan sus cuerpos de línea 
en los últimos dias de febrero. — Tropas disponibles que tiene Lima. — 
El Perú necesita a toda costa ganar tiempo.— Sus hombres públicos 
confiesan que este fué el verdadero objeto de la misión Lavalle, i aplau- 
den el engaño. —Febril precipitación con qne el Perú comienza sus 
aprestos.— Todos sus buques de guerra entran sucesivamente al dique. 
—Nombramientos de jefes para la marina i constantes juntas de gue- 
rra de éstos en Lima.— £1 presidente Prado visita con frecuencia las 
naves del Callao i presencia el ejercicio de fuego de los monitores. — 
Ordenes que se comunican a los jefes de los cuerpos en el interior.— 
El Do8 d€ mayo se pone en marcha desde Ayacucho a Pisco i el Zepita 
del Cuzco a Moliendo.— Se alista en Lima la división Yelarde i notables 
instrucciones que dan a este jefe el mismo dia en que el seíior Lavalle 
es recibido en la Moneda.—^ dirije a Iquique la división Yelarde i 
lleva mil rifles de apuesto contra los chilenos. — Se levantan nuevas 
tropas en Lima. — Trabajos en las baterías del Callao i se las dota de 
luz eléctrica.— Se encargan a Estados Unidos por el telégrafo, mientras 
el señor Lavalle venia de viaje a Chile, torpedos de la última invención. 
— Repuesto considerable de cañones de calibre de que dispone el Perú. 
—^¿Suministró o n6 el gobierno del Perú armas a Bolivia durante la 
misión Lavalle? — Cartas i telegramas de Puno que lo afirman.-— Contra- 
dicción del ministro Irigóyen.— El gobierno del Perú despacha a Iqui- 
que una segunda división al mando del coronel Snarez, compuesta del 
Zepita, el Dos de mayo i el escuadrón Guias.— Entusiasmo belicoso 
de ios universitarios en Lima i sus cantos guerreros. —Manifestaciones 
populares en Tacna i ft-atemizacion de peruanos i bolivianos. — Tiénese 
en Chile sucesivamente noticia de lo que ocurria en el Perú, sin alcan- 
zar a turbar a fondo el optimisn^o del gobierno.— Inquietudes de la opi- 
nión. — Insolencia de la prensa del Perú, particularmente en Iquique. — 
Comienzan los vejámenes a los chilenos en las salitreras de Tarapacá.— 
Manifestación que hacen lofe chilenos residentes en la Noria. — Profunda 
tranquilidad con que el señor Lavalle verifica su tai*ca Regañar tiempo, 

((Efectivamente, a la sagacidad del doctor 
Irigóyen no se ocultó la conveniencia de enviar 



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— 485 — 

uBa miéioB de ]gñz a BiuitiaffD; müiioo que, eoo- 
báen omal óxi¿o, estaba llamada a prodadr 
vna de dos importaMté$ wfUc^ds pttr^ djpa(t$: si 
la misión tema buen éxito, se luibia evitado la 
guerra; i si la misión no era cicepfada^ se habia, 
ganado un Hempo precioso para la defensa. EsTA 
dl/riMA 7KMTAJA FUá I^A QUE SB GOtIfSlOUlÓ;. 

pero desgraciadamente, por defecto de previ- 
sión o por eeoeso de ^crúptUo mal mtendida ei^ 
el albur de la partida, no se sostuvo el primer 
impulso. 'Eíjngador cambió de vlan^ i hé aqut 
la causa de vernos acusados por loe que juegan 
del otro lado del tablero». , 

(Artículo publicado en Él. Chmercio de Lima 
en noviembre de 1879 i atribuido a un alta 
personaje político i ez-ministro del Perú). 



El Perú, en razón de sus prodigalidades, no es- 
taba preparado para la guerra, como no lo estaba 
Chile, en virtud de sus economías. Gracias a un 
sistima de egoístas penurias, que nunca alean;* 
zaronenel último paía a los sueldos d^ los aj-^ 
tos dignatarios, las aguas del presupuesto con- 
viértense en tenue rocío, insuficiente para fecun- 
dar el suelo, al paso que en €sl país vecino, por el 
procedimiento opuesto, tórnanse los ingresos en 
tonel de las Nereidas. El resultado de la impre-^ 
visión, en uno i ptro caso es, sin embargo, el mis- 
mo, si bien mas fácil el remedio para nosotros, 
donde basta con levantar con algún vigor las 
compuertas del estanque i su represa para inun- 
dar i fertilizar el campo, 

IL 

Entre tanto, el desgreño militar del Perú era 



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— 486 — 

tan abultado como la audacia de sus insensatos 
ministros i la procacidad de su prensa sin reparo. 
Su escuadra se hallaba desarbolada i dispersa. La 
corbeta Union yacia con sus fuegos apagados i sus 
calderos hechos parches en Iquique^ la cañonera 
Pilcomayo (cuyo nombre verdadero i orijinario 
es Putumayó) (1), desempeñaba cortas comisio- 
nes de servicio en los puertos del norte, al paso 
que los dos monitores del Missisippi, comprados 
en 1869 con tantos millones como escándalos, 
habíanse convertido en boyas dentro de la rada 
del Callao. La fragata Independencia^ orgullo i 
baluarte del Perú, tenia a la sazón sus calderos 
de repuesto en la playa, i reparaba sn máquina. 
Solo el Huáscar^ que íejia en el Perú desde los 
tiempo de Balta i de Piérola como una potencia 
marítima independiente, hallábase mas o menos 
en condiciones de hacerse inmediatamente al mar. 
El Huáscar era una especie de Megaterio de fau- 
ces de fuego i costillas de hierro que ponia es- 
panto altarnativamente a los gobiernos i a las 
rebeliones, según fuera quien llevara asido su ti- 
món, i de aquí el que se le tuviera siempre listo i 
por la brida. 

(1) £1 Perú encargó en 1873 dos cañoneras con los nombres 
de Chanchamayo i PntumayOy dos aflaentes del Amazonas; pero 
el pulcro decorador ingles puso en la popa de la última Pilco 
en lagar de PutUy i asi el PilcomayO; rio que no eidete en el 
Pen\^ dióle nombre usurpado. 



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— 487 — 



IIL 



En todo lo demás reinaba la pereza, el desor- 
den i el derroche que en pasados siglos había he- 
che célebre el capostadero i presidio del Callao]^, 
nombre el último apropiado por el sin número 
de de&audadores del reí que en ese puerto se al- 
bergaban. 

Una correspondencia del apostadero a El Na^ 
donal de Lima, que aquel diario publicó el 10 
de marzo, aseguraba que algunas de las cureñas 
de la fragata Independencia chabian desaparecido 
comidas por las ratasi^. Era lo mistao que sucedia 
en tiempo de los vireyes cuando las ratas, que 
son prodijiosamente abundantes en aquella playa 
tropitjal i sucia, se comian no solo las cureñas sino 
los cañones i las culebrinas fundidas con el mas 
rico i maleable cobre de Chile. 



IV. 



En el ejército acontecia otro tanto. Aposar de 
constar, según el presupuesto vijente, de 4,200 
plazas de soldado i de 3,870 oficiales de todas ca- 
tegorías i posiciones, incluyéndose entre ellos 26 
jenerales, el gobierno solo podia disponer de 
pronto de cuatro batallones de línea, el 6.'' o caza- 
dores del Cuzco que mandaba cu Chorrillos el co- 



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— 488 — 

mandante don Víctor Fajardo, ayacuchano, pero 
hijo de chileno, i el T."* O cazadores de la Cruardia^ 
estacionado en Lima i cuyo comandante era el 
coronfel don Alejandro Herrera, antiguo i honora- 
bles edecán del jeneral Prado, actualmente enfer- 
mo^ de gravedad, a' causa.de una caida en el tren 
dfe Chorrillos: Los otros dos batallones acuartela- 
dos en Lima; pero qufc nb era prudente soltar, 
eran el Ay acacho o I."" del Perú, mandado por un 
sobriúo del presidente Prado i el núm, 8 o LiTnay 
cuyojdfe era el apteciable oficial don Kemijio 
Beimudez Morales, naítural de Tarapacá. 

Hallábase el resto del ejército esparcido en todos 
los departamentos del Perú, atento el gobierno i 
preocupado con los constantes amagos de insu- 
rrecciones políticas. Los jendarmes que custodia- 
ban las grandes ciudades, de suyo inquietas, como 
Arequipa, no eran suficientes garantias de orden* 

El mejor batallón del Perú, el famoso i ague- 
rrido Zepita, encontrábase, en consecuencia, acan- 
tonado en el Cuzco, al mahdo del valiente coronel 
don Andrés Avelino Cáceres, i el Dos de mayo en 
Ayacucho, a las órdenes del coronel don Manuel 
Suarez, muerto mas tarde gloriosamente en Ta- 
rapacá. El rejimiento de caballería Húsares de 
Junin forrajeaba en los valles del norte i él escaa^ 
dron Guias estaba de facción en el valle de lea. 
Los lanceros de Torata, tercer cuerpo de jinetes 
del Perú, cubrían la guarnición de Lambayeqiie. 



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— 48© — 



V, 



La< dUpension i el desarme, aria por t^a^ioomr 
pleto, de aqiá el oríjea esclvisivo 4eila misión La? 
valle, según, lo tienen coafesado idas tord^ paUdir 
ñámente losjperqauc(8. Todftvla.ciw^tíoa ierja(«gar, 
Oft? táempQí, ies.te.otoí-góselo de sobráis elineptoi 
gobierno de.Qhile qtíe nuflpft) <3Qmpyendió la gw- 
rra en que, sin darse cuenta, se .^eSflJifabarp^ mo-i 
twrDS-einflvieDkeiaB sin. altui-a¡,: defíJeñando.el cla- 
míw popiul^r ;c(ue,«ra mH Yeee$ :ma# previsor», íaa$ 
c«rt»w> i mafl^janíiigwo.: 

P^ado en páZ'i^l gobierftP 4«| Perú, p<j$D8«i, em 
cóí»secueiici^> alatareíi d§ íeoqjer, ^vis: fuéra^i 
de arfflarse.QQn. ibesion. igu«l a,su.Qeleridadí 

Su primer cuidado fué alistar su escuadra. In- 
mediatamente entró el. Huáscar al dique i limpió 
sus fondos. La Union, que se hallaba en Iquique, 
según dijimoSr «ira relevad!^ por la ,Pik(nfmi;t/q'\ fué 
pq^tA«n activa repajaciou, esp^aimente en sijp^ 
ealdeiTOs. Al. propio tiempo se caipbiaba)i los.c^r. 
ñones, a; la Indfp/^d^cia,, oolocindos? en su proí^ 
ima pie?a. Blakley de a 300; que, fué Iq^go rem- 
plazada por otra de menor qalibiíe, a copspqueiit 
cia.de resjaníáíse-su cubierta cop el p^^o,.^ué ós§ 

HIST. DB LA O. DB T. 62 



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— 490 — 

el cañón que los tripulantes de la Covadovga no 
permitieron disparar una sola vez en el combate 
de Punta Gruesa, matando sucesivamente a todos 
su» artilleros. Los monitores mismos recibieron los 
honores del dique, tocándole su turno al Aiakual- 
j9« el 3 de mareo. Hallábanse losíbndoade este 
barco tan sucios, después de su larga estadía en 
las aguas legamosas de Iquique, que los obreros 
estrajeron de su casco <le fierro picos hasta de seis 
pulgadas de largo. 

■Ejecutadas estas apresuradas reparaciones, los 
dos monitores se hicieron h la mar, i en presencia 
del presidente Prado, que visitaba casi diariamen=- 
te los diversos departamentos de la escuadra, los 
arsenales i los cuarteles, hicieron aquéllos ejerci- 
cio de fuego en la isla de San Lorenzo, con esce*' 
lente resultado, al decir de los diarios de Lima, 
tardando solo siete minutos de un disparo a otro 
. disparo. 



VIL 



Sin péinlída dé tiempo habíafee distribuido, ade- 
mas, el mando activo de los buques de la armada 
entre sus mejoi^s oficiales, sacándolos de Ioét 
puestos políticos o de las oficinas de paa i admi- 
nistración qué oóupaban. El capitán de navio don 
Miguel Grau, dejó la mayoría de la escuadra i 
tomó el mando del Huáscar; el comandante don 



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— 491 — 

Aurelio García i García fué designado para el 
mando de la Independencia^ buque que él habia 
hecho construir en Londres en 1866, el capitán 
Moore pasaba a la Union, i el comandante Garri- 
lio dejaba su puesto de director de la Academia 
náutica i su sillón de presidente de la Cámara de 
Diputados para meterse, encorvado pero patriota, 
en uña de las cuevas de fierro en que, con el nom- 
bre de monitores, adiestraban los marinos perua- 
nos a sus artilleros, 

LoiS juntas de facultativos de mar era» ademafi 
frecuentes en Lima, i a la que tuvo lugat el 6 de 
marzo en el palacio de gobierno, bajo la presiden- 
cia del jeneral Piado, asistieron los contra^almi- 
rantes Montero i Hafca, i los comandantes Grau, 
Carrillo i García i García. 

VIIL 

No era menos activo el movimiento de con* 
centracion i alistamiento del ejército de tierra. 
El telégrafo, o espresos de a pié (los antiguos 
chasques y o telégrafos vivos de los incae) deftpa- 
chados a las sierras cubiertas en aquellos meses 
de nieves i visitadas por frecuentes huracanes, 
haciendo intransitables los senderos, porque ca- 
mino no hai en esa zona del Perú, comunicaban 
en todas direcciones la orden dé marchar del 
interior hacia la costa. El coronel Suai'cz recibió 



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— 493 •-. 



én Ayacucho un éspreso del fénéral Prado á este 
téiior en los óHimos dia^í dé febrero. El cok>nel 
Cácéres estaba, a su tnrno, listo con sil tropa en el 

OttZCO; 



IX. 



I^ riaas viva i urjente preocupación del gobier- 
no; era mn embargo/la défeiísa de la provincia 
de Tarapacá i del puerto de Iqmqtie, que en vir- 
tud rdfe las teyes del oWkto; el gobierno ^dé Ibiina 
cónsidferafca «el objetivo de lá camfíaflaK Lagne- 
prafera el siflitre. 

Con ese propósito, el Ijen'eral Prado, «listó ^na 
división de mil hombres i desj)achóla a Iqtíi^e 
al mando del coronel dcm Manuel Vdlárde, ha- 
ciéndose a la mar esa fuerza de provocación mas 
que de defensa, en el trasporte Limeña el 7 de 
marzo, esto es, en el mismo dia en que el minis- 
tro Lavalle era recibido entre^ intimas cordialida- 
des en SantiAgO; 

Componíase aqxrella división, que fué en Segui- 
da la primera delejércíto de Tarapacá, de los ba- 
tallones ya nombrados, 6."* i I."" de línea, vinien- 
do el último a cargo dé su segundo jefe don Ma- 
riano E. Bustamánte; de una batería de cuatro 
piezas de a 7, náaridada por el mayor don Fran- 
ciséo Pastrana i de im estado mayor cotópleto 
bajo la direecion del coronel don Agustín More- 



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— 498 — 

no. Traía ademas él Limeña 30,000 raciohes, 
150,000 tiros a bala, una cantidad dé pertrechos 
i müriiciories destinadas a los puertos de Molien- 
do i de Arica, i l;000 rifles de repuesto para armar 
las njilicias de Tarápacá contra los chilenos, cuyos 
tumultos patrióticos se presentían en las caliche- 
ras (1). 

«La división Velarde, decia algunos dias mas 
tarde un diario de Lima, llegó sin novedad a Iqui- 
qiíe, én <ioiid¡e dééembarcó tocando ataque. Gieíito 
cinfeuenti botobres se había presentado en ella 
pidiendo plaza, i de Gkianillos íriaíchabán 100 con 
igual fpfopÓBÍto:p . 



X. 



Al propio tíétíipo, el gobierno tóediador del 
Perú ordenaba la reorganización del batallón 
Jendarmes de Lima; movilizaba tres cuerpos de 
milicias de esa ciudad; ponia en pié de guerra las 
descuidadáfe baterías del Callao, aplicándoles el 



(1) Las disposiciones, belicosas del gobierna peraanó en aqael 
envió de tropas aparecen con toda evidencia en las instruccio- 
nes ooinnnicadás aV coronel Velarde, i que nosotros encontra- 
mos eh los papeles del estado mayor peruaiio depositados en la 
Biblioteca Nacional de Santiago, archivo que habremos dé citar 
con alguna frecuencia en esta historia. Publicamos ese docu- 
mento notable por sus revelaciones i sus coincidencias entré los 
anexos del presenté capítulo. 



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— 494 — 

servicio de comunicación eléctrica; encargaba a 
Estados Unidos los numerosos cargamentos de 
armas que mas tarde trasportó a mansalva el Ta- 
lismán desde Panamá, i hacia públicamente en- 
cargos de torpedos para aplicarlos a sus puertos o 
a nuestras naves, a su elección (1 ). 



XI. 



Hablábase también en esos dias del envió de 
12 cañones de a 72 destinados a fortificar los 
puertos del sur del Perú, i con este motivo hacian 
los diaristas entre los dedos el inventario del nu- 
meroso parque de piezas de grueso calibre, com- 
pradas a precio de oro durante la guerra con Es- 
paña, i que el Perú conservaba tiradas i a la in- 
temperie en la playa del Callao (2), 



(1) El Tiempo, diario de Iquique del 4 de abril, decía, refi- 
riéndose a una correspondencia de Lima fechada el 12 de mar- 
zo, lo. Mguiente: — «Hace veintidós dias (esto es el I.** de marzo), 
encargó el gobierno a Estados Unidos por telégrafo^ torpedos 
de la última invención i dos lanchitas para lanzarlos, habiéndo- 
le contestado que se les mandarán por Panamá:». 

Estcesplica la celeridad de los arribos posteriores, cuya pri- 
mera remesa recojió el Talismán en Panamá, saliendo del Ca- 
llao con ese objeto el 27 de marzo, esto es, una semana antes 
que Chile declarara la guerra. 

(2) Según La Opinión Nacional estas piezas llegaban a 72 en 
esta forma: 

2 cañones Rodman de 29 pulgadas, 21 id. id. de 15 id., 16 id. 



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— 495 — 

I cual si esto no fuera todavía suficiente, como 
síntomas i aprestos de pacificación, enviados en 
apoyo de la meliflua misión del señor Lavalle, El 
Nacional bramaba porque no se llamaba inmedia- 
tamente al servicio de las armas la guardia nacio- 
nal de Lima. — «¿Hasta cuándo, esclamaba el dia- 
rio de los civilistas, que eran ala sazo*n i a virtud 
del miedo i del salitre, los arbitros de la situa- 
ción, hasta cuando no se empiezan a acuartelar 
los cuerpos de guardia nacional? 

3>Se espera guardar todo para la última hora 
para que entonces suceda aquello de: al asno 
muerto. . . ¿ 

dIJu poco de actividad, i que las cosas no se 
queden en veremos. 

))No estamos ahora para echarnos a dormir a 
pierna sueltan (1). 

xn. 

Bíjose también que no contento con todo esto 
el gobierno mediador habia hecho un suministro 
clandestino de armas a su aliado secreto, inter- 
nando las últimas por Puno i Chililaya; i aun 
cuando existen indicaciones claras de haberse 

id. de 10 ii, 1 ícj. Blackeley de 11 pulgadas recortado, 4 id. 
Vavasseur de 9 id., 15 id. Dahlgreen de 8 id., 7 id. Parrot de 8 
id., 4 id. id. de 6/10 id., 4 id. ¡d. de 5 id., 4 id. id. de 4/10 id. 
(1) El Nacional del 14 de marzo. 



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— 406 — 



€g^cutado aquella felonía, negábala, sin embargo, 
terminantemente en su manifiesto do abril el mi- 
nistro Irígóyen, el gran culpable de la ruina de su 
patria i de la guerra (1). 



(1) El Ferrocarril de Santiago publicaba ea los últimos 
días de marzo los siguientes estractos de una carta datada en 
Puno el.l6 4fi ese mes: 

a;Habian llegajdo a I^upo, prQpejí^^ptes de Mo)lendO| 1,50Q ri- 
fles, los que trataron 4e ocultar a to4os., Al diar sigui^at^. fueron 
embarcados en el vapor Tapurú, que hace la navegación en el 
^itacaca i que el dia 12 de marzo, a las dos de la tarde, salió con 
diteficion a Ja márjen s^rdel lago, esto ed, a Bdívia. 8e esplic^ 
la precipitada salida del vapor diciendo que pr^QJ^l^a maodtf 
la cargn d^ haripas i trigos p^rji ¡Oh^U^ya. 

3)E1 prefecto de Puno, señor Latorre, interrogado sobre estos 
1,500 rifles, contestó que nada sabia. Sin embargo de tanta re- 
éerva, se comunicaron al doctor Corral algunos telegramas de 
Lima i hasta los trasmitió a los mil i tatito^ baliváauoB xesideiir 
tes en Puno. 

Uno de esos telegramas de Lima decia así: — «Haga propio: 
en el acto la remisión de los mil quinientos riflesi>. 

La denegación del ministro Irigóyen está concebida ^if los 
términos siguientes: 

«No es tampoco exacto que el Perú, mientras ejercía su me- 
dÍQ.QÍon en Santiago^ hubiese suministrado a Bolivia armamento 
imurrioiones de guerra; i mi gobi^np se. ap;r^3tv[ft;a reeba^Ar 
este cargo con la altura que le correspondía^ ^^ade que lo ioi- 
ciara el señor Godoy. No solamente llevó su lealtad i su deseo 
de evitar la guerra hasta negarse a proporcionar a Bolivia ele- 
mentos bélicos, sino que se es/orzó en impedir la salida del 
ejército de La Paz^ que ardia por lanzarse i recuperar su terri- 
toria ttsurpadOy i la de un corsario que el gobierna de aquella 
República, que no ha suscrito la declaración de Fáris de 1856, 



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- 497 — 



XIII. 



Incansable el gobierno de los civilistas i sali- 
treros de Tarapacá, a cuya cabeza habíase coloca- 
do el ministro Irigóyen, en poner en estado de re- 
sistencia sus calicheras, que suponían ardiente- 
mente i objetivamen^;e codiciadas por los chilenos, 
alistaron con noble celeridad, después de la parti- 
da del coronel Velarde i mientras el Limeña re- 
gresaba de Iquique al Callao, una segunda división 
que confiaron al mando del activo i fogoso coro- 
nel don Belisario Suarez, natural de Tacna. 

A este efecto bajó el batallón Dos de mayo^ con 
la nieve a la rodilla, desde Ayacucho a lea i a Pis- 
co, habiéndose puesto en marcha hacia la costa 
al dia siguiente de la partida de la primera divi- 
sión, desde el Callao. I como la jornada de Aya- 
cucho a lea por la cordillera de la Viuda, era te- 
rrible i demorosa, el gobierno de Lima despacha- 
ba chasque sobre chasque recomendando al co- 
ronel Suarez apresurar el paso. 

El batallón Dos de mayo dejó, en efecto, gran 
número de rezagados entr^ la nieve, fuera de la 
tropa que perdió por la prisa i la inclemencia en 



habia preparado para emprender sobre una rica i segura presa. 
Nada omitió, pues, ea su iaíjaobraatable propósito de arreglar 
amigablemente las diferencias existentes entre ambos países». 

mST. DE LA C. DE T. 63 



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— 498 — 

el paso de los rios invadeables. El coronel Siiarez 
arrastró desde lea a Pisco al escuadrón Guias que 
mandaba el coronel don Juan González, i en aquel 
puerto embarcáronse ambos cuerpos el 20 de 
marzo, el último desmontado. 

Al pasar por Moliendo el coronel Suarez, que 
venia desde Lima con su estado mayor organiza- 
do, recojió al veterano Zepita que habia desceu- 
dido a su vez de.sde el fríjido Cuzco, i el 25 de 
marzo a las once de la noche desembarcaba en 
Iquique la sepfunda división del ejército del sur, 
fuerte de 1,100 hombres de escelentes tropas- El 
escuadrón Guias habia quedado a pié en los seca- 
dales de Pisagua (1). 

^\ 

(1) He aquí cómo se aounciaba en una correspondencia envía- 
da de Arica el 30 de marzo a la prensa de Lima el arribo a ese 
puerto de la división Suarez; 

c Anoche a las diez i media . fondeó en Arica el trasporte Li- 
meña^ conduciendo una división al mando del señor coronel don 
Belisario Suarez, dicha división se compone de los batallooes 
Zepita, Dos de mayo i Guias, 150 Húsares, una brigada de ar- 
tillería i la fuerza que guarnecía este puerto. 

dEI Limeña hizo escala en esta bahía para recojer los 102 
hombres de la octava compa&ía del batallón Ayacucho que es- 
taba acantonado en esta plaza. 

2>La tropa se embarcó como a la una de la noche, zarpando 
el Limeña^ momentos después con rumbo a Iquique, lugar ¿Mi- 
de debe desembarcar esta división. 

2>B1 coronel Oastañon, injeniero de artillería, llegó anoche en 
el vapor Limeña^ hoi se ocupa de estudiar el lugar mas adecua- 
do para formar los fuertes que van a establecerse en este paer- 



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— 499 — 



XIV. 



Juntamente la opinon i la prensa ajitábanse 
con vuelcos de ira, como la escuadra i los batallo- 
nes en sus marchas, para la acometida o la defensa. 

El domingo 16 de marzo los alumnos del cole- 



to, Hoi mismo sigae su viaje a Iqaiqae». 

El Peruano (diario oficial) publicó a este propósito al si- 
gxuente dia, marzo 31, el solapado editorial que copiamos a con- 
tinuación, con el título de la Segunda división: 

«Marzo 31. — Iquique 11,30 A. M. — Suarez llegó bien. 

>Tal es el testo del telegrama recibido, anunciando el arribo a 
Iquique de la segunda división del ejército bajo las órdenes del 
coronel Suarez. 

^Ese nuero refuerzo llegado con la debida oportunidad i en 
buenas condiciones, va a asegurar el orden interior i esterior de 
nuestras poblaciones del sur i satisfacer una necesidad frente 
a la situación creada por el conflicto chileno-boliviano. 

^Podemos anunciar por consiguiente al país que se ha avan- 
zado un p:iso irap)rtmt3 i que está tomada ya, en la prácti- 
ca, una de las medidas mas urjentes de actualidad: esto es, la mo- 
vilización de una parte considerable de las tropas de la Repú- 
blica hacia un lugar amenazado por la existencia de numerosos 
ciudadanos de Bolivia i Chile i cerca del teatro de la guerra. 

íAsí serán ya fáciles de reprimir los desórdenes que sobre- 
vengan. 

»Hai actualmente de doce a quince mil chilenos i bolivianos 
en Iquique i en sus inmediaciones, que no contendrían sus ím- 
petus belicosos faltando la fuerza competente: he aquí el primer 
peligro que se ha prevenido. 

íSe anuncia como probable un choque entre los bclijerantes, 



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— 500 — 

jio de San Carlos, establecimiento de educación 
superior, correspondiente al Instituto Nacional 
de Chile, que en Lima tienen voz i voto en las 
deliberaciones públicas con su nombre histórico 
de Carolinos^ se reunieron en número de qui- 
nientos en meeting de guerra; i conforme a la 
citación de que hicimos mérito en un capítulo an- 
terior, protestaron allí en bulliciosos discursos ju- 
veniles contra los usurpadores, los piratas i los 
revindicadores de Chile; pasearon las calles en 
procesión; provocaron ardorosas respuestas al en- 
viado Reyes Ortiz desde los balcones de la Lega- 
ción boliviana; ofrecieron constituirse en batallón 
sagrado, diputando al efecto una comisión espe- 

uno de los cuales avanza hasta nuestras fronteras i aumenta sus 
bfittillonss i sus pertrechos, lo cual siempre constituye una ame- 
naza para los vecinos: he allí otra causa poderosa para armarse 
i estar preparado. 

3>E1 Perú no desea la guerra; pero no 1í^ teme. Tiene ademas 
intereses americanos e intereses propios que cautelar, si con el 
rompimiento de las relaciones entre aquellas dos Repúblicas sur- 
jen nnevjis dificultades. Si vis pacem para bellum. 

ruadas estas esplicaciones, solo nos falta agregar que no com- 
prendemos la alarma suscitada entre algunos periódicos de Chi- 
le por el movimiento de nuestras tropas. Nosotros no nos preo- 
cupamos tanto del que se nota en el mismo Chile hacia el Lito- 
ral }>oliviano, a pesar de no ser tranquilizador para el Perú. Si 
aquel país se arma i se tgita hacia nuestras fronteras, ¿por qué 
admirarse de que nuestro gobierno, en cumplimiento de su de- 
ber, asuma la actitud que la previsión i la propia seguridad 
aconsejan?» 



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~ 501 — 

cial al presidente de la República, i aplaudieron, 
por último, los ecos de la trompeta guerrera que 
un colejial del nombre de Alvarado hizo sonar en 
el caloroso cónclave, a título de improvisación: 

<r¡ Guerra pues! ofendido el patriotismo. 
Tanto insulto no puede consentir 
¡A las armas! peruanos ahora mismo 
Si la patria nos llama a combatirá (1). 

Los Carolinos fueron los primeros cucalones de 
la campaña que iba a comenzar. 

XV. 

Mientras tenian lugar en Lima estos alborotos 
populares consentidos por el gobierno para dar 
alas a la guerra, i con anterioridad de dias, perua- 
nos i bolivianos fraternizaban en las calles i pa- 
seos de Tacna, paseando en triunfo las banderas 
reunidas con adición, por via de reto i amenaza, 
de la arjentina. Los oradores, bolivianos en su 
mayor número, protestaban a grito herido contra 
el crimen de Chile i reclamaban la inmediata 
alianza de los dos pueblos ofendidos (2). 

(1) En el Apéndice bajo el núm. 3 publicamos los detalles de 
esta curiosa manifestticion limeña. 

(2) He apuí cómo la Revista del Sur de Tacna del 12 de mar- 
zo daba cuenta de esta demostración popular: 

>&1 lunes 10 del presente se reunió la Sociedad do Artesanos 



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- 502 — 



XVI. 



La prensa del Perú, tanto en su capital como 
en las provincias fronterizas de Bolivia, no se 
quedaba atrás en aquella corriente de odio, cuyas 
válvulas habían abierto con mano temeraria sus 
mas señalados escritores. Refiriéndose a pasajeros 
llegados a Valparaíso en el vapor Bimac «el 15 de 
marzo 3), decia, en efecto, un diario de aquella ciu- 
dad estas palabras, cuya gravedad era un aviso ful- 
minante para los chilenos; 



con el objeto de protestar de la ucapacion del Litoral por tropas 
chilenas. 

i>Reunidos los ai-tesanos i un gran número del pueblo, el di- 
rectorio del Club Boliviano, con las banderas arjentina, peruana 
i boliviana, se presentó en el local de la Sociedad, siendo reci- 
bido con entusiastas muestras de deferencia. 

dA continuación se leyeron i pronunciaron muchos discursos. 

DHicieron uso de la palabra los doctores señores Esteban Pra- 
da, Abdon Ondarza, Galvarro, Mier, Lopera, por dos veces. Lo- 
zano Pedro, Saldivar Eduardo, Arredondo Manuel i Vidal Na- 
poleón. 

i>Sentada i leida el acta, la reuuioq sacó las banderas paseán- 
dolas por las calles principales de la ciudad. En la glorieta de la 
alameda el doctor Ondarza, en un sentido i patriótico discurso, 
dio a nombre de Bolivia las gracias al pueblo tacneño. 

3) A continuación se dirijieron nuevamente al local de la So- 
ciedad de Artesanos en donde se disolvió la reunión en medio 
de reiteradas i ardiente protestas, todas contra la violenta ocu- 
pación del Litoral>. 



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— 503 — 

La prensa, con mui pocas escepcíones, pedia la 
guerra, i el pueblo reunido en plazas i calles la 
aceptaba en medio de un delirio indescriptible. 

La movilización de las tropas era estraordinar^ia. 
Día a día llegaban cuerpos del interior para diri- 
jirse en seguida al Callao: dia a dia se aprestaban 
armas i municiones para el ejército. En un palabra, 
la única preocupaaion de aquel pueblo es la gue- 
rra. 

T>La escuadra se reparaba en los diques^ i se di- 
rijia a Iquique, punto que, según los peruanos, 
será el mas importante^ caso de cualquier emer- 
jencia. 

3) Los pasajeros dicen que en Lima se procla- 
maba a grandes voces que los peruanos de hoi no 
eran los mismos del año 38; que era mui probable 
que nos trajeran a cañonazos hasta Santiago. 

dEI Nacional de Lima pide a Bolivia que espida 
patentes de corso como única medida que puede traer 
daños a Chiles su mas fuerte enemigo. El objeto 
de tal temperamento que rechaza hoi el derecho 
internacional, es que se ponga cortapisa al salitre 
que se esporta por Antofagasta». 

I como en corroboración de lo que los ecos re- 
cojian en los diarios de Lima, El Tiempo^ diario de 
Iquique, sometía el 20 de marzo netamente la 
cuestión de paz o guerra a la inmediata i dócil re- 
tractación de Chile en estos términos: 

aPor lo tanto, las dudas i las vacilaciones de- 



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— 504 — 

ben desaparecer del todo i los espíritus timoratos 
recuperarse de las intempestivas sorpresas de un 
infundado temor. 

dEI Perú se mantendrá en la paz, si a la paz 
se somete Chile^ i aceptará la guerra sí a ese des- 
graciado estremo le hiciese llegar en su obceca- 
ción la política maquiavélica del gobierno de 
Chile. 

DTal es el concreto de la cuestión del mo- 
mento d. 

«La prensa del Perú, agregaba un telegrama 
enviado a un diario de Santiago desde Valparaiso 
el 29 de marzo, sigue en sus ataques a Chile; con- 
sidera que la guerra es inmiaentey i que no debe 
darse tiempo al gobierno chileno para que se pre- 
pare mas de lo que lo ha hecho hasta ahora. Con- 
tinuaba el movimiento de tropas». 

XVII. 

En medio de la ajitacion que en todo el país 
comenzaba a producirse en vista de hechos tan 
atentatorios de provocación, pero quQ apenas al- 
canzaban a rozar con fastidioso escozor la piel de 
los negociadores de la Moneda; reinó un momen- 
to de calma fugaz, porque circulóse en Valparaiso 
el rumor autorizado de que el cónsul del Perú en 
esa ciudad, don Luis Márquez, habia recibido una 
carta no solo pacífica sino afectuosa para Chile 



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íL. 




COMANDANTE DE ARTILLERÍA 
DON JOSÉ VELAZQUEZ 

Ut. P. Cadot, HoArfanos 36 Rapail Jovbr, editor 



I 



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í 



^ 606 — 

del presidente Prado. Mas este funcionario, in- 
mediatamente, i poco m^s tarde el mismo presi- 
dente del Perú, se apresuraron a contradecir aque- 
lla.nwevft traijquili^adQra? (1), ;, . ./ 

(1) La Bairia de Valparaíso publicó el 26 diQ febrero el.si* 
guiante ^aelto,' cTenen^os uoticías de uua cajrta importante ^w 
vale la pena de llamar laateDcíoa. Es dirijida por el presidente 
Prado ál cónsul del Perú en Valparaíso, señor Márquez, i en 
ella el jeneral, a la vez peruano i chileno, manifiesta su prófltnda 
sibipatfapor Chile i protesta qué durautd su> administsraidrob se- 
rá muí diñcil una complicación peruano-chilena. Agreda que la 
BÚaionidel señor Lava^De tieqe por. objeto ofrecer la.m^diaciqn pX 
Perú para salvar el presente conflicto (?bileao-boliviai3wi>.. t , 
i £sto aseveración fué ooutraqlicl^a por.el cáu^u| ^árqjiie^ al 
cUaaifuieDtei.de u^a.manera oficial por El I\dfua^á¿[ IQ ^e 
marío siguiente. ., > i xci 

£l,,ftcticulo del ^diario oficial p^i^no tera.intQDcioxLal,i^{)|:e 
ter^t), J. es digno 4e ser conservado por su to^o i.por la épQc^e^ 
que se escribió* Pie? así; \ ,. ; ^ , 

. ^ i^Hemos lieido en la edi(^¡oa de El NagiimaL (^ ayeif.ua articulo 
oopdjftdo del Di^ia Q/iciíild& Sat^fi^go, 69 q|ift se bí^oep. a,lgi¡i^iaa| 
api;ecl9^oae6 sobre la ac^ítinfl del Pe;r<x eu U cuestión. c)\j}eopr 
boUviaaa i se aBevera.eon tol motijro, que S. E. el prfj^ideíijlf^ d^i 
laJRepáblioa ha espresado su decisión de obserfar asti^cta ^p^r 
tralidad, noticia que también . ha pijiblicado ot^o dfi^rio. ch^le^pi 
refijáéndose a una carta escrita por dicho n^ajistrado al jqóa^ul 
jenaral peruano seüor Márquez. ^ 

i> Conste aquí, de un modo ter minante j que S. E. el presidente 
no ha escrito carta, ni al sefí>)r Márquez ni a nadie, sobre la ac^ 
titud que asu7nird el gobierno. La declaración amplísima que se 
le atribuye, tampoco se esplicaria si se considerase que ella es 
opuesta a la habitual circunspección d^l jefe del Estado i que 
importa una pr9mesa prematura, respecto de acontecimientos 

HIST. DE LA C. DB T. 64 



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- 60« 



XVIII. 

Acentuábase al propia tiempo el encono^í vo-^ 
cingleria de los peruanos, adelan táñelo éstos en la 
antigua 'senda de las persecupióínee brutales a. los 
chilenos residentes en sus coniarcás i alimenta-' 
dores de su mal empleada riqueza, mediante, su 

Telegránziás enviados desde Caldera ^n los pari* 

' ''' i ' ' I- ■ ' ■ ■. t ' — ii*- -i '■ ■ 1 ■ ■ ■ . t . i " I n > J ■ ■ li I ■ 1 ■ > ' ' h 

cuya si^íficacíon no está bien determitiadti i cuyo alcánée, pof 
lo tanto, tío es atiü dado pi*eyer. ' ... -i 

'^ >Ia* política lüternaciotíal del gobiel'íio la irianifieatM eon 
bastiánte claridad sas propios aétos: actuaMéatcf, es de iMdia^ 
cion i de pnz, porque ve la posibilidad de conciliar los intereses 
comptotnetidos en el conflicto chileno^bolivlano i de etitáí el 
gran Bápcándalo de mía güeirrá en América, entre naciones- her- 
manas i aliadas, que debieran conservar unidas sus fberzas pard 
él caso de tma contienda esterior: mas tardé j esa poílítica be» ins- 
pirará como 'debe ser^ en el cursó que mgan las'éubesos. P$ro 
adelantaremos de nueVo la segut-idad de qrie S. B. el presidentey 
así cotao su gobierno' i él país entero, <3^sültaráti «iempre lod 
princrpíoirf del derecho dé jerit'ea, 'el bienestar de la Am4ti¿ari 
laff verdaderas conveniencias: dé la- Í6épi\blitíai>. • ' > ' : 

OoíiViené recordar (^ne esté sighificativo editorial se paUica-* 
ba en el mismo número del Diario Oficial del Pera en qne %é 
daba a Ida; el siguiente teleg^rama: ^ ' * 

... ^ Santiago^ marko 10 de 187*9. 

. ; . ,. .... (Ai»siaha.ñQui8. p. ;w(.) 

tttécibldo el Viéráés óatísfactoritóenté* ' , 



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méwsvdíae ^e^^marzb'^reTeiaban eéte jéüevá de 
liecJsioé^oíKoflGé, prosecuciob de uha potítioa W^ 
tigua a la que el gobierno de Chile habíafeé mani-^ 
festado sistemáticamente sordo. — «El pueblo-pe- 
ruaüo, decia el Aeifegíama QÍtad6 de Gáldéía del 
IS áe marzo; "i^éisttmtendo noticias traídas -^áeáe' 
puerto por el Bimac, el pueblo perudrio quiere la 
guerra i amena-za al gobierno ^^no 'Id'promca:' 

y>El trato que se da a los cMkry>s en Iqutque 

obedecfi ^a todo jéimro^^ i de atropellos; no\ respetan 

propiedades -m perstm&js. . ^ ^ ' • 

' ítia 'pténsa peruana, insulta tñak qué' ntinca e; 

irrita ]as masas contra Chile. . , , 

í».Traba]adorea chílenQS 4q íquique .Uíiu: ven,ido 
muchos a Antofaga4Btai^. 

I por los mismos dias (marzo 15) tm diáfio dé* 
Iquíque. inVéniaüdo supuestos espías^ como si la 
guerra f^esie ya un.he¡cbo i .estuyies^ el í^eru. 0Q\\^r^ 
tituidíO jen belijeraate, espresábase coa la insot*. 
lencia de los antiguos señores respecto do''aqAé-' 
líos hünlildés i vilipendiados vivificadores, del 
Desierto, en, esta foi-íma: }^o%revmdicad^re9y^f^o^ 
civilizadores. de nioder no cuño, se introducen en j 
las niíasits dé nuestro pililo, alintóntciii los raaló» 
instintos de eSá jenté que Viene por eátos" miindbs 
en husca o no de trabaío, i ante esas amenazas, 
sordas i embozadas, toda, precauciipn e& pooat . ^' 

^Existen espía». de t manta con: corvo i. espías de 
tarro disfrazados con finos toodales. 



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_ 508 — 



i>Pre<m) i buena fuera, dtesien. un paseüb por las 
mrbonerctí de alguna) de nuestro^ jbuqt¿és de^gue^ 
rram^.^í). 



^:-4- 



(1) Eí Meróurio de Yálparaiso d^l 11 de marzo póblicaba. ai 
mispio ti^mp^eata injéoua coijQti^ÍQi^cioi^.de ua grupo de chüe* 
nos residentes en La Norias \ 

Señor cronista. de jE7 }lí^ercuvi^^' 
Jtfi^i señor naebtroj 

cGbipo Ud; ^r& por el boletín reda¿H»do por unOs cuanto! 
bolivianos, se nos lanzan injuri^e^mifit ^grási^s .« noflfotroa.ii^ 
nuestra patria^ .tratándonoi^ de dea^ealos, de Qodicio^ps i |iasta 
de piratas i asesinos. Annque estas injurias las miramos con el 
mas profundo desprecio, quisiéramos que llegase la oportunidad 
de probarles 4^6 por nuestras venas corre la sangtió que "üos le- 
garon nuestros antepasados i que tencímos safieiente valor, pfira 
d^f^n4er^niie8ti;^ patifiar, . , , , ' , : 

>Bn esta virtud, rogamos ^ nuestro ^obiern^o^ que, ya que nos; 
encon tramos tan (listantes de nuestra amada patria i s^n los lia- 
cürétís necesarios para poder defenderla, nos facilité los medios 
áef Uegsar jal lu^ar en donde no& toque morir por ella i por nues- 
tro hpnpr.. . 

>Za Njmai oficina, de Tarapacáy a^^Üde Jébrero de 1 879 .-*- 
Francisco Romero. — José G. Campos. —Moisés Delgado.-r-L^- 
cas Guerra Brito. — Demofilo Aránédá.— José Rufino Silva. — 
Gregorio Vega.-*Juan E. González. — Frttiicisco L^zcanó. — Jo- 
sé tiaacano.-^Ladislw) Amap. — Peino . GOrtés;*-- Juan P. Beyes. 
— iManoel Sil va^ -piarlos Arauda,— Juan pantos. -Francisco 
Ponce. — Joaquin Meleádez.-r-Maouel Martínez.- -Dionisio Lei- 
ro.— YOypormas de cincuenta chilenos, José MartinezB. 

En una correspondencia de Ailtofagasta del 24 de marzo se 
afiltidia que' habían UegBdo a ese puerto en :«! /líe^'Beiscí'entos 
repatriados chilenos^ i a éste propósito, se agr^giaba 1|> siguiente: 



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- 609 — 

XIX. 

Se habrá comprendido por los que siguen aten- 
tos la compajinacion de este libro, que el gobier- 
no de Chile era informado dia a dia de cuanto 
ocurría en el Perú durante el mes 4^ marzo, i 
mientras el señor Lavalle, instalado lánguidamen- 
te en el Gran Hotel, llevaba adelante sus nego- 
ciaciones de mediación i de paz. Día i noche co- 
municaba, en efecto, el dilijente señor Godoy des- 
de Lima todo lo que acontecia según lo hemos re- 
cordado i según habremos de ponerlo mas en evi- 
dencia en el presente capítulo con sus propias re- 
velaciones: pero no contando con esos datos reser- 
vados, que eran del esclüsivo dominio del gobierno, 
cuanto nosotros dejamos referido, cómo grave ar- 
gumento del presente capítulo, es sacado de las 
noticias públicas i telegráficas que circulaban ho- 
ra por hora en las ciudades i aun en las campañas, 
habiéndonos vedado espresamente, por motivos 
de actualidad polítióa, el examen des nuestros ar- 
chivos i sus piezas reservadas (1). 

«Dicen varios de los emigrados, qne si el gobierno diera pa- 
saje gratis a los. chilenos repatriados peo* el sur del Perú, de 
segiiro podría contar en pocos dian con 20,000 soldados valien- 
tes, resueltos i decididos a tomar venganza de sus atropellos». 

(1) Hé aquí la forma cómo eran publicadas algunas délas 
Dottciaa que dejamos consignadas por los diarios de Chile: 

Marzo 10. — (Corre8i)ondoncia de Valparaíso al Ferrocarril). 



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— '610 — 

Áhorá, en cuanto a la matiéra cómo él gobierno 
de Chile comprendió su misióh i fea deber i supo 
cumplirlos^ en presencia de lá' desecha tormeíilta 
üüe soplaba desde el setentriobj mientras se riíie- 

• .-y : ■ ...y- -' ■ :; 'I- 1 r V^. ;.. -'.:>•..: 

«Cier()a O fajsa,. e] hecho es .qa.e la. noticia Iraida hoi por el 
Amazonas, dé que a Iqüí^üe háWan lle¿ado'mfí qttihieütós hótii- 
-bres^ del ejércilopáíaatio, ha causado en esfie puerta :t¿uoÍa áji* 
lacion.,,. ■ ,;;. ; . : ... ,;.•'.■;.):;,;,'■. 

• jdEs tal la situación de loa espíritus^ que un simple rumor, 
una leve noticia, bastan para convertir en un foco dé escitaci'on 
a Valf)araÍ80 i pkra que se hable i se discuta' acaloradameilíe a 
todas horas i en todos loa círculos». 

Maxzó l2,*r^{ljoi Tiempos dé ^inühgo}.^ .^ ;, f ■, 

. (^Miéntr^^ el señor Lavall^ ha id9,a Santiago, en misión pací- 
fica, el Perú se arma a toda prisa. De una c^rta dirijida de 
Iquiqne tomamos los siguientes datos, cortobdrados' en parte por 
üntí de los diarios de efee Jkierto. : . í / : - ; •- 

i>Hélo^quí: ' • . *; .;.'■.;.;,.'.. ¡. ]•[,,.- 

dEI injeniero señor Arancíbia viene a hacer los estudios- para 
fortificar este jiuertp con gruesa artillería.. El martes 11 llega- 
ron a ésta a las 9 A. M. 1,000 soldados m¿8 o méüOs, etc.n 

Marzo 18.- -(El Férr(^arríL telegrama á% Valpirtúéo). 

«El vapor Lontué fondeó a las nueve i media de la mañana, 
procedente del Callao e intermedios, i ■ . 

í Los 'diarios peraano$ se ¡espresan como siguej 

i^La Pfíím de Lima considera de todo piwnto innecesaria la 
couvocaiotia al Congrio, i pide que' el gobierno bbre por sí eoloi 

TtM Gúfner^io d« Lima aplaude la conduóta^ -del ¡gobierno de 
situar en Iquique un cuerpo de ejército para e$t¿r prepartído 
contra Chile. ' 



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- 5H - 



cía en $11 hapaéa de repogo «1 diestro pilota > en- ' 
viacjp piOiTiel enemigo para .conducir nueattos pro- 
pios negocios a puerto de paz, será esa tarea 



y>La Opinión Nacional de Lima cree que se van desvanecien- 
do las pocas esperanzas que había de que las cuestiones entr<$ 
Chile i Bolivia se arreglen pacíficamente. A su juicip, 1a guerra 
h^sidqi declarada ya i. en lo: fotma mas odios?$:'la iíiYasion i con- 
quista». , . : . 

.^^jli^ap 3|.,^-(Su pigmento . ^l M^^^^^ / . \ 

«Caldera, marzo 20. — Las tropt^s peruanas en Jquiqoe suberl 
Bj J,.^00;.hopiVres, Pronto Hegflíán a 2i000. . 
3>Se fortificará a Iquique con cañones de 600. 

. íP,erú Dfian^a o^ipas ^ Bplivia. 
3>Bolivia acepta la mfdiaciop peruana. ' •.:,..;, 

_ >GTafl entusiasmo, en Bolivia, poj: la guerra coa Chiíe. 

»La escuadra peruana ocupada en trasportar artillería i sol' 
dados di^rjaip^nt^. (Eitttre ^ otras operaciones de este jéoecoi la 
Pilcomayo trajo dos compañías del Zepita íi Iquique i el Chalaco -, 
el rejimiento Húzares de Janin del puerto de Salaverri ni del 
Callao el J3 de marzo), , : ; . : 

j j> Se retinóla escaadva en el Qallao». . í 

. Mfyrza 2¡9.-rr(Teilegra.ma de Valparaíso al FervQCUrriiy 

, íUna c^rta;)esqi;ijba, desdq Lirna poiiun a}to personaje político 
a un caballero de Santiago, dice que en el Ferá entero, todo el 
mundo h^la de guerra, i í/^^a la guerra. Qh^^ e$ efectiva la 
e^siteJ2€Íck del. tratado secreto cp^: B&lioia. Que el tratamiento 
que se da a los chilenos ea el Perú entero, i $ó\)y0 t(>da en Iqui-'' 
qu% es incaUficable hasta el. punto de asinltarlQ9 en sus:casa5 i 
cometer con ellos vejaciones sin nombre. : 

; >,La c^rta. q-ludida, agrega que Chile. debjS, haber dejado pasar 
d tiepapp iii^óti^mjentfe,: pu^Sicl P^rft en caanto estfé. armado d©; 
l%)maneíii que j^55giíe inecesftrip'i declarará la gwetra»,. 

; JS4 ^íjui -todavía, alguna^ noticias ^e^e^^ra i publicadorS por JEl 



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— 612 



ingrata que con ánimo entristecido, pero Hbte I 
levantado fallo, habremos de recorrer en las páji--' 
ñas siguientes de este libro. 



Ferrocarril: 

«Callao, marzo 24. — Vnion, salió ayer del dique esta corbeta 
de guerra en raui perfecto estado. 

i>TalÍ8man, zarpará pronto al horte, eu comisión del gobierno, 
el vapor trasporte de ese nombre. 

-^^Independenciaj entró al dársena, a recibir Su ariillei^ía, está 
blindada. 

üLimeñaj zarpa esta noche al sur conducienáo víveres í artí- 
culos diversos para la división acantonada en Iquique. 

-^Escuadráj en su visita de ayer, S. E. consideró a toda la es- 
cuadm. 

3) Le vimos recorrer los buques, surtos en la bahía, i retirarse 
satisfecho de su perfee^to estado. 

3)5a^ía«, también líBis recorrió todas S. B. 

»Le acompañaban las autoridades políticas. 

— iDPasado mañana entrará al dársena, lá ftú^ttt nacional 
Independencia^ con el objeto de recibir a proa el cañón de grue- 
so calibre con que se ha ordenado remplazar la colisa que ahora 
tiene. . ;. 

— dLos departamentos del sur i del norte éé la República, 
según datos recibidos por los vapores llegados ayer, continúan 
disfrutando de inalterable paz. 

»E1 entusiasmo a favor de la causa de Bolivia, era cada dia 
mayor:^. 

^Arequipa, marzo 24. — El batallón Zepita llegó el sábado a 
las dos i meüia P. M. en tren estraordinario, procedente del 
Cuzco, i marchó al diá siguiente en tren ordinario de Moliendo 
eon dirección a Iquique. Se dice que el vapor llevó á su 



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— 613 — 

bordo al Zepita^ conducía también el rejimiento Húsares de Ju* 
nin». 

«Callao^ marzo 31. — La prensa toda no respira sino furor bé- 
lico contra Chile. 

i^La Tribuna, que venia sosteniendo con insistencia la neutra- 
lidad, ha hecho su conversión franca en aquel sentido, conde- 
nando la persistencia de Chile, en no admitir los buenos ofícios 
del Perú i en apoyar su propósito de revindicacion. Esta conver- 
sión no era inesperada. 

Reyes Ortiz continúa en esta capital insistiendo activamente 
por la injerencia peruana en favor de su país. 

>La escuadra peruana sigue preparándose con actividad. La 
Union está en el dique i en la Independencia se trabaja con gran 
empeño para la mas pronta colocación de una colisa rayada de 
a 250. 

»La ftlianza perú-boliviana es como asunto resuelto e irreme- 
diable:^. * 

Tan grave era desde los primeros dias la situación i tan evi- 
dente parecía la guerra, que El Ferrocarril de Santiago, diario 
que se ha inspirado siempre en un invariable optimismo, se es* 
presaba en los. términos siguientes en un editorial del \% de 
marzo. 

«Desde la ocupación del Litoral del norte por nuestras tropas, 
las noticias que nos llegan del Perú revisten cada día un carde- 
ter mas pronunciado de alarma. Los últimos telegramas anun- 
cian que el Perú se arma a gran prisa i que se ha enviado a 
Iquique un refuerzo de 1,500 hombres del ejército. 

:bLa movilización de tropas i la apresurada reparación de sus 
naves de guerra, unida a las manifestaciones hostiles de la je- 
neralidad de la prensa i ciertos grupos de la opinión en el Pe- 
rú, tienden necesariamente a aumentar la desconfianza i las zo- 
zobras que trabajan la opinión de nuestro país. 

»Las medidas oficiales del gobierno del Perú, si bien pudie- 
ran encontrar su esplicacion en la necesidad de satisfacer a los 
espíritus exaltados i belicosos de su país, no por eso dejan de 

HIST. DE LA C. DE T. 65 



I 



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— 514 — 

crear una situación tirante i que no es posible prolongar par 
mucho tiempo en tales condiciones de incertidumbre. 

j>De los tres sistemas que las emerjencias del Litoral presen- 
tan a la elección del Perú:— la neutralidad, la mediación amis- 
tosa i la intervención armada— puede decirse que los actos ofi- 
ciales revelan la adoptación simultánea de estos dos últimos. 

i>Al mismo tiempo que se acredita cerca de nuestro gobierno 
una misión estraordinaria para la mediación amistosa, se hacen 
preparativos bélicos a propósito para el sostenimiemto d^ una 
intervención armada:». 



ANEXOS AL CAPITULO XVIL 



INSTBUCCIONES COMÜNIOADAS AL OORONBL VELARDB, JSFB 

DE LA PRIMERA DIVISIÓN EMVIADA A IQÜIQÜE EL 7 

DE MARZO DE 1879. 

Lima, aQ de marzo de 1879. 

Señor coronel dan Manuel Velarde, comandante jeneral de la 
división que marcha para el sur. 

Las instrucciones a que Ü. S. arreglará sus procedimientos 
en la importante comisión que se le ha confiado, son las si- 
guientes: 

1.* El dia de mañana se embarcará U. S. en el trasporte na- 
cional Limeña con los batallones Cazadores del Cuzco, 5.** de 
línea i Cazadores déla Guardia núm. 7, que quedan desde luego 
asus inmeliatas órdenes, i con ellos se dirijirá U. S. al puerto 
de Iquique, que es el lugar en que debe estacionarse. 



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— 515 — 

2.* Ademas de las fuerzas indicadas^ Fe pondráa también a 
las órdenes de U. S. todas las que existen eo dicho puerto i que 
no pertenecen a su propia guarnición. 

3,* Lleva U. S. por objeto atender a la conservación del orden 
público i hacer respetar en esa parte del territorio la soberanía 
nacional, 

4.* Si, como es de temerse, el estado de cosas entre Chile i 
Bolivia produjera en Iquique una stiBlevacion o motín de lapo' 
blacion chilena residente allí, U. S. hará uso db las füebzas 
DE su MANDO PARA SOMETERLA al ófden, i eu caso necesario, 
TJ. S. dispondrá de todas las tropas de la jendarmería, que el 
prefecto le ofrecerá a su servicio. 

5.* En el improbable, pero no imposible caso de una agresión 
del esterior, U, S, procedericomo cumple al jefe de lasfyerzas 
peruanas, sin permitir, por ningún motiw, que se hollé el terri- 
torio nacional. 

6.* Tanto para este último caso, como para el de que trata el 
art 4.*, U. S. lleva a bordo del Limeña mil ri/les i ciento cin- 
euenfa mil tiros a bala, a fin de que pueda armar mil hombres 
i reforzar con ellos la división. 

7/ Ademas de los objetos espresados antes, llevará U. S. otros 
a que se contraen las instrucciones siguientes: 

8.* Como la pequeña caleta de Afolle pudiera dar fácil acceso 
a cualquiera fuerza chilena que se propusiera ejercen' oLgwn acto 
hostil contra nosotros, procure ü. S., empleando la fuerza de 
jendarmes o del modo que juzgue mas convenientCy hacerla inao- 
cesible, ya construyendo un muro que impida el paso, u obstru- 
yendo éste de la mxnera que sea mas sencilla i segura, cuidando 
de tenerla siempre guarnecida i vijilada. 

9.' Conviene también que personalmente, si le es a U. S. po- 
sible, o por medio de los mas competentes entre sus subordina- 
dos, 'examine prolijamente la isla que se halla inmediata a^la 
bahía, estudiando perfectamente su posición i sus condiciones, 
para establecer allí baterias que pmdan utilizarse en un caso 
dado, i CDn tal objeto, valiéndose de las mismas fuerzas de jen- 
darmes, haga U. S. practicar en ella trabajos preparatorios, 



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— 516 — 

como los de nivelación del terreno i otros^ que conduzcan al fin 
propuesto. 

10. Para todos sus procedimientos debe U. S. ponerse de 
acuerdo con la autoridad política, la cual le proporcionará, se- 
gún las órdenes que se le imparten, alojamiento para sus fuerzas, 
recursos pecunarios i cuantos auxilios pueda necesitar, i como 
es posible que los víveres escaseen, se da también orden al pre- 
fecto del departamento de Tacna para que, en este caso, atienda 
a la división con la mayor dilijencia. 

11. No siendo posible prever ahora todos los acontecimientos 
que pudieran desarrollarse, queda a la discreción de U. S. adop- 
tar las medidas que convengan, en armonía siempre con la dig* 
nidad del país, que ante cualquiera emerjencia debe mantenerse 
intacta. 

De la ilustración de U. S. i de su acreditado patriotismo es 
de esperar que llenará, de la manera mas cumplida, el delicado 
encargo que se le hace. 

Dios guarde a ü. S. 

Domingo del Solar (1). 

Adición. — Debo agregar a lo espuesto lo que sigue: — ^Esta- 
blecerá U. S. comandancias militares en los puntos que lo crea 
necesario. 



(1) Estas instrucciones fueron publicadas en el Nuevo Ferrocarril áe 
Bantiaga en enero de 1880, i aunque su publicación provocó un violento 
ataque personal contra el autor en El Peruano, diario oficial del Perú, en 
el mes de febrero, no negó éste su autenticidad sino su alcance. Nosotros 
replicamos en un artículo titulado Iluancmné dado a luz en el Mercurio 
de Valparaiso el 22 de marzo de 18d0. 



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CAPITULO XVIII. 



LAS NEQOCIACIONES DEL ORAN HOTEL. 

Carácter proTisional de la única relación de la misión Lavalle que se con- 
serva. — Desmentido anunciado del señor Fierro, ex-ministro de Rela- 
ciones Esteriores de Chile. — Primera conferencia con el seflor Lavalle 
solicitada por el señor Pinto i celebrada el 11 de marzo.-^ Cambio de 
ideas i bases posibles de un acomodo. — El señor Lavalle declara no te- 
ner poderes absolutamente para nada, escepto para pedir la desocupa- 
ción de Antofagasta. — El señor Fierro acepta la enormidad de no cele- 
brar protocolos. —Interviene el señor Santa María, a solicitud personal 
del presidente Pinto, i error señalado que comete ese hombre de Estado. 
—Celebra su primera conferencia en el Gran Hotel el 12 de mayo i se 
manifiesta de acuerdo con el señor Lavalle en que la guerra es inevita- 
ble. — Singular cambio de táctica al siguiente dia. — «Pedir tiempo al 
tiempos. — Sorpresa i regocijo del señor Lavalle i cavilaciones a que se 
entrega con motivo de enta mudanza de procedimiento. — Tregua i re- 
poso de seis dias.— Se da tiempo al tiempo. — El presidente Pinto reanu- 
da las negociaciones el 18 de marzo, i el 20 acepta con alegría la trasla- 
ción de las negociaciones a Lima i el envío del señor Santa María. — 
Notable habilidad que en esto desplega el enviado del Perú. — Aconseja 
al mismo tiempo a su gobierno que se prepare para la guerra.— El señor 
Santa María desiste sagazmente de ir a Lima i el señor Pinto celebra 
una tercera conferencia con el enviado del Perú, prescindiendo de su 
gabinete i aun del señor Santa María. — Ofrece al señor Lavalle el ejér- 
cito de Chile en el caso que Bolivia declare al Perú la guerra por man- 
tenerse neutral.-^ Sarcástica respuesta del señor Lavalle sobre ese 
singular ofrecimiento.— El presidente Pinto redacta un telegrama in- 
coherente i solicita del señor Lavalle lo envíe a Lima.— Fatigas del 
señor Lavalle para cumplir ese encargo, i al fin lo abandona. — Inconce- 
bible i funesta pusilanimidad desplegada por el gobierno de Chile du- 
rante toda la misión Lavalle.— Notabilísimas notas i telegramas del 
señor Godoy en que revela todo el plan de Lavalle, junto con la llegada 
de éste a Chile, i conducta incalificable del gobierno. — Cuáles eran los 
móviles i recuerdos que debieron guiarlo, especialmente desde la admi- 
nistración Balta. —Incidente Lastarria. — El ministro Fierro ofrece al 
señor Lavalle el borrador de una nota diplomática para que éste la 
corrija. — El señor Godoy enmienda la plana en Lima, i sus enérjioas 
notas de 17 i 23 de marzo al ministro Irigóyen i respuestas de éste.-^ 
Ultimas notas del señor Godoy del 13 i 14 de abril. -El señor Lavalle 
juzga llegada su hora, i hace una lectura mímica del tratado secreto el 
31 de marzo. — El Consejo de Estado autoriza la declaración de guerra 
el 1.° de abríli cómo la noticia de este suceso llegó a Lima en la noche 
oe ese dia.— Última carta del presidente Pinto ú enviado del Perú ^ 



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— 618 — 

Juicio Bobre ]a conducta del gobierno de Chile en esta negociaciop.^ 
Triste disculpa. — El ministerio Prats queda herido de muerte.— Últi- 
mos sucesos hasta la declaración de güera, i embarque del señor Lavalle 
en el Liguria el 4 de abril. — Documentos. 

«Efectivamente: a la vez <jue el doctor La- 
valle, llevando la misión mediadora de nuestro 
gobierno, jestionaba la pa2 en Santiago, el mi- 
nistro Godoy pedia en Lima una declaratoiia 
de neutralidad. Ahora preguntamos ¿por qué 
no se accedió desde el primer momento a las rei- 
teradas exijencicts del gabinete de Santiagof La 
misión Lavalle, cuyo mal éxito era un hecho 
en el momento de tales exijencias, solo habia 
rendido en beneficio del país la ventaja de propor- 
cionamos unos cuantos dias para la defensa; pero 
el Htmpo ganado era mui corto, i tiempo necesi- 
tábamos, porque el tiempo era un elemento de 
triunfo». 

(Artículo citado en el epígrafe del capítulo 
anterior i encaminado a probar que el Perú de- 
bió hacer una falsa declaración de neutralidad 
para ganar mas tiempo). 



I. 



Dejábamos las cosas i las negociaciones de la 
paz, que debian enjendrar por sí mismas la gue- 
rra si hubiera faltado a ésta pábulo de otro jé- 
nero, en el punto en que los señores Fierro i La- 
valle convenían en los salones del Ministerio de 
Relaciones Esteriores, en no levantar protocolos 
de sus conferencias, i en avenirse, dado el caso de 
que los acomodos tuvieran mal fin, en redactar 
sus conclusiones de la manera amenos hiriente^), 
como si siendo la guerra ese desenlace no hu- 
bieran quedado por sí solas desnudas las espadas 
i afilados los sables a molejón. — Aquella frase se- 
ria monumental en toda diplomacia que no fuera 
la de Chile. 



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— 519 — 

Pero, entretanto, en la conferencia solicitada 
por el presidente de la República de la persona 
del señor Lavalle, en violación manifiesta del 
decoro del país i de su alto puesto, el último ha- 
bia tenido a bien dejar sobre su mesa, a manera 
de ultimátum las condiciones a que sometería la 
acción pacificadora pero arrogante del Perú (1). 

(1) La singular carta en que el señor Pinto solicitó humilde- 
mente una conferencia del señor Lavalle, olvidándose de todos 
os usos diplomáticos i hasta de la fecha, decia asi, tal como fué 
publicada en Lima por el señor Lavalle: 

Señor don J. A. de Lavalle. 

Señor de todo mi aprecio: 

«Desearía tener un rato' de conversación confideMial i amisto- 
sa con Ud. i le quedaría mui agradecido si tuviera la bondad de 
venir a verme en el departamento de mi habitación, mañana a 
la hora que a Ud. le sea cómoda. 

(cOon esta ocasión saluda a Ud. mui afectuosamente su atento 
servidor. 

A. Pintoi>, 

Nos hacemos a este propósito un deber de lealtad, reprodu- 
ciendo aquí el desmentido jenéríco que el señor Fierro dio a las 
diferentes versiones de las notos publicadas por el señor Lavalle 
a BU arribo a Lima a fines de abril. Ese desmentido dice así: 

DESMENTIDO AL SEÑOR LAVALLE. 

El señor don Alejandro Fierro, ex-ministro de Relaciones Es- 
teriores, nos ha enviado la siguiente esquela que acojemos con 
placer: 



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— 520 — 



II. 



Por mas doloroso que sea pasar en revista es- 
tos sucesos, bajo el dictado del único que hasta 
aquí lo haya revelado (por culpa de nuestra desi- 
diosa cancillería), fuerza es por lo mismo aceptar, 
si mas no sea a título provisional, esa versión úni- 
ca, con las reservas debidas a tan humillantes es- 
cenas, hijas del apocamiento del ánimo i de la fa- 
tal comprensión limitada i absurda de la empresa 
en que el gobierno de asalto habíase embarcado. 

«Como tuve el honor de decirle a U. S., escri- 
bía, en efecto, el dilijentísimo enviado del Perú a 
su ministro, en mi oficio de la madrugada de hoi 

«Señor director de Los Tiemposi 

i>Solo he podido leer i muí rápidamente la correspondeccia 
qwe el enviado estraordinario del Perú cerca del gabinete de 
Santiago, don José Antonio de Lavalle, ha dírijido a su gobier- 
no, i debo espresar que la relación que hace de las conferencias 
habidas con el que suscribe, no guarda conformidad con lo st^ 
cedido. 

^Oportunamente i con la autorización correspondiente resta- 
bleceré la verdad que el ministro peruano ha procurado alterar 
o presentarla con formas i circunstancias que ha elejido a su 
placer i por el influjo único de su voluntad i pensamiento. 

pSantiago, mayo 17 de 1879. 

Alejakdbo Fierro:». 

Despued üo ha Utgado a nuestra noticia ninguna pablícacion 
del ex-ministro de Chile sobre el particular. 



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— 521 — 

(marzo 12 de 1879), a las doce de este'dia debía 
tener una conferencia con S. E. el presidente, i 
a las dos otra con el señor ministro de Relaciones 
Esteriores; la primera, provoC' ida por S. E. mismo 
i la segunda solicitada por nú. 

DEn consecuencia, a las doce me dixijí al depar- 
tamento privado del presidente^ el cual se dignó 
recibirme con la mas franca i sencilla cordialidad, 
espresándome que quería que lo tratase como a 
un amigo i que como tal se habia permitido pe- 
dirme que lo viese, a fin de que cambiásemos con 
toda confianza nuestras ideas sobre la situación en 
que nuestros paises respectivos se encontraban: 
que él i el pais que gobernaba ño tenían prepara- 
ción (1) ninguna, ni contra el Perú ni mucho me- 
nos contra su gobiernoi>. 

III. 

Divagóse en seguida un corto momento en 
aquella entrevista de potentado a potentado sobre 
cierta idea que se denominó en aquel tiempo an- 
seatismo, que consistía en declarar el territorio 
invadido por Chile segregado del dominio actual 
de este pais i del de Bolívia, i como la misión 
única i absoluta del solapado representante del 
Perú era, a mas de la de ganar el tiempo neceaario 

(1) El testo impreso que tenemos a la vista dice «prepara* 
cion3> pero debe ser preocupación o talvez prevención. 

HIST. DE LA C. DE T. 66 



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— 522 — 

para la acción, pedir la desocupación de hecho 
del territorio sometido a nuestras armas, lo que 
equivalia a exijir que Chile cantase ante el mun- 
do infame palinodia, declarándose cobardemente 
culpable i vencido, — «volví a traer, (dice el se- 
ñor Lavalle de S. E. el presidente de Chile, que 
en aquellas honduras metíase por su propia ins- 
piración), volvíle a ti'aer sobre el punto de la de- 
socupación del Litoral, i me dijo entonces; — ¿^I 
qué se le ocurre a Ud. para salvar esa gran difi- 
, cuitad?» 

2) Yo que tenia motivos para suponer que el 
objeto con que me habia llamado S. E. era con el 
de ver un medio que condujese a este fin, le dije, 
que sin instrucciones de mi gobierno para ello, sin 
antorizacion para proponerle nada i mucho menos 
para firmar, i reservándome siempre pedir para 
TODO especial aprobación del gobierno peruano, 
animado solo del mas vivo interés por llegar a 
ima solución pacífica i honrosa de esta intrincada 
cuestión, creia que no habia mengua, ni para Chi- 
le ni para Bolivia, en arribar a las siguientes con- 
clusiones; 

d1.* Que Chile desocupe el territorio boliviano, 
declarándose ese territorio aislado, mientras un 
arbitro determina a quién pertenece el dominio 
reaL 

2)2.* Que se constituya en él una administración 
municipal autónoma, compuesta de personas ele- 



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— 628 — 

jidas en la forma que por un pacto especial se de- 
terminase, bajo el protectorado i la garantía de 
Chile, Bolivia i el Perú, los que acordarían los 
medios de ejercer ese protectorado de una manera 
eficaz. 

x>3.' Que los productos fiscales de este territo- 
rio, se apliquen a las necesidades de su adminis- 
tración, i el escedente, si lo hubiese, se dividirá 
entre Chile i Bolivia (1). 

(1) Según el ministro Irígóyen las proposiciones del enviado 
Lavalle que no tenia facultades para nada, fueron los siguien- 
tes: 

«Para obviar estas dificultades, nuestro representante, decía- 
rándose previamente sin auforizacian para ello i reservándose 
pedir la aprobación del gobierno nacional^ propuso a S. E. el se- 
ñor Pinto, las siguientes bases para celebrar un arreglo: 1.^ la 
desocupación por las fuerzas chilenas del Litoral boliviano^ de- 
clarando ese territorio independiente, así de Bolivia como de 
Chile, mientras un arbitro determinase a cual de las dos nacio- 
nes correspondiasu dominio real; 2.* que se constituyese en di- 
cho territorio un gobierno municipal autonómico, compuesto de 
personas elejidas en la forma que por nn pacto especial ¿e de- 
terminase, bajo el protectorado del Perú, Chile i Bolivia, acor- 
dando los medios de ejercer ese protectorado de una manera 
eficaz; 3.' que los productos fiscales de ese territorio se aplica- 
sen desde luego a las necesidades de su administración, i el 
escedente, si lo hubiese, fuera repartible por iguales partes en- 
tre Chile i Bolivia. El presidente de Chile, después de una larga 
discusión, observó que la base 3.* no era conveniente, i el señor 
Lavalle propuso en su lugar, el depósito del escedente de las 
rentas fiscales en poder del arbitro, mientras se decidiese la 
cuestión del dominio real; base que el señor Pinto aceptó en la 



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— 624 — 



IV. 



Hallábase la negociación mediadora en este 
punto de su escabroso ascenso, tratando directa- 
mente el presidente de Chile como persona con 
el representante del Perú, que no tenia persona- 
lidad verdadera, i con agravante prescindencia 
de su ministro de Estado, i convenido éste en no 
dejar constancia de lo que iba ocurriendo, cuando 
presentóse a las dos de la tarde del siguisnte dia 
de aquellas memorables conferencias, en el aloja- 
miento del señor Lavalle el señor Santa María, 
revestido ahora de una especie de misión especial 

hipótesis de que las anteriores fuesen acordadas, quedando en- 
tretanto con nuestro ministro, en meditarlas i someterlas á la 
consideración de su gabinete.» 

Pero mas adelante (estando al testo de Lavalle) el señor 
Pinto, como negociador supremo con un ministro que no tenia 
autorización para nada (lo cnál era una verdadera e insoporta- 
ble burla, vista la gravedad de la situación), propuso las bases 
que copiamos a continuación: 

«El presidente me manifestó que la condición de volver el 
Litoral a Bolivia era imposible, como ya lo he dicho a U. S., 
que lo de neutralizarlo era mas hacedero; pero no por el mo- 
mento sino dando lugar a una discusión mas tranquila; que 
Chile aceptaría quizá mas tarde esa base, pero que por el mo- 
mento no podia proponer sino las siguientes: 1 * el statu quo, sin 
derivar de ello otros derechos para lo futuro; 2 .* el retrotraimien- 
to de la cuestión al punto en que se hallaba en 1866; 3.* el so- 
metimiento a un arbitraje da la decisión del dominio real; pero 
que esto no podia hacerse siuo mediante una discusión tranqni- 



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— 625 — 

i confidencial del presidente, i otra vez con abso- 
luto desconocimiento de las prerogativas i debe- 
res del ministro encargado por la lei i la consti- 
tución del delicado manejo de la cartera de 
Relaciones Esteriores, en cuyos bolsillos, según 
la espresion conocida de Tailleyrand, está siem- 
pre escondida la paz o la guerra. 

V. 

No aceptó jamás el señor Santa María, hombre 
hábil i de levantado patriotismo, misión mas de- 
licada, mas peligrosa i mas ingrata, porque al 

la, siendo el Perú neutral. d 

Para justificar la aseveración de que el señor La valle no ha- 
bla traido intencional mente poderes de ningún jénero, escepto 
para exijir la insolente desocupación de Antofagasta, el minis- 
tro Irigóyen en su esposicion varias veces citada, se espresaba 
en los términos siguientes: 

«Las instrucciones que se dieron a nuestro representante, 
fueron las siguient-es: 1.* proponer el restablecimiento de los 
hechos al estado en que se encontraban antes de la ocupación 
de Antofagasta por las fuerzas chilenas, en caso de que el go- 
bierno de Bolivia estuviese por sa parte dispuesto a suspender 
la ejecución del derecho de rescisión del contrato con la compa- 
ñía de salitres i ferrocarril de aquel puerto, la lei sobre el im- 
puesto de diez centavos i el sometimiento de todas sus diferen- 
cias al arbitraje estipulado en el tratado celebrado entre ambos 
paises en 1874; 2.*^ proponer igualmente al gobierno de Chile 
la garantía del Perú, para el cumplimiento de la estipulación 
que se acordase con Bolivia i evitar los desórdenes que pudie- 
ran sobrevenir en el Litoral boliviano, si llegara a ser dcsocupa- 



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— 626 — 

emprenderla, salíase del carril ordinario de las 
instituciones i prácticas del país, autorizaba una 
transgi-esion palmaria de los derechos i de la dig- 
nidad del gabinete en actual desempeño i, lo que 
era mas trascendental, echábase al piélago de lo 
desconocido en noche oscura i sin faro, seguro de 
errar el puerto i de incurrir en las penalidades que 
son siempre el obligado lote de los mediadores 
oficiosos, sea que alcancen sea que malogren sus 
fines. Su misión al Perú en 1865 le habia adver- 
tido de ello. 

— <r¿En qué ha quedado Ud. con el presiden- 
te?!) preguntó netamente el señor Santa María a 
su interlocutor, después de los cordiales apretones 
de mano que son en las altas rej iones del trato 
humano lo que la saliva de los labios en las ma- 
nos de los gladiadores cuando se alistan en la 
arena para acometerse. 

— «¡En nada!» contestó mas netamente el señor 
Lavalle, i esa era la absoluta verdad del caso. 
Pero de todas suertes, habian quedado en el pa- 
pel las bases de la reconciliación, que en resumen 
no eran, como ya queda demostrado con su testo, 
sino una sola: la desocupación de Antofagasta. 

— Esa desocupación es imposible^ replicó el señor 

do por las fnerzas chilenas; i 3.* recibir i trasmitir al gobierno 
cualquiera base de arreglo que pudiera hacerle el gabinete de 
Santiago, en caso de no aceptar nuestras proposiciones; i espe- 
rar eu su puesto las nuevas instrucciones que se le impartieran. 



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— 527 - 

Santa María con tanta enerjía como lealtad, i po- 
niéndose a la altura de los sentimientos del país, 
— Entonces doi mi misión por concluida, repli- 
có el señor Lavalle, manteniéndose dentro del 
circuito de mimbres de sus instrucciones. 



VI. 



Tenia esto lugar en la noche del miércoles 12 
de marzo. Conocíanse ya en su plenitud los apres- 
tos de guerra que hacia el Perú sin ningún j enero 
de embozo, i con este motivo tuvo el señor Santa 
María una inspiración del momento tan desgra- 
ciada como la insostenible posición diplomática 
que habia aceptado. — a Prepárese Ud., dijo, alu- 
diendo a la actitud belicosa del Perú i a la nece- 
sidad en que el gobierno iba a verse de pedir es- 
plicaciones categóricas sobre aquella emerjencia, 
prepárese Ud., dijo el ájente oficioso de Chile al 
del Perú, estando a la versión de éste, para con- 
testar al gobierno una pregunta que le hará cuan- 
do se vea que no hai modo de arreglarnos. El go- 
bierno va a preguntarle terminantemente cuál será 
la conducta que observe el Perú, vista la infruc- 
tuosidad de la mediación; si se mantendrá neutral 
o se declarará en favor de Bolivia. ¿Qué le con- 
testará Ud? 

— «Lo único que puedo contestarle, tornó a de- 
cir el atornasolado diplomático peruano, es que 



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~ 528 — 

siendo mi misión una misión especial para un obje- 
to dado^ no puedo conocer cuál será la política de mi 
gobierno, dado el caso que esa misión no tenga éxito. 
— dPues esa es la guerra^ replicó Santa María, 
puesto que cualquiera evasiva la tiene que consi- 
derar el gobierno de Chile como un propósito de 
guerra, i procederá a hacerla en el acto, para 
aprovechar las condiciones en que hoi se halla i 
disminuir sus gastos, haciéndola mas pronta i mas 
rápida^). 

VII. 

Abundaba la franqueza en los dos amigos como 
se ve, i en esto no hai ofensa que hacer al uno ni 
al otro de los negociadores del Gran Hotel de 
Santiago, a donde parecía haberse trasladado de 
buen grado el asiento de las conferencias diplo- 
máticas, celebradas desde tiempo inmemorial es- 
clusivamente en el palacio de gobierno. 

La guerra era evidentemente la solución del 
conflicto en la noche del 12 de marzo i en ella 
estaban en acuerdo perfecto los dos embajadores, 
el del Perú i el del señor Pinto. 

VIII. 

Mas, ¡caso raro i no esplicado! al dia águiente 
de aquella franca i varonil conferencia volvió el 
señor Santa María a la posada del plenipotencia- 



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— 529 — 

rio del Pera i le habló en un lenguaje completa- 
mente diferente, al decir del último. 

El delegado oficioso de la moneda venia ahora 
completamente desarmadj. No era posible, a su 
decir, dejarse arrebatar a una guerre desastrosa 
por una causa de tan poca monta como la violen- 
cia momentánea de Bolivia. Podia esta nación, 
mal aconsejada, calmarse, i lo que con venia, en 
consecuencia, era reservar plazo suficiente al en- 
friamiento de las pasiones sobre-escitadas. En 
suma, lo que proponía el señor Santa María, i se- 
gún las propias palabras que le atribuye su inter- 
locutor, era — dar tiempo al tiempo i dejar las cosas 
como estaban. 

Armonizábase aquella singular salida admira- 
blemente con la voluntad del jefe del Estado, 
siendo en todo conforme a su manera de ser física 
i moral; i ciertamente que el representante del 
Perú, que no habia venido a otra cosa que a dar 
tiempo al tiem^pOy debió sentir que su corazón espe- 
rimentaba alegre vuelco, dentro de su pecho. Por 
esto, al instante mismo, i aprovechando la ocasión, 
que era calva como su señoría, engañó diestramen- 
te al confidente del presidente de la República 
con la verdad de su embajada, pues, entre otras 
objeciones que presentó de pronto a aquel siste- 
ma de misterioso aplazamiento, que nada, ni un 
ardid de guerra, podia justificar, hízole presente 
— «que la prensa le acusarla de ser él quien pro- 

HIST. DE LA C. DE T. 



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— 630 — 

vocaba aquella tardanza en bien de su paísD. 

Dio a este esquisito escrúpulo del señor Lava- 
lie cumplida satisfacdion el señor Santa María, 
prometiéndole que él le daria testimonio perso- 
nal de su lealtad, con lo cual tuvo término aque- 
lla estraña converaacion, retirándose el primero 
a meditar profundamente sobro todo lo que aquel 
raro misterio i cambio de táctica diplomática pe- 
dia tener de advereo o de favorable para su misión 
i su país (1). 

(1) Hé aquí las apreciaciones verdaderamente notables, bajo 
6l punto de vista diplomático, del señor La valle, sobre las miras 
que habia desarrollado el señor Santa María en la conferencia 
del 12 de m^rzo, apreciaciones que revelan un hombre de ver- 
dadero tacto i versado en las peripecias de la diplomacia. 

«Ahora bien, señor ministro, ¿qixé razones hai para este cam- 
bio de política, acentuado por el cambio que se nota en la pren- 
sa? Pueden ser las siguientes: 1/ que Chile trabaja en Bolivía 
ppr derrocar al gobierno del jeneral Daza, i por hacerlo susti- 
tuir con otro caudillo, con el que se arregle directamente; 3.* 
que sin apelar a tal estremo, Chile se ocupe de arreglarse direc- 
tamente con el miamo'jeneral Daza; 3.* que el gobierno chileno 
confie en que tendremos pronto dificnltades con la Qran Breta- 
ña, pues ayer ha corrido aquí un telegrama en que se asegura, 
que Inglaterra ha ofrecido a los tenederos de bonos peruanos 
anglo-franco-belgas, hacer efectivas sus reclamaciones mediante 
la presión de 4 buques de guerra, en cuyo caso pudiera rechazar 
sin temor nuestras reclamaciones amistosals; 4* que Chile se 
Jbaya alarmado con el envío de la cañonera arj en tina Paraná, 
que se dice viene a Antofagasta, i no quiere apresurar el desen- 
lace con el Perú temiendo que no sea pacífico, hasta ver mas 
claro; 5.M la menos posible, que espera una revolución en el 



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— 531 — 



IX. 



Sobrevino desde aquella conferencia un inte- 
rregno de una semana, como sí hubiera resuelto 
el señor Pinto, conductor supremo de la negocia- 
ción, poner en ejecución el plan de dar tiempo al 
tiempo, cuando el 18 de marzo el gobierno^ o mas 
bien, el presidente, pues su gabinete parecía aje- 
no a todo lo que se hacia, soportando mansamen- 
te el desmedro de su dignidad que eso importaba, 
creyó necesario reanudar los tratos; i entonces 
surjió (el dia 20) la tercera faz de esta singular 
i nunca vista batalla diplomática, hecha a reta- 
zos, sin costuras i sin protocolos. Fué aquel el 
proyecto de que el señor Santa María se trasla- 

Perú, la qne apanto solo por esceso de previsión. De todas 
estas razones, a la que mas me inclino es a creer que Chile tra- 
jaba por derrocar al jeneral Daza, i sustituirlo con un gobierno 
con el que pueda atreglarse sin nuestra intervención, i quizás 
en nuestro detrimento. 

>De cualquier modo que sea; mi papel es hoi el de esperar. 
Esperar óidenes de U. S. ¡ esperar contestación del gobierno de 
Chile, Entre tanto, no perdono medio *de apaciguar los espíri- 
tus, lo que me lisenjeo de haber obtenido en parte. Sigo siendo 
colmado de atenciones por lo mejor i mas distinguido de la so* 
ciedad de Santiago; i aunque no cieo pecar de poco modesto al 
suponer que no todas sus atenciones tienen por objeto al minis- 
tro del Perú, sino al antiguo amigo, no obstante ellas no pueden 
menos que redundar en beneñcio de los intereses que repre- 
sento.]» 



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— 682 — 

dase, como en 1865, a Lima, i allí en amistosa 
plática, «alrededor de una mesa» i con la misma 
fortuna que en otro tiempo, pacificase al Perú i lo 
unciese de nuevo a los destinos de Chile. 

Acojió el enviado del Perú aquella idea con 
tanta alegria como personal sagacidad, porque 
convencido como se hallaba de que la guerra era 
inevitable, lograba por aquel arbitrio echar sobre 
otros hombros el peso de la responsabilidad, que 
comenzaba a fatigarle, i trasladaba a Lima la so- 
lución que él sabia no habria de encontrar en 
Santiago. Tan cierto es esto que en el mismo 
despacho en que comunicaba aquella nueva sali- 
da al ministro Irigóyen, decíale sobre el resultado 
definitivo de las negociaciones estas significativas 
palabras que eran un aviso positivo de guerra i 
sus aprestos: — Marche U. S. en sus determina- 
• ciones ulteriores en la convicción de que Chile 
no retirará sus fuerzas del Litoral boliviano sino 
ante la decisión de un arbitro o bajo la presión de 
la fuerzai>. 

En cuanto a sacarse desde luego la careta, esto 
es, en cuanto a acceder a la petición del gobierno 
de Chile para definir la posición del Perú en la 
contienda, eso no lo haria' todavía el enviado del 
Perú. Eso seria, había dicho al señor Santa María 
en su conferencia del 18, mettre lefeu aux pou- 
dres.... La pólvora, en efecto, estaba ya estivada 
en la bóveda, pero el señor Lavalle se reservaba 



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— 633 — 



escojer su hora para aplicarle el tizón (que era el 
tratado secreto), guardado en su necesario de via- 
je entre ricas esencias encerradas en cristales. 



X. 



Aceptada en teoría la nueva base, es decir, el 
viaje del señor Santa María, que era solo un lazo 
diplomático, discutióse sobre ella durante dos 
dias, i aun anunció por el cable el señor Lavalle 
a su gobierno su partida, llevando en rehenes al 
señor Santa María i fijando para el viaje el sábado 
29 de marzo en que salia de tabla vapor de Val- 
paraíso para el norte. 

Mas, en la tarde del 21 el señor Santa María, 
que no obstante su fatal condescendencia para 
con el jefe del Estado, veia siempre claro, desistió 
de su viaje, salvando así su reputación de una ce- 
lada de la astucia (1). 

. (1) Hé aquí como juzga el ministro Irigóyea, probablemente 
un tanto curado de su petulancia, el desistimiento del señor 
Santa María en su manifiesto de abril: 

aDesgraciadamentey dicho acuerdo, verificado el 20 del ante- 
rior, quedó sin efecto al siguiente dia, por desistimiento del se- 
ñor Santa María, fundado, según las palabras que dirijió al se- 
ñor Lavalle, en que juzgaba inútil su misión i estéril el sacrificio 
que al aceptar se imponía, desde que le parecia inevitable un 
rompimiento entre el Perú i Chile. La misma declaración hizo 
a nuestro representante pocos momentos después el Exmo. se- 
ñor Pinto. Esto vino a malograr una combinación, que proba- 



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— 534 — 

XI. 

El gobierno de Chile resolvió, sin embargo, 
trasladar de todas suertes a Lima la solución que 
tanto esquivaba el señor Lavalle en Santiago, 
contentándose el último con decir su teoría i a la 
manera de Alejandro en Asia, que el Pera no po- 
día^ no dehia, ni quería ser neutral. en la contien- 
da. El mismo señor Pinto encargóse de trasmitir 
al enviado peruano aquella nueva resolución de 
su gobierno, en la cual, hasta cierto punto, se 
prescindia de su persona i de su plenipotencia.— 
(cEl presidente, me dijo, esoribia el señor Lavalle 
al señor Irigóyen, que habia dado orden al señor 
Godoy para, que del modo mas cordial^ mas afable, 
mas sua^e i meaos hiriente, se informase de las 
intenciones del gobierno del Perú, pues de ellas' 
dependia el arreglo definitivo de la cuestión pen- 
diente i que deploraba mucho que los diarios se 
hubiesen ocupado de eso; pues deseando Chile la 
paz, ¿cómo podia llegar a ella por intermedio de 
un mediador armado? Que él suponia que esos ar- 



blemente habría salvado la paz de las tres Repúblicas; pues 
reunidos en esta capital dos representantes especiales de Chile 
i Solivia i el que el Perú hubiera nombmdo como mediador, no 
habría sido imposible encontrar un rnedio decoroso de salvar la 
situación. Prueba ademas esto, que el gobierno de Chile no tu- 
vo nunca leal i siuceso propósito de evitar la guerra.» 



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- 635 — 

mamentos no envolvían un acto de hostilidad a 
Chile; pero que aírf lo parecía i así lo sentía el pú- 
blico: que ya en la Cámara de Senadores se habían 
ocupado de eso hoi, i que el señor Vicuña Mac- 
kenna había asegurado, que a la fecha el coronel 
Velarde .ocuparía el Loa (1); que una declarato- 
ria de neutralidad del Perú lo facilitaría todo, 



(1) Sobre esta aseveración hízose oporfcauameate, como a 
nuestro juicio debieron hacerse todas las rectificaciones a quo 
ese negocio daba lugar, las siguientes aclaraciones, en El Ferro- 
carril del 15 de mayo de 1879: 

Santiago, mayo 14 de 1879. 

«En una de sus. comunicaciones oficiales al gobierno del Pe- 
rú, el señor J. A. Lavalle, refiriéndose a una conversación con' 
.S, B. el presidente de la República, afirma que éste le habia 
espresado el concepto de haber yo asegurado en el Senado que 
el coronel Velarde (jefe de la división acantonada en este tiem- 
po en Iquique) kabia llegado al Loa,. 

3)Como yo no he dicho ni he podido decir samejante frase, me 
veo en el caso de rectificar al señor Lavalle, o mas propiamente 
su nota. 

3) Lo que yo dije en el Senado en la sesión del 21 de marzo a 
que se refiere el señor Lavalle en nota de ese dia, fué únicamen- 
te lo siguiente, respecso de la ocupación del Loa. 

^Copiamos de la redacción oficial: 

j)Si vamos a tener guerra o no con el Perú, es por ahora cues- 
tión de caücilleria que no podemos traer al debate. Sobre lo que 
no hai ninguna duda, es que estando en plena paz con aquellg, 
nación antes amiga, acaba de instalar un campamento militar 
mas fuerte que el nuestro eo el puerto de Iquique. I ahora es 
preciso que el Senado sepa que los batallones peruanos allí 



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--. 536 — 

permitiendo düponer de mas tiempo i no procu- 
rando la paz en medio de las emerjencias de una 
situación irritante». 

XII. 

Habló también en esta ocasión el señor Pinto 
al señor Lavalle, prescindiendo siempre del inter- 
medio de su ministro del ramo i aun del señor 
Santa María, de un pacto de tregua (sin haber ha- 
bido guerra....); i habiéndose suscitado la cuestión 

acantonados, están a una jornada, mas cerca del Loa que naso- 
tros. 

i>I luego agregné: I por esto no seria hipérbole decir qae en 
estos momentos las descudiertas peruanas dan de beber a sus 
caballos en el rio que debió ser nuestra frontera militar del nor- 
te una semana después de la ocupación de Caracoles. 

DHabia tenido el propósito de hacer esta rectificación en la 
sesión que hoi debió celebrar el Senado, como asimismo pedir 
con insistencia se publicaran todas las actas del Senado relati- 
vas a la declaración de guerra al Perú, porque mientras el go- 
bierno de eso país hace por todo el mundo, i especialmente en 
las Repúblicas sud-americanas, una propaganda activa, violenta 
i fecunda contra Chile, sin detenerse en gastos ni en sacrificios, 
nosotros seguimos mas o menos nuestro antiguo i fatal sistema 
de. reserva i aislamiento. 

]>La clausura inesperada del Senado no me ha permitido cum- 
plir con éste i otros deberes, i por este motivo ocurro a las co- 
lumnas de la prensa para dejar bien establecidos los hechos.» 

B. Vicuña Mackenna. 
Al editor de El Ferrocarril, 



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— 537 — 

de la importancia futura de la bahía de Mejillo- 
nes, S. E. añadió que Chile se comprometeria a 
no fortificarla jamas como plaza de guerra. 

xm. 

Celebróse una nueva conferencia en el despacho 
del presidente el 24 de marzo, i en esta vez cul- 
minó la fatal ceguedad i la insondable inepcia 
con que el mas grave de los negocios diplomáti- 
cos en que se hubiera comprometido jamas Chile 
fué desde la primera hora conducido. Sacando 
el señor Pinto fuerzas de flaqueza, porque lo que 
se traslucía como evidente era su ansiedad por 
conservar la paz con el Perú a toda costa, atrevió- 
se a anunciar al enviado peruano que estaba pro- 
fundamente disgustado, por cuánto, habíase visto 
forzado en aquella mañana a tomar algunas me- 
didas de hostilidad contra el Perú, no pudiendo 
resignarse a la idea de una guerra entre los dos 
países. Insistiendo en consecuencia, i apesar de 
las repetidas i perentorias declaraciones del señor 
Lavalle en contrario, sobre el punto capital, eje 
de la negociación en su última fase, esto es, de la 
declaración de neutralidad que el Perú debia ha- 
cer inmediatamente, fuese en Lima al señor Go- 
doy, fuese en Santiago por su propia boca, llegó 
el presidente de Chile, estando siempre a las re- 
velaciones del señor Lavalle, única constancia 

HIST. DE LA o. DE T. 68 



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— 638 — 

histórica que ha quedado de aquella malhadada 
comedia, hasta asegurar al enviado del avieso mi- 
nistro Irigóyen que, si por mantenerse neutral el 
Perú el gobierno de Bolivia le declarase la guerra, 
contase (el señor Lavalle) con la alianza de Chile 
i con un ejército chileno que se pondría a las ór- 
denes del Ferú. 

Pasaba esto mas allá de toda humana suposi- 
ción en el camino del absurdo, i el enviado del 
Perú pudo sarcásticamente agradecer aquel estra- 
ño don al gobierno contra el cual su propio país 
se armaba a toda prisa. — «Di las gracias a S. E., 
dice irónicamente el ministro Lavalle en uno de 
sus famosos despachos diplomáticos, asegurándole 
que en el remoto caso de que algima vez exis- 
tiese la guerra entre Bolivia i el Perú, juzgaba 
que no nos seria necesario el auxilio de Chile^ por 
mui valioso que fuese^ como ei} efecto creia que h 
era. 

DÜíjome el presidente que ese caso no era tan 
remoto como lo creia; i que si la guerra estallaba 
entre Chile i el Perú, no seria estraño que acaba- 
se en una guerra entre el Perú i Bolivia aliada a 
Chile, pues hoi mismo Chile podria hacer la paz 
cou Bolivia con detrimento del Perú, cosa en que 
él no entraría jamas; i que para evitar la gwerra 
entre ambos países era preciso que el Perú decla- 
rase su neutralidad, a cuyo efecto deseaba que 
hiciese al Perú un telegrama concebido mas o me- 



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— Í539 — 

nos en los términos contenidos en un papel que S. E. 
me alcanzó i que encontrará V. E. en copia bajo el 
núm. 1. 

dLo leí e insistí con el presidente en que el 
Pera no podia hacer tal declaración; que era in- 
dispensable que se le asegurase siquiera que esa 
declaración tendría algunos efectos tendentes á 
procurar la paz entre Chile i Bolivia, como la 
sanción de una tregua i la apertura de negocia- 
ciones; que el único modo que tenia Chile de des- 
ligar al Perú de Bolivia era aceptar términos 
racionales que pudiese el Perú ofrecer a Bolivia, 
sin detrimento de su dignidad, i que si ésta rehu- 
saba por capricho o tenacidad, pudiese el Perú 
abandonarla a su propia suerte; que si Chile tenia 
que contar con la opinión pública de su país, el 
de Bolivia i el del Perú se encontraban en las 
mismas condiciones. 

DAlargaria indefinidamente este despacho si di- 
jese a U. S. todo cuando espuse a S. E,, del cual 
me separé ofreciéndole trasmitir a mi gobierno sus 
deseos, pero asegurándole nuevamente por mi parte 
que esa declaración de neutralidad del Perú que 
solicitaba, el Perú no debía, no podía, no quería 
hacerla, i que veia con profundo dolor que las 
cosas se acercaban a un doloroso i sangriento tér- 
mino. 

D Antes de separarnos me dijo S. E. que el se- 
señor Godoy escribía sumamente alarmado con los 



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— 640 — 

aprestos del Perú i con el espíritu que reinaba en 
el país; que él hacia aparte eso, que correspondía 
al carácter del señor Godoy i la atmósfera que 
debía rodearlo de chilenos exaltados, que estarían 
viendo por todas partes visiones. Le dije que 
mucho me complacía que juzgase tan correctamen- 
te a su representante i a las circunstancias en que 
se hallaba D. 



:iv. 



El telegrama redactado p^spaano presidencial 
i sobre cuyo envío habíase mostraSs^n insisten- 
te el señor Pinto, era tan vago i descoTlínido como 
su carácter personal, i aunque fué acompaS^do en 
seguida de una esquela aclaratoria, nada'^cia 
que no estuviese ya traqueado en la discusíí 
Confiesa el señor Lavalle que estuvo largo rato^ 
ayudado por el señor Paz Soldán ocupado en dar 
forma de cablegrama al despacho redactado de 
mano presidencial i no pudo conseguirlo (!)• 



(1) Felizmente el telegrinna no se envió, habiendo convenido 
en que así se hiciese el señor Pinto. — «Después de su insisten- 
cia, dos dias mas tarde, S. E., dice el señor Lavalle dando cuen- 
ta de una cuarta conferencia personal, después de una larga dis- 
cusión que por rodar siempre sobre el mismo punto, esto es, el 
de que ¿por qué tío puede el Perú declarar su neutralidad? creo 
inútil trasmitir a U. S., convino en que se suspendiese la remí* 
sion del telegrama.:^ 



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— 641 — 

Concíbese esto sin esfiíerzo teniendo a la vista el 
tenor de aquel documento, que con el de la esque- 
la esplicativa era el siguiente: 

«La situación indefinida del Perú es un obstácu- 
lo insuperable para las negociaciones. La decla- 
ración de neutralidad tranquilizaría los espíritus 
aquí como en el Perú i Bolivia {sic). Proposicio- 
nes que podrían ser aceptables estando los ánimos 
mas tranquilos, no pueden ahora discutirse.)) 

CMINISTBEIO DE LO INTERIOR. 

Señor don José Antonio de La valle. 
Mi apreciado señor: 

«Creo que no estaría demás decir que declara- 
da la neutralidad, las negociaciones podrían con- 
tinuarse en Lima, donde podrían llevarse con mas 
actividad que en Santiago. 

5)Creo que declarada la neutralidad, podríamos 
conseguir que Santa María fuese a Lima. 

5) Mande a su afectísimo 

A. PlNTOD. 

XV. 

Para llegar a medir el fondo de insondable de- 
sacierto que dominaba el ánimo del supremo nego- 
ciador chileno en aquellos solemnes momentos de 



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— 542 — 

la historia de la República, será preciso tener 
presente que ya en esa fecha sabíase de sobra i 
oficialmente por despacho del señor Godoy en 
Lima que la guerra era absolutamente inevitable 
i que el Perú se armaba con febril actividad, 
mientras su ájente ganaba cómodamente tiempo 
en Santiago. Mediante telegramas sucesivos en- 
viados por aquel sagaz i dilijente ájente de Chile 
desde el 8 de marzo i que él habia señalado con 
los nombres peculiares i simbólicos de tomillo, 
prensa, clavo, yunque, etc., comunicaba todo lo que 
ocurría de grave, de alarmante i de urjente en Li- 
ma, llevando su previsión hasta aconsejar la cap- 
tura del Limeña con la división Velarde. 

Pero fué en vano que hiciera resonar aquel fun- 
cionario noche i dia el martillo del cable, a guisa 
de tornillo, en el pecho i en el entendimiento de 
los hombres de gobierno convertidos en verdaderos 
yunques. I a fin de que la posteridad no tilde de 
apasionado nuestro juicio, v¿imos a reproducir 
íntegramente en seguida la interesante i compren- 
siva nota en que el señor Godoy repitió el 12 de 
marzo todos sus desatendidos avisos i sus varoni- 
les i oportunos consejos. 

XVL 

Esa nota de acusación eterna para el gobierno 
de esa época, decia testualmente así: 



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— 543 — 

LEGACIÓN DE CHILE EN EL PERÚ. 

lAma, marzo 12 de 1879. 
Señor ministro: 

(T Habiendo llegado a manos de U. S. mi prece- 
dente nota fecha 8 del corriente, destinada a dar- 
le a conocer la azarosa condición actual de las re- 
laciones entre éste i nuestro país, e impuesto de 
mi telegrama del 8 marcado Tornillo ^ en que le 
comuniqué la salida de una fuerte guarnición pa- 
ra Iquique i el envío con el mismo destino de un 
considerable armamento, habm podido U. S. com- 
prender perfectamente toda la signaficion i alcan- 
ce del telegrama que le dírijí el dia 9, marcado 
Prensa^ o sea número 6, i que, descifrado, debe 
haberle espresado lo siguiente: Creo misión La- 
valle trata ganar tiempo. Si no logra avenimiento, 
guerra inevitable. Escuadra en Callao. Gobierno 
cree contar con blindado italiano. Pienso debemos 
precipitar solución i obrar pronto aun sobre tras- 
portes en marcha^ si misión La valle no promete 
solución pacífica. Avise resolución. No se divul- 
gue. 

pQue la misión confiada al señor Lavalle trata 
de ganar tiempo, i que en este propósito obedece 
a instrucciones de su gobierno^ es para mí una con- 
jetura que reviste los caracteres de la evidencia. 



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— 544 — 

Al Perú le conviene aplazar el momento de to- 
mar una resolución porque ella tendrá que ser 
por la intervención armada, a menos que Chile 
consienta en abandonar el Litoral recuperado, i 
para intervenir como belij erante con probabilida- 
des de éxito, necesita acabar de alistar su escua- 
dra e incrementar su poder con la adquisición de 
torpedos i de uno o mas buques blindados, b que 
procura a toda costa i sin omitir medio alguno. 
Necesita, ademas, arbitrar fondos para hacer esas 
adquisiciones i para sostener el numeroso ejército 
que trata de formar i que se eleva ya a no menos 
de 4,000 hombres. Para el caso en que el señor 
Lavalle no pudiera dilatar el curso de sus jestio- 
nes tanto cuanto conviene a las miras de su gobier- 
no, tiene éste el propósito de convocar al Congre- 
so Nacional a sesiones estraordinarias, fijando un 
plazo de treinta dias para la reunión. Sabedor po- 
sitivamente de que el Congreso estará por la gue- 
rra, su convocatoria no tiene otro objeto que el apla- 
zar la decisión hasta el momento que crea oportuno. 
A todos los demás indicios ciertos que revelan el 
propósito de ganar tiempo, júntase la proposición 
que el enviado peruano ha hecho a U. S. en su 
primera conferencia, de la cual acabo de tomar 
conocimiento por su telegrama de esta fecha, pro- 
posición inaceptable a todas luces, i como tal, cal- 
culada para prolongar la discusión i no con otro 
fin, pues este gobierno está en la firme persuasión 



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— 545 — 

de que Chile no consentirá en la desompacion del 
Litoral recuperado^ i de oM su decisión reser^ 
vada de hacer la guerra i para ello sus activos 
aprestos. 

3) Que la guerra con el Perú será por este go- 
bierno provocada cuando ^e sienta suficientemente 
fuerte^ si no consiente Ciiile en la desocupación 
propuesta, es también un heclw con que es forzoso 
contar^ i ya he manifestado a U. S. los motivos 
que me asisten para afirmarme en este concepto. 
A ellos, ademas, tengo que agregar que, seguu 
reyelskciones que estimo fidedignas por su proce- 
dencia, el gobierno de Bolivia está estimulando vi- 
vamente al del Perú hacia su pronunciamiento 
contrck Chile, no solo recordándole el pacto que 
liga a ambos, sino halagando el codicioso interés 
con que éste mira las salitreras de Antofagasta. 
Antes habia ofrecido otorgarle el usufructo gra- 
tuito por 99 años de los salitrales del Toco; aho- 
ra, según las aludidas revelaciones^ le promete 
en los mismos térpiinos el usufructo de todos los 
salitrales existentes en el territorio de que está 
en posesión i en el que trata de recuperar con fcl 
auxilio del Perú. 

^Partiendo de ^ste modo de ver, €U mi telegra- 
ma del 9 no pude menos de manifestar a U. S. el 
concepto que tengo formado de que nos interesa 
sobremanera precipitar la solución, obligando al 
Perú a que se pronuncie antes que él mismo oon- 

HIST. DE LA C. DE T. 69 



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~ 546 — 

sidere llegado el momento de pronunciarse, esto 
es, antes de que complete la organización de sus 
elementos bélicos. Llevé mi idea en el telegrama 
del 9 hasta creer conveniente la captura del tras- 
porte <íLimeñay> con las tropas i armamento que a 
su bordo iban encaminados a Iquique^ porque pre- 
veo que, guarnecido aquel puerto con un ejército que 
fácilmente puede hacerse llegar o 4,000 hombres^ 
mas tarde su ocupación nos impondrá grandes sa- 
crificios. Si se tratase de rendir la guarnición por 
la fuerza, una lucha sangrienta seria inevitable; 
si se tratase de rendirla por hambre, bloqueando 
el puerto, la numerosa población chilena avecin- 
dada en Tárapacá, seria la primera víctima de la 
medida, pues la guarnición no se rendirla sino 
después que hubiesen perecido de estenuacion los 
seis mil o mas chilenos que residen en aquel de- 
partamento. 

2> Antes de haber sido guarnecido Iquique, nues- 
tra ocupación habria sido fácil i nuestros compa- 
triotas allí residentes habrían sido otros tantos 
brazos armados para sostener la ocupación; pero 
después de guarnecido,, nuestros compatriotas, sin 
poder prestar a la causa de su país gran coopara- 
cion, pueden llegar a ser un embarazo para nues- 
tra acción. Estas consideraciones prevalecieron 
en mi idea sobre las que no desconozco de que 
habria sido imposible dar forma regular a nuestro 
procedimiento sorpresivo, i de que el tiempo para 



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— 547 — 

obrar era demasiado estrecho para utilizarlo con 
tal propósito. 

2>Ayer dirijí a U. S. dos telegramas, marcado el 
uno ClavOy o sea número 7 i redactado según el 
código telegráfico, para significar este concepto: 
Noticias fidedignas llegadas de Bolivia anuncian 
que se han puesto en marcha para el interior, con 
dirección al Litoral, cinco mil hombres^; el otro 
marcado Yunque^ o sea número 8 escrito en la 
clave vijente, para significarle lo siguiente: «Con- 
tinúan aprestos aquí. Creo conveniente nuestra 
escuadra esté reunidai>. 

^Tocante al primero, debo manifestar a U. S. 
que he obtenido la noticia de buena fuente; pero 
no estoi exento de mirarla con desconfianza, ya 
en cuanto al propósito mismo de emprender la 
marcha a través del desierto, ya en cuanto al nú- 
mero del ejército. Esto no obstante la trasmití 
a U. S. i al jefe de nuestras fuerzas espediciona- 
rias, porque, a ser cierta, como se me ratifica hoi, 
ella demandaria medidas urj entes. Tal como se 
me comunicó i se me ratifica, habrían salido de 
La Paz, primeramente dos mil hombres que se 
suponen llegados a Potosí, i poeo después tres mil 
mas, que se suponen ya en Oruro, unos i otros 
destinados al Litoral. 

3) Respecto del segundo de los telegramas alu- 
didos, solo tengo que añadir a su contenido que 
los aprestos a que se refiere se advierten en el 



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— 548 — 

ejército i en la marinería que siguen aumentán- 
dose, en las naves que siguen alistándose con ac- 
tividad (si bien el alistamiento de la Independen^ 
da promete demora de mas de quince dias), en 
las baterías, servidas ya por una regular dotación 
que hace con la posible frecuencia ejercicio de 
tiro al blanco, i en todos los departamentos a que 
conciernen los preparativos para una próxima 
campaña. 

dSíu tiempo para estender mas este oficio, con- 
tinuaré mis informes por los , correos próximos, 
sin perjuicio de servirme del telégrafo, como has- 
ta ahora, para comunicaciones de carácter ur- 
jentcD. 

Dios guarde a U. S. 

Joaquín Godoy. (1) 

XVII. 

Pero lo que sobre esas fatales omisiones mas 
conduele en el juicio de estos actos públicos, es 
que el gobierno de Chile, al proceder respecto 
del Perú, cuya insolencia iba por dias en creces, 

(1) Entre los anexos de este capítulo publicamos la segunda 
nota del señor Godoy, compleinent^a de la presente i fechada 
tres dias mas tarde, esto es, el 15 de marzo. Las snb-siguientes 
del mismo diplomático son del mayor interés, pero el espacio 
nos falta i el rubor nos sobra. 



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— 649 — 

con kan desautorizada i funesta lenidad, no solo 
echaba en olvido las provocaciones reiteradas del 
presente, sino una larga serie de amenazas, que 
habian comenzado a tomar cuerpo desde que en 
enero de 1868, (¡hacia de esto once años!) el 
coronel Balta echara a bayonetazos del poder al 
dictador Prado. Uno de los primeros actos de 
este gobierno habia sido declarar la caducidad de 
la alianza con Chile, a título de un decreto re- 
volucionario espedido en Arequipa el 22 de di- 
ciembre de 1867; en seguida la administración 
Balta habia menoscabado (como la de Santa Cruz 
en 1836) las franquicias aduaneras otorgadas a 
nuestros cereales, i sobre amenazarnos a cada 
momento sus enviados, i especialmente el beato 
Macias, «con los blindados del PerÚD, en los ajus- 
tes de las cuentas militates de la alianza de 1865, 
otro de sus ministros habia solicitado subterránea- 
mente en Londres la retención de nuestras cor- 
betas, detenidas en el Támesis durante la guerra 
con España. 

I todo esto sin tomar en cuenta el trato horri- 
ble dado en las faenas de Uchumayo i de la Oro- 
ya a nuestros trabajadores, que eran azotados dia 
a dia, i en seguida dejábaseles morir en los hos- 
pitales, que por irrisión denominaban de la Espe- 
ranza.... Llegaron a conmover hasta las entrañas 
de los diarios peruanos los dolores de aquella si- 
tuación, i la Patria de Lima del 12 de agosto de 



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— 550 — 

1871 pidió, en un artículo titulado —Los desam- 
parados^ un poco de misericordia para aquellos 
infelices. Los desamparados eran los chilenos. El 
olvidadizo gobierno de Chile nada sabia, sin em- 
bargo, de todo esto, al tratar con el Perú; nada 
recordaba, nada deseaba castigar ni prever... 

XVIII. 

Colócanse aquí por el orden de sus fechas dos 
desgraciadísimos incidentes subsidiarios de esta 
desgraciada negociación. Aludimos a la singular 
condescendencia con que el señor Fierro; desai- 
rado repetidas veces en su puesto i en su respon- 
sabilidad por la intrusa intervención del presi- 
dente, se prestó a ofrecer al señor Lavalle el bo- 
rrador de su única nota de entidad en el negocia- 
do para que la corrijiese, si lo tenia a bien, i el 
caso todavía mas infortunado de la brusca i desau- 
torizada aparición del señor senador Lastarria en 
el curso de los debates del Gran Hotel, tan próxi- 
mos ya a estinguirse por sí solos que veíase en las 
facciones de los negociadores, según la espresion 
de nuestros campos, «la tierra en la cara....D Mas, 
por no ahondar la llaga de estos dolores naciona- 
les, pasamos por alto esos incidentes relegando el 
del señor Lastarria, por su interés i su forma con- 
creta, a los anexos, i nos apresuramos a llegar al 
desenlace. 



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— 561 — 

XIX. 

El señor Lavalle había visto, en efecto, venir 
tranquilamente su hora. Resuelto a no declarar 
la neutralidad que se solicitaba como base de la 
paz con su país; convencido de que Chile no sol- 
taría sino a cañonazos su presa de Antofagasta i 
observando, por las copias que de Lima escribia, 
que el plenipotenciario de Chile en aquella ciu- 
dad iba con su vehemencia i en cumplimiento de 
su deber a levantar la compuerta del dique, resol- 
vióse al fin a poner por su parte, fuego a la pólvo- 
ra; i en consecuencia, el lunes 31 de marzo dirijió- 
se a la moneda con el lanzafuego en el bolsillo. 

Era aquel el momento preciso i oportuno. El 
Perú estaba listo, i tres mil soldados defendian el 
objetivo^ es decir, a Tquique. Ademas el señor La- 
valle que parecía tener en Santiago confidentes 
supremos, comenzaba a temer por su persona, se- 
gún lo hizo saber oficialmente a nuestro gobierno 
el 28 de equel mes. La mecha fatal estaba pren- 
dida i era preciso ponerse a toda costa en cobro. 
En ese mismo dia habia escrito el señor Lavalle 
al ministro Irigóyen que la lectura que iba a hacer 
del tratado secreto equivaldría al casus helli para 
el gobierno de Chile (1). 

(1) LBaACION DEL PBKU EN CHILE. 

Santiago^ marzo 28 da 1879. 
Señor ministro: 

a:Acabo de adquirir datoa qaa me permiten suponer con cadi 



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— 552 — 

XX. 

Por otro rumbo, veíase ademas fulgurar a la 
distancia el rayo. El señor Godoy, nuestro minis- 
tro en Lima, comprendiendo con mucho mayor 
sagacidad i firmeza de ánimo la situación que le 
rodeaba i en cumplimiento de órdenes que opor- 
tunamente recibiera, apremió con calor al minis- 

seguridad plena que la iudicacioa (?) de este gobíerüo tiene por 
causa la seguridad que ha adquirido, oiedíante las comunicación 
nes del sefior Godoy, de la existencia de un tratado secreto de 
aliim^ entre el Perú i Bolivia, i la que le asiste de que yo le 
daré a ese respecto esplicaciones oficiales en breves dias mas, 
en mérito de habérmelas pedido el señor Fierro en la conferen- 
cia qne tuvimos el 11 de los corrientes i de haberle yo dicho 
entonces^ que las habia pedido a U. S. con fecha de los miB- 
mos. 

3>Cuando ese caso llegue, el gobierno de Chile declarará el 
casus belli, fundándose en la existencia de ese pacto. Como essto 
debe tener lugar del 2 al 3 de abril, puede estar ü. S. seguro 
que, para esa fecha, se iniciarán violentamente las hostilidades. 

3> Entretanto, llamo la atención de U. S. sobre el contenido de 
la nota que acabo de dirijir al señor Fierro, i que inclu^'o a U. S. 
en copia, bajo el núm. 1, esperando de un momento a otro lá 
contestación que verbalmente le he hecho pedir me dé tan pron^ 
to como posible le sea, i que, si el tiempo lo permite, incluiré 
igualmente a U. S. en copia bajo el núm. 2. 

^Reiteróme de U. S., señor ministro, mui atento i S. S. 

J. A. Lavalle.j> 
Al seSor tninistro de Estado en el despacho de Relaciones Esteríorea. 



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I 

I 



— ^ 553— 

tro Irigóyeti ea dos ocasiones diferentes i por dos 
notas^sucesivas del 17 i el 22 de marzo. Estas 
notaSj^así como las del 3 i 4 de abril que compén- 
dianHosIsucesosíi llevan las cosas hasta la decía- 
racion^de|guerra, son dignas de ser conservadas 
i las reservamos por esto para el Apéndice, junto 
con las respectivas respuestas del ministro Irigó- 
yen (1). 

XXI. 

Tan evidente era, entretanto, la guerra para 
todos, i especialmente para nuestros adversarios 
desde mediados de marzo, que desde el dia 25 de 

(1) El ministro Irigóyen juzgando con acierto la actitud del 
señor Godoy eii Lima, se espresaba en su manifiesto de un mes 
mas tarde ea los términos siguientes: 

«Mientras se realizaban estos acontecimientos en Santiago, 
el plenipotenciario de Chile, señor Gbdoy, dirijió a mi despacho 
una nota inconveniente i llena de palabras i conceptos ofensivos 
al Perú, con el objeto de inquirir ^sériamente %i era la intención 
del gobierno permanecer neutral, ante los acontecimientos (jue 
habian tenido i tendrán lugar, defendiendo Chile con las armas 
la reocupacion del territorio Litoral al sur del paralelo 23. 

3)E1 gobierno comprendió que esta comunicación estaba des* 
tinada a precipitar un rompimiento; i , aunque hubiera deseado 
contestarla en la forma i términos que cprrespondian, hizo, sin 
embargo, un nuevo esfuerzo, en obsequio a la paz, i se limitó a 
decir al representante de Chile en términos tranquilbs, que ha- 
biendo acreditado el Perú un plenipotenciario en Chile, referíase 
a éste, etc.9 

HIST. DB LA C. DE T, ^ 



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— 554 — 

ese me3, el enviado peruano en Chile, refiriéndose 
a graves revelaciones hechas por un funcionario 
chileno al cónsul del Pera en Antofagasta, había 
despachado a su gobierno en previsión de un asal- 
to, el siguiente telegrama de guen-a; — Buques no 
naveguen solos. 

Pero dejemos contar al señor Lavalle con su 
peculiar aplomo la manera cómo comunicó al go- 
bierno de Chile el tratado secreto que con pérfido 
i duradero disimulo habia negado, llevándolo, sin 
embargo, constantemente en su bolsillo, i esto 
cuando era ya publico por los anuncios telegráfi- 
cos del señor Godoy en Lima, que el tratado se- 
creto era un hecho a todas luces positivo. 

LEGACIÓN DEL PBRÚ EN CHILE. 

Santiago^ marzo 31 de 1879. 

Scixoi* ministro: 

«En mérito del oficio que se sirvió U. S. dirijir- 
me con fecha 11 del mes que acaba, relativo al 
tratado de alianza defensiva existente entre el Pe- 
rú i Bolivia, contestando a mi nota del 7, signada 
con el número l,fuíme hoi al despacho del señor 
Fierro i le manifesté que habiendo ya recibido 
las instrucciones que como antes le habia di- 
cho tenia pedidas a U. S. respecto al trata- 
do secreto de alianza entre el Perú i Bolivia, 



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• - 655 — 

iba a comunicarle verbalmente lo que había so- 
bre dicho pacto; algo mas: que iba a darle lectu- 
ra íntegra de él, pues aunque para ello no tenia 
autorización de U. S. yo nie la tomaba, ci*eyendo 
necesario que lo conociese en todo sus detalles, 
agregándole que, si bien no estaba autorizado pa- 
ra dejarle copia, no podía impedirle que hiciese 
las anotaciones que gustase. Procedí luego ►a dar- 
le lectura del tratado, inculcando i llamando su 
atención hacia todos los diversos puntos, que le 
quitan el carácter de agresivo a Chile, que se ha 
pretendido que tenia. 

^Escuchólo, atentamente el señor Fierro, to- 
mando las notas que juzgaba necesarias. Conclui- 
do que hube mí lectura, me dijo dicho señor, que 
trasmitiría al gobierno la comunicación que aca- 
baba de hacerle, i que me contestaría oportuna- 
mente. 

i;Lo que tengo el honor de poner en conoci- 
miento de U. S., repitiéndome de U. S., señor mi- 
nistro, muí atento obediente servidor 

J. A. DE La VALLE. !► 
Al señor ministro de Estado en el despacho de Relaciones Esteríores. 

xxn. 

Desde ese momento la guerra estaba declarada; 



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el casus beliz previsto se consumaba de hecho, i 
la diplomacia cedia la palabra al canon. 

Reunido, en efecto, al día siguiente (martes 
1.*^ de abril), el Consejo de Estado, autorizó por 
unanimidad i en medio de patrióticas efusiones al 
Ejecutivo para solicitar del Congreso la declara- 
toria de guerra al Perú, i por la indiscreción de 
uno de los consejeros o de varios de ellos si no de 
todos, i el anuncio de Las Novedades^ diario de la 
tarde, súpose aquella grave nueva en Iquique i en 
Lima en esa misma noche. 
' En seguida, el 2 de abril reunióse el Senado en 
sesión secreta, otorgó al gobierno cuanto éste le 
pedia con el tratado secreto en la mano, i al si- 
guiente^dia enviábanse al señor Lavalle sus pasa- 
portes, solicitados con notoria inquietud, acompa- 
ñados de la siguiente carta de S. E. el presidente 
de Chile, que puede considerarse como el digno 
epitafio de aquella negociación desdichada i fu- 
nesta que habia comenzado por el bloqueo de 
Iquique que no duraría cien diás. 

Santiago, abril 3 de 1878. 

Señor don J. A. de Lavalle. 

Mi apreciado señor: 

«Solo hoi ha sido posible dar a Ud. la contesta- 



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— 557 — 

cion a su nota de ayer, porque solo ayer tarde 
fué aprobado por el Senado el proyecto de lei en 
que se autoriza al gobierno para declarar la gue- 
rra al Perú. Nadie siente mas que yo el que las 
relaciones entre el Pero i Chile hayan llegado al 
estado en que se encuentran. Este resultado no 
ha podido ser para Ud. una sorpresa después de 
las francas conversaciones que hemos tenido. 

dEI rompimiento de nuestras relaciones con el 
Perú ha sido para mi doblemente sensible, por 
los males que la guerra acarreará tanto a Chile 
como al Perú, i porque hubiera deseado que la 
misión confiada a Ud. hubiera tenido el resulta- 
do que era debido al biien espíritu con que Ud. la 
ha dirijido. 

2>Se ha oficiado ya al señor Altamirano para 
que se proceda al debido castigo del atentado co- 
metido en la noche del I."" del presente. 

i>Se ha dado ya instrucciones para que tanto 
Ud. como su comitiva no se vean espuestos a 
ningún acto que seria, como dice.Ud. mui bien, 
mui desdoroso para Chile. 

3)Reiterando mis sentimientos de la mayor con- 
sideración, le pido disponga de su atento servidor 

' A. PlNTOD (1). 



(1) Las notas de notificación de la guerra al enviado del 
Perú; notas que hacian completaoDiente escusada esta última 



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— 658 — 
XXIII. 

A fia de que la historia i la posteridad seaa 
dueños de valorizar debidamente la evidente i 
funesta falta de sagacidad, de enerjía i hasta de 
vulgar cordura que presidió a los tratos que el 
presidente de Chile mantuvo personalmente con 

carta de S. E. el presidente de Chile^ decían así: 

MINISTERIO DB RELACIONES ESTERTORES. 

Santiago, abril 2 de 1879. 
Señor: 

<(La manifestación hecha en estos últimos días al ministro 
chileno en Lima por el gobierno de U. S. de [que no podia de- 
clararse neutral en nuestra contienda con Bolivia, por tener un 
pacto de alianza defensiva, que es el mismo que U. S. me leyó 
en la conferencia habida el 31 del pasado, ha hecho comprender 
a mi gobierno que es imposible mantener relaciones amistosas 
con el del Perú. 

]> Ateniéndose a la respuesta que U. S. me dio en la primera 
conferencia que tuvimos el 17 de marzo último, al contestar a 
la interrogación que le hice sobre si existía o nó ese pacto, i en 
la que ü. S. me aseguró que no tenia conocimiento de él, que 
creia que no existia i que esa pretendida convención no podia 
haber sido aprobada por el Congreso peruano en 1873, en que* 
Btí decia ajustada, i mucho menos en los años posteriores en 
que U . S. formó parte de la comisión diplomática; atendiéndose ' 
a esa respuesta, repito, mi gobierno ve que el de U. S., reser- 
vando el pacto a 8. E. i a este gobierno, se ha colocado en una 



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— 559 — 

el señor dou José Antonio Lavalle durante el 
mes corrido desde que éste desembarcó del Loa i 
fué cortesmente recibido por el señor Altamirano 
el4'de marzo, hasta que sé embarcó en el Ligu- 
ria^ escoltado desde Santiago- por el capitán de 

situación profundamente irregular. 

3>M¡ gobierno se ha sorprendido al saber que el del Perú pro- 
yectase! suscribiese ese pacto en los momentos en que manifes- 
taba hacia Chile sentimientos de cordial amistad. 

dA ese acto misterioso, en que se pactó la reserva mas abso- 
luta, el gobierno de Chile contesta con elevada franqueza, que 
declara rotas las relaciones con el gobierno del Perú, i lo consi- 
dera belijerante, a virtud de la autorización que a este efecto i 
con fecha de hoi ha recibido de los altos cuerpos del Estado. 

3>A1 enviara U. S. sus pasaportes, me cumple asegurarle que 
se han impartido las órdenes convenientes, a fin de que se ofrez- 
can a U. S. para su regreso i al personal de la Legación perma- 
nente del Perú, todas las facilidades i consideraciones que le son 
debidas. 

3>Con sentimientos de distinguida consideración, reitero a U. S, 
las espresiones de alta estima c(»n que soi de U. S. atento i se- 
guro servidor 

Alejandro Fierro.» 

Al señor don Josd Antonio Lavalle, Enviado Estraordinario i Ministro 
Plenipotenciario del Perú. 



LfiaACION DEL PBKU EN CHILE. 



Santiago, ubril 8 de 1879* 



Sefior ministro: 



<rAcabo de recibir el oficio que se ha servido U. S. dirijirme 
con fecha 2 del corriente^ que supongo contestación a los que 



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— ^560 — 

navio don Patricio Lynch, habrá de necesitairse 
únicamente ^'parangonar la actitud de la prensa i 
de la opinión en Chile desde la protesta de Val- 
paraíso, hecha el mismo dia del arribo del ájente 
peruano, i juntamente la serie de noticias sobre 
los armamentos i preparativos del Perú que por 
cada vapor fueron llegando en pos de aquél, como 

tuve la honra de dirijir a U. S. con la del 1.® del mismo i la de 
hoi. Sírvese U. S. comunicarme que quedan rotas las relaciones 
entre los gobiernos del Perú i Chile, i (jue este considerará a 
aquél como belij eran te, en virtud de la autorización que a ese 
efecto recibió ayer de los altos cuerpos del Estado, i enviarme, 
en consecuencia, el pasaporte respectivo, así como el que corres- 
ponde a la Legación ordinaria del Perú, asegurándome que se 
han impartido las órdenes convenientes a fin de que se ofrez- 
can, tanto a mí como al señor Encargado de Negocios del Perú, 
todas las facilidades i consideraciones correspondientes para 
nuestro regreso. 

:pNo es tieiñpo ya de discutir las razones i motivos en que 
U. S. funda la resolución tomada por su gobierno, i me limito, 
por tanto, a dar U. S. las gracias por las órdenes que respecto 
a esta Legación, como a la permanente del Perú, ha impartido; 
i a reiterar a U. S., por última vez, la espresion de la alta i dis- 
tinguida consideración con que soi de U. S. mui atento i seguro 
servidor 

J. A. DE Lavallb.i> 



Al lÜxTUo. señor don Alejandro Fierro, Ministro de Relaciones Esteriorea 
de Chile. 

Las notas a que en la anterior se refiere el enviado peruano, 
tenían por objeto inquirir lo que hubiera de cierto en los rumo- 
res que circulaban sobre la guerra. 



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— 561 — 

para coatradecirle en cada uno de sus pasos i 
acusarle en cada una de sus palabras de mentida 
amistad i recóndita falsía. 

Solo por ese método analíoico, a la par que com- 
parativo, se logrará profundizar el abismo a que 
fué arrastrado el país por la inopia i ceguedad de 
sus mandatarios. 

XXIV. 

Fué talvez la brecha mas ancha i la circuns- 
tancia mas culpable de aquel asalto diplomático, 
sufrido con tan estoica paciencia, el debilitamien- 
to sistemático i compromitente del ministerio . 
que habia emprendido la guerra i del cual lasti- 
mosamente e intonstitucionalmente se prescindia, 
Tamando a palacio a terceros, patriotas i bien in- 
tencionados cuanto se quiera, pero cuyas opinio- 
nes, adversas al acto de Antofagasta, eran cono- 
cidas. De modo que lo menos que estuvo autori- 
zado para creer el embajador peruano, fué que el 
jefe de la nación reaccionaba en su ánimo contra 
la guerra (i esta era en el .fondo la verdad); i es 
mui posible que concibiéndolo así, alentara desde 
su gabinete del Gran Hotel la avilantez siempre 
creciente del ministro Irigóyen por cartas o tele- 
gramas reservados. 

Grave culpa fué también del ministerio que pre- 
sidia el señor Prats no protestar con oportuna i 

HIST. DE LA C. DE T. ' 71 



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— 662 — 

digna renuncia de sus carteras contra aquel de- 
saire i su inconstitucionalidad. 

De todas suertes, el ministerio Prats, quedó he- 
rido de muerte, i fué el enviado del Perú quien 
suministró el dardo que le atravesó el pecho, sin 
que fuera parte a protejerlo, dos semanas mas tar- 
de, la coraza de un gran voto del Congreso (1). 

XXV. 

No acusamos, sin embargo, por esto, ni la lealtad 

(1) Cuando el hecho, es decir, la guerra viuo por sí sola i por 
la lei de gravedad de todos los cuerpos, el gobierno pretendió 
escusarse alegando que por su parte habia aproioechado también 
el tiempo, Hé aqní lo que deoia el Diario Oficial en un editorial 
titulado Memorándum^ i que caracterizaba esta guerra de tiempo 
hecha ganando tiempo. 

«Adoptando a título de una oportuna prudencia semejante pr(h 
cedimie7ito, Chile habría autorizado en cierta manera las acusa- 
ciones que ahora se le dirijen de provocador interesado, a quien 
guian planes recónditos de antemano preparados contra el dere- 
cho i la quietud ajenas; i en vez de completar^ como lo ha hecho 
en pocos dias {bien necesarios para nosotros i bien aprovechados^ 
por otra parte)^ de laboriosa i sostenida espectacion i de escla- 
recimiento de los hechos, la justicia del paso a que acaba de ser 
compelido, habria aparecido como que lo deseaba con ansia i lo 
provocaba a todo trance^ sin parar siquiera atención en las pala* 
bras de tranquilidad i en los buenos deseos que recoiiera en el 
primer momento.j> 

Tristes disculpas de cuarentas dias perdidos brazo sobre brazo 
esperando la palabra i la solución del señor LavaJle i ofrecién- 
dole el ejército de Chile para ir a conquistar a Solivia. 



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— 563 — 

ni el patriotismo del gobierno. Parécenos, al con- 
trario, que el jefe del Estado i sus consejeros ínti- 
mos (si los tuvo), equivocaron el rumbo i la salida 
del puerto, i por esto de escollo en escollo llega- 
ron al naufrajio. Su intención era recta i en el 
fondo patriótica, pero el procedimiento fué pusi- 
lánime en lugar de levantado, los medios contra- 
dictorios, cuando debieron ser netos i terminan- 
tes desde la primera conferencia; i así, mientras 
el enviado del Perú, que traia un propósito fijo, 
cual era el de ganar tiempo i poner al gobierno de 
Chile en una posición desfavorable ante la opinión 
del mundo i de la América española, logró sus in- 
tentos por completo, nosotros fuimos sucesiva- 
mente burlados en todas nuestras indicaciones de 
buena fé i de acomodo. 

Batiéronse, en consecuencia, nuestros diplomá- 
ticos desde el primer dia en retirada, hasta que 
el ájente peruano, dueño por completo del terre- 
no, i aun de las fórmulas, elijió a su albedrío su 
hora, i poniéndonos la espada en el pecho i contra 
la pared, nos hi;zo dar con la garganta ahogada el 
grito áe— ¡guerra! que debió ser la apelación uná- 
nime del país agraviado, un mes hacia. Agregá- 
base a esto para mayor dolor i menoscabo de 
nuestra dignidad de pueblo altivo, que de todo 
aquello no ha quedado mas constancia escrita que 
la que nuestros enemigos se pluguieron revelar 
al mundo para acusarnos, esquivando su perfidia 



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~ 664 — 



a la sombra de nuestra insensata confianza i de 
nuestra torpe credulidad. ' 



ANEXOS AL CAPITULO XVIIL 
I. 

NOTA DEL SEÑOR J. GODOI MINISTRO DE CHH.E EN LIMA 

ACENTUANDO I CONFIRMANDO SUS AVIí-0."- SOBRE QFE LA COMISIÓN 

LA VALLE NO TENIA MAS PROPÓSITO QUE EL DE «GANAR 

TIEMPO.J) 

LEGACIÓN DE CHILB EN BL PERÚ. 

SantiagOy marzo 15 de 1879. 
Señor ministro: 

Estoi impuesto, por conducto enteramente fidedigno, de que 
este gobierno ha recibido ayer n hoi un telegrama en que se le 
avisa que su comisionado don José Francisco Canevaro, salió de 
Paris el 10 i llegó a Roma el 13 del corriente, para cumplir las 
órdenes aquí impartidas, de procurar la adquisición inmediata 
de uno o dos blindados italianos. El hecho de haber salido el 
señor Canevaro de Paris diez días después de haber recibido las 
órdenes aludidas, apesar de la suma urjenci^ con que se le en- 
cargó proceder, es indicio cierto de que ha empleado ese plazo 
en realizar fondos para la operación, fondos que puede haber 
reunido, contribuyendo él mismo con una considerable porción 
i los acaudalados peruanos allí residentes, Goyeneche i Cánda- 
me, con lo restante, o que puede haberlos obtenido de alguna 
operación financiera, tan onerosa como se quiera, pero que este 
gobierno ha aceptado de antemano anhelosamente. 

Es posible que el gobierno italiano no esté dispuesto, como lo 
estuvo en otro tiempo, a enajenar sus buques acorazados, pero 



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— 666 — 

también cabe la suposición contraria. Me consta que hasta aho- 
ra el comisionado Canevaro no ha dado aviso de haber efectuado 
la compra en Italia; pero me inclino a creer que cuenta ya con 
los fondos necesarios, i en tal creencia, si no puede realizar su 
tentativa en Italia, acaso no le sea difícil en Turquía, Francia o 
Inglaterra. Reunidos los fondos, tiene ya en su favor casi todas 
las probabilidades. 

Este propósito, perseguido por el gobierno del Perú con inde- 
cible ahinco, i sin reparar en sacrificio alguno, constituye una 
de las evidentes demostraciones de que, persuadido de no lograr 
la desocupación del litoral reivindicado, está resuelto a hacernos 
la guerra de concierto con Bolivia, no esperando para ello sino 
el momento en que le sea dado reforzar su escuadra. Como ese 
momento dista todavía, le importa sobre manera ganar tiempo, 
i definitivamente afirmo que no es otro el objeto de la permanen- 
cia del señor Lavalle en Ckile^ después de saber que nuestro go- 
bierno no acepta arreglo que tenga por básela desocupación. 

Con el objeto también de ganar tiempo i con otro qne indica- 
ré en seguida, ha dirijido una comunicación al gobierno norte- 
americano, escitándole a interponer su mediación para con Chile 
i Bolivia. Dicha comunicación (así me consta positivamente) 
fué enviada por el vapor que salió de aquí antes de ayer con 
destino a Panamá para ser de allí trasmitida por telégrafo al 
secretario de estado de los Estados Unidos. Sin perjuicio de esa 
comunicación, es posible que haya dirijido otra telegráfica al 
mismo destino por la vía de Chile; pero acerca de esto no me 
asisten sino meras presunciones. 

El otro objeto, o mas bien, los otros objetos que ha tenido en 
mira al dirijirse al gobierno norte-americano, son después del ya 
incado, que es el primordial: 1.**, hacer saber a aquel gobierno 
la existencia del estado de guerra entre Bolivia i Chile, i refor- 
zar de este modo la noticia sobre lo mismo enviada irregnlar- 
mente por el señor Flores, proponiendo así i haciendo lo posible 
por cerrarnos los puertos de aquel país para la estraccion de 
elementos bélicos; i 2.'', atribuirse las apariencias de ser guiado 
por miras honradas i pacíficas, i a la vez alejarnos las simpatías, 



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^ 566 — 

eoncitándonoa aquellas not grandes dificultades, pep dificultades * 
al fin, que nos acarrearía el rechazo de un ofrecimiento de me- 
diación hecho por el gobierno americano. 

Con todos estos propósitos ha tratado de captarse este gobier- 
no la voluntad del ministro de los Estados Unidos en esta ca- 
tal| i hasta cierto punto debe haber logrado su intento, pues el 
señor Gibbs, si bien se negó a comunicar por telégrafo a su go- 
bierno el estado de guerra estravagantemente pronunciado por 
el señor Flores, sujirió a éste la idea de enviar un telegrama a 
Mr. Evarts, i él mismo le hizo la traducción inglesa. Ademas, 
todo me hace creer que por el citado vapor del 13, escribió a su 
gobierno escitándole a asumir el papel de mediador. Hai aun 
otro incidente en que el señor Gibb^ ha tomado una solicitud 
que nos es desfavorable: el relativo al cambio de bandera de los 
vapores Itata i Loa de la Compañía Sud-America, incidente 
de que me ocuparé mas adelante o en otro oficio. 

La ajitacion del gobierno del Perú preparándose para la gue- 
rra no solo tiene espresion en los pasos i dilijencias a que aca- 
bo de referirme, sino en la actitud desplegada para acumular 
i organizar los elementos de que aquí puede disponer. £1 ejérci- 
to sigue incrementándose i disciplinándose con un empeño has- 
ta ahora desconocido i llega ya a la considerable cifra que, :;on 
otros detalles, daré a conocer a V. S. en mi próxima comunica- 
ción ordinaria o antes por telégrafo, pues estoi compajinando los 
datos adquiridos a este respecto. Para completar las dotaciones 
de los buques se reclutan forzadam3nte a los nacionales, i se pa- 
gan fuertes primas de enganche a los estranjeros, jeneralmente 
americanos, irlandeses, italianos, ecuatorianos i manilas, que 
consienten en tomar servicio. Los baques de línea, todos los 
cuales, a escepcion de la cañonera Pilcomayo^ se hallan ya reu- 
nidos en el Callao, están, mientras algunos completan sus repa- 
raciones, haciendo diarios ejercicios de tiro al blanco fuera de la 
]}ahia. Los trasportes, a escepcion del Limeñay que no ha regre- 
sado aun de su comisión a Iquique, se hallan listos para partir 
con cualquier destino sobre la costa. La corbeta Union apresura 
la limpia de sns fondos, estando lista en cuanto a lo demás; i la 



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— 567 — 

fragata Independencia activa la recoloeacioa de sus antiguos ca- 
ñones, habiendo prevalecido la idea de no cambiar los de batería, 
i la de sustituir tan solo uno de los cañones de 150 libras de la 
cubierta por otro de 300. Las baterías del Uallao, dotadas ya de 
un número de jente de servicio que, si no es suficiente^ es buena 
base para ulterior aumento^ hacen diarios ejercicios de fuego i 
de maniobra bajo la dirección de una comisión especial. 

A la enunciación de todos estos preparativos bélicos es nece- 
sario añadir, para su perfecta apreciación, la ^jitacion de los áni« 
mos i I"", exacerbación de las pasiones cada dia mayor. El gobier- 
no que, usando de sus facultades estraordinarias i procurando la 
cahna, impidió en vez pasada la celebración de un meeting, ha 
resuelto ahora permitirlo i tendrá lugar mañana. 

En esta situación, que como se ve^ anuncia rompimiento ine- 
vitable, si no aceptamos las sujestiones del enviado del Perú, 
in^ optables como son, he recibido hoi el telegrama en que U. S., 
con fecha de ayer, me dice lo siguiente, si mal no he descifrado 
la Tjrma incorrecta en que lo ha trasmitido el cable: «Vistos 
telegramas de hoi. Pida neutralidad inmediata. A7Íse.)> Aun- 
que nada me parece mas propio de las circunstancias actuales 
que el cumplimiento inmediato de esta orden, la he demorado 
por algunas horas, que he empleado en el despacho de mi co- 
piosa correspondencia de hoi, dirijiendo entretanto a Y. S. un 
mensaje telegráfico para asegurarme de la autencidad del reci- 
bido i de haberlo descifrado con acierto. Mi telegrama parte en 
cifra i parte en palabras usuales, ha debido decir a Y. S. lo si- 
guiente: «Becibido su telegrama de ayer con orden de exijir in- 
mediata neutralidad. Conforme contenido con la palabra aiUén* 
ticOj i esta tarde pasaré nota.» 

£1 tiempo disponible no me permite prolongar este oficio; pe- 
ro el telégi-afo me permitirá reparar mas oportunamente toda 
omisión. 

Dios guarde a Y. S. 

Joaquín God*n. 



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-- 568 — 
JI. 

NEGOCIACIÓN LA VALLE 

(Fragmentos) 

I. 

INTERVENCIÓN EN LAS NEGOCIACIONES DEL SEÑOR SENADOR DON 
J. V. LASTARRIA. 

(Despacho del señor Lavalle al señor Irigóyen, Santiago, 
marzo 24 de 1879.) 

, Departimos sobre este punto con el señor Paz Soldán, mien- 
tras procurábamos dar forma telegráfica al borrador de S. E., 
(el telegrama del señor Pinto copiado en el testo de este capí- 
tulo) cuando entró mi mui antiguo i escelente amigo el señor 
don José Victorino Lastarria, de cuya persona es escusado pro- 
cure dar a V. S. idea, pues es ampliamente conocido enAtné- 
rica i aun en Europa por sus talentos i carácter, el cual vino a 
preguntarme en qué punto se hallaban las negociaciones, pues 
el señor ministro de justicia don Joaquín Blest Gana habia da- 
do en el Senado esplicaciones tan embrolladas, que nada habia 
podido deducir de ellas; que el señor Montt habia preguntado 
al señor Blest Gana si su colega el señor Fierro habia reducido 
a protocolos sus conferencias conmigo, i que el señor Blest habia 
dicho que lo ignoraba, agregando el señor Lastarria que en ta- 
les condiciones el Senado no sabia a qué atenerse sobre el par- 
ticular. 

Espuse al señor Lastarria, con la cooperación del señor Paz 
Soldán, de la manera mas franca todo lo que habia pasado en- 
tre S. E., el señor Fierro i yo, en las conferencias que con uno 
i otro habia tenido hasta el punto en que nos escontrábamos; 
que tanto a juicio del señor Paz Soldán como al mió, equivalía 
a un rompimiento, pues el Perú nunca declararía una neutrali- 
dad imposible, de una manera incondicional, mostrando al señor 
Lastarria el borrador que nos habia dado S. E. ^ 



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- m. - 

JIJ) seüQr liastfu^rj^psgn^ió choteado de 7aiii|iau&i?£i:Oomas^9ii%* 
Viaa €(íp4wo¡dp.lí^/pop;a»$,^Q ;e(l gobi^pao de, CbiJie;.eiüoepaaiernte 
pesaroso dal^oa^ a qi)ie b^bUa,,U6g^«.i Moml^padb.djd 1a. tar 
güeái^Aj^l ipxofeot» ^ tfll^jrívuW'.delipreMdQDitftvíalí^qPftteco- 
Qpc^ q^e; no hataja qaQ repJL^ar desalo el OEKHuentK) ^quenada 
precisabarNos dejó entender que él^ apesar de sas vivo^deaeos 
^^^qia^ nji ^reglct pací#GD,i;e ^^alizast^^ ao ht^ia qíci^ida tomar 
una parte activa en él, porque juzgaba qp^» el i^tuaA gabio^te 
debía t^Qieif pocos días de ^ vid^ i: porque no aprobabi^ ^ modo 
4Qsb^^usta|dOtjqqe teo^si el £pbiqrnA>; (iex>br^r,sbabieadQ :aun 
reprobado a su amigo ql s^gqr BiqliQ^.aia jac^erdo d§: lQá\mliaís*>, 
tro9 i de un ^modo t^i^ cpz^d^iacial! QpmP; W.hl^bia jbeoh^ t»as 
quey^queel.j^^oapfpbat§ifií?:;qt*€í hftJsíai dí^O' /ílSeurtdri at k)» 
actqfif d^l,fqb^e^apj.qa,^a«pcpiQiiiqíd?í\pIi/5abft un votode^cú^^iajua 
«ft^ÁK^vNte, cprno.DftuX^nfíttipap^^íite. lo íiftbtó becibí^ gsatir el 
seño.í I|íjpnfct„,^3p¿ur4lía r a 4^ íW6A<>a bU, eisíwteiüeia;' ya -que lae| 
qc^ah^bifip.IIftga^í^^uAtQ ^|.qji0 ^ejwbQnti^íuDybaKijeiddo 
ca^ cie;ial^ g^ertdf, q\f^^ai^ peqesari^íjeiyitor ü* t(^o^4raQoe^Jba 
a pedir en el Senado que se le presentasen I03 protocolos de las 
conferencias del señpr ^J^erj^p ctof^pí^jgp^ í .q¥^ s^ 1^ hiciesen cono- 
cer exactamente mis proj[)9SÍcion.e3j i que i^ a ye^^ ??A9? 
Sp,ntík liaría p(M[a que vijese .a\ s^pj^r. ?ia(# e. ^ijci^^^q^ie^ fi«nto 
t^n ii](iipprtant(B \ tan jériof e rtr^^e .^n 4I ponaeja de mií^i^^fpa, 
i enel.dpÉs^doí ,, . ■.-^. |, , ,,.r. ■, j '.; .í-- .!. r- .. .•,,:; 

^ Yo dije al senop JLi^tjaim^ que T|p to^ia. iuoqj^fireniepte Qu, fe-;, 
4ucir a protocolos n^Í3 conferenpija^jpoa q1 seaof ^jpyro, cuaa su-i 
mámente ficil,,|)i^^ ^ pxi^^ oficiffji^^a IJ.,B. cposigíiado l;uibji?i. 
exacta?nente lo que eqi^ jB^ps )xif¡ííh^ pa3fylo;,qpe^í^bia (^gbp^aj. 
^eáor Fiprro^j cwndp espqr^b^ p(juqlwr a^c,>^ ,qpfi.l9 qu^ FF?^^)¿' 
ramos se con§igíjaria et^^ Jaota?, qi^ q^mbifiríainí^s cv>r;Ljgr^yi(^| 
acuerdo; que cuando me dio cita el 2% Jbi^l^|^,.^y,puest9, q^ie\/B^^ 
con ese objeto, cuando era con el de conocer aús ideas sobre ia 
organización provisional del Litoral de lo que supuse iba a ocu- 
par al Senado, mientras que según el señor Lastarria nada ha- 
bía comunicado sobre el particnlarr 
£1 señor Lastarria me aseguró que iba en el acto a ocupar- 

BIST. VE LA C. PBT. 72 



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— 570 — 

se de eso i a hacer qae el sefior Fierro me ittdléftse la défeestdad 
de protooolisar nuecítras conferencias, iniciativa qué yo ya había 
indicado al eeftor Lasfaarria debia partir del eeSoi^Tiei^ro. ' ' 

El seQor Lastarría indicó un plan de arreglo, que tanto el ^- 
fior Paz Soldán como yo encontramos conveniétite, i es el si"*' 
gruiente: 

I."" Trégaa i saspension de hostilidades entré Chtfe i Boliviá 
por el tiempo que se fijasej . • ' 

2;** Retiro de las fuerzas chilenas a los Ifiüitea del territorio 
comprendido entre los paralelos 28 i 24 latitud sur i restittiéioil 
a Bolivia de Ck>bíjay Tocopilla, Calama, etc. 

3.^ Suspensión por parte de B^vtivia de los decretos dé e^pul- 
sioi^ de los chilenós; 'Confiscación de 6ub propiedades, etc., etc. 

i.'' Suspensión de loa armaáientoa de Chile, Perú i BoHvia. 

5,"^ Benaion de uaa oonferéneia de plenfipotencíaHoá éñ lÁm^ 
para transar i arregkr defínitivatíiente^ tedas ' ks üuesf iones. 

Dijimos al señor Lastarria, qtie nos parecía ^pfte^blé/ fcon^ 
su oferta de que iba a trabajar con 'e^e^il, eé ftepáró^ de noso- 
tros. ■ -'" ■ ; ^ -■' '- '.' í' '- ii 

(Desi^bo del 2« dé ma^o) ' "^ ' '^ 

• •*•• •'.••.'......»•.•'•.;•.... ••....••...L.. ••••.••.'•••.'....•''. ••.'••.•• 

. ..Ayeií vino a verme eV señor Lastarria ' i me dfjo confiden- 
cialmente que su idea de tragüa i deCoágrte^d átí píéní^oten- 
ciarios no habia sido admitida por el gabinete i' qué el presiden- 
te le habia dicho que mé lo coáitraicase ás^ lo qáe el se&or 
Lastarría habia rehusado, manifestando al presiJente/que sí 
por puro patriotismo i aprovechando de la aütigua i buena 
amistad que conmigo tenia, se habia' tneícladó éá ese asunto^ 
era para tomaHo'de una manera seria í formal i no para^aúdiar 
llevando i trayendo recados, i ^ue,* por consiguiente, diera su íií- 
tervencion como terminada. ' ' t = 'a' 



4 I'» 



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r-m-- 



AolviTw m cAhu ^líhfP^mvhps^irmó isN antofao^sta 

OPBflÍAfliQíÜFS ;HA^<TI¥AS J)^ 9HItB,C0K fKOHA 
25 DE MARZO DE 1879. 

Llegaba aqaí onando, persona de distinguido carácter público, 
me pií^ó nn^ entrevista 'í índ invitó a hacer en sn compafiía 
algnnas observaciones de las cuales resulta: i]aa A ooatA-almi- 
rante Williams Rebolledo tiene ofrecido repetir en cuanto a 
BU^t^á üsouadnk/la láctica que te h^ét^duefi^dol trasporte La 
VUÍ¡m de:Cé0ad^n^:Wú cMie$o de jefes Iraapróbadd él plaa 
de AóotiKétéií ocMCto» totéd^* iraefÉlros buques tído a uno, de asaU 
taron flof a'ooalqtiiéfaí de^ellds q«e navegul3á'^los, i bastase 
ha ofrecidé i solucionado k dificultad de cohonestar ese empleo 
de ftterza tiiA "p^ia declaración de guerra. El Don Mariano, 
vapot de te 66mp]iAía' de : LotA, fondeado en eata bahía, está 
car^ai^^ctarboQ^ para trasbordarlo en Cobija i Tooopilla a les 
boquee qué deben realizar el golt>e de mano. Mi primer acner* 
dofué^dir^ir« 9. E. po^ cablla este áeBpñiCtho: Bufues no na-^ 
voguén solé9;p0p co^réé^rMmiéo: detúvome no obstante, prime- 
rof la^escodflanear de la"6el irastoic^on o -denuncia a las autori- 
dad^^ i- segundé^ la<-imf»(«ibitid«ul de fundar tan grave alarma^ 
una Jv«s que hé jurado al l»é&or (Hgoatarió autor de la primera re^' 
vilacíoil,:caHar eternattiente su nombra H^t^ resuelto, pues, dar 
este aviso a ü. S. hoi., i semejantes mafiaiía a S: E.'i al sefior 
prefecto de TapiM^. Bl retardo* neóesario pora los trasbordos 
de otf bon qule^ d^a auti l& oportunidad 

ííarío 25 de 187d. ' ' 



Es copia. 



•7. Melecio Casos, 
Be^reiario. 



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— Un — 



IIÍ. 

ÁiítjNOiA'NOO ti^ iDi' o^aFfcftvo fyk pÁ^s' dtBieíAeSowíss' •íía'Í^líw 

•' . ni -' . • H*: f''/ 

LEGACIÓN DEL PBRir BN CHILE. 

■'.•'^'-fiyiMyriíaiiiietrat'--^-' ' '^ '•■ -«¡'i^^-'n •->;.>. - •• r. •■:.;; 

otírq*..PHerjto?,.(.4wagi[ié.qUft pK^i^^m^ata, 9^Wft..*)We.'ílqm9li«,> 

C!a}€|nlA}*Wgo^%ue }a.quB.«a e»pe|^$ qQ}^áp;.^an6i»iff(lQi&Qjbeia' 
Qoqtfys^fiQa d^ Ij. S. alterar ,(^07. rftl|^tÍ¥^,|a,tU'Matr«]¿dad 
deliP§rA; q:kt°i» cp^í^í^i^jU/^ ^4j^o ^^^liíuastí.; i,<H)ia<^dtt 
ug^ a ea otfQvcasoi'l^ re^pluc^oj» q^^t^^b^rtto W^fM^» a^ Uet 
vari0 ae&QUhamcho ái>|68; defqoQ jp[^p€4p#4lQgi^90a>nuMiot* 
d^ ^I^S^i la-ías del s^aor prefeQÍAi4« iTJíniap«tó,.'í<»0lví tel^gsía- 
fiftria.U>S..^ni<^.«P«feote lcí}iio^mÍ9^>m^cAifi{ d^l 80;di(Vbetíd<í, 
a^l7.,S. loi-q99ve|KÍQa(;^.^^.aífi3GMK C^^.'^^gcaiOi^aao.pQdií salir «I. 
3Q;por.af^ dia fm^} paro iM .e^pie^^a ayer a U$ 1(>.A«.IC^ 
Já?gelo:en,ipaRo^dft.U. Si,f , > tu • i , ^ • • . 

. Hqí pfi^io 5ueF^meql;e al aeftoií ,^ro|ÍBWta jd^í.Xaiíapató* 
Renuevo a U. S. la.^spr$^9Íj(Hiid^ T^^p^tpr i QO09Í4Íb^^(myiO(m 
que soi de U. S.^ seQor ministro^ muí atenido i x)be[djÍ9at^.Qe^- 
dor 

J, A. de Lavalle. 
AI seuor mitiiírtiro de Estado en el despacho de Belaciones Esteríores. 



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-.«7« — 



PA8APORTB8 EL 1."^ DS ABRIL, 
¿■GAOlOÍN DBIi SpBBU &i C^US, , 

:fl«fie9 mnimíftroe A , 

El diario titulado Z¿m NovedadeSy en su supléttíetitorqaeipq^ 

bKM Néb k tarde de boi* i qtie ' 11.111 rept'odliado > • otros rdi^riofei de 

68tá éiodud, ásé^éi^ que ' el -gobierno de ; Y^ £. - ha . pedMordi 

acfu'éi^lD d^l Gon^eíjo 4^ Bstado pai^ deola^rar la goerhiiAl Peta. 

Noticia dettiejliQléC 4^e4á optni#n jeaeral acepta ^n disoosito 

me bbliga a th^irme a V^B. para ioquiriréérkoidDieilAqiiéliaí 

lie bíértc aeséres^o i /rdgarle-qtie"^ elldesgraoiAdoicaMo.ite 

qtíe tbl détermíaabion se hubiese toinadd j pox 0I gobievoo >de 

Chile; 86 sirva enviarme iamediatamente mis paéápeytesvpudB 

fácil fó será^ cbmpredder a Y. E. que mis relaciones oficiales con 

sr^ g9bieraQ, habrían concluido cop ea¡e beqho. Esperandp^qife 

y. E. se sirva contestarme con la prontitud qM 4a¿.girfive(ia4 del 

caso requiere, me es siempre . grato reiterar a Y. E. la e8presion 

de la alta i distinguida considen^^ion con qne soi de Y. E. mui 

atento i seguro servidor 

J. A. de Lavallé. 

Al Ezmo. Mfior don JklojaxidDo Fiemr^ Miairlro de Qel^oi^^es Esteíriores 
de la República de Ohile. i 



8£Qimt>A l^ÓTA ¿SL ÉÉSOÚ LAVAllLt; lt£CLÍMÁÍYlX) tL ím!BÍ}ÍÁTO 
CKVÍO iDlLSÚfi ÍPÍ8AP0BTB& XI^ 3 im ABBit. '• 

liEÓAaOM BEL ;PC1U ¿N ¿tliLC. 

Sciflor míniírtW: 
Hace ya Veinticuatro hornf^^oe el ^é^do de é^tfei Ldgtlcidn 
puso en manos del oficial mayop <fel Ministerio del^^despo^ü de 



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— 574 — 

Y. E. an oficio que me vi en la penosa necesidad de dirijirle 
con fecha 1.® de los comentes; /eje naturaleza tan nrjente qae 
esperé de la benevolencia habitaal qne distingue a Y. E., sa 
mas inmediata contertacion; que me :eatrafta no haber i)dcíbido 
aun. ^ ' ^ .. 

Los hechos a que en este oficio me referia i idudia, han ad- 
quirido ya para'mf uti oefcráoter de completa autencidad i han 
sido comentados en Yaiparaiso con actos iqdé noi es «rte el mo- 
iMnto de caUfici^/' . *; 

Ruego por tanto a wYi E[^ que f^aindo úniüstaote ^Cj piano a 
saBÍmp(>rtatitea coüpabiones, sfe sitva conte&tar .mi: apandado 
oficio en tiempo ioportvino, para aprovecharla ocasión i|ae^me 
ofireoe oii vapor prázimo a. zarpar en» deree^ufi^ para el Callao. 

¡Esperándcdonasi de tn jenial co^Ma^ me 6^^;Srato reiterar a 
Y.'S. no&'ves mas Ik espreeion de alta i dísitÍBguida:fK>ii«idera- 
don con qne tengo el honor de sutoribirme ^de Y, H mui atento 
seguro servidor ' 

' J. A.'de LavaUé. 

Al l^xmo. Aefior don Alelandro Tierro, Ministro de Beláeion:és Eétéríoreí 



déla Ro^Uoa de Chile. 



■'/. - 



VI. 



CARTA PARTICULAR DEL SEÑOR LAVAI.LE AL SEÑOR PINTO SOBRE BL 
' '' AttaffiK>PARTI0CrL1kR l'pfDrENDO OARÉilTrAé'FAaá. ' ' 

SU PERSONA. ' ' M , : 

Hotel Ingles^ 'SdntiagOy abril 3 de 1879. 

Sefior de todo mi respeto': 

^ El hephode.que el gobierno de Y. B. habia pedido al Consejo 
de Estado su acuerdo para recabar del Oon^iteso la autorización 
necesaria para declarar la guerra al Perú, propalado por el 
dxhrk^' Ixu Notíeiades en la tarde del 1.^ de los corrientes, re- 
producido por otros diarios, aceptado aiiáaim^ip^te por la opi- 
; nion j>t^blioa i tirístementa comentado por el populacho de Yal- 
.paraiao en la noche mi8n|# det e^ día/ 9b%irpnme a dirijirme 



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— 575 — 

en el acto al sefior ministro de Belaciones EsteríoreS; inquirien- 
do seriamente sobre la verdad. de ése hecho; rogándole que en 
caso de que desgraciadamente fuese cierto^ se sirviera mandar- 
me inníediatameiíte mis t>adat)orte8 i - espresá&dole' mi deseo de . 
que me diese una coi3i.testacíon tau pronto copap^le fuese posible^ 
i como la gravedad del caso lo requiere. Esto np qb^fc^nte, ha^ 
tr^Sf^nrri^o ya^ veinticuatro horas sin haber recibido contestación 
del se ííwr fierro, ni a mi nota del 1.®, ni a otra que, urjiéudole 
por una respuesta, hace dos horas le escribí.' 

Como esto manifiesta que el gobierno de Chile inicia sus hos- 
tilidades hacia el Perú; rompiendo contra tódás las fórmulas 
sus relaciones én hi persona que aquí principalmente to repre- 
senta, de uáa manera tan estrafia; creo inútil volver a dírijirme 
al señor Fierro, i ratifíODihe én la resolucioti de retiramie hoi 
mismo, para aprovechar de un vapor' ^ue sale ditectamente al * 
Callao: ■ '* " * ^ i -'■ '■ ' - ■ i' 

' Vista h, lestrema ésicítaciótí ' dd pueblo^ é^ Chile, i M éspecikt'' 
del de Valparaíso^ no seria raro que los actos de violenciai qtte 
só hatt jJi-acticadó coü el'Wmbolb det Pera ¡enlá noche d^l !.•, 
se repiíiéSen con quien es su represetitacion viviente; i oomo^eso 
redundaría'mas en baldón para Chile que en- mengua par«ei> 
Perú, mé' pértnitd dirijirine a^ V. E., no domo a- presltkttté, - 
sino como a un cumplido caballero qué' me ha favoretíido con su 
honrosa benevolencia, a fid dt» qué í sé sirva ordenar' lo que sea 
cánvjniénte', páfa la seguridad de' mí péi*8ona icomitivh^ evitan- 
do ásl \xh escándalo para el mundo civilizado i nuevos motivos 
dé odio i encono entre dos paisés que' Dios no crió ciertamente 
para que se devorasen entré sf. 

' esperándolo así de V. E., i espreiándole mi sincero pesar^ 
pbi'qne otro no hayo sido el término de mi ttkisibn, • reciba V. B. 
la espresion de mi reconocimiento por la manei^a ^omo perso- 
nalnieñté me ha tratado i la del profundo respeto con que me 
repito de V.* E. atento i seguro servidor ' • 

' ' ' ' ' ' J. A, de Latatle.'h 

Al Eidoío. faeñdr áon Añfbkl t^mto, t)re8idente de la ttepAblieá de CkS» 



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~ 5>7ft 



VII. 

. ÚVtltU mihMU>9nStQR LA VALLB A ^U QOÚilBI^NO aOO|t^ MSf. 

RESULTADO DE^ SU MISIÓN I LOS EPISODIOS DE SU KBTIRO I VIAJE A 
VALPARAÍSO Hasta QrSDAR A BORBÓ Tfñt UQURU. 

LROACIOK D£L PBRÜ EN CHlLfi. 

A bordo del vapor Liguria. 
ValparaisOy <¿bríl 4 de 1879. 

(Reservada) 
, S^fíor ipiíuatro: , 

Cooformetayí^ el honor de decirla n, ü. S. ea m^i ofíck) de 1.® 
de loia cprrieates, esa mUm^ noche escribí al seQor , ministro de 
B'etooUx)^}^ GUterioi^a de Ol^ile, el oficio que, se servirá U. S* en- 
ctatn^F m QoyjíA> ^iiexa baj^ el ni^. I, el, ayí^lJaé . pi;iesto ea 
manos del oficial mayor de aquel despacho por el teniente La* 
v|[|Ue,acyai»tp,iDÍl!Íjbar^^ta Jjieeacion, ^pla primera hora útil 
ddl Biguieftte.dia 2> . . . . 

A pbsar de l^paturalezfi agente d^ vfú citada oáciq, po obtai- 
üro resf^uesi^i^algap&v d/sl aeaor Fieirro, durante todo el curso del 
(Uséo <|lia3,.iméMti?^ qii^ poi; ojbro^ i Dju^j.^.deligt^oa qooductos, 
adqairia la^^tiidi^abre de ,que la guerra jil Ferú se de9lararia 
solemoemeat^ ^ día 4, Deaaudo ¿odo^ los trá^iites constitucio- 
Mies al intento r^qn^ridps, i.que .a esa scjemne declaración se- 
g4Úi*i$ Oi pax>oederia quidi3 ui^ ^taqqe a Iquique; eiji conaecuencia 
de lo cual despaché para Yalparaiso el qorreo de g^inete don 
Yícenfa^ Pacheco^ con4uciendo un 4espa^ para 8. £. el pre- 
sídentC; concebido en estos términos: aPf^dente.-rLim^. — Se 
va a declarar la guerra al Perú , el 4.^— ^fuerce Iqnique« — La- 
yALi;^K.]^^A fin da q^^e .fuese espedido por cable, como eu efecto 
lo ftié en la m^&aua del 3v 

Uoiup f^ese ya las doqe del difi i tres pasaflas hubieran ^do 
veinticuatro horaS; desde f^uella en qu^ el t^ieeta Lfivalle en- 
tregó al cecial n^^yor del ministerio de Relaciones Esteriores 
niji\ l»^(4p.d,^ l*% dir\jí al s^üor Fierro el ^ue también se digicuv- 
rá U. 3« encontraren copia anexa bajo el n&m. 2. 



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— 577 — 

Esperé que esta vez me diese una inmediata contestación; mas 
como trascurriesen dos horas sin recibirla, escribí a S. E. el 
presidente señor Pinto la cartu particular que acompaño a ü. S., 
en copia bajo el núm. 3, la que remití por conducto de un 
amigo particular. S, E., con la caballeresca cortesía que le dis- 
tingue i con la benevolencia de que me ha dado constantes 
pruebas hasta mi salida de Chile, me replicó en el acto por el 
mismo conducto con la carta que acompaño en copia bajo el 
núm. 4. A la carta particular de S. E. se siguió mui de cerca el 
envío del oficio del señor Fierro que lleva el núm. 5 en las co- 
pias anexas i al cual repliqué inmediatamente con el que lleva 
el núm. 6 i puse término a mis rüla«iones con el gobierno dé 
Chile. Como ü. S. lo observará, el oficio del señor Fierro lleva 
la fecha del 2, aunque no llegó a mis manos sino en la tarde 
del 3, i en él prescindió el señor ministro de mis reiterados ofi- 
cios del I.** i del 3. Dejo a la apreciaclom de U. S. este j^oór^ 
procedimiento del honorable señor Fierra i prosigo. Inmediata- 
mente después de recibir el oficio del ministro de Relaciones 
Esteriores de Chile, dirijí a Valparaíso ostensiblemente el tele- 
grama que sigue: — «V. H. — "Valparaíso. — Santiago, abril 3 de 
1879. — Telegrafié Lima lo que sigue: — Presidente, —Lima. — 
Relaciones oficiales rotas hoi. — Perú considerado belijerante. — 
Pasaportes recibidos. — Salgo mañana. — Lwalled— i prepáre- 
me a partir. 

Tomaba mis disposiciones, al efecto, cuando se me presentó el 
capitán de navio don Patricio Lynch, encargado por S. E. de 
ponerse a mis órdenes hasta mi salida del territorio chileno, i 
de tomar las mias, respecto al modo como quisiera efectuarlo, 
espresándome que S. E. habia ordenado que se estuviese ea 
Santiago un tren especial a mi disposición, i que en Valparaiso 
se tomasen todas las precauciones necesarias para la seguridad 
i respetabilidad de mí persona. 

Agradecí debidamente a la bondad de S. E. i espuseal señor 
Lynch que mi deseo era salir cuanto antes del territorio chile- 
no; pero que, como no deseaba provocar un escándalo, fácil de 
prever visto lo acontecido en Valparaiso i en Antofagasta, i en 

mST. DE LA C. DE T. 73 



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— 578 — 

atención a las precauciones que el gobierno mismo de Chile rei- 
pecto a mi seguridad tomaba^ establecido* mi deseo de partir 
cuanto antes, dejaba al seílor capitau Lynch la libre disposición 
en la manera de realizarlo. 

Manifestóme el capitán Lynch que lo mejor seria que salié- 
semos en an tren especial a las 8.30 P. M. de Santiago, en cuyo 
caso llegaríamos a Yalparaiso a las doce de la noche, en donde 
me esperaba el intendente Á.Uamirano i procedería a embarcar- 
mC; si así lo deseaba, inmediatamente, eu todo lo qne convine 
gustoso., 

Arreglada así nuestra salida de Santiago, dirijí al señor En- 
cargado de negocios de la República la nota que acompaño a 
U. S. en copia anexa bajo el núm. 7, i pocos instantes despaes 
i acosa de las 5.30 P. M. recibí el despacho cifrado que decía: 
— íRetírese decorosa i convenientemente.! — Las órdenes de 
ü. S. estaban cumplidas antes de haber sido recibidas. 

Como habia sido convenido con el capitán Lynch, salí de 
Santiago en un tren espreso a eso de las 6 P. M., acompañado 
por el secretario de la Legación señor Oasós i el adjunto tenien- 
te La valle, el teniente de la armada nacional don Felipe de la 
Torre Bueno, el capitán Lynch i el señor don Domingo Toro 
Herrera, amigo particular, al que debo las mas finas atenciones. 
Corrimos sin parar hasta Llaillai, lugar en el cual el capitán 
Lynch hizo detener el tren, para pedir noticias del estado dé 
ValparaisOy que debian ser trasmitidas a Viña del Mar, i des- 
pués de un rato de descanso, . durante el cual fuimos objeto de 
una impertinente i hostil curiosidad^ proseguimos nuesti'o viaje 
a Viña del Mar. Allí recibi<i el capitán Lynch noticias del inten- 
dente Áltamirano, i en mérito de ellas seguimos a Valparaiso. 

Llegamos a este puerto a mas de las 12 P. M. i fuimos reci- 
bidos por el intendente Áltamirano rodeado de varios oficiales 
de uniforme, el capitán de puerto señor Urriola (?) i varios 
amigos mios, estranjeros todos. Embarcámonos en el acto, i a 
instancias del señor Haine me dirijí a este buque, en vez de 
hacerlo directamente al que debe conducirme al Callao el 5, al 
que llegué pocos momentos después. 



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— 679 — 

Al terminar este oficio debo decir a U. S. cuan satisfecho es- 
toi de los procedimientos del señor intendente de Valparaíso 
que ha hecho todo lo posible i con el mayor éxito, por evitarme 
todo disgusto, cosa mui fácil por cierto, dadas las condiciones 
del pueblo que le cabe gobernar. 

Ruego a U. S. se sirva elevar esta comunicación al conoci- 
miento de S. E. el presidente, i esperando que mis procedimien- 
tos merezcan su aprobación i la de U. S. 

Beitérome de U. S. señor ministro, mui atento i obsecuente 
servidor 

J. A. de Lavalle.^ 
Al sefior ministro de Estado en el despacho de Relaciones Esteríores. 



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CAPITULO XIX. 



la guerra en lima, 
(chipana). 

Primera impresión que causa en Lima la declaración de guerra. —Estu- 
por.— El presidente Prado en Chorrillos. — ^Primeíos moetings. — Reu- 
nión de los estudiantes de San Fernando i sus cantos de guerra. — Yara- 
vis. — Reunión de jenerales para formar batallones de oficiales. — Dis- 
curso del presidente Prado al regresar de Chorrillos a Lima. — Gran 
mee ting popular del fi de abril — Discurso del alcalde Montero i del 
orador Casos. — OroneL — El ministro de Chile se refujia en la Pemacola. 
—Se declara el casus fcederis con Bolivia i se pone el ejército en pió de 
campaña.— Suscriciones populares. — El gobierno combina el plan de 
Chipana i envia al sur la divís'oa volante de la ü'nion i la Pilcomayo. — 
Carta inédita del almirante Williams sobre el envío de la Maffallanes 
sin su consorte por el coronel Sotomayor. — Llega la diviáiou L sicotera a 
Pisagua. 

«Indignos de la tierra americana, 
Atrás infames que rompéis escudos 
I que al tomar la Covaaonga a Hispana 
Con pabellón ingles acortáis nudos. 
Infame i ruin en tu ambición insana 
No creas, no, que nos quedemos mudos. 
¡Atrás! ¡Atrásl de tierní boliviana, 
¡Atrás rotos, famélicos, desnudos !]> 

(Canción de guerra contra CAt7«.— Lima, abril 
6 de 1879). 



I. 



Cuando en la noche del 1."* de abril de 1879 el 
cable submarino, mas indiscreto que presuroso en 
esta ociision, llevó al palacio de Lima la fatal 



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™ 581 — 

nueva de haber sido acordada la declaración de 
guerra en el Consejo de Estado de Chile, a las 
dos de la tarde de ese mismo di a, asemejóse su 
efecto al de mina mal cargada que inesperta ma- 
no hace volar antes de tiempo, sepultando a sus 
propios operarios entre escombros, confusión i 
perplejidades. El presuntuoso ministro Irigóyen 
creíase todavía en ese momento dueño de la si- 
tuación, de la hora i de su ardid. Habia contado" 
con la prolongación mas o menos indefinida de 
la característica paciencia de los chilenos; i en 
consecuencia habia calculado que la mecha sub- 
terránea, prendida en secreto por él hacia un mes 
i que én el intervalo habia quedado confiada a la 
guarda del enviado Lavalle, arderla sordamente 
los dias i semanas que sus apresto ?í locos reque- 
rían aun. 

De suerte que la primera impresión producida 
en los ánimos de los hombres públicos de Lima 
por la trasmisión del alambre, fué la del estupor. 
— «El Consejo de Estado de Chile, decia irónica- 
mente a este respecto i comentando lo apurado 
de la situación, dos diiis mas tarde, el Diario Ofi- 
cial del Perú, el Consejo de Estado de Chile agra- 
dece^ pues, la actitud moderada i los pasos dados 
por el Perú en favor de la paz, autorizando al 
Poder Ejecutivo para hacernos la guerra! He aquí 
el premio de nuestros afanes. La guerra pronun- 
ciada por tan elevado cuerpo del Estado, no pue- 



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— 582 — 

de ya demorar; hoi es inminente i toca a nuestras 
puertas. 

3) El Perú la aceptará orgulloso, anadia el dia- 
rio del gobierno. En medio de la diversidad de 
sus partidos políticos, conserva en estos casos la 
mas perfecta unión posible; en medio de sus crisis 
económica i fiscal, tiene abundantes recursos para 
luchar sin tregua hasta alcanzar la victoria; en 
medio de su prudencia i de su amor no desmen- 
tido a la tranquilidad de América, posee la ener- 
jía necesaria para sostener incólumes sus derechos 
i su dignidad. Al toque de alarma del gobierno, 
se pondrá en pié la República entera para ano- 
nadar a sus provocadores. Al grito de ¡a las ar- 
mas! el Perú se convertirá en un vasto campa- 
inentoD. 



II. 



No significaba toda esa enumeración de recur- 
sos i de enerjías que el gobierno del Perú, cegado 
por fantástica credulidad, hubiera dejado de mano 
el acopio de sustancias esplosivas destinadas a 
una inmediata guerra. Su sorpresa nacia no de la 
guerra misma sino de su festinación. El ministro 
Irigóyen habia contado evidentemente como so- 
bre cosa propia sobre el mes de abril, i a este 
efecto habia convocado el Congreso para el 24 de 
ese mes «para poner en su conocimiento el conflic- 



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— 583 — 

to existente i a fia ^3 que se ocupe del estado de 
las relaciones de la RepúbUca con las partes beli- 
jerantes i resuelva h convenientei> (1). 

I a este respecto era tal la tenacidad del mi- 
nistro en la via de los arbitrios, que aun en su úl- 
timo telegrama del 4 de abril en que ordenaba al 
ministro La valle «retirarse decorosamente p, agre- 



(1) Así dice la convocatoria espedida el 24 de marzo. Acor- 
dóse esta medida en el palacio el 21 de marzo, i hé aquí como 
daba cuenta de esa resolución La Tribuna de ese mismo dia: 

«Hoi se reunieron en palacio, invitados por el ministro de 
Relaciones Esteriores, los señores Riveyro (J. A.), Arenas (A.), 
Rosas, García i García (J. A.) García i García (A.), Riva Agüe- 
ro, Grau, Valle, Carranza i otras personas cuyos nombres no re- 
cordamos. 

»Segun se nos ha informado, el objeto fué discutir sobre la 
conveniencia de convocar Congreso estraordinario, i todos acep- 
taron la necesidad de la convocatoria, consultada por el gobier- 
no, i éste parece que la hará el lunes próximo.!» 

Era curioso observar que mientras se fijaba tranquila i cómo- 
damente un largo mes para resolver lo conveniente, habíase 
reunido el dia de la antevíspeni un consejo de jenerales en casa 
del anciano jeneral don Pedro Cisneros para ofrecer su sangre 
a la patria; i hasta la Universidad i el colejio médico de /Sa/i 
Fernando protestaron ardientemente en ese misino dia contra 
la actitud de Chile. 

En la reunión de los profesores i estudiantes de medicina 
asaron de Id palabra un señor Choangansaquí i un señor Cho- 
cano, i cuando se leyó en el meeting la protesta de la Universi- 
dad «un aplauso estrepitoso, dice un diario del dia siguiente, 
saludó esa protesta i por repetidas veces los entusiastas fernan- 
dinos vivaron al Perú, a la libertad i a la América. La sombra 



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— 584 — 

gaba que si el señor Santa María llegase todavía 
a Lima seria abien recibido». El ministro director 
de la política internacional del Perú sabia que iba 
a ahogarse, pero no quería ahogarse en poca agua 
ni del primer zabullon. 

Este último despacho, voz de náufrago que pi- 
de misericordia, no era, como la convocatoria de 
plazo del Congreso, sino la segunda o tercera di- 
latoria, inventada, a eistilo de abogado, por el mi- 
nistro Irigóyen, para cuando el recurso de la 



(Je don Hipólito ünánue (el Hipócrates del Perú) parecia pa- 
searse ante aquella selecta reunión.» 

Cüincidia esta asamblea con una junta militar celebrada en 
casa del jeneral Cisneros el 22. Hé aquí los términos en que da- 
ba cuenta de ella Li Opinión Nacional del 24 : 

«El sábado último, a invitación del señor jeneral de brigada 
don Pedro Cisneros, se reunieron en la casa habitación de éste, 
gran número de jefes i oficiales con el objeto de dirijirse al su- 
premo gobierno para ofrecerle sus vidas i servicios, si las cir- 
cunstancias de la nación lo demandaban. 

«Reinó ¿ .;n entusiasmo en la reunión, i después de un lijero 
debate en que se hizo el recuerdo de nuestras glorias i de las 
causas santas por las que el Perú siempre habia combatido, 
se acordó ybr/war tres batallones de solo jefes i oficiales: el 
primero de los referidos cuerpos será mandado por el jeneral 
Cisneros. 

3>Esta noche volverán a reunirse para designar a los jefes 
que deben comandar los dos restantes, 

3) No podemos menos que aplaudir la actitud noble i patriota 
de aquellos militares, que se preparan a esperar el desenvolvi- 
miento de los sucesos con el arma al brazo.;^ 



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— 585 — 

embajada a Chile estuviese agotado; i de aquí su 
sorpresa i su mortificación al presenciar el inma- 
turo estallido de sus planes. 

Es cosa hoi completamente averiguada que el 
doctor Irigóyen, cegado por el odio a Chile que 
heredó de su tio político i protector asiduo don 
Eamon Castilla, no pensó sino en hostilizarnos 
desde que entró a presidir el último gabinete del 
presidente Prado. Suprimidas por éste, en efecto, 
al asumir el poder, todas las legaciones vijentes, 
por motivos de economía, restituyó el privado in- 
mediatamente la de Buenos Aires i envió a aque- 
lla ciudad, que él juzgaba torpemente la aliada 
natural de la ociosa Lima, al mismo diplomático 
que habia firmado i canjeado en La Paz el tratado 
secreto de 1873, el doctor don Víctor Aníbal de la 
Torre que hasta ayer maquinaba infructuosamen- 
te contra nosotros en el Plata. Sábese también que 
lo que decidió el Congreso del Perú a aprobar, a 
fines de enero de 1879, el pacto de comercio con 
Bolivia, tan evidentemente desventajoso, fué un 
astuto i pérfido discurso del ministro Irigóyen, que 
hizo columbrar próxima i provechosa guerra en 
razón de la alza i baja de los salitres.... 



m. 



A consecuencia de los sentimientos que preva- 
lecían i de la vaguedad de los primeros anuncios, 

HIST. DE LA C. DE T. 74 



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— 586 — 

pasáronse los días 2 i 3 de abril en cruel ansiedad 
en Lima. El presidente Prado pernianeeia hasta 
la noche del último dia en su rancho de Chorri- 
llos, entregado a su entretenimiento favorito del 
tresillo, de suerte que las raanifestacienes de ese 
diá limitáronse a los vivas! acostumbrados en los 
pueblos de oríjen indico-español en la hora de la 
retreta. Al retirarse ésta de la esplanada maríti- 
ma que sirve de nocturno i fresco paseo a aquel 
agradable puerto de baños, una señorita Cor- 
pancho, hija del desgraciado poeta i diplomático 
de este nombre, cantó al aire libre la canción 
nacional del Perú en medio de líricas efusiones 
que realzaba la presencia del ministro de Chile, se- 
ñor Godby, allí de paseo. 



IV. 



Habían alcanzado sin embargo suficiente tiem- 
po' los peruanos para alistar su primera división 
naval compuesta de sus buques d^ mas rápido 
andar (la Union i la Pilco mayó) i para despachar 
al sur la tercera división de su ejército al mando 
del coronel don Manuel González de La-Cotera. 
Zarpó ésta del Callao en el vapor Chalaco el 1 
de abril i era compuesta del batallón Puno (núm. 
6), que el Talismán había conducido desde el 
puerto de Salaverry ese mismo dia, i del batallón 
Lima (núm. 8) i una batería de artillería com- 



o 



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— 387 — 



ppe^ta de. cuatro piezas, d^ , gan^pp^ña. EI[ Puno 
CQngtií,b9, ese dia de 349 plazag efectivas. 



V. 



Pero cuando al dia siguiente, 4 de abril, llegó 
la esperada confirmación de la declaratoria oficial 
de guerra de que dimos cuent^, en el capítulo pre- 
cedente, los espíritus impresionables de aquel pue- 
blo criollo i tropiqal se encendieron hasta el calor 
del fuego rojo. I al regresar a Lima en esa niii?ma 
tarde el presidente Prado pronunció en la esta- 
ción del ferrocarril de Chorrillos, obligado a ello 
por la atropellada muchedumbre, el siguiente dis- 
curso que marcaba el nivel de la escitacion pú- 
bli^ca en la ciudad: 

«Ciudadanos; 

x)Se nos ha declarado la guerra cuando abogá- 
bamos por la paz; cuando interponíamos nuestros 
buenos oficios en apoyo del débil; cuando preten- 
díamos evitar el escándalo de que Chile i Bolivia, 
pueblos hermanos i vecinos, vinieran a las ma- 
nos. 

DEstá bien: hemos hecho cuanto era compati- 
ble con nuestro decoro para evitar la guerra: ha- 
gamos ahora cuanto debemos para hacer la gue- 
rra, cual debe hacerla el pueblo peruano. 



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— 588 — 

»Haii querido guerra, guerra tendrán: pero gre^e- 
rra tremenda^ guerra terrible cual corresponde a la 
magnitud del agramo hecho. 

» ¡Juventud entusiasta i valiente! Ciudadadanos 
animosos i patriotas! Seguid en vuestra tarea. Id a 
llevar en todos los ámbitos de la ciudad la nueva 
de que el Perú ha sido ultrajado; id i comunicad 
por todas partes la chispa del patriotismo! 

dEI gobierno, por su parte, está a la obra, i so- 
lo tiene que deciros que ha menester del concur- 
so de todos los buenos hijos de esta patria tan 
noble como gloriosa. 

dW i confiad en el gobierno. Yo voi a trabajar 
por el país (I).» 

(1) Hé aqaí como refiere mas al pormenor uno de los diarios 
de Lima aquellas escenas populares de la primera hora i su de- 
sarrollo en la población. 

«El jeneral Prado pronunció este discurso profunda i visible- 
mente emocionado. 

DTerminado el discurso del presidente, el pueblo se encami- 
nó al cuartel del batallón <r Ayacucho3>, de cuyo jefe solicitó i 
consiguió la banda de música del cuerpo. 

}>Gon esa banda, el pueblo se dirijióa la legación de Solivia. 

dEI señor Flores, ministro de Bolivia, dijo poco mas o me- 
nos: 

dEI Perú tiene dadas pruebas de lo que es. El Perú i Bolivia, 
darán cuenta a la América del ultraje que les ha inferido Chile. 

3)1 volviéndose al pabellón peruano, agregó: Señores, juremos 
ente este glorioso pabellón que sabremos castigar a Chile i que 
nuestra divisa será vencer o morir. 

dEI señor Flores proporcionó la bandera de su legación para 



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— 589 — 



VI. 



Los hijos del Rimac cojieron también, confor- 
me a antigua i fácil costumbre, la trompa épica, e 
hicieron resonar los espacios con sus cánticos de 
guerra i sus tiernos yaravts cantados éstos con 
plañidero son a la puerta de los cuarteles como 
tiernos adioses, i lanzados los otros como provo- 
caciones de fuego a la arena de los meetings. 

)>Mas ya con sangre que jamas corriera 
En el desierto i árido Atacama, 



qne entrelazada con la peruana faera llevada a la cabeza del 
meetÍDg. 

»De casa del sefior Floree se dirijieron a la del sefior Uribu- 
rn, ministro de la República Arjentina, el 'que salió al balcón i 
dijo: 

]>Señore8: Soi testigo de esta gran manifestación del pueblo 
peruano, os agradez^^o este saludo a nombre mío i en el de mi 
gobierno. 

>A1 regreso a la plaza el señor Riofrío, ministro de la repú- 
blica del Ecuador, que se hallaba en el balcón de la legación i 
que fué saludado por el pueblo con vivas al Ecuador, contestó: 

3>La república del Ecuador procederá en estas circunstancias 
como digna hermana de la del Perú. 

:^En esta calle i de los balcones del «Hotel Cardinal», la se- 
ñorita Marchettí cantó el himno nacional, que fué secundado 
por toda la comitiva. De allí se dirijió el meeting a la plazuela 
de Bolívar, donde se pronunciaron algunos otros discursos». 



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— 690 — 

Ya se cebó la sanguinaria fiera 
En el heroico pueblo de Calama. 
Victoria vergonzosa que se viera 
Como, infamante de preclara fama, 
A quien de honor las leyes conociera, 
Mas no a los viles que la orgia inflama. 

i>Baldon, baldón que nombrará la historia 
La de Calama desigual batalla: 
Cabrera heroico se cubrió de gloria, 
I Abaroa muriendo laurel halla. 
Bolivia guardará vuestra memoria 
Noble Jurado de eminente talla 
Que fusilado en pos de la victoria^ 
Vuestro nombre eterniza la metralla. 

D Alzad, Bolivia, la cerviz activa. 
Ya está a tu íado la nación peruana, 
Ya su escuadra, su ejército se activa, 
Ya presto corre tu querida hermana. 
Los necios rechazaron nuestra oliva 
De la paz i concordia americana; 
El Perú de la guerra no se esquiva, 
Al combate sus huestes lanza ufana (l).i> 



(1) Véase en los anexos un bonito yaraví de despedida al ba- 
tallón Ayacucho, en cambio de estos malos versos, que en Chile 
los hiciera mejor Gajardo o el Goneio de la Bolsa, 



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— 591 — 



VII. 



En ese mismo dia (4 de abril) el ejército i la 
armada del Perú fueron puestos en campaña a 
virtud del siguiente decreto: 

y>Maríano I. Prado, presidente constitucional 
dé la Bepúhlica. 

j) Considerando: 

j)Que el JPerú se halla en estado de guerra con 
la República de Chile, 

DÜecreto: 

2)Art. 1.*" Declárase en campaña al ejército i a 
la Armada Nacional. 

3)Art. 2.*" El Estado Mayor Jeneral, comisarías 
i demás dependencias se organizarán por decretos 
separados. 

)>E1 Ministro de Estado en el despacho de Gue- 
rra i Marina, queda encargado del cumplimiento 
de este decreto i de hacerlo publicar i circular. 

DÜado en la casa de Gobierno en Lima, a 4 de 
abril de 1879. 

Mariano I. Prado, 

Domingo del Solar. y> 



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— 592 — 



VIII. 



La escitacion pública no alcanzaría sin embar- 
go toda su tensión sino dos dias mas tarde cuando 
el cable hízose portador del siniestro despacho que 
anunciaba la prosenci i de la escuadra chilena en 
el puerto de Iquique, estableciendo su bloqueo, 
hecho que en algunos puertos del Perú se consi- 
deró como sinónimo de una notificación de bom- 
bardeo. 

Sintiéndose amenazados en su parte mas vital, 
cual era la de sus recursos, el pueblo de Lima 
precipitóse en masa a su plaza pública, al propio 
tiempo que los campanarios de sus iglesias llama- 
ban a arrebato, como en los dias de peligro nacio- 
nal. — (lEl toque de la campana de la Catedral a 
las doce del dia, decia uno de los órganos de la 
prensa de la ciudad, describiendo aquella congre- 
gación del pueblo, mas tumultuosa que imponen- 
te, dio el alerta para la reunión solemne que de- 
bia verificarse. 

3>Lima, como en uno de aquellos dias de sus 
grandes festividades, se puso en movimiento i por 
todas sus calles grupos numerosos de jente enca- 
minábanse a la plaza. 

2) En ésta habíase mandado levantar un tablado 
al frente de la casa de gobierno, para los señores 
que deseasen dirijir su palabra al pueblo. 



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— 593 — 

DLa una de la tarde seria cuándo los alumnos 
del convictorio carolino, precedidos de la banda 
del batallón Ayacucho i llevando el estandarte 
nacional, se presentaron los primeros i se encami- 
naron al local de la municipalidad. 

dA los alumnos de San Cirios siguieron los de 
San Fernando, acompañados i j; lalmente de una 
banda de música i llevando tres > i )^Uones: el pe- 
ruano, el boliviano i el arjentiuo. 

dLos consejos departamental i provincial se 
encontraban ya reunidos en la casa consisto- 
rial. 

3)Tras los alumnos de la Universidad llegó la 
digna columna colombiana. 

^Llegaron los hijos de aquella tierra siempre 
pronta a manifestar áus simpatías a la causa de la 
libertad. 

5) Al presentarse en la plaza, mil gritos de en- 
tusiasmo la saludaron; todas las bandas entonaron 
el himno nacional i los vivas a Colombia se suce- 
dieron sin interrupción hasta que los colombianos 
tomaron posesión del lugar preferente que se les 
designó en el cabildo. 

j) Después de la colonia colombiana se presentó 
?aíZ6Í^c¿¿a6?or, que fué recibida con tantos i tan 
grandes aplausos como la anterior. 

»Las demás colonias estranjeras se hallaron, po- 
demos decir, representadas por los cuerpos de 
bomberos: ingleses, franceses e italianos. 

HIST. DE LA O. DE T. 7o • 



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— 594 — 

))Los señores de laboraba peruana i Is» Salvado- 
ra, concurrieron también al meeting. 

D Después de los bomberos entró a la plaza la 
respetable Sociedad de Artesanos, precedida de 
una banda de música. ^ 

3)Toda la columna de camaleros seguía a los ar- 
tesanos, dando vivas al Perú i a Bolivia. 

:d Varias asociaciones humanitarias de las mas 
dignas concurrieron al acto solemne. 

í)Los balcones le la plaza se hallaban llenos de 
espectadores. En varios techos habia también 
agrupaciones de jen te. 

j)Los portales i la Rivera se hallaban ocupados 
también por la multitud. 

i;Los balconas do hi casa de gobierno se encon- 
traban invadidos por un sin número de militares 
de alta graduación. 

j)En la pkza, mas de 20,030 personas se halla- 
ban reunidas a las dos de la tarde, hora en que 
comenzó el meeting». 



IX. 



Innumerables fueron los oradores que con sus 
lenguas convertidas en tizonas encendidas infla- 
maron el corazón del pueblo en esa ocasión, i el 
nombre de rotos i de p¿rata3, comenzó a parecer 
en el lenguaje de las arengas públicas como el 
del cuchillo corvo habia hecho su estreno en las 



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~ 595 — 

proclamas del presidente Daza, hada un mes. Don 
Alejandro Arenas, a nombre del municipio, don 
Cesáreo- Chacaltana, redactor de El Nacional i 
don Loren/.o García, caballero que comenzó su 
discurso apellidando a los ciudadanos convocados 
-^Dignos hijos del sol, se sucedieron en la tribuna 
al aire libre, en medio del banal bullicio acostum- 
brado de aplausos i de gritos. Pero, como de tra- 
dición ya antigua, quién llevóse la palma de los 
vítores i de las ovaciones fué el ex-secretario je- 
neral de los Gutiérrez don Fernando Casos a quien 
los limeños, olvidadizos de la pira, de la ametra- 
lladora i del saco de harina repleto de billetes, 
llamaron en esa ocasión el «Castelar americanoD. 
— «Estuvo digno de Oconeh (sic), dice a este res- 
pecto un diario de Lima, comentando su violenta 
i verdaderamente elocuente diatriva contra Chile, 



X. 



El discurso de mayor consecuencia habia sido, 
entretanto, el del primer aldalde municipal de 
Lima don Lizardo Montero, destino que en el 
Perú equivale en cierta manera al de nuestros in- 
tendentes, en lo relativo a la administración de 
las ciudades. 

«Ciudadanos: dijo aquel «funcionario con arro- 
gante palabra i apostura, al comenzar el meeting, 
— el Consejo Provincial que tengo la honra de 



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— 69fl — 

presidir, os arguardaba, os contemplaba orgulloso 
de vuestro patriotismo. 

j)EÍ meeting asegura los triunfos de mañana;, 
no es la reunión de muchedumbres tumultuosas a 
quienes devora la sed de sangre; es la soberbia i 
grandiosa asamblea de los hijos de esti patria, 
que supo siempre hermanar el inuomable valor i 
la santidad i la justicia. 

3)Conciudadanos: 

3>Como alcalde provincial de Liima, 08 dqji la 
bienvenida a esta reunión; como soldado os pido 
este misino ardimiento, esta misma decisión para 
esclamaí hoi i siempre. 

D¡Viva el Perú! — A las armas i ftl combate! 

i>Haiita el dia de la victoria J). 

XI. 

Después de tres o cuatro horas de pomposa pa- 
labi'eria, escasísimo elemento de guerra^ el pue- 
blo convocado en la plaza sancionó ,ciertaa conclu- 
siones^ i dispersóse completamento satisfecho. Sus 
resoluciones hablan sido las siguientes: 

El pueblo de Lima. 

Considerando: 

j)!.** Que los actos practicados por el gobierno 



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— 697 — 

chileno, desde la violenta ocupación del Litoral 
boliviano hasta la declaratoria de guerra al Perú, 
importan un ultraje a la soberanía i una amenaza 
a los mas sagrados intereses nacionales; 

2fc** Que en los momentos actuales es necesario 
rodear al gobierno, sin distinción de colores polí- 
ticos, i robustecer su autoridad para defender con 
eficacia la honra de los intereses nacionales; 

Resuelve: 

^l."* Protestar en nombre de la patria, de la 
civilización i de la confraternidad americana, de 
los procedimientos con que el gobierno de Chile 
viola sistemáticamente estos tres principios sagra- 
dos. 

i>2.'* Declarar que comprende i está resuelto a 
cumplir, sin restricción de ninguna especie, los 
deberes que el patriotismo i la situación le impo- 
nen. 

3>3,^ Poner estas declaraciones en conocimiento 
del supremo gobierno, para que sepa que puede 
contar con el patriótico concurso del pueblo de 
Lima, ya se trate de las personas o de sus bie- 
nes» (1). 

(I) Al mismo tiempo tenian lugar meetÍDgR análogos en otros 
pueblos del Perú, tomando parte también en la feria del entu- 
siasmo decretado, algunas tristes aldeas como la de Matucana 
en la quebrada del Rimac. 

Hé aquí algunos de los telegramas que sobre este particular 



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— 698 — 



XII. 



En la madrugada de ese mismo dia el ministro 
de Chile don Joaquin Godoy, que tan elevados 
acentos habia encontrado en su ánimo para sos- 
tener el buen derecho de Chile i para enviar a su 
gobierno consejos salvadores que no fueron escu- 
chados, i aun, estando a las revelaciones del en- 
viado Lavalle, fueron desestimados, habíase refu- 
jiado a bordo de la fragata norte-americana Pen- 
sacóla, a cuyo fin trasladóse al Callao en tren es- 
publicó El Nacional del 6 de abril: 

«Gran ineeting en Matitcana: todo el pueble reunido ofrece 
8U8 bienes i servicios personales al gobiernos. 

El Corresponsal 

Matucana, abril 6. 
SS. EE. de El Nacional. 

El consejo provincial, en sesión estraordinaria, ha cedido al 
gobierno su existencia en caja, soles cuatrocientos, i ofrece du- 
rante la guerra la mitad de sus ingresos^ soles cien al mes. 

El corresponsal. 

TELEGRAMA. 

Chancayy abril Q. 
SS. EE. de El Nacional. 

Gran meetiug. Pueblo entusiasta acepta la guerra. Pormeno- 
res oportunamente. 

El corresponsal. 



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— 599 — 

preso de la media noche, exactamente como el 
señor La ralle lo había ejecutado en la noche de 
la víspera en Santiago. La guerra comenzaba ro- 
deada de sospechas, i éste no era ciertamente el 
mejor de sus síntomas morales (1). 

El 6 de abril quedó asi aismo consumado el ac- 
to mucho mas grave i tra.sj3:i bnLil de la alianza 
de guerra entre el Pera i B )livia, o sea la pro- 
mulgación del casus fce ler/ls, a virtud de lo esta- 
tuido en el tratado secreto del 6 de febrero de 
1873, firman loáe en Lima el respectivo protocolo 



(1) Copiamos el telegrama del prefecto del Callao en que 
anunciaba la llegada a ese puerto del ministro de Chile. 

Telegrama del Callao, 6 de abril 12 hs. 55 ms. 

Señor ministro de Relaciones Esteriores: El ex-ministro chi- 
leno llegó a este puerto j)or tren estraordinario de dos de la 
maüana; desde el niomento en que supe que venia, ordené lo ne- 
cesario para que se pusiera a su disposición una falúa; en la es- 
tación del tren manifestó una inquietud llena de temor e inmo- 
tivada porque no habia ni una remota posibilidad de peligro pa- 
ra su persona; fué necesario que un jefe de ronda agotara todos 
los recursos de la persuasión para convencerle de que podia sa- 
lir sin aprensin. Salió al fín, i segua sé, se ha asilado en un bu- 
qae de guerra americano, afectando asi la creencia de que en 
otro lugar no estaria seguro. 

Rodriguez Ramírez, 
prefecto. 



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— 600 — 

i espidiendo el presidente del Pera el siguiente 
decreto que constítuia legalmente la ruptura de 
las hostilidades contra Chile, preparadas en secre- 
to desde hacia seis años por aquel inicuo pacto. 

MARIANO I- PRADO PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA. 

Considerando: 

1.*" Que por el tratado r^ ^ O de febrero de 1873, 
se hallan solemnemente compro.netidas las repú- 
blicas del Perú i Bólivia a garantizarse su inde- 
pfendencia i soberanía, así como la integridad de 
sus respectivos territorios; 

2."" Que la ofensa arrojada por Chile a Solivia 
con la ocupación del grado 23-24 de su litoral a 
título de revindicacion, importa un ataque a los 
espresados derechos de Solivia i está espresamen- 
te determinado en el inciso 1.** del artículo 2."* del 
mencionado tratado, como la primera i principal 
causa para que la alianza se haga efectiva; 

3.** Que el enviado Estraordinario i Ministro 
Plenipotenciario en misión especial de Solivia ha 
solicitado, por orden espresa de su gobierno, la 
declaratoria del casas f ceder is i la consiguiente 
ejecución del mencionado tratado; i que el Perú 
ha adoptado todos los medios conciliatorios para 
asegurar la paz entre las mencionadas repúblicas, 
interponiendo primero sus buenos oficios i ofre- 



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— 601 — 

cienclo después su mediaciou en forma, sin haber 
obtenido otro resultado del gobierno de Chile que 
el de la declaratoria de guerra hecho por éste 
contra el Perú, decreto: 

La República del Perú declara que ha llegado 
el casus Jcederis conformo al tratado de 6 de fe- 
brero de 1873 celebrado con Bolivia, debiendo en 
consecuencia hacerse efectiva la alianza en todas 
i cada una de sus estipulaciones. 

Los ministros de Estado en sus respectivos des- 
pachos quedan encargados de dictar las órdenes 
necesarias para el. fiel i exacto cumplimiento de 
este decreto i de hacerlo publicar i circular.. 

Dado en la casa de gobierno en Lima, a 6 de 
abril de 1879. 

Mariano I. Prado. 

Manuel Irigóyen. 

XIV. 

Hízose notable también aquel dia por la pa- 
triótica efusión con que los ciudadanos de caudal 
o de influencia ocurrieron a ofrecer sus dones en 
aras de la patria en peligro, figuraiiJo entre éí^tos 
desde Chile don Nicolás de Piérola. El antiguo 
e infatigable pretendiente que en Chile desapro- 
baba públicamente la guerra, tachándola de te- 

HIST. DB LA C. DBJ T. 76 



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— 602 — 



meraria, por medio de un cablegrama ofreció en 
aquella fecha su persona i su reconciliación a su 
rival (1). 



XV. 



Pero en medio de estas alharacas de la ira que 
no revelaban la virilidad del pueblo sino antes 
bien su bullicio, el gobierno del .Perú habia acer- 
tado a tomar sijilosamente una medida militar de 
considerable importancia i que estuvo a punto de 
iniciar la guerra marítib ' por parte de Chile con 
un deplorable fracaso. 

(1) El despacho del señor de Piérola al presidente Prado es- 
taba redactado en los convenientes términos que copianaos a con- 
tinuación: 

cYalparaiso, abril 6 . — 9.05. A. M. 

]>Marcho hoi a Lima con mi familia para ponerote, como pe- 
ruanO) a órdenes del gobierno. 

Nicolás de Piérdala, 

Éntrelas oblaciones inscritas en los dias 5 i 6 de abril faeron 
notables las de los emplados del Banco Nacional por 650 soles 
mensuales; las de los empleados del muelle dársena del Callao 
por un 10 por ciento de sus haberes, la de los hacendados Al- 
thaus i Theuaud por 60 quintales de azúcar i 200 galones de 
alcohol al mes i la de un entusiasta canónigo de la Catedral don 
Estévan Castro de la Granada que regaló rail soles en efectivo. 
El doctor don Mariano Alvarez, hijo de un ilustre patriota de la 
independencia, dio su sueldo íntegro de vocal de la Corte Su- 
perior de Lima. 



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— 603 

Dijimos antes que al recibirse el anuncio oficial 
de la declaración de guerra el 4 de abril, el gobier- 
no peruano habia logrado, gracias a nuestra fatal 
credulidad, poner en pié de guerra una división 
lijera de sus buques: por manera que cuando por 
el cable tuvo conocimiento de la intimación de 
bloqueo hecha por el almirante Williams al puer- 
to de Iquipue, al dia siguiente, 5 de abril, conci- 
bió el feliz i sencillo pensamiento de emboscar 
dos de sus naves de mayor andar en las caletas 
que interceptaban las líneas de operaciones de 
nuestros buques entre Antofagasta e Iquiqne. 

La realización de aquel plan era tan llana co- 
mo oportuna, i el hecho se encargó de justificar 
nvestro descuido i la previsión de los marinos pe- 
ruanos. 

XVI. 

La escuadra de Cbile, como lo dejamos narrado 
en el libro jemelo del presente, relativo a las ope- 
raciones marítimas de los primeros meses de la 
campaña, al cual nos referimos (1), se habia he- 
cho al mar desde Antofagasta en la noche del 3 
de abril; i mientras la jeneralidad de los hombre^ 
de acción preveian que su viaje seria directo al 
Callao, en cuyo puerto hallábase todo en embrión? 

(1) Las dos l'íwaaldas, cap. XVII i XXI. 



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— 604 — 

echaba, al contrario, sus anclas en la rada mer- 
cantil de Iquíque el 5 de abril, dia de gloriosos 
ejemplos, a las dos de la tarde, notificando inglo- 
rioso bloqueo. Componíase la escuadra bloqueado- 
ra de .cinco buques, entre los que figuraban los 
dos acorazados, la Esmeralda i la Chacabaco. 
. Al dia siguiente de entablado de hecho el blo- 
queo, esto es, el 6 de abril, el comandante jeneral 
de la división naval de Chile túvola bien, (ignora- 
uios el motivo i el objeto), enviara Antofagasta al 
acorazado Cochrane aqompañado de la Magalla- 
nes; i aunque parecia natural que ambos buques 
debieran regresar al norte en convoi, no sucedió 
así desgraciadamente. La Magallanes recibió or- 
den de zarpar rumbo de Iquiqae en la noche del 
11 de abril, i sti joven comandante, tan intelijen- 
te como valeroso, dio en el acto cumplimiento a 
ese mandato aventurado. 

Culpóse de él al coronel Sotomayor, en su cali- 
dad de jefe n^ilitar del Litoral boliviano, i ann se 
dijo que la partida aislada de aquel débil buque, 
habia tenido un propósito pueril o por lo menos 
insuficiente. Mas, no existe tal vez suficiente razón 
para echar sobre aquel digno funcionario la som- 
bra de esa falta en asunto que no era de su profe- 
sión ni de su incumbencia, porque, al menos a su 
juicio, recibió euc;iríJ!;o espreso del almirante blo- 
queador de Iquique para ponerlo por obra. — «Que 
la Magallanes^ (escribía,, en efecto, el jefe de 



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~ 605 — 

lá escuadra al coronel Sotomayor desde la cámara 
del Blanco, a las cinco de la mañana del 6 de abril, 
active el embarque de su carbón a fin de que venga 
lo mas pronto posible a reunirse con nosotros^ (1). 

XVII. 

El resultado fué que encontrándose la cañonera 



(U No dice testualmente este párrafo que la Magallanes de- 
biera reñir sola, pero así parece darlo a entender el almirante 
desde que no menciona ál Cochrane, i así, al menos, lo entendió 
el coronel Sotomayor. Para dejar establecidas la^ cosas con to- 
da lealtad publicamos en el anexo íntegra la carta del señor 
Williams que es inédita, añadiendo sin embargo, que esta carta, 
por su fecha, parece referirse ál primer viaje de la Magalla.nes 
a Tqniqíie, i no al segundo. .Aquel tuvo lugar el 7 de abril i el 
último el 11. En tal caso quedaría por resolverse la culpa del 
autor de la imprudencia. 

Agregaremos, todavia, que el plan tan oportunamente pues- 
to en ejecución por los marinos peruanos en Chipana habia sido 
insinuado con la debida oportunidad al gobierno de Chile por 
su mejor, mas constante, mas desinteresado, i por lo mismo me- 
nos oido consejero; la prensa. — «Ocupóse Ud., decia al redactor 
de La Patria una carta de Lima del 22 de marzo, que ae publi- 
có en ese diario el 1 .*" de abril, ocúpese en su diario de llamar la 
atención del gobierno para que <^niíle nuestras costas, por que 
nos pueden hacer mucho perjuicio a Union i la Pilcomayo, 

DComo ya he dicho, son muí lijeros i pueden entrar i salir a 
cada rato i echarnos abajo las fundiciones de Chauaral, Caldera, 
Guayacan i Tongoi, entrar a Valparaíso a cualquiera hora de la 
noche i echar a pique algunos buques chilenos, pues han puesto 
oficiales que conocen los puertos de Chile». 



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~ 606 ~ 

chilena a las once de la mañana por la altura de 
la falsa punta de Chipana, cerca de la embocadu- 
ra del Loa, fué asaltada en día despejado i con 
mar llana por la Union i la Pilcomayo con triple 
artillería, tonelaje, tripulación i mucho mejor an- 
dar que el que con su mayor presión era dable a 
aquélla alcanzar. Pero quiso la fortuna de Chile, 
que desde aquella mifiaiía sonrió a su bandera, i 
a la serenidad i buen porte del noMe comandante 
del buque perseguido, que éste eseapira ileso de 
aquella peligrosa celada después de un cañoneo 
que duró cerca de dos horas. Fué parte principal 
en el mal éxito de la jornada para los marinos 
peruanos, que venian completamente seguros de 
su golpe, una averia casual ocurrida en los calde- 
ros de la Union por efecto, de un proyectil o al 
forzar su máquina; i en consecuencia, volvió este 
buque de mal talante al Callao, de cuyo puerto 
hiciérase a la mar el lunes 7 de abril. — El comba- 
te de Chipana tuvo lugar el viernes 12 de abril, 
viernes santo (!)• 



(1) Chipana es una pequeña ensenada situada a cinco millas 
al norte de la embocadura del angostado Loa, i su nombre qui- 
chua procede de ciertos brazaletes de oro que usaban los incas i 
que nadie sino ellos i los grandes del imperio podian llevar» 
constituyendo una alta orden militar como la de la Jarretera 
entre los ingleses. Hablando Garcilaso de los embajadores que 
Atahualpa envió a recibir a Pizarro,dice: — «Le presentaron mu- 
chos vasos de oro i plata para beber i platos i escudillas para 



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— 607 — 



XVIII. 



Dijimos también al comenzar este capítulo que 
la división La-Cotera habia salido del Callao el 
1 .'' de abril; pero al tener noticia en Arica el dia 
4 de la declaratoria de guerra, desembarcó en ese 
puerto las fuerzas de que era conductor i púsose 
en cobro. 

Algimos dias mas tarde (el 8 de abril), sin em- 
bargo, el capitán Villavícencio que comandaba 
esa nave de buen andar, volvió a reembarcar los 
dos batallones de la división, i burlando impune- 
mente la vijilancia de los buques bloqueadores de 
Iquique, desembarcó a aquellos en Pisagua du- 
rante toda una noche. 

Con esto, las fuerzas acantonadas en Iquique, 
al finalizar el mes en que comenzó la guerra, con- 
sistían en seis batallones de línea, dos escuadro- 
nes de caballería desmontados i dos baterías de 
artillería de campaña: en todo unos cuatro mil 
hombres escasos repartidos en una estension de 
cuarenta leguas de desierto desde el Alto del Me- 
lle a Pisagua. 

el Bendcio de la mesa i muchas esmeraldas i turquesas. I eu 
particular trajeron al gobernador un calzado do los que el inca 
traía i dos brazaletes de oro que llaman Chípanos.,. Er^n insiga 
nia militar de mucha honrai>.— Comentarios Reales^ lib, I 
part. II. 



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— 608 — 

Hubo también un cticique de la laguna de Paria que se some- 
tió al inca Yupanqui i se llamaba Chipana^ i talvez a sus lindes 
pertenecía ese paraje. 



^ ANEXOS AL Capitulo xix. 

L 

ADIÓS A LIMA. 

YARAVÍ. 

Dedicado a mi mui querido amigo el digno jefe del glorioso ba- 
tallón (s.4y(icuchoi> núm\ 3, señor coronel don Manuel A, Pra- 
do y con motito de su próxima marcha al sur. 

Adiós, Lima, adiós, hermosa 
Ciudad de tantos encantos. 
Bendita copia del cielo. 
Joya del Perú, paraíso. 
Con el llanto de sus ojos 
Te dice adiós el soldado 
Que va a buscar un laurel 
Para poner en tus manos. 
AdioSy vírjen adorada. 
Adiós, adiós: ya nos vamos. 

Nos llaman desde Bolivia 
Los que son nuestros hermanos, 
Que miran entristecidos 
Su pabellón enlutado, 
I atravesando los mares, 
Playas i cerros cruzando 
Vamos a probar gustosos 
Que todavía hai peruanos. 
Adiós, virjen adorada, 
Adiós, adiós: ya nos vamos. 



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— 609 — 

Tu nombre, nombre bendito, 
Será siempre recovdado: 
¡Ai! para el alma es tan dulce 
El nombre de lo que amamos! ^ 
I tan solo te pedimos 
Que no olvides al soldado 
Que al despedirse te deja 
Su corazón en pedazos. 
Adiós, vírjen adorada, 
Adiós, adiós: ya nos vamos. 

Si morimos, en ia tumba 
No nos dejes olvidados, 
Una lágrima siquiera 
Te pedimos como en pago: 
Qué al regar tus lindos ojos 
Los sepulcros solitarios 
Habrá flores en los templos, 
Como flores en los campos. 
AdioSy vírjen adorada, 
Adios^ adiós: ya nos vamos. 

Si una palma, una corona, 
Arrancasen nuestras manos, 
Esa palma será tuya, 
Pobre ofrenda del soldado...... 

Nuestras madres, nuestros hijos: 
Todo, todo te dejamos; 
Que felices si algún día 
¡Ai! volvemos a abrazarlos. 
Adiós, virjen adorada. 
Adiós, odios: ya nos vamos. 



El iíltimo haravec. 



ttlST. DE LA C. DE T. 



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— 610 — 



lí. 



CARTA DBL CONTRALMIRANTE WILLIAMS AL CORONEL 80TOMAYOR, 

RELATIVA AL VIAJE DB LA «MAGALLANES» PUBLICADA APROPÓSITO DEL 

CAÑONEO DE CCHIPANA». 

Iquiquey abril 6 de 1879. 
(A las 5 h. A. M.) 
Estimado amigo: 

Inmediatamente que arribe el Capiapó a ese puerto, sírvase 
ordenar al capitán continúe sa viaje hasta reunirse con la es- 
caadia. 

Su presencia aquí es urjente. 

La barca cRimac» cargada de carbón ingles puede permane- 
cer ahí hasta que el Copiapó regrese a ese puerto a tomar el 
carbón que tiene. 

Que la Magallanes active el embarqne de su carbón a fin de 
que vaya lo mas pronto posible a reunirse con nosolroh, 

Verbalmente le comunicará el capitán Pomar lo demás. 

Lo saluda, etc., su aftmo. 

/. Williams Rebolledo* 



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CAPITULO XX. 



LA QUERRÁ EN SANTIAGO. 

La guerra ante la Cámara de Diputados.— Proyecto de acuerdo de don 
Ambrosio Montt antes de la declaración de guerra.— Debates tumul- 
tuosos.— La Cámara se constituye en secreto, i declara la guerra al Perú 
i a Bolivia. — El ministerio Prats se cree salvado, pero su oaida estaba 
acordada desde las negociaciones Lavalle en el mes de marzo. — Voto 
de censura combinado de los radicales i nacionales. — La Cámara lo re- 
chaza por una inmensa mayoría el 12 de abril; pero en ese mismo dia, i 
a virtud de la lójica que prevalecía en el gobierno, acuérdase su separa- 
ción. — El señor Varas es llamado desde San Felipe para la organización 
del nuevo ministerio. — Composición de éste. — Proyectos patrióticos 

Eresentados por el ministerio Prats i abandonados por sus sucesores. — 
« ide disminución de sueldos. —Absurdo decreto estableciendo la inter- 
dicción comercial con el Perú. — Últimas medidas militares del ministe- 
rio Prats. — Los batallones de línea son elevados a rejimientos. — Crea- 
ción de los batallones Bálnes i Valparaíso, — Organización de la Guardia 
Nacional — Nombramiento i destitución del comandante Alesandri. — 
Comiso de armas del gobierno del Perú. — Lentitudes i lenidades para 
las medidas de guerra.— Desacertado nombramiento del jeneral en 3efe. 
— Nombramientos anticuados de jemerales, por armas. — Falta capital 
que se comete estableciendo el bloqueo de iquique. 

<kNí el ministro ele Relaciones Esteríores in- 
dividualmente, ni los miembros del gabinete, 
ni la entidad colectiva que forman el presi- 
dente de la República i sus secretarios de 
Estado, tenian facultad para declarar la ^erra 
o ejecutar actos bélicos equivalentes, ni la de 
establecer la caducidad de un tratado interna- 
cional. 

]>Un tratado es una lei: lei que prepara e 
inicia el Ejecutivo, i que no puede abrogarse 
sin el asentimiento del Congreso:». 

(Discurso pronunciado por don Ambrosio 
Montt en la Cámara de Diputados el 25 de 
marzo de 1879). 



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— 612 — 



I. 



Mientras ajitábanse los ánimos con el contacto 
de la guerra, como las olas después de plácida 
calma al aproximarse la estación de los huracanes, 
a lo largo del vasto litoral del Perú, especial- ' 
mente en Lima que era su corazón i en Iquique 
que era su estómago, tenian lugar en la de suyo 
pacífica e inmutable capital de Chile sucesos de 
no pequeña gravedad. 

Aprobados en efecto, según antes vimos, en el 
Senado todos los proyectos de guerra del Ejecu- 
tivo, en secreto pero no en silencio, por fortuna, 
en las sesiones del 21 i del 24 de marzo, la Cá- 
mara de Diputados, por naturaleza mas inquieta i 
tumultuosa, entró a funcionar el 25 de aquel mes; 
i desde la apertura de su primera sesión echóse 
de ver que la tempestad, encadenada por la 
prudencia escesiva de la cámara alta, estallarla en 
el seno de las deliberaciones de la que mas inme- 
diatamente representa las pasiones i los intereses 
populares. 

IT. 

El diputado por Chillan don Ambrosio Montt, 
ateniense de la mas pura raza pero que ha soli- 
do tener la heroica creencia de haber nacido en 



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, — 613 — 

Espa^rta, Alcibiades disfrazado de Leónidas, que 
se ha batido, mas por pasipn i por elocuencia que 
por carácter, en todas las batallas del derecho 
parlametitario, defendiéndolo durante los últimos 
veinte años, subió a la brecha; i en un proyecto 
de acuerdo recto i enérjico exijió la caida del mi- 
nisterio declarando que la Cámara de Diputados 
prestaría su aquiescencia a todas las peticiones e 
indemnidades que le habia dirijido el gobierno, 
en la confianza de que el Presidente de la Repú- 
blioa consultase la opinión pública i llamase a 
sus consejos a los ciudadanos mas distinguidos 
por su probidad, desprendimiento e intelijen- 
cia (1). 



m. 



Como era natural aquella voz altiva encontró 
resistencias. Era, a la verdad, la voz del elocuente 
diputado por Chillan mas un reto de política in- 
terna que un correctivo o un impulso de guerra, 
i los aliados momentáneos fiel ministerio que en 
ose momento conduelan el carro de la elecicon 
popular por la antigua senda de los abusos, salie- 
ron a la defensa de los acusados. 

En este palenque público que duró una sema- 



(1) En el anexo dé este capítulo figura íntegro este impor- 
tante docnmento. 



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— 614 — 

na, gastaron sus fuerzas algunos de los diputados 
conservadores de mayor nombradla, como los se- 
ñores Rodríguez i Fabres, amparando al gabinete 
en el terreno del patriotismo, secundando los es- 
fuerzos que en ese mismo sentido habia hecho con 
fácil pero altinosamente palabra el señor Zegers, 
Ministro de Hacienda. 

Terció también en el debate con su arrebata- 
dora palabra de tribuno el diputado por la Serena 
don Isidoro Errázuriz, si bien disculpó la acción 
inconstitucional del gobierno al agredir en Anto- 
fagasta a Bolivia sin la autorización previa de 
los poderes colejisladores, sostuvo en cambio, con 
indiscutible justicia, «que el gobierno de Chileno 
debió recibir al enviado peruano sin previa decla- 
ración de su neutralidad; que se ha dejado ador- 
mecer por negociaciones poco serias, de carácter 
dilatorio i visiblemente encaminadas a paralizar 
nuestra acción i dar tiempo al mediador para que 
tome el papel activo de interventor armado, de 
arbitro o de enemigo; que nuestra diplomacia ha 
sido tan poco hábil i poco previsora, como lenta 
i floja la dirección de la guerra, malográndose así 
la feliz enerjía de los primeros momentos i debi- 
litándose el calor, las esperanzas i el patriotismo 
del pueblo D (1). 



(1) Este conciso resumen del discurso pronunciado por don 
Isidoro Errázuriz el 27 de marzo está tomado del interesante 



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— 615 — 



IV. 



Prolongáronse aquuellos acalorados debates du- 
rante tres largas sesiones, con asistencia de nu- 
meroso i escitado pueblo, en los días 25, 27 i 29 
de marzo, hasta que, como de ordinario en tales 
casos, la discusión tomó en el último dia de deba- 
te público las proporciones del escándalo. — <í1 
como no hai mal ejemplo (esclamó el señor Montt, 
aludiendo a la federación electoral de los grupos 
conservadores con el ministerio del señor Prats), 
como no hai mal ejemplo que no sea contajioso 
i corrosivo, parece que al calor impuro de las 
nupcias de la capital, que no ha impedido una fe 
mui débil i transijente, radicales i conservadores, 
los hombres del centenario de Voltaire i los hom- 
bres del centenario de los jesuítas, se han dado el 
abrazo de Vergara en muchos otros campamentos 
electorales de la República. ... 

dEI señor Fahres (interrumpiendo). — Con esas 
palabras se defiende perfectamente el país en pe- 
ligro. ... 

3>El señor Montt. — Se defiende a lo menos su 
dignidad que consiste, señor diputado, en la dig- 



libro líecientemente publicado por el señor Ambrosio Montt con 
él título de Escritos i discursos. Pertenese éste al último de la 
liéríe« 



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— 616 — 

nidad de sus partidos, de sus políticos i de sus ciu- 
dadanos. 

i>No hubo tampoco nom possamus de provincia 
i de parroquia, porque no lo habia habido en la 
capital, i las alianzas se repitieron en toda la Re- 
pública — 

j)El señor Fahres. — Cuando se trata de salvar la 
patria no se dice nom possamus 

dEI señor Montt. — Ya esperaba que se nos ven- 
dría a decir en escusa i favor de la alianza de par- 
tición, que se tenia en mira salvar ala patria ¡Ah! 
Estos tristes pactos son precisamente lo que mas 
la comprometen i la amenazan en su vigor, en sus 
libertades en el pundonor de sus partidos 

dEI señor Bodriguez (don Zorobabel).— El es- 
pectáculo que estamos dando al país i a la Amé- 
rica es ignominioso. . . . 

3)E1 señor Montt. — Corríjalo, su señoría, por su 
parte, i rompa el ignominioso ajuste de reparti- 
ción a que sin duda se refiere. Todavía es tiem- 
po — 

D Grandes aplausos i desordenes en la barra. 

dEI señor Arteaga Alemparte (vice-presiden- 
te). — Se suspende la sesión, mientras se despeja 
la barra. . . . 

}>8e suspendió la sesión publica i se pasó a sesión 
secretaT> (1). 

(1) Libro citado del señor Ambrosio Montt, Ultimo discurso. 



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— 617 — 

V. 

Védanos la última sentencia del debate ^rose- 
guir en su desarrollo. El secreto no ha sido levan- 
tado todavía. Pero habiendo surjido dos días mas 
tarde la guerra con el Perú, a consecuencia de la 
revelación del pacto secreto, el ministerio se cre- 
yó salvado, i el mismo señor Montt, autor del vo- 
ta de censura del 25 de marzo, redactó un voto 
de adición incondicional al gobierno que suscri- 
bieron con caloroso entusiasmo todos los diputa- 
dos presentes. 



VI. 



Pero el gabinete que presidia el señor Prats, 
enfermo i retirado en su quinta de San Bernardo, 
padeció un error de óptica delante de la actitud 
patriótica i unánime de la segunda Cámara, por- 
que aquel acto de confianza que parecia un desar^ 
me, no era en realidad sino el armisticio que sue- 
le preceder al entierro de los muertos. 

Dos semanas mas tarde, en efecto, i en el mis- 
mo dia en que se batia el comandante Latorre en 
Chipana, los grupos de diputados radicales i na- 
cionales, cuya elección habia combatido sin em- 
bozo el señor Prats, se coaligaron para confabular 
un segundo voto de censura, alentados esta vez, 

HIST. DE LA O. DE T, 78 



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— 618 - 

seguii se dijo con evidentes visos de verdad, por 
supremas complicidades. Sostuvieron en una aca- 
lorada sesión, que duró la mitad del dia i la mi- 
tad de la noche del 12 de abril, el voto de cen- 
sura los diputados radicales Errázuriz, O valle- 
Olivares, Mac-Iver, Koenig, los nacionales don 
Pedro Montt, don Luis Urzúa i don Juan Mac- 
keuna, este último diputado liberal pero indepen- 
diente. 

Entre los defensores del gabinete figuraron los 
señores Barros Luco, Arteaga Alemparte (don 
Justo), Renjifo i Fabres, llevando este último la 
voz por su partido. 

Alcanzó el ministerio a la postre de aquel tem- 
pestuoso debate, un éxito asombroso, pero apa- 
rente; porque el voto de censura fué rechazado 
por cincuenta i dos votos contra veintiuno, ma- 
yoría rara vez vista, aunque mayoría de coalición 
electoral i pasajera. 

Asemejábase, a la verdad, aquella victoria a los 
salmos de Carlos V en el monasterio de Yuste, 
por cuanto el ministerio no habia hecho sino ce- 
lebrar pomposamente sus exequias de cuerpo pre- 
sente. El ministerio, desde que habia abdicado sa 
deber i su puesto en marzo i en el curso de la ne- 
gociación Lavalle- Pinto -Santa María, estaba 
muerto; i tan evidente era esto que en la misma 
sección de los diarios en que se daba cuenta del 
voto de la Cámara, al dia siguiente de su emisión 



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— 619 — 

(abril 13) se anunciaba como irrevocable la des- 
composición del gabinete (1). 

vn. 

El no disimulado desabrimiento con que el pre- 
sidente de la República recibió en la noche mis- 
ma del debate el anuncio de lo que sus ministros 
llamaban su espléndido triunfo i que ellos en per- 
sona llevaron al palacio, advirtió a los últimos de 

(1) En su sección de Ultima hora el Ferrocarril del 13 de 
abril, después de dar sucinta cuenta de la sesión secreta del dia 
precedente, agregaba el siguiente párrafo. 

CBÍSIS MINISTERIAL 

«Desdé la tarde de ayer circulaba como un hecho positivo que 
eualfuiera ^ue fuera la resolución de la Cámara^ presentarían 
su renuncia los señores Saavedray Fierro i Blest 6ana.i^ 

La crisis databa en realidad desde la convocación del Congre- 
so, porque él autor de este libro recuerda que habiendo asistido 
al Senado el 24 de marzo, en la noche de ese dia el Senador 
Iiastarría aseguró en su presencia que el cambio' de gabinete es- 
taba completamente resuelto en la Moneda, i que las intencio- 
nes evidentes del presidente eran llamar a don Antonio Yaras, 
lo que en efecto se efectuó tres semanas mas tarde. 

No deja de ser curioso a este respecto que El Nacional de 
Lima del 6 de abril, anunciase una semana antes de que suce- 
diese en Chile el cambio de gabinete, que éste debería tener lu- 
gar irremisiblemente. La única díverjcncia del pronóstico esta- 
ba en que el diario peruano atribula la futura presidencia del 
gabinete al seucr Santa María. 



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— m — 

sxk verdadera situación; i a la mañana siguiente 
de su victoria presentaron en masa sup renuncias 
de vencidos. 

VIII. 

Tal emerjencia estaba prevista, i en esa misma 
tarde el presidente llamó a su despacho a su ami- 
go particular i recieutemente su ministro de Ha- 
cienda, don Augusto Matte, a fin de rogarle ofre- 
ciera al señor Varas la presidencia i organizacioH 
del nuevo ministerio. 

Hallábase aquel antiguo i notable hombre pú- 
blico ausente en San Felipe; pero llamado por 
el telégrafo, conferenció con el jefe del Estado sin 
llegar a ponerse en definitivo acuerdo, según en- 
tonces se dijo. Fflirece que los escrúpulos del señor 
Varas fueron de un carácter completamente pa- 
triótico, fVanco i elevado. Representóse él mismo 
como el jefe de un. partido militante que no habia 
logrado desarmar las prevenciones del país, lo que 
hacia peligrosa su aparición en el poder en los 
momentos que solo debia apetecerse i buscarse con 
ahincó la unión de todos los chilenos. 

Pero como las circunstancias eran apremiantes, 
fué preciso ceder a toda consideración de política 
interna, i el 17 de abril h izóse pública la designa- 
ción de un ministerio que seria completamente de 
guerra i para la guerra. 



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— 6^1 — 

Presidiría en la nueva organización del gabi- 
nete el señor Yaras, como ministro del Interior; 
el señor Santa María tomaría la cartera no menos 
importante en ese momento de Relaciones Este- 
riores; el señor Matte la de Hacienda; el señor 
Huneeus la de Justicia i por último el jeneral don 
Basilio Urrutia la de Guerra. 



IX. 



No seria acatar la lucidez de la historia, seme- 
jante a la del acero, ni los reflejos del sentimiento 
público de una noble nación, declarar que el mi- 
nisterio misto del 17 de abril fué recibido con 
desconfianza i antipatía. Aconteció todo lo con- 
trario: i cuando en la sesión del 20 de abril el je- 
fe del nuevo gobierno leyó con voz fatigadaí i casi 
achacosa su patriótico programa de guerra i union^ 
mas de un banco hizo oir sincero i vehemente 
aplauso. 

Era la idea dominante del país que aquel mi- 
nisterio, compuesto de hombres independientes i 
todos mas o menos enérjicos, lograría dominar la 
jenial apatía del jefe del Estado i atrepellar su 
inercia de ánimo casi invencible, para arrastrarle 
a las fuertes i rápidas resoluciones de la guerra. 

En el sentido de la política interna, ademas de 
los respetos de su palabra empeñada, el señor 
Varas se encontraba contrabalanceado por la pre- 



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~ 622 — 

sencia del señor Santa María en la Moneda. El 
señor Huneus, era una naturaleza no solo mode- 
rada sino moderadora. El señor Matte represen- 
taba convenientemente en la nueva combinación 
la abundante provisión de los recursos, alma de la 
guerra; i cosa estraña pero a la vez lójica, formu- 
lábanse objeciones únicamente contra la designa- 
ción para el ministerio de la guerra del único 
hombre de guerra que entraba en su composición, 
eljeneral Urrutia. 

Pero lo dificultad de la designación de ese ilus- 
tre i valiente soldado, consistía en que se le saca- 
ba de su verdadero puesto, ora como jefe de las 
Fronteras, o mas propiamente de la Araucania, 
comarca que él habia pacificado con los méritos 
de su sola honradez i sagacidad, ora como el mas 
natural i prestijioso jeneral en jefe del ejército 
que él mismo habia formado; al paso que care- 
ciendo de las dotes de organizador, que era la su- 
prema necesidad del momento, iba a ser colocado, 
con daño propio, en un puesto en que se malo- 
grarían sus mas sobresalientes facultades de capi- 
tán i de soldado. 

Los dos ministerios, el entrante i el saliente, 
cambiaron esta vez lastimosamente los frenos, eli- 
jiendo el último para jeneral en jefe al anciano 
jeneral don Justo Arteaga, indicado claramente 
para ministro de la guerra, como hombre de mé- 
todo, de ciencia i de organización, i el primero 



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— 623 — 

llevando a ese puesto a un glorioso veterano, 
acostumbrado a los campos, que se ahogaba en 
las oficinas i que llegó a palacio con las espuelas 
de campaña clavadas todavía en ' el tacón de su 
bota i escoltado por un escuadrón de granaderos 
que trajo consigo. 



No nos seria lícito tampoco dar remate a este 
capítulo de reorganización interna del país, sin 
hacer justicia a los ministros que habían cedido 
su puesto a mas robustas voluntades al empezar 
la guerra por ellos declarada. 

No obstante la natural, constante i empeque- 
ñecida resistencia que a cada una de sus resolu- 
ciones de cierto aliento i alcance ponia la \('olun- 
tad del presidente de la República, para quien la 
declaración de guerra habia sido un ardid ajeno i 
la guerra misma una pesadilla de hombre despier- 
to, empujaron el carro de fuego de la campana, 
convertido en vehiculo de pértigo, cuanto fué da- 
ble a sus escasas fuerzas, i solo se rindieron me- 
dio a medio del pantano*. 

Después de las funestas vacilaciones, o mas 
bien, de la abdicación de sus puestos en todo lo 
que corrió de marzo, declararon en efecto el señor 
Prats i sus honorables colegas con cierta apara- 
tosa enerjia la guerra i presentaron al Congreso 



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— 624 — 

algunos proyectos que honraban altamente su de- 
sinterés personal i el del jefe del Estado., Merece 
señalada mención entre éstos el que descontaba 
una parte considerable del sueldo de los emplea- 
dos públicos en escala ascendente, entre los dig- 
natarios de la república. Mas, como tratárase de 
un asunto de patriotismo práctico, ese proyecto 
que habria ahorrado al país algunos de los millo- 
nes que ha necesitado prodigar mas tarde, quedó 
relegado a la cartera del Senado, asiento de mu- 
chos de aquellos dignatarios. 

En el ramo de Hacienda corrió mejor fortuna 
un proyecto de arreglo con los tenedores de la 
deuda interna, para lo cual autorizóse ampliamen- 
te al gobierno. 



XI. 



No nos es dable decir otro tanto del malhada- 
do plan de hostilizar al enemigo declarando la 
interdicion comercial de nuestro pais con los 
puertos de que sacaba aquel su vida cuotidiana, 
matando así con la sola plumada de inconsulto de- 
creto, mil pequeñas industrias, que formaban e 1 
sustento de ciertas poblaciones, i el activro comer- 
cio de nuestros puertos subalternos. — El comercio 
de Chile con el Perú en el año precedente habia 
estado representado por 5.541,741 pesos, de los 
cuales cerca de cinco millones (4.947,623 $) co- 



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— 625 — 

rtespondian a la esportacion de frutos nacionales 
i solo lina fracción (404,018 $) a mercaderías na- 
cionales. I fué todo esto lo que, obedeciendo a 
tin falso miraje de apremio que en la presente 
edad del telégrafo i del acarreo a vapor no tie- 
ne raíon de ser, eliminó de la vitalidad de la 
Bepública el decreto de interdicción del 7 de 
abril, que con anuencia de sus colegas, suscribió el 
señor Zegers, ejecutando de motu propio lo que 
era esclüsiva incumbencia del enemigo. I así 
aconteciaque mientras dedicábamos toda nuestra 
flota a bloquear un solo puerto mercantil del Pe- 
rú, bloqueábamos toda nuestra costa con una tira 
de papel (1). 

XIL 

Tomáronse en el servicio de la guen-a desde los 
últimos días de marzo algunas medidas de impor- 
tancia, sí bien de morosa ejecución. Los cinco 
cuerpos de infantería del ejército de línea fueron 



(1) Pablicamos en los anexos de este capítulo el decreto del 
7 de abril, decreto que por otra parte no dio ningún resultado 
práctico, jorque los negociantes i abastecedores del Perú envia- 
ban sos cargamentos a Guayaquil, i allí eran trasbordados a ios 
puertos del Perú. 

Ademas, este país, gracias al telégrafo, comenzó a recibir en 
breve cargamentos de trigo, harina í otros cereales no solo de Gdr 
lifomia sino de Australia. 

HIST. DE LA C. DE T. 79 



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— 626 — 

elevados a rejimientos, consultando así la econo- 
mía en las planas mayores de cada uno de ellos 
(marzo 26); mandóse formar una brigada de arti- 
llería en Antofagasta bajo la base de la 2'* com- 
pañía de la 2.* batería del rejimiento existente en 
la capital, i púsose aquella fuerza, que en seguida 
seria elevada a batallón i mas tarde a rejimiento, 
bajo las órdenes del acreditado comandante don 
José Velazquez. 

Aceptó asimismo el gobierno el ofrecimiento de 
las municipalidades de Valparaiso i Sapjtiago pa- 
ra movilizar los cuerpos de policía de ambas 
ciudades (6 i 12 de abril), i ese fué el oríjen de 
los bien reputados batallones que militan en el 
norte con las denominaciones de Valparaiso i 
Búlnes. 

Una de las brigadas cívicas de Santiago fué 
elevada juntamente a batallón movilizado con el 
título de Chacabuco; i al mismo tiempo que se 
declaraban en estado de asamblea las provincias 
litorales de la República i el departamento de 
colonización de Angol, hacíanse considerables pe- 
didos de armas i municiones a Europa, por me- 
-dio del telégrafo, este gran abaratador de nues- 
tros mercados porque abrevia el tiempo que es el 
capital mas valioso de los pueblos, especialmente 
«en épocas de guerra. 

Acordábase juntamente con estas resoluciones 
i desde los piíuieros dias de marzo el acuartela- 



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— 627 — 

miento de la guardia cívica licenciada, i si bien en 
esa medida metió mano culpable alguna vez la 
política electoral, como púsose de manifiesto en la 
designación i destitución casi instantánea del co- 
mandante del batallón cívico de Curicó, don Pe- 
dro Alesandri, no dejó por esto de ser aquélla ima 
medida oportuna, como lo fué, después de invero- 
símil perplejidad, el embargo de ciertos pertre- 
chos de guerra que existían en la Aduana de Val- 
paraiso i eran reconocidos públicamente como de 
propiedad del gobierno del Perú i del pretendien- 
te Piérola (1). 



(1) Este valioso continjente de guerra mandado decomisar 
solo el 12 o 13 de abril, faé enviado a Santiago el 14 i se com- 
ponia de los artículos siguientes, contenidos en 407 cajones, 

940 fusiles Chassepot, 500 id. Minié, 1,000 fornituras, i, 000. 
mochilas, 1,000 sacos de tela, 1,000 gamelas de lata, l,O00scin- 
tnrones, 1,000 correas, 1,000 kepies i 1,000 caramayolas,. 1,000 
charreteras i 1,000 capotes, 400 charreteras, 100,000 1)otones 
para uniformes, 360 chaquetas de paño, 140 id. id., 432 cascos 
negros, 68 id. id., 50 id. id., 600 correas porta-fusiles,. 400 capo- 
tes de paño, 34 id. id., 16 id. id., 1 ametralladora, 60. cajones de 
tiros para la misma. 

En cuanto al acuartelamiento de los batallones ci vicos, hé 
aquí los nombramientos de comandante que se hicieron a princi- 
pios de marzo. 

BataUon de Copiapó. — Mayor interino al teniente coronel 
graduado don Juan Martinez. 

BataUon de la Serena. — Teniente coronel comandante a don 
Antonio Alfonso i ayudante en comisión al capitán graduado 



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— 628 — 



XIIL 



Ejecutábase todo esto, sia embargo, con cierta 
estudiosa calma, augur de los tiempos venideros, 
que comenzaba a caracterizar la guerra, desde su 
oríjen, con su sello mas funesto: — la tardanza en 
todo. La mayor parte de las resoluciones que- 



señor José Zarate. 

Batallón de San Felipe. — ^Teniente coronel oomandante al se* 
flor Guillermo Blest Gana í mayor interino al sarjento mayor 
don Victorino Valdivieso. 

Ayudante en comisión al capitán graduado don Abelardo Ur- 
cullo. 

Batallón de Curicó. — ^Teniente coronel comandante al señor 
Pedro Alesandrí i mayor interino al saijento mayor don José 
Antonio Gutiérrez. 

Batallón de San Fernando. — ^Teniente coronel comandante al 
señor Manuel J. Sóffia. 

Batallón de Talca. — ^Teniente coronel comandante al seQor 
José Ignacio Vergara. 

Batallón de Linares. — ^Teniente coronel oomandante al señor 
José Vicente Benavente, mayor interino al señor Eulojio Ro- 
bles i ayudante al teniente graduado señor Pedro Herreros. 

Batallón de Ooneepcion." Teniente coronel comandante al se- 
ñor Víctor Lamas i ayudante interino al capitán graduado señor 
Antonio Monsalvez. 

Batallón de Catuquenes. — Mayor interino al capitán del Esta- 
do Mayor de plaza señor Nicolás González Arteaga. 

Batallón de Chillan. — Mayor interino al señor Enrique Coke, 
ayudante al teniente graduado señor Alfonso Arredondo. 



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— «29 — 

daban en el papel o a medio hacer, llevándose las 
contemporizaciones a un grado increible de tole- 
rancia i apocamiento. 

En Valparaiso, al menos, siendo la ciudad mas 
volcánica i activa de la Kepública, hízose cues- 
tión de largos recados el desolojo de un cuartel 
para los batallones llamados allí a las armas. I 
esto, i el tenor de todas las operaciones relativas 
a la guerra, fué lo que arrancó a uno de los miem- 
bros del Senado en su primera sesión del 21 de 
marzo la protesta de inercia i de culpa que en 
otra pajina dejamos recordada por estenso. — «He- 
mos visto, esolamó en esa ocasión aquel represen- 
tante del pueblo, hemos visto infinidad de decre- 
tos organizando cuerpos de la Guardia Nacional; 
i si en todas partes acontece lo que en la entu- 
siasta i varonil ciudad de Valparaiso de cuyo se- 
no vengo, no debemos esperar que esas fuerzas 
estén en pié de servicio durante mucho tiempo. 
Hace mas de veinte días que se nombraron los 
comandantes de esos cuerpos, i todavía el señor 
intendente de Valparaiso está en dimes i diretes, 
con la directora de un colejio de ninas, para esta- 
blecer en sus claustros el cuartel de uno de esos 
cuerpos. 

:DSeñor, no quiero hacer comentarios sobre es- 
tos hechos verdaderamente inverosímiles; pero los 
grandes hombres que nos dieron patria, desaloja- 
ron a Dios i a sus ministros de sus altares para 



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— 630 — 

convertir los templos en salas de armas o en hos- 
pitales de sangre i los claustros en cuartele8.i> 

XIV. 

Mas uno de los actos de mayor error i de mas 
vital responsabilidad del ministerio derribado por 
su propio peso, mas que por el empuje de ad- 
versarios, en el mes de abril, fué la desigaacioa 
de jeneral en jefe en un militar de evidentes mé- « 
ritos i antecedentes, pero al cual su avanzada edad 
impediría prestar a la guerra que se emprendía 
el mas importante i mas poderoso de sus elemen- 
tos: — ^la celeridad, la enerjía i la acción. I como si 
este funesto error que el tiempo se encargó de 
justificar no fnera suficiente, espidiéronse títulos 
en el mismo dia (abril 8) de jenerales de batalla, 
conforme a la antigua táctica en desuso, a los dos 
brillantes jefes que el jeneral Arteaga deberla te- 
ner mas tarde como sucesores, uno en pos de otro. 
El jeneral Escala fué nombrado comandante je- 
neral de infantería i el jeneral Baquedano coman- 
dante de caballería, creando así dos entidades 
embarazosas i casi contendientes en el mecanismo 
del ejército, en lugar de confiar a cada uno de 
ellos la organización de una división completa i 
capaz de tomar el campo desde el dia mismo de 
su desembarco en territorio enemigo. 

En lo que queda por narrarse de esta historia, 



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— 631 — 

que es lo principal, habrá de verse unas tras otras 
las consecuencias de estas faltas, que habrian sido 
de mucho mayor nota en la organización del ejér-. 
cito de tierra, si en la marina no hubiesen tenido 
lugar disposiciones de mucho mas grave, absurdo 
i casi inverosímil significado. 

Habrá comprendido el lector que nos referimos 
al funesto bloqueo de Iquique ordenado o aproba- 
do por el gabinete que dejó el poder en abril i ra- 
tificado por el que heredó sus faltas. Pero a asun- 
to de tan señalada gravedad habremos de consa- 
grar reseña separada. 



ANEXOS AL CAPITULO XX. 
I. 

ritOYECTO DE ACUERDO PRESENTADO A LA CÁMARA DE DIPUTADO* POR 

l*ON AMBROSIO MONTT KL 25 DK MARZO DB 1879, SOLICITANDO 

LA caída del ministerio. 

T^a Cámara de diputados, deliberando sobre el mensaje presen- 
tado por el ejecativo para dar al gobierno los medios de sostener 
con eficacia los derechos i los intereses de la República, deseo- 
Qocidoi i iiostilizados injustamente por el gobierno de Bolivia, 

Teniendo presente: 

Que el ministro de Relaciones Esteriores ha declarado la ca- 
ducidad de los tratados vijentes con la República do Bolivia, 
reiviudicaado en nombre de Chile los territorios comprendidos 



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— 632 — 

entre los paralelos 23 i 24, en las zonas en qile ambas Bepúbli* 
cas deslindan con la Confederación Arjentina. 

Qae esta declaración del Ministerio de Relaciones EsterioreSi 
seguida de la inmediata ocupación de los territorios reivindica- 
dos, i puesta solemnemente en conocihiiento del cuerpo diplo- 
mático estranjero, es un acto de gaerra por su naturaleza í se- 
gún los principios i las prácticas del derecho internacional; 

Que ni la declaración individual del Ministro de Relaciones 
Esteriores, ni la colectiva del gobierno por el órgano del Presi- 
dente de la República i de sus secretarios de Estado, bastan 
para constituir en Chile un estado legal i regular de guerra; 

Que el Presidente de la Repáblica no puede daclarar la gue- 
rra ni ejecutar actos hostiles i de carácter equivalente, sin el 
consentimiento previo i la aprobación espresa del Congreso Na- 
cional, conforme a lo dispuesto en el inciso 18 del artículo 82 
de la Constitución del Estado; 

Que los ministros de Relaciones Esteriores i de Guerra, al 
tomar sobre sí la responsabilidad de estas medidas i del olvido 
de las prerogativas del Congreso, no. las han atenuado por la 
prosecución pronta, activa i eficaz do las hostilidades, ni han 
desplegado hasta el presente el vigor i eperjía que reclaman el 
honor i la defensa de la República, i la situación azarosa que 
ellos mismos la han creado sin consultar a los representantes del 
pueblo; 

Que la opinión unánime del pueblo, así como el supremo in- 
terés de la honra i de la integridad de la República, exijen loa 
mayores esfuerzos de patriotismo i de abnegacian a fin de llegar 
a una paz honrosa por la dirección intelyente, acertada i unifor- 
me de las operaciones de la guerra i de las negociaciones da 
nuestra diplomacia: 

La Cámara de Diputados acuerda la siguiente declaración: 

Que, en cumplimiento de sus deberes constitucionales e inter- 
pretando los sentimientos de patriotismo del pueblo, aprueba i 
ratifica los actos de guerra ejecutados por el gobierno, i dará su 
amplia cooperación a los proyectos que tiendan a la defensa 



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— 633 — 

eficaz del honor i de los intereses nacionales; en la confianza de 
qne el Presidente de la República consulte la opinión pública, 
llame a su consejo a los ciudadanos mas distinguidos por su 
probidad, desprendimiento e intelijencia, i que escite a la abne- 
gación i al sacrificio fuera de Chile por el respeto del derecho i 
délas libertades públicas dentro del país. 
Santiago, marzo 25 de 1879. 

Ambrosio Monttj 
Diputado por Chillan. 



11. 



DEOLARACION DK aU£BRA A LOS GOBIERNOS OB BOUVlA. 
I DEL PERÚ. 

(BANDO). 
ZBKOM FRBIRB INTENDENTE DE LA PROVINCIA DE SANTIAGO. 

Por cuanso S. E. el Presidente de la República me comunica 
el siguiente supremo decreto espedido con fecha de hoi: 

«En virtud de la facultad que me confiere el núm. 18 del art. 
82 de la Constitución del Estado i la loi del 3 del presente^ he 
acordado i decreto: 

:íEI Gobierno de Chile declara la guerra al gobierno de Soli- 
via. 

:bEl ministro del Interior hará llegar esta declaración a noti- 
cia de los ciudadanos de la República^ mandándolo publicar con 
la solemnidad debida. 

»Dado en Santiago el dia 5 de abril de 1879. — Pinto. — Beli^ 
sarioPrats. — Aleiandro Fierro. — Joaquín Blest Gana.^ Julio 
Zegers. — Cornelio Saaveclra.y> 

Por tanto, i para que llegue a conücimietito de todos, públí- 
quese por bando i archívese. 

IIIST. DE LA C DE T. 80 



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I 



— 634 — 

Bala de mí despaoho^ a cinco días del mes de abril de mil 
ochocientos setenta i nneve. 

Zenon Fbeire. 

Ramón San Martin. 



ZEKOM FBEIRE, INTENDENTE DE LA PROVINCIA DB SANTIAGO 

Por cuanto S. E. el Presidente de la República me comunica 
€l siguiente supremo decreto espedido con fecha de hoi: 

<cEn yirtud de la facultad que me confiere el núm. 18 del art. 
•82 de la Constitución del Estado i la lei de 3 del presente, he 
acordado i decreto: 

El gobierno de Chile declara la guerra al gobierno del Pera. 

El Ministro de Relaciones Esteriores comunicará a las nacio- 
nes-amigas esta declaración, esponiéndoles los justos motivos 
de la guerra; i el Ministro del Interior la hará llegar a conoci- 
miento de los ciudadanos de la República^ mandándola publicar 
con toda la solemnidad debida. 

Dado en Santiago el dia 5 de abril de 1879.— FiiíTO.— J?^/í- 
aario Prats. — Alejandro Fierro. — Joaquín Blets Oana, — Julio 
Zegers, — Oernelio Saavedra.y> 

Por tanto, i para que llegue a conocimiento de todos, publí- 
quese por bando i archívese. 

Sala de mi despacho, a cinco días del mes de abril de mil 
-ochocientos setenta i nueve. 

2enon Freiré. 

Ramón San Martin. 



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— 635 — 

m. 

DBCRSTODE INTERDIOION OOMBRCIAL DEL 7 DE ABRIL DE 1879. 
MINISTERIO DE HACIENDA. 

Santiago, abril 7 de 1879. 
Considerando: 

1.^ Qae el estado de guerra pone término a toda relación oo* 
mercial en las naciones belijerantes i autoriza para adoptar to- 
das aquellas medidas conducentes o necesarias a la deftnsa de 
la nación i de sus intereses; 

2.^ Que ese mismo estado autoriza para dictar «todas Ia0 pro- 
videncias que tiendan a debilitar las fuerzas del enemigo^ pri- 
vándole de los artículos necesarios a su consumo, de los mediog 
indispensables para la reparación de sus pérdidas i el sosteni- 
miento de sus fuerzas; 

3.° Que la proximidad i facilidad de comunicación que existe 
entre ios paises belijerantes, hace mas imperiosa la adopción de 
medidas eficaces; 

En uso de las facultades que me confieren las leyes de 3 i 4 
del actual, he acordado i decreto: 

Art. 1.^ Queda cortada toda comunicación comercial de la 
República de Chile con las Solivia i del Perú. 

Art. 2.® Las aduanas de la república prohibirán la esportacion 
de víveres, provisiones de boca, cereales i demás artículos de 
consumo de cualquier especie, sea que vayan destinado a puer- 
tos nacionales o neutrales, si los interesados no rinden previa- 
mente una fianza que equivalga al valor del cargamento, en 
garantía de que no se desembacará ni trasbordará en puerto 
alguno enemigo, ni en lugares ocupados por su escuadra. 

Esta fianza será calificada por el jefe de la aduana del puerto 
de salida i no podrá ser cancelada sino en vista de un certifica- 
do espedido por las autoridades respectivas del puerto de de- 
dembarque. 



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— 686 — 

Este certificado llevará el visto-bueno del cónsul de Chile o 
de una nación amiga, cuando el cargamento vaya destinado a 
puerto neutral. 

Art ZJ* La esportacion de efectos destinados al servicio de 
la marina, de pertrechos e instrumentos de guerra, caballos i 
monturas, carbón de piedra nacional i estranjero i otros combus- 
tibles i, en jeneral, de todo artículo de contrabando de guerra, 
quedará sometida a las mismas seguridades i formalidades que 
establece el artículo 1.® del presente decreto, i deberá garantir- 
se con fianza por una suma igual al duplo del valor del carga- 
mento. 

Art. 4.^ La fianza se hará efectiva en el término de tres nie- 
ges, tratándose de puertos de Chile; de seis, si el cargamento se 
destina a puertos de la América del Sur, i de doce si se dirije a 
otros. 

Tómese razón, comuniqúese i publíquese. 

Pinto. 

Julio Zegers. 



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CAPITULO XXI. 



LA PRIMERA FAZ DEL BLOQUEO DE IQUIQUE. 

¿Debió ser el Callao o debió s^r Iqaiqne el objetivo de las operaciones 
navales de Chile?— Importancia de caracterizar la gnerra en sn inicia- 
tiva.-^IiO que signiñcó la presencia del señor Sotomayor en la escua- 
dra. — ^Plan del almirante Williams para obligar a los peruanos a pre- 
sentar batalla, i error lamentable que padece. —Fuerzas comparativas 
de las dos esouadras.-'£l bloqueo de Iquique.— El Blanco se dirijo al 
Bur, destruje a Huanillos i Pabellón de Pica i regresa a Pisagua, cuyo 
puerto bombardea el 18 de abril.— Parte; oficial e inédito de este hecho 
de armas i desgracias que causa.-^El capitán de altos Manzel.— El Có- 
cktane se dirije al norte i bombardea a Moliendo en el mismo dia en 
que el Blemeo bombardea a Pisagua.— Entra a Arica el 20 de abril, da 
su costado a los fae?tes en comienzo, pero no los ataca.— Orden supre- 
ma para no eompréméter los blindados.— Comienza el tedio del bloqueo 
i la ratina de sus opera<Hones.-*La O^Higgma bombardea la caleta de 
Mejillones el l.^ de mayo. 

«En Pisagua, en los momentos del incendio 
causado por la escuadra chilena, fueron arro- 
jados a las llamas dos chilenos pillados a lazo, 
que perecieron en el fuego,^ 

(lioticias telegráficas del bombardeo de Pi- 
sagua ejecutado por el Blanco i la Chacabuco el 
18 de abril de 1879). 

cRechaza a los desgraciados chilenos el mui 
distinguido peruano Gaspar üreta con 20 jen- 
darmes i el mui valiente i patriota peruano 
don M. T. Zabala, que aun cuando se le incen- 
diaba la casa, prefirió alentar la tropa». 

(Pai-te oficial peruano del bombardeo de Pi- 
sagua). 



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— 638 — 



Si habia una operación naval claramente indi- 
cada por lo situación, por la historia, por Ib^ sen- 
satez práctica del vulgo, al estallar en los pri- 
meros dias de abril la guerra con el Perú que pu- 
do i debió anticiparse por parte de Chile al menos 
un mes, era el bloqueo o ataque del Oallao, porque 
esa empresa equivalía o a un pronto i decisivo 
combate o al bloqueo de hecho de todos los puer- 
tos del Perú, desde Paita a Iquique. 

Era ese al menos el sendero que nos habian de- 
jado trazado como una estela luminosa en las 
aguas del Pacífico, todas nuestras campañas feli- 
ces i anteriores, desde Cochrane a Blanco i desde 
Brown a Simpson i a Postigo. 

I esa era al propio tiempo, la operación de gue- 
rra que mas temian nuestros enemigos, cuyas for- 
talezas estaban desarboladass por la incuria i cu- 
yos buques habian sido privados, por el fraude 
consuetudinario de los arsenales, de sus principa- 
les elementos de movilidad i aun de armamento. 



II. 



Por otra parte, esa medida que habria vigori- 
zado el corazón del país poniendo sus armas a la 
altura de sus resoluciones, habria sido una opor- 



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— 639 — 

tuna i valerosa caracterización inicial de la cam- 
paña que hemos emprendido, no para vivir duran- 
te años en estado de guerra i de victorias, a ejem- 
plo de los salvajes, sino para obtener una paz 
pronta, segura i reparadora de sacrificios: al paso 
que detenido el brazo i el cañón en el primer 
arranque, la campaña se convirtió en el mar, de 
pez alíjero, en cetáceo; i de aquí la situación que 
todos loa chilenos de seso i corazón, junto con la 
América i el mundo, deploran. 



III. 



Háse dado de esto por disculpa, i aun ello ale- 
góse desde temprano, que el gobierno habia deja- 
do arbitro al almirante ' Williams de marchar di- 
rectamente al Callao desde Antofagasta o elejir a 
su albedrío el j enero de hostilidades que mejor 
cuadi-ase a su ánimo guerrero i de marino esperi- 
mentado. 

Pero tal alegación no pierde ante la historia su 
carácter de escusa, porque el primer deber de un 
gobierno que emprende una guerra, en que van 
embarcados juntos el honor i la fortuna de una 
nación, es concebir un plan, i su segundo i mas 
perentorio deber es mandar ejecutarlo. 

De suerte que al delegar sus atribuciones en 
un jefe, por sólido que fuera el prestijio del últi- 
mo, i al no señalarle un rumbo fijo, el gobierno 



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— 640 — 

confiaba a los azares de una voluntad subalterna, 
tan variable como el elemento en que iba a ejer- 
citarse, lo que era la mas alta i la mas trascea- 
dental incumbencia de su responsabilidad su- 
prema. 



IV. 



Mas, a la vez que se aducia haberse dejado al 
almirante Williams Rebolledo la mas plena liber- 
tad de acción, enviábasele sin hfiberlo él pedido ni 
insinuado siquiera, un asesor civil del cual ^e de- 
cia que tenia por única misión encadenar a una 
coyunda de prudencia los brios naturales del cau- 
dillo de nuestras naves. 

¿Dónde estaba entonces la libertad de acción? 

¿Dónde el libre alberio en la elección de plan 
de operaciones? 

¿Dónde la responsabilidad eficaz, deslindada i 
verdadera? 



V. 



No es dable todavía pronuncior juicio definiti- 
vo sobre estas vaguedades nebulosas que oculta- 
ron en las primeras horas de la contienda el claro 
itinerario de nuestras quillas, porque aun no han 
hablado ni el acusador que fué forzosamente el 
asesor civil, ni el reo que aparece hasta hoi solo 



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— 641 -^ 

como su víctima, ni el fiscal mismo que no se ha 
atrevido a ser juez contr» uno i otro: el gobier- 
no. Pero el hecho fatal i notorio fué que habién- 
dose embarcado a bordo del SlfirifCO Encalada en 
la bahía de Antofagasta, al caer la noche del 2 
de abril, el distinguido caballero i buen patriota 
don Rafael Sotomayor, la escuadra hizo run>bo en 
la noche siguiente hacia el puerto comercial 4^ 
Iquique, i alli enclavóse como convoi de carretas 
pegado en un pantano, durante los ciento i veinte 
dias corridos desde él 6 de abril al 5 de agosto de 
1879 (1). 



(1) Üstando esta pajina én prueba ha sido comunicada la 
inesperada i fatal noticia del fallecimiento del sellor SotomayDr 
ocurrido en Yaras el 20 de mayo. No ha llegado todavía el nw>-' 
mentó de juzgar históricamente a este hombre que su patriotis- 
mo i su fin glorioso hacen ilustre. Pero ello no alterará nuestros 
juicios sobre su presencia no solicitada en la escaadra que he- 
mos creido siempre adversa al manejo i suerte de ésta. 

Por lo demaS; la precipitación i el misterio de la salida de la 
escuadra hizo creer a muchos que se tratataba, no de on simple, 
fácil e inglorioso bloqueo sino de una audaz operación de mar. — 
En una correspondencia dirijida al Mercurio i datada en Anto- 
fagasta el 4 de abril se anunciaba la partida de la escuadra en 
los términos siguientes: 

«Parece que en la noche recibieron repentinamente orden de 
ponerse en marcha; nadie a bordo sospechaba en ei dia que la 
partida estuviese tftn cercana, i se cree que a última hora recibió 
el almirante alguna noticia que le obligó a ponetse desde luego 
en movimiento; esto se corrobora mas aun con las circunstancias 
de que el Matías CousiñOy que habia llegado con un gran car- 

• HIST. DB LA O. DR T. 81 



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642 — 



VI 



Tenia este procedimiento un vicio de oríjen que 
ponia de manifiesto su inutilidad estratéjica i su 
falta política, porque habíase atribuido por los ad- 
versarios de Chile a su gobierno un propósito de 
codicia en aquella guerra, que en las entrañas del 
pueblo arrancaba de tan nobles móviles; i era 
precisamente caso de temeridad i de jactancia ir 
a poner voluntariamente el rostro i la espalda al 
cartel de infamia que aquella menguada voz nos 
atribuía. De aquí el triste nombre de bautizo que 
dióse a iftia campana que, inspirada por otros 
arranques, habria tenido desde la primera hora 
los terribles pero depuradores reflejos del cañón. 
Necesitóse en hora oportuna la sangre de hombres 
eoBio el capitán Prat i el teniente Serrano para 



gamento para la 6souadra> ao alcanzó a trasbordar ni la tercera 
parte, i una barca británica, fletada con ese objeto, que el Tal- 
ten había encontrado el día anterior i traído a este puerto, no 
tavo tijempo de descar^^ar ni una lanchada de su cargamento. 

^Ademas, el Tolten, que había sido enviado a Cobija para- 
traer de allí uaos seseuta hombres que se necesitaban pa- 
ra reforzar las guarniciones de los buques de la escuadra, aun-» 
que encontró a ésta cuando iba saliendo del puerto no trasbor- 
dó a ellos las tropas, sino que se le hicieron señales de que 
siguiera su rumbo a Antofagasta, donde ha echado a la tropa 
en tierra.» 



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— 648 — 

lavar la afretita orijinaria de ^se nfombre i su bob* 
pecha, — La guerra del salitre. 

VII. 

Cierto es que el almirante Williams asesorado 
desde su primera salida por su consejero laico, 
enviado por el gobierno desde la Moneda, dio $» 
sus primeras operaciones de bloqueo i destrucción 
de los puertos i caletas que eran el objetivo pre- 
sente i el resarcimiento futuro de nuestra campaba 
de agresión, la razón de un reto, por cuanto pro- 
poníase, mediante esos apremios, hacer salir a los 
marinos del Perú del reparo del Callao i presen- 
tarle pronta i jeneral batalla. 

Pero en cálculo' semejante prevalecia la pueri- 
lidad sobre la intrepidez, porque las naciones no 
arriesgan su suerte a un arrebato como el jugador 
que copa la carta de su desesperación o de su 
desquite. Para que tales miras hubieran sido acep-^ 
tables habría sido preciso determinar antes el 
hecho de si la escuadra del Períi se hallaba o no 
en condiciones de batirse con la nuestra; i como 
era evidente i constaba hasta a los jornaleros de 
nuestras playas que tal ni con mucho era el caso, 
sucedería, como en efecto aconteció, que la escua- 
dra peruana continuó tranquilamente sus apres- 
tos hasta que se creyó en actitud de intentar un 
golpe de mano como el que de hecho ^levó a ca- 



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— 644 — 

bo en Iquiqüe el 21 de mayo contra dos pequeñas 
naves de la Kepública allí dejadas mu más guarda 
que la del heroísmo (1), 

VIII. 

Bajo tan deplorables i tan ingloriosos auspicios 
inauguróle el bloqueo de Iquique por la poderosa 
escuadra de Chile al dia siguiente de la declara- 
ción de guerra, i es preciso confesar, por doloroso 
que ello sea, qtie sus operaciones subsiguientes en 
aquella costa se resintieron de los inconvenientes 
de su falso punto de partida. 



IX. 



Referimos ya el viaje d$l Cochrane i de 1 Ma- 
gallanes a Antofagasta, una semana escasa des- 
pués de su partida de ese puerto, i nunca hemos 
encontrado solución satisfactoria para aque^.o. 



(1) ííósotros publicamos en La Patria de Valparaíso el 17 
de marzo de 1877, ud estado comparativo de las fuerzas navales 
de los dos países ea qne la inferioridad de la escuadra peruana^ 
aun considerándola en estado de hacerse desde luego ai mar, 
era tan evidente como una simple demostración matemática. Los 
que deseen' refrescar o corroborar esos datos pueden encon- 
trarlos en el* documento núm. 9 del Apéndice de Las dos Esme- 
raldas. 



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— 646 — 

operación de retrogradacion que estuvo al costar- 
nos la pérdida de un escelente buque. 

Pero en la misma noche en que el biaarro co- 
mandante de la Magallanes^ milagrosamente sal- 
vada, daba cuenta a bordó del buque almirante 
de su encuentro (abril 12) ponia aquél proa al 
norte, i después de navegar toda la noche volvia 
desconcertado al surjidero. 

Dos dias después (abril 15), el almirante em- 
prendía viaje al sur dejando a la Esmeralda de 
centinela del puerto bloqueado, i encontrando a 
medio camino al Oockrane que regresaba a su 
turnó dé Antofagasta, daba Órdenes a su coman'* 
dante para seguir al norte hasta Moliendo. 

Fué ésta la triste e infructuosa cruzcula que dáó 
por único resultado el bombardeo de Moliendo, 
la destrucción de tres buques en su bahía, el aso- 
lamiento de las caletas de Huanillos i Pabellón 
de Pica, i por último, la devastación de Pisagua, 
ejecutada a metralla i a fiíego el 18 de abril, dia 
en que pereció por el interés de Junas pocas lan- 
chas, un capitán de altos de la Gkacahuco llama- 
do Manzel, primera víctima de la guerra en el 
ma:r. 

La destrucción de todos los elementos de em- 
barque de Pabellón de Pica i de Huanillos tuvo 
lugar el 16 de abril, mientras que el bombardeo 
de Moliendo i el de Pisagua, provocados uno i 
otro por las fuerzas de tierra, coincidieron el dia 



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~ 646 — 

18; i no tenemos embarazo alguno en declarar 
que ese jénero de operaciones traen a nuestro áni- 
mo tan mortal desgano, que preferimos dejar su 
narración a sus propios ejecutores en los docum.en- 
tos que bajo su firma publicamos entre los anexos. 
Nos bastará decir para los propósitos de la his- 
toria, que la obra de destrucción ejecutada en los 
territorios que hoi son nuestros, fué valorizada en 
dos o otres millones de pesos; que el número de 
víctimas hechas en Pisagua por el canon del Blan-^ 
co i de la Ghacabuco se hizo subir a once, contán- 
dose tres mujeres, un niño i un asiático muertos, 
un oficial i seis soldados del a:Ayacucho> heridos, 
i por último, que nuestros buques no sacaron mas 
averías de aquellos estériles cañoneos que la se- 
ñal de algunas balas en el casco de sus botes de 
desembarco (1). 



(1) Las desgracias caasad9.s por el bombardeo que dejamos 
apuntadas, constan del parte oficial de la jornada pasada al je- 
neral Buendia por el jefe de la columna Ayacucho, coronel don 
Agustín Moreno, documento que está datado así: Sobre las rui- 
nas del que/ué Pisagua, abril 19 de 1879. 

Este parte, que se conserva inédito entre los papeles del Es- 
tado Mayor peruano, es mui pomposo i dice que el bombardeo 
comenzó el 18 a Itts nueve de la mañana asín notlfiGacíon m 
tregua alguna.» Confiesa que la provocación vino de parte de 
los peruanos, porque se imajinaron que los chilenos iban a desem- 
barcar, i la tropa obró conforme a las instrucciones que se ha- 
bian espedido por el cuartel jeneral el 31 de marzo, esto es, de 
rechazar tal desembarco. Agrega que el contra-almirante Wi- 



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— 647 — 



X. 



El Cochrane, a su regreso pasó ademas delante 
de Arica, i aunque estuvo a un tercio de tiro de 
su famoso morro i le ccpreseutó el costadoD, no 
tuvo orden o no tuvo audacia suficiente, si bien era 
barata, para disparar sobre sus cañones desmon- 
tados o a medio montar, iniciando así lo que se ha 
llamado con propiedad el ce crimen militar :d de ha- 
ber permitido la fortificación de una plaza fuerte 
casi :nespugnable, mientras empleábamos nues- 
tros acorazados en quemar pescantes de huano i 
en tapar con compuertas de nueve pulgadas de 
blindaje la salida del salitre de Iquique i sus ca- 
letas. 

Pero afirmóse entonces que habia orden supre- 
ma^ si bien comunicada en carta particular, para 
que nuestros acorazados no se comprometiesen. ¿I 



llíams dejó el fondeadero a las 2.30 P. M. «avergonzado de sa 
hondo crimen i> i que pereció en las llamas una criatura tecien 
nacida, hija del administrador de la aduana don Tadeo Loaiza. 

Nada dice> sin embargo, de los dos chilenos que entonces se 
contó habian sido arrojados vivos a una pila de salitre ar- 
diendo. 

fil oficial herido llamábase Eusebio Coronado i era capitán 
graduado. Quedaron ademas heridos un italiano i un boliviano. 
Con esto las víctimas fueron cinco muertos i nueve heridos: to- 
tal catorce. 



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— 048 — 

era ésta, por ventura, la orden que mal su de gra- 
do i arrastrados a ingloriosa lid cumplían nues- 
tros marinos? 

¿I el apremio a los buques peruanos? 

«En cuanto a la escuadra peruana, escribía en 
su diario un intelijente escritor hospedado en el 
buque almirante, el dia 20 de abril, ya parece cosa 
decidida que no vendrá^ i es irvutil estarle dando 
humazos para ver que abandone su guarida i ven- 
ga a mantener esa tan decantada preponderada 
en el Pacífico, tan cacareada i proclamada por 
ellos. De seguro que nos veremos en la obligación 
de ir a buscarlos allá i de encontrar sacatrapos 
bastante poderosos para estraerlosD, 



XI. 



Reunidos otra vez los seis buques de la escua- 
dra el dia 21 de abril, continuó la vida de blo- 
queo con su sueño sobre los fuegos encendidos, sus 
disparos interminentes a la playa i la mugre que 
se pega en el casco de los buques, dejándolos in- 
móviles, junto con el tedio, orín moral, venenoso 
como el del cobre, que invade todos los cora- 
zones. 

En los dias 22 i 23 de abril, el libro de bitácora 
del buque almirante no señaló ninguna novedad 
digna de anotarse. 

El 24, la Magallanes^ emboscada en la isla de 



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— 649 — 

Iqiüique, disparó algunos cañonazos contra una 
de las máquinas de agua del puerto i arribó del 
sur el trasporte CopiapO conduciendo víveres 
carbón. 

El 25 los buques hicieron carbón. 

El 26 llegó el Paquete de Maule con víveres. 

El 27 los buques hicieron víveres. 

I así continuóse durante el primer mes del blo- 
queo sin que los buques peruanos dieran señal de 
venir a nuestro encuentro. 

Olvidábamos decir que, por vía de acabo de 
mes, se bombardeó el 1.*" de mayo la caleta hua- 
nera de Mejillones, de donde los soldados hicieron 
algunos disparos de rifle que fueron contestados 
con disparos de cañón, como en todas las ocasio- 
nes anteriores. 

XII. 

Tal fué la triste medida de guerra que se lla- 
mó el bloqueo de Iquique^ el cual, según unos, era 
a bordo de nuestros buques un desafio i según 
otros, en los salones de palacio la muerte por 
hambre del ejército peruano de Tarapacá i la 
muerte por huano del gobierno de Lima, reduci- 
do a la miseria i al motín. 

Mas adelante de esta relación habrá de llegar 
el momento de decir lo que eu realidad todo eso 
era, porque los hechos con su lojicai los desen- 

HIST. DE LA O. DE T. 8'? 



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— 650 — 

ganos con sus castigos habrían de traernos la re- 
velación de todas las faltas i de todas las insen- 
sateces cometidas. 



ANEXOS AL CAPITULO XXL 
I. 

KELACION DE LAS OPERACIONES DEL ACORAZADO «ALMIRANTR 

COCHBANE]) EN MOLLENDO I ARICA DESDE EL 15 AL 21 

DE ABRIL DE 1879. 

I. 

COMAKDANCIA DEL CALMIRANTE COCURANE». 

Señor almirante: 

Reunido a V, S. doi cuenta de mi comisión. 

Separado de V. S» el 15 a las 11.30 A. M., me dirijí en de- 
rechura, como me lo ordenó verbalmente, a Moliendo^ donde 
llegué el 17 a las 7.30 A. M., habiendo estado parado parte de 
la noche por no conocer el puerto i haber faltado el sol el dia 
anterior. 

Llegado al puerto noté cinco buques: una barca inglesa, otra 
francesa i tres nicaragüenses. La inglesa Olydevale, estaba de- 
flerabarcando carbón, i la francesa, Juana Luisa^ mercaderías 
surtidas, cada una con una lancha cargada al costaTlo. Notifica- 
das de que no podian continuar en esa operación, las lanchas se 
desatracaron para el desembarcadero, i entonces hice venir al 
costado í tomé a bordo sus cargas. Mientras tanto mandé tam- 
bién largar al garete las demás lanchasen número Je once. 



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— 651 — 

Al mismo tíempo í viendo que la barra era mui mala, siendo 
peligroso para los no conocedores de ella, qnise comunicar con 
la autoridad por medio del capitán del buque ingles, a quien 
mandé buscar a bordo, pero desgraciadamente ya se habia ido 
a tierra; así es que no pude mandar a tiempo la nota que ad- 
junto. 

Viendo que no se ^íonia resistencia a la destrucción de las 
lanchas, retiré la jente de sus cañones, dejándolos listo. Mas 
tarde, a las 12.30 P. M., se oyeron tiros de rifle que provenían 
de tierra i eran dirijidos a los botes mandados por los tenientes 
señores Matías López i Guillermo Aguayo. En el acto hioe to- 
car zafarrancho, dando principio al fuego por los cañones de a 
20 libras de cubierta, i luego después por los grandes, dirijienda 
los fuegos a los puntos donde se disparaba, que eran el muelle^ 
donde se habia puesto la bandera peruana, í otros puntos ri- 
beranos de la costa. A los veinte minutos, notando que habla 
cesado el fuego de tierra i sabiendo que casi toda la propiedad 
era estranjera, mandé cesar el fuego, habiéndose disparado en 
todo once tirps. Según supe después, los perpetradores de este 
acto de locos, en número de 200 individuos, arrojaron sus armas^ 
i junto con las autoridades huyeron despavoridos dejando el 
pueblo indefenso por varias horas. Luego después envié una no^ 
ta al decano del cuerpo consular, notificándolo el bloqueo, i otra 
a la autoridad cuyas copias acompaño, por medio del vice-cónsul 
ingles, quien vino a bordo i me dio las gracias por mi modera- 
ción. Muchas balas de rifle alcanzaron también al buque. 

{iU seguida me ocupé en examinar los papeles de los demás 
buques, i encontré que uno, el de la Plaúay capitán Fredericksen, 
de nacionalidad nicarangüense, tenia a su bordo seiscientas tone- 
ladas de carbón de Carampangue, i otro, la barca Monroe^ 
capitán Matzen, también con bandera nicaragüense, estaba car- 
gada de víveres, la mayor parte a la orden, i habia sido enviada 
desde Valparaíso por la casa de N. N., a la que también perte- 
necia« El carbón i los víveres eran indudablemente contrabando 
de guerra, salo faltaba reconocer la lejitimidad de la bandera, 
i esperé hasta el día siguiente para decidir. A la tarde entró el 



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— 652 — 

vapor lio del sor i también recibí contestación de la autoridad 
de tierra, que acompaño. 

La noche pasó sin novedad, quedando los buques en bloqueo 
afuera. 

Al dia siguiente, i viendo que la barca inglesa Glyde Vale 
solo tenia treinta toneladas de carbón a bordo i necesitaba las- 
tre^ no se lo quité, i que las mercaderías de la francesa consis- 
tían en artículos de abarrote i de perfumería, tampoco la moles- 
té, peVo notifiqué a la Plata i a la Monroe que a la tarde las sa- 
carla afuera. 

A las 4 P. M., en unión de la Magallanes, sacamos los buques 
arriba mencionados hasta salir bien claros de la tierra. La Pla- 
ta no tenia sus papeles completos i decidí rellenar las carbone- 
ras con su carbón; pero teniéndola al costado en la noche, el 
capitán me pidió que lo tomara a bordo por estar su buque yén- 
dose a pique. Ya antes habla oído al carpintero de él decirle al 
capitán que la proa se sumerjia i habia prevenido a este último 
que si habia abierto espiche lo dejaría irse a pique con su ba- 
que. Mas tarde me dijo el capitán que hacia agua por golpes 
que habia recibido contra el Cockrane. Efestivamente, se le ha- 
bia roto la obra muerta; pero los fondos no se hablan dañado 
en nada. Recibidos los tripulantes a bordo, i viendo que demo- 
raba en sumerjirse i que quedaba de estorbo a la navegación 
lo hundí con el espolón. 

La cuestión del otro buque era mas seria, i en consulta con 
el comandante de la Magallanes i el segundo comandante de 
este blindado, acordamos dejarlo volver a Valparaíso bajo el 
mas solemne juramento de ir de la vuelta de afuera sin tocar 
en ninguna parte, lo que juró i firmó por duplicado, teniendo a 
bordo para ello de sobra víveres i aguada, como él mismo 
alegó. 

Mas tarde, a las 4.40 A. M., puse proa al SJO para alejanne 
de tierra. Al amanecer se avistó un buque por la proa, eiñendo 
de la vuelta de estribor, es decir, hacia tierra, viéndose la luí 
i-oja con viento S. O., i momentos después al divisarnos viró por 
redondo, cuya maniobra vi yo personalmente, poniéndose en se- 



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— 653 — 

guidá de la voelta de afaera. Luego después, Iiabiéadonos acer^ 
cado, vi que era la misma Monroe^ cuyo capitán, a pesar de su 
solemne juramento, estaba barloventando para tomar otra vez 
el puerto de Moliendo, como jo habia difundido la voz que me 
dirijia hada al Callao. Traido a bordo el capitaa, no tuvo nada 
qw alegar, i al contrario llorando temiendo que en castiga de su 
villania se le ofendiera. Teniendo que entrar a Arica de orden 
de Y. 8., i creyeuido poder encontrar alguno de loa buques ene- 
migos, lo que ma habría obligado a soltarlo eu caso de remol- 
carlo^ pues no habría podido demorarme para recojer la jente» 
me vi en la dolorosa precisión de destruirlo i lo incendié con 
granadas, maniobrando en rededor de él para ejercitar la jente. 

En s^uida hice i'umbo hacia Arica, i a las 3é30 A. Mé, del 
20, entre lio i morro Sama, avistamos un vapor, i dáodole 
caza resultó aer el vapor Jtatff^ oon el cual comuniqué i supe 
que a la Union i Pilcomayo las había encontrado a 60 millas al 
sor del Callao. A las 5.30 P. M. estuvimos a tiro de cafion de 
la batería del Morro, de 120 metros de altura áobreelmar, i 
^imoa montaba cinco cañones gruesos, tres de los cuales defien- 
den la bahía i dos miran hacia el O.; i entrando hasta (1,000 
metros) mil metros o cuarto tiro de ella, le presenté el cos- 
tado» como asimismo la. Magallanes que seguia mis aguas, i es- 
peramos hasta que cerró la noche sin que se nos ofendiera, a 
pesar de que el Morro dominaba nuestras cubiertas en un ángulo 
de 7 grados de presión. Al N. E. sabia que habia otra batería 
oculta que no se notó, pero en la isla Alacrán, que quedaba co- 
mo a 800 metros, se veia un parapeto de batería en construc- 
ción, pero ningún cañón. Al mismo tiempo pudimos reconocer 
que no habia ningún buque peruano i solo cinco mercantes es- 
tranjeros, entre ellos el del cable sub-marino. En cuanto a las 
lanchas, 'estaban en la playa. Concluido el reconocimiento, me 
diríjí al sur, i a las 8.30 A. M. de hoi llegamos a Pisagua. To- 
davía estaban humenando los escombros i luego supe por el se- 
ñor cónsul ingles que V. S. lo habia bombardeado. 

Encontrando aquí un buque ingles recién llegado con carbón, 
que por supuesto es en esta circunstancia contrabando de gue- 



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— 654 — 

rra, lo he tomado i traído a remolque con anaencia del cónsul 
ingles para que V. S. disponga lo conveniente. 

Acompaño a Y. S. los papeles del buque quemado í sumario 
correspondiente i los que tenia el con carbón, los partes de los 
tenientes segundos señores Guillermo Aguayo i M. López, otro 
del cirujano del buque sobre los heridos i las demás notas mea* 
donadas. 

En cuanto a la com portación de los oficiales í de la marinería 
que llevó a cabo la destrucción de las lanchas, debo decir que 
en jenetal se condujeron en los momentos críticos en que el 
agua hervía de balas alrededor da ellos, con aquella entereza 
que nunca abandoua el marino chileno. El teniente señor Agua- 
yo escapó milagrosamente con la pechera de la levita atravesa- 
da por una bala, í el teniente López que en ese momento re- 
molcaba una lancha con boza larga, ció atrás para recojer un 
marinero que había puesto en la lancha para gobernar. 

En conclusión, diré a V. S. que en Moliendo quedaron mil 
quinientos reclutas bolivianos sin armas ni uniforme esperando 
trasporte, i ademas, por varias fuentes supe que la Umony Pü- 
comayo i Chalaco habían ragresado al Callao. 

Finalmente, me hago un deber recomendar a Y. S. al bri- 
llante comandante de la corbeta Magallanes i a su dignísima 
oficialidad por su constantq cooperación durante este omcero* 

Es cuanto por ahora tengo que decir Y. S. 



Dios guí^rde a Y. S. 



Enrique M. Simpson. 



II. 

Valparaíso, 7 mayo de 1879. 

El comandante en jefe de la escuadra, en oficio fechado en 
Iquique el 2 del corriente rae dice lo que copio: 



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— 655 — 

T^Ke recibido las notas de esa comandancia jeneral con los 
núms. 699, 700, 703 i 704, de cuyo contenido quedo impuesto. 

3>En la noche del lunes 28 destaqué al blindado Almirante 
Cochrane i corhetBk O' fliggins con dirección a Pisagua i Meji- 
llones 4el Perú, con el objeto de destruir las lanchas que ahí 
hahia para impedir todo embarque i desembarque. Del resulta- 
do de aquella comisión se impondrá V. 8. por el parte del co- 
mandante Simpson que en copia acompaño a V. S. 

]>Esa misma noche, aunque mas tarde, zarpé con el buque de 
mi insignia i corbeta Magallanes hasta las aguas de Moliendo 
con el objeto de interceptar la marcha de trasportes peruanos 
que pudieran conducir tropa o víveres o elementos de guerra a 
los puertos al sur de aquél regresando a Iquique anoche a las 8 
P. M. sin haber encontrado en el trayecto recorrido ninguna em- 
barcación sospechosa. 

^Durante esta travesía la corbeta Esmeralda permaneció en 
Iquique manteniendo el bloqueo sin que ocurriera novedad. 

3)Ayer fondeó en este puerto el vapor Matías Catisiño condu- 
ciendo víveres i carbón para la escuadra, i en las primeras ho- 
ras de la mañana de hoi se ha dado principio al trasbordo. 

3^ A bordo no ocurre novedad; el estado sanitario de las tripu- 
ciones es bueno i se continúan practicando los ejercicios milita- 
res. 

]>Acompaño a Y. S. los estados de fuerza de los buques de la 
escuadra, correspondientes a la primera quincena del presente 
mes, con escepcion de la.corbeta Chacabtico, que aun no regresa 
de su comisión al sur.» 

Lo trascribo a V, S. para su conocimiento, acompañándole el 
parte a que se alude i advirtiéndole que en primera oportunidad 
se remitirá a ese ministerio copia de los estados de fuerza de que 
se trata, porque solo se ha enviado un ejemplar de cada buque. 

Dios guarde a V. S. 

E , Altamiraiio. 



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— 656 — 

III. 

Iquiguey mayo 1.** de 1879. 

Tengo el honor de dar cuenta a V. S. del resultado de la co- 
misión que V. S. se sirvió confiarme verbalmente en la tarde 
del 28 del presente mes. 

A las 12 M. del dia siguiente dejé esta rada en unión de la 
corbeta O^HigginSy haciendo rumbo a Písagua, a donde arriba- 
mos a las 7 A. M. del mismo dia. Inmediatamente me puse at 
habla con la autoridad militar del puerto, por intermedio del 
señor vice-cónsul de S. M. B., para notificarle que el objeto de 
mi viaje era el destruir todas las lanchas i embarcaciones me- 
nores surtas en la bahía, i que esperaba que no se me opusiera 
impedimento alguno por las fuerzas de tierra para evitar de esa 
manera la efusión innecesaria de sangre. A poco rato volvió el 
señor vice-cónsul a bordo i me dijo que habiendo hablado con 
la autoridad podia verificar la destrucción aludida, porque no 
se opondria de tierra la menor resistencia, salvo que se intenta- 
ra algún desembarco. 

En efecto, a las 12.40 P. M. del indicado dia, se dio principio 
a esa operación con las embarcaciones de este buque i las de la 
O'IRggins i se terminó a las 2.20 P. M. sin ser molestado en lo 
menor. . 

El niimero de lanchas i embarcaciones menores destruidas, 
ascendió a cuarenta i cuatro, pudiendo asegurar a V. S. que no 
quedó una sola en la bahía, siéndome también grato partí tipar 
a V. S. que, como dejo dicho, esta operación so llevó a cabo sin 
efusión de sangre, mediante la prudencia i buen juicio que pre- 
dominó en esta ocasión en las autoridades de tierra. 

Realizado ya mi objeto, dejé hoi el surjidero de Pisagua en 
unión de la corbeta O' Higgins a las 10 A. M., i cumpliendo tam- 
bién con las instrucciones de V. S., puse proa al sur para alcan- 
zar temprano a Mejillones del Pen\. 

Al enfrentar a ese puerto a la 1.30 P. M« hice señales a la 



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— 657 — 

G'HigginB para que lo reconociera, orJsní'i lole al mísrn6 tiem- 
po la destraccion de las lanchas que hubiese en la bahía. Mien- 
tras tanto me aguanté sobre la máiiuina a corta distancia del 
puerto. Estando las embarcaciones de la O* Uiggins ocupadas 
en esta faena, se empezó de tierra un nutrido fuego de fusilería 
sobre los tripulantes de dichas embarcacioneá, lo que me obligó 
entonces a tomar medidaá enérjicas, ordenando inmediatamente 
el bombardeo del pueblo e incendiando una buena parte del ca- 
serío. Tampoco dejó en este piíerto ninguna embarcación, porque 
se destruyeron todas antes i después del bombardeo. 

A las ,6.30 P. M. hicimos rumbo al sur para reunimos 
a V. S. 

Por último, acompaño a V". S. el parte que me ha pasado el 
cirujano del buque sobre dos accidentes casuales ocurridos a 
bordo en los momentos del bombardeo, debiendo prevenir a V. 
S. que milagrosamente escaparon de ser heridos o muertos to- 
dos los tripulantes de las embarcaciones de la C Higgim. 

Me hago, pues, un deber de recomendar a V. S. al señor co- 
mandante i oflciales de esa corbeta por su dignísima comporta* 
cion durante el crucero que acabamos de emprender. 

Eu conclusión diré a V. S., que anoche a las 10 P. M. arriba- 
mos a este puerto para reunimos a Y. S. i que no habiéndole 
encontrado aquí, decidí permanecer en bloqueo h^sta el regreso 
de V. S. efectuado esta noche a las 8.20 P. M. 

Dios guarde a V. S. 

'Enripie N, Simpscn. 



II. 



El BOMBARDEO DU PISAGUA ftSFfiaiDO POR EL CORRESPONSAL DE 
dKV MBRCÜRTÜP DON ELOI CABIBRES (TBSTIGU HIESBNCIAL). 

Fragmentos. 

Pero entonces sucedió una cosa inusitada e impretista. El 
enemigo, que por medio de un indigno ardid había atraído a 

HIST. DB LA C. DE T, 83 



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— 658 — 

núes ti as fuerzas, rompió de repente, a tiro de pistola, ua nutri- 
do fuego sobre los botes. Los soldados de tierra estaban parape- 
tados entre las gargantas de las peñas i en los lugares en qae 
flameaban las banderas neutrales^ i allí abrigados contra nues- 
tros fuegos, nos disparaban de mampuesto. 

Los botes, por su parte, contestaron inmediatamente los tiros 
i continuaron avanzando, apesar de que de todas las casas de 
de la ribera asomaban rifles i cabezas de soldados enemigos. 
Consumieron entre todos unos 2,500 a 3,000 cartuchos, i ha- 
brían agotado sus municiones i apoderádose de las. lanchas si 
desde el Blanco no se les hubiera puesto bandera de reunión. 
Eran las 10.45 de la mañana. 

£1 Blanco i la GAacabtico, sin consideración ninguna ya en 
vista de semejante felonía, abrieron al instante un nutrido ca- 
ñoneo sobre la población. Ün tiro de metralla, disparado desde 
el Blanco, que fué rozando el agua en todo su trayecto, estalló 
tras un morrito situado a la derecha del pueblo^ desde donde se 
habia estado haciendo un sostenido fuego contra los botes. Ape- 
nas cayó allí aquel aluvión de proyectiles, cesaron por completo 
los disparos. * 

Apenas estuvieron los .botes al abrigo de los disparos, rompió 
el Slanco EnQalada el fuego de cj^ñon sobre el enemigo para- 
petado en la playa, acercándose a tiro de rifle. Eran las 8.50 de 
la mañana. 

La Chacabuco hizo en seguida otro tanto, i pronto el terrible 
estampido de los grandes cañones principió a hacer temblar 
aquellas empinadas crestas, que parecían desplomarse sobre las 
cabezas de los defensores de Pisagua. 

A los primeros disparos fué echada abajo el asta de bandera 
en que flameaba el pendón peruano en un edificio que parecía 
ser la prefectura. Luego, sin embargo, fué izada de nuevo la 
bandera en medio del silbido de las balas, i allí permaneció. 

Las granadas i metralla que vomitaban los cañones de las 
naves chilenas principiaron pronto su obra de destrucción. Lue- 
go comenzó a arder una casita situada cerca de la plaza, i en 
esos momentos se veía a los habitantes correr desolados por las 



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^'659 — 

calles i dirijifse fuera de la población por el lado oeste, algttaos 
con atados de ropa acuestas, huyendo dé nuestras Tmlas. • 

üiía granada disparada en esos momentos por el cañón de a 
"150 de la Gkacabuco. estalló en la playa junto aun grupo de 
soldados que estaban allí atrincherados. Los destrozos fiíeron 
tremendos, í al instante aquella tropa emprendió a toda carrera 
la retirada i huyó a ocultarse tras un pequefto morro de piedras 
situado al oeste de la ciudad, con sus jefes a la cabeza. 

Otros disparos de la Chacabuco fueron tan certeros como aquél, 
i una de las granadas lanzadas por los grandes cafiones del 
Blanco hizo eaplosion sobre un apiñado montón de soldados fu- 
jitivos que trepaban la empinada cuesta, haciendo entre ellos un 
verdadero desparramo. 

En estos momentos se notó que en la plaza i en cinco o seis 
partes mas se arriaba la bandera peruana, i al ver esta &eñal de 
sumisión, se dio desde a bordo de la capitana la orden de «alto 
el fuego.i» Eran las 9.30 de la mañana. 

Allí, desde la co&s del Blanco, se divisaba a un fraile que, 
armado de bastón, animaba a los suyos con la presencia i con el 
jesto, blandiendo el palo a manera de tizona, i se conocia que los 
proclamaba i los alentaba en el combate. De cuando en cuando 
salia de detras del escondrijo, i con mucha pausa se paseaba a 
campo descubierto. Este valeroso fraile salió tb allí ileso, i debe 
haber sido capellán del batallón. 

La población, mientras tanto, era presa de las llamaíf. En cin- 
co o seis puntos distintos ardian como chicharrón las casas, i 
una brisita del oeste que principió a soplar en esos momentos 
vino a ayudar la obra de destrucción. 

En las calles se veia gran multitud de jen te huyendo despa- 
vorida del incendio, i de cuando en cuando algunos soldados su- 
bian por el camino del cerro trasportando en camilla a los heri- 
dos. 

Pronto las llamas se comunicaron a la igleáia i a algunos edi- 
ficios en que flameaba la bandera del ájente consular británico, 
que se encontraba en Iquique i que ese mismo día se dirijia a 
l^ísagua a bordo de la Felican, con la que nos cruzamos en el 



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camino a nuestro regreso. Todas sus habitaciones faeron devora- 
das por el. fuego, cosa sensible ciertamente, pero de 1^ cual debe 
bi^cerse responsable al en emigo, porque ala sombrado esa ban- 
dera habia apostado un fuerte destacamento de tropas que no ce«y 
saba de hacer fuego. 

Habiéndose incendiado poco después la Adnana, la casa de la 
sub-prefectura i los depósitos de salitre, el almiran^ hizo poner 
la señal de ^aJto el fuegQD. 

Eran las pnce 4& la paaQana* £1 cañoneo pausado i metódico 
solo ha^ift durado quince minutos* i podia decirse que Pisagqa 
entero, era ya presa de las llamas. 



iii. 

LA DESTRUCCIÓN DE PABELLÓN DE PICA fiBFBRIDA POR EL 
CORRESPONSAL ANTERIOR. 

(Fragmentos). 

*.. No habia allí fuerzas peruanas (o se ocultaron a nuestra 
aproximación), i por lo tanto, pudimos apoderarnos sin moles- 
tia de una lanchita a vapor, el López Gama, fuera de unas vein- 
ticinco a treinta lanchas que se empleaban en el earguio del 
huano. 

Después ordenó el almirante que algunos botes de la Ghaccu- 
buco i la 0^ Higgins destruyesen" el muelle, las plataformas del 
hnano, los puentes i las mangueras. 

liU efecto, después de dispararles unos cuantos tiros con los 
cañones de los botes, i viendo la inefixiacia de este procedimiento 
a causa de la sólida estructura de madera i hierro de aquellas 
hermosas obras, bajó la jente a tierra i empapando con parafína 
¡os. maderos, abriendo algunas minas al pié de los postes, echó 
en un momento a tierra aquella obras i las dejó entregadas a las 
llamas. 



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— 661 — 

Era de ver en estos momentos la alegría de los infelices es- 
clavos chinos al ver ardiendo aqnellos aparatos de su martirio. 
Todos ellos palmoteaban alegres, í gritaban entusiasmados en su 
lengua de trapo: — «¡Viva Chile! — [Bueno chileno! — ¡Ya no ma 
tlabaco.b 

Afanados ayudaban a la marineria a formar hogueras, i les 
mostraban los lugares donde estaban ocultas las herramientas 
i los útiles. ¡Infelices! La espectativa de unos cuantos dias libres 
del trabi^o abrumador i del cruel látigo de sus amos, les colma- 
ba de regocijo, Al retirarse los botes, todos ellos esdamaban to- 
davía desde la playa: — «¡Bueno Chile! ¡Muela peluano! 

Pero habia también allí otros esclavos no menos infelices que 
Ips chinos. Eran los pobres chilenos que estaban desde hacia 
ocho días encerrados en un pontón, i esto gracias a un capitán 
ingles que les habia dado asilo en ese lugar. 

De lo contrario, habrían sido bárbaramente sacrífícados por 
los peruanos, pues así se lo tenían prometido. Les habian seña- 
lado el término perentorio de veinticuatro horas para abando- 
nar la población, i esto sin pagarles sus salarios atrasados de tres 
o cuatro meses. La mayor parte de aquellos desgraciados aven- 
tureros tuvieron que emprender a pié el viaje hasta Tocopilla, 
privados de todo recurso, hambrientos, desnudos, resignándose a 
hacer «na espantosa jornada de cinco o seis dias, i lo que es peor, 
abandonando alli sus mujeres i sus hijos. 

De seguro que la mayor parte de ellos habrán dejado sembra- 
dos sus huesos en las asperezas del desierto a influjos del ham- 
bre, de la sed i del cansancio. 

Los que por enfermedad o por imposibilidad absoluta no pu- 
dieron cumplir con aquella orden salvaje, estaban amontonados 
en el pontón, sosteniéndose con la esperanza de ver luego llegar 
a las vengadoras naves de su nación, i alimentados por la cari- 
dad de aquel filantrópico ingles. 

El comandante Viel le dio las gracias en nombre de Chile, 

dejó en su poder el pontón, que no tenia papeles i habria podido 

ser buena presa, i trasbordó a su buque a aquellos infelices, que 

habian encontrado aun suficiente aliento para prorrumpir en un 



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— 662 — 

estruendoso /Viva Chile/ si divisar la hermosa bandera de lapa- 
tría, que venia a libertarlos de la esclavitud i déla muerte. 

¿I las mujeres? Por medio de los asilados se supo una cosa 
íncreible i que llenó de indignación al almirante. Las chilenas, 
en número de 75 a 80, i algunas con sus niños de pechos, esta- 
ban amontonadas en una sucia barraca en los afueras de la po- 
blación, muertas de hambre i de sed. Hacia dos dias coq sus no- 
ches que aquellos bárbaros no les daban una gota de agua. 

Fueron también trasladadas a boi*doi atendidas con la solici- 
tud que su estado reclamaba por los comandantes Montt i Yiel. 
En seguida^ ardiendo aun los encatrados de maderas, zarpó la 
escuadra en dirección al sur. 

La lanchita a vapor con las mejores lanchas a remolque fué 
mandada a Iquique, i el López Gama i las demás embarcaciones 
menores echadas a pique en alta mar. 

El Cochrane i la Magallanes, que se separaron de nosotros án- 
te9 de nuestra llegada a Pabellón, llevaron la comisión de dirijir- 
se a Moliendo i Arica para destruir los muelles i obras públicas 
Je esos puertos. 

El muelle de Moliendo es una obra monumental que ha cos- 
tado dos millones de pesos i el de Arica se valoriza jeneralmen- 
te en un millón. 

Si con estas bofetadas en el rostro no se deciden aun los bu- 
ques peruanos a acudir al desafio de los chilenos, es necesario 
convenir en que son mas cobardes de lo que creíamos, 

En la noche el Blanco i las dos corbetas continuaron su mar- 
cha a Huanillos, en donde amanecieron hoi. 

Unos cien hombres que habia de guarnición en el puerto ha- 
bían huido ya para el interior, dejando sin autoridades la po- 
blación. 



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CAPITULO XXIL 



EL ÉXODO CHILENO. 

Terrible impresión que producen en Lima las primeras operaciones de la 
escuadra chilena en el Litoral de Tarapacá.— El Diario Oficial del Perú 
acusa al gobierno de Chile de barbarizar la guerra. —Editorial de El 
Peruano del 17 de abril. —Proclama del presidente Prado al tenerae no- 
ticia por el cable el 18 de abril del bombardeo de Pisagua i de Molien- 
do. — Odio de razas.— Las limeñas i los kuasos de Chile.-^El roto i el 
cholo. — El antoganismo de las razas estalla con los primeros trabajos 
públicos en grande escala del Perú.--^E1 ferrocarril de Aiica a Tacna i 
circular del ministro don Antonio Yaras en 1855 para impedir la emi- 
gración de chilenos. — Recrudece ésta desde 1868 con motivo de las em- 
presas del contratista Meiggs.— Calamidades i sublevaciones en las 
líneas de Arequipa, Puno i la Oroya. — Horribles padecimientos de loa 
trabajadores en la línea de la Oroya.— El hospital de la Esperanza i su 
espantosa estadística. — ccLos Desamparados». — Sublevación de la faena 
de la Totora en el camino de Puno.-^ Causas acertadas que el ministro 
Ibañez atribuye a esos sucesos, a cargo del Perú i de sus autoridades i 
remedios que propone. — Llegan en un solo trasporte 712 trabajadores 
chilenos al Callao i muchos dé ellos son puestos en prisión. — Enérjicas 
i dignas i^eclamaciones del señor Ibañez i buenos resultados que produ- 
cen. —Documentos. — Precauciones adoptadas por el ministro Prats en 
1871. — Furor de las autoridades de Arequipa e indignación de la pren- 
sa de Lima por la clemencia usada con los reos de ücatara.— Persecu- 
ciones políticas. — El armador don Heraclio Martínez es espulsado de 
Iquique sin el mas leve fundamento i pierde su fortuna. — Prisión de 
don Samuel Valdes en Moliendo.— Asesinato del diaiista chileno Cas- 
tro Ramos en Iquique.— Encono brutal de la prensa de Lima contra 
los chilenos a consecuencia de las operaciones navales del sur. — El presi- 
dente Prado es obligado a salir al balcón el 14 de abril. — Vociferacio- 
nes de la chusma, acusándolo de occhilenoi). — El 15 de abril decreta la 
espulsion de los chilenos i el 17 la amplia sin escepcion alguna. — El 
prefecto de Arequipa Iraola. — Comienza el Éxodo de los chilenos i sus 
espantosos sufrimientos.— Los trabajadores de Pabellón de Pica son 
obligados a retirarse por tierra a Tocopilla. — Ref újianse en las chatas i 
pontones de la bahía. — Los vapores de las dos líneas del Pacífico son 
asaltados por millares de perseguidos — Cuatro mujeres se ahogan en 



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— 664 — 

Iquiqne. — Notable conducta de los marinos norte americanos. — Soeces 
insultos de la prensa de Iquique. — Salen de las costas del Perú de ocho 
a diez mil chilenos durante el mes de abril.— Estadística. — Viaje del 
vapor iízmac.— Escenas de amor patrio. — Furor de los repatriados que 
lle^n pidiendo armas i forman el núcleo mas fuerte i mas numeroso de 
nuestro ejército de operaciones. — Al fin va a comenzar la campaña. 

dTanto en Lima como en las provincias, el 
nombre del chileno es oido con reprobación]». 

(Cartas sobre el Perú por P. F. Vicuña, Li- 
ma, octubre 10 de 1846). 

(cEl ¿ajelo de la despoblación, si así me es 
permiiido espresarme, se hará sentir con toda 
su fuerza. 

))Ya sus funestos efectos se notan en las 
provincias del norte; Copiapó, Caldera, Huas- 
co, Coquimbo, etc., etc., antes tan pobladas, 
llenas de vida i movimiento, presentan aho- 
ra la imájen de la desolación i la tristeza, 
¿Dónde están sus activos 1 laboriosos poblado- 
res? Preguntádselo a Caracoles, a Iquique, a 
Moliendo, a Arequipa que en menos de cuatro 
años han dado ocupación a treinta mil chile- 
nos2>. 

(Despacho oficial de don Adolfo Ibañez, mi- 
nistro de Chile en el Perú, al ministerio de Re^ 
laeiones Esteriores. Lima, abril 19 de 1871). 



I, 



Honda i harto mas dolorosa que la producida 
por el bloqueo de Iquique fué la impresión que 
causó en Lima así como en otros pueblo del Pe- 
rú, i mas particularmente en la volcánica Arequi- 
pa, la noticia del cañoneo que habia reducido a 
cenizas a Mejillones i a Pisagua. Nada hai que 
encienda en mayor ira el espíritu moral de un 
pueblo, por mas trabajado que le traigan las pa- 
siones o el desconcierto, que el incendio de pací- 
ficos hogares i la destrucción de sus únicas fuen- 



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— oes- 
tes de riqueza pública. No se toma en cuenta en 
tales caso la provocación, nimia o enorme, sino el 
hecho consumado i sobre él se juzga, se falla i, si 
ello es dable, se castiga i vilipendia. — «Guerra de 
pueblos bárbaros es la que está haciendo Chile ! 
esclamaba El Peruano en su editorial del 17 de 
abril antes de tenerse noticia en Lima del bom- 
bardeo de Pisagua. 

DÜómo! ¿nada significan los progresos de la 
ciencia? ¿Nada valen los límites puestos por el 
derecho a los escesos de la lucha? ¿Nada importan 
los progresos de la civilización cristiana? 

j)¿Qué campaña es ésta, que se inicia con actos 
de salvajismo en el siglo XIX? 

DChile! Estás infamando a la América! Estás 
insultando a todas las naciones! El bombardeo 
de Moliendo i de Iquique, lugares indefensos, la 
destrucción estéril de los intrumentos del traba- 
jo i de la población, debieran cubrirte de ver- 
güenza. 

dLos gladiadores de la antigua Roma no se 
atacaban traidoramente ni buscaban al enemigo 
por la espalda. Combatían de frente como bravos 
i como leales. 

dSoIo a las hordas del Amazonas le son permi- 
tidas en estos tiempos las intemperancias del es- 
píritu de salvajismo. 

:íChile! Estás escandalizando al mundo entero 
i te estás cubriendo de lodo, con el ataque cobar- 

HIST. DE LA o. DB T« 84 



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de a los muelles, a los ferrocajrriles i a los edifi- 
cios. 

j> ¡Entiéndase bien: ya ^stán ámpiamente justi- 
ficadas las represalias, de cualquier j enero q\ie 
sean, q.ue ton^e el Perú en defensa ^e sus intere- 
ses». 



II, 



J. en la tarde dej dia siguiente quando el alam- 
bre ^i^bmarino acabó de copiunicar con el palor 
natural del que dicta a la luz rojiza de las Haqaas, 
lo3 tristes pormenores del incendio i destrucción 
de Pisagua, el presidente del Períi se creyó auto- 
riziado para lanzar a su país una proclama de odio 
i de cal^uflíinias en la cual todo, escepto la cólera, 
era injusto o era falso. 

Esa proclama del antiguo huésped i favorecido 
de los chilenos, de cuyo ejército fuera jeneral has- 
ta la víspera de la guerra, decia testualmente así: 

«L PRESIDBNTB DE LA REPÚBLICA A LA NACIONlí. 

3) pon ciudadanos. 

Los jpc£|»lificables procedimientos del gobierno 
de Chile, que a nuestca conducta jenerosa i sip- 
cera ha contestado ¿on una declaratoria de gue- 
rra; los atentado^ que contra las leyes del honor i 
la justicia, está cometiendo en muestro litoral, 



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-667-" 

después de haberse apropíiado una piarte del de 
Bolivia, nos ponen en la imperiosa necesidad, si 
no de responder con iguales actos de barbarie, a 
lo menos con toda la vehemencia del patriotismo 
inicua i alevosamente herido. 

j)Los marinos i soldados que el 2 de mayo de 
1866, lucharon heroicamente contra una poderosa 
escuadra, para libertar a nuestro enemigo de hoi^ 
de una guerra que no poclia soétener solo í que le 
obligó a solicitar nuestro auxilio, sabrán, no lo du- 
déis, bajar el insensato orgullo de los bombardea- 
dorése' incendiarios de pueblos inermes e indefen- 
sos como Iqtííque, Pabellón de Pica, Moliendo i 
Pis'agua. 

3)Si hacen lujosa ostentación dé un v^ilor fingi- 
do allí donde no haí enemigos con quien luchar, 
i solo para destruir propiedades valiosas, frutos de 
nuestra creciente prosperidad i objeto de un odio 
i de un despecho mal reprimidos, les haremos ver 
que los' vencedores en Abtao i en el Callao, nó 
consentirán nunca en ver marchitados sus glorio- 
sos laureles. — Guerra quiere Chile i guerra ten- 
drá: nuestra victoria será tan espléndida cuan 
grande la reprobación de toda la América ala 
conducta vandálica de Chile. 

DConfiad, compatriotas, en que la hora de las 
represalias por nuestra parte i de la espiacion de 
los chilenos, no se hará esperar mucho tiempo, i 
que veréis siempre en el'sitio de mayor peligro, 



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— 668 -^ 

al hombre a quien están hoi confiados los mas 
grandes i elevados intereses de la República. 
3)Lima, ahi-ilSde 1879. 

Mariano 7, Frado. 

in. 

Una consideración grave i tan antigua talvez 
como la existencia de los dos pueblos americanos 
que bordan el Pacífico en la zona meridional del 
Ecuador, trae al espíritu justamente lacerado por 
estas exhalaciones venenosas del odio que se res- 
piran a la manera de miasmas intanjibles, porque 
es un hecho perfectamente histórico i comproba- 
do que el odio de los peruanos a sus vecinos de la 
zona templad» en que limitan por árido desierto, 
ha sido, cómo éste, ingrato, inclemente i coetáneo 
con su existencia. 

Es una cuestión de razas, i una cuestión de 
conquista desde el peruano Vitacura, procónsul 
del Inca que hizo correr de sangre de yanaconas 
del Mapocho la acequia que lleva todavía su nom- 
bre, (el agua de Vitacura)^ hasta GamaiTa i has- 
ta Castilla, indio mestizo el uno del corazón de la 
sierra (el Cuzco), indio mestizo el otro de los mé- 
danos de la costa (Tarapacá). 

La espedicion de San Martin i la de Búlnes, 
que condujeron ejércitos invasores por los ricos 



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— 689 — 

valles i antes opulentas ciudades de aquel pueblo 
rico i perezoso, dejaron esparcida la levadura del 
encono, i hasta hace poco el nombre de restaura- 
dores conservados a los soldados de Yungai fué 
un apodo sangriento como lo es hoi dia en aquel 
suelo ingrato el de los revindicadores. 



IV. 



No quiere esto decir que en aquella tierra ol- 
vidadiza, liviana, vividora con el sol que fué su 
ídolo, los rencores hayan tomado asidero perenne 
i ardiente en todas las clases de la población; por- 
que en muchas de las ciudades del Pera, en Huá- 
nuco, en Ayacucho, en Trujillo, en lea, i particu- 
lalmente en Lima i Arequipa, han podido labrar- 
se felices i respetados hogares fundados por chile- 
nos. I al contrario, en este sentido hai que reco- 
nocer que si los varones de todas las condiciones 
en aquel país no han mirado nunca con simpatía 
una casta mas fuerte, mas brusca i mas empren- 
dedora que la suya, las mujeres resígnanse fácil- 
mente a aceptar la coyunda del huaso de esta tie- 
rra,al menos como maridos 

Pero donde está encarnada profundamente la 
enemiga contra el roto es en la prole de África i 
en todas sus mezclas i amasijos con el aboríjene, 
el z-imbo, el mulato i el cholo, escluyendo de esta 
denominación al indio propio, porque ése es un 



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— 67Ó — 

elemento iníanso, primitivo i uhifló que aborrece 
a su manera, con el silencio de las tumbas i la 
taima dd sus llamas al huincaí al viracocha, es de- 
cir; al blanco español. 



v: 



Comenzó a surjir airado í mas potente que con- 
tra las individualidades el odio de castas, de las 
agrupaciones que el trabajo i la inmigración lle- 
varon a las malsanas costas del Perú, especial- 
mente desde qiié en 1850 i en los años sucesivos 
comenzó el aéaiTeo de nuestros robustos trabaja- 
dores para la construccioo de las obras públicas 
allí emprendidas. La colisión nació instantánea 
desde qué se formó el grupo i las dos' fuerzas se 
encontraron en la faena i en el campamento. 

Ha quedado constancia de un documento que 
en época ya tan remota cómo el año de 1855 re- 
glanientó casi hasta prohibirla la emigración de 
trabajadores chilenos a consecuencia de sangrien- 
tos choques ocurridos en el mes de setiembre (el 
mes clásico del roto chileno, especialmente en 
país estranjero), en el ferrocarril de Arica a Tac- 
na en construcción en aquel tiempo. I por la se- 
riedad e importancia histórica de ese documento, 
que' es una circular del Ministerio del Interior de 
Chile alais autoridades de su dependencia, creemos 
oportuno reproducirlo íntegramente en seguida: 



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— .671 — 

VI. 

Santiago^ octubre 23 de 1855. 

Las i;ecieutes ocurrencias de Arica con chilejiQs 
sacados del país contratados para trabajar en cier- 
tas obráis en aquel punto, me obligan a llamar de 
nuevo la atención de U. S. sobre los frecuentes 
engapchamientos de trabajadores para; las costas 
Pacífico que suelen practicarse en viuños puntos 
de la República. 

i>Respetando la libertad que todo chileno tieuie 
para trasladarse al pijnto que quiera, la protección 
que la autoridad le debe, exije que en caso de 
enganche intervenga, sea para cuidar de qne los 
contratos que celebran le den efectiva garantía, 
sea para darle a coi^ocer los peligros que cobren, 
los inconvenientes del punto a que se tr)^ladaná 
los azares a que están espuestos todos los que 
emigran a paises estranjeros, sin contar con mas 
recursos que los que pued^-p proporcionarse con 
su trabajo personal. 

j)Tapabien suele emplearse el mismo medio, 
bajo el pre testo de trabajar para cplectar jentes 
i hac(3rlas servir a fines ¡mui diversos de trabajos 
o de empresas agrícolas o industiales, i en estos 
casos es mas indispensable la intervención de la 



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— 672 — 

autoridas para poner coto a abusos tan reprensi- 
bles i perniciosos. 

3) Recomiendo, pues, a U. S. mui particularuien- 
te que velo en la provincia de su mando sobre 
estos enganches i que haga que se vijile mui de 
cerca la conducta de estos individuos que se ocu- 
pan en ello. Si tales personas no ofrecen garan- 
tías, i creyese U. S. fundadamente que se trata de 
abusar de la credulidad de los individuos que se 
enganchan, deberá U. S. cerciorarse de cuál es el 
propósito con que se trata de sacar chilenos, i el 
modo como se les asegura el cumplimiento de los 
contratos, i caso de penetrarse que no se dan segu- 
ridades, ni se enganchan con propósitos honestos 
i de útiles trabajos, dispondrá que se suspenda 
todo procedimiento, i consultará al gobierno acom- 
pañando todos los antecedentes. 

i> También prevendrá U. S. que las autoridades 
de los puertos reúnan a los enganchados o que es- 
ten disponiéndose para engancharse, i les mani- 
fieste los riesgos que corren, los inconvenientes 
del país a que se trasladan, lo ilusorias que pue- 
den ser las ventajas que se les prometen i la falta 
de medios que encontrarán para hacerlas efecti- 
yas en país estranjero. Esas mismas autoridades 
cuidarán de que en las contratas celebradas, se den 
las seguridades con^espondientes en vafor de los 
chilenos, i de que los buques que deban condu- 
cirlos a otro punto desde Chile lleven los víveres 



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— 873 — 

necesarios para el viaje, i se llenen las condicio- 
nes prescritas por la lei de 3 de agosto de 1852 
sobre pasajeros. 

»Si U. S. tuviera motivo para creer que esos 
enganches se hacen bajo pre testo de ir a trabajar 
a otro país, pero con el designio de emplearlos en 
otro fin o contra el orden do algiin país amigo, 
U. S. prohibirá la salida, i según la naturaleza del 
caso i la conducta de la persona o personas que en 
ellos se ocupen, dispondrá que sean sometidos a 
la autoridad judicial para su juzgamiento. 

2>Dios guarde a U. S. 

(Firmado.) 

Autnio Varas. i> 

VII. 

Recrudecieron los enconos de las razas desde 
que declarada una de aquéllas comparativamente 
inhábil o inadecuada para cierto j enero de tra- 
bajos, llegaron los representantes de la casta mas 
fuerte en el número i vigor de un verdadero ejér- 
cito para llevar a cabo aquéllos en la montaña 
helada i en el valle pestilente. Según el celoso e 
intelijente ministro de Chile en Lima en 1871, 
hablan ocurrido a aquel país, a la voz del antiguo 
i popular patrón de la faenas de Chile termina- 

HIST. DE LA C. DB T. 85 



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— 674 — 

das en 1863, no menos de treinta mil carriíanos. 
Don Enrriqíie Meiggs habia podido, si de ello hii- 
biérasele ocurrido la fantasía, renovar la tradición 
de Manco Capac en los Andes peruanos, escolta- 
do por treinta mil chilenos que le habrían segui- 
do con relijiosa superstición con el corvo i con el 
rifle. 

VIII. 

Los puntos a que afluían de preferencia en 
aquel tiempo los inmigrantes chilenos engancha- 
dos en todos los pueblos i campos de Chile, i es- 
pecialmente en el norte, eran las tres grandes 
vias de rieles en actual construcción en esa época, 
a la Oroya, a lio i a las otras del ferrocarril entre 
Arequipa i Puno. El de Arequipa a Moliendo es- 
taba ya terminado por ese tiempo, i en sus faenas 
habia brillado, junto con el acero de la barreta, 
el siniestro e implacable corvo, compañero inse- 
parable del minero atacameño, este beduino del 
desierto americano. 

Tan graves i tan frecuentes eran los choques 
en los grandes centros de trabajo al aire libre, 
que el gobierno chileno creyó indispensable au- 
torizar al señor Ibañez para visitar aquellos pa- 
rajes i correjir en lo posible los desmanes (no- 
viembre 2 de 1870). I habiéndose trasladado a 
Arequipa con tal fin aquel celoso funcionario, al- 



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— 675 ~ 

gunos. días mas tarde, fué testigo de dos siibleva- 
ciones sucesivas, o mas bien, de dos batallas cam- 
pales de trabajadores que tuvieron lugar en la es- 
tación dé Arequipa el dia de Pascua de Navidad de 
I87O, pereciendo en ella a bala tres chilenos. Pre- 
senció asimismo otro alzamiento ocurrido en el 
sitio llamado la Totora., entre Puno i Arequipa. 

Tuvo lugar este último tumulto, encaminado a 
obtener la libertad de un compatriota preso i 
amarrado, el 9 de enero de 1871. — (cBuscando el 
oríjen de todos estos males, escribía el á3ñor Iba- 
ñez desde Arequipa diez dias mas tarde a su go- 
bierno, se viene en conocimiento que el consiste 
en los frecuentes disturbios i revoluciones que 
desgraciadamente conmueven la República. Sin 
orden constante, sin una regularidad estable en 
las instituciones, es claro que éstas i las autorida- 
des encargadas de su custolia tienen que resen- 
tirse de esa misma instabilibad, no piidiendo,. por 
lo tanto, ser su acción eficaz i enérjica para pre- 
venir i reprimir desórdenes i tumultos que escapan 
a su cuidado i acción, 

dNo es posible aceptar como causa única de 
estos acontecimientos, según algunos pretenden, 
los vicios i defectos inherantes a cada una de las 
razas inmigrantes. El fenómeno de las subleva- 
ciones i motines se ha repetido i se repite en 
todas ellas; i si se advierte que los que en ellas 
toman parte, tienen de antemano la evidencia de 



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— 676 — 

que al fin han de sucumbir ante las' fuerzas nu- 
merosas organizadas por las autoridades del país, 
no podrá menos de convenirse en que hai un mal 
profundo i latente que a todos los inmigrantes 
aqueja de igual modo, produciendo. siempre iguales 
consecuencias. 

DÜada motín, cada asonada, es el estallido de 
una venganza provocada de antemano por espe- 
culadores inespertos que sacrifican el porvenir a 
un lucro mas inmediato, o bien, es aquella deses- 
peración que produce la falta de protección i am- 
paro en las reclamaciones que se hacen o se pue- 
den hacer por parte de los trabajadores muchas 
veces con sobrada razón i justicia. 

dEu Arequipa particularmente, aquellas causas 
de desorganización se aumentan por circunstan- 
cias especiales: la ciudad que lleva aquel nombre 
ha sido siempre el foco de revueltas cuyo buen 
éxita es tradicional. Alentados sus habitantes por 
ciertas especie de predominio que el éxito de los 
combates les ha hecho conseguir, cada uno de 
ellos se considera un soldado de la causa que sos- 
tiene; i todos conservan aun en la choza mas mi- 
serable el rifle i el fusil que tantas veces les han 
dado la victoria. 

DLa autoridad, pues, no tiene, al menos por el 
momento, toda aquella fuerza i prestijio necesa- 
rios para que su acción i sus medidas sean fiel- 
mente obedecidas i ejecutadas. 



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— 677 — 

dDg aquí proviene que las fuerzas de policía se 
encuentran armadas con armas de fuego de que 
siempre hacen uso en todo motin o desorden que 
se presentan con un carácter serio i alarmante, i 
de aquí provienen también esos accidentes des- 
graciados en que de ordinario son víctimas perso- 
nas inofensivas e inocentes 3>. 



IX. 



Reagravóse todavía esta dolorosa situación con 
las epidemias que comenzaron a postrar ^ nues- 
tros trabajadores en la berruguenta i calcinada 
garganta de ía Oroya i con los pedidos que, en 
consecuencia, hacian los contratistas a Chile de 
incautos remplazantes. —El señor Ibañez hacia su- 
bir a cuatro mil el monto de esta nueva recluta de 
la muerte, en un despacho de 15 de abril de 1871; i 
dos o tres semanas mas tarde anunciaba, en efec- 
to, que el 8 de mayo hablan llegado setecientos 
doce de aquellos infelices en el vapor Amazonas. 
Entretanto, en el lazareto llamado La Esperanza 
i situado entre las mas áridas rocas del trayecto 
de la Oroya, morian en la proporción de un tercio 
de los atacados de tercianas i otra? fiebres pútri- 
das. En marzo de 1871, sobre 256 enfermos, pe- 
recieron 41 i en los nueve primeros dias de abril 
hablan sucumbido 24, fuera de los que a la «ma- 
nera de salteadores» (así dice el ministro de Chi- 



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— 678 — 

le), lograban fugarse de aquellos lugares, que co- 
mootrosde la martirizada América española, ha- 
brían llevado bien el nombre de Matanzas. 

I no era aquella situación, sobre la cual la 
prensa de Lima, movida a compasión, llamó al- 
guna vez la atención de un gobierno sin entrañas, 
lo que mas justamente había debido conmover a 
las autoridad.. s de Chile sin oidos, sino que a los 
que no consentían en ir a morir voluntariamente, 
a título de sus contratas de palabra, en la sierras, 
poníanlos en prisión en Lima, o mandaban parti- 
das a darles caza en la montaña, como las jaurías 
de los conquistadores que cebaban a sus perros con 
carne de indios, para seguir a éstos la pista cuando 
huian a su azote. Sobre este particular, suscitóse 
en junio de 1871 una enérjica reclamación del 
digno señor Ibañez al gobierno del presidente 
Balta, en la cual fué platónicamente apoyado por 
el gabinete de Chile, obteniendo así mas que me- 
diocres resultados de respeto para sus connaciona- 
les (1). 



En una sola cosa solía flaquear el ánimo de su- 
yo jeneroso del enviado chileno en el Perú; i era 



(l) Por la importancia de estos documento dárnoslo integra- 
mente cu el Apéndice de este libro bajo el núm. 5. 



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— 679 — 

ésa croer, a la par con su gobierno, que aquel mal 
que despoblaba el país i llevaba al martirio a mi- 
llares de nuestros conciudadanos, no tenia reme- 
dio humano ni legal, lo cual podia ser mas o me- 
nos discutible. (1) ^ * 

XI. 

Pero en lo que padecía evidente i lamentable 



(1) Coptestaado el señor Prats, ministro dé Relaeioaes Este- 
riores al señor Ibañez sobre este particular con fecha 2 de ma- 
yo de 1871, decíale, en efecto, estas palabras de honradez, de 
respeto a la lei i de americanismo que debían avergonzar hoi 
profundamento a los autores del pacto secreto ajustado apenas 
tres años escasos mas tarde. — (rEste grave mal para la industria 
del país i para los mismos emigrantes, de cuya ignorancia i cre- 
dulidad se ha abusado de una manera tan lamentable, ha preo- 
cupado vivamente al gobierno desde tiempo atrás, sin que las 
medidas indirectas i únicas que están en la esfera de sus atribu- 
ciones hayan producido el efecto deseado. Aunque no de una 
manera oficial, he dado al contenido del segundo de sus referi- 
dos oficios toda la publicidad posible, como continuaré hacién- 
dolo con todos los datos que ü. S. me trasmita sobre el particu- 
lar, sin perjuicio de adoptar otras medidas, que si no remedian 
el mal por completo^ lo reduzcan al menos a menores propor- 
ciones. 

«La circunstancia de estar vinculada nuestra emigración al 
éxito do empresas que tanto importan al futuro engrandecí" 
miento de una República hermana^ no ha podido menos que li- 
mitar en gran manera las medidas que mi Gobierno habría 
adoptado para hacerla cesar en lo po.sibleí). (Memoria de Rela- 
ciones Exteriores de 1871). 



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— 680 — 

error el delegado de Chile en las faenas de los 
infelices carrilanos, era en negarles el derecho 
natural i constitucional a la protección de su ban- 
dera i de sus leyes. —«Chile, por lo demás, no de- 
*be protección, esclamaba el ministro ofuscado por 
el vapor de las pestilencias, de las miserias i de 
los dolores de que se veia rodeado, Chile no debe 
protección i amparo de ninguna especie a indivi- 
duos que abandonan su territorio, dejando desa- 
tendidos intereses i obligaciones que reclaman su 
presencia. 

dEI peón emigrante abandona su casa, sus re- 
laciones de familias; i es jeneral el ver que a su 
partida, esposas, madres e hijas acompañan llo- 
rando al emigrante hasta el lugar de despedida, 
sin que éste garantice de modo alguno el cumpli- 
miento de los deberes que la naturaleza i la socie- 
dad le imponen hacia personas que de él depen- 
den. 

dA su vuelta, si es que la efectúa, solo lleva 
como único ahorro la abundante cosecha de vicios 
i enfermedades que en adelante lo constituyen un 
miembro podrido de su país i una carga pesada 
para las mismas personas a quienes abandonó in- 
consideradamente. « 

El honorable autor de estos conceptos inconsi- 
derados ha tenido tiempo para arrepentirse de su 
injusto fallo; i el Éxodo délos veinte mil chilenos 
que al grito de la patria en peligro han corrido 



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— ^81 — 

a sus hogares a tomar las armas, es su vindicación 
i es su gloria. 

Recordaremos apuí que un grupo de chilenos 
pedia desde la Noria el 22 do febrero celos medios 
de llegar al lugar en donde 7ios toque morir por 
Chile D. 

XIL 

Por lo demás, el gobierno de Chile creyó lle- 
gado el caso, después de muchas sensibles con- 
temporizaciones i aplazamientos, de regularizar la 
salida de los emigrantes, espidiendo el 1.° de 
agosto de 1871 una circular, según la cual no de- 
bía permitirse el embarque de ningún peón con- 
tratado sino en virtud del otorgamiento de una 
escritura publica que debia ser visada por nuestra 
cancillería i el ájente diplomático del país a que 
se dirijia el emigi'ante. 

Era la misma sana, salvadora i perfectamente 
constitucional medida llevada a cabo 16 años an- 
tes por la administración Montt (1). 

(1) El señor Prats, autor de esta recomendable medida, re- 
sumía la situacioQ que creaba a los dos países el éxodo de los 
trabajadores chilenos en los siguientes términos de su memoria 
de Relaciones Esteriores presentada al Congreso el 14 de se- 
tiembre de 1871. 

]>E1 Gobierno ha tenido que lamentar en los dos últimos años 
la ausencia de muchos nacionales que alucionados con ilusorias 

HIST. DE LA o. DB f . 86 



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— 6S2 — 



XIIL 



Habia llegado en ocasiones la brutalidad del 
encono en las autoridades del Perú contra los 
trabajadores chilenos, al estremo de erijir una 
especie de rollo en permanencia enclavado en la 
plaza pública de Arequipa para azotarlos por sim- 



espectativas de lucro, han abaudonado imprudentemeate el país 
para llevar el coucurio de su trabajo a la construcciou de las 
estensas líneas férreas que se haa emprendido en el territorio 
peruano. 

dSí las consecuencias de nuestra emigración no fueran otras 
que la contrariedad i perturbación que orijinan en nuestras in- 
dustrias, esos males tendrían para nosotros una grata compen- 
sación en la eficaz i benéfica influencia que están llamados a 
ejercer en la realización de obras importantes, a que aparecen 
en gran parte vinculados los intereses económicos i la prosperi- 
dad de un pueblo hermano. 

» Desgraciadamente esa cooperación no ha podido ser ni moi 
activa ni mui anhelosa. 

DLéjos de sus hogares, aquejados por las enfermedades provi- 
nientes del clima i de su propia incuria^ sometidos a un réjimen 
muchas veces arbitrario de trabajo, nuestros nacionales procu- 
ran luego abandonar las faenas para buscar en los centros de 
población un alivio a sus dolencias i un trabajo mas en armonía 
con sus hábitos peculiares. Los empresarios que ven desaparea 
cer la base de sus cálculos, ponen en ejercicio para retener a los 
peones fujitivos o descontentos providencias violentas e irregu- 
lares, despertando así un antagonismo que ha dado lugar a fre- 
cuentes i dolorosos escenas. Es sensible reconocer que las auto- 
ridades subalternas del Perú; cuya intervención ha sido mas de 



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— 683 — 

pies delitos de policía doméstica. Fijó este infa- 
me acuerdo por edictos el prefecto de ese depar- 
tamento (el coronel Chocano) en los dias en que 
ocurrió el terremoto de agosto de 1868, esto es, cuan- 
do los chilenos enviaban sus buques de guerra 
con sus mejores frutos, abrigos i dinero para el 
socorro de los que así correspondían a su leal fra- 
ternidad. 

I cnando por acaso tenia lugar un acto de cle- 
mencia como el indulto otorgado por el presiden- 
te Pardo a fines de 1882 a 17 chilenos que se 
hablan hecho reos de ciertos graves asaltos en 
las faenas de Ocatara, la prensa de Lima tronó 
con indecible ira contra la repatriación de aque- 
llos infelices, acusando el acto de cobardía i de 
desmedro de la soberanía nacional. — <c Desgracia- 
damente, decia La Nación del 15 de julio de 1873, 
haciendo eco al Nacional i a la Patria, el abuso 
no ha sido espantáneo; sino que esta escandalosa 
infracción legal, se ha consumado a petición de 
un gobierno estranjero, i asintiendo a ella se ha 
hecho renuncia o abdicación del primero i mas 
primordial atributo de la soberanía de un Estado, 



tina vez solicitada en estos conflictos, han adoptado medidas 
enojosas que no lojitiman las leyes liberales del Perú, ni mucho 
menos los sentimientos de equidad i conmiseración de que era 
natural suponerlas animadas respecto de nuestros desgraciados 
nacionales:^. 



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— 684 — 

cual es la jurisdicción nacional, o sea el derecho 
de enjuiciar i castigar los crímenes que se come- 
ten en su territorio. 

))Esta abdicación de la soberanía nacional tie- 
ne todavía mayor trascendencia; porque estableci- 
do su precedente i admitida en todos nuestros tra- 
tados con los gobiernos amigos la igualdad de 
concesiones otorgadas a las naciones mas favore- 
cidas, es claro, que ese precedente, invocado por 
otros gobiernos, podia constituirse en regla de 
nuestro derecho internacional d. 

Solo El Comercio y que era en esa época el dia- 
rio semi-oficial del gobierno i el diario oficial del 
espléndido contratista don Enrique Meiggs, apro- 
bó el hecho como espresion de un noble senti- 
miento internacional, razón por la cual sus exal- 
tados colegas le asaltaron, calificándolo . con los 
apodos de anti-patriota i hasta de traidor. 

XIY. 

1 no eran solo los humildes ni los desampara- 
dos^ nombre que daba con propiedad un diario de 
Lima a los trabajadores de la Oroya, los que te- 
nían que padecer las torturas de las sospechas o 
del castigo por el delito de no ser nacidos mas 
allá del Loa. Conocida es hx historia i la reclama- 
ción del naviero chileno don He radio Martinez, 
que fué espulsado violen t¿xmen te de Tquique en 



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— 686 — 

febrero de 1876, porque a alguien ocurriósele de- 
cir que era pierolista, cuando no conocía ni de 
vista al personaje en cuyas jejiones se le enrolaba 
por capricho, haciéndole perder, por equivocación, 
su buque i su fortuna. 

Otro tanto aconteció, mas o menos, por la mis- 
ma época en Moliendo al apreciable industrial 
chileno don Samuel Valdés, que trabajaba minas 
en el departamento de Puno. 

Es mas conocida que ésa i mas desdichada la 
memoria del diarista chileno don Manuel Castro 
Ramos que en esa ciudad fué asesinado (1). Su 



(1) Tuvo lugar este hecho atroz i villano el 24 de mayo de 
1875 en la forma siguiente que es la de la sentencia pronuncia- 
da en Iquique el 16 de octubre de 1876 {¡dieziocho meses des- 
pués de ejecutado el crimen!) por el juez de primera instancia, 
que dice así: 

<rA las doce, poco mas o menos del 24 de mayo de 1875 Ma- 
riano Valdivia, inspector de la guardia civil, se constituyó en su 
cuartel, i haciendo cambiar a los guardias Atanasio Cárdenas i 
Nazaiio González el uniforme que llevaban, con vestidos de 
paisano, se dirijió con ellos a la casa núm. 86, calle de Tarapa- 
cá, donde estaba establecida la imprenta conocida con el nom- 
bre Voz Del Pueblo, i que al llegar allí Valdivia dejó en la 
parte de afuera a los guardias i penetró en la citada casa con 
el pretesto de cobrar al administrador de la imprenta, don Ma- 
nuel Castro Ramos, un vale de dieziseis soles; — que no habiendo 
podido Ramos satisfacer por lo pronto la suma exijida, Val- 
divia lo maltrató, dándole con el mango d¿ un chicotillo repetidos 
gqirrctazos, llamando en seguida a los guardias que tenia prepa- 
rados para que le ayudasen a perpetrar el delito que tenia 



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~ 686 - 

matador empero seria sacado de la la Penitencia- 
ria de Lima i dejado en libertad tan pronto como 
se declaró la guerra, amnistiando, de esa manera, 
el odio, el crimen i su infamia. 

XV. 

Tales eran los acontecicientos de la historia i 
de la etnolojiá humana que separaban las dos co- 
rrientes del ocio i del trabajo, de la malicia i de la 
pasión en el Pera, cuando^ obedeciendo a su sen- 
timiento innato, la plebe de Lima se amotinó en 
la noche del 14 de abril, antes, según decíamos, 



proyectado;— que al verse llamos agredido de una manera tan 
súbita como inesperada, corrió a la casa inmediata donde don 
Mariano Loayza tí ve, en la cual los agresores continuaron ata- 
cando su existencia con refinada crueldad;— que de allí lo saca- 
ron a la calle, i después de haberlo arrastrado, apaleado i come- 
tido con él toda clase de vejámeees, se oyó la detonación de un 
tiro, cuya bala le penetró por el vientre;— que en este estado i 
cuando Ramos se encontraba en las últimos momentos de su vi- 
da, los agresores continuaron descargando sobre él terribles gol- 
pes, hasta llegar al cuartel a donde fué conducido;i> 

I allí o en su pobre casa de escritor falleció cinco dias mas 
tarde aquel desdichado, dejando una esposa joven que vino a 
Santiago a pedir justicial no fué oida. — El infame asesino, ebrio 
por su parte, fué condenado a 15 años de Penitenciaria por la 
Corte Suprema de Lima el 26 de mayo de 1877. fero no lleva- 
ba todavía dos años de condona cuando, según los diarios de esa 
ciudad, aquel miserable esbirro, fué indultado i puesto eu liber- 
tad, en virtud de la guerra i del odio a Uhilol 



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— 687 — 

de los desgraciados bombardeos de las caletas de 
Tarapacá, i comenzó a pedir a gritos, al son de 
la campana de la Catedral, como en los dias ne- 
fastos de los Gutiérrez, la espülsion en masa de 
los chilenos. 

Pero dejemos contar esas singulares escenas del 
frenesí i del desgobierno a un diario de Lima que 
no puede ser tildado de parcial. 

«Esta noche, dice el Comercio de Lima del 14 
de abril, refiriéndose a la de la víspera, poco antes 
de las nueve, un crecido número de ciudadanos — 
seiscientos mas o menos — se presentó bajo los 
balcones de la casa de gobierno, pidiendo a grito 
herido la espülsion de los chilenos. 

»La muchedumbre pedia, entre entusiastas vi- 
vas, que S. E. el presidente le hablara. 

dUu edecán de gobierno salió al balcón i mani- 
festó que el jeneral Prado estaba por el momento 
ocupadísimo i no podia hablar al pueblo. 

))Este insistió, i después de un largo rato el pre- 
sidente se presentó en el balcón i mas o menos 
dgo lo siguiente: 

3) Señores: 

dEI gobierno sabe bien lo que hace, i espera 
que el pueblo tenga en él plena confianza. El go- 
bierno quiere proceder con tino i oportunidad, i 
desea que se le deje libertad de obrar. 

dNo ha llegado todavía el momento de espulsar 



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- 688 - 

a los chilenos, porque de Chile no se ha espulsado 

aun a los peruanos. 

»Se ha querido i conseguido que el gobierno 

del Perú estuviera mui por encima del gobierno 

de Chile; que el pueblo peruano se mantuviera 

mucho mas digno i culto que el chileno. 

5) Mientras ellos, cual salvajes, apedreaban los 
escudos de nuestros consulados i ultrajaban a 
nuestros representantes, nosotros les hemos dado 
ejemplos de moderación i cordura. Sus ajentes 
diplomáticos i consulares se han retirado sin ha- 
ber sido en lo absoluto ofendidos, i sus nacionales 
permanecen entre nosotros siendo testigos de • 
nuestra magnanimidad. 

))Lo8 chilenos residentes en Lima i el Callao 
no pueden en manera alguna hacernos mal, por- 
que el gobierno no es tan intonso e inocente que 
proceda de modo que sus disposiciones puedan 
ser cruzadas por el espionaje. 

dDc los lugares en que la presencia de los chi- 
lenos puede ser una amenaza para nuestros inte- 
reses o nuestros planes, saldrán, pues ya se han 
dado las órdenes convenientes para que en un 
plazo de seis u ocho dias abandonen el país. 

»Por lo demás, debo deciros que en las presen- 
tes circunstancias todos los momentos son para 
mí preciosos, i que no puedo por lo mismo pre- 
sentarme a cada rato a hablar al pueblo. 

^Estad tranquilos i confiad en mí. 



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» Después de estas palabras de S. E., la muche- 
dumbre se encaminó hacia la plaza principal. 

dAIIí se dieron voces de ¡fuera los chilenos! 
fuera los espías! a las torres! a vuelo las cam- 
panas! 

3> Momentos después la puerta de la torre de la 
Catedral habia sido descerrajada, i las campanas 
tocaban somatén. 

pA los diez minutos habia en la plaza mas de 
tres mil hombres. Se pronunciaron allí tres o cua- 
tro peroratas, i en seguida la inmensa multitud 
se dirijió donde el presidente, i pidió que éste ha- 
blara nuevamente. 

«El jeneral Prado dijo, en el fondo, lo mismo 
que en momentos antes, i concluyó manifestando 
que era necesario se dejara al gobierno proceder 
cual convenia. 

i>La reunión se disolvió en seguida.?) 

Omitió, sin embargo, el diario limeño tomar 
nota de las violentas interru